Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.
Gracias a mi beta Isa por revisar y corregir este capítulo.
Capítulo 14
—Estás perfectamente saludable.
Le entrecerré los ojos al doctor Carver. Claramente era una jodida broma.
—¿Cómo puede decir que no tengo nada mal?
Cruzó los brazos y me miró sobre sus jodidamente ridículos lentes.
—Porque es verdad. No tienes dolores ni malestares, ¿o sí? —Sacudí la cabeza impacientemente—. Tu corazón está saludable, los análisis de sangre salieron negativos, y tus reflejos están bien. No hay nada malo en ti.
Entonces, ¿por qué me sentía tan jodidamente raro todo el tiempo?
—Le digo que tengo una sensación rara en el estómago. Debería sacarme radiografías o algo así. —Teníamos todo este jodido equipo, por qué no lo usaba para asegurarse de que yo no tuviera algún aterrador problema médico era algo que no entendía.
—Parece ser estrés. Con todo lo que ha estado pasando, eso tiene mucho sentido. Se acerca la ceremonia del Heisman y el juego. Ahora veo por qué estás nervioso.
¿Nervios? Edward Cullen no se ponía nervioso. ¿De dónde sacó su licencia este jodido idiota, de la UF?
—No estoy nervioso. —Ese era el jodido asunto. No estaba nervioso por nada, ni siquiera por mi relación con Chica Reed—. Ese es el asunto. Estoy demasiado tranquilo sobre algunas cosas por las que no debería estar tan tranquilo.
Me miró como si me hubiera salido otra cabeza.
—¿Estás demasiado tranquilo? ¿Cómo es que eso es un problema médico?
—¡Tengo una sensación rara de aleteo en el estómago y no sé por qué! —Alcé las manos—. ¿Cómo es que no hay nada de malo en mí?
Murmuró algo que no pude escuchar, pero tuve la sensación de que no fue halagador.
—Parece más un problema mental que uno físico. Quizá deberías hablar con un psiquiatra.
¿En serio? ¿Ese imbécil retardado quería que viera a un jodido loquero?
—¿Qué carajo? ¿Piensa que estoy loco?
Alzó una mano.
—No, no creo que estés loco. Creo que estás estresado y se manifiesta con esa sensación de aleteo que proclamas tener. Podría ser nada, o podría ser que estás al borde de un ataque de pánico.
Este hombre era un jodido idiota. Me levanté de la mesa de examinación y agarré mis mierdas.
—No tengo un ataque de pánico, ese es el jodido problema. Claramente no lo entiende. —Al carajo, hablaría con mi papá. Él, al menos, conocía mierdas sobre medicina y yo sabía que asistió a una verdadera universidad. Apuesto a que el doctor Carver fue a una escuela de medicina en México o algo así. Incluso la UF es demasiado buena para él.
—Puedo recomendarte un buen… —Dejó de hablar cuando vio la mirada en mi rostro—. Bueno, aquí está si lo necesitas. Ven a verme si te sientes peor.
Claro. Como si fuera a molestarme en hacerlo. Probablemente me amputaría el brazo cuando tuviera un dolor de cabeza o alguna de esas mierdas. Cabrón. Salí de su oficina y me dirigí al estadio. Ya se había terminado la práctica, necesitaba llegar a casa y empacar mis mierdas para Nueva York. Comencé a caminar hacia el estacionamiento, pero me detuve cuando escuché música proveniente del campo. Demonios sí, la banda seguía aquí. Di reversa y me encaminé por el túnel hacia el campo de béisbol. Ahí estaban.
Me recargué en la cerca mientras el líder de la banda los guiaba para que marcharan de un lado a otro. Estaban tocando algo que me sonaba familiar. Intenté ver si podía encontrar a Chica Reed entre la masa de cuerpos, pero era imposible. No tenía idea de dónde se paraban los que tocaban el oboe. Quizás estaban planeando tocar eso luego de que ganáramos el título nacional. Sería malditamente genial.
El líder de la banda gritó sobre algunas mierdas y finalmente terminó la práctica. Dejé mi lugar junto a la cerca y busqué a Chica Reed mientras todos los nerds de a banda se dirigían en dirección opuesta para agarrar sus estuches y guardar sus instrumentos. Vi un culo muy caliente y supe a quién le pertenecía, así que me dirigí en esa dirección.
—Oh Dios mío, es Edward Cullen. ¡Hola Edward! —me llamó una chica molesta con voz chillona. La ignoré y mantuve mis ojos en Chica Reed, que debió haber escuchado a la chica gritar sobre mí porque se enderezó y se dio la vuelta; su cara se puso roja cuando sus ojos cayeron en mí. ¿De qué carajo se trataba eso?
Sonreí y me dirigí a ella. Ella se giró y le dijo algo a una chica con lentes que estaba junto a ella, le puso la funda de un instrumento en las manos antes de girarse y sonreírme. La sonrisa no llegó a sus ojos y me pregunté si estaría enojada de nuevo conmigo. Aunque no podía comenzar a suponer por qué.
