-Diálogo-.

"Pensamientos".

(N/A): notas del autor.

Capítulo anterior: Kuroro se molesta con Kurapica, porque todavía no le hace entender que esta le debe su obediencia. En modo de castigo por su falta de respeto esta la castiga sin poder comer, mientras no lo logre su cometido.

Capítulo 14: Tregua.

El pelinegro, estaba atento al comportamiento de su araña novata, aprovechando de que ella no se había percatado de su constante observación, y gracias a ello, ratificaba todas las conclusiones que había deducido anteriormente, y que ciertamente no se aburría de recordarlo una y otra vez. En aquel momento, ella estaba a tal punto inmersa en sus pensamientos, que nuevamente no se daba cuenta de la gamma de expresiones en su rostro, que le hacían verse como una persona extremadamente bipolar.

"Que tipo de cazadora de listas negras fue, si ni siquiera puede aguantar el apetito por un día entero". Pensaba el hombre. "¿y que es eso de sus supuesta muerte? ¿Cómo es eso posible eso, si dudo que alguien le hubiese impuesto un ataque de nen o algo por el estilo? Si estuviese enferma, dudo que la mejor solución es ir donde su tribu, y si realmente esta enferma, no presenta ningún síntoma aparte del cansancio". Su mente no quiso seguir trabajando en la niña (le puso de mal humor) y la dedicó a su alrededor, exactamente en un árbol de tamaño impresionante, se encontraba delante de ellos, cuyas raíces sobresalían y se alzaban del suelo, formando arcos naturales, envueltos de plantas que se adherían a la superficie, de la planta. El hombre saltó encima de las raíces, y se ahorro el problema de ensuciarse, agacharse o algo por el estilo. Para su suerte las raíces del árbol eran lo suficientemente gruesas y resistentes para que se lo permitiera.

Para mala suerte de Kurapica, esta después de un tiempo (mientras seguía su conversación con Curarpikt) se percató que el hombre no estaba a su lado. Esta, intentaba concentrarse en el camino (cosa que se le dificultó, porque Curarpikt no dejaba su mente tranquila), y trató de apurar el paso, ya que se estaba quedando atrás. Después de un rato, sus ojos le pesaron a tal punto, que los mantuvo cerrados por varios segundos, sin éxito en abrirlos. Durante ese lapso de tiempo, escuchó que su compañero de viajes saltó, sin saber el por qué, pero la respuesta, la obtuvo mas rápido de lo pensado, cuando chocó secamente con la raíz del árbol, lo suficientemente fuerte, para que esta se callera al suelo y muchos insectos alados salieran de sus escondites para irse del lugar estruendoso. Kuroro, escuchó el ruido pero siguió caminando, definitivamente sabia que la adolecente estaba demasiado distraída, y aquello fue una conveniente consecuencia para el. En cuanto a la rubia, todavía en el suelo, y con una mano en la cabeza, se levantó e intentó nuevamente abrir sus ojos, pero estos aun no respondían a su deseo.

"Esto no es bueno".

"Y, ¿de quien crees que es la culpa?". Su yo interno le dio la razón. La chica después de un minuto aproximadamente, intentó nuevamente abrir sus parpados. Esta vez lo logró, pero no de la manera esperada. "N-no. No puede ser. Mis ojos. No puedo ver".

"Tendrás que arreglártelas para poder llegar rápido a la tribu. Esta situación empeorará por cada rato que pase".

-¿Qué haré ahora?-. Susurró apenas producto de la desesperación.

"Ponte los lentes de contactos". Con ese último comentario, Curarpikt desapareció para que la rubia recuperase un poco de energía.

El terror de no poder ver era tan grande, que rápidamente se sentó en el suelo, sacó su mochila de su espalda, y la ubicó entre sus piernas, para buscar las lentillas. Cuando las encontró después de buscar desesperadamente, se las puso a toda prisa. Cuando escuchó ruido de alguien que se acercaba proveniente de la dirección en donde Kuroro se había ido. Dedujo que Obviamente iba a verla, después de tanto demorar.

-No es necesario que ha…-. No alcanzó a terminar sus palabras, cuando sintió que algo a gran velocidad pasó y se detuvo a centímetros de su rostro. Al parecer era el cuchillo Benz de Kuroro, que el mismo tiró, cuyo objetivo no era asustar a la chica o amenazarla para atacarla, sino para detener a una gran bestia que estaba acechándola como si fuese su presa. El cuchillo, con excelente puntería, se dirigió directamente a la aorta del animal, y después de unos segundos, la sangre caía en forma de una pequeña gota que teñía de rojo el pelaje de la fiera. El hombre, fue a recuperar su preciado cuchillo y al sacarlo, una cascada de sangre poco densa comenzó a chorrear (la hoja del cuchillo tenia un veneno que como efecto diluía la sangre), y como el hombre con sus rápidos reflejos se corrió del camino, Kurapica en tan solo unos pocos segundos, estaba envuelta de la tibia tinta roja. Fue ahí recién, que se percato de lo que realmente estaba sucediendo. Y con una actitud indiferente y arrogante, habló. –Yo puedo arr…-. Por segunda vez, no pudo terminar su oración.

