-Sabes de qué estoy hablando, preciosa, y puedo ayudarte, pero primero debes decirme que es lo que sabes. –ronroneó él hablándole directamente al oído. No pudo evitar estremecerse por el escalofrío que recorrió su espalda y le aflojó las rodillas. Theo estaba enterado, él sabía algo de lo que ella sabía y se estaba ofreciendo a ayudarla. "Merlín, no puedo yo sola con todo esto" gritó en su fuero interno, dudando entre aceptar la ayuda del misterioso Theo, o no hacerlo.
Sus dudas se vieron suplantadas por sorpresa cuando sin previo aviso, los labios del Slytherin se pegaron a su cuello y le dio un casi imperceptible beso. De pronto las capacidades sensitivas de Hermione subieron un doscientos por ciento y era muy consciente de la presencia de Theo detrás suyo. De hecho, el problema radicaba en que era demasiado consciente de su presencia. Era capaz de sentir incluso los pliegues y las arrugas de la túnica del Slytherin aprisionada entre sus cuerpos pegados al máximo. Sentía el aliento cálido del pelinegro rozar su cuello y su oído, sentía como la mano que le aferraba a la cintura se amoldaba perfectamente a ella, como si hubiera sido hecha para estar situada eternamente ahí, aferrándola antes de su inevitable caída de bruces a un abismo que ni siquiera se imaginaba. Se sentía tan bien estar atrapada por sus brazos muy poco musculados pero sí bastante fuertes, su voz gruesa y hermosa hablándole al oído.
La realidad la golpeó y ella se vio bruscamente regresada a lo palpable y lo conocido. Dejó de divagar y comenzó a pensar. Y quiso gritar hasta que la voz se le fuera. Tenía miedo a lo que se estaba enfrentando, y lo que era aún peor, tenía miedo de estar sola en eso. Theo le ofrecía su ayuda, aunque Hermione estaba segurísima de que él era casi tan mentiroso como Draco, y sin embargo había una diferencia sustancial entre aceptar una ayuda por parte de Draco, en el supuesto caso de que él se ofreciera a ayudarla, y aceptar la ayuda de Theo. Porque Theo no era el que los lideraba, y Draco sí, por lo que el mismo hecho de ayudarla sería sinónimo de traición del rubio a Voldemort, y eso era sinónimo de tortura y muerte lenta y dolorosa. Y ella era incapaz de ponerlo en semejante riesgo.
En cambio Theo estaba allí, ofreciéndose de manera voluntaria y con sus asquerosos aires de "me como al mundo si se me pega la gana y me vale un Knut partido traicionar a la causa de Voldemort y de mi padre" y ella, irónicamente se encontraba en una situación de "estoy más que convencida de que me voy a lanzar de cabeza a una misión suicida y me tiemblan las rodillas al saber que no estaré con Harry y Ron." Dos personas adecuadas en el momento adecuado, más que casualidad, eso olía a destino y Hermione lo sabía. Estaba claro que ella creía fervientemente en que uno mismo labra su camino, con trabajo duro y con perseverancia y que el destino no tenía no voz ni voto en el asunto. Pero de eso al hecho de que precisamente cuando estaba a punto de caer por la tensión, viniera la mano amiga perfecta a sujetarla, definitivamente ahí entraba una patada divina. Ella sonrió ante sus pensamientos y se dedicó unos momentos a sopesar los pros y los contras de lo que planeaba llevar a cabo.
Estaba la posibilidad de que Theo le estuviera echando una red y ella estuviera a punto de caer redondito en la trampa, pero algo dentro suyo le indicaba que no, que definitivamente él no estaba intentando engatusarla. Por otro lado estaba el hecho que Theo quisiera solo sacar información de ella y eso que ya sabía algo, pero otra vez su instinto le dijo que estaba equivocada. Entonces reparó en que tenía mucho más para ganar que para perder, así que sin pensarlo más, tomó aire y comenzó a soltarle a Theo todo.
-…entonces Trelawney dijo que la varita de acebo debe ser cambiada por la varita de vid y que esta debe ser entregada por la pieza más importante de las tinieblas. –terminó ella después de un relato sintetizado y corto, en el que él no la soltó ni por asomo y continuó pegado a su espalda. –Mi varita es de vid, Theo, y si Voldemort me está buscando tan desesperadamente es que yo soy la pieza importante de las tinieblas.
