CAPÍTULO 14

-.-

H50

-.-

-Al día siguiente-

Steve tamborileaba con los dedos el volante del Camaro, mientras estaban detenidos esperando que el semáforo cambie a verde. Bueno, a él amarillo le valía, pero sabía que eso equivaldría a darle municiones a su compañero para comenzar a protestar.

Aunque…

Miró de reojo a Danny, que estaba recostado en el asiento del acompañante. Su amigo tenía la mirada perdida en el tránsito que los rodeaba. La ciudad comenzaba su rutina diaria, con la gente dirigiéndose al trabajo y llevando a los niños al colegio. Eran las 8 de la mañana, y el sol que ascendía bañaba a la isla en una tonalidad anaranjada-rojiza.

-Te ves cansado-

Danno revoleó los ojos -¿Y cómo llegaste a esa conclusión?

-Tienes unas ojeras del tamaño de Hawaii y no te estás quejando de nada el día de hoy, si es que eso te dice algo.

-Son las ocho de la mañana, ¿de qué quieres que me queje? Ni siquiera llegamos al HQ todavía.

Hubo un momento de silencio, en el que el detective se pasó las manos por la cara, intentando despejarse. Steve lo conocía demasiado bien como para saber cuándo presionarlo para que hable… y qué gatillo apretar.

-Así que… ¿Cómo está Ziva?- preguntó tentativamente.

Sí, al parecer ése era el gatillo correcto, porque su compañero súbitamente abrió los ojos como platos. Ahora estaba despierto. Steve uno, Danny cero.

-¡Ohh, Dios! Esa mujer ronca como un camión, un doble acoplado y sin escape. Ella… ella se roba las cobijas y se desparrama tanto en la cama que por poco no me tira al piso – el detective abrió ampliamente los brazos, intentando demostrar cuánto espacio ocupaba la israelí, como si Steve necesitara ayuda para visualizarlo - Claro, todo eso cuando decidió dormirse, que fue a las cuatro de la madrugada, muchas gracias, porque antes estuvo riéndose por horas de cosas que solo ella veía – Danny le dirigió a Steve una mirada de "¿Te lo puedes creer?", mientras sacudía la cabeza, incrédulo - Al parecer había alienígenas en mi departamento, y yo no estaba enterado.

-Espera ¿Alienígenas? ¿Cómo extraterrestres?

-¡Eso es exactamente lo que digo! Es decir, ¿quién carajos ve alienígenas cuando está dopado con calmantes? – Danny comenzó a negar con una mano, impidiendo que Steve lanzara algún comentario – Déjame responderte a eso: ¡Nadie! Esa mujer está loca. No, está más allá de eso.

-Bueno, he visto algunas reacciones que no te creerías, pero lo de ver aliens es nuevo – Asintió él. Vamos, en eso tenía que estar de acuerdo.

-Graaacias- Danny estaba complacido que alguien más compartiera su punto de vista.

-Espera, ¿dormiste con ella?- Steve entrecerró los ojos, evaluando al detective.

-Dormimos en la misma cama, si eso es lo que quieres saber. ¿Dónde iba a ponerla? ¿En el sofá? ¡Mi cama es el sofá!- se defendió – Además no podía dejarla sola en el estado en que estaba – La voz de Danny bajó unos cuantos decibeles, y evitó la mirada del comandante – La hirieron por mi culpa – dijo con un tono de remordimiento.

Nadie sabía los detalles de lo sucedido el día anterior, excepto Ziva y Danny. En los papeles solo constaría que el detective había matado a uno de los asesinos, porque para las vías legales, la israelí nunca había estado allí, y para el caso tampoco Jules.

Ya habían llegado al estacionamiento del HQ, pero ninguno de los dos amagó en bajarse del auto cuando Steve apagó el motor.

-Dime- Le pidió suavemente.

El rubio se mordió el labio inferior, con una expresión de angustia en el rostro.

-No lo vi Steven. No lo vi venir – negaba con la cabeza – Y de repente ella se me tira encima y escucho los disparos. Si no hubiera tenido el chaleco antibalas puesto... Dios. Estaría muerta.

-Todo salió bien al final Danny, no sirve de nada que pienses en eso ahora. Ziva está bien- Trató de consolarlo.