—Edward, ¿qué estás haciendo aquí? Creí que la práctica había terminado hace una hora.
La jalé hacia mí y ella vino sin oponer resistencia, envolvió sus brazos en mi cintura. La besé primero y antes que nada, porque no había podido hacer eso desde hoy en la mañana. Gimió y se derritió contra mí. Rompí el beso porque podría olvidarme de que estábamos parados entre un chingo de nerds de la banda.
—Tuve que ver al doctor por unas mierdas. —Logré decirlo sin desprecio, lo cual era un gran logro en lo que a mí concernía.
Chica Reed se vio inmediatamente preocupada.
—¿Estás bien? ¿Te lastimaste hoy? ¿Qué te duele? —Pasó sus manos sobre mí, lo cual era jodidamente caliente, pero la detuve con reticencia, tomando sus dos manos en las mías.
—No puedes manosearme aquí, nena, hay demasiada gente mirando.
Vio a su alrededor, notó todos los ojos en nosotros y se sonrojó de nuevo. Era jodidamente linda.
—¿Qué pasa? ¿Por qué fuiste a ver al doctor?
Como si fuera a decirle que podría estar al borde de un ataque de pánico. Justo lo que toda chica quiere, un novio loco.
—Fue un chequeo de rutina, nena. Me declaró perfectamente saludable. —Porque era un jodido imbécil incompetente.
Se veía aliviada, lo cual era realmente agradable. Nunca antes nadie se había preocupado por mí, aparte de mi madre, por supuesto.
—Qué bueno —exhaló.
Besé su nariz y le sonreí.
—Iba a mi carro cuando escuché la música así que decidí venir a ver a mi chica haciendo lo suyo.
Bella pareció palidecer ante mis palabras.
—¿Y me viste?
¿Qué carajo le pasaba? Estaba actuando raro.
—En realidad no. No pude encontrarte entre todos los demás. Necesitas hacer algo para sobresalir.
Chica Reed se rio y, esta vez, su cara se iluminó también.
—Veré qué puedo hacer.
—Qué bueno. —Noté que la multitud que nos rodeaba ya se estaba dispersando, aunque todavía quedaban algunos espectadores, incluyendo la Cuatro Ojos con la que había estado hablando Bella—. ¿Quieres regresar a mi dormitorio y comer algo? —le pregunté con una sonrisa sugestiva. Yo quería comer algo, pero no se trataba de comida. Bueno, no sólo comida. De hecho también estaba jodidamente hambriento.
—No sé… —Chica Reed miró a su amiga y luego a mí—. ¿Me permites un segundo?
—Claro. —Me encogí de hombros. Se acercó a Cuatro Ojos y habló con ella unos minutos mientras yo me quedaba parado ahí pretendiendo no notar que todas las miradas estaban hacia mí. ¿Qué acaso era una novedad tan grande tenerme entre ellos? Aunque nunca me dignaría a estar aquí si no fuera por Chica Reed. Cuatro Ojos intentó regresarle la funda del instrumento a Chica Reed, pero ella negó con la cabeza, su cabello café volaba. La chica se encogió de hombros y se puso su mochila, cargando una funda en cada mano.
Chica Reed se echó al hombro su propia mochila y regresó a mí.
—¿Dónde está tu instrumento? —pregunté.
Se rio y sonó raro, como nervioso o algo así.
—Le pedí a Angela que se lo llevara por mí. Lo recogeré mañana.
—¿Te compraste una funda nueva? —pregunté porque me di cuenta que la funda que le dio a Cuatro Ojos era más pequeña que la que yo le había robado. Chica Reed hizo un sonido ahogado y de repente supe de qué se trataba—. ¿Todavía tienes el oboe que te prestó el idiota de la tienda de música? ¿Por qué? —exigí saber.
—No he tenido oportunidad para regresarlo —murmuró sin verme.
No me gustaba esta mierda en absoluto, así que me detuve y alcé su rostro hacia el mío.
—¿Hay algo que necesite saber? No te gusta ese chico, ¿verdad? —Era jodidamente impensable. Y me hizo sentir enfermo. Quizá debería regresar y hacer que el Doctor Imbécil hiciera sus jodidos exámenes de nuevo. Tenía la sensación de que esta vez no pasaría con buenos resultados. Sentía que no podía respirar.
Las manos de Chica Reed se alzaron para acunar mi cara y me miró a los ojos.
—No, Edward, por supuesto que no me gusta Jacob. —Un poco de la presión que se había estado construyendo en mi pecho se borró con sus palabras y con la mirada en su rostro cuando las dijo—. Las cosas han estado algo locas y todo mi tiempo libre lo he pasado contigo, lo cual es mucho mejor que ir a una estúpida tienda de música, ¿verdad?
Tenía un punto en eso. Aun así me estaba escondiendo algo. Sólo no estaba seguro de qué era.
—¿Estás segura de que no hay nada que yo debería saber?
Agrandó un poco los ojos y sacudió la cabeza. La luz de la calle la iluminó y se vio increíble y jodidamente hermosa.
