Digimon y sus personajes NO ME PERTENECEN. Solo hago esto por diversión y para su entretenimiento.


Mientras observaba a los niños jugar en el parque, Sora recordaba tiempos más sencillos donde los problemas amorosos parecían lejanos y poco probables. No pensó que sería víctima de estos arrebatos de manera tan directa.

― ¡Hey, Sora!―saludó Mimi, tan enérgica como siempre. ― ¿Qué haces por aquí?

―Fui a la tienda a comprar algo y decidí tomar un respiro.

― ¿Todo bien? ―ella asintió, pero Mimi siendo su mejor amiga, sabía que no le decía la verdad. ― No me suena tan bien, ¿sabes?― respondió.― ¿Qué ocurre?

―Solo estoy algo cansada…

―Algo me dice que no hablas de lo físico…

―Y no te equivocas…

―Sora, por favor, habíamos quedado en que no le darías más vueltas al asunto de Taichi.

―Lo sé

― ¿Entonces?

― No puedes esperar que borre a Taichi de mi vida tan fácilmente… Es un proceso, Mimi; es como si estuviese pasando por un período de luto...acabo de perder a alguien…

Trataba de ser comprensiva con la pelirroja, pero hasta cierto punto, necesitaba ser dura con ella. Independientemente de que Taichi fuese su amigo, ella no podía apoyar su conducta con respecto a Sora; debía proteger a su mejor amiga y hacerla entender que debía concentrarse en su relación con el superior, quien sí había demostrado ser material de buen novio.

― Trata de concentrarte en lo bueno...en Joe...―ella asintió. Mimi se acercó a su amiga y le abrazó en forma de apoyo. ― Ya verás que todo mejorará…

― Eso espero ― respondió. No estaba muy segura de lo que estaba haciendo, pero no le quedaba de otra que seguir intentando ― Por cierto, ¿qué haces tú por aquí?

― Yamato me citó aquí...― la expresión de Sora pasó de interrogante a sugerente en cuestión de segundos. ― No pasará nada perverso, si es lo que piensas…

― No he dicho nada…

― No verbalmente...― rebatió la castaña. Era obvio lo que su amiga pensaba.

― Mimi, ¿cuándo lo vas a aceptar? Tú y Yamato están en una relación aunque no lo confirmen

― Claro que no, Sora

― Claro que si, Mimi ― respondió empleando el mismo tono que la castaña. ― Hacen todo lo que una pareja de novios hace, solo que no se llaman novio y novia de manera oficial. ¿Qué se supone que esperan? O mejor dicho, ¿qué se supone que esperas? Porque sé que Yamato ha tratado de formalizar la relación…

― Es complicado, ¿bien?

― ¿Complicado? ¿O tienes miedo?― preguntó, sabiendo que daba en el blanco ―No me has dado la primera razón de peso, para decirle que no…

―Pero es que... ¡Oye! ¡Estábamos hablando de ti!―dijo en un pobre intento de no responderle a la pelirroja. Sora rodó los ojos.

― Primero, ya mi tema estaba cerrado y segundo, no trates de desviar la atención; es tan sencillo como decirme por qué no le das el sí a Yamato.

Mimi permaneció en silencio. Ella tenía sus razones y no le importaba que el mundo las entendiese, aunque tenía que admitir que muchas de las cosas que su mejor amiga había dicho, eran verdad.

Odiara que la conociera tanto

― Es...complicado.― Y Sora supo que no sacaría nada más de su casi hermana, especialmente, al ver como cierto rubio se acercaba.

―Bueno, pues es mejor que te decidas pronto. ―recomendó incorporándose. ―Yamato no es de las personas que se acercan a otra así como así; sería una lástima que se llevará una desilusión falsa al pensar que tú no lo quieres cuando es obvio que no es verdad.

Sin mediar palabra alguna, Sora se alejó de ella. Mimi observó cómo su amiga saludaba rápidamente a Yamato y seguía su camino. El rubio dirigió su atención nuevamente a la castaña y Mimi comenzó a cuestionarse si realmente ella misma entendía su problema.


Cuando Wallace apareció en su puerta, se sorprendió de sentirse emocionada por su visita. Desde su enfrentamiento con Takeru, estaba esforzándose más en su relación con el rubio. Quería convencerse de que lo hacía porque realmente le estaba comenzando a gustar Wallace, pero sabía que ese no era la razón principal. Su posible ex-mejor amigo creía tener control sobre su vida y ella tenía que ponerle un alto.

―Hola, Wallace; no te esperaba hasta dentro de tres horas para ir el concierto.

―Sí, perdón; es que no tenía nada que hacer y pensé en visitarte. ―respondió ― Aunque si es mal momento, puedo regresar luego

―Para nada; no te preocupes―respondió―Me vendría bien un poco de compañía.―se apartó un poco de la puerta para darle acceso al visitante.

― ¿Estás sola?

―No, pero es como si lo estuviera; mi hermano está en la otra habitación con los audífonos puestos. ― Caminaron hasta la estancia y tomaron asiento en el gran sofá mientras la menor de los Yagami encendía la televisión ― ¿Tienes hambre o quieres agua, jugo, soda o café?

―No, estoy bien. ―respondió. Por un par de minutos, la pareja no dijo nada.― Entonces...has hablado con Takeru

―No... ¿Por qué debería?―preguntó notablemente confundida.

― Porque es obvio que tiene un problema con nuestra relación

― ¿Él te comentó algo al respecto?

―No, pero se le nota y realmente, no me gusta estar en malos términos con un colega, aunque debo de admitir que vale totalmente la pena si es por estar contigo

Todos los colores se le subieron al rostro a la pequeña Yagami.

―Olvídate de Takeru; ha estado muy extraño y confío en que con un poco de reflexión estará mejor. ―respondió. El rubio tomó delicadamente el mentón de la castaña y le besó tiernamente.

―Eres tan madura, Hikari

Ella desvió la mirada, avergonzada, por lo que acababa de pasar. Si tan solo supiese lo que realmente pasaba por su mente en esos momentos…


Cuando Yamato llegó a su lado, Mimi aún pensaba en lo dicho por Sora. ¿Y si realmente lo que le impedía estar con Yamato era miedo? Si ese era el caso, ¿por qué? No era como que tuviese una experiencia traumática o desagradable con las relaciones, por lo que, no entendía que podía estar ocurriendo.

―Hola, Mimi ― saludó el joven con una media sonrisa en su rostro que ella no pudo evitar corresponder.

―Hola, Yamato; has llegado temprano―respondió.

―Como siempre.

― ¿Y bien? ¿Para qué me citaste aquí?―preguntó.

―Para charlar, ya sabes; antes del concierto para despejarme un poco...― No lo admitiría, pero estaba algo ansioso por el concierto y de alguna forma, Mimi lograba tranquilizarlo. ― Cuando estemos en el concierto, no podré interactuar mucho que digamos.

― ¿Como? ¿Me vas a tener presente todo el tiempo?

