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Ramé
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Capítulo 14
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02 de Septiembre de 1868
Sougo:
Este último tiempo ha sido divertido.
Sakata Gintoki es un verdadero idiota, no me sorprende que Shinpachi se la pase gritándolo todo el día. Es un hombre muy infantil con un extraño gusto por los dulces y las incoherencias, aunque admito que muchas de ellas me parecen fascinantes. Es como si viera un mundo muy distinto al que nosotros conocemos. Gracias a su absurdo conocimiento, comencé a vislumbrar esas tierras, esos cañones extravagantes y esas conversaciones banales que los reyes de Inglaterra podrían tener.
´´Divertido´´, es la palabra que lo describe.
Muy distinto a Shimura Shinpachi, por un momento había sido crédula creyendo que el conocimiento por las plantas era de ambos, pero descubrí que solo Shinpachi es quien comprende el estudio de las plantas, me sorprende que no sea botánico.
´´Lo único que debo saber es que las plantas necesitan agua, el resto no es prescindible´´ fue la excusa de Gintoki al burlarnos de su poco saber. Aunque, debo admitir, que me dejo pensando Gin: ´´La humanidad solo busca crear una jerarquía innecesaria cuando solo necesitamos comer, dormir y expulsar todos nuestros desechos innecesarios. Las plantas son iguales, solo necesitan agua y estar bajo el sol´´. Claro que no tardó mucho en ser refutado por Shinpachi, alegando las diferentes necesidades de subsistencia entre una y otra planta. Pero, realmente lo pensé: ´´ Una humanidad sin jerarquías, que bonito se oye, que utópico´´.
Volviendo al más joven de los jardineros, Shinpachi Shimura, tomo el encargo que le hice. Deseaba que me instruyera en el cuidado de las flores. Un jardín con la flor que Mami amaba sería un hermoso espectáculo para ver.
Mi mayor sorpresa, y como sospechaba, es el libro con el que se manejaban. Me sentí avergonzada al demostrar mi estupor ante su conocimiento amplio, no solo en las plantas sino que también en la lectura. Tú mismo sabrás que no es muy común encontrar personas alfabetizadas siendo de un nivel inferior al nuestro. Para mi suerte respondieron, a mi mal educada expresión, con risas y burlas mutuas de los conocimientos de uno y otro.
Suspire calmada por ese descuido de mi parte, no quería romper esta relación que comenzó a formarse, ellos son unos idiotas interesantes.
Seguro tú te habrás dado cuenta, ¿No, Sougo? A veces te veo platicando con Gin, seguramente temas que no me involucran. ¡Maldición! Tenía planeado escribir esta carta con temas de mi total agrado, sin sentirme fastidiada. Pero ya me ves, estoy aquí, hablando de ti.
No estabas incluido en mi tema de conversación, pero no puedo dejar de pensar en lo insoportable que se me hace tu mirada posada en mis acciones. No sé qué estés pensando de mí, pero no debe ser algo bueno. Incluso, durante el almuerzo, no dejaste de verme con el ceño fruncido, era como si me examinaras buscando algo para molestarme o, seguramente, criticarme. Estuve a punto de exigir una explicación si no fuera por las hermosas flores reposando en el jarrón, situado al centro de la mesa. Las campanillas que mamá amaba.
No pude agradecerle internamente a Shinpachi por decorar de tal forma nuestra mesa, trayendo color al ambiente.
A pesar de que no grite la palabra: Auxilio, esos dos despliegan su artillería para rescatarme. Creo que esa tarde, no será solo Sadaharu quien reciba un delicioso bistec.
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02 de Septiembre de 1868
Cerrando la puerta detrás de sí, vio la pila de documentos sobre el abandonado escritorio de su padre, ese hombre no hacía más que dejarle todo el trabajo a él. Chisto la lengua hastiado. No había día en el que no lo tolerara y ese preciso día no había sido la excepción.
Como una mala experiencia, el señor Hosen fue en busca de una respuesta, una favorecedora a sus planes, pero termino encontrándose con unas meras disculpas por parte del joven y un ´´No´´ rotundo que provoco la chispa en el semblante serio de Takahiro. Una buena oportunidad como esa no se debía desperdiciar así como así.
