Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
La historia es una adaptación de la película 50 primeras citas, la cual es creada por mi amiga Elizabeth, quien me la concedió para compartirla con vosotras
Bella.
-¡Bella! – oí a alguien llamándome, fácilmente reconocible para mí.
Tenía que ser un sueño porque escuchar otra vez la voz de Alice tan pronto y en el mismo día… ahora mismo, tal vez, estará en el avión ya.
Di vueltas en mi cama. Lo único que quería era dormir y seguir soñando con Alice… y con aquellos ojos verdes tan hipnotizadores…
Pero la puerta se abrió. Como sea Jacob, lo mato, juro que lo mato y me tiro encima de él.
-Jacob, lárgate – intenté que mi voz sonara amenazadoramente, pero soné perezosa.
Una risilla, una perfecta risilla sonó detrás de mí. Fruncí el ceño. Reconocía esa risa, pero nunca la he oído. Debo de seguir en mi sueño, sin duda.
Cerré los ojos con fuerza, suplicando dormirme y seguir con mi sueño.
-Jacob, no te lo repetiré, si no sales, tendré… -
-Lamento desilusionarte, pero no soy Jake. – que hermosa voz…
Fruncí el ceño con los ojos cerrados. ¿Quién entraba en mi habitación? Esa voz me resultaba muy vaga y remotamente familiar, pero aun así me asusté. No la había oído en mi vida. ¿Dónde demonios estaba mi padre?
Me levanté con el pijama puesto para encontrarme con unos ojos de un verde esmeralda. Me miraba con ternura y simpatía. Era hermoso, por supuesto, guapísimo. Llevaba en las manos un ramo de rosas cuyos bordes eran rojos y lo del medio blanco. Eran hermosas, como él. Y, en la mano, un paquete de regalo con un lazo azul.
Pero, aun así, no me dejé engañar.
Aunque esos ojos… me resultaban…
-¿Te conozco? – pregunté dubitativa.
-¡¿Me reconoces? – pareció maravillado, pero a la vez desesperado. Casi se le caen las rosas de las manos.
-No, por eso te lo pregunto. No tengo ni idea de quién eres, no sé qué haces en mi habitación. Tal vez tu me conozcas, pero yo no. -
Aquella emoción que había hace un rato en él, desapareció. Fruncí el ceño, confundida. Estaba esperando una explicación. El silencio fue interrumpido por él cuando habló:
-Te he traído esto, Bella. -
-¿Y tú quien eres? – pregunté - ¿esto es tuyo? -
-Es de un admirador – respondió – un admirador secreto. Yo solo soy el repartidor. -
Le miré extrañada.
-¿El repartidor? ¿Te pagan por entregar lo que tienes que dar entrando a la casa de la persona sin antes pedir permiso y, sobre todo, levantándola por la mañana? -
Una preciosa sonrisa abrumadora se formó en sus labios.
-No he entrado sin permiso. Tu padre me dejó pasar. -
-¿Por qué? -
-Tus respuestas serán respondidas. Pero primero déjame darte esto. -
Extendió el ramo de rosas. Su fragancia llegó hasta mis fosas nasales, embriagándome. Parecían frágiles, por lo que las cogí lo cuidado.
-Gracias. – dije dedicándole una tímida sonrisa.
El chico era muy guapo. Aun no me creía que fuera un repartidor. Pero lo prefería a él antes que a mi admirador secreto.
-Y esto es para ti – concluyó con la entrega.
Cogí el pequeño paquete que me dio. Tenía el tamaño de un pequeño libro.
-Gracias… eh… -
-Edward, Edward Cullen. – ensanchó la sonrisa, dejándome embobada. Le miraba como a un ciego observando el sol por primera vez.
Agité mi cabeza, intentando quitarme sus ojos verdes de la mente, pero cuando volví a abrir los ojos, ahí lo tenía, en carne y hueso. Si, nada menos que en carne y hueso. Todo era muy confuso para mí, irreal.
-Porque no lo abres. – dijo señalando el paquete con la cabeza.
-De acuerdo. -
No fui capaz de concentrarme en el pequeño regalo. Estaba claro que no podía hacer las dos cosas a la vez: mirarlo y abrir el regalo. Mis dedos se movían nerviosos… el me ponía nerviosa con aquella forma de mirarme. Al final, no tuvo más remedio que soltar una risilla y quitarme el regalo para sustituir mis manos. Lo abrió en un segundo.
-¿Una cinta de video? – pregunté, extrañada.
-Si – asintió – es para ti. ¿Por qué no bajamos y lo ves? Abajo tienes visita, por cierto. -
Fruncí el ceño. Esta mañana estaba siendo muy rara.
-¿Visita? – pregunté.
Yo no recibía visita.