― Sabes que sí, es más, mi vista estará buscándote durante todo el tiempo; será más fácil para mí, si me concentro en ti― respondió y Mimi sintió las típicas "mariposas en el estómago"

― Me sentiré muy acosada, entonces...― él le sonrió de medio lado. La castaña le sonrió de vuelta; a veces era difícil tratar con el rubio, pero ella sabía que a la larga, aparecerá esa versión de Yamato que muy pocos conocían y que a ella le encantaba. Casi en automático, la castaña se acercó a él y le regaló un beso que el rubio seguramente no esperaba y que le sorprendió sobremanera.

― Para que te despejes un poquito.― fue su simple respuesta. Él le dedicó aquella galante sonrisa que en secreto la volvía loca.

― Creo que necesitaré otro de tus despejes antes de salir a escena…

Ella solo sonrió.


Aunque sabía que el concierto era un evento informal, Joe experimentó el verdadero infierno pensando en que debía ponerse. Quería verse de la mejor manera posible ante los ojos de Sora y no parecer como que iba a un funeral o algo por el estilo, así que, llamó a Mimi por ayuda. Grande fue su sorpresa cuando la castaña apareció en su puerta junto a Yamato en cuestión de media hora. Primero, no entendía qué hacían esos dos juntos cuando según él, no eran muy cercanos y, en segundo lugar, pensó que a esa hora, Yamato estaría en el lugar del concierto ensayando o haciendo pruebas de sonido. Se preparaba para preguntar todas las interrogantes que surgieron en su cabeza, pero Mimi lo neutralizó cuando retomó el asunto del estilo.

Él quería verse bien para Sora, era su prioridad, así que, olvidó todo y se concentró en vestirse. Incluso Yamato ayudó a la causa, dando su sincera opinión al respecto; tenía dos opiniones, estaba en buenas manos.

Y en esos momentos, que estaba frente a la residencia Takenouchi para recoger a Sora recordaba todo lo que Mimi le había dicho luego de que Yamato se fuera y es que, la castaña siempre ha tenido el don de decir justamente lo que él necesitaba.

A veces pienso que soy un anciano… ― expresó mientras observaba su guardarropa. La castaña rió con ganas.

Por favor, ¿por tu ropa? ― preguntó ella

Si; nunca estoy a la moda; siento que no encajo.

Eso es bueno. ―Joe miró extrañado a la castaña. Nunca esperó que dijera algo así.

No entiendo…

Joe, la moda no son para seguirlas; son para adaptarlas a tu propio estilo. ―respondió ― Si tratas de encajar, puede que los que te conocemos, nos demos cuenta que no estas siendo tú mismo...Y tú y yo sabemos que Sora no se fija en lo exterior

Sí, pero...es que ella siempre esta tan hermosa...yo no quiero avergonzarla…

Y no lo harás; lo importante es ser tú mismo. ―respondió ― Ya vas a ver que con lo que tienes en tu armario, creamos un "outfit" que será fiel a ti y estará a la moda. A Sora le encantará, vas a ver…

El confiaba ciegamente en su amiga, así que, le haría caso

Tomando valor, tocó el timbre de la residencia Takenouchi, siendo recibido por la madre de Sora

― Buenas noches, joven

―Buenas noches, señora Takenouchi, ¿Cómo se encuentra?

― Perfectamente; por favor, pasa; Sora no tarda.

― Gracias― ingresó a la residencia y tomó asiento en el sofá que Toshiko le indicó. No entendía por qué estaba tan nervioso...Tal vez porque esa era su primera cita oficial o por el hecho de que quería que Sora supiese que le importaba mucho como se presentaba frente a ella…

― Hola, Joe...―el joven se reincorporó de inmediato ― Te ves bien

― Aunque no me comparo contigo―respondió. No estaba vistiendo nada del otro mundo: una falda jean que le llegaba un poco más sobre la rodilla, con una blusa blanca de mangas larga. Su pelo caía libremente en sus hombros con una cinta blanca adornándolo.

―Gracias; ¿ya nos podemos ir?

―Eh, sí, claro; vamos

― ¡Adiós, mamá!―expresó la pelirroja, para luego, cerrar la puerta tras ella. El joven aprovechó el momento y tomó la mano de la pelirroja quien le sonrió ante el acto.― ¿Todo bien?

―Sí, he tardado un poco porque no sabía que ponerme; Mimi debió intervenir. ―ella rio

― ¿En serio? ¿Por qué?

―No sabía que ponerme y quería verme bien para ti―la pelirroja detuvo su andar y le observó enternecida.

―Sabes que no era necesario.

―Aun así, quería hacerlo...―respondió, rascándose la nuca con nerviosismo.

Joe era un amor de persona y lo era aún más como novio y por eso era que Sora se sentía tan culpable porque aunque le quería, aún tenía a Taichi en su cabeza y era algo por demás frustrante, teniendo a la definición de novio perfecto en frente.

―Eres muy dulce; ―contestó ella ― Vamos al concierto.

Aunque no lo expresó, Sora se sentía intranquila; sentía que algo importante pasaría esa noche…algo que no necesariamente sentía que seria bueno.


Akino quiso llegar temprano al dichoso concierto y Taichi estaba harto de estar sin hacer nada. No era precisamente por el lugar, era más por su novia que, por alguna razón, seguía mencionando a Sora en sus conversaciones. Es como si tratase de echarle leña al fuego que él trataba desesperadamente de apagar porque, por mucho que le costase admitirlo, él sabía que estaba más celoso de lo que debería de la relación entre Sora y Joe. Se supone que sacó definitivamente a la pelirroja de su vida, que la odiaba hasta más no poder...o por lo menos, eso intentaba hacer. No existía una noche desde aquella vez que le gritó, lo que para él era verdades, donde no extrañara sus mensajes, sus conversaciones sin sentido, las sesiones por Skype, que hacían como un intento de que él no olvidara los deberes escolares...extrañaba todo de ella y le hervía la sangre cada vez que la veía al lado del superior Joe.

― ¿Todo bien, amor? ―preguntó la chica al percatarse de que Taichi no le prestaba atención. Pero nada estaba bien con Taichi y menos cuando vio a la parejita del año llegar de la mano al concierto.


Cuando llegó al concierto, de inmediato los guardias le entregaron un pase tras camerinos. No hizo preguntas porque sabía que Yamato estaba detrás de aquello, así que tomó el pase y se dirigió al camerino del rubio.

― ¿Se puede?―preguntó del otro lado.

―Sí; pasa

Mimi no llegaba a comprender cómo era posible que Yamato fuera tan sexy...Allí, sentado, con su bajo en mano, el rubio le dedicó una de esas coquetas sonrisas que bajaban todas las defensas de la Tachikawa.

―Te ves ocupado―el rubio dejó el instrumento a un lado y se incorporó de la silla para acercarse a ella.

―Para la princesa, nunca estoy ocupado.

―Tienes unos buenos versos hoy ― rebatió.

