¡Hola!
Acá estoy con cel nuevo y mas bonito que el que tenia. Nada que contar… excepto que vi unos doujinshi de House que me encantaron.
Valuh Rawr: si lloraste con el anterior, con este te recomiendo un pañuelo.
Myhouse: mi lectora favorita… ¿tengo tu mail, creo? Bueno, como siempre, que lindo que alguien se interese tanto en un fic que creí que no le iba a gustar a nadie por ser OC y de ciencia ficción. Y tranquila ya hoy te enteras, no te imaginas como me pongo yo esperando un review… y en cuanto a lo de Stacy… errare humanun est. Es que cambie los diálogos a último momento. Cuando descubren a Chris, el dialogo que le correspondía a la abogada se lo puse a Wilson. Y se me hizo un quilombo. Ya lo voy a mejorar… gracias por preocuparte, de mi y de mis cuadernos, al que los tengo completamente a salvo.
Capitulo catorce
Nacida para ser guerrera
[…] El odio pintado en su rostro era el fiero y candente odio de una anciana que lo lleva en su corazón.
Roald Dahl
Katina
House no fue a trabajar por dos días. Se quedó para cuidar a Christine, temiendo que quisiera matarse de nuevo. De todos modos, no quería dejarla sola en ese estado.
A la mañana siguiente, House llamó a Wilson a su celular.
—Necesito que vengas a mi casa y me traigas una inyección antitetánica –le habló, antes de que el médico pudiera completar su "hola".
—¿Para que?
—¿Para ti que te parece? Solamente tráelo, ya.
Media hora más tarde, golpearon a la puerta. House la abrió y vio la cara preocupada de su amigo.
—¿Qué hiciste ahora? —fue su saludo.
—¿Cómo estás? —le pregunto House, sin hacerle caso.
—Preocupado por tu salud mental.
—Mi salud mental esta perfecta. Dame la antitetánica.
—¿Qué te paso?
—Nada. Es para Chris. Gracias —comenzó a cerrar la puerta.
—House —Wilson puso un pie entre la hoja y el marco.
—¿Qué?
—¿Puedo ver a Christine?
House dudó un momento antes de abrir la puerta.
—Pasa.
El entró. Tenía la misma pinta de nene bueno que usaba para seducir a las enfermeras. Y nunca fallaba. Por un momento se dijo que si Wilson fuese bisexual, se hubiese tirado a la otra mitad del hospital que le faltaba. Suponiendo que hubiese parte del personal masculino que fuese gay.
—¿Que le sucede a Christine? —le pregunto.
No quiso mentirle. Al fin y al cabo, él le había confiado la verdad sobre la chica.
—Intento suicidarse esta madrugada —susurró.
Wilson se lo quedó mirando con la boca abierta.
—¿Qué?... ¿Por qué?
—Pensó de que si la descubren, podrían hacerme daño por su culpa.
—Bueno, algo de razón tiene.
—Eso no es motivo. La culpa no es de ella, sino de ese grupo de psicópatas.
—Debes quererla mucho para defenderla y cuidarla a costa de tu vida.
—Sí, sí —intento cambiar de tema—. Voy a inyectarle esto.
Fueron a la habitación. Christine estaba bostezando y desperezándose. Se sorprendió al ver a Wilson.
—Hola —saludó ella, intentando acomodarse el pelo desgreñado—. Recién me despierto ¿Vino a visitarme?
—Sí. Y también a traerte la inyección antitetánica.
Christine abrió grandes los ojos al percatarse de la presencia de la jeringa que House llevaba en la mano.
—¡¿Inyección anti qué?! —grito—. ¡¿Y me van a pinchar con eso?! Ah no, no lo harán —y se tapó con las frazadas hasta la cabeza.
—No seas marica, Chris —la retó House—. Si fuiste capaz de intentar matarte, puedes aguantar un pinchazo.
—¡House, no seas insensible! —lo retó Wilson—. Solo dolerá unos segundos —agregó, dirigiéndose al bulto de mantas.
—No quiero.
House comprendió el motivo de su negativa.
—Esto no es un experimento. No te van a salir tentáculos, o un tercer ojo, o a volverte idiota. Es para prevenir una posible infección.
—De todos modos, no quiero —insistió tercamente—. No me van a pinchar con ese suero… antitetas.
Ambos se rieron
—Antitetánica, Chris —la corrigió Wilson—. An-ti-te-ta-ni-ca.
