Actualizar me ha costado más de lo pensado pero no ha sido a propósito, en serio. He tenido muchas cosas en medio, desde problemas de salud hasta trabajo y cursos de actualización. Si les contara... dado que soy asmática mi salud de ha deteriorado un poco recientemente y parece ser que dado a ello y otras ocupaciones la inspiración simplemente no ha podido salir de mí.
Les agradezco su paciencia y espero disfruten este capítulo, estimo que con este sería el antepenultimo y podríamos terminar en un número estimado de 16 capítulos. Bueno, sin más preambulos, aquí está:
-14-
Oculto.
"Sakura.
Probablemente en este momento te estés preguntando una infinidad de cosas. Estás en tu derecho de hacerlo y creo que yo también. No escribo esta carta para dejarte un amargo sabor de boca, sino para decirte que pienso hacer todo lo contrario. Durante tu ausencia han ocurrido muchas cosas, demasiadas para mi gusto, pero creo que es buena idea que te lo diga. Lo sé. Sé lo de Sarada y también lo de la muerte de Itachi.
Quizá ahora estés preocupada, déjame decirte que no tienes por qué. Respecto a lo de Itachi, he decidido dejar ese tema de lado de una vez por todas y en lo que respecta a Sarada… no seré un impedimento en tu vida. Los niños no merecen estar separados de sus madres y por ende no creo conveniente que viva conmigo. No te angusties, tampoco abandonaré a Sarada. Soy su padre después de todo y lo mínimo que puedo hacer. La protegeré con todo el cariño que pueda darle y veré por sus intereses. No me separaré de ella, pero tampoco me interpondré en tu camino. Eso ya pasó y no creo que quieras continuar una batalla perdida.
Me despido de ti, para siempre. Sasuke."
Sakura dejó caer sus manos suavemente mientras sostenía el papel en sus dedos. Hacía poco de una semana que había recuperado la conciencie, hacía al menos cinco días que Ino tuvo el valor de contarle sobre lo que había hecho Sasuke por Sarada y tan sólo un día en el que Naruto le entregó aquel sobre que había recogido cauteloso el día que despertó.
Las cosas no parecían ir bien para su pobre mente. Mientras que el tratamiento continuaba siendo extenuante y se veía recluida en aquella habitación de hospital, sabría el no poder ver a su hija y saciar sus dudas respecto a todo el embrollo que figuraba Sasuke en ese momento.
Naruto carraspeó débilmente al verla distraía en las letras de la carta. No quería importunarle y menos ahora que parecía estar tan sumida en sus pensamientos, además de que, tras hablar con Ino él estaba tan asombrado como Sakura al enterarse de todas las circunstancias que involucraron a Sasuke y Sarada. ¿Quién lo habría pensado?
El hombre duro y cruel, quien trató a la mujer de su vida como una basura por una traición que le dolió enormemente, y quien por cierto juró no perdonarla nunca, se había comportado como un caballero y lo que es más intrigante, un padre protector y cariñoso con una niña inocente y solitaria.
Sasuke, a pesar de no insistir en hablar del tema, puesto que Naruto había ido posteriormente con él para informarle sobre el buen estado de Sakura, le dijo que no planeaba involucrarse más con la pelirrosa debido a las injurias pasadas. No fue capaz de comprender a lo que exactamente se refería, tampoco intentó insistir demasiado, puesto que el rostro sombrío del pelinegro le invitaba a cerrar la boca, pero tras un silencio propiciado, el Uchiha habló nuevamente para confirmar que quería permanecer al lado de su hija aunque fuese de una manera indirecta.
Ino le dijo más tarde que Sasuke continuaba visitando a Sarada y en ocasiones salían a comer juntos, para regresarla antes del anochecer, se despedía de ella y se iba de la misma forma que había llegado. Sarada lucía contenta, ignorando el dolor terrible que seguramente su padre sentía, puesto que tomaba cada visita como si fuese la última.
Naruto, por otro lado, sentía curiosidad de saber si su amigo sería lo suficientemente valiente como para enfrentar a Sakura y hablar de la forma indicada. Suponía que Sakura tendría otra versión de los hechos e interpretaría la historia de la forma más conveniente, pero esperaba pudiera superar y solucionar el problema que había iniciado desde hacía más de 5 años.