-Steven, hay algo que quiero preguntarte y necesito que me contestes con la verdad – su tono era mortalmente serio. Su compañero jovial y bromista (demasiado gritón a veces) había desaparecido.

-Sabes que si puedo, lo haré. ¿Qué quieres saber?

-Todas esas veces que estamos con el culo en peligro allá afuera… Y sabes, tú sabes que fueron muchas, ¿cuántas veces te pusiste frente a mí y algún idiota con un arma?

-No llevo la cuenta, pero creo que esa no es la pregunta que quieres hacerme.

Danny le dirigió una mirada exasperada.

-Lo que quiero saber es por qué. Por qué siempre pones mi seguridad frente a la tuya. Por qué siempre te colocas en posición de recibir una bala en mi lugar. Eso es lo que quiero saber.

-Porque somos compañeros, eso es lo que hacemos. Nos cuidamos mutuamente.

-Entonces no tiene nada que ver con que yo tenga una familia a la que volver al final del día y tu no, ¿verdad?

-Bueno… ¿Qué quieres que te diga Danny? Tú tienes a Grace, y le prometí que te cuidaría. Le prometí que haría lo que estuviera en mis manos para mantenerte a salvo.

-Eso… - el detective apoyó la cabeza en el brazo que tenía apoyado en la puerta del Camaro – Eso no es justo Steven. No es justo.-

-¿Qué quieres decir con que no es justo? -

-¡No lo es! Todo esto… ¡ustedes malditos SEALs y agentes y… quién sabe qué más… todos poniéndose entre la puta línea de fuego y yo! ¡Porque yo tengo una hija y ustedes no! Ustedes son mi familia también. Son la familia de Grace. Sus vidas no valen más que la mía, ¿entiendes? -

Steve guardó silencio, porque ¿qué iba a decirle? Si estaba en su poder, siempre haría lo que fuera necesario para mantener a su equipo a salvo. Daría su vida sin pensarlo por Danny, si con eso lograba que una pequeña crezca con el amor de su padre. A él le habían arrancado su familia de niño y haría lo imposible por evitarle eso a Grace. Se lo había prometido, y Steve siempre cumplía sus promesas.

-Steven, ¿me entiendes? -

-Si, Danno, te entiendo. Pero eso no va a cambiar las cosas. Tú tienes una hija que cuidar, nosotros no. -

-Es exactamente lo que dijo ella.-

-.-

H50

-.-

-Horas más tarde-

-Steve, tenemos un problema- La voz de Jules sonaba tensa a través del teléfono.

-Estás en altavoz, ¿qué sucede?- él salió de su oficina y les hizo señas a los tres miembros de su equipo para que se acercaran.

-Es Laura Hills, la están siguiendo.

-¿Quién la está siguiendo?- Preguntó Chin.

-No lo sé, primero pensamos que alguien nos había descubierto, pero no es a nosotras a quien siguen, evidentemente. Es a ella.

-Ok, tenemos que identificar al sujeto. ¿Es sólo uno o son varios?-

-Sólo detectamos a uno, pero no estamos seguras. Ziva les está enviando una foto, a ver si sale en el sistema -

-Ya lo recibí- Informó Kono – Y estoy pasándolo por la base de datos… ahora. Esto puede llevar un tiempo chicas – Les advirtió.

-Si alguien la está siguiendo significa que la descubrieron. Averiguaron que ella está ayudándonos- el detective comenzó a moverse nerviosamente alrededor de la mesa, mirando alternativamente a sus compañeros.

-Sí, y está corriendo peligro – agregó Steve – Necesitamos traerla aquí.

-No Steven, no todavía – Ziva estaba al teléfono ahora – primero tenemos que identificar quién la está siguiendo, y bajo las órdenes de quién. Nos quedaremos con ella, asegurándonos que no le suceda nada, hasta que ustedes averigüen algo.

-La están arriesgando innecesariamente- dijo Chin.

-Chin, podemos con esto, créeme – le pidió Jules – La mantendremos a salvo, te lo prometo. Ok, tenemos que irnos, Laura se está moviendo.

-Te avisaré cuando encontremos algo- alcanzó a decirle Kono antes de que la comunicación se corte.

Steve comenzó a moverse nerviosamente por el lugar. Había algo que no encajaba, algo que se estaba perdiendo.

