Hola a todos/as =)
Actualicé el día de ayer (creo) y este capítulo se terminó hoy.
Desde aquí las cosas comienzan a complicarse un poco, cualquier cosa que no entiendan no duden en preguntarme.
Para ustedes.
Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
"Y antes de que alguien lo piense, sucede lo inimaginable logrando quebrantar la lógica de las cosas"
No había forma, tiempo o lugar en no que se mirara perfecta y elegante a Quinn Fabray.
El cristal le devolvía el reflejo de su rostro, único y hermoso como ningún otro. Solo que a la perfección le faltaba su característico toque de alegría. Por ahora lucia triste, pensativa, como si estuviera perdida en su mundo y necesitara ayuda para poder salir de ahí.
Movía sus manos con continuidad y sus entrecejo se fruncía en ocasiones, ocasiones que mordía sus labios sin fuerza y hacia muecas extrañas con su boca pero, que nunca, dejaban de tener esa pisca adorable. De su largo y sedoso cabello se desacomodaban unos mechones rebeldes obstruyéndole la vista.
-Feliz navidad Quinn
No hiso un intento en voltear, porque conocía exactitud a la portadora de la dulce voz. Sus ojos apagados se cruzaron con los angustiados y curiosos de Rachel a través del cristal.
-Feliz navidad Rachel.
Ni una silaba más, ni una menos. Las palabras no eran cálidas, si no todo lo contrario. Sonaban secas, carentes de calor, de esperanza.
-¿Por qué estás aquí arriba?
-¿Por qué estar abajo?
-Touche.
No era un misterio que su relación desde su última conversación no continuaba del todo bien. Los abrazos fueron sustituidos por miradas un tanto extrañas, los besos por susurros que decían cuando se cruzaban frente a frente. Las palabras habían desaparecido y no parecían querer volver.
Rachel avanzó unos pasos hasta quedar a un lado de Quinn, que se mantenía de pie mirando a través del cristal, como los suaves copos de nieve caían por la fuerza de atracción danzando una baile interminable hasta que lograban unirse a sus semejantes cuando podían caer al pasto.
No se necesitaba suficiente cerebro para saber que la rubia no la quería cerca de ella, no por ahora y eso se lo había demostrado Quinn a Rachel en seguidas ocasiones.
-¿Se te ofrece algo?
La morena percibió la indiferencia de Quinn como una oleada de calor que intentaba sofocarla hasta acabar por completo con ella, aun así, enfrentando todo su terror y sin dirigirle la mirada, ella también se perdió en las imágenes que el pasado le mostraba al cruzar su febril mirar con la nieve al caer.
-Tenía miedo.
La reacción de la rubia no fue inmediata, incluso tardo más de lo que la morena hubiese querido, pero al final de cuentas reanimó su cuerpo haciendo que Quinn se mostrara confusa a su confesión.
-¿Qué?
-Yo tenía...-repuso aclarando su voz-, tengo miedo.
-¿A qué te refieres Rachel? No te comprendo.
-Hace días me preguntase que si que éramos- pausó tomando aire intentando enfrentar a su realidad- Tenía miedo de aceptar que teníamos algo serio. Nunca dependí de las personas y tú lo sabías, y viviste con ello. Hacía las cosas yo misma, la mayoría del tiempo lo hice sola y te dejaba ayudarme porque me gustaba compartir tiempo contigo.
-Debiste haberme dicho si dudabas algo entre nosotr…
-No dudo nada. Te quiero más que a nada Quinn.
El rostro de la porrista era más confuso que el poema de "el mundo" el cual recitaba que; el mundo era una imaginación, un sueño en la mente de Dios. Por eso era tan perfecto y tan confuso. Un enigma al igual que la mente de Quinn.
Rachel tenía una forma peculiar de expresarse y también de confundir a las personas. Los bruscos cambios de tema que se entrelazaban unos con otros, no tenían una línea de coherencia, pero para la morena varias cosas se relacionaban.
Por ahora la cherrio no sabía si Rachel le decía que la quería y tenía miedo a comprometerse, o terror a perderla. O solo hablaba consigo misma enfrentando a sus enigmas mentales o temores internos. Rachel la quería, no dudaba nada entre ellas dos, y aun así no podía con el compromiso.
-Rachel, tienes derecho a dudar.-habló al cabo de unos segundos- No tienes ni 16 años y siento que me aprovecho te ti.
-Quinn-sonrió la morena al saber que Quinn se sentía culpable por la edad entre ellas. Colocó su frente contra la ventana y observó por primera vez el rostro de la rubia. Su desorientado y apenado mirar- , dos años no hacen la diferencia y se claramente lo que siento, y lo que siento es algo muy grande e inmenso por ti, tan lindo y hermoso que siento que moriré si no te tengo a tu lado.