—Co-mo se lla-me, pe-ro no me van a pin-char.
— Christine, si no te dejas inyectar, se te puede gangrenar la pierna.
Christine asomó la cabeza.
—¿De verdad?
—Si, y hasta perderla, si no se trata a tiempo.
Christine los miró a ambos.
—Bueno, está bien. Ofreceré mi cuerpo para el dolor.
Wilson se sentó a su lado y le tomó la mano, mientras le ofrecía el otro brazo a House.
—¡Christine, mira eso! —exclamó el oncólogo, señalando la ventana y la niña miró hacia allí. Entonces House aprovechó para pincharla.
—No dolió mucho, ¿verdad? —le pregunto Wilson.
—Fue solo un momento —respondió.
—¿Ves? Hubiera sido peor si no lo hubieras hecho.
El veintiuno de noviembre, House vio a Christine mucho mejor, por lo que decidió salir a trabajar, dejando a Christine dormida. Condujo sin problemas de tráfico hasta el hospital.
Ahí se presento un problema.
Salió del auto y se dirigió a la entrada. O por lo menos lo intento. Porque cuatro metros antes de llegar, sintió un objeto duro y metálico en la parte baja de su espalda.
—Entre al auto –le ordeno Charles Phoenix
Fue el teléfono lo que interrumpió el sueño de Christine. ¿Por qué el Doc no atiende el teléfono?, pensó, medio dormida, mientras se daba vuelta, dispuesta a dormir un poco más. Quizás no atiende porque no está, se fue a trabajar, reflexionó, sin abrir los ojos. Pero luego se dio cuenta de lo que acababa de pensar y se despabilo enseguida. Ya habían pasado los tres días y el médico no estaba. Encima de la mesita de luz, había una nota:
Hoy voy a trabajar. Llegare a las cinco. Hay sopa y hamburguesas con puré en la heladera.
House.
El teléfono dejó de sonar y la voz de Cuddy en el contestador reverberó por toda la casa:
—House ¿Dónde demonios está? Tiene el celular apagado y su auto no está en el estacionamiento. Anoche me dijo que vendría a trabajar hoy. Cuando escuche este mensaje, vaya a mi despacho o llámeme.
Christine se levantó de golpe, sin importarle el dolor punzante en la rodilla. Eran las once de la mañana. El teléfono volvió a sonar y ella corrió a atenderlo. El identificador de llamadas indicaba que era el celular de House.
—¡Hola! —atendió la niña, jadeando.
—Buenos días, Midnight —la voz diabólica, que no había escuchado en diez meses, la dejó helada—. ¿Cómo te encuentras? ¿Te has olvidado de que hoy termina nuestro plazo? ¿O has decidido no venir conmigo? Yo pensaba que la vida del lisiado te interesaba.
—¿Qué le hiciste? —las manos le temblaban—. ¿Dónde está?
—No te preocupes, está conmigo, vivo. Por ahora.
—Suéltalo, esto es conmigo.
—Si eso es lo que deseas, tendrás que venir. No lo haré gratis. Todos tienen un precio. Y el precio del lisiado eres tú.
Christine no permitiría que algo le sucediera a House.
—Iré. Dígame donde están ustedes.
—En una fábrica abandonada llamada Big Day.
—La conozco.
—Si no apareces en diez minutos lo matare. Apresúrate –colgó.
Christine revisó su mochila. Su arma no estaba. Supuso que el médico se la había escondido por temor a que volviera a intentar suicidarse. Pero Phoenix no la iba a vencer.
Salió a la calle. Comenzó a correr a toda velocidad, sin sentir más que el miedo y el odio. El corazón le bombeaba enloquecido y sentía como si una mano de piedra le oprimiera el pecho. No se molestaba ni siquiera en esquivar a los transeúntes, aunque le gritaban e insultaban.
Llegó a la fábrica. El portón oxidado estaba apenas entreabierto. Al atravesarlo, vio el auto de House escondido detrás del muro. Con la sangre hirviendo por la furia, Christine entró en el galpón.
El médico estaba sentado en el polvoriento suelo de cerámica, contra la pared, con la cabeza gacha. No se lo veía a Phoenix por ningún lado, pero olfateó el aire y supo que estaba allí.
—¡Doc! —le gritó ella, desesperada, viéndolo en ese estado, temiendo lo peor.