Estaba decepcionado y poco le podía importar a su hijo el estado de amargura que lo embargaba. Lo verdaderamente llamativo de ese momento fue la pregunta de Hosen ante su rechazo. Sin tomar la palabra de Sougo como respuesta total, pidió que se le dé una explicación. Pero su semblante no se veía serio o despectivo, más bien, se lo veía asombrado y curioso.
A pesar de dar una explicación convincente acerca del crecimiento de las empresas que su familia manejaba y la necesidad por quedarse durante el proceso de su ascenso a la gloria, Hosen negó su intento por zafarse de ese cuestionamiento.
― Estoy hablando de lo que verdaderamente te detiene aquí―musito tranquilo. No sabía cómo salirse con la suya sin parecer un idiota, le estaba resultando bastante difícil engañar al hombre, cabecera de la familia Yato. Pero, el mismo Hosen se dio cuenta de lo dubitativo que se encontraba, así que lo cuestiono de otro modo.― ¿Familia?―
― Si―afirmo sin chistar asombrándose nuevamente por lo que el mismo soltaba sin tener un poco de razonamiento.
― Lo suponía― sonrió melancólico mientras prendía su pipa― ¿Sabes? Es una buena elección la que has hecho, joven Okita. Se pierde mucho cuando persigues tus sueños a costa de tus seres queridos― miro a la nada con una chispa de anhelo en sus ojos.
Para Sougo fue una revelación bastante impactante, el señor Yato no parecía muy amigable hasta que negó su petición. No quiso ahondar más en el tema, esas cosas eran privacidad del señor Yato, a él poco podía importarle.
Estaba absorto en las palabras del señor Hosen y su pronta afirmación, la cual dio sin vacilar.
Camino hasta la ventana que daba al jardín, los arboles inmensos y los arbustos verdes opacaban el escaso movimiento de los sirvientes. Un grupo de mujeres que estaba haciendo la colada despertó su atención, una en específico. No era un hombre que se fijara en mujeres, no era su padre ni mucho menos, pero el cabello de esa chica era tan similar al de Kagura que atrajo su atención. Regresándolo al almuerzo, antes de que salga hacia su trabajo.
Sentados en la mesa amplia del comedor, con los platillos bien elaborados por Otose y su ayudante Catherine. Los alimentos adornaban, con sus resplandecientes colores vivos, el almuerzo de ese mediodía. Las flores, que los jardineros habían recolectado, se posaban como centros de mesa en jarrones adornados con temáticas chinas. Era uno de los tantos regalos, de boda, que habían recibido.
Estando ausente, comenzó a perderse en las siluetas de las flores azuladas en el jarrón de porcelana. Su mente, inconscientemente, asocio los colores azules de sus detalles con el azul océano de los ojos de Kagura, sintiendo una incomodidad al percatarse de sus pensamientos.
Una rápida mirada al jardín fue suficiente para alcanzar a ver unas hebras plateadas ondeando con el viento. Nuevamente los recuerdos de esa conversación, tres días atrás, con Sakata Gintoki lo hizo pensar en su tan confuso sentir.
¿Y si fuese cierto? ¿Realmente Soyo y Mitsuba…? ¡No! Eso sería enfermo, demasiado perturbador para su propia aceptación.
La intriga y las dudas comenzaron a mover su punto focal hasta toparse con el perfil de su hermosa esposa. Kagura tenía un semblante rígido, impasible ante lo que ocurriera a su alrededor. Tenía unos llamativos y enormes ojos azules, dándole una profundidad a su mirada. El puente, estético, de su nariz acababa de una manera grácil antes de comenzar su descenso hasta sus labios. Sus pómulos pálidos y levemente sonrosados, tan naturales sin rastro de maquillaje, la envidia de cualquier mujer. Su cuello blanquecino, fino, delgado. Sus delgados dedos, manos cuidadas y agiles, unas manos muy agiles.
Sougo comenzó a sentir calor quemando su cuerpo, ¿Cómo era posible que comenzara a imaginar el cuerpo de Kagura sin una prenda de ropa? ¡Ah, sí! Hace mucho que no mantenían sexo. Podía sonar muy primitivo de su parte, muy perverso y necesitado, pero prefería engañarse con ´´Solo es deseo´´ y no un posible interés sentimental.
No era difícil auto-engañarse, mas sabiendo que Kagura y él no habían compartido intimidad desde antes de hacer su viaje a Cheshire. Los inconvenientes con la salud de su hermana habían opacado todo en su vida, solo importaba Mitsuba, en aquellos días.