—Te juro que no pasa nada con Jacob. No pasaría nada incluso si tú no estuvieras aquí, ¿de acuerdo?
En realidad, incluso era una locura el tan sólo contemplarlo. ¿Como si alguien fuera a engañarme con un perdedor como ese? No, simplemente había dejado que todas las locuras que dijo el doctor jodieran mi cabeza y me alteré un poco. Necesitaba controlar esa mierda antes del juego. Era mejor que lo que quiera que estuviera pasando conmigo terminara para entonces.
La estudié por un minuto y me regresó la mirada antes de ponerse de puntillas y besarme con todas sus fuerzas. La acerqué a mí y olvidé todo sobre ataques de pánico, nerds de bandas y flacuchos cabrones de tiendas musicales, y dejé que mi chica apartara todo eso. Mis manos bajaron por su espalda para apretarle el culo y se rio al separarse.
—¿Qué te parece si guardamos eso para cuando lleguemos a tu habitación?
Eso tenía sentido. Tomé su mano con la mía y la llevé a mi auto, le abrí la puerta y la ayudé a entrar antes de dirigirme a mi lado. Luego de entrar y encenderlo, tomé su mano de nuevo en la mía sólo porque ella estaba ahí y necesitaba tocarla.
—¿Has hablado con tu hermano? —preguntó Chica Reed mientras salía del estacionamiento.
Como si a ese cabrón le importara yo ahora que ya estaba con Rubia.
—Ni una palabra. Es más probable que lo hayas visto tú a que lo haya visto yo. —Anoche se había llevado las llaves que yo había dejado, así que tenía de regreso su carro. Eso era todo lo que sabía.
Se rio.
—Sólo he visto una vez a Rose y se veía mucho mejor que el domingo cuando llegamos a casa. Creo que esta noche iban a salir a cenar.
Fruncí el ceño porque me di cuenta que todavía no había llevado a Chica Reed a algún lugar elegante.
—Deberíamos hacer eso.
—¿Hacer qué? —preguntó.
Estacioné en mi lugar en la parte de enfrente del estacionamiento de los dormitorios y apagué el carro.
—Salir a cenar o alguna de esas mierdas —le dije.
Chica Reed se rio con la risa complacida que soltaba cada vez que yo decía algo ridículo.
—Eres tan romántico, Cullen.
Maldición.
—Ya sabes a qué me refiero. Debería llevarte a algún lugar agradable —murmuré. Nunca antes en mi vida había querido hacer esa mierda, pero me gustaba un poco la idea de arreglarme y más me gustaba la idea de Chica Reed en un sexy vestido.
Se rio y me besó.
—Bueno, podemos salir a cenar o a alguna mierda cuando regreses. —Abrió la puerta y salió antes de que yo pudiera ir al otro lado y abrirla para ella. Maldición.
Tomé su mano y la llevé adentro. Se quedó boquiabierta cuando vio la sala común. Un montón de mis compañeros de equipo estaban reunidos viendo la televisión y jugando videojuegos.
—Dios —murmuró.
—¿Qué? —le dediqué un asentimiento a Marcus y evité la mano que Garrett me ofrecía. Todavía no sabía exactamente dónde había estado esa cosa, pero no iba a tocarlo. Llevé a Bella por el pasillo hacia el elevador.
—Esto no es un dormitorio; esto es como la Mansión Playboy.
Me burlé al jalarla dentro del elevador.
—Hay muy pocas chicas aquí para ser la Mansión Playboy. Quizá la Playgirl. —Presioné el botón para el tercer piso y llegamos rápidamente. La guíe por el pasillo y me detuve para abrir mi puerta.
Chica Reed sacudió la cabeza mientras lo veía todo.
—Es como un hotel o algo así.
Me reí y lancé mi mochila sobre la silla del escritorio.
—Supongo que es bastante genial. El año pasado tuve que compartir, lo cual apestaba, pero ahora que soy el mariscal principal tengo mi propio cuarto y mi propia cama. —Sonreí cuando la vi verla.
—¡Es más grande que mi cama! —Se sentó en ella y miró alrededor de la habitación—. Oh Dios mío, ¿tienes tu propio baño?
Me reí cuando corrió para inspeccionarlo.
—Eso es muy injusto. Yo tengo que compartir mi dormitorio con otras tres chicas y el baño lo compartimos entre ocho. Dos cubículos de baño y dos regaderas, ciertamente no hay tinas. —Salió y me fulminó con la mirada. Se veía jodidamente caliente cuando estaba enojada—. Tienes una tina.
Me reí de su indignación.
—Sí, ¿y qué? No la uso ni nada.
Lloriqueó y se sentó de nuevo en la cama, su coleta se agitó con el movimiento.
—Yo sí la usaría.
—¿Puedo verte? —pregunté. Me mostró el dedo y me reí mientras abría el cajón de mi buró para sacar unos menús de entrega a domicilio—. ¿Qué quieres comer? Podemos bajar a la cafetería, pero no tienen mucho a esta hora de la noche.