—Sakura-chan… - Naruto se recargó ligeramente al frente para ver mejor la expresión de su rostro. La mujer, pálida y ojerosa, pero más repuesta le miró de soslayo para recargarse en los almohadones con cuidado de no lastimarse más de lo que estaba.
—¿Sí?
—¿Qué… qué dice la carta?
—Toma. –la chica le extendió con pereza el papel y Uzumaki se apresuró a tomarlo para que ella no se esforzara. Lo leyó rápidamente y su rostro se trasformó en varios colores.
—¿Qué? – expresó ligeramente colérico para después mirar a Sakura en búsqueda de una respuesta que ella no podía darle.
—¿Es increíble, no? – suspiró la mujer, visiblemente agotada. —Cinco años sin vernos y declara que se irá para siempre… como si todo el tiempo hubiéramos ansiado reencontrarnos.
—Sakura-chan, ¿Estás de acuerdo con el teme?
—¿No debería? – la chica miraba el techo de la habitación con sus ojos entrecerrados.
—Pues, pues no sé… - el tragó saliva, intentando disimular su decepción. —Sasuke, él y tú…
—Tenemos un pasado turbulento, ¿Recuerdas? Estuviste ahí… bueno al menos después del divorcio.
—¿Qué pasara con Sarada?
—No tiene que pasar nada malo. – Sakura suspiró. —Sasuke lo ha dejado muy claro… y si no es mentira lo que ha dicho, entonces ya lo sabes.
—Iré a buscarlo, esto no puede quedarse así, ¿Cómo que desaparecer? ¡Es como si quisiera huir de sus problemas!
—¿Problemas? – Sakura elevó ligeramente la voz, para llamar la atención de su amigo, quien ya comenzaba a lanzar improperios como el bobo que era.
—Pues sí, ¿Es que no quieres aclarar las cosas con él?
—Las cosas fueron aclaradas hace cinco años. – le recordó con una expresión neutral. —Le estaré agradecida por los cuidados para con Sarada y conmigo actualmente, pero fuera de ello, no tengo de nada más que hablar con Sasuke.
Naruto sintió un peso en el estómago, ¿En verdad Sakura no tenía ninguna intención de hablar con Sasuke? ¡Pero si ahora que Sasuke correspondía como era debido! Es decir, se comportaba como el padre ideal para Sarada, ¿Eso no era suficiente motivo para hablar con él? Después de todo, debían ajustar eso con los abogados ¿No? Naruto detuvo su tren del pensamiento y miró a Sakura quien cerraba lentamente los parpados, como si pronto cayese dormida.
—Sakura-chan, ¿Estás segura?
—Nunca he estado más segura en mi vida. – respondió para mirarle a los ojos, Naruto sintió un escalofrió.
—Entiendo. – desvió la mirada y se acercó a la mesita al lado de su cama, dejó el papel finamente doblado ahí. —Creo que necesitas dormir, más tarde vendré con Hinata, ella te ha tejido algo, no me dejó verlo, pero dijo que te gustaría.
—Claro, me encantaría ver a Hinata. – el rostro de Sakura se suavizó.
—Nos veremos luego, Sakura-chan.
—Descansa, Naruto. –el hombre se aproximó a la entrada y tras un pequeño click en la puerta Sakura quedó sola.
Entonces cerró los ojos e intentó dormir, el sonido constante de su monitor cardiovascular resonó con un aumento inesperado de su frecuencia cardiaca seguido de un resuello proveniente de la chica. Sus umbríos ojos se iluminaron con el cristal de una lágrima solitaria que pronto sería acompañada por más.
—Idiota… -susurró para sí misma, lo más bajito que pudo.
…
Había pasado un mes. Un periodo en el cual la recuperación iba desde tortuosa a soportable. Sakura había demostrado ser una de las mujeres más fuertes y perseverantes que el mismo hospital había visto. Sin perder la esperanza de sanar y sometiéndose constantemente a cirugías y curaciones, su tratamiento sanó la mayor parte de los problemas críticos que tenía. Lo que al principio había mostrado ser uno de los momentos más peligrosos y duros de su vida, se visualizaban cada vez más y más luminosos.