No supo cuánto tiempo paso mirándola, cuanto de ese tiempo analizo el cuerpo de ella, inspeccionándola con su mirada. Se maldecía por ser tan deseoso de ella y no mantener sus pensamientos en frio. La abstinencia podía estar afectándolo, pero no se dejaría embaucar por unas simples oleadas de lujuria.
Acomodándose en su asiento quiso comenzar una conversación tranquila con Kagura, pero con apenas soltar la primera silaba de su nombre su voz dejo de sonar al escuchar un, apenas audible, ´´Shinpachi´´, de parte de ella.
Está de más decir que el joven jardinero no se encontraba allí, en la habitación. Kagura soltó su nombre al aire mientras observaba con afecto las flores dentro del jarrón, que el chico de las gafas había recolectado para ella. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué decía ´´Shinpachi´´ con una expresión tan dulce como esa?
Un escalofrió comenzó a recorrerle el cuerpo sintiendo una presión punzante en el pecho, ahogando cualquier intento por querer hablar. ¿Qué era todo aquello?
Con el ceño fruncido volvió a recorrer la oficina de su padre buscando un poco de paz para su alma. No importaba cuantas vueltas le dé al tema, sabía que la respuesta no le gustaría y que solo estaba atrasando el momento de revelación. Exhausto, tomo asiento en el sillón, detrás del escritorio. La montaña de documentos se mantenía erguida sobre el tablón esperando ser inspeccionadas. Si fuera un día común y corriente, muy seguramente Sougo se encargaría de cada uno de ellos, pero ahora mismo no podía ni con una sola hoja.
Cerró sus ojos tratando de buscar tranquilidad para esas molestas emociones, pero solo lo regocijo el recuerdo de otro momento desagradable.
Dos días atrás su querido padre toco a su puerta buscando entablar una conversación importante. Para Sougo era de esperarse escuchar la palabra: ´´descendiente´´ mezclado entre su discurso de lo que se esperaba que él hiciera. La discusión escalo a mayores en pocos segundos gracias a las palabras poco amables de ese hombre.
― No olvides que aun eres de mi propiedad―dictamino con el semblante serio― recuerda que eres el único que puede extender el buen apellido Okita. Tu abuelo tuvo la desdicha de engendrar tres mujeres antes que a mí, el único que podía extender su legado― soltó con dureza― Siéntete afortunado de esta importante misión que se te encomendó y apresúrate en cumplir con tu deber, recuerda que llevas el estigma de un apellido con mas descendientes mujeres que hombres. Te costara encontrar al preciado varón― Sougo presiono el puño con fuerza, ese insulto a las mujeres de su familia iba, también, dirigido a su preciada hermana y esa era una falta que no podría perdonar.
― Tu…― su garganta quemaba con intensidad, listo para mandarlo a la mierda y salir de esa estúpida oficina, pero…
― Si me comprendes, lárgate ―soltó sin cambiar su expresión― Cumple con tu deber y no me decepciones― ¿Qué le grito? ¿Qué insultos le dijo? Ni él los recordaba, solo estaba al tanto que no era nada bueno.
No se enteró de como había llegado a la puerta de su hogar, de en qué momento había salido de la oficina y cuantas cosas más habrá hecho de camino hasta el pórtico de su mansión. Si bien no tenía ni interés por cumplir con las órdenes de Takahiro, si estaba ensimismado en que esa tarde la tomaría para descansar, su espíritu estaba saturado de tantas estupideces que escuchaba, de tantos desprecios y la simple utilización a la que era sometido.
Fatigado y asqueado espero unos segundos más antes de poder girar la perilla e ingresar en silencio buscando, con sus ojos cansados, una mullida cama que lo transporte al mundo de los sueños. Camino por el pasillo de la entra percatándose de la voz de Suzuran en la cocina, manteniendo una conversación con Jiiya y la anciana Otose. Catherine se escuchaba enojada por las palabras de las dos mujeres mayores mientras el esposo de su ama de llaves concordaba con su postura. Ignorando la habladuría, se trasladó con pesadez al pie de las escaleras, deseando recostarse por un par de horas.
El viento otoñal arrastro una diminuta hoja de Roble en pleno crecimiento, chocando con la vista cansada de Sougo. Sacándola de su campo de visión, se percató de que el jardín estaba más animado que de costumbre, que las puertas estaban abiertas de par en par y que las risas animadas era escandalosas, para lo que se acostumbraba en esa época.
