Lea abrió los ojos por tercerá ocasión, esta vez y para su fortuna, se encontraba en su cama, en el planeta tierra, con su pijama puesto. Tranquila. Viva. En paz.

Tomó su celular y aún le quedaban quince minutos antes de su usual hora para levantarse, así que prefirió quedarse recostada un momento más, pensando.

¿Qué había sido todo ese sueño? ¿En verdad Ganondorf la había mandado dormir para mantenerla lejos de Hyrule como le dijo Link en aquella visión? ¿No será que estaba tan estresada y harta que su mente le había jugado una mala pasada?

Lea inspeccionó su pecho y no notó nada inusual, ni siquiera algun indicio de que algo la hubiera atravesado o lastimado. Todo parecía indicar que lo que había sucedido en la supuesta isla Koholint nunca pasó en realidad.

Entonces, se dió cuenta...su jefa le había ordenado enviar su trabajo por correo ¡y lo había olvidado por completo! Estaba tan cansada emocionalmente que se quedó dormida y no despertó sino hasta el día seguro que su bandeja de entrada estaría llena de mensajes desesperados de Cathaline preguntando por el trabajo atrasado. Lea abrió su correo desde su celular para verificar pero para su sorpresa no encontró nada, ni un sólo correo ni mensaje del trabajo.

Otra señal inusual, ya que por lo general ambas mujeres estaban muy al pendiente de ella, incluso después de sus horas de trabajo. Algo no andaba bien...

Después de esos breves instántes de reflexión, Lea se paró y fue a bañarse. Se vistió, y después de desayunar se fue caminando al trabajo como todos los días.

"Un sueño" pensó algo decepcionada "solamente fue un sueño, y nada más".

Al llegar a la oficina y colgar su abrigo en el perchero, vió a Cathaline y a Jessica hablando acaloradamente en el cubículo contiguo al suyo. Nunca las había visto llegar tan temprano.

-Fanny, ¡qué bueno que llegaste! ¿cómo te sientes?-preguntó Cathaline al escucharla entrar.

Estefanía...ese era el nombre con el que la conocían en el mundo "real", en su casa, en el trabajo diario...un nombre que su madre le había puesto al nacer y que en latín significaba "merecidamente coronada". No fue sino hasta que viajó por primera vez a esa otra "dimensión" que había descubierto el nombre con el que las Diosas la habían bendecido originalmente.

Lea...Estefanía...dos nombres de la misma persona, de dos mundos diferentes.

-Este...ya mejor ¡gracias!-contestó ella desde su escritorio.-temía que le preguntaran del trabajo que ayer no había enviado.

-Que bueno...-dijo Cathaline desde su puerta-oye, ¿estarás muy ocupada?

-No...¿por?

-¿Tendrás un momento para hablar?

El tono en el que se lo dijo ya avecinaba un problema grave. Lea se paró nerviosa de su silla y la siguió hasta el cubículo de a lado.

En aquel espacio se encontraban dos escritorios distintos, el de Cathaline y el de Jessica, sus dos jóvenes jefas. Lea (o Estefanía) trabajaba para ellas desde hacía ya tres meses. Hasta ahora se había sentido muy tranquila, pero por alguna razón en los últimos días había habido más presión que de costumbre. Como agencia de publicidad su deber era llevar a la puerta del cliente gente que quisiera comprar o contratar un servicio. En su caso habían estado trabajando para un cantante de rock llamado Pharell. Su tarea consistía en atraerle gente para llenar sus conciertos a través de Internet, pero hasta el momento no había vendido más que seis tristes boletos a través de un concurso de Facebook.

-¿Cómo te has sentido en estos últimos meses?-le preguntó Cathaline.

-Bien...sí, bien...-contestó Lea insegura frotándose ambas manos debajo del escritorio.

-Bueno pues, supongo que ya sabes porqué te llamamos. Tu contrato de prueba vence mañana, y hemos estado discutiendo si te quedas o no con nosotros. Jessica y yo hemos visto que tienes muy buenas ideas y eres responsable pero...creo que aún te falta mucho por aprender. Me parece que aún eres un poco inexperta para lo que nosotros necesitamos.

-No quiero interrumpir pero creo que será mejor que te hablemos con la verdad-interfirió de pronto Jessica-el día de ayer habló el cliente muy, pero MUY enojado. No podía creer que después de dos semanas sólo le hayamos podido conseguir a seis personas para su concierto. La verdad esto es algo que nunca nos había sucedido y creo que es una alerta roja de que algo va muy mal.

Lea empalideció. Tenía que llegar ese horrible momento otra vez...