Sus amigos no se separaron de ella en todo ese periodo. Ino tuvo que irse y en su lugar Sai había venido un tiempo, más tras una semana de estancia en Tokio, el hombre tuvo que regresar a Konoha para atender su trabajo. Mas no había problema en cuanto a las decisiones tomadas y los cuidadores de Sakura, la familia Uzumaki se había hecho totalmente responsable de su salud y de cuidar a Sarada. Quien lucía aminada al lado de Boruto, el hizo mayor del matrimonio.
Sin embargo, a pesar de que el hiperactivo Naruto y la tranquila Hinata estuviesen al pendiente de la pequeña, Uchiha Sasuke figuraba una importante entidad en su vida. En más de una ocasión Sarada se había ido a su departamento a pasar el fin de semana, salía con él y hablaban por teléfono. Sus conversaciones y paseos no duraban mucho, a excepción de las veces que iba a dormir a la casa de su padre, pero ello bastaba para que la pelinegra sonriera contenta en todo momento.
Y para Sakura, el saber que el padre de su hija se había vuelta más que una sombra le causaba sentimientos entremezclados. Nadie tenía suficiente coraje de preguntar directamente lo que pensaba, pero era obvio que Sakura tanto se alegraba de saber que Sarada era feliz, como se amargaba sobremanera al pensar en lo que pudo haber sido antes.
No obstante, es precisa mañana, después de más de un mes sin ver a su preciada hija, el director del hospital le permitió la facilidad de verla. Generalmente los niños no era admitidos en el área de hospitalización, puesto que se trataba de un sitio un tanto oscuro y difícil de entender para las criaturas, pero tratándose de Sakura, cuya vida era casi exclusivamente de su hija, no tuvieron el valor de decir que no.
Sakura no había querido verla antes debido a su estado, seguramente la niña lloraría desconsoladamente al verla tan demacrada y llena de herramientas médicas, ahora que se detonaba un poco mejor, la mujer tomó el valor suficiente de enfrentar a su pequeña. La espera estaba matándola, le sudaban las manos y su corazón estaba visiblemente acelerado. Era como si estuviera a punto de enfrentarse a una gran hazaña, era como si… como si estuviera esperando para el día de su boda, su examen profesional, el nacimiento de su hija… todo lo que ansiaba pero al mismo tiempo temía.
Entonces, de pronto, la puerta de su habitación se abrió lentamente y alzó el cuello buscando la mata negra de su retoño, primero vio a Hinata, quien la traía de la mano y después a Sarada. Venía vestida con un hermoso vestido rojo a cuadros, zapatos negros y con un hermoso listón en su cabello, sus finos anteojos estaban ligeramente caídos y de hecho la niña los alisó hacia atrás.
—Sarada. – Sakura la llamó con anhelo, su voz vibró ante la excitación y al escuchar su voz, la niña rápidamente alzó los ojos, para entrelazarlos con los fanales de su madre.
—¡Mamá! – llamó ansiosa y emprendió la carrera hasta la camilla de ella, se subió a un banquito al lado de la misma que en ocasiones usaban las enfermeras para ajustar los parámetros del monitor, y antes de abrazarla se paralizó al ver los catéteres y electrodos que tenía conectados en el pecho.
—Está bien, hija, todo está bien. – la niño la miró a la cara y rápidamente hizo un puchero, como si estuviera a punto de estallar, Sakura se sintió igual. Como si su corazón y su alma hicieran un festejo y desplegasen un desfile de gozo, la mujer estiró la mano hasta tocar con cuidado sus cabellos y la niña, ahora con el tacto de su madre, lloró contenta y se acercó hasta fundirse con su madre en un abrazo.
Sakura le besó los cabellos, la frente y las mejillas hasta el hartazgo y la pequeña Sarada se dejó hacer mientras hipaba desconsolada. Hinata las observaba desde lejos sin poder evitar llevarse la mano a los ojos y limpiarse algunas lágrimas conmovidas. Se despidió en silencio de las dos y salió para darles especio.
—Ven, cariño. –Sakura se movió lentamente hasta darle un espacio en la cama y la niña se sumió para recortarse en el regazo de su madre, mientras terminaba de llorar. Sakura también lo hacía e intentaba secar sus lágrimas con rapidez, mas le resultaba imposible.
Cuando finalmente las dos se calmaron, volvieron a mirarse intensamente, su silencio cómodo se extendió entre las dos, como si en medio del espacio y el tiempo, sus corazones se coordinaran en una melodía muda. La niña se apretujó contra el pecho de la mujer y tras sollozar lo último suspiró cómodamente.