Desde lejos, reconoció el sonido de la voz de ese par de jardineros, los ladridos animados de Sadaharu y el inconfundible sonido que Kagura emite al hablar. Aunque en este caso se escuchaba más alegre y vivaz. Curioso, camino un par de pasos ingresando a la sala de visitas, donde u sillón amplio con una mesita en frete dejaba reposar una pila de libros de botánica.
Esperaba haberse confundido, que el sueño y el agotamiento lo hicieran delirar de lo que verdaderamente oía. El perfil de ella no encajaba con esa risueña voz, con esa sonora risa, con esa agitación en su tono entrecortado por la fatiga. Ella no perdería los estribos aunque quisiera, siempre se mantenía al margen y no menguaba en sus conductas, ¿Entonces por que la veía tan feliz?
― Yo también quiero― pidió su esposa con una actitud infantil y animada.
Cerca de los árboles y mientras Sakata Gintoki, el mayor de los jardineros, entrecortaba las flores, Kagura reía por las acrobacias de Sadaharu. Las hojas juntadas en pequeños cúmulos, comenzaron a esparcirse nuevamente gracias al poder de la brisa y las carreras del can. Shinpachi, el sujeto de las gafas, se levantó del suelo con una corona de flores que apenas había acabado de hacer.
Acercándose mientras ese ruidoso perro continuaba alborotando la escena, Shinpachi se la coloco en la cabeza con una sonrisa casi maternal. Sougo no fue capaz de escuchar su conversación, solo atino a ver como la sonrisa complacida de Kagura, y el leve sonrojo de ambos comenzaban a resquebrajar un sentimiento incómodo y preocupante, ¿Acaso era la angustia?
No era un simple nudo en la garganta, era el ardor en su pecho, el temblor en sus extremidades y la desesperación papando en su cuerpo. Por ello no pudo sentirse peor cuando dos días después, Kagura soltó el nombre anhelante de Shinpachi.
Se sentía amenazado, no podía dejar de pensar que algo le inquietaba, que no podría irse habiendo presenciado esas escenas. Aquello fue el punto crítico para negarse completamente al viaje con Hosen.
Con el sonido de la puerta abriéndose, los ojos rojizos de Sougo se elevaron por sobre los papeles, solo observo como más documentos llegaban de la mano de Hijikata. ¡Maldición! Ni siquiera había terminado con todo lo que ya tenía en su escritorio.
― Creo que eso es demasiado para una persona― suspiro el castaño haciéndole un lugar para dejar el nuevo montón.
― Lo he hablado con el señor Takahiro, pero él insiste en que su hijo sea el único que tiene el derecho de manejar las cuentas― explico tranquilo Hijikata, percatándose que no había ni un documento terminado de sellar. Seguramente algo estaba desviando su atención.
― Cree que alguien va a robarle las ideas de tan amplio progreso, es un viejo insoportable y desconfiado― soltó con molestia ― No hacemos nada tan innovador como para tener un conocimiento fuera de lo común― explico tranquilo mientras analizaba por donde comenzar ― A veces siento que solo busca explotarme―
― ¿Entonces por qué no te fuiste con Hosen?― Sougo lo miro dubitativo― De esa manera no tendrías estos dilemas y te mantendrías libre de Takahiro― explico tomando un par de hojas para sellarlas. No era experto en el tema, pero podía ayudar en pequeñas cosas.
Sougo medito su pregunta. No sabía si decirle o no la causa de su negación, Hijikata se reiría y afirmaría nuevamente el tan molesto: ´´Te lo dije´´.
Resoplo antes de comenzar con su la tan conocida descripción de Soyo, dejando fuera los rasgos físicos de su ´´amada´´. Cuando hablo con Sakata Gintoki se había sorprendido de las palabras del hombre, el cual expreso la gran similitud con Mitsuba. Lo peor había sido recordar las mañas de su hermana y las acciones involuntarias de esta al sonreír. ¿Por qué demonios eran tan similares? ¿Qué tanto decía aquello de él? ¿Acaso…?
― Es extraño escucharte hablar de Mitsuba― corto Hijikata su tan minuciosa descripción, dejando pasmado al joven Okita.
