Loki abrió los ojos bruscamente, acometido por un viejo sueño de su época aventurera pasada en Jotunheimm. Con páramos helados, gigantes de hielo... azules atenazando sus muñecas y su rostro...
Pero no, simplemente se encontraba en Midgard. Sufriendo un castigo que creía injusto. Con la luz del sol recorriendo poco a poco la habitación, en una cama que olía a perfume de mujer... ¿Perfume de mujer?
Quedó abrumado por unos segundos al no recordar que pintaba en esa cama. Hasta que, al girar el rostro, se encontró con los revueltos cabellos de Sarah junto a él, la cual estaba desnuda.
Desnuda.
Y al parecer, él también.
De pronto, recordó todos los sucesos de golpe. La charla con Jemma, el rapto de Sarah, el momento en que ella se abalanzó a sus labios, ebria de alcohol y emociones, el instante en que él se dejó llevar por sus necesidades físicas y accedió a seguirle el juego.

Recordaba que, a duras penas, habían acabado en la habitación de ella, desnudándose con mutuo frenesí, devorándose los rincones más ocultos de su cuerpo. Sarah había demostrado que en la cama era genial, Loki estaba sorprendido gratamente de que una mortal fuese así de experimentada. Quizá incluso más que Amora, la hechicera que había seducido a tantos hombres en Asgard. Había succionado todos los rincones de su piel, gozando cada vez que él la tocaba. Y así habían entrado en una espiral nocturna de sexo desenfrenado.
Pero era otro día, y Loki no era de esos hombres que se quedaba al día siguiente en la cama de una mujer. Y más una mortal.
Sigilosamente se incorporó de la cama, recogió sus ropas y salió silenciosamente de la habitación. Afortunadamente, ella no se dio cuenta.
La estancia se encontraba totalmente llena de los restos de la fiesta de la noche anterior. El olor a bebidas alcoholicas seguía flotando en el ambiente. Loki no recordaba que había pasado con los otros asistentes a la fiesta, sobre todo con Jemma. ¿Se habría ido antes de tiempo?¿Habría bebido? El solo pensar en que la chica hubiese cometido alguna locura impropia de ella lo hacía sentirse eufórico.
Unos brazos rodearon su cintura, salidos de la nada. Giró despacio la cabeza y se encontró con la mirada de Sarah. La chica era más lista de lo que el creía, pensaba que la había dado esquinazo. Gran error.

- ¿Pensabas irte sin despedirte, dios del sexo? - susurró la muchacha, aun soñolienta. Loki quitó su mirada de ella, deshaciéndose de sus brazos, y terminando de vestirse.

- Tengo cosas que hacer - se limitó a contestar. Y era cierto, tenía deberes pendientes. Sarah hizo un mohín enfurruñado y se puso frente a él, sonriente.

- Nos veremos en la facultad, ¿no? Digo... podremos estar juntos y... enrollarnos alguna que otra vez.

Un gran error de los midgardianos , a su parecer. Acostarse y besarse más veces con la misma persona con la que se acostaron.

- Te llamaré - mintió Loki, saliendo de la casa de ella. Había aprendido esa coletilla de sus compañeros de piso, y le había sido grato útil en esa ocasión. Debería aprenderla más veces.
No por algo le llamaban "Dios de las Mentiras".


Darcy se encontraba atareada en el trabajo de Astrofísica cuando Jemma irrumpió en su habitación despeinada, en pantalones de pijama y sudadera ancha y con un gesto de resaca importante. La evaluó con la mirada mientras la otra se sentaba en su cama.

- ¿No deberías de estar trabajando en vez de quejarte por la resaca? Y suena raro viniendo de mis labios - repuso Darcy distraídamente mientras volvía a su trabajo.

- Darcy, sigo sin saber el motivo por el cual me puse así. Tú sabes que me suelo poner contenta, pero... ¡anoche me pasé! Y no entiendo el motivo...

- Celos.

Jemma miró sin entender a su amiga.

- ¿Qué?

- Celos - contestó simplemente Darcy, sin desviar la vista de los archivos en los que trabajaba. - Tú anoche tuviste celos de Sarah y Loki al verlos enrollarse, te pusiste como una histérica y bebiste como una cosaca para olvidar. Ahí tienes mi teoría.

