Forks (Segunda parte)
Bella POV
Después de estar hasta tarde con Edward hablando sobre cosas triviales en el parking de la playa, nos despedimos con un beso en la mejilla, deseándonos buenas noches y con la promesa de que al día siguiente nos llamaríamos para quedar e ir a Port Ángeles en busca de los últimos regalos de navidad.
Cuando nos quisimos dar cuenta ya era la noche de navidad. Entre nosotros en estos tres días en Forks no había pasado nada. Solo hablábamos y bromeábamos como viejos amigos. Todavía no estaba preparada para avanzar a la siguiente base con él. James aun no abandonaba mi cabeza, a pesar de haberlo dejado con él, aun le quería y eso iba a ser un sentimiento difícil de olvidar.
O eso creía…
Solo lograba sacármelo de la cabeza cuando Edward estaba a mi lado. Con él olvidaba todo lo que pasaba a mí alrededor, igual que en los viejos tiempos.
Cada vez que ambos estábamos juntos, mi cuerpo reclamaba por su atención, mis manos querían tocarlo sin mi consentimiento, mi boca quería sentir sus labios sobre los míos y mi lengua quería juguetear con la suya. Eran tantas las ganas que tenia por tenerlo a mi lado, por sentirlo dentro de mí… que tenía que controlar mis impulsos de querer saltar encima de él de una forma bastante vergonzosa. Tener que agarrar cualquier cosa que tuviera alrededor por no querer alargar la mano para coger la suya mientras estuvimos en el centro comercial en Port Ángeles, fue bastante agobiante y ridículo.
- ¡Bella llegaremos tarde, baja ya! – gritó mi madre desde el piso de abajo sacándome de mi ensoñación.
- ¡Ya voy! – chillé de vuelta.
Era la noche de navidad e íbamos a cenar en casa de los Cullen. Mis padres habían dejado de discutir hace años en navidad sobre a qué casa ir a cenar, o la de los Cullen o la de los Black. Tuvieron la magnífica idea de que ya que nuestra casa era pequeña y la de los Black también, ir a cenar todos ellos a donde los Cullen. Éstos como era suponer, no se negaron.
¡Cuantos más, mejor!
Palabras de Esme…
Acabé de arreglarme el cabello y salí de mi habitación. No iba a ir de "etiqueta" a cenar a casa de los Cullen, así que opté por un vestido sencillo que llegaba un poco más debajo de mi rodilla negro, de manga larga y una chaqueta blanca. Y como no… unos zapatos, pero sin tacón.
Estaba harta de los tacones, bastante tenia con tener que soportarlos en el trabajo. Ahora, era hora de tomar un descanso de ellos.
- Estás preciosa, cariño – dijo mi padre en cuanto me vio bajar por las escaleras.
- Gracias papá, tú también.
Era raro ver a mi padre de traje, seguramente mi madre le había obligado a ponérselo.
- ¿Dónde está mamá?
- En el coche esperando, – ambos rodamos los ojos – está nerviosa – rió entre dientes.
- ¿Por qué iba a estarlo? – inquirí caminando hacia la puerta.
- Es tu madre… después de tantos años casados y conociéndonos… sigo sin comprenderla.
Llegamos a casa de los Cullen unos minutos más tarde. El trayecto fue un completo caos, mi madre no paraba de chillarnos y reclamarnos de que llegaríamos tarde y que sería culpa nuestra – no le gustaba hacer esperar a la gente… – Mi padre trató de tranquilizarla pero ella hacia caso omiso a sus palabras. Solo sabía refunfuñar como una niña pequeña.
Al final llegamos un cuarto de hora antes, de la hora acordada.
- Buenas noches – nos saludó Carlisle en la puerta de su casa.
- Buenas noches – contestamos los tres al unísono.
- Cuánto tiempo sin verte Bella. Estás preciosa – me dijo Carlisle después de mirar mis ropas.
Mi sonrojo no se hizo esperar.
- Gracias Carlisle.
- ¿Qué tal te va todo? – me preguntó caminando hacia la cocina.
- Bien, bastante bien.
- Me alegro.
