Pasaron los meses y Bubblegum dio a luz a 2 hermosos niños idénticos a la vampira. Lo único que tenían de diferente era el color del cabello. Uno lo tenía rosa y el otro negro.
- Cómo les pondremos? - preguntó Marceline sosteniendo al de cabellera rosada.
- Emmm…Glob, nunca lo pensamos.
- Qué tal M&M? - rió Marceline.
- No es gracioso!
- Y si a uno le ponemos After y al otro Eight?
- Marceline, basta. - dijo con el ceño fruncido. - Hablo enserio.
- Bien, no se me ocurre nada. - se encogió de hombros. - Yo ya le puse el nombre a Danie, te toca a ti.
- Veamos... el de cabello rosa se llamará Goober y el de cabello negro Reese.
- Me gustan. - dijo con aprobación la vampira.
- No puedo creer que tengamos 3 niños! - dijo PB con felicidad absoluta.
- Faltan 13. - dijo la Reina Vampiro con picardía.
- Marceline! - le pegó una palmada en la cabeza.
- Ya, ya, lo siento. - se disculpó ella. Mentita entró con Danie de la mano y la dejó en la cama con PB.
- Ha estado muy inquieta, Majestad. - le dijo Mentita a la joven reina. - Preguntó por usted todo el día. - agregó.
- Gracias por cuidarla, Mentita. - sonrió alegre Bubblegum. - Mira Danie, tus nuevos hermanitos. - dijo la Dulce Reina mostrándole a cada uno. La pequeña princesa aplaudió con mucha energía.
- Danie, quieres que vayamos a ver abejas? - le preguntó Marceline cargándola en sus brazos. La princesita se puso seria y le mordió la nariz a la vampira.
- Mier... - casi suelta la vampira del dolor. - No quieres?
- No. - respondió su hija y apuntó a PB. - Mamá.
- Ah, ya veo, quieres quedarte con PB. - dijo Marceline. - Pero cosita, mamá está muy cansada. Por qué mejor no vamos al jardín?
- PB! - insistió Danie soltándose de los brazos de la vampira y cayendo en la cama. - Mamá. - dijo dando unos pequeños pasos hasta Bonnibel. Su madre la recibió y le dio un gran abrazo.
- Deja que se quede un rato. - le pidió Peebles.
- Bien, bien. - dijo la vampira sosteniendo a Reese. - Oh por Glob, es igual a mí.
- Goober también lo es. - dijo PB señalando la cuna donde estaba el pequeño. - Bueno, por lo menos Danie se parece mucho a mí, no puedo quejarme. - rió.
- Es broma? Es tu viva imagen! Lo único que sacó mío es el color de piel y parece que la personalidad. - rió la vampira. - Eso será un problema.
- Por supuesto que no, eres muy fácil de convencer algunas veces. - le sonrió Peebles.
- Eso crees? - se acercó a ella y le dio un gran beso.
- Lo ves?
- Eres irresistible, qué quieres que haga? - le dio otro beso la vampira. - Algo me dice que dentro de poco estaremos engendrando más niños.
- Marceline! - le reprochó PB.
- Qué? Pero si es verdad! - levantó las cejas. - O vas a negarlo?
- No seas desagradable!
- Desagradable? Bonnie a ti te encanta que te lo haga.
- Pervertida! Basta ya! - se quejó la joven. - Los niños no tienen por qué escuchar eso.
- Bah, si no entienden de lo que hablamos. - protestó la vampira.
- Gracias a Glob que no.
- Reina Vampiro, podría venir un segundo? - preguntó Mentita con una carta en la mano. - Es urgente.
- Claro. - acompañó al dulce hasta afuera de la habitación. - Qué sucede?
- Acaba de llegar una carta proveniente del Castillo Negro. - dijo el mayordomo. - Dijeron que la leyera urgentemente...parece que es sobre la Princesa Laurel.
- Dame eso. - se la quitó de las manos y comenzó a leer. - Glob...
- Es algo malo? - preguntó el sirviente.
- No...creo que no, pero Laurel tendrá al bebé esta semana. - suspiró Marceline. - No puedo dejar a Bonnie sola ahora, pero tampoco puedo negarme a asistir al parto de mi hijo.