-Bien, lo que me dices es que la profesora Trelawney hizo dos profecías sobre ti. Una incompleta que dice que solo tú serás capaz de ayudar al elegido en el momento adecuado, y la última en la que ella te asegura que tu debes estar en las filas del Lord y que debes entregarle tu varita a Potter. ¿Es correcto? –susurró casi pegando los labios al cuello de la chica. Ella asintió e hizo un nuevo intento de soltarse del agarre de Theo, sin éxito otra vez. – ¿te has dado cuenta de que estas metiéndote en una misión suicida, Hermione?
-Lo sé, pero si así le aseguro la victoria a Harry, entonces no tengo problema en hacerlo. –le respondió ella, segura y decidida. -¿Me ayudarás?
-Oye, todos estábamos seguros de que cuando él te haya terminado de utilizar iba a matarte, pero estoy seguro de que si se entera que piensas traicionarlo, no esperará y se deshará de ti de un plumazo a penas te encuentre. –le explicó él aflojando un poco su agarre y dándole espacio suficiente para soltarse y alejare unos pasos de él. –Pero sí, voy a ayudarte.
-Gracias, Theo –susurró ella y le dedicó una bonita sonrisa al Slytherin. Recordó que estaban haciendo un acuerdo de ayuda mutua y que él también debía darle la información que tuviera, así que sin más le pidió que le contara todo. Él rodó los ojos y suspiró antes de empezar a hablar.
-Snape le contó a Voldemort lo que escuchó detrás de la puerta de la profesora Mc Gonagall, un fragmento minúsculo de la primera profecía en el que decía que solo la impura podría ayudar a Potter y eso, entonces el Lord decidió que quería humillar a su gran enemigo y le ordenó a Draco que te "envenenara" para que decidieras convertirte en una mortífaga, o por lo menos que te pasaras al lado del Lord. Luego nos lo dijo a nosotros y nos ordenó que ayudáramos a Draco en todo lo que él necesitara.
-¿Y lo de la oclumancia?
-Alecto Carrow es una espía. Ella era parte del círculo íntimo del Lord y aún llegó a enterarse de lo de la profecía aunque no supo cuáles eran los deseos de su señor. Pero él se enteró que ella estaba pasándole información a la orden del fénix y la torturó hasta dejarla inconsciente y la mandó a encerrar en el sótano de los Malfoy. –relató Theo apoyándose ligeramente en el borde de un pupitre y hundiendo las manos en sus bolsillos. – Ella escapó y Mc Gonagall le dio protección mientras ella averiguara cuales eran los planes de Voldemort. Draco lo sabía, y todos nosotros también, pero tú no eres una estúpida así que ibas a empezar a sospechar, por eso Malfoy te obligó a aprender ocluancia.
-¿Pero que demonios gana ella traicionando a Voldemort? –incluso Hermione debía admitir que le parecía una idiotez del tamaño del castillo el simple hecho de morder la mano que te da de comer, más aún cuando lo que le daba de comer era la vida y la mano le pertenecía a Voldemort.
-La orden le ofreció negociar la libertad de su hermano. –contestó alzándose de hombros. Hermione asintió de manera imperceptible y de pronto cayó en cuenta de algo.
-¿Me estas diciendo que todos ustedes lo sabían pero que yo debía aprender oclumancia?
-Nuestros padres son Mortífagos, Hermione, nos han entrenado desde siempre para seguir sus pasos, artes oscuras y todo eso. – con un gesto de su pálida mano le quitó importancia al asunto. Luego la observó y se dio cuenta de que estaba hablando de cosas sin importancia cuando estaba obviando lo más importante del asunto. -¿Cuál es tu plan para salir entera de esto?
-Aún no tengo uno. –confesó ella, resignada y ligeramente abochornada.
-Tenemos que tener una estrategia, y si es necesario un plan de emergencia por si algo sale mal. – murmuró él para si mismo, pero lo suficientemente fuerte como para que Hermione pudiera escucharle y estuviera asintiendo completamente de acuerdo. -Y los demás no pueden enterarse hasta que sea estrictamente necesario, especialmente Draco.
