Notas de la autora:
Otro capítulo corto, mientras lucho con mi bloqueo de escritora. Éste pasa rápido por los eventos del verano y de vuelta a Hogwarts. JKR usó casi 200 páginas para hacer que Harry regresara al Expreso de Hogwarts, yo lo muevo considerablemente más velozmente. Menos Dursley, más Draco.
¡Gracias por los reviews! ¡En especial, gracias por los ánimos de Lupinesence, Lumcer y passionate4pens94!
Notas de traductor:
¡Uff! Sí, sigo vivo después de mis primeras semanas en la fac… Pero se pondrá sangriento. ¡Imaginen! Ya es la segunda mitad de la carrera, y no es lo más sencillo del mundo.
Pero bueno, les traigo el siguiente capítulo… Atención, esto irá mucho más rápido, espero no lo sientan apresurado.
Gracias a Nozomi Black, Alexiel Viely, kawaiigiirl, Princes-Slash, hondakana, Violet Stwy, jessyriddle, xonyaa11, FanFiker, Sthefynice, Lunatica Dark, Janeth Malfoy Black y Maeliza Malfoy por comentar en los capítulos anteriores.
Respondiendo a la pregunta de xonyaa11, y cuya respuesta les interesa… Sí, la historia está terminada. Solo una vez comencé a traducir una historia incompleta (The Wand Game) pero no lo he vuelto a hacer…
Ya, continuemos…
La resolución de Harry de no preocuparse por Voldemort duró alrededor de una semana después de que saliera de Hogwarts. Comenzó con la frustración por la falta de noticias acerca del regreso de Voldemort en El Profeta. ¿Acaso a nadie le importaba que había regresado? ¿Qué medidas se estaban tomando para evitar que reuniera a todos sus mortífagos? Cuando le escribió a Sirius todas sus frustraciones, solo recibió explicaciones vagas. Las cartas de Ron y Hermione estaban llenas de historias vanas y no llevaban noticias. De seguro algo tenía que estar pasando, ¿cierto?
Harry sabía que, en un grado, su frustración venia del hecho de que no tenía idea de lo que estaba sucediendo con Draco. ¿Estaba bien? ¿Su padre había tratado de usar la maldición imperius con él? ¿Voldemort estaba en la mansión Malfoy? Esas eran preguntas que no podía preguntarle a nadie y que lo llenaban de un dolor intenso y preocupante, que crecía día con día.
Por la noche, Harry sacaba el paquete que Draco le había dejado en los vestidores. Nueve sobres delgados estaban dentro. Draco los había fechado por cada semana que estarían separados. Con manos temblorosas, Harry había abierto el primero el tres de julio. Con cuidado, removió el papel y miró el dibujo a carboncillo de él y Cedric, estudiando en los vestidores. Draco había capturado a Harry con su cabeza hacia Cedric. Cedric, sonriendo cálidamente, también estaba mirándolo. Sus libros estaban repartidos enfrente de ellos, sobre el escritorio.
Las lágrimas quemaban los ojos de Harry mientras repasaba las delicadas líneas del rostro de Cedric. Draco había capturado la personalidad del chico, abierto y honesto, preocupado, amando la vida. Era tan injusto que hubiera muerto tan joven. Draco había sido capaz de capturar a ambos chicos con solo unos trazos. Harry se quedó quieto por un largo tiempo mientras miraba el dibujo. Cuando fue a tirar el envoltorio, se dio cuenta que había una nota adentro.
Sé que probablemente estás pensando nuevamente todo lo que sucedió. Preguntándote qué habrías podido haber hecho de manera diferente. No lo hagas. Quiero que sepas que te extraño. D
Harry se había sentido tentado, al principio, a abrir el resto de los sobres de una vez, pero lo resistió. El sobre de cada semana era una forma de marcar el tiempo, hasta que pudiera ver a Draco de nuevo. En su cumpleaños, guardó el regalo de Draco hasta el final del día. Escuchó y esperó a que la tía Petunia y el tío Vernon se fueran a la cama. Esperó a que Dudley terminara con su rutina nocturna hasta que, finalmente, hubo silencio en la casa. Con manos temblorosas, abrió el sobre y sacó una pieza de papel para dibujar en blanco. Confundido, le dio la vuelta. El otro lado también estaba en blanco. Harry maldijo, frustrado, hasta que vio la nota en el sobre.