—Mamá… ¿Cómo te sientes?
—Mejor, cielo. – Sakura le acarició la espalda reiteradas veces, como si temería se esfumara de la nada. —¿Cómo estás tú?
—Estoy bien mami. – la niña se alzó para depositar un beso en su mejilla, Sakura sonrió enternecida. —Te he extrañado mucho. Quería verte pero papá, tía Ino y tío Naruto decían que no podía por que estabas dormida. – Sakura sintió una punzada en el pecho al escucharle mencionar a Sasuke con tanta naturalidad.
—¿Conociste a tu padre, Sarada? – no pretendía sonar dolida o emocionada, más bien intentaba ser neutral.
—Sí, mamá. Papá es una persona muy seria, pero es muy genial. – sonrió la chiquilla, como todo niño que admira a su padre. —Él me cuidó cuanto tú estabas internada.
—Ya veo.- Sakura sonrió con sinceridad. —Me alegro mucho.
—Papá me llevó a pasear y a comer a los restaurantes. Me ayuda con la tarea y me lleva al cine de vez en cuando, creo que no le gustan mucho las películas. –Sakura sonrió un poco, no se imaginaba a Sasuke metido en una sala rodeado de niños parlanchines mientras veía una película multicolor.
—Seguramente. – Sakura tan sólo escuchaba atenta.
—Mamá… ¿Por qué yo no conocía a papá?
—Porque él vivía muy lejos, cariño. – sí, eso y porque jamás pudo decirle de su existencia.
—Pero papá vive aquí.
—No sabía que estaba aquí. – Sakura apretó más a su hija contra ella. —¿Cómo te ha ido en la escuela? – dijo decidida a zanjar el asunto de una buena vez.
—Bien, ayer hicimos una obra de teatro sobre un niño que decía muchas mentiras y que se lo comía un lobo.
—¿En serio? – Sakura volvía a brillar.
—¡Sí! Y había una oveja y un granjero… - comenzó a relatar detenidamente la niña mientras su madre asentía y hablaba sólo para reafirmar la información. Pasaron cerca de una hora charlando, siendo interrumpidas sólo por las enfermeras para medicarla y después dejar la sala.
—¿Mama? ¿Cuándo te pondrás bien?
—Aun no lo sé, mi cielo. – no había dejado que se apartase de su lado por nada del mundo, la tenía prácticamente sujeta. —Pero espero que pronto.
—Te extraño mucho. Estoy contenta con Boruto y Hima-chan, pero quiero volver a casa contigo. Extraño nuestra casa.
—Yo también. – confesó la pelirrosa. —Pero por el momento debes ser paciente. – le acarició una mejilla y acomodó sus lentes.
—Me siento un poco sola.
—No lo sientes, amor. Debes ser fuerte, además todos estamos contigo, yo estoy contigo. – reiteró. —Aquí, siempre. – le dijo mientras colocaba sus dedos sobre el espacio de su corazón. —Te querré y te cuidaré, aunque no estemos juntas.
—¿Lo prometes?
—Lo juro. – le besó la frente y la niña se sonrojó.
—Entonces yo también. – dijo sonriendo. —¿Sabes algo, mamá?
—¿Umm?
—Papá me dijo algo parecido.
—¿Ah sí? –Sakura alzó ligeramente el ceño, no con enojo, sino asombro.
—Sí, hace como… no sé, hace muchos días. – en realidad no le interesaba contar las semanas ni ser meticulosa. —Papá habló conmigo.
—¿Y qué te dijo? – asombrosamente se mostró impaciente.
—Me dijo que él no podría estar conmigo todo el tiempo, pero que siempre me querría tanto como yo a él.
—¿Te dijo eso? – Sakura alzó un poco más las cejas, maravillada.
—Sí, también que como tú estabas enferma no podía irme con él, que debía estar contigo para que te sintieras mejor, porque si no te pondrías muy triste. – Sakura asintió mientras escuchaba, sintiendo una vorágine de emociones acumulándose.
—Ya veo. Sasuke lo dijo. – mencionar su nombre después de tanto le sabía extraño.
