SIMPLEMENTE...AMOR

Por Lady Nadia de Grandchester

CAPITULO XIV

Después de algunos minutos de cabalgata, Terry llegó a la villa de los Andrew. Desmontó su caballo y lo dejó que anduviera libre por el lugar, ya que con un sólo silbido lo haría regresar cuando lo necesitará. Sin saber que pretexto dar para justificar su visita con la ilustre familia Andrew, llamó a la puerta y fue el mayordomo quien lo recibió.

-¿Se encontrará la señorita Candy?-Preguntó.

-¿Quién la busca?-Preguntó el mayordomo a su vez.

-Terrence Grandchester.-Respondió Terry con un poco de fastidio ante la estirada formalidad de la servidumbre de los Andrew.-Soy un amigo de la señorita Candy.

-La señorita Candy no se encuentra en este momento...-El mayordomo se interrumpió al escuchar unos pasos que se acercaban.

-¿Quién busca a Candy?-Se escuchó decir a alguien. Era Annie.

-El señor Terrence Grandchester.-Respondió el mayordomo con prontitud.

Annie sonrió para sus adentros. El que Terry estuviera en casa de los Andrew para buscar a Candy era una clara señal de que las cosas se habían arreglado entre ellos. Y eso era motivo de alegría para ella.

-Puede retirarse señor Carson, yo misma atenderé al señor Grandchester.

Annie se acercó a Terry brindándole una afectuosa sonrisa. El joven la miró con sorpresa, si mal no recordaba, "la timidita" solía huir asustada cada vez que él se acercaba.

-¡Hola Terry!-Lo saludo.-Ven, me gustaría platicar contigo, si no tienes inconveniente.

Terry asintió y siguió a la muchacha por el amplio jardín principal. Una hilera de bancas de mármol rodeaba la fuente central y Annie tomó asiento en una de ellas. Con una seña, le indicó a Terry que se sentará junto a ella.

-Veo que ya no eres tan timidita.-Le dijo Terry al tiempo que se sentaba.

Annie dejo escapar una leve carcajada por el comentario de Terry. Era verdad, hacía tiempo que Annie había dejado de ser la chica asustadiza de los días del colegio.

-Los años no pasan en balde.-Afirmó Annie, pasando una mano por sus largos cabellos negros que llevaba sujetos en una cinta.-Y en mi caso, he tenido un excelente ejemplo a seguir...Candy...y es sobre ella que quiero hablarte.

Terry miró con atención a su acompañante al escuchar el nombre de la mujer que adoraba. Y Annie se percató de que sólo bastaba mencionar el nombre de Candy para que la mirada del muchacho se iluminará. Era indudable que la amaba.

-¿Sabías que Candy y yo crecimos juntas en el Hogar de Pony?-Preguntó de repente.

Por la mirada de sorpresa reflejada en el rostro de Terry, la muchacha supo de inmediato que no.

-Candy es muy discreta respecto al pasado que compartimos...-Dijo la muchacha con una sonrisa.-Ella es como una hermana para mi.

Terry escuchaba con atención las palabras de Annie, preguntándose hacia donde quería llegar la muchacha.

-Desde niñas, Candy siempre fue alegre y divertida.-Annie cerró los ojos y recordó a una niña de coletas que se divertía saltando entre las ramas del padre árbol.-Si había alguna tristeza que la agobiara, jamás dio muestra alguna de ello...hasta el día que regresó de Nueva York, después de encontrarse contigo.

Para Terry no era grato recordar aquella época de su vida en la que sufrió lo indecible. Y se dio que cuenta que en realidad no sabía lo que había ocurrido con Candy después de su despedida. De lo único que tenía conocimiento es de que ella también había sufrido por verse alejada de él.

-Encontraron a Candy desmayada en uno de los vagones del tren que tomo de regreso a Chicago, los empleados de la estación encontraron dentro de sus pertenencias una carta dirigida a ella, y gracias a eso fue que pudieron identificarla como miembro de la familia Andrew, y avisaron de inmediato a la casa de la familia en Chicago...Archie y yo fuimos a recogerla...estaba tan mal...fue muy duro para mi verla así...

Annie se detuvo. Ante sus ojos desfilo la imagen de Candy, llorosa, con fiebre y enferma. Nunca imagino que llegaría el día en que vería a Candy en esas condiciones. Lo peor del caso es que Candy se había guardado su dolor para si misma y había cargado completamente sola con su pena.

-Cuando recupero la conciencia, Candy no quiso quedarse en la casa de los Andrew por obvias razones...-Añadió Annie.-...la llevamos al departamento que compartía con Albert...y fue ahí donde se derrumbo...