Usa tu varita. Feliz cumpleaños.
Harry sacó su varita. Draco sabía que no podía usar magia en el verano, así que Harry tocó el papel con la varita, vacilante. Harry sonrió cuando el dibujo de Draco y Harry se reveló lentamente. Estaban bailando, con los brazos alrededor del otro, mirándose a los ojos, perdidos en su propio mundo. Con las piernas entrecruzadas, como si se movieran al ritmo de la música. Draco había dibujado laoficina entera, el escritorio con el tocadiscos, las cubiertas de los álbumes regados sobre el mueble. Harry levantó la varita y la imagen desapareció. Al tocar el papel de nuevo con la varita, el dibujo reapareció.
Repasando sus dedos por el papel, Harry notó que ese había sido dibujado con tinta, mientras que los otros habían sido dibujados con carboncillo. Draco debía haberlo hechizado para que apareciera solo cuando la varita de Harry lo tocara. Ése era el primer dibujo que Draco le había dado de sí mismo. Los otros dibujos habían sido de Cedric, el castillo, el Gran Comedor, y uno de Harry mismo, encorvado sobre el escritorio. Pero no había habido dibujos de Draco. Harry había supuesto que Draco pensaba que era muy arriesgado, pero había encontrado la forma.
Harry había estado guardando los dibujos con cuidado en el fondo de su baúl, donde era poco probable que Dudley los encontrara. Éste lo mantuvo en su escritorio, y sacaba su varita doce veces al día solo para revelar el dibujo en el papel en blanco. Solo cuatro semanas más, pensó Harry, y estaremos de vuelta en la escuela.
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Harry apenas escuchó el sonido del candado, mientras el tío Vernon lo encerraba en su habitación. Bajó la mirada hacia las cartas que habían llegado en rápida sucesión esa noche. Entregue la varita. Expulsado. Juicio. No salgas de la casa. ¿Cómo es que todo se había arruinado tan rápidamente? ¿Cómo se suponía que iba a descubrir qué estaba pasando si nadie le decía nada? ¿Cómo lo habían encontrado los dementores? Necesitaba saberlo. Sentándose al escritorio, escribió con rapidez tres cartas para Sirius, Ron y Hermione, exigiendo respuestas. Cuando Hedwig finalmente regresó de su vuelo nocturno, el chico ató bruscamente las cartas a su pata, y le dijo que no regresara sin que hubiera respuestas.
Mientras la veía alejarse volando en la noche, pensó acerca de la carta que no había escrito. La que no podía escribir. ¿Qué pasaría si no podía regresar a Hogwarts? ¿Sería capaz de ver a Draco de nuevo? ¿Draco acaso descubriría por qué había sido expulsado? Harry se puso de pie y comenzó a caminar por la pequeña habitación. ¿Quién le había mandado el vociferador a su tía Petunia? ¿Por qué Dumbledore no le había contado nada acerca de la señora Figg?
Harry se acercó de nuevo al escritorio y levantó el pergamino en blanco, con la pintura de Draco. Lo puso sobre su cama y, al poner su varita sobre el papel, entendió que, si le quitaban su varita, no sería capaz de ver el dibujo jamás. Suspirando profundamente, se recostó junto al dibujo y se quedó dormido, esperando que las respuestas llegaran en la mañana.