- Te suplico que dejes de decir estupideces - Jemma se tiró en la cama de su amiga, tapándose los ojos. - ¿Cómo podría estar celosa de ellos dos? ¡A mi me fastidia que Sarah se líe con un tipo al que llaman "Dios de las Mentiras" por razones más que obvias, que detesta a toda la raza midgardiana y que jamás se acostaría con una mortal.

- ¿En Asgard no empleáis el dicho de "los que se pelean, se desean"? Porque ese se te puede aplicar perfectamente en estos momentos - apuntó Darcy, mientras se quitaba las gafas.

- No- me- gusta- Loki - masculló Jemma, incorporándose de un sobresalto y mirando a su amiga con resentimiento. - Nunca me gustó, es más, le odio con toda mi alma, y si le odiaba allí en Asgard, le sigo odiando aquí en la tierra.

Darcy soltó un silbidito y volvió hacia su tarea. Y Jemma comprendió que no la creía.

- ¿No me crees? Se suponía que las amigas estaban para apoyarse y creerse las unas a las otras.

- Es que no te puedo creer, porque tu comportamiento de anoche me dice muchas cosas distintas, cariño - acusó la morena, mirándola con escepticismo. Y eso solo sirvió para que la castaña, harta de que no la creyera, saliese de la habitación hecha una furia y se encerrase en la suya de un portazo, sentándose sobre la cama con una ira recorriéndole las entrañas.
Y también con una pregunta dentro de ella.
¿Existía la pequeña posibilidad de albergar un sentimiento de amor hacia el príncipe?


Horas después, Darcy se pasó por la habitación de Jemma. No la había escuchado ni visto desde que se marchó como un huracán, y no quería que sus comentarios la influyeran de manera negativa. Quería sacarla de la habitación, que tomara el aire y que pudieran hablar con más calma del tema. Pero cuando iba a tocar la puerta, esta se abrió y Jemma salió de ella, duchada, con el pelo revuelto y con ropas anchas. Las dos se sobresaltaron un poco, pero al momento recuperaron la compostura.

- ¿Pensabas salir a algún lado? - preguntó Darcy, confusa ante las pintas de ella. Para su alivio, la vio sonreír con amabilidad.

- No sin ti. O sin Fitz - contestó. - Quería quitarme la fiesta y la resaca de encima. Intentarlo al menos.

- He pedido comida china. He sacado la consola. ¿Queres una noche de adrenalina? - Darcy alzó el teléfono y el mando de la consola, cada uno en una mano distinta. Jemma sacudió la cabeza,satisfecha.

- Sabes como animarme una noche de sábado, ¿no? Sobre todo antes de que me ponga a estudiar.

Darcy se echó a reír y ambas se fundieron en un abrazo. Nadie comprendía a la princesita mejor que la friki del facebook. Y viceversa. Por eso podían complementarse tan bien.
Las dos fueron al salon, enchufaron la consola y saltaron sobre el sofá para coger los mejores puestos y empezar una maratón de Battlefield 4 impresionante. Jemma no entendía como podían existir juegos tan violentos, pero en cuanto descubrió que eran algo mejor que el yoga o la meditación, empezó a guardarlos como terapia de ira controlada.

- Vamos a disparar hasta que no quede nadie - graznó Darcy.

- Oh, eso suena bien - aulló Jemma.

Era el mejor remedio de esperar a que llegase la comida del chino. Enseguida se pusieron a chillar como locas, a reírse con cada muerte absurda que llegaba, hasta que el sonido del timbre las apartó por un instante del juego.

- ¡No vale seguir! - gritó Jemma entre risas, saltando del sofá para dirigirse a abrir. Tironeó la puerta, y la sorpresa que la recibía en el umbral la descolocó por completo. Del todo.

- ¿Qué haces tú aquí?


Anda que no aprende rápido nuestro Dios del Engaño. Se toma las referencias de sus compis para jugar con las mujeres. Aunque bueno, estamos hablando de Loki, así que... No nos sorprendamos.

Y el comportamiento de Jemma puede parecer raro y sobre todo fuera de lugar, pero bueno, viniendo de Asgard y poco acostumbrada a beber y a estas situaciones del amor, yo lo veo más o menos normal. Pero seguro que jamás podréis imaginaros a un asgardiano jugando al Battlefield. Yo tampoco, pero para eso tenemos a Darcy, es una viciada y ha arrastrado a Jemma a sus mundos, así de este modo la chica es un poco más midgardiana.

¡Hasta el siguiente jueves!