Ante todo:
DISCLAIMER: los personaje pertenecen a Stephenie Meyer, aunque la historia es mía.
Las cursivas son conversaciones telefónicas o conversaciones que se oyen en la lejanía.
Los pensamientos de los personajes están escritos "entre comillas".
La historia está escrita desde el punto de vista de… pronto lo descubriréis, aunque es fácil de descubrir. R.C.
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14. RENESMEE CARLIE CULLEN.
Cuando terminé el último bocado del bocadillo que me había preparado Edward, Bella entró en la cocina con un móvil en la mano.
- Es para ti. – dijo dedicándome una amplia sonrisa.
Cogí el teléfono emocionada, y aun me emocioné más al oír su voz. Era Jacob. Me dijo que su avión acababa de aterrizar y que venía hacia la casa. Le devolví el teléfono a Bella y fui corriendo hacia el jardín, donde me pasé más de una hora esperando a que Jacob llegara. Sentía que todos me observaban desde el interior de la casa, pero no me importaba. Yo solo deseaba ver a Jacob y, en cuanto se bajó del taxi en el que iba, fui corriendo hacia él y salté a sus brazos, provocando que ambos cayéramos al suelo.
Quise levantarme de encima de él, pero rodeó mi cintura con sus brazos y me retuvo sobre su cuerpo, besando mis labios con dulzura. Le había echando tanto de menos y había tenido tanto miedo de no poder verle nunca más, que me dejé llevar y estuvimos besándonos hasta que Carlisle y una hermosa chica, a la que no había visto nunca, aparecieron a nuestro lado.
La chica se presentó como la esposa de Carlisle, y me dio la bienvenida a la familia con un abrazo que me resultó muy familiar.
Me tensé un poco al ver salir a Edward de la casa, pero Esme me calmó cuando sentí su brazo alrededor de mi cintura. Edward y Jacob estrecharon sus manos y entramos todos en la casa. Vi que mi mochila estaba encima de la mesita de café que había delante del sofá.
- Tienes algo que enseñarnos, Christie? – dijo Emmett seriamente, mirando mi mochila abierta. – tenemos que preocuparnos por seguir vivos mañana?
"Se refiere a los cuchillos? Los llevo en la mochila?"
- Así es. – dijo Edward.
Me acerqué a la mochila y saqué mis mortales cuchillos. Todos se quedaron mirando fijamente los cuchillos y volví a guardarlos, pero Jacob vino hacia mí y los cogió.
- No los toques! Podrías cortarte! – exclamé alarmada, cogiendo de nuevo los cuchillos.
- Y? me curo deprisa. – dijo con cara confusa.
- No si te cortas con estos. Son especiales.
- Como de especiales? – no reconocí la voz, algo normal. Había hablado la tal Rosalie, por primera vez en mi presencia.
- Cayo y yo hemos trabajado mucho en ellos. El material está mezclado con ponzoña de vampiro. El cuchillo en si no hace daño, pero el veneno consigue penetrar incluso la dura piel de un vampiro.
- La tuya también? – dijo ahora con un deje de desprecio en la voz.
- Nunca he tenido la torpeza de cortarme a mi misma. Siempre he entrenado con cuchillos normales. Con esos si que me corté alguna vez, aunque eran simples rasguños.
- Hagamos ahora la prueba. – me retó.
- De acuerdo.
- No! – la voz de Edward nos sorprendió a todos y, cuando quise darme cuenta, tenía los cuchillos en sus manos.
- Edward, no me importa.
- Pues a mi sí. Como tú has dicho, esto puede matar a licántropos y demás. "Entiendo."
- Lo harás. Guarda esto antes de que te hagas daño.
- De acuerdo. – dije sorprendida por su comportamiento, y no era la única.
Volví a guardar los cuchillos en sus fundas, que estaban en la mochila y vi un sobre blanco que me llamó la atención, en el que había escrito la palabra Recuerdos. – Que es esto? – murmuré.