Hermione alzó una ceja y se cruzó de brazos antes de preguntar. -¿Quieres que los demás Slytherin se enteren?
-No podremos enfrentar a Voldemort solos, vamos a necesitar ayuda. – dijo como si fuera lo más obvio del mundo. –Y Draco tampoco puede saberlo porque su madre está en peligro.
Ella sintió como un baldazo de agua congelada le caía encima al oír las palabras de Theo. Y entonces la última pieza cayó en el lugar adecuado y pudo ver la imagen completa. Ella tenía un cierto recelo con Draco, se preguntaba por qué él decía quererla tanto y sin embargo iba a enviarla a su muerte segura, incluso llegó a pensar que él la había enamorado para hacer todo más fácil, pero los constantes gestos afectuosos y su mirada le demostraban que el amor que le profesaba era real. Ahora lo comprendía. Draco no la iba a entregar por que quisiera hacerlo, lo haría porque no tenía otra alternativa. Fue sacada de sus pensamientos cuando escuchó la voz de Draco llamándola. Miró alternativamente a la puerta cerrada y a Theo. Él asintió y le hizo un gesto con la mano indicándole que se fuera.
Al día siguiente, Hermione llagó apresurada al gran comedor, maldiciendo internamente por haberse quedado dormida diez minutos de más. Cuando entró la mayoría de cabezas se giraron para mirarla con miradas desde picaras hasta fulminantes, a las que ella no prestó atención. Caminó con calma hasta la mesa de Slytherin y tomó asiento al lado de Blaise. Esa mañana había salido y se dio con la sorpresa de que Draco no estaba esperándola apoyado junto a la puerta como lo hacía cada mañana, pero el hecho de no encontrarlo tampoco en su mesa del comedor hizo que no pudiera contener la pregunta que formuló hacia Blaise, Pansy y Daphne.
-Eh, ¿Y Draco? –soltó intentando parecer desinteresada. Falló estrepitosamente.
-Granger, él es el capitán de nuestro equipo de Quidditch, han empezado su entrenamiento esta madrugada. – respondió Daphne apenas interesada. –Supongo que Theo también está con Draco, él juega de cazador desde quinto.
La castaña no dijo nada en respuesta, solo se quedó ahí, reprochándose por apenas interesarse en ese tipo de cosas que sin duda eran importantes para su novio. Se terminó el vaso de avena que tenía en frente y le dio el último mordisco a su tostada mientras imaginaba a Draco trepado sobre un escoba y buscando una pelotita. Por algún motivo que ella no logró entender recordó a Viktor, aquella vez que lo vio en los mundiales de quidditch.
Por el rabillo del ojo pudo ver a la profesora McGonagall levantarse de su lugar al centro de la mesa de profesores y se retiraba con paso seguro. Esa era la señal para todos de que ya era hora de empezar a enfilar a clases, ya que en la mesa principal nadie se levantaba antes de la directora. Posó la vista en el plato frente suyo ya vacío y luego de resoplar por la escasa conversación que ofrecían los de la casa de las serpientes se paró y comenzó a caminar hacia las puertas dobles, por las que precisamente venían siete chicos todos con el cabello húmedo y expresión de necesitar comerse todo lo que había en la mesa de Slytherin. De los siete, tres eran chicas, una con el pelo negro, eternamente largo e inimaginablemente lacio, con la piel de un blanco enfermizo y los ojos que a simple vista lucían negros, la otra era pequeñísima, rubia con algunas ondas, ojos verdes y sonrisa arrogante y sin embargo hermosa, ese tipo de sonrisas que indican que uno no puede dejar de ser quien es pero que también es afable y bueno y la última era tan alta como su capitan, delgadísima con la piel de color canela, cabello bastante pequeño, al ras de la barbilla afilada y con los ojos enormes y expresivos. Draco estaba ahí, al lado de Theo, y detrás de ellos dos muchachos. Uno de ellos corpulento y alto, bastante perecido a la chica de pelo pequeño y el otro un poco más bajo que Draco, con el cabello castaño claro y expresión de aburrimiento. Hermione se quedó pasmada cuando vio que ellos entraban totalmente acompasados, como si hubieran ensayado su entrada millones de veces, en perfecta formación. Cuando la mirada del rubio la encontró, una sonrisa se dibujó en su rostro y continuó caminando pero en dirección a ella, mientras los demás Slytherin pasaban y se dirigían a su mesa. Él casi la alzó en vilo y le plantó un sonoro beso en los labios que no tardó en profundizar hasta que ambos se quedaran sin aliento. Lo que hizo que su contacto se rompiera fue el casi imperceptible roce en la parte alta de su muslo que le dio Theo cuando salió del comedor sin haber comido nada. No era necesario ser un genio para enterarse de que el pelinegro le había metido una nota en el bolsillo.