House levantó la cabeza.
—¡Chris! —le respondió el, tan desesperado como ella—. ¡No entres!
Demasiado tarde. Percibió un movimiento detrás de ella y se volvió, solo para encontrarse con un arma calibre 38 con silenciador, con el cañón apuntándole entre los ojos.
—Hola, Midnight —sonrió Phoenix, el portador del arma, rotando alrededor de ella y acercándose a House. Apuntó el arma hacia él.
—Cierra la puerta —ordenó el Fénix Negro y Christine obedeció.
—¿Qué demonios quieres? —pregunto.
—En primer lugar, algo que Mariana te dejo a ti, una información. Y segundo —suspiro profundamente—, a ti.
—¿Para que la quieres? ¿Qué dice?
—Ahhh… esa es una historia larga, que te incumbe a ti y es muy importante. Dice por que el experimento no te mato.
Christine permaneció en silencio.
—Yo no supe nada de esa información hasta hace unos pocos meses —comenzó a relatar Phoenix—. Cuando me recupere de mis heridas, uno de mis agentes dijo que creía saber que había pasado. Me contó que cuando experimentaron contigo, el traidor de McGee altero las pruebas. Tu madre sabia el secreto desde antes a través de un medico llamado Alfredo Benítez. Ella era enfermera en ese mismo hospital y eran amigos. Él, en secreto, estaba haciendo experimentos para fortalecer las defensas a tal punto que podía derrotar al cáncer e incluso al SIDA. El médico no estaba tan seguro de su eficacia, pero al parecer funciono.
"El problema que tenia la priuritina era que atacaba el organismo hasta dejarlo completamente inservible. Era muy violento y no le daba chance al sistema inmunológico. Nadie sobreviviría… a excepción que alguien tuviera las defensas muy altas, y, por mucho que intentamos subirlas, no podíamos. Aun no sabía por qué, pero tu sobreviviste En tu cuerpo se desato una verdadera batalla campal. La priuritina se debilitó, pero se filtró en todo tu cuerpo. Ese milagroso preparado tiene la particularidad de que, cuando se debilita, se adapta al organismo y lo… digamos que lo mejora. Mejoró tu olfato, tu vista, tu oído, todo."
"Y toda esta información la conseguí gracias a mi agente. ¿Sabes quién es él, mi querida Midnight?"
—No lo sé, ni me importa —le contestó Christine altaneramente.
—Pues en tu lugar me importaría, porque lo conoces. Y mi agente es Jonathan Livesey.
Christine jadeó y retrocedió dos pasos. Aquello no podía ser verdad, no podía hablar en serio.
—Mientes —dijo, apretando los dientes.
—¿Eso crees? Tu padre jamás te quiso ¿Cómo no puedes creerlo capaz de condenarte? Me dijo todo esto a cambio de sacarlo de prisión y volver a prestar sus servicios para mí.
"Yo estaba muy interesado en esas formulas antes de conocerte. Eran mi clave para el éxito. Envié a tu padre y a unos matones más para robárselas. Pero el ya no las tenía. Benítez se entero de lo que queríamos y las escondió. Y prefirió morir antes que decirme donde estaba"
"¿Por qué tu padre no me dijo lo que había hecho Mariana contigo? Porque los matones obedecen sin preguntar. No sabían nada de mi trabajo. Solo mataban a quien yo le decía. De haberlo sabido, Jonathan me lo hubiera dicho. Yo le dije que se mudara a Estados Unidos porque no quería que nadie que haya participado en el asesinato estuviera un segundo más allí. ¿Por qué crees que se mudaron?"
"Poco tiempo después, mi secretaria enfermo y contrate a tu madre para reemplazarla. Tiempo después, me enteré de que era una infiltrada de un bando enemigo que ya me tenía cansado. Ella robo gran cantidad de información para ellos. Y la mande a matar. El primer intento fracaso. En el hospital, intente persuadirla, en vano. Y, aunque me dolió profundamente en el alma, mandé a Jonathan para que la envenenara. El la mató."
"Dos meses después de tu huida, tu padre me llamo desde la cárcel. Dijo que tenía una información muy importante. Me contó la razón de tu supervivencia. A cambio de eso, prometí sacarlo de la prisión."