—Papá dice que los niños pueden vivir sin sus papás pero no sin sus mamás. Yo sólo quiero que estemos juntos, pero él me dijo que no lo creía posible. ¿Mamá? – Sakura le miró atenta. —¿Tú quieres a papá? – la mujer sintió una ganas tremendas de echarse a llorar, empero al ver a su hija tan expectante no quiso echar a perder su día.
—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vi. – comentó con una voz más opaca. —No… no sabría decirlo.
—Papá me dijo que te quería. – Sakura frunció el ceño con tristeza. —Pero también me dijo, que hacía mucho tiempo que se habían separado para vivir cada quien solo. ¿Por qué pasó eso, madre? – Sakura no podía entender cómo es que su hija se había vuelto tan curiosa, pero seguramente no lo hacía con mala intención, era una niña después de todo.
—Pasó hace mucho tiempo, cariño. Tu papá y yo decidimos vivir en lugares diferentes…
—Él me dijo que antes eran muy buenos amigos.
—Sí, lo fuimos. – y también amantes, novios y esposos, pero eso no tenía por qué decírselo.
—¿Entonces por qué se separaron?
—A veces esas cosas pasan… - no sabía cómo explicárselo. —Nos fuimos a vivir lejos el uno del otro.
—Hmp, papá me dijo algo parecido. – para Sakura no pasó desapercibida su expresión monosilábica, esa tan característica de Sasuke. —Bueno, no importa eso. – renegó finalmente. —Lo importante es que te sientas mejor, mamá.
—Estoy de acuerdo contigo. – la vio acurrucarse más contra ella.
—¿Me puedo quedar un ratito más contigo?
—Claro, mi amor. –volvió a acariciarla.
—Tía Hinata me dijo que no podía quedarme mucho, pero yo quiero…
—Está bien, descansa un poco. Yo le diré a Hinata que te deje un ratito más.
—Gracias mamá. Te quiero mucho.
—Yo te quiero más. – sonrió al verla cerrar sus ojitos lentamente. —Descansa.
Para cuando la esposa de Naruto llegó al recinto, las encontró a ambas dormidas. Se sentó a esperar pacientemente mientras se despertaban y fue Sakura quien lo hizo primero. Las dos adultas se encontraron mudamente en medio de la blanca habitación y tras meditarlo un poco, Sakura decidió preguntarle algo que la carcomía por dentro.
—Hinata. – lo dijo lo suficientemente bajo como para no despertar a Sarada. —¿Sasuke estuvo aquí, no es cierto? – la expresión en el rostro de la Hyuga era demasiado obvio como para negarlo. La mujer descendió el rostro apenada, le había prometido a su marido que no le diría a nadie y no quería romper su promesa, por lo que calló revelándose a sí misma. —Así que sí estuvo aquí. – Sakura suspiró.
—Sakura-san. – la mujer le miró apenada. —No era mi intención…
—Lo sé, descuida. Sé que Naruto te hizo guardar silencio… por alguna razón. – volvió a suspirar mientras miraba a su hija. —Cuando se trata de Sasuke la cosas siempre se tornan caóticas.
—Sasuke-kun y Sakura-san siempre han tenido asuntos pendientes, es lo que Naruto-kun suele decir. – la observación de Hinata la tomó por sorpresa.
—¿Eso dice Naruto? – frunció un poco el ceño para después relajarse. —Tiene razón. – admitió.
—N-No sé… no sé los motivos por el cual… Sakura-san y Sasuke-kun decidieron separar sus caminos pero… Creo que sería buena idea aclararlo todo, por Sarada. – opinó timorata. A pesar de los años Hinata seguía conservándose tan inocente como siempre.
—Lo sé. – Sakura miró a su pequeña un segundo. —Pero es difícil. Sasuke ha declarado que desaparecerá de mi vida. Esta vez para siempre.
—¿Por qué haría algo como eso? – Hinata alzó una ceja.
—Sasuke es una persona complicada. – Sakura cerró los ojos, rememorando el pasado, como cuando eran niños o adolescentes. —El cómo funciona su cabeza siempre fue un laberinto que me entusiasmaba resolver… - suspiró. —Pero ahora… no sé si deba hacerlo.
—¿Sakura-san? – Hinata no había entendido muy bien sus indirectas.
—Dime, Hinata. ¿Es cierto que cuidó de Sarada todo este tiempo hasta la fecha? – la mujer asintió lentamente. —¿Por qué motivo? ¿Les ha dicho algo? – ella negó. —¿Entonces?