OoOoOoO
Grimmauld Place - "Toujours Pur" (1)
Harry había visto que Sirius lo miraba apreciativamente, y supo que en algún momento Sirius lo enfrentaría por el asunto de Draco. El momento llegó, inesperadamente, cuando Harry y Sirius atraparon a Kreacher, tratando de tomar de contrabando un gran tapiz de la sala de estar. Se quedaron examinando el inusual árbol familiar de los Black.
—¿Por qué no estás aquí, Sirius?
—Sí estaba, pero mi querida madre me quemó cuando me escapé de casa. —Sirius señaló una pequeña marca de quemadura—. El nombre de Tonks fue eliminado también, junto con el de su madre, Andrómeda. —Señaló las dos marcas entre los nombres de Bellatrix y Narcissa. Harry repasó la línea dorada hacia abajo, y el nombre de Draco resaltó en el tapiz.
—¿Draco? Había olvidado que estaban emparentados. —Harry deseó poder retractarse tan pronto como hizo el comentario. Sirius se apartó del tapiz y miró a Harry, con los ojos brillantes y duros.
—Entonces, ¿te contó tanto? —Sirius comenzó a decir más, pero Molly Weasley entró en la habitación con más repelente de doxy—. Molly, Harry y yo vamos a subir para platicar un poco. Regresamos en un rato.
—Está bien, creo que ya casi terminamos con este cuarto —dijo Molly, haciendo un gesto con la mano. Sirius puso su gran mano sobre el hombro de Harry y lo dirigió hacia la puerta. Harry alzó la mirada nerviosamente hacia su padrino. El rostro de Sirius no mostraba nada, pero se notaba la preocupación que lo invadía.
—Sirius —dijo Harry, mientras el hombre subía con él por la escalera—. No creo…
—Guárdatelo para cuando estemos arriba —dijo Sirius, y caminó rápidamente por el corredor hacia su habitación. Una vez adentro, señaló la cama—. Siéntate.
—Sirius… —Harry se quedó en la entrada, alzando sus manos en defensiva.
—Siéntate. —Harry suspiró y se sentó. Sirius cerró la puerta en silencio, evitando estrellarla. Sirius alzó su varita y lanzó un Silencio, para después voltearse hacia Harry.
—Me he quedado callado por las últimas dos semanas. Supuse que no tenía mucho sentido si el juicio no te beneficiaba y te expulsaban. Eso habría resuelto el problema.
—No hay ningún problema…
—Callado. —Sirius había estado caminando por el pequeño cuarto pero se acercó a la cama y se sentó junto a Harry. Miró al chico con seriedad—. Todo el verano he estado tratando de entender cómo era posible que te hubieras enredado con un Malfoy. Y no puedo, por vida mía, entender cómo un mago listo como tú pudo ser tan estúpido. —Volvió a mirar a Harry—. Voy a darte la oportunidad de explicarme, de decirme cómo fue que esto pasó.
—Bueno, todo comenzó con Draco, necesitaba ayuda —comenzó Harry. Quería que Sirius lo entendiera—. Descubrió que puedo resistir la maldición imperius, así que me pidió ayuda para aprenderlo.
—No es algo que muchos chicos de cuarto año necesiten saber —dijo Sirius, sin expresión en el rostro.
Harry no estaba seguro de cuánto debía revelar acerca de la familia Malfoy.
—Emm, bueno, alguien en su familia la utiliza con él. Y quería ser capaz de detenerlo. No había nadie en la escuela que pudiera ayudarlo, así que me lo pidió a mí.
—Qué conveniente fue eso; parece más un truco para hacer que utilices una imperdonable y te encerraran.
Harry rio.
—Yo también pensé eso, pero no lo era. Era real y trabajamos juntos y él aprendió a repeler la maldición.
—Entonces, ¿cómo pasaron de la maldición imperius a… como sea que quieras llamar a lo que estás haciendo con él?
—Nosotros, em, comenzamos a pasar mucho tiempo juntos. Estudiábamos, y salimos a volar un par de veces. En realidad, fue la primera vez que pasamos tiempo juntos, sin nadie más. Y entendí, entendimos, que nos gustábamos —terminó Harry torpemente.