Entramos en la cocina donde ya estaba mi madre ayudando a Esme a preparar los aperitivos, – esos que colocan antes del plato fuerte, esos que hacen que te llenes y después no puedas ser casi capaz de probar el plato fuerte. – Mi padre dejó sobre la mesa un par de botellas de vino antes de girarse hacia Carlisle y preguntarle por los Black.
Aun no habían llegado.
- Bella, cariño – me llamó Esme. – ¿Podrías hacerme un favor?
- Claro, dime.
- Sube a donde Edward y dile que deje de intentar arreglar su pelo y que baje aquí. ¿Aun recuerdas donde está su habitación, verdad?
- Sí – asentí con la cabeza. – Ahora vengo.
Salí de la cocina rumbo a la antigua habitación de Edward. Empecé a sentirme nerviosa mientras subía las escaleras. Todos los recuerdos que tenia de esta casa con Edward comenzaron a golpearme. Mis piernas eran gelatina cuando llegué al último peldaño de las escaleras.
Llegué a su habitación echa un flan. La puerta estaba abierta del todo. Asomé un poco la cabeza para ver si estaba dentro de cuarto o si estaba en el cuarto de baño. Quizás se encontraba en una situación…
Me congelé en cuanto lo vi de pie sin nada que tapara su pecho mirándose en el espejo. No me congelé porque estuviera sin camisa, sino por la gran mancha morada, casi marrón que adornaba su costado izquierdo. Edward estaba mirándose el moratón y tocándoselo con el dedo índice mientras hacía una mueca de dolor con su cara.
- Dime que eso no te lo ha hecho también James – le dije mirándolo fijamente y entrando a la habitación.
- ¡Joder, Bella! – se sobresalto. – Que susto me has dado – se acercó a la cama y cogió la camisa que tenia extendida en ésta. – ¿Qué tal estas? – me preguntó poniéndose la camisa.
- Contéstame – le pedí mirándolo a los ojos y deteniendo sus manos que comenzaban a abrochar los botones.
- Que quieres que te diga… – intentó apartar mis manos de las suyas, pero no se lo permití.
- Fue él – asintió levemente, casi imperceptiblemente con la cabeza. – ¿Por qué no me dijiste que también te había hecho esto?
Quité mis manos de las suyas y abrí la camisa un poco, lo suficiente para ver el moratón. Pasé la mano por la piel morada.
- Duele, Bella – se quejó con los dientes apretados.
- Lo siento – le contesté. Alcé mi rostro para mirarlo y tragué las lágrimas que intentaban escapar de mis ojos. – ¿Por qué no me dijiste que aparte de esto, – alcé la mano y toqué su labio abierto, casi curado – también te había hecho esto? – evité volver a tocarle el costado.
- Porque no – dijo de forma brusca apartándose de mí lado y abotonándose la camisa.
- Edward – le llamé.
- ¿Qué? – preguntó molesto.
- No es conmigo con quien tienes que estar enfadado – le dije dolida por su reacción.
Me miró durante unos segundos antes de suspirar.
- Lo sé. Lo siento – se acercó a mí y acarició mi mejilla con el dorso de su mano antes de poner un mechón de mi pelo detrás de mi oreja. – Lo siento – susurró inclinando su rostro hacia el mío.
Muy cerca de mi cara. Su aliento golpeaba mis fosas nasales sin compasión, sus labios estaban llamándome para que los probara de nuevo. Estaba muy cerca de besarme.
- Chicos.
Alice – gruñí internamente.
- Perdón – se disculpó rápidamente con una risilla. – Edward, mamá quiere que bajes a ayudarla en no sé qué.
Tardó unos segundos en apartar la mirada de mis ojos y separarse lentamente de mí.
- Ya voy – le dijo a su hermana.
Acabó de abrocharse la camisa y salió de la habitación dejándonos a una Alice muy sonriente y… y a mí.
- ¿Qué coño ha sido eso? – preguntó sentándose en la cama de su hermano y palmeando la superficie de ésta para que me sentara a su lado.
- No ha sido nada – suspiré dejándome caer hacia atrás en el colchón.
- ¿Qué no ha sido nada? – preguntó perpleja. – Yo a eso le llamaría un… casi beso. Sí, eso. Un casi beso.
- Lo que tú digas Alice.
- ¿Qué pasa con James? – preguntó unos segundos más tarde.
