.- Murderer Cupid -.
"Con mucho cariño para mis fieles lectoras: Betsy17, fannyhikari, Vegen Isennawa, mari-nyaa, Ginny D. Elle, Kumikoson4, xilema95, Scar Lawliet, Diana Albatou, ilovetwilightboys, Sparda's Girl, y Chibi-tan.
Gracias por leer! Enjoy!"
Capítulo XIV: Room
La noche en que ocurriría el octavo asesinato, los policías y algunos hombres secretos de L estaban esparcidos en diversos lugares en parejas para protegerse y organizados para que ninguno estuviera muy lejos de otros equipos. De esa forma, ni bien uno fuera atacado, habría al menos dos parejas de policías más para auxiliarlo y atrapar al asesino.
Fue Aizawa el que dio la alarma. Cuando Light llegó a su llamado, explicó que alguien los había dormido con un pañuelo húmedo, y que desde que había despertado, no había podido contactarse con su compañero, Mogi.
Estuvieron buscándolo hasta el amanecer, que fue cuando otro policía dio la alarma: Tristemente, lo encontraron en otro cuarto alquilado, atado a una silla, con las venas cortadas y botones pegados sobre sus ojos.
Toda la policía se vio conmocionada. El asesino ahora se había metido con uno de los más queridos oficiales, por lo que las notas amenazadoras a Light dejaron de llegar y súbitamente todos se prestaban para cooperar.
"Quizás recién se dan cuenta de que pueden ser los siguientes", pensó L en el hospital. Watari estaba con él, los sobrinos se encontraban cuidando el departamento.
- Debo ir con Light – indicó el pelinegro tratando de levantarse.
- Ya te dije que no puedes, Ryuuzaki. Tu herida podría abrirse nuevamente – advirtió el mayor.
- Lo sé, pero estoy preocupado. Sé que el señor Mogi era uno de sus hombres, y que de seguro deben estar muy dolidos en su oficina.
- Él vendrá a visitarlo, como siempre. Ya me encargué de hacerle llegar arreglos florales a su velorio, así como un sentido pésame a su familia.
- ¿Pudiste ver a Light?
- Estaba ocupado, como siempre. Creo que le ha afectado mucho, y que está ocupando su mente con otras cosas para evitarlo. Él solo organizó el velorio y ayudó con los arreglos del funeral. También se encargó de la oficina del señor Mogi y de actualizar el caso junto con el señor Mikami para tratar de localizar el siguiente blanco. Está armando también otra estrategia para poner un señuelo al asesino.
- Entiendo. Light debe estar aún peor que antes. Por favor, tráelo cuanto antes, Watari, necesito hablar con él.
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Cuando Light llegó al hospital, entró a paso lento al cuarto de L. Estaba cansado, se notaba, tenía ojeras y los ojos hinchados. Pese a que lucía bastante arreglado, algo en su rostro delataba su verdadero estado.
- ¿Te sientes mejor? – preguntó a modo de saludo. Se sentó en la silla junto a la cama donde estaba el pelinegro. L lo miraba atentamente, sentado sobre su cama.
- Sí, creo que sí. Como es una herida en el estómago, es difícil mantenerla cerrada.
- Razón por la que deberías estar recostado en lugar de sentarte tanto.
- Sabes que no puedo quedarme echado todo el día, Light.
- En tus condiciones, deberías.
L guardó silencio. Light había apoyado su cabeza en el respaldar de la silla y había cerrado los ojos. Debía estar descansado aprovechando el tiempo que se había dado para visitarlo. En verdad que estaba decaído.
- Puedes recostarte aquí si quieres, te sentirás mejor – invitó el detective.
- De acuerdo.
Light estaba muy cansado como para hacerse rogar. Caminó hasta la cama y se recostó quitándose los zapatos. Sabía que L entendía por lo que pasaba, de modo que no dijo nada y volvió a cerrar los ojos. L lo veía asombrado, Light siempre le resultaba tan fascinante.
Desde el día en que se habían besado por primera vez, ninguno se había animado a volver a hacerlo. Y Light ni siquiera había indicado si el beso le había gustado, a pesar de haberle correspondido en el segundo beso iniciado por L. El detective no quería ponerle más estrés, aunque había deseado besarlo de nuevo. En ese momento consideró hacerlo, no obstante, el cansancio de Light no jugaba a su favor, debía dejar que descansase un poco.
"Yo mismo debería encargarme del caso hasta que pase un poco lo del señor Mogi. No es justo para los policías seguir trabajando en momentos tan duros".
En realidad sólo le importaba el japonés, no quería que fuera a trabajar por unos días. Se le ocurrió algo, y decidió ponerlo en práctica.
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Light despertó en lo que parecía ser otra habitación. Había dos camas en lugar de una y él mismo se encontraba dentro de una, sin L a su lado. Ni bien se hubo levantado, el pelinegro llamó su atención desde la otra cama, saludándolo.
- Te quedarás aquí a partir de hoy, Light.
- ¿Qué?
- Tu salud está empeorando. Volviste a desmayarte mientras dormías, por eso no te diste cuenta cuando te cambiaron de cama.
- Tengo que irme, Ryuuzaki.