Sentía todas las miradas clavadas en mí, pero aun así abrí el sobre, en el que había unas fotos que recordaba muy bien. Eran las fotos que habían decorado las paredes de mi habitación del castillo de Volterra. En las fotos salía con los que siempre había considerado mis mejores amigos. Miré en la mochila de nuevo y encontré la cámara que me había comprado en París y que solo había utilizado un día. El día que pasé junto a Jacob en la capital francesa. Encontré otro sobre en el que ponía Seguimiento. En cuanto abrí ese sobre, las fotos se me cayeron de las manos.
"Si que fueron ellos."
- Si que fueron ellos el qué? – dijo Edward, claramente preocupado.
- Lo siento. – sentía que apenas podía hablar.
Seth me ayudó a recoger las fotos del suelo, aunque a él le pasó lo mismo que a mí y se le cayeron al suelo.
- Yo… yo no sabía nada pero… - cogí una de las fotos y en ella vi a Edward, sentado en una cama, con un libro en las manos, con una niña sentada a su lado.
Reconocí a la niña al instante. La había visto cada día desde que tengo uso de razón. La habitación empezó a dar vueltas a mí alrededor hasta que la oscuridad me atrapó en las redes de la inconsciencia.
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Desperté al amanecer, lo cual era extraño, ya que eran las once. "o no?"
Quise levantarme de la cama, pero no podía moverme. No tenía fuerzas. Sentía como si una fuerza sobrenatural me presionara contra el colchón. A duras penas podía mantener los ojos abiertos. Por ello me costó reconocer a la persona que tenía a mi lado. Sentí una fría sensación en la mejilla, un frío que me sobresaltó.
No podía pensar. No quería pensar en lo que había pasado. Habían estado engañándome guante toda mi vida. Sabía que había cosas extrañas, y había descubierto cosas que contradecían la historia que todos me habían contado siempre. Ya no sabía que pensar, pero esas fotos lo decían todo.
- Christie, estás mejor?
- No. No me llames así. Ese no es mi nombre. – intenté sentarme en la cama, pero me costaba mucho. – Estoy cansada de la mentira que es mi vida.
- Y como te llamas?
- Ni siquiera se si… no lo se.
Los brazos de Rosalie rodearon mi cuerpo y me abrazó con delicadeza y ternura.
- Tranquila. Alice y Jasper ya han llegado. Están todos abajo, en el jardín, leyendo la carpeta que le diste a Edward.
- Y tú porque no estás con ellos?
- Me preocupaste. Además, no hace falta. Desde aquí podré oír lo que digan.
- Creo que… una vez a Aro y Demetri hablar. Se refirieron a mí con un nombre bastante peculiar.
- Como te llamas? – dijo ahora con más dulzura que antes, si ello era posible. – Que nombre dijeron?
- Renesmee… - dije empezando a llorar al recaer sobre mí la verdad.
- Eso no es posible. – dijo en un susurro que apenas oí.
- Es lo que oí. Ya no se ni quien soy.
- Esas fotos…
- En esas fotos salgo yo cuando era pequeña, pero no recuerdo esos momentos.
Rosalie me separó de ella y me miró a los ojos, que notaba que se me estaban empezando a hinchar.
- Te pareces mucho, pero tus ojos son distintos, y tu olor, y tú pelo…
- A quien me parezco, Rosalie? – dije llevando mi mano a su mejilla.
Cerré los ojos e intenté recordar algo de mi infancia. Estaba en mi habitación. Había sido mi cumpleaños y Aro me había regalado un vestido. En ese momento, estaba frente al espejo, peinándome la larga melena rizada de color cobrizo, que poco después me había teñido de negro.
Sentí como Rosalie se separaba bruscamente de mí y mucho jaleo en el jardín.
- Que ha sido eso? – dijo levantándose de la cama.
- Es de cuando cumplí dos años, o seis, como aparentaba en esa época. Mi padre, Aro, me regaló ese vestido.