Terry dejo escapar el aire contenido en sus pulmones. Si creía que para él había sido difícil sobreponerse de esa despedida, lo que le estaba contando Annie le confirmaba que para Candy tampoco fue fácil. Y todo gracias a ese tonto sentido del honor. Por una deuda de honor se había quedado junto a Susana y que caro le había costado. Las consecuencias de cumplir con esa famosa deuda habían sido sumamente dolorosas para los involucrados. Candy y él, habían salido adelante, llevando cada quien la carga de su propio sufrimiento, pero Susana, aparte de perder una pierna, había perdido la perspectiva de sus sentimientos, convirtiéndolos en una obsesión al verse rechazada.

-Candy siempre te ha amado Terry, y me parece que tú siempre lo has sabido...-Se atrevió a afirmar Annie.-...las circunstancias del destino volvieron a cruzar sus caminos por algún motivo desconocido...y no deben desaprovechar esa oportunidad para ser felices...tú presencia en esta casa me confirma que piensas igual que yo.

Terry sonrió ante la suspicacia de la "timidita".

-No te equivocas, si estoy aquí es porque Candy y yo estamos dispuestos a luchar por nuestro futuro juntos.-Afirmo Terry con plena convicción en sus palabras.-Solamente espero que Alexander se resigne al hecho de que no podrá convertir a Candy en su esposa.

Annie sonrió complacida y se hizo una nota mental para recordarse que la próxima vez que tuviera la oportunidad de conversar con su querida hermana, la obligaría a que le contará con lujo de detalles la reconciliación con el amor de su vida.

-¿Sabes Terry? Cuando Candy me hizo participe de sus planes de casarse con Alexander, me sentí contenta porque después de mucho tiempo de verla sumida en su muda tristeza, había algo, en este caso alguien, que la motivaba a salir de su coraza para volver a vivir...pero eso no se compara con lo que tú sola presencia provoca en ella, eso es irremplazable y muy difícil de explicar...es como si Candy y tú hubiesen sido hechos el uno para el otro...-Añadió Annie al ver el gesto de molestia en la cara del muchacho, sin embargo tenía que decírselo.-...por ello te pido que seas paciente y tolerante con Alexander.

-¿A qué te refieres con eso Annie?-Preguntó Terry dejando ver su molestia en el tono de su voz. No le estaba gustando el rumbo que había tomado la conversación.

Annie respiró profundamente. Quería hacerle ver a Terry que Alexander, al igual que él, estaba perdidamente enamorado de Candy. Ella misma había sido testigo de todos y cada uno de los detalles que día tras día el joven había tenido para conquistar el corazón de Candy durante los últimos tres años. Y si bien, no había despertado en Candy una pasión avasalladora por él, al menos había conseguido parte de su cariño, a tal grado que la muchacha había aceptado ser su esposa.

-Verás Terry...lo que quiero que entiendas es que fue gracias a Alexander que Candy volvió a sonreír.-Respondió la muchacha, eligiendo con cuidado las palabras a utilizar.-Alexander, antes que ser su prometido, fue su amigo, y como amigo la ayudo a salir del abismo en que había caído tras su rompimiento contigo. Con su constante presencia y atenciones logró que regresará, en parte, la Candy que todos conocíamos...lo demás... ya lo sabes.

Terry se levantó de la banca como si de repente el mármol quemara. Esa parte de la historia le era desconocida y una vez más se recriminó por no haber terminado antes con la farsa que representaba como novio de Susana. Eran tantas las cosas que pudo haber hecho y con las que hubiera evitado que Candy se involucrará con Alexander Grant. Desafortunadamente el hubiera no existe y sólo queda arreglar el presente en la medida de lo posible. Y mientras estuviera seguro del amor de Candy, enfrentaría cualquier cosa que pudiese venir.

-Te agradezco que me hayas contado todo esto Annie.-Dijo Terry cuando se decidió a hablar.-Y te aseguro que no busco ningún tipo de enfrentamiento con Alexander. Lo único que quiero es estar junto a Candy...ella es todo lo que necesito para ser feliz.

-Lo sé Terry...y sé también que tú significas lo mismo para ella...-Concedió Annie, no quería que Terry pensará que estaba en contra de su relación. Por el contrario, ella deseaba la felicidad de su amiga y sabía que únicamente la podría conseguir estando junto al hombre que amaba y ese no era otro más que Terry.-Por ello mismo, por ese amor que se tienen, es que deben estar preparados para afrontar las consecuencias de sus decisiones y los problemas que se deriven de ello.

