Hola a todos este capitulo es poquito corto tube problemas con el portatil y basicamente cuando me lo han devuelto he perdido el ilo de donde estaba sorry, mirare de centrarme mas en el proximo.

Este capitulo contiene material subido de tono por asi decirlo quedais avisados!


Capitulo 13: El largo camino hacia el sur

Salimos de Denerim dirección sur hacia donde los cuervos nos habían indicado que se encontraba el escondite de Kadan-fe.

-No os fieis de los Tal-Vashoth, ellos no respetan al Qun y os mataran a la primera oportunidad – dijo Sten.

-Entonces vamos hacerles arrepentir haber dejado la senda del Qun – le dije a Sten.

Este me asintió con la cabeza pero en sus ojos vi que estaba satisfecho en eliminar a esos enemigos del Qun.

No nos costó mucho encontrar el escondite, no es que fueran muy disimulados el humo de las hogueras se podía ver a varios kilómetros de distancia, o a lo mejor tenían tanta confianza en sus superioridad que no les hacía falta esconderse.

Llegamos al claro.

Nada más llegar los Tal-Vashoth nos vieron y se lanzaron al ataque. A simple vista no parecía que tuviéramos que tener muchos problemas ya que ellos solo eran 6. Istari y Zev se lanzaron al ataque rápidamente y llegaron al choque antes que los demás dado que son más rápidos. Istari derribó a uno de ellos de un cabezazo y cuando lo tuvo en el suelo se abalanzó sobre él. Por su parte Zev había derribado a uno de una patada y estaba intercambiando golpes con otro. Leiliana lanzaba sus flechas que se iban clavando en el pecho de uno de nuestros enemigos pero su gran fortaleza les hacia aguantar no sin menguar sus fuerzas por eso. Pronto Alistair y yo llegamos al encuentro con dos adversarios. Alistair aprovechó las flechas que tenía clavadas en el pecho para hundirlas aun más con un duro golpe de escudo. Cuando le tuvo en el suelo clavó su espada en el pecho y hurgó para dar mayor daño. Al momento su rival murió. Uno de ellos quiso atacarme y rodando por el suelo evité el golpe. Me levanté rápidamente y crucé mi espada por su espalda hiriéndole de gravedad. Con un certero golpe le cerciore la cabeza. Poco tardo Zev en acabar con su rival a base de múltiples cuchilladas. Istari seguía mordiendo y arañando a su rival indefenso en el suelo hasta que llegó Sten y con un duro golpe de mandoble acabo con la vida de su rival. Los dos restantes que quedaban se pusieron en posición defensiva en el intento de unir fuerzas para sobrevivir. Desde lejos Morrigan les lanzó una bola de fuego que impacto de lleno destrozando sus defensas. De entre el humo aparecimos de un salto Zev y yo cortando sendas cabezas a nuestros enemigos.

Al terminar la batalla y curar nuestras heridas superficiales limpiamos un poco el campamento y saqueamos todo lo que nos fuera de utilidad.

Encontramos varias capas de lana gruesa que nos servirían muy bien si teníamos que bajar tan al sur.

Caminamos varios kilómetros siguiendo el rio que atravesaba el bosque de Bredecilla y antes de que se pusiera el sol montamos el campamento.

Mientras los demás preparaban nuestro campamento Leiliana y yo fuimos a cazar algo de cenar, encontramos un par de conejos y varios tipos de plantas comestibles, con eso podríamos hacer un plato caliente para cenar.

Yo monte el primer turno de guardia junto a Istari y deje que Alistair descansara un poco.

El frio empezaba hacer presencia dentro de poco llegarían las primeras nevadas de invierno.

Hacía casi seis meses que había abandonado mi hogar pero en mi corazón parecía que hubieran pasado edades, echaba de menos mi familia y mi vida pero ahora tenía una nueva vida y tenía que aprovecharla mis padres no hubieran querido que me abatiera con tales pensamientos.

Las capas que encontramos en el campamento nos hicieron muy bien a todos ya que conservaban nuestro calor sobre todo por la noche.