—Pizza o comida China, supongo. No soy quisquillosa. —Estaba demasiado ocupada revisando mi dormitorio para molestarse por eso—. Parece que nadie vive aquí. ¿Dónde están todas tus cosas?
Me encogí de hombros. Mantenía mis mierdas ordenadas.
—En los cajones y esas mierdas. —Eso hizo que comenzara a ver en mis cajones. Me reí mientras marcaba—. ¿Hay algo que no comas con la pizza? —pregunté.
—Anchoas y pimienta —respondió. Su mano salió de mi buró con mi caja de condones. Rodó los ojos cuando me encogí de hombros. Ordené una pizza suprema sin pimienta o champiñones ya que no me gustaban esos, y me senté para verla esculcar mis mierdas. Debió molestarme, pero, como siempre que se trataba de ella, no lo hizo. Quizá me había lavado el cerebro. O quizá su cuerpo caliente me distraía de todas las otras mierdas.
—¿Estás seguro de que eres un chico de diecinueve años? —exigió saber. Ahora estaba viendo dentro de mi armario.
—Sí. Ahora, ¿por qué no vienes aquí y me dejas demostrártelo?
Chica Reed se rio y acarició mi jersey de Peyton Manning.
—¿Te gustan los Colts? —preguntó.
Me encogí de hombros.
—No soy fan del equipo, pero Peyton me dio eso. —Abrió los ojos como platos y lo sacó, viendo la firma en el ocho, su número.
—¿Conociste a Peyton Manning?
—Sí, fui a su campamento de mariscales un año. No es como si lo necesitara, pero fue genial.
Se rio y regresó el jersey antes de acercarse y, finalmente, unírseme en mi cama. Envolví un brazo a su alrededor.
—¿Así que no aprendiste nada de Peyton Manning?
Besé su cuello.
—Tengo habilidades, nena. —Me picó el costado y me reí—. En realidad no es como si él enseñara mucho. Tiene muchos tipos de entrenadores para mariscales ahí. Aprendí una o dos cosas, pero siempre he sido bueno.
Chica Reed recargó su cabeza en mi hombro.
—Eres afortunado.
Eso fue raro.
—¿A qué te refieres?
—Siempre has sabido lo que quieres hacer y eres lo suficientemente talentoso para hacerlo. Desearía saber lo que yo quiero hacer.
Pensé en ello por un minuto.
—Lo descubrirás. Puedes hacer lo que sea que quieras.
Asintió contra mi hombro.
—A veces ese "lo que sea que quieras" es aterrador.
—Igual que llevar tanto tiempo sabiendo lo que quieres, lo creas o no. —Se enderezó y me miró—. Inicialmente jugar fútbol no era mi idea, sólo era algo. El abuelo jugaba, papá jugaba y Emmett jugaba, así que yo tenía que jugar. Era bueno para ello y aprendí a amarlo, pero hubo ocasiones en que me pregunté si sólo estaba haciendo lo que ellos querían que hiciera.
—Como ser presionado para entrar al negocio familiar —sugirió.
Me reí.
—En cierta manera. Afortunadamente hago lo que quiero y lo he hecho por mucho tiempo. Han pasado años desde la última vez que quise ser algo más.
Chica Reed me sonrió.
—¿Qué más querías ser?
Sonreí.
—Una estrella de rock, aunque me faltan las habilidades musicales. O un astronauta famoso.
Se rio.
—Así que siempre quisiste ser famoso.
Eso era… cierto.
—Algunas personas están destinadas a brillar, Chica Reed. —Eso me hizo ganarme una ligera patada en la espinilla. Me reí y me di la vuelta, posándola sobre la cama—. Sabes que te gusta.
Se burló.
—No sé por qué me gustas.
Le sonreí.
—Sí sabes. —Acentué cada declaración con una embestida de mis caderas, lo cual hizo que rodara los ojos—. Exactamente.
—Cuánto tiempo tenemos antes de que… —Fue interrumpida por el sonido de mi teléfono. Carajo.
—Ya llegó la comida. —Respondí el teléfono y les dije que bajaría enseguida—. Quédate aquí, nena, ahora regreso.
—Bien, llamaré a Alice para decirle que cheque a Rainbow por mí.
—Qué bien. —Eso era bueno. Quizá debería comprar algunas mierdas para gatos y tenerlas aquí para cuando Bella se quedara. Probablemente se sentiría mejor si pudiera tener a la gata aquí con nosotros cuando pasara la noche. Me estaba preguntando eso mientras bajaba por la comida y regresaba a mi dormitorio. Chica Reed estaba sentada en la cama con los platos de papel que encontró en mi área de comida.
—Veo que te pusiste cómoda.
Se le sonrojaron las mejillas ante mi comentario.
—Lo siento. Los vi hace rato cuando estaba… —Se detuvo y bajó la mirada—. Eso fue muy grosero, es que nunca antes había estado en estos dormitorios y está tan limpio y agradable aquí. Debiste haberme sacado de una patada por ser chismosa.