- Eso ya lo he visto, pero como lo has hecho? – dijo con su mano donde yo la había puesto segundos antes.
- Es algo que he podido hacer siempre, pero hacía años que no lo hacía. Bueno, solo lo uso para bloquear a mi padre cuando no quiero que sepa lo que estoy pensando. Bueno, al hombre que se hacía llamar mi padre.
Rosalie no decía nada e iba retrocediendo hacia la puerta. Era como si hubiera visto un fantasma. El jaleo del jardín cada vez se oía más cerca, hasta que en la puerta de la habitación aparecieron Edward y una muchacha bajita de pelo oscuro. Los tres me miraban fijamente y yo no podía dejar de desear que la tierra me tragara. Deseaba desaparecer de allí. Los ojos de tres eran negros y penetrantes. Daban miedo.
- Renesmee… - susurró Edward. Tras sus palabras, el resto de la familia apareció en la habitación. – Renesmee… eres tú de verdad? – Edward cada vez estaba más cerca, y yo ya no podía ni respirar.
- Detente Edward. Es que no ves que está aterrada? – un chico rubio que no conocía, también entró en la habitación y sujetó a Edward del brazo.
- Lo siento. Jasper, yo solo…
"Pero que es lo que está pasando? No entiendo nada. Quien es esta gente? De que me conocen?"
Me fijé en que Jacob estaba en la puerta. Vi que las lágrimas recorrían sus mejillas. Quería levantarme, ir a abrazarle y consolarle, pero no podía moverme.
Edward se acercó a mí lentamente con algo en las manos. Se sentó a mi lado y dejó una serie de fotos a mi lado. En ellas salía yo, de niña, con los Cullen. Estábamos en el salón de una casa, frente a un pastel enorme. En un lado había un dos y al otro un muñeco con forma de lobo.
- Esta soy yo, pero no recuerdo este momento. Ni siquiera se porque estoy con vosotros. No conozco a este hombre. – dije señalando al hombre que me tenía sentada en su regazo en una de las fotos.
- Esa es mi hija, y él es su abuelo Charlie, el padre de mi Bella.
- No puede ser. Yo no puedo ser tu hija. Yo… mis ojos…y…no me acuerdo de nada de eso… No me acuerdo de vosotros…nunca antes había salido de Italia… - hablaba entre susurros, porque apenas me salía la voz. La situación me estaba superando.
- Ten, hay una nota.
- Yo la leeré. – dijo Bella, sentándose a mi otro lado.
- Gracias.
Edward le pasó la nota a Bella y ella la leyó en voz alta.
- Christie, lamento que durante cuatro años hayas vivido una mentira. Estas fotos muestran a tu verdadera familia, los Cullen. Tú nombre real no es Christie Brown, sino Renesmee Carlie Cullen. Cuando eras pequeña, me mandaron secuestrarte. Te resististe y saltaste del coche en marcha. Cuando te recogí del suelo, no recordabas nada y creíste que éramos familia, lo cual nos puso las cosas muy fáciles. Podríamos iniciarte sin problemas. Ibas a ser una de los nuestros y, llegado el momento, iríamos a por los Cullen. Siento que tu vida haya sido una mentira. Pero en lo que nunca te he mentido es en que te amo más que a mi vida. Espero que algún día puedas perdonarme. Te quiero, Dem. Post data: disfruta de tu nueva vida, y estad muy alerta. Aro querrá venganza.
Bella terminó de leer la nota en un susurro. Yo quería decir algo, quería mirarles a la cara, pero seguía sin poder moverme. A penas podía ver lo que tenía a mí alrededor. Empezaba a sentir el estómago revuelto y sentía que debía salir corriendo de allí.
De repente, sentí como unos brazos me izaban de la cama y me llevaban al cuarto de baño. Edward me dejó con cuidado en el suelo y me sujetó el pelo mientras vomitaba.
- Tranquila cariño. Respira.
- No puedo. Siento como si una mano me presionara la garganta. No puedo. – me abracé a él, llorando como nunca había llorado. – No se quien soy.