-O sea que me quieres cerca y lejos. No logro captar lo que tratas de decirme.
Rachel apagó la sonrisa de sus labios para suspirar lentamente por varios segundos, llenando de vapor el cristal.
-Tengo miedo a comprometerme, porque me da pavor el solo pensar que en algún día podría llegar a perderte. Tengo una mala racha Quinn y llámame ingenua o estúpida pero lo sigo afirmando después de tanto tiempo. Cuando tenía nueve años tuve mi primer novio, de los chicos con los cuales tomabas la mano y te sentías comprometida. Un día cuando me dijo que le gustaba salí corriendo de ahí. Ocurrió la misma historia con otro a las 13 y a los catorce fingí un desmayo. ¿Entiendes?
-Entiendo que intentas presumirme a tus conquistas de la infancia.
Rachel ignoró el comentario y se concentró en su propio reflejo. Se veía mejor, no tan pálida ni flacucha como Kurt decía, su aspecto había mejorado mucho, pero su mente y forma de pensar eran los mismos.
-Es sencillo demostrar lo que siento cuando no hay ninguna etiqueta de por medio. –Aclaró-Siento las cosas, las hago por idealismo, me muestro tan natural con las personas que me agradan, pero al momento que suelen necesitar de algo más…
-Te bloqueas.- añadió la rubia comprendiendo un poco de lo que decía Rachel
-Exacto.
La judía asintió dándole la razón a Quinn, no solo porque concibió un poco de su extravagante personalidad, si no porque era difícil decir lo que había arrojado con bastante tacto.
Desde pequeña supo que no era igual a las otras niñas, que ella llamaba al amor libre y sin reglas, que solo quería porque su corazón lo sentía y no podía nombrar al sentimiento tan inmenso que la comía por dentro lentamente, consumiéndola a cenizas grises y sin calor. Cuando sus padres fallecieron la situación empeoró, durante mucho tiempo pensó que ella tenía la culpa de su muerte.
Esa mañana inició con ellos una pequeña pero intensa riña, les gritó que no quería volver a verlos los jamás y su deseo se cumplió al final del día.
-Así soy Quinn y no hay nada que pueda hacer para cambiarlo. Lo intenté muchas veces, traté de hablarte, te busqué pero al final siempre acabé acobardándome.- el silencio era cómplice de Quinn, no de Rachel. La morena se impacientó a los pocos segundos donde la rubia se mantenía lejana a ella, al mundo real, a su persona.- ¿Dirás algo?
-Solo quiero alguien que me ame.
-Mucha gente te ama Quinn.
-Necesito que tú me ames, nadie más, ¿lo entiendes?
Ahora era la rubia quien le daba a comprender algo a Rachel, algo que siempre hiso y nunca le pasó por la mente aclamarlo en altavoz. La morena sonrió y le entregó toda su felicidad y amor en una sola vigorosa mirada, que en segundos fortaleció el alma de Quinn.
-Lo hago.
-¿Qué sientes cuando me besas?-preguntó acercándose al pequeño cuerpo de la judía.
-No podría describirlo con palabras. Es hermoso y delicado, tan sublime y sensual.
-¿Qué sientes cuando te miro?- continuó esa conexión de miradas que ni siquiera podría destruirla el más ruin de los recuerdos, ni el más trágico de todos los accidentes, tampoco la peor noticia. Era una unión entre dos almas que gritaban ser liberadas de tanta tención, de tanta opresión para poder hablar por sí mismas como solo ellas podían hacerlo.
-Me podría perder en tu mirada por el resto de mi vida y ahí seguiría siendo feliz.
-¿Qué sientes cuando toco tu piel?
El acercamiento tocó un punto crítico aun sabiendo que si se cruzaba la delicada línea de la inestabilidad sería destruida para ser abolida con su orgullo y memorias involuntarias. Quinn acercó su mano al sueva rostro de Rachel, al contactó la morena se estremeció, sintió como un escalofrío recorrió desde la punta de sus pies hasta el último cabello de su cabeza, sintió la energía y pasión corriéndole aceleradamente por todas las venas de su cuerpo aglomerándose en su corazón y en ciertas partes que le causaban placer con solo ser tocadas.
No sabía si era por reacción propia de sus hormonas o por la sensual, gratificadora, y ronca voz de la rubia.
-Escalof…. escalofríos.-tembló- Miles y miles de escalofríos recorriéndome por completo haciéndome sentir la persona más afortunada del planeta por tenerte a ti.
-¿Me quieres?
