Naruto y sus personajes no me pertenecen.

"Pensamientos".


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Capítulo 13

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Tenerte a mi lado, es como tener al enemigo cerca. Es tan incierto el momento como cierto es el ataque. No sé cuándo, pero lo harás. Asaltarás mi corazón.

"Vámonos". "Adónde". "A mi casa".

No supo por qué lo dijo, pero lo dijo, y la invitación estaba hecha, ya no podía echarse para atrás, porque le había dejado bien claro a Ino que todavía pensaba en ella. Pero Ino, con cara confusa, le demostró que no entendía nada, que sus palabras resultaban atípicas e indiferentes.

Sasuke no comprendía tampoco. "Por qué, si no es más que una desconocida". Pero el impulso le nació de pronto. Después de todo, sí era ella, y le sorprendía de manera descomunal la nueva actitud que la rubia había tomado.

No obstante, ella estaba ahí, siguiéndolo con pasos lentos. Sasuke podía sentir la penetrante mirada celeste en su espalda, recorriendo cada uno de sus movimientos. Caminaron en silencio, hasta que la Torre Eiifel se convirtió en una imagen desenfocada, como una foto de una cámara antigua. Sólo se podía apreciar el molesto brillo de las luces de la ciudad y el frío cubriéndolos por doquier.

—¿Por qué iría a su casa? —habló Ino, provocando que Sasuke se tensara por poco, lo que ella no advirtió.

"¿Por qué? No lo sé". No respondió. No tenía una respuesta para ello. En vez de eso, dejó que el ruido de las calles viviera entre los dos. Serían si acaso más de las once, pero en París todo fluía igual de día, igual de noche; la gente deambulaba a todas horas.

—Responda, por favor.

Le tocó el hombro. Sasuke se paralizó al momento, percibiendo el peso extra, entonces miles de choques eléctricos sucumbieron en su vientre. Ella lo había tocado por primera vez, y no sabía cómo describir la sensación. Sasuke gruñó para él mismo. "Molesto".

Se giró sobre los talones para enfrentarla. Ella se sobresaltó y dio un pequeño saltito, regresando su mano a un costado de su cuerpo. Lo miró detalladamente, a expensas de que el chico hablara, pero éste solamente la veía con seriedad.

—¿Y bien? —preguntó Ino.

Sasuke enarcó una ceja, estiró discretamente los dedos de las manos en sus bolsillos, luego suspiró.

—Y bien, ¿qué?

La voz ronca provocó que Ino agrandara ligeramente sus ojos, formulando mentalmente con cuidado su siguiente oración.

—¿Por qué iría a su casa?

—No vayas si no quieres. Yo no te obligué a seguirme.

—Pero… —titubeó.

—¿Pero…?

—¿Por qué yo? —le cuestionó con tono inocente. Años atrás Sasuke se había mostrado atento al escuchar a Ino hablando de esa forma, mas ahora no sabía con exactitud qué reacción le incitaba.

Se decía a sí mismo que la odiaba. Y de nuevo: "por qué".

—¿Tienes un mejor lugar a dónde ir? Si prefieres dormir en la calle, por mí pue…

—¿Cómo sabe que no tengo a dónde ir?

Sasuke palideció. Ella tenía razón, lo suyo eran simplemente suposiciones. Pudiera ser que Ino ya tuviera dónde hospedarse. Guardó silencio, sin apartar la mirada de ella.

—¿Acaso… me conoce?

"Su casa. Cómo sabe. Me conoce. ¿Por qué se empeña en hablarme de esa forma, como si fuera un extraño?, ¿ella, realmente, no me reconoce?, tal vez no me recuerda".

—No —respondió tajante.

—Eso creí —sonrió para él, como hace tanto que no la veía—. No existe razón, entonces, para ir a la casa de un desconocido.

Fue un golpe bajo para Sasuke, que de inmediato sintió un sabor amargo en su boca, con aquella declaración perforando las últimas esperanzas que guardaba. No se inmutó físicamente, pero apretó con fuerza los puños ocultos en su pantalón.

—Adiós.

Ella dio media vuelta, con su cabello agitándose al viento; y Sasuke la contempló marcharse en otra dirección. Bajó la vista hacia una pequeña piedra en el pavimento, todavía enajenado, sin creer que Ino lo había abandonado una vez más, de una forma mucho más dañina para él. Al menos en esta ocasión Ino tuvo el suficiente valor para despedirse, lo cual no sabía si era bueno o malo, puesto que el dolor en su pecho se sentía más profundo.