"Registré su casa y encontré una carta de tu madre para ti y decía algo sobre ciertos papeles que había escondido. Pero la parte en donde decía donde se encontraba estaba arrancada. Y mi teoría es que la tienes tú. Es por eso que estamos aquí ahora, Midnight. Para que me ayudes"
Christine temblaba. Ella no sabía nada de esos papeles. No le quedo otra opción que creerle. Su padre era un matón del Fénix Negro, había matado a su madre y la había terminado de condenar.
—Déjanos en paz, Phoenix —suplicó la niña.
—Es que sencillamente no se puede—contestó el hombre—Eres muy peligrosa y lo sabes. Si no te capturo yo, otro lo hará. ¿Por qué quieres ser normal? Naciste para ser guerrera y no puedes renegar de eso.
—¡Si puedo! —grito Christine.
—No, no puedes —insistió Phoenix—. Ven aquí. Cumpliremos nuestro trato y todo se acabara.
—No lo hagas –intervino House, desesperado—. Vete de aquí.
—Ven, Midnight, o mataré al lisiado.
Christine se mordió los labios. Sus manos le temblaban como nunca.
—¡No lo hagas, Chris! —exclamó House.
—Nada le pasará —continuo Phoenix con voz tranquila—. Seguirá con su vida y no sabrá más de mí. ¿Qué prefieres? ¿Una bala entre sus ojos o su vida normal? Es tu decisión.
Christine avanzó un paso, con sus maravillosos ojos clavados en los del psicópata.
—¡CHRIS! —gritó House—. ¡NO!
—Todo esto acabará —prometió Phoenix, con el cañón apuntando a la cabeza del médico—. ¿No es eso lo que quieres? Hazlo por la vida del lisiado.
Ella avanzo lentamente, como si careciera de voluntad propia y se detuvo a un paso de Phoenix. Este guardó el arma en el bolsillo.
—Muy bien —aprobó el psicópata, con una sonrisa de satisfacción y le acarició durante un brevísimo instante la mejilla.
Fue más de lo que los nervios, el odio y la repulsión de Christine pudieron soportar. Sin casi siquiera pensarlo, le lanzo un puñetazo en la nariz, pero Phoenix frenó el golpe, le agarro el puño y se lo dobló hacia atrás con tanta fuerza que no pudo reprimir un quejido y, con la mano libre, la golpeo de lleno en el estomago. La chica salió despedida cuatro metros y aterrizo de espaldas al suelo, sintiendo los trozos de vidrio incrustársele en la columna. Confusa, ella le oyó decir a Phoenix, riéndose:
—Lo que puede hacer un poco de tu sangre, ¿no? La conseguí del hospital, un día que House te hizo un chequeo. Tenemos el mismo tipo, Midnight. Es la excepción de las caprichosas reglas de la priuritina: si un "privilegiado" dona su sangre a alguien del mismo tipo, la priuritina casi no ataca y se adapta con muchísima rapidez, convirtiéndolo así al donado en otro…—saco las uñas—…privilegiado.
Christine se levanto del suelo. El odio la había poseído y ya casi no podía luchar contra su "otro yo". Y, sinceramente, no quería. Christine le daría lugar a Midnight. Saco las uñas.
—¿Crees que eso podrá detenerme? –jadeó –No voy a descansar hasta matarte.
—Eres una chica formidable, Midnight.
—No tengo ganas de oír tus cumplidos. Aquí tenemos un asunto pendiente.
—¿Crees poder conmigo?
—Yo iba a preguntarte lo mismo.
Phoenix pareció ofendido y avanzó hacia ella. Le propino unos golpes con los brazos, de manera brutal. Christine se defendía con una mano y atacaba con la otra, intentando rasguñarlo.
Los golpes no cesaban. Eran muy fuertes y los sentía en todos sus músculos. Christine jamás se había enfrentado a alguien que tuviera sus mismas habilidades. Era como enfrentarse a un robot. Logro esquivar una patada dirigida a su cabeza, pero no otra dirigida al pecho y trastabillo hacia atrás. Phoenix la acorraló contra la pared, aprisionándole las muñecas.
—Impresionante —admitió Christine—. Eres un buen peleador, aunque sigues siendo un maldito demente.
—¿Crees que estoy loco? —pregunto Phoenix, divertido.