Sí, no les había contado nada a… nadie de que lo había dejado con James. Bastante hundida estaba yo en mi mierda y sintiéndome lo peor del mundo por golpear a Leah, aunque no niego que se lo mereciera… pero vamos, que bastante tenía con lo mío como para gritarle a los cuatro vientos que lo había dejado con James y esperar al interrogatorio de mis amigas.
- Lo hemos dejado – suspiré.
- ¿Qué? – preguntó girándose para mirarme. – ¿Por qué?
- Me engañó y…
- ¡Cabrón! – gruño Alice cortándome. – Cuando regresemos a Seattle será hombre muerto.
- Alice, Alice – me incorporé en la cama, sentándome. – Yo también el engañé – susurré avergonzada.
- ¿Qué? – agarró mi mentón y alzó mi cara. – ¿Con quién? – preguntó con los ojos abiertos de par en par. Cuando fui a contestarle, ella pareció reflexionar rápidamente y con una sonrisa maliciosa, gritó. – ¡Edward!
- Baja la voz – bramé.
- ¿Cuándo?
- Cuando nos fuimos de viaje a Chicago.
- ¿Por qué no me lo dijiste? – inquirió ofendida.
- Porque nadie lo sabe. Bueno… excepto Leah – murmuré entre dientes.
- ¿Leah? – asentí con la cabeza. – ¡Pero qué perra! ¿Por qué no me lo ha contado? ¡No! peor aun. ¿Por qué Edward no me ha dicho nada?
Me levanté de la cama dejándola con sus preguntas e ignorándola y salí de la habitación.
- ¿A dónde vas? – dijo detrás de mí. – Espérame.
Bajamos las dos hacia la cocina – ella hablando sin parar y yo ignorándola – donde Esme y mi madre estaban acabando de preparar todo. Prácticamente nos echaron de allí porque supuestamente molestábamos. Salimos de la cocina y fuimos al salón donde ya estaban Billy y Jacob hablando con Carlisle y Charlie.
Estuve hablando con Jake unos minutos. En realidad él hablaba y yo asentía con la cabeza. Mi mente estaba en otro lado y mis ojos no paraban de mirar a mí alrededor buscando a Edward.
- Se fue a buscar a Emmett a casa de los Hale – me dijo Jacob molesto.
- ¿Qué? – le miré confundida.
No sabía a quién se refería.
- Edward, ha ido a buscar a su hermano a donde los Hale.
- Ah.
- Deja de buscarlo y hazme un poco de caso – rió desapareciendo el tono molesto con el que me había hablado.
- Lo siento – me disculpé sonrojándome. – ¿Qué me decías?
- Nada, déjalo – se apartó de mí y fue a sentarse en el gran sofá blanco.
- Jake – le seguí. – Perdón, estaba en otro sitio – me deje caer a su lado.
- Lo sé, y yo sé que sitio es ese.
Justo cuando le iba a preguntar burlonamente a que sitio se refería, la puerta principal se abrió y la estruendosa voz de Emmett llegó hasta nuestros oídos.
- ¡Familia, ya estoy en casa! – gritó.
Me giré para mirar la puerta del salón y por ella aparecieron Emmett vestido con un traje hecho a medida, corbata incluida y Edward, que apareció como cuando se fue de su habitación.
Me sentía fuera de lugar con mi soso vestido. Todos parecían ir de etiqueta excepto yo.
Mis ojos se quedaron helados en los orbes verdes que me miraban tan intensamente. Al cabo de un par de segundos, su sonrisa torcida adornó su preciosa cara. Anduvo hacia mí y se dejó caer a mi otro lado del cuerpo, donde no estaba Jacob.
- Hola – susurró con esa sonrisa aun en su cara.
- Hola – musité de vuelta.
Nos llamaron a cenar media hora después. Como acostumbraba, la cena fue divertida gracias a las insistentes bromas por parte del hijo mayor de los Cullen, las mismas anécdotas de nuestros padres y las miradas y caricias furtivas por debajo de la mesa con Edward.
Vale. Eso era nuevo, pero aun así me resultaba un poco extraño responder a sus caricias.
Después de cenar, ayudé a quitar la mesa y a meter la vajilla en el lavavajillas. En ello estaba cuando Esme me preguntó:
- ¿Qué tal te va todo en Seattle, Bella?
- Bien. No me quejo – me encogí de hombros.
