CAPITULO 13: LA ASISTENTE

BELLA

Manhattan, New York

Asunto: Lo Que Necesito En Dos Horas

Los archivos Lexington. Los papeles de transferencia de la compra de Lerner y Taylor. Tu informe de la lista principal. Las notas de la reunión de esta tarde.

Edward Cullen

CEO de Cullen Publishing

Cerré su email y suspiré. Estaba empezando a desear que simplemente me hubiera despedido. Desde esa reunión en su oficina hace dos días, había sido dos veces más mandón. Dos veces más insoportable.

Había dado todo de mí para no salir de la reunión de todo el equipo cuando a propósito me puso en aprietos y me hizo varias preguntas sobre un libro que él sabía no había tenido la oportunidad de leer aún. Luego otra vez cuando me reprendió frente a todos por entregar informes incompletos que ni siquiera serían necesitados por otras cuatro semanas.

No había manera que fuera a completar cada objetivo de su más reciente email en dos horas, así que ni siquiera iba a intentarlo. Tomé el trabajo que ya había terminado y me dirigí a su oficina, enviándole a Alice un email en el camino.

No me importaba si él encontraba este mensaje en el servidor de la compañía o no.

Asunto: Jefe Horrible + Típico Comportamiento de Cabrón + Día

Largo = Vino. ¡Inmediatamente!

Dejaré el trabajo temprano hoy. ¿Puedo pasarme y beber vino en tu casa por la noche?

Tú mejor amiga,

Bella

Su respuesta vino en segundos.

Asunto: Re: Jefe Horrible + Típico Comportamiento de Cabrón + Día Largo = Vino.

¡Inmediatamente!

Por Supuesto.

Partiré ahora y compraré tu favorito.

Tú mejor amiga,

Alice

Al segundo que las puertas del ascensor se abrieron, me dirigí directamente hacia su oficina y no me molesté en tocar.

Abrí la puerta y lo vi leyendo un libro en su escritorio.

— ¿Puedo ayudarla con algo, señorita Swan? —Levantó la mirada hacia mí.

—Aquí está mi informe de la lista principal. —Estampé una gran carpeta de papeleo en su escritorio—. El informe Lexington, el que logré terminar de todas formas, debería estar en tu casilla de mensajes en minutos.

—No necesitabas venir aquí para decir eso. Solo debiste haberme enviado un email... —Su mirada bajó a mis labios, pero luego estrechó los ojos hacia mí—. Sabes que odio cuando la gente viene a mi oficina sin permiso.

—Odia muchas cosas. —Me encogí de hombros—. Tal vez debería solo aprender cómo tratar con ellas como todos los demás. Traeré mis notas de la reunión de esta tarde aquí cuando termine, sin tocar, ya que probablemente tendré que traerle un almuerzo tardío, y luego terminaré oficialmente por el día.

—No. —Dio la vuelta a una página de su libro—. Sólo crees que has terminado por el día. Necesito que te quedes hasta las ocho en punto hoy.

—No puedo —dije firmemente—. Tengo planes.

—Lo sé —replicó, bajando su novela—. Tus planes implican quedarte aquí hasta las ocho en punto.

—Señor Cullen... —Lo miré justo a los ojos—. Con todo el respeto, aunque no merece ninguno después de la manera que me ha tratado esta semana, no me quedaré hoy. No tengo tiempo. Y en realidad, ¿sabe algo más? —Golpeé la carpeta que acababa de poner en su escritorio al suelo, enviando cientos de papeles de informes sueltos al piso—. No voy a recoger eso, y no voy a hacer algo más hoy. Me voy a casa. Ahora.

—Señorita Swan... —Apretó los dientes—. No me haga…

— ¿Qué? ¿Despedirme? Por favor hágalo. —Me alejé de él y corrí de su oficina con la sangre hirviendo y la frustración en alto todo el tiempo.

Furiosa, fui a mi oficina y cerré de un portazo. Entré en mi portal de planificación y envié cancelaciones de email por el resto de mis reuniones. Además, envié a Recursos Humanos un mensaje que confirmaba que me iba temprano por "razones personales" y que si podía solicitar tiempo libre adicional en los días que vienen.

Me aseguré que todos los emails estuvieran revisados, y luego apagué mi computadora y cerré todas las carpetas en mi escritorio.

Mientras me deslizaba en mi abrigo, mi puerta se abrió de golpe y Edward entró furioso en mi oficina.

— ¿Va a un lado? —Siseó, apretando la mandíbula—. ¿No escuchó lo que dije cuando estábamos arriba?

—Sí. —Recogí mi bufanda—. ¿No escuchó lo que yo dije? Me. Voy.