-Guarda puedo acompañarte – dijo Zev saliendo de su tienda.

-¿No puedes dormir? – pregunte mientras se sentaba a mi lado junto al fuego.

-No estoy acostumbrado al frio – me dijo – Antiva es mucho mas cálido.

-Si lo sé estuve una vez cuando era pequeña, tenia tanto calor que no entendía como la gente podía vivir ahí – le conté.

-Estuviste en Antiva ¿te gusto? – me pregunto.

-Si, estaba fascinada era tan diferente a Ferelden, sus mujeres con los vestidos descubiertos y los hombres con las mangas cortas – le conté recordando mis experiencias – lo que me gusto fue la comida había mucha fruta fresca cosa que aquí no tenemos.

-La comida es excelente, no quiero decir que la de aquí sea mala –

-Ya lo entiendo ¿hechas de menos Antiva? - le pregunte.

-La verdad es que echo de menos el olor a cuero –

-¿El olor a cuero? – pregunte extrañada.

-Si el prostíbulo donde yo crecí estaba junto a una mano factura de cuero y por eso asocio el olor a cuero con el hogar – me explico.

-Siempre hay pequeñas cosas que nos recuerdan de donde procedemos, yo echo de menos el olor a rosa de té del jardín de mi madre junto a la brisa marina que soplaba al atardecer en Pináculo – le explique sorprendiéndome a mi misma que echará de menos un aroma – era un aroma embriagador que envolvía todo el castillo entre verano y otoño.

-Sabes Guarda es la primera vez que hablamos enserio – dijo Zev.

-Tienes razón a lo mejor significa que empezamos a ser amigos, pero por favor Zev llámame Freyja – le dije.

-De acuerdo Freyja – me dijo – espero que no te molestara mi actuación en la Perla soy un hombre de necesidades.

-Tranquilo no me molesto en absoluto todo el mundo tiene sus cosas –

Una corriente fría de viento hizo que Zev se estremeciera de frio.

-Se acerca el invierno, tenemos que ser rápidos si queremos llegar a Ostagar y no quedarnos colgados por la nieve – le dije – metete en la tienda estarás mas resguardado del frio.

-Creo que tienes razón –

Se levanto y me beso la mano, Zev siempre era muy cortes conmigo y empezaba a sospechar que empezaba a considerarme una buena amiga en la que podía confiar.

-Guarda – dijo Sten que estaba de pie junto a mi – vete a dormir ya es mi turno.

-Gracias Sten – le dije mientras me levantaba y me metía en la tienda de campaña.

Me quite tan rápido como pude la armadura y me metí entre las sabanas junto a Alistair.

-Freyja esta helada – me dijo abrazándome.

-Es que hace frio –

Alistair empezó a frotarme los brazos intentando que entrara más rápido en calor, cuando de repente una de sus manos rozo mi pecho notando como se me endurecía el pezón con solo notar su tacto.

-Lo…lo siento no pretendía tocarte de esa manera – se disculpo Alistair.

-Tranquilo no pasa nada, te dije que iríamos tan despacio como tu quisieras pero si te ves con ánimo de tocarme- le dije con una sonrisa picara – después tocare yo.

Empezó a reírse nervioso.

-No sabría por dónde empezar – me respondió.

-¿Alistair nunca te has tocado ni a ti mismo? – le pregunte.

-¿Qué? ¿A qué viene esa pregunta? -

- Es muy fácil yo sí que me he tocado a mí misma ¿y tú te has masturbado alguna vez? –

-¿Por qué me haces esas preguntas? –

-Por curiosidad nada más –

-Cuando era más joven sí, pero hace años que no – me confesó.

-¿Ni siquiera cuando dejaste la Capilla? –

-No, cuando me vienen ganas utilizo lo que me enseñaron en mi educación como templario para menguar el deseo –

-Eso es muy triste – me le dije.

Le bese los labios poco a poco, resiguiendo con mi lengua el labio inferior hasta que el abrió la boca y reclamo la mía.

