DISCLAIMER:

AUNQUE LOS PERSONAJES SON DE S. MEYER, LA HISTORIA SOLO ES PRODUCTO DE MI LOCA IMAGINACION. (Lakentsb)


Capitulo 13

BELLA

Tenia que hacerlo, es lo correcto, es lo correcto...

Me repetía una y otra vez, mientras arrojaba las últimas cosas dentro de la valija, ahogada en mi propio llanto.

Aprovechando su momentáneo desconcierto había empujado a Edward fuera del departamento para luego cerrar la puerta con fuerza detrás de él.

Esperaba que mis palabras hubieran sido lo suficientemente duras como para que me odiara y se fuera. En lo posible maldiciéndome y jurándose no volver a buscarme nunca más, pero Edward no se movió de ahí.

Escuché claramente como su cuerpo se deslizaba hacia el suelo contra la puerta, y no se por cuanto tiempo yo misma me quedé parada ahí, con mi frente apoyada en ella, hasta que lo oí sollozar y tuve que correr a mi cuarto y encerrarme para dejar escapar las lágrimas y los gritos de dolor sin que él me oyera.

Lo había destrozado.

Pude ver en sus ojos el instante exacto en que mi puñal se clavó en su pecho a traición…

Pero no podía desmoronarme ahora. No, tenía que irme, lejos, era lo mejor.

Si, si, tengo que irme, antes de que sea demasiado tarde. No es momento de dejarme caer, no ahora.-Me dije mientras secaba mis lágrimas y a trompincones retomaba mi faena de guardar cosas a toda velocidad.

No había otra opción, y no me quedaba mucho tiempo tampoco para dedicarme a llorar ahora.

-¡ya es demasiado tarde! Y lo que hiciste se llama crueldad… –me gritó mi conciencia mientras mesaba mi cabello con desesperación, tratando de no olvidar nada.

¡Y hasta que al fin te dignas a aparecer! –protesté, al borde del colapso.

¿Cómo pude? ¿Cómo fue queme permití hacer algo tan descabellado?

-¿desesperación?

¿Cómo no me detuve antes? ¿Cómo es que nadie me impidió hacer esta locura?

-¿Tal vez porque no le dijiste a nadie lo que realmente planeabas? ¿Lo que realmente buscabas con todo esto?

-Yo no lo planeaba. Solo sucedió. –me excusé vilmente, exactamente como lo hice durante todo este tiempo, mientras observaba el despojo de mi misma que me devolvía el espejo del baño.

Un baño que resultaba demasiado pequeño para mi exaltado estado de ánimo.

Ahora daba vueltas como loca por la habitación. Que aun olía a el... mientras me preguntaba si ya se habría ido del edificio.

¿En que estaba pensando?

Los golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos por un segundo.

¿Seria Edward?

-Srta Isabella, soy Mike. -Escuché con alivio. Lavé mi rostro por enésima vez con agua fría, esperando que los rastros de mi ataque de llanto pasaran desapercibidos para él.

Edward se había ido.

El pasillo que llevaba al ascensor estaba vacío y me parecía más oscuro y enorme que nunca…

-Esas loca… ¿no querías que se fuera?

Haciendo todo mi esfuerzo por no ser grosera con los habituales flirteos de mi conserje y evitando dar demasiada información sobre mis futuros movimientos, cargué las bolsas que ya había preparado rápidamente dentro de las cajas que trajo Mike y permití que me ayudara a sellarlas con cinta de embalar, para luego a llevarlas abajo a despacharlas; no sin de recordarle por milésima vez que no era de su incumbencia revelar a nadie el destino de las mismas, ya que iban a mi nombre, y a mi vieja dirección de Forks.

No quedaba mucho tiempo más para que partiera al aeropuerto y decidí gastar los restantes minutos en una ducha rápida, ya que estaba toda sudada por el esfuerzo y la velocidad con que había revuelto toda la casa desde la mañana, organizando las cosas para mi viaje.

Tomé la toalla que colgaba en el perchero del baño y me arrepentí al instante.

¿Por qué todo tenía que oler a él?

La tarde anterior, puntualmente a las 17, Edward se había ido de mi departamento, y yo, como todas las veces que eso había sucedido, aun no cambiaba las sábanas ni llevaba las toallas a lavar.

Algo estupido, que hacía desde que descubrí su esencia adictiva se colándose sutilmente por mi nariz, y que aquello perpetuaba de algún modo su presencia conmigo…

Ahora sentía que iba a enloquecer.

-No estas pensando Bella... –recriminó mi conciencia cuando cerré los ojos, aspirando con fuerza aquel aroma.

"-te amo Bella, y todo lo que digas no cambia en nada el hecho de que para mi sí fue diferente. Todo el tiempo, fue especial, y real. No jugué contigo, no fue un papel...tu lo cambiaste todo...conocerte hizo que quisiese dejar esta vida, y aun si te tengo voy a dejar esto. No quiero a nadie mas cerca de mí que tú, y eso no cambiará aunque te vayas."

"-no. Edward. No."

"-no lo entiendes, eres tu. Te amo a ti."