-¡¿Qué demonios estas haciendo?!-. Habló firme pero no gritando, como un verdadero danchou. Al mismo tiempo que sujetó a la chica de su polera, y la levantó del suelo (sin dificultad alguna), para llevarla a la altura de sus ojos. –Has estado desconcentrada todo el día, preocúpate de las cosas que ocurren a tú alrededor y no solo en ti. Niña caprichosa y arrogante-. Después dichas aquellas palabras, soltó a Kurapica, limpió el cuchillo son unas hojas y siguió su camino. En cuanto a la rubia tomó su mochila, limpió su rostro lleno de sangre, y fue a tocar al animal, por si aun estaba vivo. Cuando iba a tocarlo, una especia de maullido, la detuvo. Era su cría, quien no quería que se acercara. Kurapica, hizo caso omiso e igual tocó a la gigantesca fiera. Tan pronto, esta hizo el contacto físico, el cachorro le mordió su mano. Esta, no se quejó aunque le dolió bastante; fue la oportunidad perfecta para tomar al erizado, colerizado y diminuto animal. La chica no soltó a la bestia aunque intentaba escaparse, y se marchó del lugar sin antes decir lo siento al cadáver y a su nueva mascota.

Al pasar unos cinco minutos, animal estaba durmiendo en los brazos de su nueva ama, producto del cansancio al hacer tanto esfuerzo en escaparse. Luego Kurapica, con sus manos todas arañadas, se curo con la cadena de radiestesia. Ya un poco mejor por todo lo ocurrido, alcanzó a su líder y como no podía apoyarse en vista, para determinar la topografía del terreno, se ayudó a si misma con su cadena como si fuese un verdadero perro entrenados para el tema. Ciertamente Kuroro pensaba que la chica le estaba tomando el pelo, haciendo al pie de la letra lo que le había dicho. Cuando él vio a la pequeña fiera en sus brazos durmiendo plácidamente, tenia curiosidad a por ella, después de todo nunca había visto esa especie.

-¿Que anim…-.

-Solo quiero dejar en claro, que no dejare que me llames la atención. Es algo que de verdad odio-. Ciertamente dejó a Kuroro pensante, eso realmente vino de la nada. Después de una pausa dedicada a la meditación, logró hacer conexión a sus palabras. Se refería a su enojo por su distracción. Le resultaron unas palabras bastante rencorosas. Bueno, era de esperar de alguien quien busca (o mejor dicho buscaba) venganza a por su tribu.

-Bueno, si no quieres que te alce la voz, no tienes que hacerme enojar y obedecerme. Así de sencilla y fácil es la solución-.


Al llegar la noche, Kurapica al igual que la noche anterior, encendió una fogata y al igual que la noche anterior, no comió. Esta vez no se hizo mayor problema, al estar con su nueva y diminuta mascota, que no era más grande que un gato de un mes y medio. En eso, Kuroro, como siempre sentado frente a la chica, extrajo su comida del paño fun fun y si bien no tenia apetito, lo hacia mas que nada para tentar a su araña novata. Para su mala suerte, no lo logró, esta estaba jugando como un verdadero infante, con el animal. Kuroro ciertamente no podía creer que la chica estuviese lo suficientemente feliz que lo demostrara, sin importar su presencia, era extraño, siempre le vía enojada o pretendiendo ser firme para no demostrar debilidad. Ciertamente, estaba asombrado, la sonrisa de Kurapica era hermosa, incluso en la noche, si tan solo no estuviese con los lentes de contactos.

-¿Por qué estas usando las lentillas?-. Solo bastó con abrir la boca, para que la rubia volviese a ser la misma persona de siempre.

-Por que quiero-. El pelinegro exhaló resignado. "¿Es que acaso esta chica nunca dejara de ser amargada?". El hombre abrió el paquete de un sándwich, solo bastó el abrir un pequeña abertura, para que a la pequeña criatura se le parasen las orejas en dirección al hombre para fuese corriendo hacia él guiado por su olfato, dejando así sola a su ama.