No hubo necesidad de que Annie dijera más. Terry sabía muy bien a lo que se refería. Él mismo tenía un problema llamado Susana Marlowe instalado en su casa, problema que tendría que resolver de inmediato.


La canasta que hasta el momento Candy sostenía entre sus manos, cayó al piso, esparciendo su contenido por todo el lugar. Sin dirigir una sola mirada hacia atrás y sin ánimos de continuar escuchando todo aquello que Susana quisiera decirle, Candy salió de la cocina. Susana la siguió con la mirada y no pudo reprimir una sonrisa burlona al darse cuenta de que había cumplido con su cometido: una vez más lograba alejarla de Terry con el mínimo esfuerzo requerido.

Candy subió a su caballo y jaló las riendas para ponerlo en movimiento. El caballo relinchó bajo su mando, alterado tal vez porque percibió el estado de animo de su dueña. Y no era para menos, cuando Candy, ingenuamente y dejándose llevar por unas cuantas palabras procedentes de una fuente poco confiable, pensaba que había estado equivocada al creer en las palabras de Terry. En esos momentos, el pensamiento que la acorralaba era el hecho de creer que Terry le había mentido, que la había hecho ilusionarse y le había dicho palabras de amor, mientras que en Nueva York lo esperaba su prometida, Susana Marlowe.

-Terry y yo nos casaremos dentro de poco...

Todavía podía escuchar el eco de la voz de Susana. Podía escuchar aquellas palabras que daban vueltas en su cabeza, hiriéndola con saña, una y otra vez sin piedad.

-Si Terry vino a Escocia fue para divertirse...y por lo que puedo ver, encontró con quien hacerlo.

Mientras galopaba, podía sentir como el viento golpeaba su cara y se llevaba el rastro de humedad ocasionado por las lagrimas que surcaban su rostro. No supo en que momento comenzó a llorar, y sin embargo, lo estaba haciendo. Gruesas lagrimas rodaban libremente por sus mejillas y ella lo permitía sin hacer esfuerzo alguno por controlarse. Lloraba por Terry, porque lo amaba, porque se sentía traicionada después de que ella le entregará su vida misma la noche anterior.

Aferrándose a las riendas del caballo dejo que un cumulo de sentimientos y emociones encontradas se fueron apoderando de su dolorido corazón. Y ante sus ojos apareció la imagen de Terry dedicándole una sonrisa, que bien sabía era sólo para ella. Candy, mejor que cualquier otra persona, conocía a la perfección el carácter de Terry. Y sabía que el muchacho, dependiendo de la ocasión, podría llegar a ser impulsivo, arrogante, impetuoso, pero jamás mentiroso.

Una voz dentro de su cabeza le preguntó por que debía creer ciegamente en las palabras de Susana Marlowe.

La respuesta a esa interrogante vino casi de inmediato. Sólo bastaba el mirar hacia el tiempo pasado, para darse cuenta de que Susana no era el vivo ejemplo de la honestidad. Desde un principio, la actriz le mostró de que estaba hecha en su primer encuentro en Chicago. Candy recordó que Susana le hizo creer que Terry descansaba en su cuarto de hotel y que no deseaba ser molestado, cuando la realidad era que el muchacho estaba buscando encontrarse con ella en el hospital donde entonces trabajaba.

Y después, cuando viajo a Nueva York, su buen corazón la obligó a olvidarse de ese agravio. Se había compadecido de Susana en un momento de vulnerabilidad ocasionado por la desgracia de su penoso accidente. Si bien era gracias a Susana que Terry había salido ileso y bien librado de ese mismo accidente, la factura por ese acto había sido más que costosa. Ya que equivocadamente, tanto Terry como ella, le habían dado más importancia al honor que al amor, siendo Susana la mayor beneficiada de ese bendito "sentido del deber", cuando la realidad era que esa mujer no se merecía el sacrificio que Candy se había impuesto.

Sus ideas y pensamientos daban vueltas sobre su cabeza sin parar, al extremo de sentirse mareada. Pensó en disminuir el paso del galope, pero al mismo tiempo se rehúso a hacerlo. La adrenalina ocasionada por la desesperada cabalgata la estaba ayudando a pensar con mayor claridad.

Y fue entonces, que su corazón la obligó a ver lo que era más que evidente.

Ese mismo corazón que se negaba a creer que Terry fuera un canalla sin principios ni moral. Después de todo lo que había pasado entre ellos, se resistía a creer que Terry hubiese sido capaz de mentirle, de decirle que la amaba con el único propósito de divertirse con ella al llevársela a la cama. Para Candy, eso era muy difícil de creer.