-Yo… - dije – eh… - pero su mirada y aquella sonrisa radiante me impedían hablar, ordenar las palabras en una frase con sentido.
Involuntariamente, me acerque a él. Era como un imán, como un gran imán y yo era del mismo polo. Mi cuerpo era atraído por el suyo. Alcé la mano para acariciarle el rostro… no sé porque me invadió el temor de que, si lo tocaba, lo iba a traspasar. Y, como era obvio, no fue así. Tenía la piel suave… y olía muy, muy bien.
-¿Por qué actúo así contigo? Eres un desconocido, Edward. – hablé con mi rostro muy cerca del suyo.
-Porque me conoces, cariño. -
Mis caricias en su rostro cesaron. Me alejé de él, como si ahora fuéramos polos opuestos. ¿Por qué me llamaba cariño? No es que no me gustara, pero había… esto era como un rompecabezas al que le faltaran varias piezas, piezas importantes.
-Perdona – se disculpó, retrocediendo también. – es mejor que bajemos. -
-Necesito… saber… -
-Como he dicho antes – me habló de forma preocupada – todas tus preguntas serán respondidas. -
-¿Tú no eres un repartidor, verdad? -
Se quedó callado. Entonces, cogió de mi mano y tiró de ella suavemente. Me dejé llevar. No pude soltarme. Me gustaba su tacto. Además, lo había hecho de una manera tan cariñosa… ¿Por qué me trataba así? No entendida nada.
Cuando llegamos al salón, había un par de personas que me resultaban desconocidas. Había, sentada en el salón, una rubia alta, de figura extraordinaria, pelo perfectamente rizado y belleza abrumadora. Me dedicaba una enorme sonrisa de simpatía. A su lado, con una mano entrelazada con la rubia, se encontraba un chico alto, grandote, fornido con perlo negro corto. También mostraba una sonrisa amplia y amigable, formándole hoyuelos en las mejillas. Fruncí el ceño, ¿Por qué me sonreían o miraban como si fuéramos amigos de toda la vida?
Y, a su lado… ¡Alice! ¿Pero que hacía ella aquí?
-¡Alice! – exclamé, maravillada, corriendo hacia ella.
-Bella- dijo ella suavemente, sonriéndome ampliamente y abrazándome con fuerza.
Ambas nos fundimos en un enorme abrazo, durando, así, minutos.
-¿Pero qué haces aquí? ¿No te habías ido? ¿Qué ha pasado? – pero su rostro estaba acompañado por la tristeza cuando me separé y la observé fijamente. Adiviné el porqué de aquella tristeza - ¿Qué te ha hecho James esta vez? Te veo triste, amiga. Dime, ¿Ha pasado algo con el infeliz ese? -
Sus ojos se agrandaron, sorprendidos. Miró hacia atrás, nerviosa. Luego, echó un vistazo al chico grandote. Este la miraba dura y preocupadamente. También pude divisar furia en sus ojos azules.
-No, no, no. Bella, no. James… es agua pasada. El no tiene nada que ver. No sé nada de él desde hace much… -
Pero paró. No terminó su frase y carraspeó.
-¿Qué es lo que tienes en la mano, Bella? – preguntó Alice, mirando la cinta de video.
-Eh… - lo levanté – no lo sé – me encogí de hombros – el chico de pelo cobrizo, que dice ser el repartidor– giré mi cabeza para verlo suspicazmente – pero yo creo que no lo es, me lo ha dado con un ramo de rosas provenientes de un admirador secreto que tengo. -
Alice volvió a sonreír ampliamente.
-¿Te parece si lo vemos? – preguntó dando unos pequeños aplausos.
Reí con ganas.
-Lo que tú quieras – dije.
Ambas nos dirigimos al salón con una gran sonrisa en los labios. Y ahí se encontraba mi padre y Jake.
-¡Papa, ¿has visto? ¡Alice ha vuelto! – dije maravillada.
-Si, hija. Lo sé. Ya la veo. -
-Pero, tienes que contarme todo – pedí – tienes que explicarme porque no has viajado. Estabas ilusionadísima. ¿Por qué? – pregunté.
-Bueno… - pareció vacilar, nerviosa – ya te lo explicaré. Es… una larga historia. Primero veamos el video. -
Asentí contrariada. Me importaba más la vida de mi mejor amiga que un simple video. Pero, al parecer, algo malo le había pasado y estoy segura que tenía que ver con ese gilipollas de James. Si lo ha negado antes, es porque había personas desconocidas para ella. No creo que se ponga a explicar sus problemas personales delante de unos desconocidos.
Puse la cinta de video y encendí la tele. Me senté en el sofá entre Alice y el chico de pelo cobrizo. Quería sentarme a su lado, pero a la vez de mi mejor amiga. La pareja de antes se situó detrás de nosotros.