Se quedó en esa posición por unos cinco, diez, quince segundos o tal vez un minuto entero. Luego levantó los orbes oscuros y se dio cuenta de que Ino se detuvo a varios metros delante suyo.

—¿Así lo dejarás? —le preguntó la chica—. ¿Eso es todo lo que harás, Sasuke?

Él abrió los ojos, entre sorprendido e incómodo. Ladeó la cabeza a un lado.

"Me conoces".

—Yamanaka.

La susodicha volvió a sonreír, acercándose de nueva cuenta.

—Soy yo, Sasuke. Esperaba que dijeras mi nombre desde que nuestras miradas se encontraron hace un rato, o que me detuvieras en este instante para ir contigo.

El chico hizo un sonido nasal, lo más cercano a un "hmnp".

—Pero no hiciste nada de eso —declaró, taciturna—. Me hace feliz, de todas formas, que me hayas reconocido.

Ella lo abrazó con fuerza, rodeando su cuello y recargando su cabeza dorada encima del pecho de Sasuke. Un segundo contacto con su piel, que hizo que le faltara la respiración a Sasuke y que perdiera el equilibrio y se recompusiera instantáneamente.

Él llevó su mano a la frente de ella y la apartó de inmediato, separándose abruptamente.

—No me toques —vociferó, serio—. No me gusta.

Antes de que Ino lo interrogara, empezó a moverse en la acera.

—Ven —le dijo de espaldas.

Ino, aunque liada, lo persiguió, esta vez a su lado. Junto a él.

….

Todo parecía magnífico. Las largas avenidas, las antiguas construcciones y su arquitectura artística, los nombres en francés en cada letrero que leía sin entender el significado, las personas yendo por diferentes trayectos; hasta el aire con aroma a vino era otro en París.

París. La ciudad que parecía estar llena de historia. ¡Pues claro! Y tenía tanto que recorrer y por visitar, tantas fotografías que tomar, que la emoción la inundó.

Cada dos por tres se detenía para captar una nueva imagen con su cámara profesional, y retomaba sus pasos para volver a interrumpirlos una calle más adelante. Sasuke continuó caminando, y cuando Ino lo veía un poquito lejos, entonces procuraba volver a su ritmo.

—Me gustaría ver el Arco del Triunfo, Notre Dame, las basílicas, las catacumbas… ¡El castillo Vin…! ¡Oh! —la desilusión se plantó en su rostro—. Me quedan cinco tomas en el rollo.

Checó la cámara y las fotografías en ella. Imposible borrar alguna, todas eran sumamente valiosas.

Sasuke dobló por una esquina.

—Es una gran pena, ¿no crees? —preguntó ella.

Él se quedó callado e Ino chasqueó la lengua ante la mínima pizca de interés.

Después de haber avanzado por un extenso recorrido de una hora, llegaron finalmente al cruce principal frente al edificio donde vivía. Justo a tiempo, antes de que el sereno de la madrugada descendiera. Observó de reojo a Ino, titiritando moderadamente y con la nariz enrojecida. Se veía mucho más blanca en persona, probablemente por la temperatura.

—Es una gran pena —repitió él.

Ino elevó una ceja.

—Sí. Es una pena estar finalmente en París y no tener material para los recuerdos.

"Nunca te lo pregunté, pero siempre tuve curiosidad. ¿Por qué te gusta la fotografía?".

—Llegamos —declaró Sasuke.

….

¿Cómo detallar la expresión en el rostro de Ino? Ansiedad. Contrariedad. Decepción. Desánimo. Espanto. Incertidumbre. Pánico. Sorpresa.

Sasuke recordó el nombre de un montón de emociones y sentimientos de su clase de Psicología en preparatoria, y mientras aguardaba a que la rubia dijera algo, empezó a ordenarlas alfabéticamente. Sin embargo, ninguna se parecía, ni de cerca, al semblante de Ino.

—Esto es…

Sasuke entró, se quitó los zapatos para aventarlos en ningún lugar en concreto, y se sentó en el único sofá que había en la pieza, encima de un montón de envolturas de comida frita.

—Es mi hogar —respondió. Alzó la cabeza hacia el techo, recargando la nuca en el respaldo del sillón color marrón—. Si no te gusta, puedes irte. A mí me tiene sin cuidado.

Ino negó, después suspiró.

—Es sólo que… está un poco sucio.