"-pues yo no y espero que disfrutes de la decepción-"

El rostro de Edward transformado en una mueca de dolor luego de aquellas palabras desesperadas, en un último intento de alejarlo de mi, invadió mi mente.

Nunca antes había hecho algo así. Nunca antes...

- Eso es verdad… nunca antes dormiste con un hombre... ¡y que pedazo de hombre elegiste para comenzar!

Maldita conciencia.

Mi voz interior, por tanto tiempo desaparecida, había vuelto justo hoy…y tenía mucho que decir…

Llevaba tantos años hablando conmigo misma a falta de alguien más. Y ahora que mi propia conciencia me discutía, me daba cuenta de que estaba demasiado sola. Aun así, no encontraba explicación racional a lo que sucedió con Edward.

Iba a ser una noche. Ni siquiera eso, solo iban a ser un par de horas de sexo a domicilio.

-No te engañes Bella, desde que abriste la puerta dejó de ser solo una noche de sexo para ti.

Mientras recogía las últimas cosas, cerrando cajones y desenchufando artefactos, mi mente repasaba una historia distinta.

Yo no quería aceptarlo pero así fue, y lo único que tenía para decir en mi defensa es que nunca había visto, en mis 30 años, a un hombre como Edward.

Y si lo hubiera encontrado antes, probablemente todo esto hubiera sucedido antes...

Quiero decir, lo de finalmente tener sexo.

El era…

El aire escapaba de mis pulmones al evocarlo…

La combinación más perfecta de belleza, ternura, masculinidad, sensibilidad y sensualidad que había conocido.

y si tenia alguna duda o resistencia de lo que pasaría esa noche que llegó a mi puerta, se desvaneció en cuanto me tocó. Fue su toque, o más bien el efecto de su toque sobre mi piel, lo que decidió todo.

Ese simple beso en mis nudillos fue suficiente para activar zonas de mi cuerpo que literalmente creía que me faltaban.

.

"-¿que puedo hacer por ti? "-había dicho con esa voz de terciopelo, y me encontré transportada por su voz a un millón de posibilidades que antes jamás me hubiera atrevido siquiera a pensar...

Tal vez si Edward hubiera sido capas de leer mi mente en ese momento habría salido despavorido de allí.

No sabía que esperar. Nunca había estado en esa situación ni en ninguna que se le pareciera con un hombre antes. Por una parte temía que él solamente encendiera su programa de "satisfacción garantizada" que tanto me había asegurado Tanya, y yo quisiera salir corriendo de ahí como siempre que un hombre tomaba una muy evidente iniciativa en algo sexual hacia mí. Pero en cambio, lo único que hizo fue dar unos tímidos pero sumamente provocadores roces a mis labios y fue suficiente para que despertara algo desconocido en mí y que quisiera devorarlo.

Nunca había tenido tanta necesidad de sentir a alguien de todas las maneras posibles en mí como en ese momento.

El hombre era perfecto.

Su cuerpo era una escultura: totalmente proporcionado y sin esa musculatura exagerada ni la piel brillante y depilada que había imaginado tendría alguien con un trabajo como el suyo.

Algo que ya había notado en aquella infame fotografía que ahora estaba guardada en lo más recóndito … de mi cajón de ropa interior…

Casi golpeé mi cabeza en la pared del ascensor mientras bajaba mis maletas para llevarlas al taxi que ya esperaba por mi para llevarme al aeropuerto.

-No puedo creer que realmente lo estes haciendo-molestó mi conciencia. Pero mi mente seguía en otra frecuencia, y mientras le ordenaba al chofer el destino

y me acomodaba casi como un robot dentro del auto, ella seguía fluyendo sin control.

Dos cosas me golpearon bajo luego de alcanzar literalmente la gloria dos veces con él esa noche.

Un hombre como Edward en la vida real jamás se fijaría en una mujer como yo.

Tan común y tan... insignificante.

Y, una mujer como yo, jamás podría estar con un hombre cualquiera, a menos que fuera en esta situación…de pagar por ello.

Debí haberme dado cuenta que estaba loca cuando esas extrañas ideas comenzaron a anidar en mi cabeza. Tanya solo me había ofrecido el regalo de cumpleaños perfecto, y cuando a media noche el sueño terminó, simplemente debería haberme olvidado de todo.

Pero no fue así. Nada fue igual al despertar. Desde el hecho de revivir cada segundo de sus caricias en mi cuerpo, hasta recordar su mirada.

Y a pesar de que era conciente de que no habría sucedido nada de haber sido de otra manera, también sabía con certeza cual había sido mi mayor error.

Pero aquello sí era superior a mí: yo no podría estar jamás tan cerca de un hombre sin ver lo que había en sus ojos.

Además, eran hermosos.

Y la sombra que descubrí en el fondo de ellos me removió mis propias sombras.

Lo había visto con una claridad apabullante: El no era feliz. Y no estaba acostumbrado a ser mirado tampoco, y se sentía tan abrumado por ese contacto como yo.

Comprendí que, lo que se suponía era solo un encuentro casual de sexo a domicilio, había terminado siendo algo… demasiado íntimo.