Lo hubiera hecho si hubiera sido alguien más. El que Chica Reed lo hiciera ni siquiera me molestaba. El Doctor Idiota había pasado por alto algo; no había duda de eso. Claramente yo tenía un virus. O un tumor cerebral.
—He tenido a Jasper en mi habitación más veces de las que quiero contar. Créeme que tú eres un respiro de aire fresco.
—Aun así fue grosero.
Dejé la caja en la cama y la abrí, le di una rebanada de pizza y agarré otra para mí.
—Bella, me gustaría que estuvieras cómoda aquí. —Me senté y jugué con la idea de decirle lo que había tenido en la mente—. Puedo conseguir cosas para Rainbow si quieres traerla contigo a veces o así.
Hizo un divertido sonido de jadeo y la miré para encontrarla viéndome.
—¿En serio? ¿Me dejarías traerla?
Me encogí de hombros.
—Ya ha estado aquí y a veces es divertida. —Lanzó sus brazos a mi alrededor y la abracé de regreso—. Pero se irá al baño cuando tengamos sexo. Es una regla.
Chica Reed se rio y me dio un sonoro beso en la mejilla.
—Lo prometo. De todas formas, apuesto a que iría tras de mí.
Sonreí porque eso era probablemente verdad.
—Y pensaste que sería difícil vencer a otras mujeres. Es tu propia gata la que te tiene sus garras dirigidas a ti.
Chica Reed sacudió la cabeza.
—Sólo tú podrías encantar a hembras de otras especies.
Sólo sonreí mientras devoraba mi comida. Nos quedamos callados un rato mientras comíamos. Me sentí orgulloso al ver a mi chica terminar con tres rebanadas de pizza. Ella no usaba esa mierda de "yo no como" como otras chicas. Yo me comí cuatro y dejé la otra en mi mini-nevera para más tarde. O para que Jasper se la comiera después. De alguna forma u otra, todas mis sobras tendían a desaparecer antes de que me las comiera. Realmente necesitaba descubrir cómo carajo entraba tan seguido a mi habitación.
Encendí la televisión y vimos un programa de comedia que ella juraba amar. De hecho sí me hizo reír un par de veces, así que supuse que no estaba tan malo. Era algo genial el descansar con ella en mi habitación. Se acurrucó en mi costado; su mano estaba en mi estómago, trazando ligeros círculos mientras veía la televisión y se reía. Cuando el programa se terminó, se sentó y se mordió el labio.
—¿Qué?
—¿Sería muy raro si me baño? Tú te bañaste luego de la práctica, pero yo me siento sucia por marchar un par de veces.
¿Chica Reed en mi ducha? Duh.
—Depende —respondí. Sería bueno tomar ventaja de esto.
Alzó una ceja.
—¿Depende de qué?
—Si es que puedo unirme a ti o no.
Lo pensó por un momento.
—Pero tú ya te bañaste.
—Contigo no. —Y lo había imaginado una o dos veces, generalmente mientras yo estaba ahí masturbándome y pensando en ella.
—Si te bañas conmigo, tardaré más —señaló.
Tracé su brazo con mi dedo.
—Bueno, yo ya estoy limpio, así que realmente sólo tendríamos que concentrarnos en limpiarte.
Sonrió.
—Por alguna razón no creo que limpiarme vaya a ser tu propósito.
Bueno, no completamente.
—Limpiarte, besarte, tocarte, follarte… todo funciona.
Se rio.
—¿Vas a meter un condón a la ducha con nosotros?
Maldición.
—¿Estás tomando anticonceptivos?
Chica Reed se quedó callada por un momento antes de responder.
—Sí.
—¿Estás segura? Tardaste bastante en responder. —No iba a arriesgarme a embarazarla. Teníamos mucho delante de nosotros para preocuparnos por un jodido bebé.
—Por supuesto que estoy segura de ello, pero no estoy segura de tener sexo sin protección contigo.
Bueno, eso apestaba. Lo entendía, pero no significaba que no jodiera que ella pensara que yo estaba enfermo o alguna mierda.
—Me han hecho múltiples exámenes para múltiples mierdas y no tengo nada. —Me giré de regreso a la televisión—. Disfruta de tu ducha. Todo lo que necesites estará ahí. Puedes usar una de mis camisetas o algo más si quieres.
—Edward —dijo suavemente, poniendo su mano en mi rodilla. No la iba a mirar. No podía. Una vez más, mi jodido pasado asomaba su fea cabeza—. Edward, por favor mírame.
La miré y vi sus grandes ojos cafés llenos de lágrimas.
—Carajo, no llores. Está bien. —¿Ahora qué jodidos debía hacer? ¿Disculparme porque me insultó?
—No pretendía hacerte enojar —dijo en voz baja.
—Sé que no lo pretendías. Estaré bien. Sólo báñate. Estaré aquí cuando termines.
Se paró y me ofreció su mano.
—Ven conmigo.
Aparté la vista de ella de nuevo. Una parte de mí quería ir, muchísimo, pero no iba a hacerlo.