—¿Olvidaste lo que su familia representa? Los Malfoy han luchado en contra de los nacidos de muggles y los han despreciado por siglos. Harry, por el amor de Merlín, Lucius Malfoy es un mortífago, y lo ha sido desde el principio.
—Lo sé, lo sé. Pero Draco es diferente —dijo Harry, preguntándose qué podría decir para convencer a Sirius—. Está en una posición difícil. Tiene que actuar de una manera en la escuela y con su familia. Pero conmigo es diferente; es muy agradable y, y… divertido.
Sirius respiró profundamente.
—¿Cómo sabes cuál Draco es el real? Tal vez está planeando algo grande, Harry. ¿Recuerdas lo que su padre le hizo a Ginny hace dos años? Dándole ese diario… —Harry lo miró confundido—. Sí, Dumbledore me lo contó. Los Malfoy no cambian sus manchas. No puedes confiar en él.
—Sí puedo confiar. Te lo aseguro. —Harry se puso de pie con velocidad, sintiendo cómo su frustración aumentaba porque no era capaz de hacer que Sirius entendiera que sabía más de Draco que él—. Sé quién es Draco. Y confío en él. —Sirius lo fulminó con la mirada y Harry se obligó a calmarse. Gritarle a su padrino no ayudaría a la discusión—. Y estoy muy preocupado por él. No creo que esté seguro en su casa, con su padre. Incluso Voldemort podría estar ahí.
Sirius rodeó los hombros de Harry con un brazo.
—¿Eso no te dice nada? Tienes que ver que salir con alguien que está en el otro lado será un gran problema para ti.
—Pero él no está…
—¡Eso no lo sabes!
Harry se puso de pie y comenzó a caminar.
—Sí lo sé, Sirius. Además, tiene quince años. Como yo.
—¿Cómo tú? ¿Y cuánto tiempo has estado luchando contra Quien-Tu-Sabes? ¡Cuatro años! ¿Quién eres tú para decir que él no está haciendo lo mismo por el otro lado?
Harry se pasó las manos por el cabello, frustrado porque no podía hacer que Sirius comprendiera. El hombre se sentó en la cama, mirándolo y esperando una respuesta.
—¿Qué hay de tus mejores amigos, Hermione y Ron? Si estás tan seguro de Draco, ¿por qué no les has dicho?
Harry miró a su padrino, con el rostro enrojecido.
—Lo haré, en su momento. El año pasado todo era tan nuevo. No puedes saber cómo se siente… entender que uno es homosexual y tener miedo de que los demás vayan a odiarte porque eres diferente. Y luego, encuentras a alguien que es como tú. Al que también le gustas. No puedes saber cómo me hace sentir eso. Lo bien que me siento al estar con Draco. No quiero hacer nada para arruinarlo.
Sirius lo miró, con los ojos brillantes.
—Puedo imaginar cómo se siente, Harry. Pero eso no significa que estés en lo correcto. Conozco, mejor que nadie, las consecuencias de confiar en alguien que no vale la pena. Tus padres pagaron el precio por mi error. No quiero que lo mismo le pase a su hijo. Lo creas o no, yo sí sé lo que se siente ser adolescente y enamorarse por primera vez, y pensar que nada más importa. Pero no con Malfoy. Necesitas encontrar a alguien más, Harry. No puedes salir más con él, Harry.
El moreno sintió toda la ira y frustración que había estado sintiendo por días elevarse. Sintió que algo se rompía dentro de él, por la idea de que lo alejaran de Draco.
—NO. NO SÉ ESO. ESTOY HARTO DE SER DIFERENTE. SOLO QUIERO SER UN CHICO NORMAL CON UN NOVIO. ¿POR QUÉ TIENE QUE SER DIFERENTE PARA MÍ?