—Creo… que Sasuke-kun quiere a Sarada, es todo. – las palabras de Hinata eran duras de creer y su mente se carbonizaba constantemente pensando el que quizá él podría obtener un beneficio de todo esto. ¿Castigarle tal vez? Sasuke era sumamente vengativo, lo había confirmado de primera mano. A este punto de su vida no le interesaba el que su ex marido la juzgara por un crimen ficticio, le importaba que tuviera la intensión de dañar a su ser más preciado, a su hija.
—¿Será cierto? –Sakura apretujó su rostro con amargura. ¿Era posible confiar en él?
—¿Es su padre, no? – contribuyó la de ojos perla.
—Sí pero… -Sakura bajó aún más su voz. —En ocasiones… los padres no quieren a sus hijos.
—Oh. – Hinata bajó la mirada de forma lastimera. Ella había tenido una relación turbulenta con su padre desde que su madre había fallecido. Toda su pubertad y adolescencia pasó desapercibida para su progenitor. Hasta la adultez temprana, cuando cambió su forma de ver las cosas y decidió casarse con Naruto, que Hiashi se había convertido en un hombre más sensato. Mas creía firmemente en que podía reconocer el amor filiar con sólo verlo, no tenía que buscar demasiado lejos, todavía podía sentir la intensidad de los ojos de su padre cuando aclararon las cosas, además del cómo Naruto miraba a sus hijos todas las mañanas al levantarse, el cómo abrazaba a Boruto y besaba a Himawari, ella podía identificarlo con claridad y la forma en la que Sasuke se comportaba con Sarada era demasiado casta como para querer hacerle daño.
—Estoy segura que el amor entre padres e hijos existe. –replicó de pronto Hinata, logrando que Sakura le prestara total atención. —Es sólo que a veces… alguna de las partes no sabe cómo expresarlo.
—Hinata. – Sakura le miró con una chispa de admiración.
—Sasuke-kun es una persona fría y solitaria pero… cuando está con Sarada-chan sus ojos tienen un brillo distinto, es como si… - entonces la Uzumaki sonrió con ternura. —Todo dejase de existir y sólo estuviera ella. – los ojos de Sakura se cristalizaron. —Estoy segura que Sakura-san siente lo mismo. – ella le sonrió y Sakura bajó la mirada, sin poder responder ante aquella declaración.
—Amor. – pronunció sin perder detalle de las facies de su hija. —Yo también creo que existe. – volvió a ver a su amiga, pero esta vez un poco más tranquila. —Lo creeré. – profesó para apretar aún más a Sarada a su lado. —Sarada merece todo el amor que sus padres puedan darle. –sonrió un poco. —Y nosotros todo el amor que ella esté dispuesta a entregarnos.
—Sakura-san… - ahora Hinata tenía los ojos cristalinos.
Una declaración rebosante de emociones, un color diferente en un caleidoscopio de opciones. Hinata contempló cómo el corazón destrozado y herida de Sakura Haruno sufría una metamorfosis y un golpe de madurez. La mujer que había sido capaz de odiar tan profundamente como Sasuke lo había hecho con ella, aceptaba la intervención del padre de su hija en la vida de esta.
No sabía que otra cosa podría depararle el futuro, pero suponía que al menos para Sarada, todo estaría bien.
…
Los meses pasaron lentamente y para Sakura las semanas se transformaron en lustros y los meses en décadas. Su recuperación fue efectiva y poco a poco recuperó la funcionalidad de su cuerpo. Las cirugías reconstructivas y las terapias de rehabilitación habían surtido efecto. Salvo uno que otro inconveniente nutricional, Sakura tuvo que permanecer en el área hospitalaria una semana más en lo que recuperaba su forma, después tuvo que acudir diariamente a terapias de rehabilitación tanto física como neurológica.
Fue muy necesaria la ayuda de Naruto y Hinata, Ino también había ido de vez en cuando en compañía de Sai e Inojin, para cuando la dieron de alta definitiva los médicos insistieron en que saliera acompañada de una silla de ruedas, mas Sakura estaba harta de permanecer tanto tiempo en reposo, así que consiguió salir de ahí con ayuda de un bastón.