-Idiota –masculló Draco, fulminando a Theo con la mirada, pero antes de seguir despotricando contra su amigo, Hermione le dio un rápido beso en los labios y se despidió diciendo algo que entendió como un nos vemos en clases pronunciado de manera apresurada.
Ella salió casi corriendo del comedor, enfilando hacia el aula de transformaciones y mirando en rededor suyo antes de sacar una nota del bolsillo y leerla de manera apresurada.
A las cuatro en la biblioteca.
T. N.
-Tengo clase de Aritmancia. – le dijo ella aún apoyada contra el pecho del rubio. Ambos estaban sentados bajo uno de los árboles que estaban más cercanos al lago, abrazados y conversando animadamente. Draco se preguntó por milésima vez durante la tarde el motivo de que su novia estuviera tan pendiente de su reloj de pulsera, pero como las mil veces anteriores, no dijo nada, en cambio prefirió refutarle a la castaña el hecho de que estaba seguro de que ella hacía aritmancia los viernes por la mañana.
-Pensé que tenías aritmancia los viernes.
-Los viernes y los miércoles. –aclaró ella. Técnicamente era verdad que tenía clase a las cuatro de la tarde los miércoles, lo que no era necesario que supiera Draco era que usaría su giratiempos para regresar a las cuatro de la tarde para encontrarse con Theo. Miró una vez mas el reloj y se dio cuenta de que solo quedaban diez minutos antes de la hora pactada con el otro Slytherin. Le dio un último mordisco a la manzana que estaba comiendo y se puso de pie mientas a su lado su novio hacía lo mismo.
En ese momento una lechuza blanca llegó volando y se posó sobre el brazo del rubio. Esta traía un pedazo de pergamino enrollado y atado con una cinta verde delgada en su pata. Pudo ver la cara de estupefacción y algo de miedo de Draco e inmediatamente supo que se trataba de una carta de su madre.
-Debo irme a clase, Draco. –dijo ella y comenzó a alejarse, pero no pudo dar mas de dos pasos cuando él la tomó de la muñeca y la besó en los labios. Poco a poco su beso se hizo más intenso, hasta que tuvieron que alejarse para respirar.
-Te quiero, te quiero demasiado, Hermione. –susurró sobre sus labios mientras acariciaba su mejilla con delicadeza. –Te recogeré cuando tu clase termine.
-También te quiero. –contestó ella para luego volverse a perder en los labios de su Slytherin.
Cuando entró a su habitación, Theo estaba tendido en su cama, a simple vista muerto, pero ya que conocía el sueño profundo en el que se sumía su amigo todas las tardes, prefirió no despertarlo, de hecho le venía de maravilla encontrarlo dormido.
Se sentó en su cama de sábanas de color plomo plata y una mullida colcha verde, cerró las cortinas de un tirón y cuando estuvo completamente fuera de la vista de cualquiera, se sacó el pergamino enrollado del bolsillo. Desató el lazo verde con parsimonia, intentando alargar el tiempo antes de enterarse de noticias probablemente nefastas traídas desde Malfoy Manor.
Querido hijo:
La situación aquí está cada vez más descontrolada. Anoche, tu padre fue cruciado y casi muerto por el señor tenebroso. Él está impaciente, quiere cuanto antes a la sangesucia, y ha amenazado que por cada día que demores, tu padre y yo pagaremos las consecuencias.
Él me ha ordenado decirte que tienes doce días para entregarle a la chica, o él mismo irá por ella.