—El ambiente se arruinó, Bella.
—¿Quieres que me vaya a casa? —preguntó suavemente.
Jesús. Las chicas eran jodidamente complicadas.
—No, no quiero que te vayas a casa. —Se veía jodidamente triste cuando me arriesgué a volver a verla—. Todo está bien. Estoy cansado. Adelante, báñate y nos iremos a la cama.
Suspiró y fue a mi armario, agarrando una camiseta gris de fútbol. Mantuve mis ojos en la televisión mientras ella entraba al baño. Se escuchó el agua e intenté no pensar en ella desnuda detrás de la puerta. El hecho de que no confiara en mí evitó que fuera ahí. Le cambié a Pawn Stars en History Channel y me recargué contra la cabecera.
Un crujido proveniente del baño me hizo mirar hacia allí.
—¿Edward? —Chica Reed estaba ahí parada desnuda, iluminada desde atrás en el marco de la puerta. Carajo, ¿estaba intentando matarme?
—¿Qué? —Salió más como un graznido, pero igual salió.
—Necesito que me ayudes con algo.
Carajo. A veces se atoraba la llave y el agua salía ardiendo. Me levanté de la cama e intenté no ver a mi novia desnuda.
—¿Se volvió a atascar el agua caliente? —Gemí cuando mi brazo rozó su pecho al pasar junto a ella. Metí la mano debajo del agua, pero estaba bien—. No, el agua está bien. ¿Qué necesitas?
—A ti —respondió, empujándome contra la pared, presionó su perfecto cuerpo contra mí y me besó con fuerza—. Lo siento. Fue una reacción automática. Nunca antes he tenido sexo sin protección y me alteré un poco.
Era difícil pensar; difícil concentrarse cuando estaba desnuda y viéndome así.
—Yo tampoco, Bella. Sé que he tenido mucha vida pero, maldición… no soy tan estúpido. ¿Sabes cuántas chicas estarían más que dispuestas a embarazarse con tal de atraparme? —Cerré los ojos. No debía verla. Mis manos estaban en su cintura desnuda y por alguna razón no podía apartarlas—. Nunca antes había confiado lo suficiente en una chica para tan siquiera considerarlo.
Me besó de nuevo y, carajo, estaba punzando, el lugar se estaba poniendo caliente y vaporoso.
—No lo pensé de esa manera, Edward. Lamento haberte molestado.
Mantuve los ojos cerrados.
—Está bien. Quizá lo haremos en otra ocasión. Sólo voy a… —Enterró los dedos en mis brazos.
—No. Báñate conmigo. —Abrí los ojos y miré los de ella. Me veían ansiosamente—. Tócame. —Me besó suavemente—. Tómame.
Jesús.
—Chica Reed, no tengo la fuerza para resistirme a ti. Tienes que dejarme salir ahora.
—Te deseo aquí. —Sus manos tiraban de mi camiseta. No la detuve cuando la sacó por mi cabeza y la lanzó a un lado—. Quédate. —Sus dedos estaban en mis jeans y la dejé desabrocharlos.
—No quiero que hagas esto porque te sientes culpable o alguna otra mierda, Bella. Soy un chico grande y puedo aceptar el rechazo. —No es que ninguna jodida vez lo haya hecho hasta que ella llegó a mi vida.
Mis jeans estaban bajando por mis caderas y mis boxers iban junto con ellos. Chica Reed se agachó y los sacó de mis piernas, tirando de ellos junto con mis calcetines.
—No haría eso, Edward. Te deseo, esa ha sido la verdad desde… —dejó de hablar y sonrió con ironía—, hace mucho tiempo. El agua está caliente y yo también. ¿Vas a quedarte conmigo?
Se metió bajo la ducha, el agua le golpeaba el pecho y bajaba por su cuerpo. Estaba mojada y desnuda, y me quería con ella. Caliente no era una descripción ni remotamente buena para mi chica. Jodido o no, no podía resistirme. Me metí dentro del agua detrás de ella y se giró, pasando sus brazos a mi alrededor, sus pechos se presionaron contra el mío. Bajó mi cabeza hacia la suya y me besó profundamente, su lengua se deslizaba dentro de mi boca y se enredaba con la mía.
Bajé mis manos por su espalda, el chorro de la ducha las golpeaba mientras acariciaba su suave piel. Tiró de mi cabello y nos jaló de nuevo hacia el chorro para que nos cayera a los dos. Sus labios eran tan calientes como el agua bajando por nuestros cuerpos. Deslicé mis manos sobre la curva de su culo y gimió en mi boca.
—Edward —murmuró cuando nuestro beso se rompió finalmente—. Tócame.
—Eso hago, nena. —No sabía dónde tocar. No tenía manos suficientes para tocarla en todos los lugares donde quería.
—Aquí. —Agarró mi mano y la movió a su coño. Carajo, era la mujer perfecta. No se andaba con rodeos. Me decía lo que quería y dónde lo quería. Acaricié su clítoris y gritó, echó la cabeza atrás, y el agua hizo que su cabello se viera casi negro.