- Eres mi hija, y nunca… escúchame bien. Nunca voy a permitir que nadie te haga daño. Alice, trae algo de ropa para Christie. – dijo mirando hacia la puerta entreabierta del cuarto de baño.
- No me llamo así.
- Vayamos despacio, ya ha habido demasiadas novedades por hoy. – el estar entre los brazos de Edward me tranquilizaba bastante y temía el momento en que me soltara.
La tal Alice apareció al momento a mi lado con unos shorts vaqueros y una camiseta sin mangas. Edward salió del cuarto de baño y Alice me ayudó a vestirme, ya que yo no podía mantenerme en pie sola.
- Que raro. El pantalón no abrocha.
- Que?
- Que el pantalón te va justo, y lo acabo de sacar de tu mochila. Espera. – Alice fue hacia la puerta y le pidió a Rosalie que me prestara uno de sus vestidos. No pasaron ni treinta segundos y yo ya estaba vestida con la ropa de Rosalie. – Perfecta. Estás preciosa. – dijo encarándome al espejo.
- Conoces algún producto para quitarme el tinte del pelo?
- Algo encontraré. Oye… yo… me alegro mucho de que vuelvas a estar entre nosotros. – me abrazó con dulzura y besó mi mejilla antes de llevar su mano a mi tripa. – Oh dios mío! Pero como no lo he visto antes?
- No, por favor. No digas nada. – dije cuando estaba abriendo la puerta. – mierda. – Alice me sujetó el pelo al tiempo que me arrodillaba frente al retrete. – no digas nada. – repetí limpiándome la boca con la mano.
- No vas a poder esconderlo. Podemos sentir los latidos de ambos corazones, lo cual es extraño, porque apenas tienes tripa. Cuanto hace que estás embarazada?
- Ni un mes.
- Embarazada? – exclamaron dos voces.
- Y ya tienes barriga? – dijo Alice mientras yo iba a trompicones hacia la puerta.
Todos clavaron los ojos en mí cuando salí, pero yo solo pude mirar a Jacob, que me miraba desde la distancia, aunque no sabía muy bien como descifrar la expresión de su cara.
- Quien es el padre? – susurró Alice a mi lado.
- Jacob? – dije ignorando a Alice. Como iba a decirle que no lo sabía?
Jacob me ignoró y yo me derrumbé. Bella y Rosalie me sujetaron antes de que me estampara contra el suelo. Me dejaron suavemente en la cama de una habitación pintada de verde y azul. En las paredes había dibujos y fotos.
Durante toda la tarde, Carlisle estuvo a mi lado, hablando conmigo y haciéndome algunas pruebas. Dijo que estaba embarazada de poco menos de un mes, pero que parecía que lo estuviera de casi tres. "Como es posible? Es que tengo que ser rara hasta para esto?" cuando se marchó para que descansara, Seth vino a verme. Se sentó en la cama, a mi lado, y le abracé con fuerza.
- Renesmee, no me creo que seas tú.
- Yo tampoco se quien soy.
- Es que no me creo que el destino nos haya unido de forma casual. Y lo que más me cuesta creer es que el Vulturi haya contado la verdad. Parece que te quiere de verdad.
- Eso creo. – murmuré.
- Oye Ness, siento lo de antes con Jacob. Está en estado de shock, vagando por el jardín como un zombi. Son muchas cosas en muy poco tiempo.
- Para mí también.
- Puedo hacerte una pregunta? Si crees que es muy personal, no hace falta que me respondas. – dijo acariciando mi mano con dulzura.
- De acuerdo.
- Cuando te acostaste con Jacob, las dos veces, tu tenías novio, no?
- Si.
- Quien es el padre?
- No lo se.
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Uo! Uo! Uo!
Cuantas cosas han sucedido!
Que os ha parecido?
Espero que os haya gustado.
Ya sabéis como contactar conmigo ante cualquier pregunta, duda y/o comentarios.
Besitos a todas!