Al salir del hospital fue recibida por Sarada quien corrió a abrazarla con toda la ternura y entusiasmo del mundo. Ambas lloraron tras su rencuentro y a pesar que deseaban volver a su hogar cuanto antes, Naruto insistió en que debían irse a vivir a su casa para estar más seguros.
El gusto sólo les duró unos días para que después Sakura insistiera en que sería una mejor idea el que la dejase volver a casa y la visitaran constantemente. Ante su argumento no les quedó otra alternativa más que obedecerle. Pero no por ello sus amigos renunciaron a dejarla completamente sola, pues la familia Yamanaka permaneció una semana más acompañándola hasta que ella se adaptaba a la vida fuera del hospital.
El primer día en el que Sakura y Sarada se vieron finalmente solas en su departamento se respiró un aire diferente. Sakura durmió plácidamente mientras Sarada hacía sus deberes escolares. Sabía había pasado en total seis meses internada en el hospital, desde su ingreso hasta su egreso con recaídas no tan importantes como la primera vez, hasta que pudo recuperarse por completo y tener fuerzas para salir de ahí con sus propios pies. Pero sobre todo en ningún momento se había detenido a pensar en las cosas que pasaban en su exterior, no hasta que Sarada contestó el teléfono por ella.
La despertó el sonido insistente de la campanilla de su teléfono particular. Sakura se removió en la cama para terminar de despertarse, el teléfono compartía dos vías, una en la sala y otra en su habitación. Se las arregló para tomar la bocina y bostezó antes de hablar; mas el aire se cortó de repente cuando reconoció la voz inequívoca de Sasuke al otro lado de la línea y con él, la de Sarada que contestaba alegremente.
—¿Cómo has estado? – había dicho él, sonaba exactamente igual a antes, pero ahora su voz estaba ligeramente endulzada, seguramente por estarse refiriendo a Sarada.
—Hola, oto-san. – la niña sonaba casual y emocionada. —Bien, estoy bien.
—Me alegro, ¿Cómo está tu madre?
—Está descansando… no había dormido hasta ahora.
—Déjale descansar, seguramente ha sido un día duro para ella. – sonaba demasiado comprensivo para tratarse de Sasuke.
—Hace poco tía Ino y tío Sai se fueron, la casa estuvo muy ruidosa con ellos por aquí. –Sakura tragó saliva, se sorprendía tanto de la buena química que existía entre ellos.
—Era de esperarse. – Sasuke sonaba contento también. —Sólo quería verificar que estaban bien.
—Sí, todo está bien, papá. – hubo un silencio entre ambos en los que Sakura intentaba controlar su respiración para no ser descubierta. —Por cierto, papá. ¿Cuándo podré salir de paseo contigo? – se portaba muy entusiasmada, no podía resistir la tentación de intervenir, pero fue fuerte.
—Ahora no puedo, Sarada. Pero espero que pronto.
—Oh… - sonó decepcionada y el corazón de Sakura se contrajo angustiado. —¿Qué tan pronto?
—No lo sé. Yo te llamaré, ¿Está bien?
—De acuerdo. Otra cosa, oto-san.
—¿Hmp? – él parecía totalmente abstraído por ella.
—¿Me llamarás más seguido?
—… Lo intentaré, pero recuerda que es un secreto.
—¿Un secreto?
—Sí, no debemos preocupar a tu madre. Además ella debe descansar, así que no le digas que he llamado, ¿Vale?
—Oh, está bien. – ella asintió aunque no podía verla. —Te quiero papá.
—Y yo a ti, Sarada.
—Nos vemos. – la niña colgó, pero la otra línea quedó abierta con Sakura al otro lado. La Haruno apretó los dientes con fuerza y contuvo un sollozo, la respiración de Sasuke aún perfilaba al otro lado, podía escucharla.
—¿Sasuke? – hubiera querido que su voz no sonara tan afligida, pero no pudo evitarlo. El hombre al otro lado de la línea contuvo la respiración y colgó inmediatamente. Sakura hizo lo mismo al notarlo. Suspiró y se limpió las lágrimas.
Hinata tenía razón, Sasuke quería a Sarada… el vacío permaneciente en corazón estaba finalmente lleno. Dejó el teléfono con cuidado en su lugar y respiró reiteradas veces para tranquilizarse. Uchiha Sasuke era el nombre del bastardo que había amado más que a ningún otro hombre en el mundo y ahora, ese mismo tonto volvía a remover en sus entrañas la vieja añoranza que solía guardar para él.