Besé su cuello mientras rodaba su clítoris entre dos dedos. Tenía que probarla. Lamí su piel y bajé mi cabeza a su pecho, chupando su pezón izquierdo dentro de mi boca. Hacía soniditos sexys, empujándose contra mí. Su mano encontró mi polla y comenzó a frotarla suavemente de arriba abajo. Carajo, eso se sentía bien. Tantas sensaciones con el agua, su hermoso cuerpo, su fantástica mano y los sonidos que hacía. Si no tenía cuidado, iba a correrme sin estar dentro de ella y luego de todas las mierdas de hace rato, realmente quería estar dentro de ella al correrme.
—Bella, joder —gruñí cuando frotó mi polla con la cantidad perfecta de presión. Era maravillosa.
—Mmm, esa sería la meta, Edward.
Sí, esa era. Metí un dedo dentro de ella; estaba tan apretada y caliente y joder. No iba a durar.
—Tengo que tenerte ahora.
—Tómame —me dijo, echando la cabeza atrás en señal de rendición. Jesús. La giré hacia un lado, presionándola contra la pared. Nunca antes había tenido sexo en una ducha y estaba malditamente emocionado por ello. No estaba seguro de cómo iba a hacerlo, pero en mi tiempo vi suficientes escenas en películas porno de sexo en las duchas.
Puse las manos debajo de su culo y agarré sus muslos al levantarla, recargándola contra la pared. Sus ojos se encontraron con los míos y asintió cuando froté mi polla en su entrada. Estaba tan mojada. La alcé más y gimió cuando metí la cabeza de mi polla dentro de ella. Nunca antes había sentido algo mejor. Era un ardor tan bueno. Estaba tan apretada, empujé más dentro de ella.
Sostuve su mirada al llegar a casa, entrando completamente dentro de ella.
—¿Así? —le pregunté con voz tensa. Tenía que recordar que debía sostenerla. No estaba pesada, pero se sentía tan jodidamente maravilloso que tenía miedo de olvidarlo y soltarla.
—Dios, sí. —Me besó y empujó sus caderas contra mí, apretándome con sus muslos. Carajo. Comencé a entrar y salir de ella. El agua golpeaba los costados de nuestros cuerpos mientras nos movíamos juntos. Probablemente el azulejo estaba frío, pero no se quejaba—. Más —murmuró cuando besé su mandíbula, mordiendo su piel.
Embestí más fuerte y más rápido, alzando más sus piernas, sosteniéndolas en los huecos de mis brazos. De alguna manera logró abrir más sus piernas y, santa mierda, me hundí más profundo en ella. Tan jodidamente bueno.
—Bella, maldición —gruñí.
—Sí, Edward, tan cerca —jadeó. Tiró de mi cabello y me moví dentro de ella, golpeando algún lugar que no había tocado antes. Gritó cuando lo hice y de repente se estaba corriendo, estaba tan apretada a mi alrededor que pensé que quizá podría arrancarme la polla, pero al mismo tiempo se sentía maravillosa esa presión en mi polla. Apenas podía moverme. Me aparté un poco, luego volví a dirigirme hacia ella y a envestirla. Estaba gritando mi nombre y corriéndose, y de repente yo también me estaba corriendo. Sostenla, sostenla, me recordé al vaciarme en su interior. Carajo. Tan bueno.
Cuando pude concentrarme de nuevo, bajé los brazos y dejé a Chica Reed en el piso. Me estaba sonriendo y me sentí regresándole la sonrisa.
—Gracias por, ya sabes, confiar en mí —le dije, sintiéndome repentinamente incómodo. Había algo en la forma en que me veía que me hacía querer hacer algo como citar poesía o sonetos o alguna mierda rara. No lo entendía.
—Gracias por confiar en mí tú también. Nunca intentaría atraparte, ¿lo sabes?
Le aparté el cabello mojado de los ojos.
—Lo sé. —Y sí lo sabía. Ella era una chica demasiado genial y una persona demasiado buena para intentar mierdas como esas. La besé suavemente, intentando decirle sin palabras que lo que hicimos significaba mucho para mí. Cuando nos apartamos, estiré la mano en busca de mi jabón y comencé a pasarlo por su cuerpo. Chica Reed se miraba sorprendida y tembló ante mi toque—. Prometí que también te limpiaría. —La enjaboné y la enjuagué, guiándola al agua que comenzaba a enfriarse—. ¿Quieres lavarte el cabello?
—Sólo con un poco de acondicionador para que no se enrede, por favor —pidió. Me eché un poco en la mano y se lo pasé por el cabello. Joder, podía ver que realmente le gustó eso. Estaba haciendo esos soniditos de tarareo mientras pasaba mis dedos entre sus sedosos mechones. La ayudé a enjuagarse y luego cerramos el agua. Agarré una toalla y la sequé antes de secarme a mí mismo y amarrármela en la cintura. Chica Reed se puso mi camiseta y se veía jodidamente caliente, como siempre.