—Tú sabes por qué, Harry. —Sirius mantuvo la voz baja, y miró cómo Harry continuaba caminando—. Y no te estás haciendo ningún favor al pretender que tu vida es la misma que la de cualquier otro chico de quince años.
—TE EQUIVOCAS. CUANDO ESTOY CON DRACO ES REAL Y, SOLO POR UN PAR DE HORAS, PUEDO DEJAR DE PREOCUPARME POR TODO.
Sirius alzó las manos.
—Yo también quiero eso para ti, Harry. Solo no con Draco Malfoy. Estás cometiendo el error más grande de tu vida…
Harry se enderezó y respiró profundamente. Alzando la barbilla, dijo en voz baja:
—Si así es, entonces es mi error. Y de nadie más.
OoOoOoO
Harry entró al andén 9 ¾ con alivio. Cuatro semanas atrás, había temido no poder regresar jamás. Ahora que ya era primero de septiembre, se atrevió a preguntarse si Draco había tenido un cambio de opinión durante el verano. Si aún quería ver a Harry. Con un suspiro, apartó todas sus dudas; pronto se enteraría. Se obligó a no buscar a Draco. Probablemente no podrían hablar con el otro a solas por días. Harry se enfocó en despedirse de Moody, de la señora Weasley y de Tonks. Sirius, como Canuto, puso sus grandes patas sobre sus hombros y lamió su rostro.
De algún modo, terminó sentado en un compartimento con Ginny, Neville y Luna Lovegood, una Ravenclaw. No estuvo tan mal, hasta que tuvieron ese desafortunado accidente con la planta de Neville, y Cho Chang lo vio cubierto de baba. Finalmente, Ron y Hermione se unieron a ellos después de su reunión de prefectos, con la noticia de que Draco también lo era.
La puerta se abrió y el corazón de Harry casi se detuvo. Draco estaba en el marco de la puerta. Por un momento, Harry se permitió beber de su imagen, de los cambios que había sufrido en esos dos meses. Draco parecía haber crecido unos cuantos centímetros, y su cabello estaba lo suficientemente largo como para rizarse sobre el cuello de su túnica. Una túnica con la placa de prefecto prendida. Harry alzó la mirada hasta el rostro de Draco. Su expresión mostraba la bien practicada mirada de desdén. Detrás de él, los gruesos rostros de Crabbe y Goyle miraron el compartimento.
—¿Qué quieres, Malfoy? ¿No puedes encontrar a alguien de primer año para molestarlo? —dijo Harry, forzándose a mantener la compostura. Desafortunadamente, su cuerpo no captó el mensaje y tuvo que acomodarse, incómodo, sobre su asiento, cuando sintió que toda la sangre de su cuerpo se iba para el sur, por la fría mirada de Draco. Afortunadamente, todos los demás en el compartimento estaban mirando al rubio, y no a él.
—Esos modales, Potter, o tendré que darte un castigo —dijo Draco arrastrando las palabras—. Soy prefecto ahora, recuérdalo. Tengo el poder de dar castigos a quien sea que yo crea que los merezca.
Harry trató de no reírse, mientras fulminaba a Draco con la mirada.
—Puede que seas un prefecto, pero sigues siendo un idiota. Sal de aquí y déjanos en paz.
—Cuidado, Potter. Seguiré como un perro a cada paso que des. —Malfoy giró y se fue, con Crabbe y Goyle siguiéndolo de cerca. Harry miró nerviosamente a Hermione. Por la alarmada expresión en su rostro, la chica había entendido el comentario de Malfoy. Afortunadamente, con Neville y Luna en el compartimento, no podía decir nada.
Harry se puso de pie; no podía esperar otro minuto para encontrarse con Draco a solas.
—Necesito usar el baño.
Rápidamente, salió del compartimento y giró hacia donde Draco se había ido. Moviéndose hacia el final del vagón, no encontró a ningún Slytherin. Frustrado, Harry se movió hacia el otro, cuando sintió que una mano lo agarraba y lo jalaba hacia el último compartimento del vagón.