Absolutamente —giro la cabeza e hinco los dientes en el brazo de su oponente. El hombre aulló de dolor, la soltó, y Christine lo golpeó con fuerza en el costado de la cabeza, haciéndolo caer
—¡Váyase, Doc! —gritó la niña, mientras corría a agarrar una barra metálica tirada en un rincón, junto a otras más. Pero House parecía incapaz de moverse. Cuando se volvió, Phoenix corría hacia ella. Christine intentó golpearlo con la barra, pero él la esquivó y agarró otra barra de metal.
Christine intuyó que se enfrentaba a un combate a muerte. Tomando a la barra exactamente del medio, entrechocaron sus armas. Phoenix se lanzo hacia Christine pero ella logro eludirlo.
Phoenix retrocedió y la niña avanzó. El hombre golpeo con la punta de la barra al pecho de Christine. El golpe casi la hizo caer, pero recupero el equilibrio. Pero Phoenix le propino una patada y volvió a perder el equilibrio y lo volvió a recuperar, justo cuando el demente le lanzaba un golpe a las costillas, que fue eludido.
—¿Por qué insistes en querer vencerme, Midnight? Ríndete de una vez y acabemos con esto.
—Por algunas cosas vale la pena luchar —respondió Christine.
—Entonces, no me dejas otra opción.
Le dio un golpe demoledor en la rodilla lastimada y cayó al suelo, gimiendo. Pero, para asombro de Phoenix, se puso en pie rápidamente y le lanzo un golpe en el pecho del hombre. Este esquivo el golpe y retrocedió.
Para sorpresa de Christine, Phoenix movió su barra con la rapidez del rayo y golpeo la de ella con tanta fuerza que se la arranco de las manos. La niña la vio alejarse por el aire y aterrizar a seis metros de distancia.
Phoenix olfateo la victoria. Sin piedad, la golpeo en las costillas hasta hacerla caer. Esto no está nada bien, pensó ella, cuando el psicópata arremetió con la barra una y otra vez contra Christine. No pudo esquivar y bloquear todos los golpes y estaba siendo reducida a una masa de carne envuelta en tela.
Reunió todo su odio y toda su fuerza y agarro la barra de Phoenix con ambas manos y se incorporo. Christine empujo el barrote hacia su enemigo, obligándolo a retroceder. Para hacerle perder terreno, soltó su mano izquierda y le propino puñetazo a la nariz. Fue un error. Phoenix se recupero muy rápidamente, le arrebato la barra de las manos y se la descargo con fuerza contra su cabeza.
Christine cayó al suelo, mareada e indefensa.
Phoenix tiro la barra a un costado y saco la Colt. Le apunto a Christine en medio de los ojos.
—Espero que hayas disfrutado tu vida, porque ahora se va a terminar —miro a la niña a los ojos—. Que tengas un buen viaje al infierno.
—¿Vas a matar a la gallina de los huevos de oro, Phoenix? —preguntó Christine—. ¿Vas a hacer lo que prohibiste a tus hombres? La priuritina te hace hacer cosas que nunca harías.
El hombre pareció confundido y bajo un poco la guardia. La niña logro incorporarse y comenzó a forcejear con Phoenix para quitarle el arma. El hombre no sabía a quién se enfrentaba.
House observaba todo desde su posición. Era bastante impresionante el cambio que había sufrido Christine. Parecía poseída por el mismísimo demonio. Quería moverse, pero el miedo lo tenía paralizado. No temía por su vida. Temía por la de Christine.
Ella y Phoenix forcejeaban a unos catorce metros. Ambos sujetaban el arma con ambas manos y tironeaban con todas sus fuerzas. El cañón del arma apuntaba a Christine. Phoenix tenía el dedo en el gatillo…
Sonó un disparo.
La niña se detuvo repentinamente y su garganta emitió un sonido ahogado, como si estuviera atragantada.
—No… —murmuro House.
Christine estaba inmóvil como una estatua. Los rayos del sol hacían brillar el polvo en el aire y los trozos de vidrio en el suelo alrededor de ella, convirtiéndose en la escena más triste y hermosa que el médico haya visto jamás. Un chorro de sangre brotó del lado derecho de su pecho y comenzó a descender hasta manchar de rojo su suéter a rayas de colores.
Christine se desvaneció en el suelo polvoriento, a los pies de Phoenix. El psicópata se agacho para mirarla.
