Melancolía y Soledad.
Era una hermosa vista de nieve cayendo con total calma por todo aquella ciudad, y como las personas caminaban debajo de esta sin notar lo precioso del momento, pero era algo que solo una persona desde un departamento cercano pudo apreciar desde su ventana. La vista en aquel paisaje fue desviada para ver a una persona dentro del lugar que acababa de aparecer en la estadía de aquella habitación, solo para colocar una manta caliente al espectador que seguía en sentado en marco de la ventana en posición fetal para mantener algo de calor.
—Pegaras una gripe si sigues allí-le advirtió el recién llegado, pero el menor solo lo ignoro posando su vista azulina opaca da casi muerta en el paisaje a través del vidrio. Un suspiro se escapó de los labios del mayor, que se frotó el cuello en señal frustración-. Al menos, hazlo por el bien estar del bebé-usando el último recurso posible para lograr entrar en razón al contrario.
El menor por inercia se sobo el bulto de ahora 6 meses que mostraba, y tuvo que morderse el labio inferior para evitar echarse a llorar como tantas veces lo había hecho desde que su mundo se destruyo. Había pensando desde hacía tiempo con la idea de acabar con todo, pero no lo hizo, no era un asesino por más ganas que tuviese; recargo parte de su cuerpo contra la madera de la ventana aún abrazándose a él y el pequeño que estaba esperando, solo vio por el rabillo del ojo como el mayor se sentaba en el otro extremo del marco lugar donde tenía antes sus pies pero ahora estaban encima del regazo del otro, que con tranquila y suavidad masajeaba sus pies a doloridos por el frío y el embarazo.
—Gracias...-murmuro, casi podía decirse que esas palabras salieron sin sonido alguno. Siempre le decía aquella palabra, sin necesidad de especificar el que o porque, por qué solo esa persona comprendería a la perfección esa simple palabra.
—Eres mi amigo, es mínimo que puedo hacer por ti-le respondió el contrario con una media sonrisa. La vista azul de este fue a ver al chico que estaba y a la vez no, a él le desagradaba ver esos ojos opacos, sin vida casi como el de una muñeca; y aún más el que aquellos labios solo sonrieran de forma falsa o forzada para mantener las apariencias, sin embargo eso no le sirvió con mucho tiempo para cubrir su depresión.
El mayor aún recuerda el como ayudo a su amigo a esconderse de todos y todo, solo la mejor amiga del chico y él sabía de su ubicación, de allí nadie más. Era normal que se preocupase del contrario más de lo normal, porque a causa de su tristeza estaba comenzando a matarse el solo, llegando al punto de que se quedó a vivir junto a su amigo para vigilarlo, cuidarlo y darle un hombro en cuál llorar; pero no importaba que tanto se esforzarse por hacerle sonreír o devolverle aquella chispa de alegría, solo veía como poco a poco cada sentimiento del otro se apagaban como una vela.
—Kon-llamo el menor sin despegar su vista del vidrio, y el aludido por el contrario la apego en él-, ¿Lo harás verdad?-le preguntó y esta vez mirándolo fijamente, casi como pidiendo silenciosamente su respuesta definitiva.
—No tienes porque preocuparte, Tim. Lo haré si eso pase, pero por ahora no pienses en ello, ¿Sí?-le suplico el otro casi con desesperación de aferrarse a la idea loca que solo era paranoia del menor, que era normal pero él conocía las corazonadas del menor, y estas nunca se equivocaban.
Tim sonrió de forma melancólica, antes de estirar los brazos señal silenciosa del mayor para ayudarle a levantarse de aquel lugar, aún que al final terminaba siendo cargado en los brazos de Superboy hasta conducirlo al sofá de la sala de estar, donde Conner lo envolvió en más mantas mientras iba por un poco de chocolate caliente a la cocina.
Las botellas de licor se acumularon en el piso, sala, cocina y dormitorio de aquel departamento que parecía más un chiquero causado por un tornado que debió pasar por allí. Entrando a aquel lugar era un hombre, trastabillaba sus pasos sin equilibrio alguno por los efectos etílicos de la bebida y sin espera se cayó al piso con fuerza, al momento de dar un mal paso; no se levanto no le hacía falta el intentarlo porque no tenía ganas ni fuerzas para hacerlo, se quedó allí en el piso hasta caer dormido sin ningún sueño ni pesadilla.
La culpa lo había comido desde aquel día que perdió a su pequeño pajarito, extrañaba su risa y su voz, el calor de su cuerpo, extrañaba todo de él y como hacía sentir cuando lo tenía cerca; lo había buscado por toda Gotham y cuando los demás del clan se enteraron movieron cielo, mar y tierra en su búsqueda pero no hallaron nada, era obvio que a él lo iban a inculpar y que terminara en una pelea a golpes con murciélago.
Y como pasó con la desaparición del patriarca de los vigilantes de Gotham, casi todos asumieron la muerte del menor y esta aumentaron al encontrar su sangre y parte de la ropa que usaba esa misma noche durante la pelea del mayor con él. Fue el fin de todo, cada quien cayó en su manera de soportar aquella pérdida y muchos de ellos culparon al causante de la huida del pequeño petirrojo, hasta él mismo se culpó y castigo muchas veces queriéndose quitar la vida pero algo siempre lo detenía y lo odiaba. Solo su mejor amigo había sido su punto de apoya y hombro, y el único que al llegar a su departamento trataba de ayudarlo solo para que dos dias más tarde recayese y volviese al mismo círculo vistoso, se sentía como una completa basura.
—Jaybird, vamos levántate-trato de animar el pelirrojo a su amigo. Después de que el arquero logrará limpiar todo el lugar, y botara otra vez todas las botellas de alcohol como las que tenía escondidas-. Escúchame viejo, en la vida se cometen errores pero debes aprender a vivir con ellos. Tú mismo me dijiste no creías en la muerte de Tim, y déjame decirte que pienso lo mismo ese chico tiene más vidas igual que un gato-
—Aún si estuviera aquí, él no me querrá cerca lo aleje Roy fue mi culpa. Lo lastime, no medí mis palabras y es lo que me merezco por idiota-respondió pesimista el mayor, solo mostrando un rostro destrozado por la falta de sueño, alimento y melancolía pura.
—Eso no lo sabrás si no lo intentas. Además, el enano siempre te perdono todo hasta el que lo intentaras matar varias veces, y el que nunca fueras claro con tus sentimientos; maldición él te tuvo la suficiente paciencia para tolerarte todo hasta el que casi regresar medio muerto de una misión y manchado sus muebles con tu sangre, él te a perdonado muchas veces-con eso dicho el arquero saco del bolsillo de su pantalón y le entregó el sobre al mercenario.
Jason desconcertado tomo el papel entre sus manos y lo abrió, y leyendo el contenido para mirar a su amigo en búsqueda de una respuesta, que le fue dada en ese mismo instante por el pelirrojo que dijo junto a una sonrisa:
—Logre pagar unas viejas deudas con eso. Buena suerte, Jaybird-Roy se fue encaminando a la salida del departamento, dejando solo a su mejor amigo en el sofá de la sala con el papel aún en su mano.
~...Continuará...…~