-Por lo tanto, hemos decidido que quizás lo mejor para ti y para nosotros es que consigas un nuevo empleo y adquieras experiencia, mejores y crezcas profesionalmente-complementó Cathaline.

Pero Lea solamente bajó la mirada con tristeza y se quedó callada. De todas las cosas que le habían sucedido en esos últimos días el perder su trabajo había sido quizás la más humillante. Tal vez no había sido la mejor en lo que hacía, pero sí que había invertido mucho tiempo y energía en ese proyecto. ¡Cómo le frustraba que sus esfuerzos no hubieran dado frutos!

-¿Estefanía?-preguntó Jessica viendo que no contestaba.

Entonces, algo extraño sucedió, sin quererlo, Lea comenzó a musitar algo en una lengua que no era español...sonaba como un idioma dulce con un tono triste a la vez. Sin darse cuenta había hablado en lengua hylian.

-¿Qué dijiste Estefanía? ¿Podrías repetirlo?-preguntó Jessica al oírla.

Pero Lea sólo se limitó a negar con la cabeza. Después de unos breves momentos finalmente habló:

-Ya...entiendo...lamento haber vendido sólo seis boletos...la verdad no entiendo cómo querían que vendieramos quinientos en tan sólo dos semanas...no creo que nadie comprara boletos tan caros en una temporada en la que nadie quiere ni puede gastar mucho.

En el fondo Lea tenía razón, en enero las ventas siempre habían sido muy bajas en todos los negocios.

-Tu tarea era arreglártelas para cumplirle al cliente, por lo tanto no deberían existir "temporadas bajas", así que eso no es una excusa. Lo siento pero como empresa tenemos que movernos.

Lea nunca se había llevado muy bien con su segunda jefa Jessica. Siempre le había parecido una mujer mandona e impositiva, y por un lado se alegraba de que jamás iba volver a verla o escucharla de nuevo.

-Entiendo...supongo que tienes razón.-dijo la joven con tristeza poniéndose de pie para retirarse.-Entonces...¿puedo irme ya?

Antes de irse, ambas mujeres le hicieron firmar unos cuantos papeles a modo de trámite y la acompañaron hasta la puerta de salida.

-Bueno...pues que te vaya muy bien...-le dijo Cathaline a Lea antes de despedirse.

-Adiós-dijo Jessica cruzada de brazos frente a ella.

Pero Lea no dijo nada. Ni siquiera volteó hacia atrás. Una tristeza profunda inundaba su corazón. Odiaba el hecho de no tener las palabras adecuadas para decírle a su madre que otra vez había fallado, que nuevamente la habían despedido de su empleo. Se sintió inútil e impotente, y unas ganas de llorar oprimieron su pecho.

Una fría llovizna comenzó a precipitarse sobre la calle que conducía a su casa por la que todos los días transitaba, donde veía y saludaba a varias personas antes de llegar. No tenía sombrilla ni un abrigo para cubrirse así que buscó refugio metiéndose a una tienda.

"¿Qué voy a decírle ahora a mi madre? ¿qué se supone que haré ahora?" pensó Lea mientras se secaba las lágrimas. Por alguna razón se sintió sola, más sola de lo que jamás se había sentido nunca. Incluso más que cuando, en su sueño, Seth se separó de ella.

La lluvía arreciaba y el frío aumentaba como si no quisiera que Lea regresara a su casa, por lo menos, no en ese momento. Hasta que una vibración en su bolsillo la hizo despertar de pronto de su ensimismamiento, alguien le estaba llamando a su celular. Respiró hondo para ahogar el nudo en su garganta y respondió.

-¿Bueno?

-Buenas días ¿Hablo al núméro de la Srta. Estefanía?-preguntó cortésmente una mujer joven al otro lado de la línea.

-Sí ella habla, ¿Qué desea?

-¡Excelente! le hablamos de la oficina del señor Pharell, ¿usted maneja sus redes sociales verdad?

Lea se detuvo un momento...Pharell era el nombre del antiguo cliente para el cual ella trabajó.

-No señorita, ya no trabajo para la agencia.

-¿Pero es usted Estefanía cierto?

-Sí...

-Perfecto, en todo caso me gustaría invitarla a una entrevista en nuestra empresa el día de mañana a las nueve de la mañana, ¿Podría asistir? Al señor Pharell le interesa mucho su perfil para trabajar directamente con nosotros.

Lea no podía creer lo que le estaba sucediendo...¿A caso este hombre había causado su despido para que trabajara directamente para él? Pero...¿Para qué?