—Yo no quería llegar a esto, Midnight —le dijo, con una sonrisa carnívora—. Pero tu si —dio vuelta la cara de Christine para que mirara a House. Phoenix le apunto al medico—. Despídete del lisiado"
Christine abrió grandes los ojos. Giró rápidamente hacia Phoenix y le enterró las dos uñas en el cuello y lo degolló.
El malvado quedo paralizado, con la boca entreabierta y las pupilas dilatadas.
—¿Qué se siente…—jadeo ella dolorosamente —, cuando la creación se vuelve contra su creador? —lo empujo con fuerza hacia atrás. Phoenix cayó de espaldas y quedo inmóvil.
Christine se levantó, apretando la herida con una mano. Camino dos pasos hacia House, pero las piernas le fallaron y se desplomo, boca abajo.
House entró en pánico. Se levanto, tomo el bastón que estaba tirado en el suelo y camino lo más rápido que pudo hacia ella. Se arrodilló, la volteo hacia arriba y casi dio un grito al verla, con los ojos cerrados. Estaba tendida en un charco de sangre y tenia su rostro marcado con pequeños cortes y moretones. Estaba muerta; el cálido beso de plomo la había dormido para siempre, la muerte se la llevaba lejos del mundo, lejos de todo… lejos de él.
Pero, de pronto, Christine parpadeó. Miró a House a los ojos y sonrió.
—Hola, Doc —su voz sonaba muy débil.
—Shh —la calló él, abollando su saco y apretándolo contra la herida—. No hables.
—Tengo… que hacerlo —insistió—. Quiero que me haga un favor.
House la miro atentamente.
—Váyase y déjeme sola.
—No, no voy a…
—Estoy cansada, Doc. Phoenix está muerto, pero hay… más gente que va a tomar su lugar. La vida apesta. Jamás voy a ser feliz ni normal. Y también van a hacerle daño a usted. Solo con mi muerte esto va a terminar… —su voz comenzó a desvanecerse.
—No digas eso Chris.
Christine no le respondió. Se había desmayado a causa de la pérdida de sangre.
House, sin apartar la mano de Christine, estiro su mano libre hasta el cadáver de Phoenix y le reviso los bolsillos. Allí encontró su celular y llamo a Wilson.
—¿Dónde demonios…? —comenzó a decir el oncólogo.
—Escúchame bien—lo interrumpió—. Chris recibió un balazo—. Se esta muriendo…
—¿Qué?
—Estamos en una fabrica abandonada llamada Big Day ¿la conoces?
—S-si.
—Quiero que me pases a buscar con tu auto. No le digas a nadie que estas acá. Ven, por favor.
House colgó y lo espero. En quince minutos, Wilson entro en el galpón. Quedo paralizado al ver la escena: House agachado frente a una maltrecha Christine y a un cadáver tendido al lado de ella.
—¡Ayúdame, carajo! —le grito House.
Wilson la levanto en brazos, mientras House le sostenía el pecho y la coloco en el asiento trasero del auto
"Todo va a salir bien, mocosa. Te lo juro" pensó, mientras se metía en el auto y salían a toda velocidad hacia el hospital.
Wilson entro a Urgencias, con Christine en brazos, seguido de House.
—¡NI SE LES OCURRA TOCARLA! —grito House—. ¡ES MI PACIENTE!
Los médicos le hicieron caso. La herida era profunda y la desinfecto con betadine. Necesitaba una transfusión de sangre seguramente. La llevaron directamente a Cirugía sin importarle nada.
"No te vayas Christine… no me dejes"
Le saco la cadenita del cuello y la guardó en el bolsillo. Cuando estaban por sedarla, Christine abrió los ojos
—¿Doc?
—¿Qué pasa?
—Lo amo —y se volvió a desvanecer.
Comenzaron a operarla. El sudor les chorreaba en la frente mientras intentaban sacarle la bala. No había atravesado el corazón, pero habiendo sido un tiro a quemarropa…
—No se va a morir. No."
Finalmente le sacaron la bala. Solo tenían que coserla y Chris estaría bien…
Unos pitidos interrumpieron sus deseos de recuperación de la niña.
—Le esta agarrando un infarto —murmuro. Wilson intento mantenerla estable pero los pitidos intermitentes pasaron a uno solo, largo y agudo.
—¡NO! —grito House, mientras tomaba un desfibrilador y los apretaba contra el pecho de la niña, intentando salvarla. Pero a los cinco minutos, Wilson dijo las peores palabras:
—No sigas mas, House. Esta muerta.