- Quiere su sombrilla? - preguntó Mentita.
- Si, por favor. Tendré que partir ahora mismo. - anunció la vampira con toda seriedad. - P-Podrías avisarle...?
- Descuide, Majestad. Yo le diré a la Dulce Reina.
- Gracias. - dijo la chica vampiro tomando la sombrilla y saliendo del lugar. Cuando estuvo sobrevolando los verdes prados pensó en cómo lo haría para visitar a su hijo. Tendría que ir una vez por semana? Tal vez 2? Bonnie le había prohibido llevarlo al Dulce Reino y eso le complicaba porque ese pobre crío pasaría toda su infancia solo.
- Laurel no es la compañía apropiada para un niño. - se dijo a sí misma. La idea de hacerle creer a su ex que su hijo fue asesinado tampoco le atraía. - Demasiado traumático. - pensó. Dejaría a Laurel más loca de lo que ya está y temía lo peor, la princesa no aguantaría perder otro hijo.
Cuando entró a los dominios de Laurel vio lo descuidado que estaba el Castillo Negro desde que se enfrentaron los ejércitos. Como todo el personal de la princesa fue arrestado, nadie mantenía el lugar y precisamente Laurel no era de las personas que hacían las cosas por sí misma.
Aterrizó en el patio de la fortaleza e inmediatamente unos plátanos guardianes salieron a su encuentro:
- Menos mal que llegó, Reina Vampiro. -dijo uno. - Venga con nosotros.
- Qué pasó? La princesa está bien? - preguntó ella.
- No, Majestad. No ha parado de sangrar desde que dio a luz.
- Qué ella qué?! - gritó Marceline con los ojos desorbitados.
- Fue recién, Majestad. - dijo el otro. - Oh, gracias a Glob que llegó.
En el camino a la habitación notó lo vacías que estaban las estancias, por culpa de la guerra, todos los objetos de valor en el Castillo fueron vendidos por orden de Bubblegum para costear los gastos, todas las salas estaban vacías a exceptuar la que contenía los retratos familiares.
Cuando Marceline llegó lo más rápido que pudo vio que Laurel estaba débil y muy pálida, pero la princesa se alegró cuando vio a la vampira.
- Pero miren quien nos viene a visitar. - intentó reír como siempre lo hacía, pero incluso le dolía hacerlo.
- Laurie...vine en cuanto pude...cómo estás?
- M-Mejor que nunca. - mintió la chica.
- No me mientas.
- He estado...peor, Marceline.
- D-Donde está...?
- Lo..lo están lavando. - respondió la princesa sonriendo.
Una enfermera se acercó a la vampira y le dijo algo que la dejó en shock: - No le queda mucho tiempo, Majestad. No hemos podido contener la hemorragia que tiene y la princesa se ha negado a recibir más ayuda.
- Laurel! - dijo Marceline sin poder creerlo. - No!
- Al menos n-no moriré...a manos de esa...de la tonta de Peebles.
- No digas esas cosas! No puedes...no ahora...Laurie, lo logramos...al fin tenemos un hijo. - intentó animarla, pero su propia voz se quebró.
- L-Lo sé. V-Ven aquí, Marcie.
La vampira fue a abrazar a la chica, que estaba sin fuerzas y Marceline lloró como una niña a su lado. No, aquello era una pesadilla. Glob le estaba jugando una muy mala pasada, nada podía vencer a Laurel. La joven vanidosa era inquebrantable, qué estaba pasando?
- Su pulsación es débil. - avisó la enfermera. La vampira temblaba de miedo y no sabía qué hacer.
- Cuidarás de él, verdad? N-No dejarás...que nada malo le pase? - le preguntó con dificultad la princesa mientras le acariciaba el cabello a la vampira.
- Jamás lo permitiré. - le aseguró.
- Prom...promételo, Marcie.
- L-Lo prometo...tienes mi palabra, Laurie. - dijo tomándole las manos. La princesa le agarraba las manos con toda la fuerza que podía.
- H-Haz que sea...que sea un buen chico.