Y en ese preciso momento, fue que recordó todos y cada uno de sus encuentros desde su arribo a Escocia y en cada uno de ellos, de alguna u otra manera, Terry se encargó de demostrarle que la seguía amando, a pesar del tiempo y la distancia.

Sin dejar de galopar, a su mente vino el recuerdo de la conversación que sostuvo con Terry, días atrás, y en la cual, ambos dejaron al descubierto los sentimientos que los habían unido desde los días del colegio, cuando sólo eran un par de adolescentes.

-…no he podido olvidarte, te metiste muy dentro de mi corazón y no hay forma alguna de que pueda sacarte de ese lugar…mis sentimientos hacía ti nunca van a cambiar…pase lo que pase, siempre seguirán siendo los mismos.

Y después de confirmar la verdad de sus sentimientos, Terry había sellado esa confesión con un beso al cual gustosa había correspondido. Ella misma había escuchado el alocado palpitar de su corazón danzando al mismo ritmo que el suyo.

Y frente a ello, no había argumento posible que demostrará lo contrario.

-Tú eres mía, así como yo soy tuyo...no hay más nada que decir.

La voz de Terry se escuchó dentro de su cabeza y comprendió que el joven había sido completamente sincero al decirle que la amaba. Candy lo sabía muy bien. ¡Por todos los cielos, si ella misma lo había sentido vibrar entre sus brazos la noche anterior! Y no sólo habían compartido deseo y pasión en esa entrega, era un sentimiento más profundo el que los unía y llevaba por nombre, simplemente amor.

Una calidez reconfortante invadió su corazón y no tuvo más dudas. Si alguien mentía, ese alguien no era Terry.

Fue entonces que detuvo su carrera abruptamente y jaló las riendas del caballo para cambiar el rumbo a seguir.


Un elegante carruaje se abrió paso en el amplio jardín de la villa Andrew. En la entrada principal ya esperaba el señor Carson para ayudar a descender del mismo a la señora Elroy que había regresado de su habitual paseo por el pueblo, acompañada por su inseparable sobrina Elisa. Tía y sobrina se adentraron en la casa, mientras el señor Carson bajaba del carruaje los paquetes con las compras realizadas por las damas.

-El señor Andrew pidió hablar con usted.-Anunció el señor Carson a la matriarca de la familia.

-¿Y dónde es que está mi sobrino?-Preguntó la señora Elroy.

-La espera en la biblioteca.-Respondió el mayordomo.-Si no necesita nada más la señora.

La señora Elroy negó con la cabeza y el mayordomo le hizo una reverencia antes de marcharse para continuar con sus labores.

-¿De qué querrá hablar conmigo William?-Se preguntó la mujer.

-Ni idea tía.-Respondió Elisa.-Si me disculpa, me retiro a mi habitación. ¡Estoy tan cansada!

-Ve querida.

La señora Elroy dirigió sus pasos hacia la biblioteca. Tocó a la puerta y la voz proveniente del interior le indicó que podía pasar. La mujer se introdujo en la habitación y encontró a su sobrino, sentado frente al imponente escritorio con la mirada fija en diversos documentos mientras pasaba los dedos entre los cabellos rubios que ahora llevaba perfectamente cortos.

La anciana sonrió orgullosa al percatarse del enorme parecido que William tenía con su fallecido padre. Y ese parecido no solamente era relacionado con el físico, sino también en el talento innato para administrar los negocios de la familia. Para su regocijo, su querido sobrino, después de pasar por aquel periodo de rebeldía en el que se dedicó a viajar por todo el mundo, por sus propios méritos, se había convertido en el líder que la familia Andrew esperaba.

Albert se levantó para ayudar a su tía a que tomara asiento en la silla frente al escritorio.

-Me dijo Carson que necesitabas hablar conmigo.-Comenzó a hablar la señora Elroy.

Albert volvió a ocupar su lugar antes de entrar en materia con el tema del que deseaba hablar con su tía.

-Existe un asunto que debo tratar con usted y deseo ser yo quien le informe sobre un acontecimiento que esta por ocurrir dentro de nuestra familia.

La señora Elroy le dirigió una mirada de extrañeza.

-¿Y de qué se trata William?-Preguntó la anciana mujer.

-Se trata de Candy.-Respondió el joven rubio.