Jugué con la idea de ponerme unos boxers pero, qué carajo, de todas formas íbamos a acostarnos. Tiré la toalla y retiré las cobijas. Chica Reed se acostó a mi lado y la acerqué a mí. Miramos un rato más Pawn Stars y sólo nos relajamos por un rato. Duró un rato con el cabello envuelto en una toalla y luego se levantó para peinárselo. Se veía tan bonita sin maquillaje, con el cabello mojado y vistiendo sólo mi camiseta.
—Eres hermosa —solté sin pensarlo.
Me miró dos veces y luego rompió en una sonrisa deslumbrante.
—¿Con este aspecto? —Asentí en silencio y sonrió aún más—. Gracias. —Regresó a la cama y me dio un abrazo que me hizo sentirme cálido y bueno y esas mierdas. El aleteo había regresado y pensé en llamar al Doctor Bueno Para Nada, pero no quería alarmar a Chica Reed.
—Esta es nuestra última noche juntos por un tiempo, ¿eh? —preguntó. Maldición, tenía razón. Yo no regresaría a casa hasta el domingo por la noche, asumiendo que ganara el sábado en la noche, lo cual significaba que no la vería hasta el lunes. Carajo.
—Sí, supongo. —Eso apestaba. Tal vez… no. Ya había dicho que no—. Es una pena que no puedas ir a Nueva York conmigo —le dije.
Se sentó y me miró sorprendida.
—No creí que me quisieras ahí.
¿La quería? Sí, supongo. Quiero decir, no quería no verla por seis jodidos días, eso sí lo sabía. Sólo estaba sorprendido cuando mi mamá la invitó porque en ese momento tenía menos de un día siendo mi novia. Joder, todavía tenía poco siendo mi novia.
—No es que no te quiera ahí, sólo me sorprendió que mamá te lo pidiera. Fue un poco rápido, ¿sabes? —Asintió—. Uh, entonces, ¿mentiste cuando dijiste que no podías ir?
Sonrió.
—No, de verdad tengo un examen esta semana.
—Bien. De acuerdo entonces. —Ignoré el retorcijón en mi estómago ante el hecho de que ella no estaría ahí—. ¿Pero me verás?
—Por supuesto que sí. No todos los días mi novio gana el Heisman.
Le sonreí.
—Estoy malditamente feliz de escuchar eso.
Se rio.
—Bueno, no quería decírtelo, pero soy toda una loca de los Heisman. Empiezo a salir con el favorito justo antes de los premios y luego lo dejo.
Le hice cosquillas en el costado, se rio y se revolvió.
—Por algo te reconocí.
Estaba sin aliento cuando dejé de hacerle cosquillas.
—Es por eso que no puedo ir; no quiero alertar al siguiente ganador.
Le sonreí.
—El siguiente ganador seré yo.
Se rio.
—Siempre lo dices.
—Sí. Supongo que tendrás que quedarte conmigo durante la siguiente ceremonia del Heisman entonces. —Espera. ¿Qué acababa de decir? Se quedó boquiabierta y me miró por un rato. No tenía idea de por qué demonios había dicho eso. ¿Un año a partir de ahora? ¿Quería salir con ella por todo un año? ¿De dónde demonios había salido eso?
—Quizá lo haga —murmuró cuando finalmente encontró su voz.
No tenía nada que decir así que sólo le dediqué una tensa sonrisa.
—¿Lista para ir a dormir?
Sus ojos ardían en los míos como si intentara ver qué pasaba en mi cerebro. Le deseaba una jodida buena suerte. Yo no tenía ni una maldita idea de qué estaba pasando ahí. Si ella pudiera descubrirlo, quizá podría iluminar mi estúpido culo.
—De acuerdo —aceptó.
Apagué la luz y luego la televisión. Se recostó en mi hombro y le besé el tope de la cabeza.
—Buenas noches, Bella.
—Buenas noches, Edward. —Me quedé acostado, abrazándola, por un largo tiempo, mi estómago estaba revuelto. Nada malo en mí, mi culo. Iba a hablar con papá cuando llegara a Nueva York. Él podría decirme qué pasaba conmigo y lo arreglaría antes del juego. Tenía que hacerlo.
Bueno, este capítulo es bastante revelador, ¿no les parece? Edward está en negación y al parecer hay algo que Bella no le quiere decir a Edward, ¿o por qué habrá actuado tan raro cuando llegó Edward? Vamos, chicas, quiero leer sus teorías.
A mis niñas del grupo de face, yo sé que las torturé con los adelantos jaja pero ya pueden respirar tranquilas, no pasó nada, al menos nada grave. Si alguien se quiere unir y ser torturada por mí – con adelantos exclusivos y divertidos retos – entonces búsquenos en Facebook como "Traducciones: FungysCullen13".
En una breve nota informativa, las actus ahora se cambian para los viernes.
Espero que les haya gustado, ¡gracias por sus comentarios, alertas y favoritos!
Nos leemos el siguiente viernes ;)