La chica contempló el departamento, desde el punto en el que estaba parada en la entrada, con la puerta cerrada detrás de ella. La habitación no estaba mal, de hecho, era de un estilo muy europeo, con ventanas grandes y un bonito balcón que daba vista a la calle. Era pequeño y tenía solamente un cuarto para dormir, un baño y una sala-comedor. Hubiera sido el sitio perfecto, tal como ella imaginó que sería un departamento de soltero en Francia, pero… ese estado era deplorable.

Y no era precisamente deplorable en el sentido de que encontrara un poco de humedad en las paredes, o que la pintura estuviera cayendo del techo, sino que era precisamente el montón de basura que observó por todos lados. Pañuelos usados, restos de comida ya podrida, envolturas de quiénsabequé, polvo y mugre, regados por todo el piso y en todas partes. Además de la pila de trastes -amontonados quizá por varios meses- sin lavar en el fregadero y el desorden de ropa sucia en cualquier lugar.

—Es lo que hay —respondió.

Ino se abrió paso por el pasillo, levantando los pies para no tropezar con una porquería del suelo, luego con dos de sus dedos separó un calcetín apestoso del sillón, y se sentó junto a Sasuke.

—Parece como si un vagabundo viviera aquí—declaró.

Sasuke rodó los ojos.

—Sí.

—¿Alguna vez haces la limpieza?

Él la miró. Allí estaba ella, hablándole como si fueran amigos de toda la vida, como si lo malo que hubo entre ellos nunca hubiese ocurrido. Le pareció muy cómico el hecho de que antes fingió no conocerlo y ahora resultaba ser todo lo contrario.

—No.

—¿Nunca?

—Nunca.

Ella llevó las rodillas al pecho. Tenía los pies cansados por caminar desde la Torre hasta el departamento de Sasuke.

—¿Puedo preguntarte algo? —inquirió, observando la oscuridad en la habitación de Sasuke—. O sea, no esto, sino otra cosa.

—No —cerró los ojos.

—¿Qué haces viviendo en París? —jugó con un pedazo de tela despegada del sofá—. ¿Tuviste problemas con tu familia?

Sasuke abrió solamente un ojo. Ino siempre era tan directa, tal parece que el tiempo no le hizo perder esa peculiaridad en su personalidad que tanto le gustó, o le gustaba todavía.

—Pasaron cosas.

Ella giró la frente hacia él.

—Ya entiendo —se acurrucó—. Nunca te ha sido fácil hablar de ti. Espero que puedas volver a confiar en mí como cuando chateábamos por…

Ella enmudeció, percibiendo la melancolía en sus propias palabras y en el rostro ecuánime de Sasuke.

—¿Puedo preguntarte otra cosa, Sasuke?

—Lo harás, aunque diga que no —se volteó en sentido opuesto y encorvó la espalda.

—¿Por qué no me has preguntado por 'eso'?

—¿Qué es 'eso'?

Ella escondió la melena entre sus rodillas.

—Ya sabes… por qué desaparecí de internet sin decirte nada.

Entonces el hueco que había estado atormentando a Sasuke por todos esos años se hizo aún más grande que antes, experimentando cómo la respiración comenzaba a faltarle.

—No me interesa.

—¡Ah…! —sus ojos se tornaron cristalinos, pero se animó rápidamente—. ¿Puedo preg…

—¡No!

Ino brincó ante el repentino cambió de humor por parte del azabache.

—¿Te da gusto verme? —inquirió Ino.

Se dio media vuelta un momento para observarla.

—No.

—A mí sí —sonrió—. A pesar de que eres un gruñón y de que lo único que digas es 'no' con tono chocante, a mí me hace muy feliz estar contigo. Es decir, no pensé que nos fuéramos a encontrar aquí, es como cosa del destino, ¿no lo crees?

"Destino. Tu palabra favorita".

—N…

—No —lo imitó, engrosando la voz y frunciendo el ceño, ocasionando que Sasuke frunciera el ceño.

—Lo que sea.

….

Sasuke aventó hacia el piso la ropa sucia que había en su cama, luego se acostó sin quitarse la vestimenta y se cubrió con una cobija que olía mal, cuyo aroma hizo que Ino arrugara la nariz.

—¿Dónde dormiré yo? —cuestionó Ino.

—No sé. Donde quieras.

—Sólo hay una cama.

—Entonces ve al suelo. O al sofá.