Hijo, por favor, has lo que tengas que hacer, pero cumple con las órdenes del Lord y tráele a la muchacha, es insoportable estar aquí, los mortífagos se han apropiado y están destruyendo nuestra noble casa, además de que temo por tu vida, por la vida de tu padre y por la mía. Tu padre ha fallado mucho antes, ya no tenemos la benevolencia del Lord de nuestra parte, pero tú puedes devolverle el esplendor a nuestro apellido, Draco, sé que puedes hacerlo.
Cuídate mucho hijo, y por favor, no le obligues a lastimarte o a lastimarnos.
Narcissa Malfoy
Si había algo que Narcissa no hacía jamás, era quejarse por el dolor. Era de hecho una mujer bastante estoica, no solía demostrar lo que le sucedía, siempre escondida detrás de su imagen de perfecta sangre pura de linaje completamente ancestral. Y sin embargo, en la carta ella le pedía ayuda a su hijo.
Draco no pudo hacer más que jalarse los cabellos con frustración y por qué no, desesperación mientras gruesas lágrimas caían por sus mejillas. Ya no había más, en un inicio tuvo las esperanzas de que podría idear una estrategia con los dos meses que supuestamente le quedaban antes de tener que entregar a Hermione, pero nunca contó con que Voldemort se impacientara y reclamara antes a su castaña. Y ahora tenía menos de dos semanas para lograr sacar a Hermione del castillo, para hacerse de una estrategia para lograr que ella quisiera venir con él, por no hablar del hecho de que no sabía cómo sacar a Hermione de su mansión luego de que la volvieran prisionera y demás. Ahora más que nunca necesitaba a los demás Slytherin para que lo ayudaran, necesitaba apoyo.
Suavemente se descorrieron las cortinas y Theo se asomó con cara de somnoliento. Solo en ese momento reparó en que estaba llorando como un niño pequeño y se apresuró a secarse las lágrimas con la manga de su túnica.
-¿Qué quieres, Theo? –le preguntó Draco con toda la indiferencia del mundo, o por lo menos con toda la que pudo aparentar.
-¿Qué sucede? –contraatacó él sentándose al borde de la cama y bostezando. Como toda respuesta, el rubio le tendió la carta y sacó un pañuelo de seda plata de su bolsillo. Esperó en silencio mientras su amigo leía la pequeña misiva y fruncía el seño.
-Maldición, Theo, no tan pronto, no ahora, ella no se lo merece, y mi madre tampoco. –Gritó él completamente fuera de sus cabales cuando Theo le devolvió el papel y no dijo nada. –¡La amo, Theo! Pero es ella o mi madre, las amo a ambas y ninguna vivirá si no elijo a una.
-Cálmate, hermano, solo respira y tranquilízate. –le dijo en tomo comprensivo
-¡No me pidas que me tranquilice cuando la mujer de mi vida puede morir por mi culpa! –volvió a gritar el rubio esta vez mucho mas exaltado que antes. –No la veré morir, Theo, me niego a verla morir.
-Draco, sabes que no puedes ir en contra de los deseos del señor tenebroso.
-Necesito tu ayuda, Theo, eres mi mejor amigo, tienes que ayudarme. –Draco Malfoy pedía socorro a gritos por vez primera. –Los necesito, a todos ustedes.
Theo se lo pensó un momento, pero no asintió ni negó, solamente se paró y salió del lugar, para buscar a los demás Slytherin. Iba a ser difícil, y aunque le doliera ver a su mejor amigo en esa situación, nadie podía enterarse de su trato con Hermione. Nadie hasta que fuera el momento adecuado.
Hermione estaba furiosa, no solo se había pasado cuatro horas esperando a Theo en la biblioteca, sino que gracias a él se había perdido la cena, Draco no la fue a recoger y lo peor de todo era que se había tenido que saltar la cena porque absolutamente ninguno de sus conocidos de la mesa de las serpientes había asistido a la cena. Y ahora estaba muriendo de hambre a medianoche, sin saber nada de su novio ni de la persona con la que supuestamente tenía un trato para ayudar a Harry a destruir a Voldemort.