―Que cruel eres, Tachikawa...―ella rió por lo bajo.

― Solo te digo la verdad.―respondió. Por primera vez, ella fue quien buscó el contacto desde el principio. Mimi se acercó a él, rodeando su cadera con sus brazos. ―Ahora bien, señor "Rock Star", yo sé que le irá increíble en su concierto y va romper más de un corazón.

― La única que me importa eres tú…

―Lo sé...― Yamato la tomó del rostro y le besó tiernamente

―Para la suerte―respondió él al finalizar el beso.

―No creo que haya sido suficiente...o al menos eso pienso yo…―dijo como quien no quiere la cosa, ganándose una expresión cómplice por parte del rubio.


El concierto había apenas comenzado y ya estaba harto...y Akino no hacía nada por aliviar la tensión. Desde que había visto a Joe y Sora llegar, no podía quitarse a esos dos de la cabeza

― Vuelvo en breve

― ¿A dónde vas?

―Al baño―mintió. Sin dar más explicaciones, se alejó entre la multitud. Había estado un par de veces en el lugar y sabía que existía un pequeño cuarto donde guardaban los instrumentos, lo suficientemente alejado de todos como para no tener que lidiar con personas. Llegó al lugar y se sentó en una esquina al lado de un saxofón.

Estaba harto de todo el mundo y quería alejarse para poder pensar. No entendía por que le afectaba tanto…Sora había tenido varias citas en el pasado y un novio oficial (Yamato) y él siempre la apoyó, queriendo que fuese feliz, pero en esos momentos, le irritaba el hecho de solo pensar en Joe. Tal vez fuese porque, con anterioridad, no se había ilusionado con el hecho de que, realmente, Sora podía corresponderle, por lo que, cuando vio su interés en Joe y descubrió aquella nueva información acerca de ella, todo pareció irse al mismísimo demonio.

¿Cómo se podía amar y odiar a una persona al mismo tiempo?

Bufó frustrado…esto solo seguiría poniéndose peor…


Joe se había comportado de las mil maravillas y ella estaba sintiéndose más culpable con el pasar de los minutos.

― ¡Yamato está tocando de maravilla, ¿no crees?!―gritó el superior sobre la estridente música.

― ¡Ya lo creo!―respondió ella de igual manera― ¡¿Has logrado ver a Mimi en alguna parte?! ―preguntó. Su teléfono se había apagado y estaba totalmente incomunicada.

― ¡No; no ha respondido a mis mensajes!

― ¡Iré a buscarla!

― ¡No, tranquilo, no es necesario! ―respondió ― ¡Regreso pronto!

Sora se alejó de la multitud rápidamente y comenzó a caminar hacia un camino más despejado de personas. Usó a su amiga como excusa para poder alejarse un poco de todo. Cuando llegó al concierto, vio a Taichi y a su novia, muy juntitos el uno del otro y sintió algo desagradable en su pecho y no podía alejar de ella esa sensación, por más música y entretenimiento que estuviese ocurriendo.

Como había estado un par de veces en el lugar, sabía de la existencia del pequeño cuarto que utilizaban para guardar instrumentos, lo suficientemente alejado de las personas y de la música para obtener algo de paz, así que, sin perder tiempo, se dirigió hacia allá, entrando a él sin pensarlo mucho.

― ¿Qué estoy haciendo? ―se preguntó a sí misma mientras se deslizaba por la pared en un lugar no visible. Sufriendo por un chico que la odiaba y engatusando a un pobre que no tenía culpa de nada; se sentía la peor persona del mundo.

De repente, la puerta se cerró, sacándola de su ensoñación momentánea.

― ¿Qué pasó? ―preguntaron dos voces al unísono. Se sorprendieron de escuchar la voz del otro y se miraron como si acabasen de ver un fantasma.

― ¡¿Qué haces aquí?!― preguntaron al unísono―Yo pregunté primero.―volvieron a decir en coro.― ¡Ya basta!

― ¿Se puede saber qué haces aquí?―preguntó Sora, notablemente irritada

― No tengo por qué darte explicaciones ―respondió secamente

― Cuánta madurez en una sola persona…― expresó rodando los ojos

― No te preocupes; ya me iba...― respondió simplemente. Se acercó a la puerta y trató de abrirla, pero no pudo.

― ¿Qué ocurre?

― Está cerrada

― Déjate de bromas ― expresó ella mientras lo apartaba e intentaba abrir la puerta, pero no pudo.

Taichi y Sora se miraron en pánico, para luego, comenzar a pedir ayuda a todo pulmón, aunque sabían que sería inútil.


Decir que estaba furiosa, era quedarse corto. Allí estaba ella, en las afueras del estadio, escuchando a su glorioso Yamato cantar a la distancia. No le habían dado acceso al recinto y muchas de sus colegas del club de fan, se habían revelado en su contra y se encontraban en el concierto porque aceptaron pedirle disculpas a la Tachikawa…

Mimi Tachikawa…

Estaba furiosa con la castaña; todo esto era su culpa, por engatusar al pobre e inocente Yamato en sus jueguitos, pero ya iba a enterarse de quién era ella…

Como que se llamaba Jun Motomiya…


En el preciso momento en que visualizó a Hikari con Wallace entre la multitud, Takeru frunció el ceño. Catherine no había podido venir y él se encontraba solo, observando como la feliz pareja disfrutaba del concierto. La castaña no había vuelto a dirigirle la palabra, ni a escribirle, ni siquiera lo saludaba cuando lo veía en la calle...clara señal de que estaba más que furiosa que él. Si era sincero, no entendía por qué estaba tan enojada, es decir, él solo trataba de protegerla...

Tenía que encontrar una oportunidad para acercarse a ella...Se mantuvo atento, a la distancia, sintiendo como le hervía la sangre cuando Wallace se acercaba de más a ella…

Cuando estaba por darse por vencido, vio a la castaña alejarse del rubio. Se escabulló entre las personas, y le siguió sin que ésta se diera cuenta. Cuando vio que ella entró al baño de damas, Takeru paró en seco. ¿De verdad estaba tan desesperado como para entrar en el baño de chicas?

― Sí, sí lo estoy ― se respondió a sí mismo, para luego ingresar al lugar. La castaña lo vio a través del espejo

― ¿Qué haces aquí? Este es el baño de mujeres

― Ya lo sé; necesito hablar contigo

― Si vienes a decirme estupideces sobre Wallace…

― Trato de protegerte…

― ¿De qué? No te entiendo…― responde― Eres egoísta; solo quieres que esté contigo…

― Eso no es cierto… Nunca te había dicho algo semejante

― ¿Y por qué con Wallace es diferente?

― Es diferente...lo siento así…

Hikari observó al rubio por unos momentos. No le gustaba estar en tal malos términos con Takeru, pero no podía seguir tolerando tanto desplantes por su parte y más si se trataba de algo tan infantil como que su novio no le agradaba porque sí.