- Por supuesto que lo será.
- N-No permitas que le digan... - respiró con dificultad. - Eso...feo que le he dicho a tu hija muchas veces...cómo era? Bastardo. N-No lo permitas.
- Es hijo de una gran princesa y una reina, nunca será un bastardo. - se apresuró en decir Marceline. - Lo estuvimos esperando hace mucho tiempo.
- S-Si...p-por favor enséñale a ser bueno, que no sea...que no sea como yo.
- Laurie, nunca he pensado que eres mala. - dijo Marceline dándole un beso.
- M-Mientes bien. - le besó la frente. - C-Cuéntale sobre la historia de mi familia y...y nuestras hazañas. - dijo adolorida. - T-Tú te las sabes bien...y que siga ese...ese estúpido lema familiar.
- Con astucia y crueldad. - repitió la vampira.
- Su frecuencia cardiaca disminuye. - dijo la enfermera temiendo lo peor.
- El retrato...que su retrato...quiero que esté junto al mío algún día. - pidió la chica.
- Me encargaré de eso personalmente. - contestó la vampira aun con lágrimas en los ojos. - Laurie...
- Peebles...dile a esa boba que otro día arreglaremos las cosas...t-tenemos asuntos pendientes.
- Hablaré con ella, no te preocupes.
- C-cuídalo mucho p-por favor...él nunca tuvo la culpa. Recuérdaselo siempre... - respiró hondo. - Promételo, Marcie, haz que sea un buen...
- Un buen chico. Te lo prometo. - dijo la vampira. Laurel le sonrió débilmente, cerró sus ojos lentamente y sus manos dejaron de ejercer presión. - Laurie? - preguntó Marceline aterrada.
Inmediatamente el monitor al que estaba conectada la princesa avisó que los signos vitales de la chica habían cesado para siempre.
- No! - dijo con pánico la vampira.
- Majestad, venga con nosotros. - dijo tímidamente la enfermera.
- No! Laurel, no me hagas esto! No por favor! - lloraba la vampira. - No ahora.
- La princesa se ha ido, Majestad. - dijo un plátano.
- No! Déjenme en paz! - gritó mostrando los dientes mientras seguía abrazada al cuerpo de la princesa. - Fuera de aquí!
Al personal no le quedó más remedio que obedecer de mala gana las órdenes de la vampira. Marceline se levantó y comenzó a golpear la pared con rabia al mismo tiempo que lloraba hasta que los nudillos terminaron por sangrarle.
- Malditos sean todos! - gritó con furia. - Por qué?!- dio un último golpe y cayó al suelo.
- Glob! Qué haré ahora? - se preguntó Marceline en voz baja mientras lloraba. La joven que alguna vez amó había dejado de existir y dejó un sinfín de asuntos pendientes con ella y Peebles. Siguió amándola hasta el final? Alguna vez le hubiese pedido disculpas a PB? Cómo rayos Marceline le explicaría a su hijo que su propia madre había matado a sus abuelos por mero capricho?
- Tendré que pensar en algo. - pensó Marceline limpiándose las lágrimas. Se puso de pie y miró a la princesa, se veía tan tranquila, quizás cómo nunca estuvo en vida. - Mi chica...me quitaron a mi chica. - dijo en sollozos.
Pasó horas a su lado mientras lloraba nuevamente. Qué iba a hacer? Laurel siempre fue la primera persona importante en su vida, claro que ahora estaba Peebles. Pero el primer amor jamás se olvida y eso la torturaba. Cuando estuvo lista y no tenía más lágrimas que derramar quiso despedirse de la chica por última vez.
- Oh, Glob...Laurie... - le dio un beso en los labios y fue hasta la puerta de la habitación e hizo pasar a las personas que echó.
- Quiero ver a mi hijo. - exigió.
- E-Enseguida, Reina Vampiro. - corrió la enfermera a buscar a su colega a la otra habitación.
Cuando le llevaron a su hijo, Marceline respiró con tranquilidad. El pequeño tenía el cabello café oscuro igual que el de Laurel, tenía sus ojos cerrados y al parecer lo único que había heredado de la vampira era su tez pálida.