Puede quedarse allí y amenazarme con sus miradas todo lo que quiera, pero me voy a casa.

—Bella... —Cerró la puerta y la trabó, luego dio un paso hacia mi escritorio—. No voy a pedirte que te quedes otra vez.

—Bien. —Me encogí de hombros—. Entonces eso hace mucho más fácil para mí irme. —Colgué mi cartera sobre mi hombro y me dirigí hacia la puerta de al lado, pero él sujetó mi codo y me giró rápidamente para encararlo.

— ¿Por qué estás siendo tan jodidamente difícil? —Presionó su frente contra la mía—. De verdad necesito que te quedes aquí conmigo hoy...

—Entonces necesito que me des una razón que valga la pena para hacerlo.

Repentinamente sus labios se estrellaron contra los míos y sus brazos fueron alrededor de mi cintura, sus dedos hábilmente desatando el cinturón de mi abrigo. Manteniendo su boca contra la mía, abrió las solapas y empujó el abrigo de mis hombros y hacia el suelo.

Mordiendo mi labio inferior, deslizó su mano por mi vestido, lentamente arrancándome las bragas empapadas.

Me besó hasta que estuve sin aliento, suavemente empujándome contra mi escritorio.

Dejando ir brevemente mis labios, empujó todas mis carpetas y papeles al suelo. La línea de mi oficina empezó a sonar, e inmediatamente tiró el teléfono al suelo, también.

Sin decir una palabra, me tomó por la cintura y me levantó, plantándome firmemente en la cara de mi escritorio. Las mejillas desnudas de mi trasero golpearon el metal frío y jadeé mientras captaba la vista de su polla endurecida a través de sus pantalones.

—Extiende las piernas para mí—ordenó.

El sonido de la gente hablando fuera de mi oficina me hizo querer saltar, pero puso las manos contra mi estómago y miró fijamente mis ojos.

»No podrán escucharnos —susurró—. Haz lo que te dije que hicieras. Ahora.

Lentamente separé las piernas y él aflojó su corbata, manteniendo su mirada entre mis muslos

Dio un paso entre mis piernas y presionó su pulgar contra mi inflamado clítoris, aplicando solo la presión suficiente para hacerme gemir.

—Necesito que me prometas que no vas a gritar —dijo—. Lo escucharán...

Asentí, incapaz de responder mientras se inclinaba y chupaba mi clítoris en su boca.

— ¿Puedes prometer eso, Bella?

—Yo... —Asentí otra vez, respirando lentamente mientras él soplaba contra mi piel—. Sí... prometo que no… gritaré cuando me folles...

—No me estaba refiriendo a cuando te folle. —Levantó su cabeza, sonriendo con suficiencia—. Tengo que comer tu coño primero. —De repente me tomó por los tobillos y me jaló más cerca al borde del escritorio, rápidamente posicionando mis piernas sobre sus hombros.

Sin desperdiciar otro segundo, enterró su cabeza entre mis piernas y presionó su boca en mi coño, enviando cada nervio de mi cuerpo a una sobre marcha. Su lengua se lanzó contra mi clítoris despiadadamente y grité cuando deslizó dos dedos gruesos dentro de mí, mientras él gruñía.

Mis manos fueron a su cabello, sujetándolo fuerte mientras le rogaba clemencia, pero siguió torturándome con placer. Entre gemidos, amenacé con gritar, pero él solo se rio y las caricias de su lengua se volvieron más poderosas.

Mientras sus manos sujetaban firmemente mis piernas contra su boca, me sentí al borde de un orgasmo, sentí mi cuerpo entero empezar a temblar.

—Edwars, yo... yo... —Luché para sacar otra palabra de mi boca.

Mi cuerpo se convulsionó contra el escritorio, forzándome a romper mi promesa y gritando tan sonoramente que estaba segura que todos en el piso podían escucharme.

Lo sentí presionar sus dedos contra mi boca, lo escuché ordenarme que esté callada, pero cerré los ojos y lancé la cabeza hacia atrás perdiendo todo el control.

No estaba segura de cuánto tiempo seguí temblando, o si algunos de mis compañeros me escucharon, pero cuando abrí los ojos otra vez, mis piernas todavía estaban alrededor de Edward, y él estaba mirándome fijamente.

Pensé que iba a decir algo, encontrar una manera de romper nuestro intenso silencio, pero simplemente removió mis piernas de sus hombros y desabotonó sus pantalones. Mis ojos se ampliaron tanto como pudieron mientras sacaba su polla, y me di cuenta que era más grueso y más dotado de lo que había imaginado.

Sonrió por mi reacción impactada, inclinando mi mentón con las puntas de sus dedos.

—Dóblate sobre el escritorio.

Jadeé.

— ¿Qué?