La pantalla se puso de un color negro, negro intenso. De pronto, empezó a oírse una musiquita… ¡eh!
-¡Esa es mi canción favorita! – exclamé, maravillada pero, a la vez, extrañada.
No se… esto no tenía sentido.
-Lo sabemos – escuché la voz de la rubia, mirándome sonriente.
-¿Qué… que es esto? – pregunté.
-Mira – me susurró Edward, cuyo aliento rozo con el lóbulo de mi oreja.
Concéntrate en la peli, concéntrate en la peli, me decía una y otra vez.
-¡Hola Bella! – oí la voz del chico de pelo cobrizo en la televisión - ¡Hey, no, no pongas la cámara ahí! – susurró, mirando hacia un punto detrás de la cámara.
-Joder, Edi, que quiero irme al baño – oí susurrar.
Alcé mis cejas. Luego, reí.
-Tu y yo nos conocimos el 20 de Junio del 2010, Bella. Nos vimos por primera vez en la cafetería de Forks, pero no entablamos conversación. -
-Si, si, antes, tu adorado Edward, Bella, – apareció la chica rubia, ocupando todo el enfoque. – era un mujeriego que no hacía más que tirarse a la primera que tenía pechos y vagina.
Eh, no me estropeéis el video – oí la voz de Alice desde el fondo. Luego unos zapatos aproximarse – lo siento, Bella. – sonrió Alice acaparando ahora ella toda la cámara – Bueno, supongo que te acuerdas de mí, ¿verdad? El es mi hermano, y, en realidad y aunque te parezca imposible, sois novios. – explicó con una gran sonrisa, abrazando al tal Edward, su hermano. – Ella es Rosalie, novia de Emmett. Este último es mi hermano también. -
-¿Queréis hacer el favor de dejarme hablar a mi? La idea fue mía, Alice – habló Edward, molesto.
Las chicas se apartaron y dejaron que Edward hablase. Este último carraspeó y volvió a hablar.
-Como te decía, nos conocimos en esta misma cafetería – el enfoque se paseó por todo el restaurante – la primera vez que hablamos, fue aquí. Desayunamos juntos y nos gustamos enseguida. -
No, esto no tenía ni pies ni cabeza. Esto tenía que ser una broma. ¿Pero de que iban?
-Y tú no te acuerdas de esto porque… -
La imagen cambio para dejar paso a una fotografía.
Me levanté enseguida, arrodillándome en la alfombra del suelo, con ojos llorosos y las manos tapándome la boca, no creyéndome el horror que tenía delante.
Contemplaba una fotografía mía, tumbada en una camilla de hospital, con tubos por todo el cuerpo y moretones en el rostro. Dormía, pero parecía como si estuviera muerta.
Sollozos se escapaban de mi pecho sin control.
La imagen cambió, y vi mi coche abollado en un árbol. Esa misma fotografía se encontraba implantada en una página del periódico. Debajo, ponían unas letras que decía: un accidente de coche. La chica se encuentra hospitalizada, pero en coma. Los familiares que la acompañaban permanecen estables.
Miré a mi padre, con la esperanza de que esto fuera una broma… pero no fue así. No pronunció palabra.
-¿Tienes idea de las estupideces que hacia Edward para acercarse a ti? Hacia cualquier cosa, Bella – me explicaba Ángela, con una sonrisa en el rostro – voy a serte sincera, Bella. Al principio, intento flirtear conmigo. Pero, tú ya sabes cómo soy, ¿verdad? Tu novio está muy bueno, pero… en ese momento me pareció un gilipollas. -
Lo miré reprobatoriamente. Si supiera Edward la fama que tiene Ángela en tratar a los novios…
-Pero te quiere mucho, cariño. Edward es un buen hombre. No sabes cuánto te adora. – sonreía tiernamente - ¡eh! ¡no, no, no me toquen esa vajilla! – ahora miraba hacia otra dirección – ¡Es carísima, Emmet, no! -
Y salió disparada hacia la cocina. Luego, oí unos platos romperse. Reí a medias.
Luego, la imagen volvió a cambiar. Era un video, un video en el que salía cantando en un bosque. Iba en el medio cogida y mi cintura rodeada por los brazos de Rose y Alice, cantando…
Las lágrimas, poco a poco, se secaron. No recordaba nada, absolutamente nada.
-Pero mirar que par de locas, chicos – oí una voz masculina que, supuse, era el que estaba grabando.
Entonces, me caí. Unas risillas escuché. Edward era uno y el otro… ¿Jasper? ¿Qué hacia el ahí?
-¿Os estáis riendo de mí? – dije reprobatoriamente, mirándoles fulminante.