Ino mordió el interior de su mejilla. ¿Ese era el Sasuke con el que alguna vez conversó? El Sasuke de dieciséis años era, curiosamente, mucho más amable y hasta alegre. Seguramente su vida se convirtió en un tormento, como uno de una película de terror; pero ya no lo sabía porque desapareció quizá en el momento en el que él más necesitaba de ella. Y se sintió horriblemente mal por ello, porque el Sasuke de veintidós años que estaba consigo en carne y hueso, ya no sonreía, ni un poco. Quería saber sobre todas las cosas que le ocurrieron, preguntarle por su familia y lo que sentía, pero cada vez que intentaba hacerlo, una fuerza oprimía su corazón. Ino no era tonta, deducía que Sasuke no vivía en París porque fuera su decisión, en el fondo intuía que existía una razón muy oscura.

—Ya… —susurró.

Se acomodó en un pequeño rincón en la habitación. Se sentó con las piernas entrecruzadas, y echó un vistazo rápido por todo el cuarto. Observó unas repisas en la pared llenas de libros. Se le iluminaron sus irises celestes con un brillo especial.

—¡Guau! —leyó los títulos escritos en japonés, en el sitio donde estaba sentada—. ¡Tienes tantos libros!

Y era verdad. Desde cuentos tradicionales, leyendas japonesas, novelas eróticas, filosóficas, hasta juveniles.

—Mira nada más. ¡Friedrich Nietzche. Charles Dickens. William Shakespare! ¡Increíble! También John Katzenbach…

Sasuke se acomodó boca abajo, enterrando la cara en la almohada.

—¡No puede ser! —estiró el cuello, lo más que pudo, pero sin levantarse—. ¡Tienes Justine o los infortunios de la virtud!

Él resopló ruidosamente.

—Fue un tanto difícil para mí cuando la leí. No porque no comprendiera el estilo de escritura del Marqués de Sade, pero… no, no, no —negó con la cabeza—. Fue mucho, sobre todo lo de la misa negra… se me pusieron los pelos de punta —efectuó una mueca de disgusto—. ¿No lo crees?

Sasuke volvió a refunfuñar, cansado.

—No lo sé —su voz apenas se escuchaba entre la tela de la almohada—. Jamás lo leí.

Ino abrió ligeramente la boca.

—Ah… entonces qué opinas del psicoanalista —lo señaló—. ¿No crees que John Katzenbach es todo un genio en suspenso psicológico?

El chico se encogió de hombros.

—¿No lo has leído? —preguntó Ino, desilusionada.

Él disintió.

—Entonces… ¿1984?

Sasuke movió la cabeza a los lados.

—¿Rebelión en la granja?, ¿crimen y castigo?, ¿la divina comedia?... ¿No, ninguno?, veamos… Am, ¿Más allá del bien y del mal? ¿Tampoco? —apuntaba cada uno con el dedo índice—. Algo más actual, ¿Eleanor & Park?

—No —dio un suspiro largo—. De todos estos, no he leído ninguno. Ningún puto libro.

—¿No? Bueno, yo sólo conozco una cuarta parte de los libros que tienes.

—Ya —se revolvió por tercera vez encima del colchón mugriento—. No me importa.

—¿Por qué compras libros si no los vas a leer?

—¿Por qué no naciste muda?

—Eres muy grosero —hizo un puchero.

Sasuke bufó. Ya había perdido la cuenta de cuánto lo había hecho por esa noche.

—En algo tengo que gastar mi dinero —susurró.

Ino lo escuchó, pero no respondió. Se abrazó a sí misma para brindarse calor. Sasuke no contaba con calefacción y el ambiente de la habitación estaba intensamente frío.

La tenue luz de la lámpara, en la mesita, se apagó. Pasaron alrededor de media hora en silencio. Sasuke no podía conciliar el sueño, contemplaba a Ino firmemente sin que ésta lo notara. Ino temblaba y aunque mantuviera los ojos cerrados, Sasuke estaba seguro de que no dormía.

Luego, Sasuke se deshizo de su propia sudadera y se la arrojó directamente al rostro de Ino, después se acostó boca arriba, sobre sus brazos. Ino se alarmó un momento, mas cambió de expresión cuando percibió la prenda. Elevó una ceja.

—Póntela debajo de tu abrigo —dijo Sasuke.

Ino entendió su acto, que se le antojó cordial, se quitó el abrigo para colocarse la sudadera y volverse a poner el abrigo. Era capaz de sentir las corrientes heladas, pero sin duda, con el suéter de Sasuke parecían más soportables.