-Perdone pero no tengo tiempo...-dijo ella desconfiada.

-Ofrecemos $30 mil pesos por el puesto, ¿está segura que no quiere acudir a la entrevista?-insistió la mujer.

Lea se quedó impávida ante aquella afirmación ¡$30 mil pesos era más del doble de lo que le pagaban en su anterior empleo! Se quedó callada, simplemente no sabía qué contestar y no quería tomar la desición inmediatamente.

-Bien, no se preocupe Srita. Lea, entiendo que quiera tomarse un momento para pensarlo-continuó la mujer al oír que no respondía.-Si se decide puede visitarnos a las nueve de la mañana. Le hemos enviado un mapa con la dirección del lugar para que pueda llegar sin problemas. No olvide traer una identificación. Que pase una hermosa tarde.-y al decir esto la joven mujer colgó.

¿Había sido su imaginación? o ¿aquella mujer le había llamado señorita "Lea"? ¿Y porqué habían conseguido su correo y su número?

A la mañana siguiente Lea se bañó y se preparó para la entrevista. Más que la paga que le ofrecían, le había intrigado que aquella mujer le hubiera llamado por su otro nombre ¿Sería posible que supiera algo del sueño que había tenido?

Pero al pensar en esto, la advertencía de Link a cerca de estar alerta y escuchar a su corazón regresó a su mente de nuevo...¿y si estas personas querían hacerle daño?

Buscó en lo más profundo de su ser y no encontró ninguna reacción, ninguna señal que le advirtiera de peligro, nada. Estaba tranquila y preparada para la entrevista. Además, si se habían molestado en averiguar sus datos era porque tenían algo importante qué hablar con ella.

Tomó su cartera asegurándose previamente de que contuviera una identificación y la metió a su bolsa. Unos minutos más tarde se subió al taxi que la llevó a la dirección indicada, no tardó ni cinco minutos en llegar.

Pero eso no era lo que le sorprendió realmente...

A pesar de que siempre había sospechado de que no era ni muy famoso ni rico, jamás se imaginó que la "estrella de rock" cuyas redes sociales habia manejado con anterioridad, viviera en una casa tan simple como esa.

Pues bien, -pensó Lea- había llegado el momento de enterarse qué había detrás de esa fachada. Respiró hondo, bajó del taxi y tocó el timbre.

Después de tocar dos veces, una mujer de unos treinta años le abrió la puerta. Tal vez sería la misma que le había llamado para citarla a entrevista.

-Hola, buenas tardes, soy Estefanía...vengo para una entrevista de trabajo...-dijo Lea mientras sacaba su cartera para mostrar su credencial de elector.

-Buenas tardes, no te preocupes no tienes que sacarla, te ví desde que llegó tu taxi. Te la pedí sólo para estar seguros. Sígueme por aquí-dijo la mujer mostrándole el camino.

Al entrar, pudo ver que el interior era un desastre con instrumentos musicales tirados por toda la sala: guitarras, baterías, entre otras cosas que no pudo distinguir. Era lo suficientemente espaciosa para una familia, pero por alguna razón, estaba vacía. Otra señal extraña: ¿Porqué nadie más trabajaba ahí?

-Le avisaré al señor Pharell que llegaste, ¿podrías esperarme aquí abajo por favor?-preguntó aquella mujer sacándola de sus pensamientos.

Lea asintió y se quedó en la planta baja esperando.

¡Así que esta era la casa de aquel que le había quitado el empleo! ¿No era irónico? un dia la habían despedido y al siguiente la llamaban "porque les interesaba su perfil". Algo no cuajaba del todo en aquella afirmación...si bien le había disgustado tanto su trabajo, ¿entonces para que la había llamado? Lea presintió que había algo detrás...pero más que nada, estaba segura de que quería enterarse qué era.

-¡Ya puedes subir, el Señor Pharell ya puede recibirte!-le dijo la mujer bajando las escaleras de nuevo. -es la puerta blanca a la derecha.

Al entrar, Lea sintió como si se hubiera transportado a otra dimensión: el cuarto del cantante parecía un antiguo despacho de un escritor loco: un escritorio de madera pesada ocupaba la mayor parte del cuarto, atrás había un librero con una cantidad incontable de ejemplares tan viejos que parecía que el tiempo los hubiera olvidado, y para decorar, había estatuas de halcones, águilas, y algo que dejó a Lea petrificada: lanzas. Lanzas de todos los tipos, tamaños y colores. Incluso varias en miniatura. En el techo había pintada la marca de un ojo color rojo que parecía vigilarla desde arriba con tristeza, pues debajo había dibujada una lágrima.

