¡Aquí viene el capítulo 14! ¿Teníais ganas?

Bueno, capítulo dedicado a Mary Mellark, My Dear Lost Soul y Banny Cullen Masen ¡seguid así!

Disclaimer: nada de lo que reconozcáis es mio.

Capítulo 14: Separación

Inspira, expira, inspira, expira. Deja la mente en blanco. Inspira, expira. Localiza tu objetivo. Inspira, expira. Céntrate en tu objetivo. Inspira, expira. Agarra fuerte el chuchillo. Inspira. Levanta el brazo. Expira. Arroja el cuchillo. Inspira. Espera.

El cuchillo se clavó limpiamente en la piel del zorro de las nieves que se había tratado de camuflar y que no habría visto, ni siquiera sabido que existía, de no ser de los documentales de National Geographic. Aunque estoy segura de que ellos no hacían los documentales para estos fines, pero ¿qué se le va a hacer?

Había conseguido cazar un par de liebres alpinas, un armiño y, en ese momento, un zorro. Todos eran blancos y difíciles de ver, pero los animales no sabían ocultar sus huellas y en la nieve virgen se veían con bastante facilidad. Era un alivio, en realidad, poder cazar estos animales, porque nos estábamos quedando sin víveres y las bayas no daban para tanto.

Me acerqué para recoger el zorro y recuperar mi cuchillo, era el que me había arrojado Travis, del Distrito 2, tendría que acabar agradeciéndoselo. Guardándome de nuevo el cuchillo en el cinturón y metiendo al zorro en una de las mochilas que había vaciado expresamente para esta ocasión.

— No entiendo cómo les aciertas, de entrada ni siquiera entiendo cómo los ves —dijo Evan cuando me acerqué a él.

Evan y yo habíamos salido en busca de comida, a mí me había tocado cazar y a Evan recoger plantas y buscar insectos que pudiéramos comer, bueno, en realidad solo plantas porque ninguno estaba dispuesto a comer insectos. Los demás se habían quedado en nuestro nuevo campamento y lo estaban habilitando (quitando la nieve, preparando las cosas para una posible huída rápida, cortando leña para el fuego, montando la tienda…).

— Es solo cuestión de prestar atención —contesté—. Y de tener puntería.

— La próxima vez deberías llevarte a Lucy, esa chica sí que tiene puntería —dijo Evan.

— Lo haré, y le enseñaré todos mis secretos —sonreí y Evan rodó los ojos.

Tardamos aproximadamente media hora en llegar al nuevo campamento, aunque cómo íbamos hablando y bromeando el tiempo se pasó bastante rápido.

— ¿Qué tal les ha ido a nuestros cazadores? —preguntó Cooper en cuanto nos vio llegar al campamento.

Le lancé la bolsa como respuesta— Yo no tengo ni idea de qué hacer ahora.

— Yo sí —salió Angelique—. De eso va mi Distrito.

Cooper le pasó la mochila, algo dubitativo y Angelique sacó los animales mirándolos con aprobación. Luego, Evan le tendió su mochila con todo lo que él había recolectado y la mirada de Angelique se encendió.

— Pon agua a hervir, Izzy —me ordenó—. Y vosotros encender un fuego más grande.

Acordándome de lo que había leído en un libro, puse varias rocas al fuego y, mientras esperaba, llené una cazuela con agua. Al cabo de unos minutos puse las piedras calientes en el agua y la olla la coloqué en una roca libre de nieve, poco rato después tenía agua hirviendo.

— Muy bien —Angelique me felicitó y echó en el agua un conjunto de bayas, hierbas, carne y hasta una hoja de un árbol.

— ¿Vamos a hacer estofado? —pregunté encarnando una ceja.

— ¿Por qué no? —Angelique se encogió de hombros—. Será un cambio agradable.

Me encogí de hombros— Tu mandas, jefa.

— A callar, chica vampiro —rió Angelique.

— ¿Qué tienes contra mí? —hice un puchero— Últimamente siempre me mandas a callar. ¿Qué ha pasado con la bonita relación que teníamos? ¡Yo te quería!

Angelique me miró, primero perpleja y luego divertida— He conocido a otra persona —contestó secamente.

— ¡No! Ha sido el carnicero, ¿verdad? Ya sabía yo que te estaba haciendo ojitos… ¡No me abandones! ¡Te prometo que cambiaré!

— Es demasiado tarde… ya no siento nada por ti.

— ¡Noooo! —me tiré de rodillas en la nieve.