Me levanté y volví a abrazarlas.
Después se enfocó la cara de Edward, mirándome maravillado, como si fuera un ángel bajado del mismísimo cielo (¿un ángel patoso?) en fin. Tenía una leve sonrisa en el rostro. Después se enfocó a Jasper. Alice se encontraba a su lado, abrazándole y dándole besos en la mejilla. ¡¿Jasper y Alice?
La grabación se cortó y salió otro video. Estábamos los seis, jugando a las cartas.
-Oh, ya veo – dije hacia Emmett, parecía enfadada –así que has mentido, ¿no Emmett? -
Emmett me miró sin entender, ordenando sus fichas y frunciendo el ceño.
-¿Respecto a qué? – preguntó.
-Respecto a tener un mal juego. -
-Oh, Bella, ha sido un farol– blanqueó los ojos.
-¡Aja! ¿Y que es un farol? ¿Acaso no es un sinónimo de mentira? -
Las lágrimas cayeron por mis mejillas, sin poder creerme lo que escuchaba, lo que veía. Momentos de los que yo no recordaba, momentos en los que, a simple vista, se me notaba feliz.
Edward y yo nos encontrábamos abrazados, mirándonos y, he de decir, que era un momento intimidante. Sus ojos esmeraldas no se despegaban de mí, de mi rostro, que tenía una gran sonrisa de felicidad. Pero tenía un brillo en los ojos de tristeza, a pesar de que me veía totalmente enamorada.
-Tuviste un accidente, provocándote una pérdida de memoria a corto plazo, Bella. – siguió explicándome Edward.
Sus ojos, hipnotizantes, reflejaban el dolor, la tristeza…
-Pero nosotros estamos contigo, Bella. Siempre, sobre todo Edward, cuyos ojos verdes siempre expresarán que te querrá para siempre. – siguió Rosalie, guiñándome a la vez un ojo.
-Oh – exclamo Emmett, acercándose a ellas – y tienes que saber también que tu hermano acartona las sabanas. -
Levanté las cejas, mirándole interrogativamente pero, a la vez, apretando los labios para no reírme de mi hermano.
-¿Vais a recodármelo toda la vida? – pregunto él, enojado, cruzándose de brazos.
-Bella, si no fuera por ti, ahora mismo no conocería a Jasper – declaraba Alice – Si, si, estamos saliendo. Nos conocimos ayer y todo eso, pero, ¡es tan mono! -
-Alice, basta – cortó Edward. Luego, sus ojos volvieron a la cámara – han pasado ocho meses desde tu accidente. Alice ha venido de vacaciones. Es la dueña de la tienda en la que trabajaba. – mientras él decía esas palabras, Alice se encontraba saltando, dando palmaditas y señalándose a sí misma –Te llevas muy bien con todos. Te ganaste sus corazones desde el primer día. – una sonrisilla apareció en mis labios.
-Por cierto, Bella, el enamoramiento de Edward hacia ti me costó un par de huesos rotos. -
Fruncí el ceño, confundida.
-Bien, chicos, voy a cerrar. – oí la voz de Jasper hacer eco.
-¡Eh, espera, que ya terminamos! ¡Un momento, Jazz! – Alice cogió la cámara y enfoco a Jasper, quien se encontraba arreglando unas cosas en la barra – Vamos, Jasper, di algo.
Este levantó la mirada, pensativo. Miraba por todas partes, supongo que intentando buscar ayuda. Al final, se encogió de hombros y dijo:
-No sé qué decir. -
-Oh, venga, algo se te tendrá que ocurrir. Es para Bella. -
-Pues… - carraspeó – eh…. ¿recupérate? -
-Pero mira que novio mas bruto se cogió tu amiga, Bella – se burló Rose.
La cámara enfoco a Rose y Edward. Rápidamente, se unió Emmett y Jasper. Segundos después, Ángela se puso al lado de su hermano con una gran sonrisa.
Alice apareció dando saltitos, como siempre.
-Estas rodeada de gente que te quiere, Bella – habló Edward, sonriéndome – nunca te vamos a dejar y recuerda que te quiero. -
La musiquita que sonaba de fondo desapareció. La pantalla quedó totalmente negra. Las lágrimas volvieron a mis mejillas… con pequeños sollozos. Pero, parte de esas lágrimas, podía decir que eran de felicidad.
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Diyola, Mrs. Armstrong Cullen, Danahh, BellaCullenMasen14, cami21, Leta P, Rossy04, Angel0607, Carolina. Cullen. Swan, Elena robsten, BlissvmpKr, Anrresweet, Angel0607, Monchii, VICKY08, Angel of the Marauders y también a mis chicas anónimas.
¿Seré tan mala de dejarlo así? NOOO En breve subiré el próximo ;)