-Alistar – susurre – se que no quieres que hagamos el amor pero déjame intentar algo si ves que cruzo la línea detenme si quieres.

-¿Qué vas hacer? – pregunto medio asustado.

-Tú cierra los ojos y relájate – le dije.

Alistair me miro extrañado al principio pero luego cerró los ojos con un gran suspiro.

Entonces empezó a besarle el cuello y a mordisqueárselo suavemente. Con la punta de mis dedos recorrí cada centímetro de su pecho resiguiendo las líneas de sus tonificados músculos. Poco a poco descendía mas dándole tiempo a acostumbrarse a mi tacto entonces sin dejar de besarle empecé a desabrocharle el cordón de los pantalones.

-Freyja ¿Qué? –pregunto abriendo los ojos de golpe.

- ¿Quieres que me detenga? – pregunte con una mirada maliciosa.

El estuvo un momento en silencio como si en su cabeza estuviera decidiendo si dejarme continuar o vetarme. Entonces negó con la cabeza.

Continúe besándole el cuello bajando hacia su pecho sin dejar de trabajar en sus cordones cuando acabe con ellos le baje lentamente los pantalones rozando su masculinidad por encima de su ropa interior. Note como Alistair se estremecía ante el tacto de mi mano.

-Puedo detenerme si lo deseas – le susurre al oído.

-Aliento del Hacedor no serias tan cruel ¿verdad? – dijo Alistair con voz entre cortada.

-Podría serlo pero no contigo- le respondí.

Le quite la ropa interior lentamente mientras le daba pequeños besos a lo largo de su abdomen.

-¿Qué piensas hacer conmigo? – pregunto vacilante.

- ¿Te acuerdas que te dije que mi madre y Oriana me presentaron unas cortesanas Antivanos? – le pregunte.

-Si – respondió.

-Voy a poner en práctica lo que me enseñaron – le dije maliciosamente.

Alistair empezó a respirar pesadamente ante mi comentario solo el Hacedor sabe lo que le paso por la mente en ese preciso momento.

Me incline sobre su masculinidad y le roce la punta con mi lengua, Alistair se tenso y cerro los puños agarrando las mantas con fuerza cuando su longitud se indio completamente en mi boca.

Recordaba las lecciones que me habían dado esas mujeres, la lengua como cuando lames un caramelo, los dientes con cuidado que sea lo suficiente para que a él le apetezca más.

Envolví mi mano en torno a su masculinidad y empezó a moverla arriba y abajo acompañando a mi boca. Mientras el posaba su mano en la base de mi cabeza indicándome suavemente como prefería el ritmo.

-Fre…Freyja no creo que pueda aguantar más – me dijo Alistair entre gemidos.

Me incorpore para reclamar su boca mientras con mi mano continuaba bombeando su eje hasta que un gruñido se escapo de la garganta de Alistair y su semilla se esparció encima de su abdomen.

Continúe besándolo hasta que su respiración volvió a ser normal, solo entonces abrió los ojos.

-Eso… ¡eso ha sido magnifico! – exclamo.

-Me alegro que te haya gustado –

-¿Seguro que no lo habías hecho antes? – me pregunto.

-Bueno había practicado con plátanos pero nunca lo había hecho con un hombre así que eres el primero – le confesé.

-Pues espero ser el último- me dijo mientras me besaba.

Yo estaba muerta de excitación y de cansancio así que me acorruque junto a Alistair y tire las mantas encima de nosotros una vez se hubo limpiado.

-Quiero que me enseñes a tocarte – me dijo.

-¿Quieres aprender? – le pregunte sorprendida.

-Sí, quiero saber cómo devolverte el placer que me acabas de dar – me dijo apretándome contra él.

-Mañana empezaremos las lecciones –

-¿Por qué no ahora? – me pregunto encuriosido.

-Por que quedan pocas horas para que se levante el sol y nos queda un largo camino –

El no dijo nada más se limito acunarme hasta que me quede dormida. Pero en mi interior estaba eufórica pues no había ganado la guerra contra la castidad de Alistair pero si una gran batalla.