Harry no tuvo la oportunidad de ver a su asaltante, cuando sus labios chocaron contra los de él y sintiólas manos que lo habían agarrado, recorriendo su cuerpo. Fue empujado contra la pared del compartimento y solo vio un poco de cabello blanco cuando inclinó la cabeza y se rindió ante el beso. Harry tomó la cabeza de Draco y lo jaló hacia sí, deleitándose en la sensación del cabello de Draco, deslizándose entre sus dedos. La pierna del rubio se metió entre las suyas, empujando.
—Maldita sea, Potter. Ha pasado tanto maldito tiempo. —Draco gruñó cuando quitó a Harry de la pared y lo empujó a los asientos.
—Espera, las ventas. Cualquiera podría asomarse y vernos —dijo Harry, mirando nerviosamente hacia la puerta. Draco gruñó y miró hacia la puerta. En dos pasos, estaba en la puerta, cerrando las persianas y poniendo el seguro.
—¿Algo más que quieras que haga? ¿Quieres que te dé ranas de chocolate? —preguntó Draco. Harry estaba recostándose sobre los cojines, mirando al rubio con aturdido asombro, porque estaban solos, juntos.
—No, así estás muy bien.
Draco le sonrió como buen Slytherin y regresó a estar sobre Harry en un segundo. El chico estaba agradecido de no haberse cambiado las prendas. Podía sentir el calor del cuerpo de Draco sobre él, y cada centímetro de Draco presionándose contra él. Draco bajó la cabeza con lentitud, hacia la de Harry, moviéndose con un vaivén lento, usando toda la extensión de su cuerpo.
—¿Me extrañaste mucho? —preguntó Harry, sonriendo lentamente contra los labios de Draco.
—No puedo creer cuánto tiempo ha pasado. ¿Comprendes la cantidad de control que utilicé para no saltar en tu regazo y comenzar a restregarme contra ti enfrente de todos tus amigos Gryffindor? —Harry alzó las manos y las enterró en el cabello de Draco, pasándolo para atrás con brusquedad.
—Me lo imagino bastante bien. Me estaba preguntando cuánto tiempo tendría si comenzaba a atacarte, antes de que Goyle comenzara a golpearme sin descanso. —El moreno pasó sus manos por el cuello de Draco, disfrutando de la sensación de la piel del Slytherin, en contacto con su propia piel.
Draco gruñó por lo bajo y se apartó de la caricia.
—Espera un minuto. Casi olvido cuán jodidamente enojado estoy contigo. ¿Qué diablos crees que estabas haciendo? ¡Casi te expulsaron! ¿Qué estabas tratando de hacerme?
—¿Hacerte? Nunca había estado tan asustado. Pensé que iban a quitarme la varita, que nunca podría verte de nuevo, que nunca regresaría a Hogwarts. —Harry se enderezó, haciendo que Draco se sentara—. ¿Qué escuchaste?
—Que utilizaste magia y que iban a expulsarte.
—¿No escuchaste lo de los dementores?
Draco se hizo hacia atrás, para poder ver a Harry a los ojos.
—¿Qué dementores? ¿De qué estás hablando?
—Dementores. Malditos dementores succionadores de almas. Nos atacaron, a mí y a mi primo, y es por eso que utilicé magia. Mandé un patronus para que los repeliera.
Draco negó con la cabeza, sin poder creerlo.
—Nunca escuché nada acerca de dementores. No podía entender por qué habrías de usar magia, y por qué tenían que juzgarte por una ofensa menor.
Harry sonrió ligeramente.
—Podemos hablar de ello después. Voy a tener que regresar, o vendrán a buscarme. No desperdiciemos el tiempo hablando.
Draco asintió.
—Puedo acceder a eso.
OoOoOoO
Harry no vio a Draco de nuevo hasta el primer día de clases, cuando estaba caminando por el pasillo con Ron y Hermione, dirigiéndose al salón de Snape. Estaban pasando uno de los muchos huecos cuando vio a Draco recargándose contra una pared, simulando que leía un libro. Continuó caminando y luego se detuvo en la puerta del salón de golpe.