― Estaba hablando de Soyo―aclaro Sougo carraspeando la garganta. Su rostro se puso pálido y las gotas de sudor comenzaron a recorrerlo desde su sien. Hijikata se percató de su estupor y soltó una sonrisa socarrona de victoria.
― No sé si es el mejor momento para decirlo pero… Te lo dije―expreso irritando al menor― Tu problema, Sougo, es que te encaprichaste con Tokugawa Soyo― explico tranquilo― Solo eres un niño que…― el castaño presiono los dientes aguantando su irritación.
― No estoy encaprichado, solo es una coincidencia que…― pero esta vez le tocaba a Hijikata detenerlo. Paso muchos años escuchando las excusas de Sougo para no ver la realidad que tenía adelante, Toushirou estaba cansado de sus excusas.
― Soyo te comprendía mucho mejor que cualquiera porque estaba pasando por una situación igual a la tuya―corto sus palabras clavando su mirada en los rojizos de su cuñado― Su comportamiento es similar a la de Mitsuba y eso es un punto más a su favor, principalmente en esos momentos― murmuro eso ultimo recordando el pasado de ambos.
Sougo había sufrido demasiado por el maltrato hacia su madre cuando se la descubrió en una situación de traición. El engaño llego a oídos de todos los miembros Okita, alegando la posibilidad de alejarla de toda muestra pública, con temor a dejarlos en ridículo. Fue un momento muy problemático en el que la pobre señora Okita era alejada de sus hijos.
Si bien Mitsuba se hizo cargo de Sougo, el contacto con su hermana, aquello no sirvió para aminorar su vacío. Principalmente desde que Mitsuba había comenzado una relación amorosa con Toushirou. Fue en medio de ese tremendo caos que Tokugawa Soyo llego, convirtiéndose en la única persona que podía comprenderlo.
A pesar de los esfuerzos por la familia Okita de mantener ese escándalo en secreto, no se pudo evitar que la noticia se filtrara y un grupo de personas cuchichearan por ahí ensuciando el apellido. Algo similar sufrieron los Tokugawa en aquella época. Las desgracias y las habladurías comenzaron a hacer a un lado tanto a Sougo como a Soyo, terminando por apoyarse mutuamente.
― Eso no tiene nada que ver―
― Claro que tiene que ver. Querías a Soyo y la sigues queriendo, pero no de la forma que tú crees― explico metiendo sus manos en los bolsillos buscando su pipa― A pesar de que siempre te has quejado de Kagura, ¿Nunca se te hizo extraño que del único tema que hablaras con nosotros sea de ella?― lo cuestiono. Sougo trago saliva sin saber exactamente que decir― Incluso puedo citarte en muchos momentos del pasado, la cantidad de cosas que nos has contado de ella― el castaño solo podía balbucear. Hijikata carraspeo su garganta preparándose para su actuación― ´´Siempre es lo mismo, Kagura no actúa sinceramente. No sé por qué lo hace, ¿Acaso no soy su prometido?´´― modulo su voz para sonar igual a un mocoso molesto.
― No recuerdo…― Sougo trataba de negar la realidad, sin poder creérselo.
― ¿Seguro? Era una de tus quejas más comunes― se puso la pipa entre sus labios y comenzó a prenderla con calma, mientras dejaba a Sougo asimilar las cosas― Te negabas a querer a Kagura, en más de una ocasión dijiste que su comportamiento no iba con la sinceridad que buscabas. Muchas veces dijiste que ella llevaba una máscara siempre― rio divertido― Admito que al principio creí en tus palabras, pero esa chica no es como tú piensas― las palabras de Hijikata le recordaron la vez que Mitsuba le había dicho exactamente lo mismo― Me atrevería a decir que fue su actitud, por seguir al grupo elitista, lo que te alejo de ella. Por qué te recuerdo perfectamente quejándote de ella, por cualquier tema, pero nunca dijiste: ´´No la quiero´´―
Hijikata lo dejo en jaque.
Lo miro directo con una sonrisa de complicidad, trayendo consigo un recuerdo del pasado.
Sougo tenía unos trece años cuando escapo de las miradas de los adultos junto a Kagura. Hijikata salió en la búsqueda de ese mocoso, a pesar que la mayoría había optado por dejarles a solas por aquella vez. Querían que se conocieran más, para que el matrimonio sea prospero.