― ¿Terminaste? ― preguntó la castaña. ― Ya puedes irte…

El rubio sintió una fuerte opresión en el pecho. Se preparaba para responderle cuando escuchó como se acercaba alguien al baño. Sin pensarlo, arrastró a la castaña a uno de los cubículos y lo cerró.

― ¿Que se supone que haces?!― exclamó Hikari por lo bajo. Estaba furiosa por su atrevimiento y quería dejarlo en claro, pero cuando cayó en cuenta de lo cerca que estaban, debido al pequeño espacio, la castaña tragó en seco. Su nariz rozaba con la de él mientras un par de ojos azules la devoraban con la mirada…

Lo peor, es que tenía unas ganas tremendas de besarlo...

― ¡¿Hikari, estas ahí?!― la castaña volvió a la realidad y abrió la puerta del cubículo para alejarse de él. El baño estaba vacío y Wallace había venido a buscarlo, dos indicadores de que había pasado más tiempo del que pensaba.

― Hikari….―comenzó a llamar el Takaishi…Eso que acababa de pasar no fue normal.

― No; aléjate…

― Pero yo…

Hikari no dijo nada más y salió del lugar sin mirar atrás, dejando a Takeru pasmado.

― ¿Todo bien? Me preocupé al ver que no volvías…

Ella fingió una sonrisa.

― Todo bien.

Aunque las cosas se habían puesto peor.


Cansados de tratar de escapar y de intentar pedir ayuda a través del teléfono del castaño que, convenientemente, había perdido la señal, Taichi y Sora, se sentaron en esquinas opuestas del pequeño almacén. No se habían vuelto a dirigir la palabra y eso irritaba de cierta forma al castaño.

― Aun no entiendo que buscabas por aquí…

― Tú mismo lo dijiste: no tengo por qué darte explicaciones― respondió la pelirroja.

― No había necesidad de contestarme así…fue una simple pregunta…

― Es decir, ¿que cuando lo haces tú, está bien?…

― Como has cambiado...La Sora que conocí no contestaría de ese modo…

― La antigua Sora ya no soportaba tus impertinencias…― Se desafiaron con la mirada hasta que la pelirroja se levantó del suelo para apoyarse en la pared, cansada de su posición sentada. Taichi observó con detenimiento a su compañera. Estaba preciosa, aunque no lo admitiese en voz alta…― No tengo porque aguantar estupideces de alguien que ni siquiera sabe expresarse adecuadamente

― ¿De qué hablas?

― Aun no me has dicho porque me odias. ― Taichi rodó los ojos― Tengo que estar suponiendo todo a mi alrededor porque el joven no se sabe expresar

― Deja de hacerte la santa…

― No lo hago; realmente no sé qué pasa por aquella inmadura e infantil mente tuya. ― El castaño abrió los ojos en sorpresa. Sora nunca le había insultado antes…

― Lo dice la chica perfecta, que nunca se equivoca...― respondió con veneno en su voz mientras se incorporaba de su asiento y se acercaba a la pelirroja. Ambos eran orgullosos y no darían su brazo a torcer, pero las palabras del otro, les estaba afectando.― La chica que aparenta ser dulce y servicial; ya la máscara se cayó ante mis ojos.

― ¿De qué hablas?

― De que ya no me engañas; eres una arpía que ha vivido toda la vida engañando a todos, usándonos a conveniencia; no veo la hora de que los demás se den cuenta de lo que eres ― Taichi estaba frente a ella y sintió que su fortaleza estaba a segundos de flaquear; por mucho que no quisiese admitirlo, le dolía que le dijera todo eso. ― Primero, sales con Yamato, te aburres y lo dejas... ¿ahora con Joe? ¿Sabes cómo le llamamos a chicas como tú? Una cual….― pero no lo terminó. Sora le había dado una bofetada que el castaño no vio venir...La observó por unos instantes, aún aturdido por el golpe y más porque el mismo vino de Sora.

La pelirroja aun no salía de su asombro. ¿Qué le pasaba a Taichi? ¿Cómo se atrevía a tan siquiera pensar eso de ella?

Al final, el joven apoyó ambos brazos en la pared arrinconando a la pelirroja.

― ¿Que? ¿Me vas a pegar? Es lo único que te falta...― Taichi notó el tono dolido de la chica y veía que estaba haciendo su mejor esfuerzo para no llorar...y fue débil porque nunca le había gustado verla llorar. Casi en automático acarició su mejilla tiernamente mientras de manera inconsciente se acercaba cada vez más a la pelirroja, quien se paralizó ante el cambio de eventos. ― ¿Qué estas haciendo? ― Se aferró a la chaqueta del chico y cerró los ojos cuando sintió los labios del chico sobre los suyos. Era irreal pensar que aquello estuviese ocurriendo luego de semejante pelea, pero ni Sora ni Taichi podían detener lo que se había desatado entre ellos.

El aire se volvió escaso y ambos jóvenes se separaron. El castaño la tomó posesivamente de la cintura mientras los dos no apartaban la mirada del otro. No entendían qué pasaba y por qué ninguno de los dos podía alejarse del otro, en especial, Sora, que no entendía por qué le permitía acariciarle como le estaba haciendo y no le molestase, es más, le gustaba la sensación de sus manos en su cintura, en su vientre, subiendo un poco más...Dios y no podía detenerlo, es como si algo sobrehumano hubiese tomado posesión de su cuerpo y solo quería y anhelaba que Taichi no se detuviera…

― Eres tan adictiva, maldita sea…―susurró el castaño a centímetros de los labios de la pelirroja. Su cerebro le decía que se alejara, que no diera rienda suelta a lo que su corazón le decía, pero era tarde, muy tarde… ¿A quién quería engañar? La amaba demasiado y, por más que intentase, eso no cambiaría de la noche a la mañana; habia perdido la batalla…

Volvió a besarla de nueva cuenta, esta vez con más paciencia, tratando de grabar ese beso en su mente, por si acaso nunca volvía a pasar. La tenia totalmente arrinconada entre la pared y su cuerpo, acariciando aquel cuerpo femenino que lo volvía loco. Dios…ella no lo estaba deteniendo…y él no se creía capaz de detenerse si ella no se lo pedía… ¿Cómo se lo iba a pedir si ella misma recorría su cuerpo? Cuando sintió su mano en su pecho, luego en su hombro, en su cuello…Taichi mandó todo al infierno…

El castaño, sabía que no se detendría...


Miyako se sorprendió al ver a Ken y más aún, porque el concierto ya había terminado. El chico no era muy adepto a estos tipos de eventos sociales, por lo que, verlo allí de pie frente a ella, parecía ser irreal

― Creo que llegué un poco tarde…

―No, qué va.―respondió ella en broma―Pensé que no vendrías.

―Sí...esa idea pasó por mi mente, pero al final me decidí a venir

― ¿Por qué?