-Te amo.
El mundo colapsó, explotó durante un momento para dejar salir todo lo que tenía dentro. Un mundo interno, un lugar que ya no soportaba quedarse atrapado entre las redes donde lo mantenía la morena.
La cercanía era peligrosa, en segundos la rubia estaba a centímetros de su rostro, con los ojos cerrados con fuerza, con sus labios a milímetros con los de Rachel, deseando dar ese paso tan enrome y tan pequeño al mismo tiempo, sin embargo su orgullo se lo impedía. Rachel observó como Quinn abría sus labios que temblaban continuamente hasta que el tenue silbido que producían se convirtió en una no tan clara voz.
-No te esperaré por siempre Rachel.
Sollozó antes de alejarse de ahí con lentitud y completamente destrozada. Había un dolor indescriptible en todo su ser. Embozando una sonrisa triste acercó besó su mano derecha dejando un tinte rosado de su labial. Acercó su brazo al rostro de Rachel y con la mirada más torturadora que pudo ver en su vida, Quinn depositó su mano en los labios de la morena.
El sabor de las lágrimas y del dolor, de la pena, el sabor de la alegría y de la felicidad quedó permanente con ella durante segundos, después desapareció.
Así que eso era un beso de papel.
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-Feliz navidad.
Charlie se veía jovial, tan lleno de vida que Rachel no pudo evitar sonreír.
Después de que Quinn la dejara sola en la azotea con el alma en sus manos y sus emociones al borde la locura, logro tranquilizarse durante unos segundos, para perder la razón momentáneamente. Todo su ser estaba ciclado.
Por una fuerza magnética se propuso mover su cuerpo escaleras abajo para probar un poco de bocado. Sorpresa se llevó cuando puso pie en la cocina. Todo se veía fantástico.
Los chicos se las arreglaron para cortar un árbol de fresno fresco y adornarlo dentro de la casa, ahbía adornos por doquier, la comida caliente se aglomeraba en la mesa con postres, chocolate caliente, café, un gran pavo asado donde todos cortaban pedazos de el comiendo alegremente bromeando una y otra vez alrededor de la chimenea.
Lo que más le impresionó, fue que ese 25 de Diciembre a las 7 de la tarde, Charlie apareciera con un saco enorme de "regalos", fue divertido ver a Puck completamente embobado con su nueva arma, a Finn una ballesta y a Sam una guitarra totalmente nueva. No era un arma pero era algo que les daría motivación. A las chicas les llamó la atención que les diera un paquete con unos pequeños audífonos y micrófonos que cabían en las palmas de sus manos. Charlie les explicó que eran equipos de espionaje, que se podían intercambiar o una gran red de comunicación entre ellas.
Beth fue la más feliz de todos, la razón era que cajas con juguetes completamente nuevos, muñecas y una enorme casita de muñecas la esperaba debajo del árbol. Puck no dudó en jugar con su hija siendo la querida nana Noah.
-¿Te crees Santa Claus?
-No, pero pensé que les serviría de algo. Mira lo alegres que están.
Rachel pensó lo mismo. Todos ahora se unían al glorioso juego de té de la preciosa vajilla de Beth, mientras Sam tocaba algunas notas con su nueva guitarra.
-Lo sé.
-También hay algo para ti, está en el sótano-tomó la mano de Rachel que procedía a dar media vuelta e huir de ahí, sin embargo su tío se lo impidió-, analízalo mañana, hoy ve a festejar con ellos.
Quería ir con ellos, quería festejar, tenía la esperanza de volver a ser como ellos, de ser una adolecente común y corriente como Quinn o Puck, deseaba bromear de todo lo que pasaba, de comer como si nunca lo hubiera hecho, de amar y jugar con su adorada Beth, tomar la mano de Quinn o cantar algo como siempre lo había hecho cuando se lo pedían, pero hoy no era un buen día.
-No tengo mucho ánimo.
Se deshiso del agarre bajo la atenta mirada de Charlie y de una rubia que no muy dejos la miraba partía hacia el cuarto de sus padres. Más bien dos rubias.
El laboratorio se sentía como su nuevo hogar, su precipitado interés creado a partir de un problema al que nadie le veía solución continua. Charlie los había mantenido informado a todos que los ataques extraterrestres no había disminuido, si no todo lo contrario. Casi a diario se comunicaba por radio satelital con sus compañeros en New York, Paris, Tokio, México, Argentina, Cuba, Perú, Canadá, Roma, India, Egipto, España, Londres. En todos los lugares del mundo ocurría lo mismo y las cosas no parecían mejorar, si no todo lo contrario, empeoraban a cada segundo que pasaba y nadie ofrecía una solución efectiva.