—Me escuchaste. —Tomó mis manos y me jaló hacia arriba. Luego tomó mis caderas y me giró espalda arriba—. Dóblate sobre el puto escritorio.

Lentamente y cuidadosamente, presioné mi pecho contra el metal.

Escuché el sonido de sus pantalones golpeando el suelo, el sonido de él abriendo un condón.

Desde atrás, despacio empujó mi vestido hasta mi cintura.

Abofeteando mi trasero, lentamente deslizó su gran polla dentro de mí, centímetro a centímetro.

Gimiendo, me esforcé para mantener mi equilibrio mientras me ajustaba a su impresionante longitud.

Cuando estuvo completamente dentro, tomó un puñado de mi cabello y jaló mi cabeza hacia atrás hasta que nuestros ojos se encontraron, susurrando:

— ¿Es así como te follaba en tus fantasías?

No tuve oportunidad para responder. Empujó dentro de mí implacablemente, manteniendo una mano en mi cabello y abofeteando mi trasero cada vez que gritaba.

Mordió mi hombro cuando decía su hombre, mientras cerraba los ojos una vez más y me daba cuenta que él era diez veces mejor en la realidad que en cualquier fantasía que alguna vez había preparado.

Soltó mi cabello y deslizó una mano hacia mis pechos, apretándolos mientras susurraba:

—He querido sentir tu coño en mi polla desde que empezaste a trabajar aquí...

Jadeé, incapaz de responder mientras mis piernas comenzaban a temblar otra vez.

—Edward... Edward...

—Bella... Bella... —Me imitó, una ligera sonrisa en su voz.

—Yo... yo... —Me sujeté del borde del escritorio mientras abofeteaba mi trasero de nuevo. Susurró mi nombre mientras los temblores seguían construyéndose dentro de mí, y lo escuché decir:

—Espera por mí. —Pero ya estaba allí.

Mi coño latió de placer y otro orgasmo arrasó por mi cuerpo, dejándome floja y jadeante contra el escritorio. Dejándome preguntando cuánto tiempo me había follado.

Sosteniéndome firme, encontró su propia liberación segundos más tarde, y luché para respirar.

Los dos permanecimos enredados, y besó la parte de atrás de mi cuello.

— ¿Estás bien? —preguntó suavemente.

Asentí.

— ¿Puedo dejarte ir ahora?

—No.

Soltó una risa baja y me sostuvo contra él por más tiempo, esperando hasta que le diera el permiso para dejarme ir. Besando la parte de atrás de mi cuello una vez más, lentamente salió de mí y lanzó el condón en la basura. Luego envolvió sus brazos a mí alrededor y me giró por lo que me sostuve contra el escritorio.

Como si pudiera decir que era incapaz de funcionar completamente por mi cuenta, reajustó mi vestido y me ayudó a ponerme el abrigo. Luego corrió sus dedos por mi cabello y me miró antes de recoger mis tacones y ayudarme a deslizarme en ellos.

—Deberías llamar a tu chofer ahora —dijo suavemente, recogiendo el teléfono de escritorio del piso y pasándomelo—. Te acompañaré abajo.

Asentí y llamé a mi chofer, mirando a Edward ponerse sus pantalones y ajustando su corbata.

Sus ojos nunca dejaron los míos, y tan pronto mi chofer dijo:

—Estaré abajo en cinco. —Colgué.

Edward me pasó mi cartera y me tambaleé en mis tacones mientras trataba de caminar, ganándome una sonrisa cómplice y sexy de él. Me jaló contra su costado y agradecidamente me acompañó hacia los ascensores de carga para que nadie nos viera.

Evité mirarlo mientras tomamos el ascensor. Estaba en completo y total shock ya que realmente lo había follado, que el hombre destacado en todas mis fantasías había sido puesto en vergüenza por el real.

Cuando salimos juntos, estuve inmediatamente confundida de por qué el cielo se había oscurecido tan rápidamente.

Edward me acompañó justo hasta la limusina y abrió la puerta trasera, esperando a que me metiera. Se veía como si esperara que yo diera algo, pero por cualquier razón, solo podía pensar en una cosa.

—Gracias por ser tan comprensivo, señor Cullen —dije, sin querer darle al chofer algún tipo de impresión sobre que demonios había pasado entre nosotros.

— ¿Por entender qué, señorita Swan?

—Que no iba a quedarme hasta las ocho en punto hoy. Estoy contenta que pudiéramos llegar a ese acuerdo.

Una lenta sonrisa se extendió por su rostro y miró su reloj.

—Creo que está extremadamente mal informada ahora, señorita Swan. Son las nueve en punto. —Tomó una última mirada hacia mí y cerró la puerta—. La veo el lunes.