Para su sorpresa, la sudadera de Sasuke no tenía un olor hediondo. Olía, de hecho, muy bien. A desodorante masculino y a menta.

—¿Qué harás?

La voz de Sasuke se convirtió en un pequeño hilo neutral.

—¿Acerca de qué?

Ino hablaba de la misma forma. Cansada, probablemente. Bostezó.

—Tienes todas tus cosas en la maleta que te robaron. Será difícil moverte en París sin dinero.

—Deja eso. Mi pasaporte estaba en la maleta —sorbió la nariz—. Se suponía que venía nada más por un mes. Y ahora no puedo regresar a Japón.

—Ya. Pero es tu primer día, ¿no? —la miró asentir—. Ya te las arreglarás.

—No creo —arqueó la espalda.

Un minuto. Sesenta segundos donde los dos se dedicaron únicamente a contemplar los ojos del otro. Ese bonito color azul en las pupilas de Ino, que no era opacado ni por la penumbra.

—¿Cómo sabes que tengo mis documentos en la maleta? Es raro —aseguró—. Entiendo lo del robo, tú viste cuando ese pelmazo me asaltó. Pero lo demás, ¿cómo lo sabes?

"Pelmazo". Guardó la palabra en su mente. Solamente Ino tenía el don para insultar a alguien de esa forma, sin sonar chistosa.

—Lo intuí.

Ella aspiró aire y dejó caer la cabellera dorada en las rodillas.

—Supongo que debo reportar la maleta a la policía… aunque, no creo que sea fácil.

—Sí, es lo mejor.

"¿Por qué no puedo decirte?". No podía hacerlo, decirle que tenía su equipaje con todas sus pertenencías. Así de simple, no podía, no quería.

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Continuará

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N/A:

Una vez más gracias por sus comentarios. Ya llegué a los 90. Mi gran ambición (en cuanto a fanfiction) siempre ha sido llegar a los 100 comentarios. En otros fics lo más cerca que he llegado es a 98 y ya xD

No creo llegar a los 100 reviews en este capítulo, pero aún así quería compartirlo xD

Espero que este capítulo no sea tan aburrido. Las cosas interesantes se van acercando poquito a poquito. Este fic será algo larguito en cuanto a capítulos, lo cual también espero no se vuelva tedioso.

Gracias miles por leer! Nos leemos dentro de dos semanas.

No te olvides comentar, por favor.

Eternamente agradecida con: GrayWolf, Anna, ALE-SAN KATYCAT, Clary, Espiritu Salvaje y Juvia.


Respondiendo comentarios Guest

. Gray Wolf: Nuavamente gracias, por seguir adelante leyendo esta historia y brindarme tu apoyo, que para mí es muy importante. Sí, se está formando está interacción entre ellos. Es como partir desde cero, por lo cual espero no sea aburrido.

. Anna: ¡Hola Anna! Primero, muchas gracias por seguir leyendo y comentando a pesar de que no estés en tu cuenta. Espero que puedas recuperar la contraseña pronto. A mí también me pasaba que se me olvidaba muy seguido, por lo que decidí escribirla en un papel, jaja. Sí, Mikoto no era mala, eso le quisieron hacer creer a Sasuke y a Itachi. ¿Quiénes? No lo sé :P bueno si lo sé pero no voa a decir xD lo cual está ligado con el hombre que la llevó al orfanato. Ojalá este capítulo te guste, ya me dirás tu opinión. (Te contestaré por aquí mientras entras a tu cuenta). Cuídate mucho!

. Clary: Mujer! jajaja, no pasa nada. Sí, qué bueno que Sasuke recuperó sus cosas, jojojo. Soy mala. Dame tu opinión, a tú me dirás que piensas acerca de lo que hizo nuestro emito vengador, jajaja. Qué estés muy bien.

. Juvia: Hola bella!, cómo estás? Pues sí, Itachi también ha sufrido igual que Sasuke, de alguna forma los dos han pasado por casi lo mismo. Por ahora sólo queda esperar, más adelante, en otros capítulos, reaparecerá Itachi ;) entonces muchas cosas empezarán a resolverse. Sobre lo que me comentaste, lo importante es que lo superaste y que únicamente hay que conservar los buenos recuerdos y seguir adelante. A veces las cosas suceden por una razón, por el destino (valga la redundancia), pero es por nuestro bien. Así que no queda de otra más que seguir tirando pa' delante. Cuídate mucho siempre!