-¿Qué sucede con esa muchachita?-Preguntó la señora Elroy comenzando a sentir una extraña inquietud. Presentía que nada bueno podía venir de algo relacionado con esa chiquilla a la que consideraba una calamidad dentro de su familia.

Albert resopló antes de responder. Sabía que no iba a ser fácil lidiar con la reacción de la señora Elroy.

-Candy desea dar por terminado su compromiso y por ende, la boda tendrá que ser cancelada.-Afirmó directamente.-Precisamente esta mañana Candy habló con Alexander para terminar con él en los mejores términos.

El rostro de la señora Elroy palideció de repente para luego dejar ver inmediatamente después un furioso rubor color carmín. Ya lo presentía. Se le hacía demasiado bueno que esa muchachita sentará cabeza tan fácilmente. Y ahora quería poner el nombre de los Andrew en boca de todos al cancelar la boda a pocos días de efectuarse. ¿Es que nunca se iba a librar de esa calamidad llamada Candice White?

-¿Es que esa niña se ha vuelto loca?-Vociferó la señora Elroy con el enfado reflejado en cada una de sus facciones.

-Le agradecería que no se exprese de esa manera de mi hija adoptiva.-Le pidió Albert.

-Y seguramente tú estas de acuerdo con esa locura.-Afirmó la anciana con molestia e ignorando la petición de Albert. Ya sabía, que en lo referente a Candy, su sobrino siempre estaría de parte de su protegida.

-Sobra decir que Candy siempre contará con mi apoyo en cualquiera de sus decisiones.-Afirmó el joven, confirmando los pensamientos de la señora Elroy.

-¿Y se puede saber cuál es el motivo por el que quiere cancelar su matrimonio?-Preguntó la matriarca con el ceño fruncido.

Albert pensó un momento la respuesta antes de contestar esa pregunta. No creía conveniente que la señora Elroy supiera que Candy deseaba romper su relación con Alexander por la aparición de un viejo amor en su vida.

-Candy no esta segura de sus sentimientos.-Fue la respuesta concreta de Albert.

-¡Pues no estoy de acuerdo!-Exclamó la señora Elroy ofuscada, dejando caer su mano cerrada en un puño sobre la mesa.-¿Qué se piensa esa advenediza? ¡Agradecida debería de estar de que el heredero de los Grant haya puesto sus ojos en ella a pesar de lo oscuro de su origen!

Ante esas palabras, Albert supo que había hecho bien en ser él y no Candy, quien le comunicará a la señora Elroy su reciente decisión. Sabía que su tía podía ser muy hiriente cuando se lo proponía y no quería exponer a su querida amiga a maltratos y humillaciones. Se había prometido protegerla y mientras Candy llevará su apellido no permitiría que la volvieran a hacer objeto de malos tratos.

-Nuevamente le pido...no...¡le exijo que cuide sus palabras al referirse a Candy!-Albert se puso se pie y elevo el tono de voz.-Así no sea de su agrado, Candy lleva el apellido Andrew porque así lo decidí como cabeza de esta familia, y eso es algo que ni usted ni nadie podrá cambiar.

En ese instante, la señora Elroy se percató de que había cruzado una línea invisible y trato de controlar sus emociones. Tarea que le era casi imposible de realizar al pensar en las habladurías que estaban por venir. En ese momento, una de las mucamas pidió permiso para entrar a la biblioteca. No pudo haber llegado en mejor momento, ya que llevaba una bandeja con el servicio de té que la señora Elroy acostumbraba tomar por las tardes para relajar sus nervios. Y vaya que la matriarca de la familia necesita con urgencia algo que la ayudara a calmarse.

-Sé que la noticia que acabo de darle no es de su agrado, pero...-Comenzó a hablar Albert, cuando la mucama abandonó el lugar.-...debe de entender que el tutor de Candy soy yo, y si ella ha decidido no contraer matrimonio con Alexander Grant, cuenta con todo mi apoyo.

La señora Eloy entrecerró los ojos y bebió un sorbo de su taza. En el pasado se había visto obligada a aceptar a Candy como parte de los Andrew en contra de su voluntad, y lo había hecho por no ir en contra de las decisiones de William, dándole su lugar como jefe de la familia. Porque esa era la realidad, William Albert Andrew era el jefe de la familia Andrew, y como tal, sus decisiones tenían que ser aceptadas y obedecidas por todos sin excepción alguna, incluyéndola a ella. Sabía que Candy, al contar con el apoyo incondicional de William, cancelaría sin mayor preámbulo sus planes de boda, a pesar de lo que se pudiese suscitar. Y ella, como matriarca de la familia, tendría que hacer algo para que el escandalo no fuese mayúsculo.

