Hola nuevamente :). Espero que éste nuevo capítulo, también sea de su agrado. Muchas gracias por siempre comentar y darme sus opiniones. Corregí el capítulo anterior que tenía varios errores con dedazos, entre otras cosas. Les deseo todo lo mejor posible y les dejo todo mi cariño.
Feliz lectura.
• Capítulo 14: Más y más noticias
Los párpados le pesaban tanto como jamás lo habían hecho antes. Sensación que vagamente le trajo recuerdos del momento de despertar de la muerte por primera vez.
¿Acaso despertaba de la muerte por segunda vez?
- Dónde... estoy... - el susurro de su voz, aún siendo tan bajo, atrajo la atención de la medi bruja sentada frente a un pequeño escritorio, a un lado de la cama y rellenando informes con su condición.
Papeleo que imaginó, no serían los últimos que tendría que rellenar.
Se puso en pie de inmediato, mientras su paciente se encontraba parpadeando una y otra vez ante la luz de las velas y tras haber estado por tantas horas en oscuridad.
- San Mungo. Tuvo un día muy agitado, señor Snape. La herida en su cuello se desgarró violentamente y estuvo a punto de morir. De no ser por la señorita Hermione Granger, creo que así habría sido.
Silencio, por supuesto que era lo único que iba a escuchar. Nadie que despertara de semejante herida, tendría el poder cognoscitivo para comprender sus alrededores.
- Hermione... Granger.
- Sí. Ahora mismo, busca un poco de té. No se había movido durante horas y básicamente ha estado sentada a su lado. Llorando y...
- ¿Llorando?...
Antes de que pudiera responder, los pasos de Hermione interrumpieron la conversación. Sostenía un pequeño vaso de anime, con un poco de té. Su voz fue una exclamación de sorpresa y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no soltar el vaso con té.
- ¡Oh Merlín, profesor Snape! - caminó a prisa para sentarse a su lado, colocando el vaso de té sobre el pequeño escritorio. - Quise contactar a la profesora McGonagall, pero no quería hacerlo hasta saber que estuviera fuera de peligro. Yo...
- Los dejaré solos por un momento, nosotros nos encargaremos de informar a la directora de Hogwarts.
- Muchas gracias, en verdad se lo agradezco.
La sanadora corrió las cortinas y Hermione esperó hasta que sus pasos dejaron de escucharse en las cercanías, para mirar al moribundo hombre en la cama. Sus ojos no dejaban de lucir confundidos, fijos sobre los suyos y con la apariencia de un débil parpadeo de una luz a punto de extinguirse.
- ¿Cómo se siente...? - dijo, colocando una de sus manos sobre las suyas en la cama. - Estaba tan preocupada, creí que moriría.
- Siento... mucho frío. - apenas y podía escucharlo, tuvo que inclinarse prácticamente sobre él para entender lo que decía.
- Ha de ser por su herida. - reflexionó los motivos, mientras colocaba las frazadas sobre su cuello. - Se encuentra muy débil, ha perdido mucha sangre y necesita descansar.
- Cómo... estoy aquí. Dónde estoy.
- San Mungo. - repitió lo mismo que la medimaga había dicho, acariciando la parte posterior de su cuello y finalmente sentándose a su lado. - Estuvo a punto de morir, pero es natural que no pueda recordar nada al respecto.
Suspiró aliviada y sin saber exactamente el motivo. Estaba realmente aliviada de que todo al fin hubiera terminado y al mismo tiempo, que el profesor hubiese sobrevivido. Pero, ¿estaba igual de aliviada, por los sentimientos de Ron?
No paraba de bostezar, siempre alerta y vigilante. El hombre se encontraba parcialmente sentado en la cama, aparentemente dormido. Constantemente colocaba un par de sus dedos sobre su cuello, para saber si continuaba respirando y con qué frecuencia.
Le resultaba algo complicado y cansado de hacer, así que casi sin darse cuenta, fue recostando su cabeza sobre el pecho del moribundo profesor de pociones y finalmente sucumbió a los brazos de Morfeo.
Ni sueños ya tenía, estaba tan cansada que dormía profundamente. Media noche, había sido un día por de más de agitado y difícil. Cuánto ansiaba que acabara finalmente.
- Buenas noches, profesor Snape.
Esperaba que la noche fuese más larga de lo habitual, para así poder recobrar todas las energías que había perdido durante el día.
Pero el amanecer jamás dejaría de existir y muy pronto, la luz del sol iluminó toda la habitación por completo. Severus sacudió la cabeza suavemente, confundido, gimiendo apenas un susurro, ante los rayos del sol sobre su rostro.
Había algo diferente, un peso extra, pero no podía decir qué cosa. Se encontraba tan débil que apenas podía moverse. Una de sus temblorosas manos, apenas se levantó un par de centímetros y chocó con algo. Algo sedoso y fragante.