―Ya sabes, para apoyar a Yamato y aunque sea ver a los chicos...―Su timidez no le permitía admitir que realmente había ido porque tenía ganas de verla ― No me salió muy bien el plan…―El amor era algo nuevo para él, pero a pesar de eso, podía reconocerlo, inevitablemente, estaba enamorado de su amiga. Tenía que hacer algo para por lo menos entablar una conversación cordial con ella ―Bueno, para no decir que mi salida fue un fracaso, ¿qué te parece si te invito a comer algo?

Miyako saltaba internamente de la emoción. ¡Le estaba invitando a salir!

―Claro; ¿a dónde quieres ir?

Ken sintió un alivio enorme recorrerlo por completo. No sabía qué pasaba entre ella y Koushiro, pero tenía la esperanza de esclarecer todo en esa pequeña cita.


Mimi sentía el orgullo recorrerle todo el cuerpo y es que Yamato se lució en el escenario. No es como si antes no lo hiciese, pero la relación entre ambos había cambiado y Mimi no podía dejar de pensar que se veía condenadamente profesional y hasta guapo, pero sobre todo, le enorgullecía que saber que a la única que recibía su atención y mimos era ella.

―Hola, princesa...― la castaña observó al rubio acercarse a ella con una sonrisa.

―Hey, rock star; estuviste estupendo.

―Gracias; el concierto era para ti

―No digas tonterías…

―Oh princess, lastimas mis sentimientos…

Últimamente, todo parecía ser más fácil cuando estaban juntos y los dos deseaban que siguiese así.

― ¡Chicos!―escucharon que llamaron. Giraron a la derecha y observaron al superior llegar hasta ellos. ― ¿Y Sora?

― ¿No estaba contigo?

―Dijo que iría por ti...―respondió el joven.

― Nunca la vi. ―los tres se miraron entre sí, desconcertados. No era normal que la pelirroja desapareciera de esa forma, por lo que, el trío de amigos comenzó a preocuparse.

― Tenemos que ir a buscarla…

Joe se estaba impacientando; algo debió pasarle a la pelirroja. Estaba a punto de salir de ahí a buscarla cuando, sus teléfonos anunciaron la llegada de un nuevo mensaje.

"Ha aparecido un digimon cerca del centro comercial de Odaiba; voy en camino con los digimons"

Izzy

― Nos necesitan…

― Pero, ¿y Sora?

―Debe de estar allí; Izzy nos envió el mensaje a todos...―razonó Yamato

El joven Kido no estaba muy convencido, pero al final, no tenía más opción.


Cuando quedaron encerrados en ese pequeño almacén, ninguno de los dos esperó que aquello pasase, y aunque pasaran muchos pensamientos diferentes por su cabeza, ambos concordaban en que había sido un encuentro por demás especial y es que, lo que comenzó como un beso, escaló a la unión más íntima que dos seres humanos pueden compartir y terminaron haciendo el amor, aunque ninguno lo llamase de esa forma dada la situación.

Para Taichi, había sido sublime en todo el nivel de la palabra porque, aunque habia tenido otros encuentros previos, este fue con Sora y notó la diferencia inmediata de lo que es satisfacer una necesidad a realizar el acto de devoción más grande que se hace por amor. ¿A quien quería engañar? Aun con todo lo que había descubierto, él seguía perdidamente enamorado de Sora y se lo demostró con toda las de la ley…, pero por más que quisiese repetirlo infinitamente, estaba confundido... tantos sentimientos juntos lo tenían al borde y no sabía por dónde comenzar.

Por su parte, Sora no sabía qué pensar. Aún estaba sorprendida de lo fácil fue para ella entregarse a Taichi y es que cuando sus labios se unieron, el mundo dejó de existir para ella. Sus caricias y besos sobrecargaron sus sentidos y se dejó llevar a la sensación más sublime que alguna vez albergó su cuerpo y es que Taichi fue su primera vez...Era obvio que él si tenía experiencia, por lo que, ella dejó que él la guiase a través de aquel frenesí que ninguno de los dos anticipó.

Pero la fantasía había acabado y todo parecía estar peor que antes.

La mirada de pasión y entrega que ella creyó ver en él mientras la convertía en mujer, desapareció. No le había dirigido la palabra y se dedicó simplemente a vestirse en silencio, dejándola confundida y desolada

¿Acaso ella solo fue una diversión para el castaño?

Trató de alejar ese pensamiento, pero con lo cambiado que estaba Taichi, ya no sabía qué pensar ni qué creer…, pero al observar su accionar, se dio cuenta que, realmente, esto no había significado lo mismo para él que para ella y se sintió fatal al pensar que se entregó a alguien que la utilizó…

Su Taichi se había ido.

Se arregló la ropa lo mejor que pudo y se mantuvo en silencio, mordiéndose el labio en todo momento, en un intento de ocultar su tristeza.

La escuchaba sollozar y sentía como su llanto se clavaba en él como si de cuchillas se tratase y es que él sabía que no lloraba por lo que acababa de pasar, porque estaba seguro que ella lo deseaba tanto como el, era más bien una cuestión de dignidad porque todo apuntaba a que él solo quería pasar el rato...Para él, significó mucho más, pero entre su orgullo y sus sentimientos, no encontraba como expresarlo. Sora lo había roto innumerables veces y no sabía cómo reaccionar con lo que pasó.

Sabía que tenía que decir algo…, pero no pudo. Al final, el silencio reinó por minutos hasta que fue interrumpido por el sonido de la puerta abrirse. Ante ellos, apareció un chico de no más de treinta años.

― ¿Se puede saber que hacen aquí? ― la pelirroja no respondió. Se incorporó del suelo y salió del lugar rápidamente. Sentía que se asfixiaba allí adentro...― ¿Qué le hiciste?―preguntó el chico a Taichi.

El castaño solo se limitó a observarlo seriamente. ¿Que había hecho? Había hecho el amor con la chica que intentaba de odiar desesperadamente.


Cuando llegaron al lugar, los digimons estaban allí. Mimi, Yamato y Joe llegaron a apoyar a Hikari, Wallace y Catherine quienes ya estaban combatiendo al momento de su llegada.

― ¿Y los demás? ―preguntó Yamato al percatarse de que faltaban algunos miembros.

―Miyako, Ken y Taichi están de camino; no he podido localizar a Sora ― respondió Koushiro ― Hasta ahora, han aparecido RaiDevidramon, Astamon, Boltmon y Zambamon; son digimons fuertes...―expresó con la preocupación presente en su voz. Los datos que su ordenador mostraban no eran alentadores y necesitaban estar todos para tratar de controlar la situación.

― Vamos, Joe; ¡ayudemos a los demás! ― llamó Gomamon

― Pero Sora…

― Koushiro seguirá llamándola; nosotros debemos ir.―dijo Yamato saliendo disparado hacia Gabumon, seguido de Mimi que corrió hacia Palmon. El mayor de los niños elegidos dudó por un segundo; estaba muy preocupado por la pelirroja, pero también sabía que tenía que ayudar a controlar la situación antes de que estos digimons siguieran causando más destrucción en la ciudad. Al final, él era un niño elegido y necesitaba actuar.