- L-La princesa dijo que nombre le puso? - preguntó a las enfermeras sin dejar de mirar a la criatura.
- N-No, Majestad. Dijo que quería que usted lo escogiera.
- Laurence. - dijo la vampira seria. - En honor a su madre. - agregó tomándolo en sus brazos.
- Majestad...dónde enterraremos a...? - preguntó la enfermera.
- En el Panteón familiar.
- Quiere que...?
- No. - respondió la vampira llevándose al bebé en sus brazos hasta la sala de los retratos. Allí permaneció mirando varios minutos el retrato de Laurel. Se dio cuenta que ella había sido la única gobernante del reino que había muerto joven. - Todo por mi culpa. - pensó la vampira. Pero al menos cumplió el deseo que Laurel anheló toda su vida. Laurence empezó a llorar de repente y Marceline lo meció con cuidado.
- Ya pequeño, todo está bien. - le dijo con cuidado. Laurel fue enterrada junto con sus padres, la vampira no quiso asistir porque no tenía ganas así que solo estuvieron algunos guardias del Dulce Reino y las enfermeras que asistieron al parto. No llamaron a nadie más porque nadie debía enterarse del nacimiento del pequeño, por lo que hicieron correr el rumor de que Laurel había muerto de una enfermedad mortal posteriormente. El Castillo Negro quedó cerrado y el personal fue llevado al Dulce Reino junto con Marceline.
Al ver a Marceline con su hijo, Peebles enloqueció completamente porque desconocía la desgracia que recién ocurrió:
- Te dije que no podías traerlo! - se enfureció. - Cómo se te ocurre desobedecerme?! - preguntó. Marceline la miró seriamente y se fue a su habitación junto con el pequeño.
- Marceline Abadeer! Te estoy hablando! - insistió Peebles.
- Ahora no, maldición PB! Puedes dejarme en paz unos minutos? - se enojó la vampira.
- Me lo prometiste! - insistió Peebles. - Por qué siempre rompes tus promesas?
- No las rompo...Laurel está muerta! - dijo molesta Marceline. - Estás feliz?
- Q-Qué?! Eso es imposible! - casi gritó PB. - N-No puede ser...tiene que ser...
- Jamás bromearía con un tema así y lo sabes.
- Qué vamos a hacer? - se preguntó la chica. - Qué va a pasar con su reino y su...?
- Administraremos todo hasta que Laurence sea mayor de edad.
- Quién es Laurence? - preguntó la científica.
- Él...y-yo le puse el nombre. - le costó decir a la vampira mostrando al pequeño en sus brazos. Peebles se acercó con desconfianza a ver al bebé y notó que era una copia exacta a Laurel, increíblemente el pequeño parecía haber heredado las finas facciones de su madre.
- Es...es... - quiso decir PB.
- Igual a ella, ya lo sé. - dijo la vampira. - No podía dejarlo solo allá porque...porque no tiene a nadie más.
PB pareció dudar un momento. Cuidar del hijo de su archienemiga podría parecer una idea descabellada, pero Laurel estaba muerta. Eso le produjo pena y alivio a la vez, sus vidas no correrían más peligro de aquí en adelante, pero después de todo Laurel fue su mejor amiga y Peebles siempre pensó que alguna vez tendrían que reconciliarse algún día.
- No en esta vida. - se dijo.
- Puede quedarse? Por favor. - le rogó Marceline.
- Bien. - suspiró PB. - Se quedará aquí, pero lo separaremos de los nuestros. Tú te encargarás de él, así que es tu responsabilidad.
- Gracias, Bonnie. - dijo la vampira más tranquila.
- Es lo menos que puedo hacer por ella. - dijo Peebles encargándose de los gemelos. Marceline los miró por unos momentos y los comparó con Laurence. Más aterradores lucían los pequeños que el propio hijo de Laurel, sería un tirano como dijo PB? La vampira dudaba de ello.
Unas semanas más tarde, PB ya se encontraba en su laboratorio realizando unos estudios acerca de los distintos tipos de ADN en Ooo, cuando apareció la vampira para interrumpirla.
- Hola! - sonrió Marceline.