— ¿Y a esta que le pasa? —inquirió Lucy apareciendo en el campamento.

— Nada, Angelique le ha dicho que quiere a otro, al carnicero, creo —contestó Cooper con indiferencia.

Lucy parecía estar más confundida que cuando había llegado.

Después de eso la comida transcurrió entre conversación normal y diversos momentos dónde le rogaba a Angelique que dejara al carnicero, al que habíamos empezado a llamar John, y volviera conmigo. No lo hizo.

— ¡El nunca te dará lo que yo!

— No quiero cosas materiales, el me quiere y con eso me vale.

— Er… ¡Es gay!

— ¿Qué? —esta vez todos me miraron con cara de confusión.

— John es gay, le gustan otros hombres… y te está utilizando para que la sociedad no lo discrimine. No tengo nada contra los gays, por cierto.

Angelique rió— Oh, puedo asegurarte que no es gay.

Fingí una exclamación de asombro y una mirada dolida— ¿Cómo pudiste?

Un cañón interrumpió nuestro diálogo.

— ¿Quién creéis que…? —Evan miró a su alrededor con preocupación.

Otro cañón retumbó en el cielo.

— Quienes quiera que fueran estaban juntos —contestó Lucy.

— ¿Creéis que los habrán matado los profesionales? —pregunte.

— Es posible —dijo Evan mirando al cielo.

Sonó otro cañonazo más y luego la Arena restó silenciosa

— Esto solo significan malas noticias —dije—. Si no son los Profesionales significa que estos han salido de caza y que, probablemente, luego, o mañana o algún día de estos, vengan a por nosotros. Si son los profesionales solo pueden ser mutos, lo que significa que los Vigilantes están tratando de ponerle más emoción a la cosa y que, probablemente, luego vayan a intentarlo con nosotros.

— Tendremos que estar alerta —replicó Evan agarrando su cuchillo.

Me giré hacia Lucy— Si mañana no han venido, te enseñaré a tirar cuchillos y me acompañarás a cazar.

— ¿Por qué yo? —Lucy parecía sorprendida.

— Porque tienes muy buena puntería Lu —contestó Angelique rodando los ojos—. Tan solo tenían que verte cuando hicimos la pelea de bolas de nieve.

Un tinte rosado adornó las mejillas de Lucy— Me gustará mucho acompañarte.

—Esperad, si estos han sido los que quedaban que no eran ni los Profesionales… —empezó Cooper.

— ¿A quién contarías como profesionales? —intervine yo.

— Pues a ambos del 1 y del 2 y al del 4 —contestó perplejo.

— Y el del siete —añadió Lucy—. El chico ese con el hacha que sacó un diez en las puntuaciones. Fijo que ese también es un Profesional.

— O sea, queréis decir que; Marcus, Nicole, Travis, Scarlett, Scott y Gabriel son los Profesionales de este año. Eso significa que, restándonos a nosotros quedan, o quedaban, Thomas Young, Diane Williams y Bianca Davis, de los Distritos 5 y 8.

— Yo sabía que los del Distrito 1 se llamaban Marcus y Nicole, y que el del 4 era Scott, no me sabía a los demás, ¿cómo has dicho que eran los Profesionales? —dijo Lucy con verdadero interés.

— Del Distrtito 2 Scarlett Stewart y Travis Bell y del Distrtito 7 Gabriel Jackson.

— Bueno, como iba diciendo, si los que han muerto son…

— Thomas, Diane y Bianca —apunté.

— Sí, esos. Significa que tan solo quedamos los Profesionales y nosotros —terminó Cooper.

Todos compartimos miradas aprensivas.

— Y eso quiere decir que los Profesionales irán, sin otra opción, a por nosotros —dijo Angelique temblorosamente.

— ¿Creéis que deberíamos separarnos? —la mirada de Evan estaba llena de dolor.

— Yo no quiero tener que mataros si llega el momento —dijo Cooper.

— Ni yo —contestamos las tres chicas a la vez.

— Yo tampoco —dijo Evan—. Sois mis amigos —añadió.

— Esperaremos a ver quien ha salido esta noche en el cielo, si son Bianca, Thomas y Diana nos separamos, si no, seguimos unidos —propuse.

— ¿Y cómo nos separaremos? —preguntó Cooper.

— Bueno —me rasqué la cabeza—, podemos dormir juntos hoy igualmente y entonces, después de cenar, repartiremos provisiones y cosas y nos separaremos.