Pero, por sobre todas las cosas de aquella habitación, había algo o más bien alguien que coronaba todo: Pharell.

Era un joven alto y blanco de unos 25 años que la observaba desde una silla de cuero café, su cabello plateado caía graciosamente en mechones lacios. Usaba una hermosa corbata de seda negra que contrastaba con una camisa blanca e impacable del mismo material. No tardó mucho en quedarse atrapada en la mirada intensa de sus ojos cafés-rojizos y su sonrisa encantadora.

-Bienvenida Lea, toma asiento por favor-dijo el joven con educación.-¿Se te ofrece algo? ¿agua... té?

-Té, por favor-dijo con voz temblorosa-En todas las entrevistas que había hecho con anterioridad, nunca se había puesto nerviosa, pero por alguna razón ahora lo estaba más que nunca. Le temblaban un poco las manos y se sentía ligeramente mareada. Su razón estaba tan nublada que no se había dado cuenta de que la había llamado por su otro nombre...

-Me da mucho gusto que te hayas decidido a venir-dijo él acercándole la taza-ten cuidado, esto está un poco...caliente-dijo el muchacho mirándola fijamente a los ojos.

Lea trató de aplacar el temblor de sus manos y evitar a toda costa tocarlo, para que no notara lo frías que estaban, pero esto sólo ocasionó que la taza se le resbalara y callera estrepitosamente al suelo.

-¡Dios mío! ¡lo siento mucho!-exclamó ella ignorando el dolor que la quemadura del té le había ocasionado en las piernas, afortunadamente ninguna tocó a Pharell-¡lo hice sin querer!

-No te preocupes, yo lo limpiaré-dijo Pharell.

Por una fracción de segundo, Lea volteó hacia otro lado apenada pero cuando volvió a ver al suelo los restos de la taza ya no estaban ahí. ¿Estaría tan nerviosa que no vió cuando los recogió?

-Listo, no pasó nada.- Pharell se levantó del suelo y tiró todo en un cesto de la basura.

Si me disculpas me gustaría entrar de lleno a lo que nos trajo aquí...-dijo el joven colocándose detrás del escritorio.-Primero que nada, seguro que ya te habrás dado cuenta de que esto no es un entrevista de trabajo. Te he llamado porque sé lo que te sucedió el día de ayer.

Lea tensó todos los musculos. Espera...¿qué?

-No te asustes, sé que no es sencillo creerlo, pero te pido que abras un poco tu mente. Mi nombre no es Pharell y no soy tampoco un cantante, mi nombre verdadero es Pharoll, de la tribu de los Sheikah, servidores de la familia real de Hyrule.

Al decir esto tomó un cigarillo, y sosteniéndolo entre sus dos largos y finos dedos blancos lo encendió.

-¿Ves la marca que hay en el techo? es la marca de mi tribu...¿la reconoces?

Los ojos de Lea hicieron un esfuerzo por apartar la vista de su blanca mano. No. Nunca había visto ese símbolo. Y las dudas y preguntas comenzaron a gritar en su cabeza nuevamente...tenía que callarlas, era hora de probar...

-Perdón pero no entiendo de lo que me está hablando. Y si me disculpa, quisiera empezar desde el principio... si no mal recuerdo hasta el día de ayer yo operaba sus redes sociales y usted mismo llamó a mis jefas para quejarse de mi trabajo, ayer me avisaron de que usted estaba interesado en mi perfil y por eso he venido.

En el rostro joven de Pharoll se esbozó una sonrisa pícara.

-Vaya...veo que no estás creyendo nada de lo que te estoy diciendo...¿Quieres una prueba? Por mi está perfecto. Pero debes prometer que no saldrás corriendo, ni gritarás.

Pharoll se levantó de su asiento, volteó y comenzó a buscar algo en el librero de atrás.

-Extiende la mano...-le indicó.

El pensar en tener aunque sea un pequeño acercamiento con la mano de aquel joven le puso a Lea la cara caliente, algo había en aquellos ojos rojos que no la dejaban escapar. Decidió entonces arriesgarse...extendió la mano temblorosa para recibir la "prueba" pero al ver lo que era casi ahoga un grito.

Un reloj en cuyo interior se hayaba un humo en forma de flecha... el símbolo del crepúsculo...

-¿Ahora me crees...Heroína del Tiempo?

¿Te gustó? ¿Te gustaría que continuara la historia? Me encanta leer sus comentarios, eso me motivo mucho a seguir.

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Un beso zeldero!