—¿Qué sucede, Harry?
—Creo que olvidé mi libro de Pociones en la clase de Binns. Voy a tener que regresar por él. —Harry se veía frustrado—. Ustedes entren y guárdenme un asiento. No podemos llegar todos tarde a la clase de Snape. —Sin darles oportunidad de reclamar, se giró y caminó de regreso al corredor. Cuando miró para atrás, vio aliviado que habían entrado al salón sin desviarse. Se metió al hueco. Draco seguía recargado contra la pared.
—Oye, ¿no vas a ir a Pociones? —dijo Harry, parado un poco lejos de Draco. Sabía que no podía arriesgarse a estar tan cerca; cualquiera que pasara por ahí podría asomarse y verlos.
Draco asintió.
—Necesito hablar contigo. Advertirte. Acerca de Snape.
Harry sintió una ola de temor que lo recorrió.
—¿Qué hay con él?
—Se la pasó buena parte del verano diciéndome todas las razones por las cuales no deberíamos vernos nunca más.
—¿En serio? Sirius hizo lo mismo.
Draco asintió.
—Tuve que decirle que ya no lo haría. —Harry lo miró preocupado—. Mentí —añadió Draco con rapidez—. Todo lo que dice tiene perfecto sentido, excepto por el hecho de que no quiero que termine. No puedo detenerme.
—Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo le hacemos pensar que no estamos…?
Draco se encogió de hombros.
—Supongo que solo tendremos que ser más cuidadosos. Empezando con no entrar a la clase al mismo tiempo. ¿Por qué no vas tú primero? Yo puedo salirme con la mía al llegar tarde.
Harry checó la hora y asintió.
—¿Podemos vernos abajo mañana en la noche?
Draco sonrió.
—¿Después de la cena? —Harry asintió y corrió hacia el pasillo que llevaba al salón.
Ya se había acomodado en el asiento junto a Ron y estaba sacando sus libros cuando Draco entró medio minuto después de que la campana sonara. Snape miró al Slytherin mientras entraba, pero no dijo nada.
—Diablos —dijo Ron—. Si hubieras sido tú, Snape nos habría quitado puntos por llegar tarde.
Sin girar para mirarlo, Snape dijo, arrastrando las palabras:
—Cinco puntos menos para Gryffindor por estar hablando. —Ron quiso gritar de coraje, y Harry puso una mano sobre su brazo para calmarlo.
—No vale la pena —susurró—. Hará lo que sea para quitarnos puntos.
La peor parte de la clase era que era sesión doble. Harry luchó para enfocarse en la poción que se suponía estaba haciendo. Después de extrañar a Draco por dos meses, no podía evitar disfrutar del lujo de ser capaz de mirarlo desde el otro lado del salón, de nuevo.
Cuando no estaba mirando a Draco, estaba pensando en Snape. Sabía que el hombre estaba en la Orden, pero era obvio que había estado en contacto con Malfoy todo el verano. Y si estaba en la Orden, ¿por qué hacía tanto alboroto porque Draco salía con Harry? Claro, Snape no podía permitir que Malfoy supiera acerca de la Orden. Tal vez Snape solo estaba protegiéndose a sí mismo.
Harry estaba tan distraído que olvidó poner el ingrediente principal en el Filtro de Paz. Al final del periodo, Snape se acercó a su caldero.
—Potter, parece haber olvidado la habilidad de leer instrucciones simples. ¿Qué dice en la línea tres?
Harry miró su libro de Pociones y se dio cuenta, con un gruñido, que había olvidado el eléboro. Snape lo miró con los ojos entrecerrados e hizo un movimiento con la varita, desvaneciendo el contenido del caldero de Harry.