Por más que quisiera ocultarlo, Sakura seguía sintiendo algo por Sasuke, algo que quizá ahora no podía darle nombre pero que esperaba pudiera resolver de una vez por todas.
—Cobarde. – dijo aún con el teléfono en sus manos. —Por cuanto tiempo piensas ocultarte. – lo apretó contra sus dedos. Si quería resolver este embrollo debía encontrarse con él. Fuese como fuese.
—Mamá. – Sarada entró en la habitación cargando consigo unas galletas. —Te traje esto, mamá. – se las entregó y la mujer las tomó con cuidado.
—Gracias, cariño. – tomó una y comenzó a comerla en silencio hasta que se le ocurrió una idea. —Sarada.
—¿Sí?
—¿Quieres salir a pasear?
—¿Pasear?
—Sí, todavía no cae la tarde y…
—No, mamá. Debes descansar. – la niña acomodó las galletas cerca de su madre. —No te preocupes, mamá. Yo cuidaré de ti.
—¿Cuidarás de mí? – ella sonrió con alegría y ternura.
—Sí, se lo prometí a papá. – se acercó a ella y palmó su frente, los recuerdos se dispararon en Sakura de la manera que menos creyó. —Descansa mamá. – ella sonrió y emergió de la habitación. Sakura entrecerró los ojos y apretó los puños.
…
—¿Lo sabes, no es así?
—¿El qué?
—Hoy me dieron los resultados de la última biopsia en líquido cefalorraquídeo, lo cierto es que no pensé que lanzaría nada, pero aun así el neurólogo insistió.
—Oh. ¿Qué decía el diagnóstico?
—No recuerdo su nombre, disculpa, son palabras complicadas para mí.
—Descuida.
—Pero lo que sí recuerdo es lo que el doctor me dijo.
—¿Qué te dijo?
—Es avanzado…
—Lo siento mucho, Itachi.
—No te preocupes… después de todo era inevitable.
—Ojala pudiera hacer algo para ayudarte.
—Haces demasiado, te he hecho mentir a tu esposo y a la sociedad. Perdóname Sakura.
—No pienses en eso ahora.
—Pero quiero hacerlo… Sakura, es posible que no sobreviva para ver sus sueños cumplidos. ¿Podrías hacerme un favor?
—¿Cuál?
—Vamos, guarda esas lágrimas o me harás llorar contigo.
—Lo… lo siento.
—¿Podrías cuidar a Sasuke por mí? Yo lo haré desde el más allá y tú desde aquí.
—Itachi…
—Estaré siempre con él, oculto como una sombra, como el hermano mayor que soy… es gracioso si lo piensas así. Sasuke siempre fue un muchacho solitario e independiente, es por eso que me cuesta un poco pensar en que no necesitará ayuda, sin embargo es un poco descuidado y un tonto en ocasiones. Jamás acepta que se equivoca y es algo rencoroso. Sé que ahora nos hemos distanciado un poco pero… confió en que todo resultara bien al final.
—Itachi, ¿Has venido sólo a eso? ¿Has venido a pedirme algo tan…?
—¿Imposible?
—No, algo tan… tan… hermoso como eso, dime, Itachi. ¿Por qué no se lo dices tú? ¿No sería mejor así?
—No podría, Sakura. No ahora… no de esta forma.
—¿Entonces cómo si no es así?
—Con todo el amor que sólo tú y yo podemos darle. Me equivoqué tanto con Sasuke que temo podría arruinarlo todo… por eso quiero confiártelo a ti.
—¿Aún al término de todo… quieres esconder tus verdaderas emociones?
—Tal vez logre ser sincero con él… antes de que…
—¿Itachi? ¡¿Itachi?! ¡Itachi!
…
Sakura miró el techo de su habitación para después cerrar los ojos. Descansar le sentaría bien.
—Ambos hermanos son idénticos… siempre encubriendo sus sentimientos… - fue lo último que emitió Sakura antes de quedarse dormida.
Continuará…
Sakura finalmente ha tenido más intervención y como podrán ver su vida se ha vuelto un poco menos caótica que al principio. Hay cosas que quedan pendientes así que... espero puedan resolverse pronto.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
