:C
XIV
戻らない過去に泣いた夜たちに 告げるサヨナラ明日はきっと輝けるように
Todo cambia, aunque a la vez permanece igual. Shouyou lo siente en la mirada atenta de Oikawa, en la forma en la que camina a su lado cuando sale al jardín, entre hierba y árboles.
Es como una manta de seda; lo protege, mas no lo agobia.
Es la persona más poderosa del Japón, y si bien Shouyou no lo tiene a sus pies, comprende en la sonrisa de Oikawa que de hecho podría.
Empero, no piensa en eso cuando apoya su cabeza tiernamente sobre el hombro de su esposo. No piensa en eso cuando Oikawa lo rodea con un brazo, y juntos contemplan el atardecer; las primeras estrellas asomándose por encima de los matices dorados.
―¿Qué crees que nos dirían las estrellas si pudiesen hablar, Tooru-san? Si fueras una estrella, ¿qué dirías?
Es un suspiro, un signo de confianza, y Oikawa cavila largamente antes de responder:
―«No me dejes». ―Piensa un segundo más y agrega―: Y «quédate».
Shouyou suelta una risita y le da un leve golpe en el hombro. Le sale natural esto. Le sale natural confiar en él.
―¡Qué cruel, Hina-chan!
―¡Qué palabras tan raras para una estrella!
Oikawa se encoge de hombros, compungido. Shouyou nota que luce algo avergonzado.
La explicación no se hace esperar.
―Es lo que yo te diría si fuese una estrella.
Shouyou se muerde la lengua para no preguntar por qué piensa que lo dejaría. Se muerde la lengua para recordarse que es un impostor, y no una dama enamorada.
Aunque tal vez la segunda afirmación sea mitad cierta.
―Tooru-san…
No tiene nada que decir. Solo pronuncia su nombre por costumbre, porque es su mantra, porque es la única palabra segura que conoce. Oikawa quizás lo sepa, y por eso inclina su rostro hacia él y roza con sus labios su mejilla.
Shouyou comprende demasiado tarde que no ha intentado apartarse.
Comprende demasiado tarde que no lo ha hecho porque pensó que iba a besarlo.
Cuando Oikawa retrocede, la mano de Shouyou se aferra a la tela de su yukata.
―Tooru-san…
Sabe lo que está pidiendo. Lo pide sin palabras, y Oikawa lo escucha en esta misma plegaria muda.
Su esposo se gira por completo hacia él. Sus manos van a parar a su espalda; las siente a través de la fina tela de sus ropas. Shouyou levanta la cara, sus labios listos.
―Hina-chan…
Listos para los de Oikawa, que nunca llegan.
―No puedo evitar preguntarme…
Porque solo llegan las palabras que son como un cubo de agua fría.
―… ¿por qué me mentirías?
Antes de que Shouyou pueda reaccionar, Oikawa desliza las manos hacia delante, hacia su pecho y, en un certero movimiento, lo empuja hasta dejarlo tendido sobre el suelo de madera.
Abre la parte superior de sus ropajes de golpe.
―¡No, espe…!
Las súplicas no llegan a tiempo: como si fuese un trapo de cocina cualquiera, Oikawa rasga toda tela que todavía proteja a Shouyou, lo deja descubierto, su torso desnudo.
El torso que pertenece indudablemente a un hombre.
Shouyou tiembla. Pero no puede siquiera cubrirse el rostro con las manos.
Así como así, el hechizo de amor sobre el emperador se ha desvanecido.
Este solo lo observa con ojos fríos, calculadores.
―Me mentiste. Me mentiste todo este tiempo.
Es un suspiro más hastiado que indignado. Oikawa retrocede sin decir nada más. Se pone de pie, y Shouyou solo atina a morderse los labios para no ponerse a llorar, sus ojos fijos en el rostro inexpresivo frente a él.
―Y nunca consideraste siquiera decirme la verdad, ¿o me equivoco?
No hay palabras, y Shouyou siente que no puede escuchar nada, porque Oikawa Tooru no se equivoca. Siente que se ha quedado sordo, y aun así lo último que dice el emperador penetra de alguna manera a través de sus oídos:
―Ah, sí que eres cruel…, Nacchan.
Aaaah, se me fue a la puta el babu :c ¿Reviews?
-Pequeña.