-¡No! Koyuki regresa-. Estiró sus brazos para tratar de alcanzarlo pero no pudo. El peludo animal blanco, se fue a los brazos de Kuroro, y este le dio poco a poco pequeños pedazos del pan.

-¿Koyuki? Así que definitivamente pretendes quedártelo-.

-Si pretendo quedármelo, siempre quise de mascota un demonio blanco-.

-¿No eres un poco obvia con el nombre?-. El pelinegro, le entregó en resto del sándwich a Koyuki y este le dio una mordida para sujetarlo, y se lo llevó al lado de Kurapica. "A Kurapica se le pegó la obviedad de esa casa".

-No-. Contestó la chica. El hombre le tiró la frazada de la noche anterior, sin antes de un "ten". Pero ese pequeño gesto, sirvió para que esta lo atrapara, y que supiese que el hombre le tiraría algo.-Buenas noches-. Ya abrigada, le dio la espalda y su pequeña mascota se quedo hecha una bolita en sus brazos, y si bien estaba cómoda en el lugar, no podía dormir pensando en que quedaría ciega para siempre.

"Pensemos en que es momentáneo. Cuando lleguemos a la tribu, es seguro que pasara".


Son las doce de la mañana, y ya han pasado dos días desde que el pequeño animal, se unió a los viajeros. Dos días en que Kurapica aún no ha saciado su apetito, y su vista aun no se recuperaba: a diferencia de Koyuki, sus energías casi estaban en su límite, y nuevamente comenzó a retrasar el paso, pero estaba muy segura, no iba a pedir alimentos. La caminata comenzó temprano, al igual que el día anterior. La rubia con un vestuario diferente al anterior (porque el otro estaba manchado de sangre), todavía estaba caminando, guiándose únicamente a por su cadena, ya que su pequeña mascota, no estaba entrenada para ello, y al ser de un tamaño tan pequeño e hiperactivo, esta lo llevaba en sus brazos, para así asegurarse de no pisarlo. Kuroro por otra parte, estaba triplemente molesto porque el viaje estaba sin conversaciones, con paso lento, y el que Kurapica ocupaba su cadena como guía para irritarlo (según el) debido a su discusión anterior. En lo único que pudo entretenerse, fue en el desayuno, alimentando a la mascota de su araña.


El resto del aburrido día se acabó, y cuando la noche llegó era la hora del merecido descanso. Kuroro con su rutina, se alimentó el, procurando de causar antojos en la chica, pero al no lograrlo, lo intentó con el plan alterno, utilizar a Koyuki. Al igual que noches anteriores, le dio un poco de comida y este se lo llevó al lado de su ama, quien no pudo evitar sentir el aroma a comida. Kurapica estaba tan cansada que, ya no tenia fuerzas ni siquiera para enojarse con su danchou. Pero cuando uno tiene mucho apetito, el cuerpo no se iba a quedar tranquilo hasta ingerir algo, en consecuencia, este comenzó a hacer un ruido parecido a un gruñido, lo suficientemente fuerte, para que Koyuki observara a la fuente del sonido. Lastima que no fue el único. Kuroro también oyó, y como no quería que el viaje se hiciese mas largo, pensó que deberían llegar a un acuerdo.

-¿Quieres comer?-. Preguntó el hombre, pero Kurapica no contestó. El hombre exhaló como diciéndose a el mismo paciencia, y prosiguió. –Que te parece si hacemos una especie de tregua. Yo te doy comida, a cambio que tú cantes-.

Kurapica no contestó, no porque no quería, al contrario a ella y a Curarpikt le pareció una buena idea. El problema estaba que estaba tan exhausta, que el simple hecho de pronunciar una palabra, requería de un gran esfuerzo. El pelinegro creyó que la chica tenia un orgullo realmente en alto, por lo que no siguió insistiendo, después de todo no era típico de el hacer ese tipo de cosas.

Durante el silencio de la noche acompañado por el ritmo de los insectos nocturnos y aves, Kuroro se estaba quedando dormido plácidamente, en eso una voz melodiosa comenzó a hacerse notar. Kuroro, abrió sus ojos, y se encontró con Kurapica sentada, al lado de la fogata, interpretando una hermosa canción. El danchou del Genei Ryodan, no se explicaba como pudiese existir una persona dotada de tantas cualidades y/o habilidades. El hombre, admiraba a su araña por la hermosa voz. Claro está que ha escuchado a muchas cantantes con hermosas voces, pero la voz de su acompañante era diferente, llenaba el ambiente de una paz acogedora, parecía un ángel, su apariencia era totalmente diferente a la niña ruda que siempre se mostraba. Kuroro no iba a esperar a que la canción terminara así como así, y de su paño fun-fun, extrajo un violín, y comenzó a acompañar a la cantante. El dueto, creaba una armonía maravillosa. La rubia al escuchar la primera nota del violín, no se hizo problema, todo lo contrario, se esforzó aun mas para que su interpretación vocal fuese mas espectacular, poniendo todo su corazón y energía en ello. En cuanto a Koyuki que si bien estaba dormido, con la hermosa música despertó, siendo el espectador en primera fila, y mostraba su entusiasmo con el vaivén de su cola sedosa y blanca.