Koushiro observó a sus compañeros acercarse al campo de batalla y suspiró aliviado al ver que llegaban los compañeros que faltaban...todos excepto Sora. Sostuvo su laptop con una mano y con la otra tomó su teléfono para marcarle a la pelirroja, pero fue en vano; el buzón de voz fue su respuesta.

― ¿Dónde estas, Sora?


Cuando por fin pudo salir de aquel almacén, Sora sintió el verdadero peso del mundo sobre ella. Como si lo que acabase de pasar con Taichi no fuera lo suficientemente malo, la culpa de haber hecho aquello mientras salía con Joe, la estaba matando en vida. Él no se merecía una traición así y ella no creía poder ser capaz de verlo sin sincerarse con él.

Y es que no podía creer lo estúpida que fue...Un chico ejemplar que demostraba que la quería y ella lo engañaba con alguien que la odiaba.

Caminó por algunos minutos por el parque más cercano, hasta que decidió que era hora de volver a casa. Por fortuna, su madre amanecería en la academia, así que no tendría que responder preguntas incómodas. Llegó a su habitación y se dejó caer en la cama. Bajo otras circunstancias, sería la mejor noche de su vida: había tenido su primera vez con Taichi, con el chico que siempre había querido. Pero entre Joe y la indiferencia de Tai, se sentía como una cualquiera…no supo controlarse y lastimaría a un buen amigo por aquello.

Poco sabia Sora que tenía espectadores de su sufrimiento…

― ¿Actuamos ahora, mi señor?―preguntó Wisemon. Baalmon negó, sin dejar de observar a la pelirroja a través de la ventana

―Todo a su debido tiempo ―respondió antes de desaparecer en la oscuridad de la noche


Desde que vio a Raivedramon lanzar el ataque, supo que estaba en problemas.

Dejó salir un quejido de dolor cuando cayó fuertemente al suelo. Aturdida, buscó a su compañera digimon que hace tan solo minutos estaba defendiéndola.

─ ¡Palmon! ─ llamó al verla inconsciente en el suelo, se acercó a ella y la abrazó protectoramente.

─Lo siento, Mimi… no pude detenerlo. ─expresó con pesar. La castaña abrazó protectoramente a su compañera, al ver como la figura maligna se postraba frente a ella. No había escapatoria; ya no tenía a donde ir. El digimon apuntó hacia la castaña mientras ella cerraba los ojos en espera de un impacto que nunca llegó.

Lo que, si llegó, fue un grito. Una voz que ella conocía muy bien y que le heló la sangre al escucharla. El rubio cayó desplomado frente a ella.

─ ¡Yamato!─la castaña se apresuró a su lado, seguida muy de cerca por Palmon, quien se reincorporó de inmediato al ver al rubio caer. ―No puede ser…― susurró la castaña; la visión se había cumplido...─ ¡Por favor, Yamato, respóndeme!─ pero no reaccionaba y Mimi entró en pánico cuando notó un detalle por demás alarmante. ─Joe! ― gritó con todas sus fuerzas ― ¡No respira! ¡No respira!

Al escuchar el histérico llamado y declaración por parte de la castaña, el portador del emblema de la honestidad, custodiado por Zudomon y WereGarurumon, corrió a dar soporte. Joe apartó a la castaña del rubio y comenzó la reanimación. Mimi observaba toda la escena con pavor. Lloraba y rogaba para que Joe pudiera despertarlo...no podía perderlo, no a su Yama…

─ Yama, por favor...─susurró mientras tomaba una de sus manos entre las suyas; las lágrimas descendían por su rostro sin control ante la idea de perder al rubio. Debía ser una pesadilla… Y lo fue aún más, cuando vio que WereGarurumon volvía a su estado original.

―Yamato…―susurró Gabumon, alertado por haber perdido sus poderes.

─Vamos, Yamato...─susurró el joven universitario, sin detener su labor. El rubio no podía irse…

Por fin, Mimi sintió que le apretaban las manos.

─ ¿Yamato? ─ el rubio abrió los ojos lentamente y emitió un pequeño quejido de dolor, generando una sensación de alivio entre sus amigos. En el momento en que el rubio logró sentarse, Mimi se abalanzó sobre él, siendo recibida de inmediato por el rubio

─ ¿Que ha pasado?

─Recibiste un ataque directo de Raivedramon y sufriste un paro cardiorrespiratorio. ─respondió el joven universitario, pero Yamato no prestó mucha atención al sentir la humedad en su hombro.

─Tranquila, princesa; estoy bien

─Idiota...no vuelvas a hacer eso...─le dijo entre hipidos. La sensación que le recorrió todo el cuerpo cuando lo vio allí, sin moverse y sin signos vitales fue tan desagradable que creyó que moriría; no quería que volviese a ocurrir.

─Tenemos que llevarte a un hospital…

─No es necesario…―respondió, aunque el quejido de dolor que escapó de sus labios no ayudó a su causa.

─ Tu corazón se detuvo, Yamato...es muy necesario que te revisen...─expresó el joven médico. No había forma de que su amigo continuara en pelea. Todo a su alrededor era un caos, ataques iban y venían, mientras los escombros y estruendos se hacían presente.

Nunca esperaron que cesaran de improvisto.

─ ¿Que está ocurriendo? ─ preguntó la castaña, aun aferrada al rubio, al ver con asombro, al igual que los demás, que los enemigos cesaban el fuego.

─ ¿Por qué esas caras, mis adorados niños elegidos? ─ Baalmon apareció en el cielo. ─ Si creen que esta batalla fue difícil, no querrán imaginarse las que vendrán...esto es solo el principio─ un escalofrío recorrió los cuerpos de los chicos. ─ Hasta la próxima ocasión; será una que jamás podrán olvidar.

Con un movimiento de brazos, abrió una especie de portal, por donde, desapareció junto a sus secuaces.


Luego de salir de la ducha, Sora se sentó al borde de su cama, desganada y sin ninguna intención de hacer algo al respecto. Estaba adolorida tanto física como emocionalmente y solo quería dormir. Se vistió y conectó su teléfono para que por fin, el aparato pudiese tomar una muy necesaria recarga de batería. En el momento en que el teléfono encendió, todos los mensajes y llamadas perdidas entraron de golpe. Tenía cinco llamadas perdidas y un mensaje proveniente de Joe, siete llamadas perdidas de Koushiro y quince llamadas perdidas de Mimi y unos cuatro mensajes. A ese punto, la pelirroja se alarmó por la insistencia y comenzó a leerlos.

"Estoy en el hospital Central; Yamato salió herido en la batalla. ¿Donde estas, Sora?"

Sin importarle la hora ni mucho menos que posiblemente Taichi estuviese en el lugar, Sora se alistó rápidamente y salió en dirección al recinto médico. No importaba su dolor físico ni emocional, sus amigos la necesitaban…


─ ¿Qué le hiciste a Sora? ─ menuda pregunta...El castaño observó a Joe inexpresivamente, aunque en su interior, vivía un verdadero suplicio. Decir que le había gustado, era quedarse corto….Amó cada beso, cada caricia, cada sonido...Dios, no podía sacarse semejante imagen de su cabeza.