- ¿Qué tal con James? – me giré para mirar a Esme sorprendida por su pregunta.
¿Cómo sabía de mí y de James?
Mamá…
- Lo hemos dejado – susurré secándome las manos con un trapo que había encima de la encimera.
- Lo siento mucho, cariño – me dijo suavemente con un atisbo de sonrisa asomando en sus labios.
La miré durante un largo minuto intensamente, ella no se amedrentó. Aparté la mirada de ella en cuanto mi madre cruzó el umbral de la puerta de la cocina rumbo hacia nosotras y cuando su sonrisa se hizo más amplia.
- ¡Sois… sois… – alcé la manos dramáticamente. – ¡Dios!
Esme comenzó a reír sin poder evitarlo y mi madre sin saber la razón de sus risas… se unió a ella.
- Me voy – bramé molesta pasando por al lado de ambas mujeres.
Llegué al salón donde estaban todos reunidos. Me senté al lado de Alice y suspiré.
- ¿Te encuentras bien? – inquirió preocupada.
- Sí – gruñí.
- No parece – observó.
- Tu madre y mi madre son de lo peor – gruñí en voz baja.
- Créeme, lo sé – suspiró.
Todos estuvimos hablando en grupo de cosas triviales. Mis nervios estaban a flor de piel. La intensa mirada de los verdes ojos de Edward desde el otro lado del salón, me estaban haciendo perder la poca paciencia que me quedaba.
Edward POV
Me estaba volviendo loco, completamente loco. El vestido que llevaba puesto no hacía otra cosa más que provocarme para que lo quitara de su cuerpo. Estuve mirándola intensamente mientras el resto hablaban de vete tú a saber qué, sopesando las opciones de cómo quitarle el maldito vestido.
Eran muchas, pero la que más fuerza tenia sobre las demás era… arrancándoselo de forma brusca.
Tuve que controlar mis pensamientos. Mis pantalones comenzaban a apretar mi entrepierna y si me veía mi familia y los amigos de éstos así, sería algo muy vergonzoso.
Después de ver como Bella hablaba con mis hermanos me disculpé con la gente que se suponía con la que yo estaba hablando y subí a mí habitación. Era muy necesario que saliera de allí y que me relajara o acabaría haciendo alguna locura de la cuál después me arrepentiría.
Entré, cerré la puerta y tras poner un poco de música a un tono bajo, me quité los zapatos y me dejé caer sobre mi cama. Me cagué en todo cuando al caer sobre mi pecho el costado me dolió. Enterré la cara en la almohada y cerré los ojos.
- ¿Te encuentras bien? – me sobresalté al escuchar la voz de Bella demasiado cerca. No había oído la puerta de mi habitación ser abierta. Me giré para mirarla con una mueca de dolor en mi cara, me había dolido el costado al sobresaltarme, de nuevo. Era la segunda vez que lo hacía esta noche. – Deberías de ir a que te miraran el golpe – dijo con voz suave sentándose en la cama a mi lado.
- Ya me lo ha mirado mi padre, e incluso me ha hecho un par de radiografías para cerciorarnos de que no tengo ninguna costilla rota – le contesté incorporándome y apoyando la espalda sobre el cabezal de la cama.
- En ese caso… – se sentó a mi lado imitando mi postura después de quitarse los zapatos. – Deberías de estar un poco en reposo. El moratón no tenia muy buena pinta – dijo con una mueca algo extraña en su cara.
- Ya se me está poniendo bien y ya no me duele como antes – la intenté tranquilizar.
- ¿Por qué no me dijiste el otro día que también te había golpeado ahí? – su voz sonó rota y triste.
- No lo vi necesario – me encogí de hombros.
- No lo vi necesario… – susurró tristemente agachando la mirada.
- Bella – la llamé. Cómo vi que no levantaba la mirada, cogí suavemente su mentón y alcé su rostro para que me mirara. – Ya estoy bien, esto no es nada, deja de preocuparte.
- No puedo – me contestó unos segundos después. – No puedo hacerlo. Jamás pensé que James fuera capaz de golpear a alguien y… – se calló y frunció el ceño aun sin apartar la mirada de mí. – ¿Por qué te golpeo? No me lo has dicho ni el otro día ni hoy. Solo me dijiste que te pegó cuando salió de mi casa el otro día.