Cuando el hambre se le hizo insoportable, se levantó de la cama y en silencio se calzó las mullidas pantuflas, para luego salir de su habitación en la Sala de los Requerimientos. Esperó hasta que la puerta de la estancia se desvaneciera para caminar de puntillas hasta el hall principal del castillo y luego continuar por uno de los estrechos pasillos hasta llegar al cuadro de bodegón del cesto de frutas. Se acercó y con cuidado le hizo cosquillas a una de las peras, esta comenzó a retorcerse y luego le dieron paso a las cocinas del castillo. Inmediatamente se sintió mal por esa expedición nocturna, al encontrarse con por lo menos un ciento de elfos acurrucados en el piso, entre mantas sucias y algunos almohadones raídos.
-La amiga de Harry Potter nos visita. –la voz chillona a sus espaldas le hizo sobresaltarse, pero sonrió cuando al dar la vuelta se encontró con Dobby.
-Hola Dobby, puedes por favor traerme un vaso de leche caliente y galletas. –le pidió ella con el tono más cortes jamás oído. El elfo chasqueó los dedos y luego sonrió.
-La bandeja con la leche y las galletas de la señorita Hermione está en su habitación, en la sala que viene y va. Dobby pensó que usted no querría acarrear con la bandeja hasta el sétimo piso, y la he mandado directamente a su habitación.
-Muchas Gracias Dobby –Hermione pensó en quedarse y pedirle consejo al elfo que era amigo de Harry, pero justo cuando iba a preguntarle a Dobby si podía hablar con él, algunos platos en el fregadero cayeron abruptamente y la criatura se despidió rápidamente para arreglar ese desastre. No dijo más y salió de la cocina para luego caminar de puntillas de regreso al sétimo piso y llegar al corredor en el que estaba la sala de los menesteres.
Su sorpresa fue mayúscula cuando encontró la puerta materializada, lo que indicaba que alguien estaba allí. Aferró con fuerza su varita y murmuró un Nox. Se acercó con cautela a la puerta y tomó el picaporte dorado, lo giró y empujó suavemente la puerta de madera. La sala había tomado la forma de una sala de estar pequeña, apenas iluminada por las llamas de la chimenea. Pudo ver los sillones negros altos y una mesa de cristal sobre la cual estaba la bandeja con galletas y un vaso de leche. En uno de los sillones estaba sentado un chico, con los codos en las rodillas y la cabeza apoyada en sus manos, el cabello negro lo delataba. Era Theo Nott.
-Theo. –le llamó ella aún bajo el umbral de la puerta. Él alzó la vista y clavó la mirada en ella. Tenía la mirada inexpresiva, la expresión crispada y el ceño fruncido. Se veía preocupado.
-Lo lamento, Hermione, pero surgió algo y no pude ir a la biblioteca esta tarde. –se excusó él y comenzó a mirarla evaluativamente. Esa noche ella estaba usando un camisón de manga larga que le llegaba a la rodilla, de algodón rosa pálido. Quizás para cualquier otro chico ella podía verse como la imagen perfecta de la mojigata mata pasiones, pero para él, esa era la imagen con la que se había imaginado a la muchacha, y sin duda verla así era casi un sueño cumplido. De hecho, se habría sentido afortunado e incluso se habría atrevido a tentar a la suerte de no ser por lo que iba a decirle a la chica. Definitivamente sus noticias no eran cuestión de broma.
-¿Qué pasó, Theo? –cuestionó Hermione cerrando la puerta y caminando hasta el sillón que estaba al lado del chico. Se sentó y recogió sus piernas. El no le quitó la mirada de encima en ningún momento, ni siquiera cuando ella comenzó a mover sus manos nerviosamente en señal de incomodidad.
-¿Eso es tuyo? –dijo señalando la bandejita sobre la mesa de centro. Hermione asintió y Theo suspiró e intentó sonreír, pero su sonrisa solo salió como una mueca. Ella también sonrió suavemente y se puso la bandeja en las piernas. Le ofreció galletas a Theo y él rechazó con un gesto de la mano. Silenciosamente comenzó a comer sus galletas mientras él tenía la mirada posada en ella pero sus pensamientos estaban en otro lugar. Luego de casi un cuarto de hora de un silencio algo incómodo, Hermione terminó de comer y dejó todo en la mesita nuevamente.
-Ahora dime, ¿Por qué me hiciste esperarte por cuatro horas esta tarde? –pasaron largos minutos antes de que él respondiera.