- La puerta está cerrada, sólo yo sé cómo abrirla, y no te lo diré hasta que te relajes un poco.
- Si algo lograrás será matarme. Abre la puerta ahora mismo.
- No voy a hacerlo.
- ¡Abre la puerta, Ryuuzaki!
L permaneció recostado, mirándolo sin dejarse intimidar. Light caminó varias veces por la habitación, examinando posibles salidas. Se dio cuenta de que la puerta tenía un seguro especial, así que L no mentía. Como estaba en un piso elevado, las ventanas tampoco serían de utilidad. Una vez más, L lo había secuestrado.
- Necesito encargarme del caso, Ryuuzaki. Sabes la magnitud del asunto. ¡Será nuestra última oportunidad!
- Así es. Por eso creo que el asesino elegirá mejor a su última víctima, y entre esos policías estás tú, Light. Al retenerte también estoy protegiéndote.
- Iba a planear una carnada. Yo podría haber servido.
- No, ya te burló antes. Te conoce, Light. Quieras o no, sabe cómo evadirte. Por eso le pondremos otra carnada, el director de la NPA. Él se está encargando de dirigir a tu escuadrón y al resto, bajo la guía constante de Watari.
- ¿Watari?
- Mi mayordomo. Él le llevará órdenes de nosotros diariamente, y nos pondrá al tanto de cualquier cambio o novedad que pudiera darse.
- No es justo.
- Velo como quieras, Light. Por ahora, estás atrapado conmigo.
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Dos días pasaron antes de Light volviera a dirigirle la palabra. Ni siquiera cuando recibían la visita del doctor y de Watari, o cuando comían. Light había intentado hacer uso de su autoridad para que lo dejaran salir, pero al parecer el hospital entero estaba a disposición del detective. Esto lo enfadaba aún más.
- Ya fueron dos días, Ryuuzaki. Déjame salir.
- No te irás hasta que pase el siguiente asesinato. Ya te dije que no puedes ofrecerte de carnada.
- Me dirán cobarde, expongo a mis hombres sin atreverme a salir de esta fortaleza.
- Todos saben que te encuentras bajo retención obligatoria. Nadie que te conoce pensaría jamás una cosa así.
De pronto, Light se subió a la cama del pelinegro y se posó encima de él con la mirada fija en sus ojos.
- ¿Acaso buscas otro beso, Ryuuzaki? ¿Por eso me encerraste?
- Ya te dije los motivos por los que lo hice. ¿Crees que llegaría a extremos así sólo para volver a besarte?
- No lo sé. Comienzo a dudar de tus intenciones.
L sonrió. Light parecía tan confiado al estar en esa posición.
- ¿Quieres besarme, Light? ¿Es eso? ¿Te has aburrido y ya no tienes nada mejor que hacer?
- Podría decirse.
- Si crees que con esto harás que te suelte, te equivocas.
- No pierdo nada intentando.
Light lo besó entonces. Esta vez una de sus manos se cerró en la nuca del detective, obligándolo a apegarse. L hizo lo mismo con su otra mano, y con la otra, rozó ligeramente la otra mano de Light. Al separarse, Light observó ese toque. Sin poder contenerse comenzó a besarle en el cuello.
- ¿Light?
L estaba honestamente sorprendido. No creía que el japonés se pusiera así tan deprisa. Los besos que le daba en el cuello le estremecían, le hacían cosquillas. Cuando Light descendió un poco más, un suspiró se escapó de los labios del pelinegro, sorprendiéndolo tanto como al japonés.
- ¿Ryuuzaki?
- Estás yendo muy rápido.
- ¿Esperabas que hiciera eso después? – sonrió Light orgulloso.
- No lo sé. Sólo esperaba que accedieras a otro beso. Nunca pensé en pasar de eso.
- Te estás asustando de nuevo.
- No es cierto.
- ¿Qué te asusta, Ryuuzaki? ¿Qué te detiene?
L no respondió. De hecho se sintió incómodo. Trató de quitarle de encima, pero al hacer fuerza, una punzada aguda le llegó en el estómago. Ante la mueca de dolor, Light se quitó rápidamente y le ayudó a revisar los puntos.
- Está bien, tranquilo.
- No estoy en condiciones de nada, Light. Aún si quisiera, no podría hacer nada más contigo.
Light sonrió una vez más. Cruzó los brazos con satisfacción.
- Así que quieres acostarte conmigo.
- No lo pensaría de no tener esperanzas – devolvió L sin hacerle mucho caso.
- ¿Mencioné en algún momento que quería hacerlo contigo?
- No necesitabas mencionarlo. Puedo notarlo por la forma en que reaccionas conmigo.
- ¿Y cómo reacciono? – se mofó Light.
- Incontenible.
Light dejó de sonreír. Era cierto, aunque no lo admitiera. Estando sobre L hace unos instantes, lo había dominado, lo había sentido bajo su poder, y eso lo había enloquecido. Por eso había empezado a besarlo en el cuello sin darse cuenta, por eso una de sus manos había intentado subir el camisón del detective mientras lo hacía.
Se volteó molesto y regresó a su cama.
- Nunca te acostarás conmigo, Ryuuzaki. Ni aunque me tengas encerrado por el resto de mi vida.
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