Sinceramente… ni yo mismo sabía por qué coño me había pegado. Solo sabía repetir que todo era culpa mía.
- ¿Le contaste que le habías engañado conmigo? – le pregunté sin responder a su pregunta.
- ¡No! – exclamó. – ¿Te pegó porque cree que le engañé contigo?
- No lo sé. Solo repetía que te había perdido por mi culpa.
- Lo siento Edward – musitó agachando la cabeza.
- No lo sientas – le contesté suavemente cogiendo su barbilla y alzando su rostro.
- No debería de haberte pegado, no…
- Shh – puse el dedo índice en sus labios para que no siguiera hablando. – Olvídalo – susurré mirándola a los ojos.
Estuvimos mirándonos a los ojos unos segundos, mi dedo aun descansaba en su boca. Mis ojos abandonaron los suyos para mirar sus labios, los cuales volvían a llamarme para ser probados. Volví a mirarla a los ojos y los suyos pasaban de mis labios a mis ojos, una y otra vez.
Aparté el dedo índice de su boca, descansé la palma en su mejilla derecha antes de deslizarla hasta su nuca. Enredé mis dedos en su pelo y tras inclinarme un poco hacía ella, la atraje hacia a mí para posar mis labios sobre los suyos en un casto beso.
Nos fuimos deslizando sobre mi cama hasta quedar ambos tumbados mirándonos de frente con las cabezas sobre la almohada, yo aun tenía mi mano en su nuca. Ella dejó descansar su brazo derecho en mi cadera y me sonrió.
Volví a unir nuestros labios después de imitar su sonrisa. Esta vez el beso no fue tan casto. Dejé mis labios un poco más de tiempo sobre los suyos. Quería sentirla cerca de mí, quería volver a probar su dulce sabor, quería volver a sentir el calor de su cuerpo sobre el mío…
Se separó de mis labios y cogió un poco de aire antes de hablar.
- ¿Hoy puedo quedarme a dormir contigo? – preguntó tímidamente.
- Hoy y todas las veces que quieras – le contesté.
- De momento solo hoy – sonrió tristemente. – Necesito un… poco… de… – sus mejillas se colorearon de ese rojo tan común de ella.
- ¿De qué?
- Solo abrázame – susurró.
- De acuerdo.
Se acurrucó junto a mi cuerpo apoyando su cabeza en mi pecho y colocando mejor el brazo que tenia sobre mi cintura. Enredó nuestras piernas y suspiró. Yo la abracé con ambos brazos y la pegué a mi cuerpo todo lo que pude.
Estuvimos en esa posición durante unos minutos.
- Edward – me llamó en un susurro.
No sabía si contestarle, ya que recordaba que hablaba en sueños. Quizás estaba dormida y estaba soñando conmigo. Una sonrisa estúpida se formó en mi cara ante ese pensamiento.
- Edward – volvió a llamarme un poco más alto. – ¿Te has quedado dormido? – preguntó mientras reía entre dientes.
- No.
- ¿Por qué no me contestabas?
- Pensé que estabas dormida y que estabas hablando en sueños – reí.
- ¿Aun recuerdas eso? – preguntó asombrada.
- Sí, eso y muchas cosas más.
- No tengo sueño todavía – dijo.
- Bien. Entonces, ¿qué querías? – le pregunté curioso.
- Agradecerte.
¿Agradecerme?
- ¿El qué? – inquirí confuso.
- Que a pesar de que me he portado con una autentica gilipollas contigo, ahora estés aquí, sosteniéndome y abrazándome como te he pedido que hagas – su voz apenas fue casi un murmullo.
Estaba seguro de que sus mejillas volvían a estar rojas como antes.
- Yo no he sido mucho mejor que tú, Bella. Nos hemos echado muchas cosas en cara.
- Lo sé. Pero siento que yo he sido peor contigo.
- Pues no lo sientas. Ahora estamos bien, ¿no?
- Sí – susurró.
Apartó la cabeza de mi pecho y se giró para mirarme.
- Gracias – dijo antes de apoyar una mano en mi pecho y juntar nuestros labios en un suave beso.
¡Dios!
Me iba a volver loco como siguiéramos besándonos así. Esto solo iba a ser el principio de lo que no quería que sucediera. No esta noche.