— Somos cinco y tenemos tres sacos —puntualizó Evan.

— Izzy y yo iremos juntos —saltó de pronto Cooper—, y nos llevaremos la tienda, mientras que vosotros os quedaréis con los sacos de dormir.

— ¿Y por qué Izzy y tú vais juntos? —le preguntó Angelique frunciendo el ceño.

— Porque a ninguno de los dos nos molesta no dormir en sacos y, además, tenemos hábitos de sueño muy parecidos, es decir que ambos dormimos poco —se explicó.

— Está bien —aceptó Angelique—, tu e Izzy iréis juntos. Pero nada de tonterías —levantó una ceja de forma sugestiva.

— ¡Iuuu! —arrugué la nariz— ¡Angelique! No es… Cooper… yo… es que ¡iuuu!

Cooper, que tenía una expresión muy parecida a la mía, le tiró a Angelique un puñado de nieve— No seas estúpida, Izzy es tan solo como una pesada hermanita pequeña, no la veo de esa forma.

— Podemos marchar juntos al principio nosotros tres si quieres, Angie —interrumpió Evan con unadivertida sonrisa en sus labios.

— Sí, ¿Por qué no? Así al menos no será una separación tan grande.

— Pues ese es el trato —suspiró Lucy—, si salen esta noche Bianca, Diana y Thomas en el cielo, Evan, Angie y yo nos marchamos por un lado mientras que Cooper y tú os vais por el otro, ¿no?

— Ese es el trato —asintió Cooper.

.

.

Cuando esa misma noche las caras de Thomas Young, Diana Williams y Bianca Davis brillaron en el cielo junto al himno de Panem, sentí como si me hubieran pegado con un bate de béisbol en todo el estómago.

— Ya está decidido, ¿no? —sentí lágrimas correr por mis mejillas—. Mañana nos separamos.

— Te echaré mucho de menos, Izzy —Angelique me abrazó, también llorando—. Has sido la mejor amiga que podría haber deseado.

— Tú también, Angie, tu también.

— Vamos, Lu, chicos, uníos al abrazo —dijo Angelique con voz entrecortada.

Hasta Cooper nos abrazó sin dudarlo, lágrimas brillando también en sus ojos marrones.

— Ya hago yo la primera guardia —dije limpiándome las lágrimas.

— ¿Estás segura? —Angelique se acercó a mi lado.

— Sí, id a dormir, mañana nos espera un largo día.

Oí a Angelique suspirar pero no me volví para mirarla.

— Despiértame cuando hayan pasado las cuatro horas —dijo Evan suavemente cuando pasaba por mi lado para irse a la cama.

No hice ningún gesto que delatara que le había oído. En realidad, me quedé completamente quieta hasta que empecé a oír las regulares respiraciones de Lucy y Evan y los suaves ronquidos (y no tan suaves) de Cooper y Angelique, cuando entonces me eché a llorar, abrazándome las rodillas y hundiendo la cara en ellas.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

La mañana siguiente se alargó como quien no quiere la cosa; el desayuno se tardó mucho en hacer, nadie se ponía de acuerdo con las reparticiones, el lugar dejaba demasiadas evidencias de que habíamos estado allí…

Era evidente que no queríamos separarnos, y que estábamos haciendo todo lo posible para evitar la despedida, pero todos sabíamos que si no nos despedíamos ahora, lo más probable era que hubieran luego más posibilidades de que nos tuviéramos que matar entre nosotros.

— Me alegro tanto de haberos conocido —las traidoras lágrimas volvían a estar en mis ojos.

— Intenta no matarte, chica vampiro—fue lo que me dijo Lucy mientras me abrazaba con lágrimas corriendo por sus mejillas.

— No prometo nada —fue lo que le respondí con una triste sonrisa.

— Mantén los ojos abiertos —le advertí a Evan.

— No cojas las bayas lilas —respondió él y yo sonreí, siempre estaba advirtiéndome sobre esas bayas, porque siempre acababa intentando cogerlas.

— Espero estar siempre en tu memoria —le dije seriamente a Angelique.

— Si nosotros morimos yo espero que estemos nosotros en la tuya y que ganes estos juegos —contestó.

Rodé los ojos— No moriréis.

Angelique se limitó a besarme en la mejilla para luego irse a despedir de Cooper.

— Que la suerte este siempre de vuestra parte —les dije a los tres como última despedida.

Evan respondió con un extraño saludo; se llevó a los labios los tres dedos de la mano izquierda y los pues nos señaló con ellos, el final un saludo muy parecido al "Ave" de la antigua roma o al de "Heil, Hitler".