—Tanto en las pociones, como en la vida, Potter, deberías ser sabio y hacer caso a las advertencias de los demás. Un ingrediente, o una decisión incorrecta, pueden matarte.
OoOoOoO
Harry salió de la oficina de McGonagall con brío. Una semana de castigo con la horrible mujer Umbridge, solo por decir la verdad, y McGonagall tenía el descaro de decirle que debía hacer todo lo que pudiera para evitar más. Lo peor acerca del castigo era que no podría encontrarse con Draco después de la cena. O tal vez sí podría… Los castigos no tomaban más de una hora, o un par de horas. Habría tiempo para bajar a los vestidores y aún tendría tiempo antes del toque de queda. Ron y Hermione no sabrían que no había estado en el castigo todo el tiempo.
Harry salió de la oficina de Umbridge después de medianoche. Su mano le dolía, en donde las palabras se habían incrustado en su piel. La sostuvo con la otra mano mientras caminaba por los oscuros corredores. ¿Quién había escuchado hablar acerca de escribir líneas por siete horas? ¿Y tenía que regresar tres veces más? No había razón para ir a los vestidores. Draco ya debía haberse ido. Otra cosa para culpar a Umbridge.
A la mañana siguiente, en Adivinación, Harry pudo sentir los ojos de Draco sobre él, cuando entró al caluroso y lleno salón de Trelawney. Ya había escrito una nota, explicando lo que había pasado, pero no tuvo oportunidad de pasársela a Draco antes de que comenzara la clase. Ron se había encaminado a un escritorio en el lado opuesto del salón.
Por fin, la clase terminó. Harry se puso de pie con dificultad y guardó sus libros en la mochila. Miró a Draco, que estaba riendo por algo que Zabini había dicho, mientras ambos chicos caminaban hacia la puerta. Harry sintió una ola de celos, por la casualidad del acto. Nunca sería posible para él y Draco el caminar por el pasillo y bromear el uno con el otro.
Harry miró a Ron impacientemente cuando éste tiró sus papeles al suelo.
—Oye, Ron, te alcanzo abajo, hace mucho calor aquí para mí.
—Sí, ahora te veo. —Harry corrió hacia la puerta que lo llevaría a la escalera de la torre de Adivinación. Draco acababa de poner sus manos en la escalera, y estaba girando para bajar, cuando Harry se acercó a ambos. Sus ojos se encontraron y Draco detuvo su descenso.
—Oye, Blaise, olvidé algo. Ahora te alcanzo.
Harry giró y vio a Ron acercándoseles. Con prisa, le dio la nota a Draco.
—No pude llegar. Umbridge me retuvo hasta la medianoche.
Draco guardó la nota justo cuando Ron atravesó la puerta. El pelirrojo miró a ambos chicos.
—¿Qué sucede? ¿Qué quieres, Malfoy?
—Solo le recuerdo a Potter que se cuide. Ahora que soy prefecto, no puede suponer que podrá escaparse de todas las cosas, como lo ha hecho en el pasado.
—¿Ah, sí? —Ron movió la medalla de un lado a otro frente a Draco—. Recuérdale a tus Slytherins que yo también soy prefecto. Si molestas a Harry, me encantará regresar el favor.
Draco rio en el rostro de Ron.
—No puedo imaginar en qué estaba pensando Dumbledore, al nombrarte prefecto.
Con eso, giró y bajó por las escaleras.
—¿Puedes creerlo? ¡Qué idiota! —dijo Ron—. Se cree que vale mucho.
—No vale la pena enojarse —dijo Harry, encogiéndose de hombros—. Es solo que le gusta hacerte enojar.
—Querrás decir hacernos, ¿no? ¿Hacernos enojar? —dijo Ron.
—Claro.
(1) "Toujours Pur" es "Siempre puro" en francés.
Notas finales:
Bueno, no les puedo asegurar cuándo actualizaré de nuevo... Solo les ruego paciencia y fe en que me pueda organizar para traducir...
Ciao!
Adigium21