-¿Qué sabemos sobre Laura Hills?- preguntó a su equipo.

-Los expedientes salieron limpios – dijo Kono, mientras abría los archivos y los enviaba al plasma gigante que estaba en la pared – Una hoja impecable. Llegó a Hawaii hace doce años, desde Nueva York, donde colaboraba con la policía local. Siempre estuvo ligada a la política, haciendo de enlace. Comenzó a trabajar para la gobernadora Jameson hace dos años. Tiene a su familia en NY, y ninguno de ellos tiene antecedentes penales.

-¿Registro de llamadas?- preguntó Danny.

Kono se mordió nerviosamente un labio, mirando rápidamente a Chin. Su primo le hizo un gesto de asentimiento, como dándole permiso para decir lo que fuera que tenía que decir.

- Nada que salga de lo esperado. Llamadas a su familia, algunos amigos de NY, a la gobernadora, al personal del trabajo, a McGarrett… y a Chin-.

-¿A Chin? Espera un segundo ¿Por qué te llamaría ella?- Steve frunció el seño ante la noticia.

- Porque hemos estado saliendo un par de veces en los últimos meses – Explicó el oficial, apesumbrado.

-¿Y no consideraste relevante informarnos de eso? – cuestionó el comandante.

- No tenía sentido. En las veces que salimos nunca hablamos del trabajo, y si vamos al caso, no la conozco demasiado bien. No he tenido contacto con ella después de que descubrimos que estaba en esto. – explicó Chin suavemente. Parecía realmente derrotado, como si considerarla sospechosa le doliera profundamente.

-Primo…- comenzó Kono

-No, está bien – la cortó él – Si me estaba usando, lidiaré con las consecuencias.- Chin miró directamente a los ojos a Steve – Nunca le di información de ningún tipo en nada de lo que concierne a ti o a Five-0. Y ella nunca preguntó. Nunca.

-Está bien, te creo – lo tranquilizó él.

Le creía, realmente lo hacía. Es cierto que Chin debería haber hablado antes, pero ya habían tenido experiencia en esa área con el oficial antes. Si le importaba alguien, no iba a incriminarlo sin estar seguro de que tenía evidencias que lo respaldaran. A veces era demasiado leal para su propio bien.

-Espera, ¿Jules sabía acerca de esto? ¿Por eso intentaba tranquilizarte? – preguntó curioso.

-Nunca le dije nada, pero creo que lo intuyó- respondió Ho Kelly con una sonrisa a medias.

-Hey chicos, tenemos una coincidencia – les avisó Kono, cuando una alarma sonó – Díganle "hola" a Justin Brekosky, 48 años, arrestado por la HPD en… wow… 15 veces bajo los cargos de acoso y obstrucción a la justicia.

-Formalmente conocido como "detective privado" – señaló Danny, sacudiendo la cabeza- Odio a esos capullos.-

- ¿Dónde lo encontramos? ¿Hay alguna dirección? – Preguntó Steve.

-Sip… enviada a tu teléfono ahora.

-Ok, con Danny vamos para allá. Chin y Kono, necesito que averigüen todo lo que puedan de Brekosky. Registros financieros y telefónicos. Algo que nos guíe a quien lo haya contratado, ¿de acuerdo?

-Hecho jefe – asintió Chin.

-.-

H50

-.-

La casa del tipo estaba limpia, descontando una pila de fotos cuya musa era Laura Hills. Según lo que parecía, Brekosky venía siguiéndola desde hacía ya un tiempo. Tenía anotaciones de la rutina de ella que solo Danny, con su capacidad de leer galimatías, logró descifrar.

-Mira esto, Steve – el detective le tendió una de las fotos, en donde ella estaba colocando un sobre marrón en el parabrisas de su camioneta.

-La tienen, Danny- Si Brekosky ya había informado de esto a quien sea estaba pagándole para investigar a Laura, ella estaba en peligro con mayúsculas.

-Sí. Necesitamos sacarla de aquí cuanto antes.

El teléfono de Steve comenzó a vibrar. Era Kono llamándolo.

-Dime- contestó él.

-Jefe… el registro muestra que Brekosky llamó 11 veces a la gobernadora el último mes- Informó la novata.