-Le llegó una carta a Draco. –escupió él como si fuera algo doloroso lo que decía. –El lord quiere que él te entregue en máximo doce días.
La noticia no le impactó tanto a Hermione como ella habría creído que sucedería en una situación así. Por supuesto que se sorprendió, pero fue más por haberlo escuchado que por haberse enterado de ello, porque ella estaba consciente de que tarde o temprano iba a legar el momento, y que aunque se pasara toda una vida leyendo sobre artes oscuras en la biblioteca, nunca iba a estar lista para enfrentar a Voldemort, pero aun así debía hacerlo. Hermione asintió nuevamente y volvieron a sumirse en el silencio. Doce días, tenía doce días para hacerse a la idea de que probablemente moriría, o si no de que sería humillada de maneras viles, o incluso de que sería torturada hasta la locura.
-No va a matarte, Hermione, quiere humillar a Potter mostrándote como su aliada cuando ataque. –por loco que suene, esa afirmación hizo que un peso invisible desapareciera del pecho de Hermione. No le importaba morir, pero hacerlo antes de tener la información que necesitaba, antes de poder ayudar a su mejor amigo era realmente algo inconveniente. –Pero estoy seguro de que va a marcarte.
-¿Te refieres a la marca tenebrosa? –preguntó ella un poco alterada por primera vez en toda la conversación.
-Sí, y también es muy probable que también nos marquen a todos. –dijo él volviendo a hundir la cabeza en sus manos. El tono de la voz de Theo indicaba miedo y desesperación, lo que dio que pensar a la analítica muchacha.
-Tú no quieres ser marcado ¿verdad?
-No –respondió el Slytherin sin dudar un solo instante. –No quiero ser como mi padre.
-¿Es por eso que me estas ayudando? –soltó ella sin pensar y se arrepintió inmediatamente cuando vio la mueca que puso él al escuchar la pregunta, sin embargo no se esperó oír la respuesta.
-Sí. –dijo él con un tono lúgubre para luego parase y caminar hasta la chimenea y situarse de espadas a esta. –Sigo siendo un Slytherin, pero te ayudo porque así lo quiero, porque no quiero ver al mundo bajo las ideas estúpidas de Voldemort ni a ti muerta. Me importas mucho, Hermione. Pero no te negaré que también me trae beneficios a mí.
En ese momento podía decirle a Hermione que estaban invadiendo Hogwarts, o que sus padres habían sido capturados, porque nada la iba a sorprender nada más que esa afirmación de Theo. Ese "me importas mucho, Hermione" pronunciado por él sonaba indeciblemente dulce, pero más que dulce sonaba como el tipo de confesiones que hace un caballero de armadura lustrosa y de nobles hazañas a su doncella. Por algún motivo que ella no comprendió, los vellos se le erizaron y su corazón saltó con regocijo.
-Te lo agradezco, Theo –susurró ella dedicándole una sonrisa. Él se acercó a ella y se agachó hasta quedar a su altura, para luego pasarle una mano por la mejilla en la caricia más suave y significativa que le dieron jamás. Luego se sentó al en el sillón que antes ocupaba y tomó una postura relajada.
-Necesitamos una estrategia ya. - y ella estuvo totalmente de acuerdo.
Hola gente hermosísima, este es el capítulo nuevo. No estoy muy convencida con este capitulo pero definitivamente es mejor que no publicar. Agradecida a mis lectoras, muy especialmente a LylyanneBlack por el maravilloso review que me ha dejado. Querida, este capitulo va por ti.
COMENTEN Y HAGANME SABER CUAL SERÍA LA ESTRATEGIA QUE USARÍAN SI ESTUVIERAN EN LA SITUACION DE Hermione, ADEMAS DE QUE ESTÁ CIENTÍFICAMENTE COMPROBADO QUE SI DEJAS UN REVIEW, DRACO VENDRÁ Y TE DIRÁ QUE ERES LA MUJER DE SU VIDA, ASÍ QUE HA ESCRIBIR UN COMENTARIO… ni al caso, pero de verdad aprecio mucho vuestros comentarios.
Un beso grande como una casa de su amiga DeinoO
PS. Yo no soy JOTAKA