Una textura poco familiar, pero no podía decir si era producto de su imaginación.
- ¿Hmm?... - Hermione ahogó un bostezo al sentir que algo o alguien, acariciaba su cabello. Intentó moverse, pero sus músculos se encontraban engarrotados. Los movimientos eran torpes y muy inconscientes. ¿Qué podía ser?
"¡Hermione!"
La voz de Minerva McGonagall, retumbó en sus oídos y finalmente alzó la cabeza violentamente. Se encontró con los negros orbes oculares de su futuro esposo y una de sus manos sobre su cabello.
- ¡Severus, Merlín! - tanto la directora como Pixie, se detuvieron junto a la cama y miraron primero a uno y luego al otro.
La joven asintió en silencio, tomando la mano de Snape de su cabeza y colocándola sobre su abdomen. Echó un vistazo rápido al hombre sobre la cama y no pudo evitar sentirse terrible por su aspecto general.
- Está fuera de peligro. - volvió a acariciar sus tensos músculos. - ha sido una larga noche y si gusta un poco de té, con mucho gusto le explicaré lo ocurrido.
Siguió a la tensa mujer, entre heridos magos y sanadores caminando de aquí a allá. Al caminar, no dejaba de volverse y preguntarse si Snape estaba bien. Si debía dejar su puesto. Por supuesto, Pixie estaba allí, nada pasaría.
De improvisto, chocó estrepitosamente con un par de sanadores quienes tenían sus brazos llenos de pociones curativas y otros insumos. Los frascos se estrellaron contra el suelo, salpicando todo a su alrededor.
- Cuánto lo lamento, ¡de verdad!
- ¡Oh Merlín! ¿Te encuentras bien, Hermione? - dijo Minerva poniendo una de sus manos sobre uno de los hombros de la joven bruja, muy preocupada.
- Estoy... bien. Creo que sólo estoy un poco cansada.
McGonagall sostuvo uno de sus brazos, durante todo el trayecto, hasta que se encontraron en un pequeño salón de espera y con muebles tapizados de un verde limo, con apariencia de ser muy antiguos. Los cojines estaban un poco raídos y la pequeña mesa de té frente a ellas, parecía tener una fina película de polvo. La directora de Hogwarts blandió su varita y con un pequeño movimiento, un par de tazas y un té recién hecho, aparecieron frente a sus ojos.
- ¿Tienes hambre, Hermione? - preguntó antes de bajar su varita y Hermione sintió un desagradable nudo en el estómago, así que negó con la cabeza. Minerva sirvió dos sendas tazas de té con un toque de miel y limón.
- Solamente quiero descansar. Dormir por un par de semanas, tal vez por meses. Realmente me ha tomado por sorpresa. Creí que moriría, jamás había tenido tanto miedo en toda mi vida. - meditó por unos segundos. - ¡Ron! Cómo está, cómo se encuentra... ¡Merlín, lo había olvidado por completo!
- Está un poco mejor, Pixie hizo lo mejor que pudo. Dijo que al entrar en la habitación, tras haber usado su magia ya que dialogar no sirvió de nada, todo estaba destrozado. Las manos de Weasley sangraban y había trozos de vidrio por todas partes. Pixie se aseguró de atontarlo para evitar que continuara haciéndose daño. Esperamos que al despertar se sienta mejor, que olvide esas tontas ideas que tiene de suicidarse. Por ahora lo mejor que puede hacer es descansar, no conseguiremos nada si nos dividimos. Tenemos que solucionar ésta situación, juntos.
- Apenas y lo conseguí, llegar a San Mungo. Si Ron lo supiera, si sólo él supiera el predicamento en el que me encuentro. Así comprendería que también es muy duro para mí. Cargar con su cuerpo, medio muerto. Cada segundo que mi corazón latía en mis oídos y mi pulso se agitaba más y más, con una distancia que se me hacia cada vez más y más larga. Se enfriaba a cada minuto que pasaba y de pronto nos encontrábamos en el suelo, implorando por ayuda. Ver... el desprecio en los ojos de todos los magos a nuestro alrededor. Yo... - parpadeó un par de lágrimas, apenas y podía respirar, apenas y podía pensar.
- ¡Oh, Hermione! - murmuró la profesora McGonagall, colocando una vez más, una de sus manos en uno de sus hombros.
No tuvo más opción que dejar su taza de té en la mesa y consolar a una joven, que temblaba ante los recuerdos. Ante aquellas miradas de odio.
Si el profesor mejoraba, todo tenía que cambiar.
N/A: Mucho que hacer ésta semana, pero espero que les guste y les dejo todo mi cariño. No se olviden de comentar lo que piensan. Muchas gracias por leer.