Y entonces partimos caminos.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Cooper y yo llevábamos caminando cuatro horas seguidas sin descanso cuando decidimos parar a comer algo. Estábamos en un pequeño prado lleno de flores y Cooper dijo que le parecía un lugar bonito para descansar y comer, yo simplemente acepté con tal de poder detenernos y dejar de tropezarme.

— Es una suerte que Angelique hubiera limpiado y cortado la carne —suspiré sacando los paquetes hechos de hojas que envolvían nuestra forma de alimento.

Cooper, que estaba encendiendo el fuego, me miró y rodó los ojos— No me puedo creer que seas tan tiquismiquis con esto de la carne.

— Es que —fruncí la nariz—… no sé, me da asco.

— Pero si está cortada no, ¿no?

— Si está cortada no —le sonreí y él volvió a rodar los ojos.

— Pásame la sartén, anda —suspiró con falsa resignación.

— ¿Qué tal llevas lo del manejo de lanza? —pregunté con curiosidad sentándome a su lado en la hierba.

— Bien, he estado practicando. Ya sabes, lanzando la lanza, clavándola en un árbol… ese tipo de cosas.

— ¿Cómo es tu casa? —inquirí a la vez que ponía cuatro trozos de carne en la ya caliente sartén.

— El Distrito 11 no es un gran lugar para vivir, pero es mi casa. Trabajamos en los campos de sol a sol, a veces hasta más tarde. Los Agentes de la Paz son bastante estrictos, también.

— En mi casa también tenemos campos, no tenemos que trabajar tanto, solo en las épocas de cosecha. Pero cuando cumples los quince has de empezar a trabajar en la fábrica al menos cuatro días, los otros tres son libres para poder trabajar en el campo. A mí aún no me toca trabajar en la fábrica, por lo que cada tarde me toca trabajar en los campos. Somos un Distrito bastante pacífico, de manera que los Agentes de la Paz no nos molestan, es como un trato mutuo, nosotros no hacemos nada y ellos no nos hacen nada. De hecho tan solo hay una flagelación por semana o así, ya sabes, de gente que trabaja en la fábrica e intenta llevarse comida a casa.

— Tenéis suerte —resopló Cooper—. Tengo entendido que no hay pobreza en vuestro Distrito.

— Ah, no, pobreza sí que hay. No tanta como tu Distrito o el 12, pero sigue habiendo bastante. Hay gente que se muere de hambre igualmente y la mayoría de mis compañeros de clase están delgados como un palillo. Soy la única de mis siete hermanos que no ha cogido teseras, y es porque lo tengo terminantemente prohibido. Pero en el Disitrito 9 no hay muchas maneras de hacerse rico, de forma que todos somos más o menos pobres pero no hay mucha desigualdad y, por lo tanto, todos somos un poco menos pobres.

— Me gustaría vivir en tu Distrito —suspiró Cooper.

— Uy, no te creas, mi Distrito no es tan genial.

— ¿Y por qué no? —preguntó Cooper con el ceño fruncido.

Miré a mi alrededor y me incliné hacia delante, como si fuera a contarle un importante secreto— En mi Distrito —empecé—, en verano —continué con el mismo tono de voz confidencial—… ¡hace un calor de muerte!

Cooper me miró con la boca abierta y yo asentí, con una cara mortalmente seria.

Segundos después ambos estábamos riéndonos a carcajadas.

— Eres genial, chica vampiro.

— Hago lo que puedo, chico-orquidea.

— ¿Chico orquídea? Eso suena… muy gay.

Puse falsa cara de sorpresa— Pero yo creía que tu…

Cooper hizo un mohín y me sacó la lengua, para luego mirar al fuego con mala cara— Idiota… —murmuró haciéndome reír de nuevo.

.

.

.

.

Mary Mellark: ¿A que sí? Si yo con los nombres... Lo leí en un libro y luego por internet me salía eso también, iba a hacer un ataque de serpientes y que mordieran a Evan y Bella tuviera que succionar el veneno y luego dijera algo así como "ahora sí que parezco un vampiro" pero al buscar por internet me salió que eso es lo peor que puedes hacer si te muerde una serpiente U.U. Gracias! Es un color muy bonito también. Bueno, ya están bien equipados como para un calentador ¡e imagínate lo que debe de costar eso! Las galletitas... eso culpa a Banny.

Besos a todos y decirme que tal, CF98!