Cuando terminaron, Kuroro cumplió con su parte del trato, increíblemente, se paró se su puesto, y acompañado del violín, se sentó al lado de su araña, y le entregó una gran cantidad de alimentos. Esta estaba feliz por la comida, pero su cansancio era tan grande que se desmayó. Todo el peso de su cuerpo se fue hacia adelante golpeándose el rostro. Kuroro, al ver que esta no volvía a una posición normal, la tomó por la espalda sujetándola de la ropa, después la acomodó dejándola acostada en boca arriba y la abrigo con la frazada. Le dejó todos los alimentos que le dio a un costado, y le dejó a Koyuki encima de su araña a nivel del estomago; sin nada más que hacer, siguió tocando el instrumento de cuerdas.

Pasada varias horas, la chica despertó pálida y decaída, pero aun así cogió unos de los cuantos alimentos, y comenzó a comer. Pero aunque estaba con pocas energías, no puedo evitar hablar

-¿Quién diablos te permitió traer mi violín?-. Dijo esta, al reconocer durante la canción, al instrumento que ella ocupaba hace unos años. Pero al no escuchar respuesta alguna, de su líder, cambió su pregunta. –Así que sabes tocar el violín, quien se lo imaginaría. ¿Y supongo que trajiste mis otros instrumentos o me equivoco? -.

-Así es-. Contestó el pelinegro a la segunda pregunta, al darse cuenta que el tono de voz de la chica no expresaba enojo.

-Lucas debe estar molesto-. En vez de mostrar preocupación, la cara de Kurapica mostraba una complicidad picara, al imaginarse la cara furiosa del dueño de la Copa musical. En eso siente que una mano le sujetaba el mentón, era Kuroro, que quería observar la cara de la rubia, quien con su otra mano, le tocó la frente.

-Lo sabía, tienes fiebre-. Ciertamente, la Kuruta, con una expresión triste agachó su cabeza, ocultando la mitad de su rostro con el flequillo. Ella al estar preocupada principalmente de su visión, no se había percatado de ese detalle. Pero si se relajo, el saber que no había levantado sospechas en cuanto a sus ojos. –Deberías sacarte los lentes de contacto. Tienes toda la esclerótica roja, por estar con ellos puestos varios días sin sacarlos. Después te dolerá, porque el ojo se seca y en el peor de los casos podrías contraer una infección-. Error, era muy pronto para hablar. En eso Kuroro, le pasa unas pastillas a Kurapica, y esta las recibe sin problema, ya que sus oídos pudieron (apenas) percibir el sonido del envoltorio de la medicina.

"Hace falta los oídos de Senritsu, serian de gran ayuda en este momento". Aportó innecesariamente Curarpikt. La otra se molestó con su yo interna por el comentario y prosiguió la conversación, si es que así se le podría llamar.

-Correré el riesgo-. Tomó una breve pausa, mirando el medicamento. –Gracias por la medicina, pero no es necesario, no me hará efecto alguno-. Dijo aquellas palabras, mientras se lo devolvía. El pelinegro, lo recibió, lo guardó y solo se dedicó a tocar el violín, por unas cuantas horas para hacer la guardia, tiempo que también aprovecho de cuidar de su acompañante.

La chica solo se limitaba a escuchar, las notas perfectamente ejecutadas por el Danchou, y con la tranquilidad de la noche, Kurapica rápidamente se quedó dormida.


(N/A): Hola a todos :D he aquí un nuevo capítulo. Últimamente he tenido un poco mas de tiempo es por eso que actualicé. Se me ocurrió agregarle una mascota porque siempre debe haber una jojjoojojo muchos protagonistas las tienen y como tengo una gata, pensé un felino :3 pero no se si hacerlo hembra o macho, así que se los dejare a ustedes a elección :D :OOOO me dijeron que me había faltado una parte... y me di cuenta que era verdad jojoj lo siento y muchas gracias EndInWaiting :D

Capitulo siguiente: Kurapica no puede ocultar más sus actuales problemas, pero gracias a ello llegan a la tribu antes de lo esperado y Kuroro conoce el lugar en donde Kurapica se salvó de no ser masacrada como su gente.