-Se hará como tú digas, William, pero quiero que sepas, que en lo que a mi concierne, no quiero ver el nombre de la familia envuelto en el escandalo.-Dijo la anciana finalmente después de algunos minutos de silencio.-Por lo que te pido que en lugar de anunciar la cancelación del compromiso, digamos que la boda quedara postergada por algunos meses. Y después de dejar pasar un tiempo prudente, podremos anunciar que el matrimonio fue cancelado por diferencias irreconciliables entre la pareja.

-No me parece que sea lo mejor.-Dijo Albert mientras tomaba asiento de nueva cuenta al ver que la señora Elroy estaba más tranquila.

-Pienso lo contrario William.-Objetó la anciana.-Al manejar este penoso asunto de la forma que te sugiero, evitaríamos estar expuestos a las habladurías de la gente. Tenemos que cuidar el buen nombre de la familia, y cuando me refiero a cuidar ese buen nombre, por supuesto que en eso también incluyo a Candice. Después de todo, para todos los que nos conocen, ella es tu hija.

Albert guardó silencio por algunos momentos. La sugerencia de la tía Elroy no estaba fuera de lugar y daría el tiempo suficiente para que Candy pudiera quedar libre de su compromiso sin convertirse en el blanco de comentarios malintencionados.

-Bien, eso haremos tía.-Respondió finalmente Albert.-Ahora también tenemos que esperar a que Candy regresé para que nos diga cual fue la respuesta de Alexander ante su solicitud.

-¿Es qué aún no lo sabes?-Preguntó extrañada la señora Elroy.-Por como estas manejando la situación, pensé que ya era un asunto finiquitado.

-Y lo es tía.-Afirmó Albert con calma.-Si Alexander se niega a romper el compromiso con Candy, no seré yo quien la obligue a casarse a con él. Al final tendrá que aceptarlo, no es propio de un caballero el querer retener los afectos de una dama.

La señora Elroy no dijo nada más. Por la experiencia que brindan los años vividos, intuía que romper ese dichoso compromiso sería más difícil de lo que Albert pudiera prever.


Candy regresó a la propiedad de los Grandchester. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, bajó del caballo y se dirigió a la cocina, donde supuso que encontraría a la intrusa. Sin embargo, Susana ya no estaba ahí. Olvidándose de cualquier protocolo, Candy no espero que alguien de la servidumbre fuera a su encuentro para anunciarla y se adentró en la casa para buscar a Susana.

No tardó en encontrarla. Susana estaba cómodamente sentada en el sofá. Y esa sola visión le provocó que su enojo contra esa mujer que se había empeñado en el pasado y en el presente en truncar su felicidad, fuera en aumento.

Candy aclaró su garganta para hacer notar su presencia y se deleito al ver que, el hasta entonces apacible rostro de Susana se transformaba con un rictus de molestia, provocado por el simple hecho de verla nuevamente frente a ella.

-¿Qué buscas de nuevo aquí?-Le preguntó al tiempo que se incorporaba del sofá, sintiéndose la señora de la casa.

Candy encaminó sus pasos hacia donde se encontraba Susana.

-Es muy simple, regresé para decirte que no te creo, nada de lo que has dicho es cierto.-Candy levantó la mirada para fijarla en los ojos de Susana.-¡Terry terminó contigo antes de venir a este lugar!

Aquello era algo que Susana no esperaba, pero no se iba dejar amedrentar por la aparente seguridad de su rival.

-Estás en todo tu derecho de creer lo que mejor te convenga.-Le dijo sin titubear.

-¡Terry me lo aseguró y no tiene porque mentirme!-Refutó Candy, completamente convencida del amor que Terry le profesaba con hechos y palabras.

Susana sonrió para ocultar su turbación. No imaginó que después de lo que le había dicho, Candy regresaría y mucho menos imaginó que la muchacha se le enfrentaría. Por su mente pasó la idea de que en el tiempo que Terry tenía viviendo en Escocia, algo había ocurrido entre Candy y él, algo que los unía mayormente que antes. Aun con eso, no se iba a dar por vencida. Si en el pasado logró apartarla del camino de Terry, en esta ocasión no iba a ser la excepción.

-No te engañes Candy.-Prosiguió Susana, mirándola de arriba a abajo.- No sé que haya sucedido durante todo este tiempo entre Terry y tú...y la verdad es que no me interesa. Lo que si te puedo asegurar es que para Terry solamente has sido una aventura, algo que tenía que vivir antes de casarse conmigo.