─ ¿Qué podría haber hecho?

─ No sé; pero fue a buscar a Mimi y nunca volvió; la última vez que desapareció fue por tu culpa

─Eso no prueba nada… ─El joven estudiante no respondió y simplemente, se limitó a alejarse de él, con caras de pocos amigos. Si le decía que, en efecto, había visto a la pelirroja, tendría que explicar dónde y él no estaba para inventar mentiras a esas alturas.

Hasta cierto punto, él también estaba preocupado. Y es que la manera en la que la pelirroja salió del lugar, no fue agradable...

Suspiró sonoramente.

¿A quién quería engañar? Por más que quisiese convencerse de que la odiaba, él mismo había comprobado que le era imposible hacerlo. Se trataba de Sora y por más que intentase, no dejaría de amarla de la noche a la mañana y mucho menos después de lo que pasó entre ellos.

Tal vez sus emociones estaban desbordadas, pero las palabras de Akino comenzaban a sonarles tan falsas...Nadie podía fingir esa clase de entrega hacia alguien por beneficio propio...y menos su cielo...

─ ¡Sora! ─ el castaño levantó la vista y observó a la pelirroja acercarse a Joe. ─ ¿Estas bien? ¿Qué ocurrió? Te busqué por todas partes…

─Sí...Joe, yo tengo que hablar contigo.

─ ¿Pasa algo malo? ─preguntó de inmediato. La pelirroja notó la mirada de Taichi sobre ella.

─ ¿Por qué no me esperas en cafetería? Iré a ver como está Yamato primero...─ Joe no quedó muy convencido, pero decidió no argumentar

.─De acuerdo; Yamato está en la habitación 302.─dijo, para luego enviarle una mirada amenazante al portador del emblema del valor.

─Bien...─el joven se acercó y besó tiernamente su mejilla, haciendo que la chica se sintiera la peor escoria de todas. En el momento en que Joe desapareció por los pasillos, el castaño trató de acercarse.

─Sora…

─No te acerques más, Taichi...─el castaño detuvo su andar. ─ Ya me humillaste lo suficiente…

¿Humillarla?

─ ¿De verdad piensas que lo que pasó fue para humillarte?

─ ¿Que más quieres que piense? Últimamente, todo lo que viene de ti, es con el propósito de herirme... ¿Quieres que piense que lo hiciste por amor?

─Espera, yo…

─Ya obtuviste lo que querías... ―respondió con rencor ―Déjame en paz...─pero el castaño no estaba conforme con lo que escuchó. La tomó del brazo e impidió su avance.

─Dime la verdad, Sora: ¿realmente significó algo para ti? ¿Nunca me has utilizado? ─ la chica sonrió tristemente.

─ Que poco me conoces, Taichi...que decepción…

Se liberó de su agarre y se alejó de él, dejando al castaño más contrariado que antes.


Estaba irremediablemente enamorada del rubio, ya lo tenía muy claro. No podía describir el susto que pasó cuando lo vio tirado, sin respirar, con su corazón en silencio...solo de pensarlo, sentía unas ganas inmensas de llorar. No podía imaginarse una vida sin Yamato, era aterrador.

─ Mi príncipe...─ expresó mientras acariciaba su pelo suavemente. Los médicos le habían suministrado unas medicinas preventivas que habían dejado fuera de base al joven Ishida, por lo que, Mimi solo podía observarlo tranquilamente.

─ ¿Cómo está?─ susurró una voz. La castaña observó a su amiga aliviada mientras se acercaba a ella.

─ Esta fuera de peligro, que es lo importante. ―respondió― No solamente tuve que preocuparme por él, también por ti. ─ regañó por lo bajo. ─ ¿Dónde estabas?─ pero la pelirroja no contestó, su mirada se cristalizó de inmediato.─ No, no, no llores, ¿ves? Por esto es que no me gusta regañar a las personas.

─Ya no puedo más…

─ ¿Que pasa?

─ Me quedé encerrada….

─ ¿Y por qué no…?

─ Con Taichi...─ la castaña le observa comprendiendo por donde va el asunto.

─ ¿Qué te dijo ese energúmeno?─ Sora no respondió; la castaña comenzó a pensar en una posibilidad más perturbadora.─ ¿Te hizo… algún daño físico o te rompió algo?

─ Nos acostamos...─la castaña tardó un par de segundos en reaccionar

─ ¿A dormir en el piso?

─ ¡Mimi!─

─ ¡Es que no puede ser lo que estoy pensando! ¡No tiene sentido! ─ exclamó la castaña─ Ustedes han estado como perros y gatos… ¡¿y ahora me dices que tuvieron relaciones?! ─ Mimi la observó atentamente─ No pensé que sus reconciliaciones llegaran a tanto...

─ No nos reconciliamos…

─ Ahora sí me perdí…

─ Nos quedamos encerrados y de un momento a otro, comenzamos a discutir. Él comenzó a insultarme, a insinuar que era una cualquiera y lo abofeteé...No sé qué paso después de eso, solo sé que se acercó a mí, nos besamos y terminamos haciendo...eso...─ era increíble cómo le costaba tan siquiera decirlo.

─ Pero... ¿no fue...agradable?

─ Me encantó, Mimi…, pero no creo que sintiera lo mismo...Cuando todo terminó, volvió a actuar frío y distante conmigo...así que yo...me di cuenta que solo lo hizo para probar su punto…

─ Sora, tú no eres una cualquiera...─ ella se encogió de hombros.

─ Me acosté con un chico que me odia, engañando a uno que me ama...yo creo que Taichi tiene razón…

─ Sora…

─ Lo peor de todo es que...yo realmente pensé que algo había cambiado...pero cuando todo terminó, él… ni siquiera se dignó a mirarme… me sentí tan estúpida, usada...con mi dignidad en el piso…─ Dios ampare a Taichi cuando Mimi lo viese... ¿Cómo se atrevía a hacerle eso a Sora? ¡A Sora! Nunca imaginó que Taichi pudiese llegar a ese extremo…─ Pero debo ser fuerte...─ se limpió las lágrimas rápidamente─ Ya pasó y tengo que superarlo...y más que necesito hablar con Joe…

─ ¿Se lo dirás?─ ella asintió.

─ No es justo que quede en el medio…─ Mimi asintió. Joe debía enterarse…


─ ¿Qué haces aquí? ¿Ahora me sigues?

─ Necesitamos habla.

─ Claro que no…

─ Claro que sí.─ respondió mientras le cerraba el paso. ─ Nunca respondiste mi pregunta…

─ ¿Haría alguna diferencia? No confías en mí, de todas formas…

─ Para mí, sí. ─ respondió ─ Eso que pasó… no pudo ser fingido; fue real…

─ ¿Que? ¿Lo haces por orgullo? ¿Quieres saber si fingí? ―estaba harto.