Sin separar sus labios de los míos se puso a horcajadas sobre mi cadera.
Definitivamente iba a enloquecer. Los pensamientos que había tenido antes de cómo quitarle el vestido resurgieron con fuerza, pero los eché rápidamente a un lado. Tenía que controlarme.
Profundizó el beso tanto como quiso, yo solo me estaba dejando llevar, ella estaba jugando mucho, demasiado con mi autocontrol y éste empezaba a estar hecho trizas.
Mi lado racional me estaba gritando desde lo más hondo de mi cabeza que la detuviera, pero mi lado irracional que estaba ganando a pasos agigantados la batalla, me gritaba que la tumbara sobre la cama y la hiciera mía de una forma muy poco sutil.
Fuerte y rápido.
Muy fuerte y muy rápido.
Para mi sorpresa… el lado racional emergió de lo más hondo de mi cabeza y ganó la batalla.
- Bella – la separé suavemente de mí agarrando su cara con mis manos. – No debemos de hacer esto.
- ¿Por qué? – preguntó intentando deshacerse de mi agarre. – ¿Me… me estas… rechazando? ¿No quieres hacerlo conmigo?
- ¡No!, claro que no te estoy rechazando. Y estoy deseoso de hacerlo contigo, solo que no quiero que sea así. No quiero hacer el amor contigo hoy sin saber mañana la relación que tendremos. Quiero hacer las cosas bien – le expliqué. – Empezar desde cero – sonreí.
Me observó durante unos segundos hasta que suspiró.
- Tienes razón. Lo siento. Es la segunda vez que empezaríamos desde cero, ¿recuerdas? – asentí con una sonrisa.
Aun recordaba cuando comenzamos a salir cuando íbamos al instituto y tuvimos que empezar desde cero en nuestra relación…
Acaricié sus sonrojadas mejillas sin apartar mis manos de su cara y le sonreí de nuevo.
- No lo sientas – me incorporé un poco y besé sus labios, con un pequeño roce. – Necesitas tiempo, acabas de dejarlo con él. No te ofendas, pero no quiero ser el segundo plato de nadie. Necesitas un tiempo para aclararte y pensar, y yo te lo concedo, sabes que te estaré esperando.
- No tengo nada que pensar respecto a James. Sé lo que quiero, te quie… – puse un dedo sobre sus labios haciéndola callar.
No quería escuchar todavía que me quería. Necesitaba tiempo, yo la conocía bien y sabía que necesitaba tiempo para que pusiera en orden su corazón, sus sentimientos y su cabeza.
Había estado con él un año, quieras o no, eso deja huella. Huella que no se iba a ir un unos pocos días.
- Será mejor que me vaya – susurró de repente quitándose de encima de mí.
- No – la agarré de la mano y tiré de ella para que quedara tumbada al lado mío. – No te vayas, yo también necesito que me abraces – le sonreí con esa sonrisa que a ella tanto le gustaba.
No dudó ni un instante en volver a enredar sus piernas con las mías, en pasar su brazo por mi cintura y en apoyar la cabeza en mi pecho.
- Buenas noches, Edward – dijo antes de besarme el pecho.
- Buenas noches, amor – susurré besando sus cabellos.
Hola! siento muchisimo el retraso, pero como expliqué en el fic de "en busca de la felicidad" lo explicaré aqui tambien para las que no leen el otro fic. Tengo unos proyectos entre manos que quiero finalizar y para ello tengo que tomarme el tiempo libre que tengo... a ver... que voy a dejar un poquito de lado los fics, ¡no los voy a abandonar!, sino que tardaré un poco más en actualizar.
Quizás el capitulo no es como esperabais… pero esto es lo que ha salido de mi cabeza… seguramente esparabais un capitulo lleno de recuerdos y porque no... un lemmon por ahi entre medias... jajaja pero noooo, el lemmon llegará a su debido momento :P.
Gracias a todos vuestros reviews, alertas, favoritos y a las que leeis.
No recuerdo si me has ayudado con este cap tlebd... ya sabes lo malita que he estado jajaja y que estoy... ¬¬ pero aun así, gracias. No vayamos a perder las costumbres... jajaja.
Nos leemos en el siguiente capitulo!
Un saludo!