Candy se sorprendió de ver la facilidad con la que las mentiras fluían de la boca de Susana. Sin embargo, ella había dejado atrás a la muchachita ingenua que era fácil de convencer con cualquier mentira.

-Terry no se casará contigo...y no lo hará, simple y sencillamente porque él esta enamorado de mi.-Le confirmó Candy, enfatizando sus últimas palabras.- ¡Por Dios Susana, deja de engañarte! Y evítate la molestia de querer engañarme, que yo no creo ni una sola palabra de toda la sarta de mentiras que has dejado de salir de tu boca. Terry podrá haber pasado tres años de su vida junto a ti, pero, aunque te duela, sus sentimientos por mi no han cambiado...y tengo que decirte que los míos continúan vigentes, igual ó más que la última noche de invierno en que equivocadamente me aparte de su lado por tu causa.

Susana pareció palidecer de repente ante las palabras de Candy. La mujer frente a ella hablaba con tal fervor de los sentimientos que la unían con Terry, con la firme convicción que da el conocimiento de saberse correspondida. Aun con ello, no la iba a dejar salir ilesa del ataque de su veneno verbal.

-Por lo visto no te queda claro que la prometida de Terry soy yo y que tus servicios para con mi prometido ya no serán requeridos.-Le dijo con toda la intención de lastimarla.

¿Qué era lo que esa mujer se creía para intentar ofenderla? Candy no se pudo contener más ante ese comentario dirigido a ella con el firme propósito de ofender. Olvidándose de las buenas costumbres y del comportamiento fino y delicado que la señora Elroy se empeñaba en enseñarle, estampó con fuerza inusitada, una bofetada en la mejilla de Susana. La mujer se llevó la mano al rostro rojo y dolorido, mirándola con rabia contenida.

-Pero...¿cómo te atreves?-Espetó con furia al tiempo que levantaba la mano para intentar regresar el golpe a su rival, pero Candy la detuvo con fuerza.

-¡Me atrevo, porque no voy a permitir que vuelvas a interponerte entre Terry y yo!-Candy soltó a Susana de su agarre en un gesto de franca repugnancia.-Y que te quede claro, ya no soy la muchachita ingenua que lograste alejar valiéndote de mentiras como aquella noche que fui buscar a Terry en el hotel de Chicago.

En ese momento, entró Meg a la estancia, acompañada del jardinero, encontrándose con el cuadro de las dos mujeres que discutían. Susana fijo sus ojos en ellos y una idea cruzó por su mente.

-¡Señora! ¡Saquen a esta mujer de aquí!-Ordenó con autoridad.

El jardinero miró sin comprender a Meg y la anciana con un gesto de sus ojos le dijo que saliera de la estancia.

-Lo siento, señorita Marlowe, pero no puedo hacer lo que pide.-Respondió Meg con toda tranquilidad.

-¡Se niega a obedecerme!-Exclamó Susana sintiéndose cada vez más ofuscada.-¿Es que no recuerda quien soy?

-Según usted, es la prometida de Terry, pero eso es algo que a mi no me consta.-Observó Meg al tiempo que encaminaba sus pasos para situarse junto a Candy.-Lo que si me consta es que la señorita Candy es la novia del joven Terry. Y como podrá ver, por ese detalle es que no la podemos sacar de aquí.

-Me parece que la que esta de más aquí...eres tú Susana.-Añadió Candy con firmeza.

Susana se sintió más furiosa al ver que la empleada de Terry le daba a Candy su lugar como novia del muchacho. Y su enojo aumento más al darse plena cuenta de que Candy, ya no era nada fácil de engañar.

-¡Esto no se va a quedar así!- Susana resopló sintiéndose frustrada y salió de la estancia lo más rápido posible que su prótesis le pudo permitir.

Meg volvió su rostro hacia Candy, quien respiraba agitadamente debido a las recientes emociones.

-¿Te encuentras bien Candy?-Le preguntó la anciana al tiempo que la tomaba del brazo.-¿Quieres que te preparé un té?

-Lo que quiero es que esa mujer desaparezca de mi vida.-Fue la respuesta que Candy le dio.

-Si quieres le puedo decir al cochero que la llevé a la estación de trenes.-Sugirió Meg con gesto travieso.-Si se da prisa, tal vez encuentre un tren que la llevé a Londres para que tomé el primer barco que la regrese de vuelta a los Estados Unidos.