Observó el extraterrestre.
Las pruebas con el alíen tampoco eran propias de la situación, las pruebas no eran suficientes, la información que recibía era poca, casi la misma que ya tenía antes y eso le era obsoleta, los apuntes no avanzaban, tampoco los problemas ni las soluciones.
Los exámenes de toxicidad habían fallado dando números improbables de tóxicos en la sangre, para la máquina, el extraterrestre estaba contaminado bajo una mezcla de mercurio con amoniaco. Era imposible que vivieran en esas condiciones. Tenían un sistema era respiratorio, pero no contaban con ningún órgano más, otra cosa improbable de vida. Por último, en el cerebro del individuo no había una sola neurona.
Todo estaba complicándosele a Rachel. Creía que lo sabía todo, pero la vida es tan miserable que cuando tienes las respuestas correctas, la vida te cambia las preguntas.
Todo estaba yéndose al demonio.
Al final del laboratorio, justamente su escritorio, una caja mediana la esperaba con un moño rojo y una tarjeta navideña adornando el obsequio.
"Sé que lograras encontrar más respuestas que yo"
Rachel frunció el seño y sin mucho detenimiento arrancó el moño y la tarjeta. Era la letra de su tío, eso podía jurarlo sin dudas.
Analízalo mañana.
Al abrir la caja, una carpeta era lo único que parecía haber en su interior. Tomó el folder con cientos de papeles dentro de él.
Abducidos
El título llamó su atención como las abejas al polen de las flores. Se sentó en su silla y se dedicó a hojear con cuidado cada expediente de cada una de las personas que estaba ahí.
Su entrecejo se fruncía cada vez más, y cuando ya no pudo fruncir el entrecejo tomó su pluma y rayó miles de trazos sin sentidos en una hoja en blanco. Cuando la tinta se agotó, el lápiz que estaba en su derecha fue mordido con éxtasis hasta que la pintura amarilla se tornó café, el color de la madera.
No podía creerlo. Todo estaba perfectamente organizado en diferentes grupos.
Grupo uno. Personas que vieron incidentes extraterrestres
Grupo dos. Personas que tuvieron contacto con extraterrestres.
Grupo tres. Personas abducidas por extraterrestres.
No dudó ni dos segundos en dirigirse al tercero de los grupos. Con entusiasmo reviso a cada persona de los expedientes, analizándolos completamente de una manera calculadora y entusiasta que ella misma se llevó una sorpresa al encontrarse tan encimada en su propio mundo.
Tomó su plumón y se dirigió al pizarrón con los expedientes en sus manos. Pero antes de que pudiera escribir algo, la carpeta cayó de lleno en el suelo y los papeles se esparcieron por todo el lugar.
Maldijo su mala suerte y comenzó a tomar cada expediente rogando al cielo que cada uno de ellos tuviera una identificación de los tres grupos, porque si no estaría perdida. Si la tenían, en un extremo inferior derecho, con letra pequeña y negrita.
Antes de organizar todos sus documentos, aun en el suelo, una hoja se había colado debajo de su escritorio, con mucho esfuerzo gateó hasta el lugar indicado y estiró su mano para atrapar el papel. Cuando lo hiso y lo tuvo entre sus manos, lo dejo caer inmediatamente al ver la fotografía de una chica alegre, una pequeña de ojos azules tan simpáticos y profundos que le hicieron tentar su muerte al momento que fue consciente de la persona de la fotografía.
Con la boca entreabierta y sus ojos acuosos, con el corazón en su mano y sus emociones a flor de piel comprendió que nada tenía sentido. De su boca no salía sonido alguno, solo gemidos se impresión y terror. Sus manos temblaron al momento de ponerlas sobre el congelado piso y dejó que su fuerza de voluntad la dominara.
Solo se limitó a releer cientos de veces la esquina inferior de la hoja, deseando que lo que estaba escrito solo fuera un error, fuera un mal sueño del cual despertaría en cualquier momento.
No lo era.
Lima, Ohio
Brittany Susan Pierce.
Grupo Tres; Abducida.
*Abducción: La mayoría de las personas asocia el término al hipotético secuestro de integrantes de nuestra especie por parte de seres extraterrestres. Por lo general, quienes aseguran que han sido capturados en estas condiciones afirman haber sido sometidos a experimentos de diversa índole en el interior de habitáculos o naves espaciales.
Esta atípica situación, genera un episodio de pérdida de conciencia o amnesia, ya que los involucrados manifiestan que el contacto con las criaturas se prolongó durante un periodo extenso, aunque no logran recordar demasiado ni brindar precisiones al respecto.