- Marcie! Te dije que no podías entrar aquí mientras estuviese trabajando. - dijo la chica soltando el lápiz.
- Lo siento, pero me aburría allá arriba.
- Quién está cuidando a los niños? - preguntó Bubblegum sin dejar de mirar sus notas.
- Mentita. - mencionó Marceline riendo. El pobre servidor debía estar más que colapsado cuidando de 4 niños al mismo tiempo.
- Ve a ayudarlo. - le ordenó distraída la chica rosa.
- En un rato más. - dijo la vampira al tiempo que agarró a Bubblegum, la puso contra la mesa y la besó.
- Marcie! La doctora dijo que recién al mes podríamos...
- Nah, que se calle esa tipa. - dijo arrancándole el delantal blanco.
- No estamos... - Marceline no le dejó continuar porque la besó apasionadamente. - Yendo...muy rápido?
- No, para nada. - respondió abriéndole las piernas. - Vamos bien. - dijo penetrándola.
- Auch... - soltó PB con dolor. - Qué haces?!
- Nada. - respondió la vampira sin parar.
- Estás...siendo...d-demasiado brusca. - se quejó PB. - Ni...ni siquiera me he quitado...
- De acuerdo, yo lo haré. - dijo la vampira desvistiendo a la chica con velocidad. - Bien?
- Si. - dijo conforme ella, pero en cuanto Marceline retomó todo soltó otro alarido. - Qué diablos te pasa?! - gritó.
- Lo siento. - dijo Marceline parando. - Te gusta así? - dijo comenzando nuevamente pero más lento.
- Mmm...sii. - le respondió Peebles con placer. - Justo ahí...si.
- Santo Glob...extrañaba hacer esto contigo. - confesó la vampira. Peebles empujó a Marceline hacia atrás sin separarse y le empezó a morder la oreja con suavidad.
- Amo que hagas eso. - sonreía como idiota la vampira. La abrazó y comenzaron a besarse otra vez. Marceline introdujo toda su lengua en la boca haciendo más profundo el beso, lo que incitó a Peebles a responder con fuerza. La vampira empezó a tocar sus senos con ambas manos, pero PB se las quitaba de encima.
- Oh vamos, Bonnie. - le rogó Marceline.
- No. - susurró.
- Por qué no?
- No es simplemente no.
Marceline se enojó, se separó de la chica y se bajó de la mesa dispuesta vestirse.
- No puedes dejarme así! - se quejó Peebles.
- Has lo que quieras. - dijo la vampira poniéndose su camisa a cuadros. PB se quedó de brazos cruzados en medio de la mesa, pero vio que Marceline volvió a subirse.
- Qué...? - no alcanzó a decir porque enseguida Marceline volvió a la acción a toda velocidad.
- Oye basta! - le gritó PB. Pero la vampira hizo caso omiso y continuaba haciéndolo.
- Esto...esto es genial. - sonrió Marceline.
- N-No me gusta.
- Ya verás que sí. - dijo la vampira bajando el ritmo y observó cómo PB se calmó. - Te lo dije.
La rockera besó todo su cuello con suavidad e incluso llegando a pasar la lengua y cuando llegó a su hombro, le clavó los dientes con cuidado. Bubblegum soltó un gemido de dolor que volvió loca a la vampira y comenzó a aumentar la velocidad otra vez.
- M-Marcie!
- Oh sí, oh Glob! Glob, Glob!
- Me duele! Puedes...?
- Deja de quejarte, Laurie por Glob!
Velozmente la joven le dio una cachetada a la vampira, que la hizo detenerse por completo y quedó impactada.
- Idiota! - le dijo PB empujándola.
- Q-Qué? - preguntó la vampira. - Qué hice ahora?
- Nombraste a Laurel.
- No.
- Lo hiciste! L-La amabas, verdad?!
- No es cierto.
- Menos mal que no me tomé la pastilla hoy. - dijo vistiéndose PB. - Qué manera más horrible de concebir hijos.
- Bonnie...lo siento...sabes que todo ha sido reciente y...
- Soluciona tus problemas y luego seguimos, bien? - suspiró la científica dejando el laboratorio.