Candy no pudo evitar sonreír.-Es una buena idea, pero es a Terry a quien le compete decirle que se vaya, ya que por lo visto, fue él quien le permitió quedarse aquí.-Añadió con un dejo de aspereza en la voz. Confiaba en Terry, pero lo que no le parecía era el hecho de que el muchacho hubiese dejado que Susana se instalará en su casa.

Meg percibió el tono de la muchacha y la palmeo en el brazo del que la sostenía.

-Candy...no desconfíes de Terry. El ni siquiera sabe que esa señorita Marlowe pidió ser instalada en la casa.- Candy la miró con extrañeza.-Es cierto que Terry habló con ella cuando llegó por la mañana, pero en ningún momento me pidió que la instalará en la casa. Fue ella quien me ordeno que le preparará una habitación y mal hice yo en obedecerla.

-Entonces Terry...¿dónde esta?-Preguntó extrañada Candy.

-Quizás fue a buscarte.-Respondió Meg.-Salió muy apresurado después de hablar con esa mujer.

Candy volvió su rostro y vio su caballo. Tal vez Terry en verdad había salido a buscarla mientras ella venía con el mismo propósito a la villa. Con la desagradable sorpresa de haberse encontrado con Susana, se olvido por completo del motivo que la había traído a la casa de Terry. Tenía que hablar con él para enterarlo de la negativa de Alexander frente al hecho de romper con el compromiso y debía decírselo de inmediato. Además también quería decirle que no le parecía el hecho de que Susana se quedara en su casa. Después de la sarta de mentiras que esa mujer dejo salir de su boca, Candy la quería lo más lejos posible de ellos.

Después de despedirse de Meg, la muchacha se apresuro a salir de la casa. No había dado más de tres pasos en el jardín cuando se encontró con la gallarda figura de Terry montado en su caballo a escasos metros de ella. Candy se quedo quieta, con la mirada fija en el apuesto jinete que descendía de su caballo con rapidez para ir a su encuentro.

En ese momento, se olvido de Alexander, de Susana y de todos los amargos sinsabores del día. Esos detalles le parecieron insignificantes ante la sola presencia de Terry ante sus ojos.

Como dos imanes se acercaron, fundiendo sus cuerpos en un abrazo estrecho y el mundo entero desapareció. Solamente eran ellos dos y el amor que se profesaban.

Continuará...

Notitas de mi:

¡Hola chicas! ¿Cómo están? Espero que muy bien.

Yo he tenido unos días bastante pesados, pero bueno, no me quejo. La vida es muy corta y hay que vivirla al máximo.

Y bien, primero que nada quiero agradecer por todos y cada uno de los comentarios que tan amablemente me dejan en cada capitulo de esta historia. Toda observación es bien recibida ya que ayuda a mejorar lo que se esta haciendo.

Va mi agradecimiento especial a ustedes: Conny de Grandchester, Anna María, Ale Mía, Iris, Geraldin, Lupisss, AdiaSkyFire, Ruby, AlmaCandy, Angellis, Shareli Grandchester y Nency.

¡Chicas muchas gracias por leer y comentar!

También quiero agradecer a las lectoras miembros de fanfiction que han puesto mis historias y su humilde servidora en su listas de favoritos. ¡Muchas gracias!

De igual manera quiero agradecer a todas las personas que leen de forma anónima y que cada viernes están aquí pendientes del capitulo que se publica. ¡Gracias por ello!

Entrando en materia, ¿qué les pareció el capitulo?, de todo corazón espero que les haya gustado, y eso lo podré saber por medio de sus comentarios.

Quiero platicarles que una cosa que en algunas ocasiones me llego a molestar del carácter de Candy en la historia original, era su tendencia a creer que todas las personas a su alrededor eran como ella: bondadosas y honestas. Y esa característica de su carácter provoco que pasará por muchas decepciones.

Por ello, en este capitulo quise reivindicar esa parte de su carácter. Si bien, por un momento llegó a creer todo lo que Susana le dijo, tuvo el buen tino de pensar bien las cosas y darse cuenta por si misma y sin ayuda de nadie, que Susana le había mentido descaradamente. Y de paso fue a dejarle en claro que ya no era más esa chiquilla ingenua que se creía todo lo que le decían. ¡Bien por Candy! Esa parte a mi me gusto y espero que para ustedes también haya sido de su agrado.

Pasando a otra cosa, les cuento que con este capitulo, entramos en la recta final de "Simplemente...amor". Sé que aun quedan situaciones por resolver las cuales estarán tomando su rumbo definitivo en los próximos capítulos. Así que espero seguir contando con el favor de su compañía.

¡Un abrazo cariñoso para todas!

¡Nos leemos el próximo viernes!