─ ¡Solo responde mi pregunta!

─ ¡Maldita sea, Taichi! ¡¿Qué quieres que te diga?! ¡¿Que me heriste por ser tan indiferente cuando te entregué mi primera vez?! ─ el joven castaño quedó paralizado. ─ No sé qué te hice, no sé por qué me odias, pero, ¿sabes qué? Yo a ti te amo y quería estar contigo, pero veo que no eres el Taichi del que me enamoré...Has sido la peor decepción que me he llevado en mi vida…

El castaño no podía creer lo que escuchaba…

─ Estas saliendo con Joe…─fue lo único que atinó a decir.

─ Porque decidí que ya no iba a esperarte más… Aquel día, cuando me dijiste las cosas más hirientes que jamás me han dicho, yo...iba a confesar mis sentimientos… y fui tan ilusa al pensar que hoy, tú… ─un nudo se le instaló en la garganta. ─ Solo déjame en paz, por favor…

─ Espera, yo…

─Ya la escuchaste. ─respondió una voz de manera grave. Taichi observó con molestia al superior. ¿Justamente ahora tenía que intervenir? ─Déjala en paz…

─ ¿No te das cuenta que estamos conversando?

─No, no lo estamos ─respondió la pelirroja. ─ Vámonos, Joe…

Trató de detenerla, pero el joven Kido se lo impidió. Sabía que no podría estar tranquilo después de aquella declaración. Se sentía fatal y estaba más contrariado que antes.


─Entonces... ¿quién matará a Taichi? ¿Tu o yo?─ Mimi dio un pequeño respingo al escuchar a Yamato. No esperaba que despertara tan pronto y menos que el rubio escuchara la conversación que tuvo con su mejor amiga─ De cualquier manera, es hombre muerto...Sora no merecía eso…

─ Lo sé...Lo mataré la próxima vez que lo vea...Tal vez para ustedes no es la gran cosa, pero para la mayoría de nosotras, es un acto muy especial y me hierve la sangre al pensar lo mal que debe sentirse Sora...─él asintió.

─Te prometo que entre los dos lo mataremos. ─ la castaña se acercó y tomó asiento donde inicialmente se encontraba cuidando del rubio. ─ ¿Cuánto dormí?

─Unas tres horas; ya son horas de la madrugada.

─Deberías estar en casa; a tus padres no les gustará─ y allí, Mimi cayó en cuenta que no había avisado en su hogar. Efectivamente, sus padres le matarían…

─Eso no importa ahora; ¿cómo te sientes?

─Me sentí bien desde un principio; ahora estoy un poco más relajado.

─ ¿Por qué?

─Porque a la primera que vi al despertar fue a ti ─ todos los colores se le subieron a la joven castaña en el rostro.

─Deja de decir estupideces… ─él solo rio por lo bajo.

─Vale, vale...─se defendió. ─ ¿Y los demás?

─Cuando supieron que estabas fuera de peligro, la mayoría se fue a casa a recuperar energías; fue una batalla bastante dura...─él asintió. ─Solo quedamos Taichi, Joe y yo en el hospital, bueno y Sora, que no llegó hace tanto.

─ ¿Y Takeru?

─Salió a buscar a tu padre a la oficina porque no tomaba la llamada; tu madre estaba en Kyoto y salió de inmediato para acá cuando le dijimos que estabas hospitalizado.─ Decir que aquella oración le generó una especie de satisfacción, era quedarse corto. ─ Le importas mucho a tu madre...─respondió, adivinando sus pensamientos

─Sí...─respondió ─ Gracias, Mimi; todo lo positivo que me ha pasado últimamente, tiene que ver contigo. ― La castaña no pudo evitar rememorar la escena de horas atrás. Cuando lo vio tirado frente a ella, su propio corazón pareció detenerse. No podía concebir el hecho de perder a Yamato...Por mas testarudo y a veces indiferente, el rubio significaba mucho más de lo que ella imaginaba en su vida y no podía permitir que él no lo supiera. Lo observó seriamente, con temor en sus ojos; Yamato adivinó su pensamiento.─ Estoy aquí; todo está bien...

─Lo estas ahora…

─Mimi…

─Tu corazón dejó de latir, Yamato...dejó de hacerlo porque querías protegerme. ¿En que pensabas? Ese ataque no era para ti…

─No pensé, Mimi; no podía permitir que te lastimaran...─ la castaña no dijo nada, aunque se notaba lo afectada que estaba. Yamato se sentó en la cama y quedó sentado de frente a ella ─ Estoy aquí contigo, ¿no? Eso es lo que importa…

─Yo solo...tengo miedo...me di cuenta de que...en cualquier momento, uno de los dos puede que no esté…

─No digas eso…

─Digo la verdad; nos estamos enfrentando a enemigos fuertes y podríamos...─pero no pudo terminar la oración debido a un nudo que se le instaló en la garganta. ─Yo no quiero desperdiciar más tiempo en dudas y miedos sobre lo que ya sé…

─ ¿Qué es lo que sabes?

─Que quiero estar contigo, Yamato; sé que habrán obstáculos y que no será fácil, pero yo...cuando te vi allí...solo pensaba en que...tal vez...nunca volverías a mirarme con esos bellos ojos, o a protegerme de mi propia ingenuidad...o... ─no pudo continuar; la voz se le quebró. ─ Simplemente...fue horrible y yo…

─Mimi Tachikawa ─comenzó él mientras limpiaba suavemente las lágrimas que descendían por sus mejillas ─ ¿Quieres ser mi novia? ─ él tampoco quería desperdiciar más tiempo sin ella. Él sabía que no tenía la actitud del príncipe azul perfecto: era terco, sarcástico y hasta frio en algunas ocasiones, pero cuando estaba con ella, hacía su mejor esfuerzo para que ella estuviese feliz y sabía que estaba irremediablemente flechado por ella.

La castaña sonrió entre lágrimas.

─ Sí, Yama…

El rubio sonrió de medio lado, a pesar de que por dentro se llevaba a cabo una fiesta. Por fin, su princesa había aceptado. Atrajo su rostro hacia el suyo y le besó y era diferente en todo el aspecto de la palabra. Ya podía llamarla "novia" y declararle a los cuatro vientos que estaban juntos.

─No fue un mal día después de todo...─sonaba inverosímil, pero lo único relevante de ese día para él, era que la castaña había dicho finalmente que sí. Ella le sonrió y se refugió en los brazos de su ahora novio; en sus brazos, todo parecía estar en calma.


Un capitulo bastante largo como una excusa por haber tardado tanto. Lamento tanto la demora, chicos. Se me hizo imposible actualizar… Estaré durante estas dos semanas, actualizando la mayor cantidad de historias posibles antes de volver a la faena, pero en fin…

Espero que les haya gustado y espero que no me tome tanto volver a actualizar…

Cualquier cosa, saben dónde encontrarme y, como siempre, siéntanse libres de comentar.

Cuídense,

Bye!