La expresión de desgano y tristeza que intentaba ocultar mientras caminaba hacia la puerta esa noche al despedirse tampoco se me borraba.

¿El quería quedarse? ¿Por qué no me lo dijo simplemente?

No tenía idea de cómo funcionaban estas cosas, Tanya no me había dado explicaciones tampoco y no sabía si se podía cambiar el acuerdo inicial sobre la marcha…Incluso si estaba bien que fuera él quien lo quisiera…

La calidez de su cuerpo acurrucado junto al mío en la cama era abrumadora.

Tener su cabeza recostada en mi pecho y sostenerlo como si fuera mío, como si pudiera arrumarlo…Me hubiera encantado mantener esa posición hasta la mañana, o hasta quedarme dormida con el sonido de su respiración en calma.

Por tres días completos no pude borrar de mi mente cada segundo y cada detalle de su paso por mí. …y aquella bendita caja vacía, envuelta como una entrega, que pasó a ser el adorno preferido de mi tocador.

Tanto así que, cuando mi amiga llamó para increparme que ni siquiera le había agradecido por el regalo, me di cuenta de lo que había hecho ese hombre en mi...

Yo jamás tendría a un hombre como el para mi. Edward nunca se fijaría en mi en el mundo real, y lo peor: había sido un error sideral el que Edward hubiera sido el primero en mi vida.

Y de todos los errores, ese había sido el peor que pude cometer.

Para mi, que solo estaba buscando probarme a mi misma que podía hacerlo, y

terminé transformando lo que tendría que haber sido algo mecánico e impersonal, - o a lo sumo una especie de rito de pasaje sin sentimientos involucrados porque ni siquiera nos conocíamos, hasta tal vez un poco animal…- en algo perfecto.

No podía decir con exactitud de quién había sido culpa, pero ahora sabía que estaba arruinada.

Si antes me sentía incapaz de dejar que un hombre se acercara tanto a mí físicamente, ahora sabía que no dejaría que ninguno más lo hiciera, salvo Edward.

Su sensibilidad, la forma en que esperaba por mí, en que cuidaba de mí a cada segundo, tan atento a mis expresiones como si tuviera miedo de herirme de alguna manera me habían desarmado.

…..

-¿Así me pagas la mejor noche de sexo de tu vida?- Rió Tanya cuando por fin atendí el maldito teléfono.

-¿Por qué crees que fue la mejor?

- Tal vez el hecho de que hayas estado tan perdida en la nube post orgásmica que no me hayas llamado en tres días me dio que pensar...

- Veo que estas demasiado segura de su efectividad ¿no? –dije sin poder evitar el sarcasmo en la voz.

Ella seguro hablaba por experiencia.

- No me digas que ahora eres celosa también... bien, admito que lo he probado...antes. Ahora me basta con solo Demetri.

- Admito que fue buena.- dije, sin poder evitar una sonrisa.

- ¿Solo buena?

- Esta bien... Muy buena...

-Y quieres repetir...

-¿Que?

- Que si quieres verlo otra vez...solo dime y…

-¿No se supone que yo debería pedírtelo y no que tu me lo ofrezcas como desesperada?

-Si, es lo usual...pero conociéndote...Vamos Bella, tu nunca me lo pedirías... Te tomo años admitir que no recuerdas cuando fue tu ultima buena noche...

- Sabes que no hablo de mi vida privada.

-¡Porque tu no tienes vida privada! y si es con Edward...¡sabemos que eso ya no es un asunto privado...

- OK... ¿por que me lo ofreces? ¿No hay suficientes clientas este mes que necesitas ocuparlo en mi?

-No. todo lo contrario, el esta siempre demasiado ocupado.

-No quiero saber. –eso me molesto mas de lo que creía. El pensamiento de Edward con otras mujeres… demasiadas mujeres…

-No te lo diría tampoco.

-Tanya...

-Bueno, entonces lo quieres de nuevo... el único inconveniente es que ahora ya no seria un regalo... la primera vez iba por cuenta de la casa...pero ahora...

- Zorra, debí imaginarlo, igual que los vendedores de droga... te dan la primera dosis gratis y cuando te gustó y quieres mas, si no pagas no consigues...

-mmm... ¡tanto te gusto ¿he?

-No fue lo que dije.

- Vamos Bella, admítelo. Mueres por tener a ese bombón en la cama de nuevo. Solo tienes que admitirlo y lo tendrás.

-¿Así de fácil? ¿Y el dinero?

- De eso me encargo yo... y por ser tu... solo te costara 500 dólares la noche, completa. 800 si quieres las 24 horas y estos números jamás deben escapar de tu boca.

- Tengo que pensarlo...

- Podrían ser noches semanales... algo así como 3 noches… por un mes... ¿no tienes 3000 dólares para gastar Bella?

-Si, los tengo. ¿Que crees? soy profesora en la mejor universidad de arte del país hace 5 años. Ahora tú dime algo... ¿por que haces esto?

-Por que lo necesitas. Con una noche no fue suficiente para quitarte lo agrio. Créeme que después de un mes con Edward en tu cama cada semana tu vida será otra.

….

¡Que ciertas habían resultado esas palabras!


Gracias por leer.