-¿Qué? – Incrédulo, no pudo articular más palabras.

- ¿Qué, qué sucede?- preguntó Danny.

-.-

H50

-.-

De vuelta en el Camaro, a Steve iba a estallarle el cerebro.

-Danny, llama a Ziva.

-¿Qué vamos a hacer?

-Reunión. Llámala.

-¿Si?- contestó la israelí al primer timbrazo.

-Ziva, escúchame – le dijo Danny - ¿Pueden perder a Brekosky y traer a Hills a la casa de Steve?

-¿Despistar a un detective de pacotilla y secuestrar a una mujer? Hecho.- Dicho lo cual, ella cortó la comunicación.

-Bueno, una mujer que no pierde el tiempo al teléfono – dijo él mordazmente.

-.-

H50

-.-

Los miembros de Five-0 se encontraban todos allí.

Se paseaban nerviosos como gatos enjaulados, esperando.

Necesitaban respuestas. Ahora.

Steve miró por enésima vez su reloj. Hacía 22 minutos que habían hablado con Ziva.

Deberían aparecer en cualquier momento.

En cualquier momento.

28 minutos y finalmente entraron por la puerta trasera. Jules delante, Laura detrás y cerrando el paso iba Ziva.

-Siéntate - le ordenó la israelí, cerrando la puerta tras ella.

-McGarrett, ¿qué está sucediendo?- Le preguntó Laura, después de observar rápidamente a todos los que se encontraban en la habitación. - ¿Quiénes son estas mujeres? ¿Y por qué estoy aquí? – Tras el tono exigente de su voz se podía adivinar un pequeño temblor que indicaba su nerviosismo.

-Esto es lo que sucede – dijo Steve secamente, mientras le tendía una serie de fotografías que la mostraban entregándole los sobres.

Ella tragó convulsivamente al observarlas, y las manos con las que sostenía las imágenes comenzaron a temblar ligeramente.

-Tú me has estado enviando las cosas que estaban en la caja de herramientas de mi padre – le dijo él - ¿Por qué? ¿De dónde las estás sacando?

-Yo... no… no puedo decirles nada

-Laura, por favor – intervino Chin.

-¡No, no, ustedes no entienden! Si me descubren estoy muerta – exclamó con voz temblorosa.

-¡Ya te han descubierto! ¡Tienes a un detective privado sobre la espalda! – le informó Jules.

-¿Qué? ¿Qué quieres decir? – preguntó Hills dejando translucir el temor que sentía.

-Lo que queremos decir, es que a quien sea que estés sacándole las cosas, sospechó de ti y está investigándote – dijo Danny – Así que empieza a hablar, Laura, porque tal como lo veo, somos tu mejor opción en este momento

-Oh, Dios – susurró ella, levantándose de la silla y uniéndose a la gente que caminaba nerviosamente por la sala – Es… es Jameson. Es la gobernadora.

- ¿Qué papel juega la gobernadora en todo esto?

-¡Ella está en esto! – Gritó ella – Ella está trabajando con Wo Fat, con Hiro Noshimuri, ella tiene las cosas que estaban en la caja de herramientas de tu padre Steven –

-Espera, espera un segundo – le pidió él – Ella me contrató para dirigir Five-0, ¿por qué lo haría? Me dio inmunidad y me dio los medios para perseguir a Wo Fat.

-¡Para mantenerte controlado! ¡Para saber cuán cerca estabas de enterarte de la investigación de tu padre! Ella sabía que no ibas a dejarlo estar.

-¿Mi padre estaba investigándola a ella antes de morir? -

-Por eso lo mataron, Steven. Porque él se acercó demasiado -

-¿Jameson ordenó el asesinato de McGarrett?- preguntó Danny

-Eso es lo que estoy intentando decirles – Miró a Steve – Lo siento, de verdad lo siento –

Traición. Steve sentía una furia atroz recorriéndole las venas, como veneno. Lo quemaba. Le ardía. Lo estaba matando.

Una mano en su espalda lo acariciaba suavemente, intentando confortarlo y darle fuerzas. Sintió a Jules a su lado, no sólo físicamente, sino donde importaba. Ella estaba indicándole que no estaba solo.

Y en ese momento, significó el mundo para él.

-.-

H50

-.-