El problema fue cuando el atardecer comenzó a caer y ese mocoso no volvía. La anciana Kazue regresaría pronto, con la niña, a su mansión. Por pedido de Mitsuba, el de cabellera negra, salió en búsqueda de ese par de críos. Pero ni siquiera necesito salir del complejo Okita, para ver como Sougo arrastraba a Kagura de la mano. Una mano que se entrelazaba con la de ella. No le prestó atención en su momento, pero en cuanto ella se alejó despidiéndose –de forma muy ceremonia- de Sougo, Hijikata se acercó al menor observando un leve sonrojo en este.
´´Me gusta´´ le respondió a Toushirou después de preguntarle la causa de su nerviosismo.
― Tu mismo lo dijiste― volvió a hablar el asesor― También recuerdo preguntarte si ya no la querías, pero solo desviabas la pregunta―
― ¿Qué me tratas de decir?―
― No es de extrañar que por encontrar a alguien que pudiera comprenderte, en una situación de extrema vulnerabilidad, hayas caído en la ilusión de estar enamorado. Además, se le sumaria el hecho de que ambas, Mitsuba y Soyo, tienen una personalidad similar―explico tranquilo exhalando el humo de su boca― Si lo ves ahora, puede que nunca la hayas querido realmente―
― ¿Cómo puede…?― la entrada abrupta de Takahiro en la oficina corto la conversación dejando a Sougo con mas dudas.
La tarde siguió con tanto trabajo como de costumbre. Con Sougo escuchando las quejas de Takahiro e Hijikata asesorando el trabajo de ese viejo. Por otra parte, Sougo solo se encargaba de los documentos mientras la charla que tuvo, momentos previos, con su cuñado reaparecían con fuerza, irrumpiendo su paz mental. ¿Y si todo aquello era cierto?
´´Si eso fuese real…´´ se encontró tomando en cuenta la posibilidad de Hijikata, para rápidamente negarla nuevamente. ´´No me gusta´´ se lo repetía una y mil veces, pero al momento de decirlo en voz alta encontraba solo excusas para no hacerlo. Se descubrió haciendo lo mismo que a sus 14 años, negando una respuesta concreta –con respecto a los sentimientos por Kagura-.
Terminando su trabajo, por ese día, Sougo se levantó de su asiento despidiéndose de su padre. El carruaje lo llevaría en dirección a su hogar, junto a su esposa. Una a la que no quería, aunque no era capaz de expresarlo con concretas palabras.
Girando la perilla y dejar su abrigo en la entrada, camino al salón en busca de alguien, que ni el mismo sabia. Hasta que la encontró, sentada en el sofá reclinada en uno de los apoyabrazos, leyendo un libro de Botánica. Kagura estaba tan abstraída en su lectura que no se dio cuenta lo observada que estaba siendo por Okita Sougo.
´´Nunca dijiste: No la quiero´´
A Sougo se le acelero el pecho al mirarla de esa forma, sintiendo una presión en el pecho. Tenía una imperiosa necesidad, una que estaba negando desde hace algún tiempo.
Recordó el anhelo con que miraba las flores en el centro de mesa, suspirando por el más joven de los jardineros. Le picaban las ganas de que suspirara por él.
Recordó el momento donde la vio sonreír tan abiertamente ante él, mientras se apenaba. ¿Por qué? ¿Por qué rogaba internamente porque le sonría de esa forma?
´´Nunca dijiste: No la quiero´´
Ahogo un quejido de su garganta. No podía creer todo aquello, aun no podía. Pero si haría algo para descubrirlo. Quería saber cómo se sentiría verla sonreír para él, como sería que murmura su nombre con aprecio, quería saber si sentiría algo tan importante como para decirle a Hijikata: ´´Tenias razón´´.
― Ya llegaste― Kagura levanto su vista del libro topándose con la mirada centrada de Kagura.
Si comenzaba a intentar conocerla mejor, a pasar más tiempo con ella, a dejar de ignorarla, podría descubrir si las palabras de Hijikata eran ciertas.
Lo intentaría, a partir de mañana muchas cosas comenzaran a cambiar.
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Notas de Ficker:
Acá estoy, dejando un capítulo más. Espero publicar el 16 para el día 25 XD porque si no me muero. Gracias por dejar comentarios, lamento los que aún no pude responder, pero me estoy centrando más en escribir que en otra cosa.
Este fick no está editado, lo hare después de que termine diciembre.
Muchísimas gracias a todos.
Nos leeremos.
¡Bye!
