Gracias por los comentarios, alertas y favoritos n_n, ¡nos leemos abajo!


N/A: Este capítulo tendrá algunas frases en portugués, la traducción al español sigue entre paréntesis después de cada frase ;)


Capítulo editado y revisado, pero puede que haya dejado escapar alguna que otra cosa, así que, de antemano, disculpen cualquier error.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia o versión de la historia original es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo XIV — Inolvidable (Parte II)

"POV" Edward

— ¿Río de Janeiro? — Preguntó Bella sorprendida, mirando nuestros billetes, ya era nuestro según vuelo, antes tuvimos que tomar uno en Seattle hasta Houston para poder hacer el vuelo internacional.

— Sí, Río de Janeiro.

Ella parecía sorprendida, pero no dijo más nada.

El vuelo fue tranquilo y llegamos en Río por la noche, como yo había planeado para evitar el sol, hicimos todo el protocolo de desembarque y cogimos un taxi.

— Vamos para a Marina da Glória (Vamos a la "Marina da Gloria.") — avisé al conductor. (N/A: "marina" es una de las formas para decir muelle en portugués, el más conocido en Río se llama Glória, lo sé por las telenovelas, aunque sea brasileña no soy de Río y tampoco la conozco).

Él asintió y luego adentramos en el tránsito de la ciudad, en el camino para el muelle pasamos por algunas partes turísticas como la playa de Copa Cabana y el Cristo Redentor, que vimos a lo lejos casi como si estuviera tocando el cielo de brazos abiertos para acoger a la ciudad.

— Personalmente parece mayor — comentó Bella, mirando la estatua a través de la ventana.

— Verdad.

Hasta el momento ella no me había preguntado a dónde íbamos, sin duda creía que nos dirigíamos hacia algún hotel. Tras algún tiempo el taxi aparcó delante del muelle; pagué la corrida y recogí nuestros equipajes, Bella me miraba de forma interrogante.

— ¿A dónde vamos? — Indagó.

— Iremos a dar un paseo en lancha que nos llevará hasta nuestro destino — le expliqué. — Vamos — la incité tomando su mano con la que tenía libre.

Caminamos hasta donde los barcos estaban anclados.

— Senhor Cullen? (¿Señor Cullen?) — Se nos acercó un hombre de unos treinta años, alto y mestizo.

— Sim, boa noite. (Sí, buenas noches.)

— Boa noite (Buenas noches) — contestó y cumplimentó a Bella con una seña de cabeza y ella hizo lo mismo tímidamente. — Sou Raul, o mecânico que cuida das embarcações aquí na marina (Soy Raul, el mecánico que cuida de las embarcaciones aquí en el muelle) — continuó —, sua lancha está em perfeitas condições para navegar e abastecida com suficiente combustível para uma viagem de ida e volta (su lancha está en perfectas condiciones para la navegación y abastecida con suficiente combustible para un viaje de ida y vuelta) — explicó.

— Obrigado, Raul. Podemos partir, então? (Gracias, Raul ¿Podemos partir, entonces?)

— Sim, a documentação apresentada estava de acordo com as normas brasileiras, o senhor só tem que assinar aqui (Sí, la documentación presentada estaba de acuerdo con las normas brasileñas, usted solo tiene que firmar aquí) — dijo tendiéndome una carpeta — é para certificar que o senhor está saindo com a lancha (es para garantizar que usted está saliendo con la lancha).

Luego Raul me entregó la llave de la embarcación y nos deseó un buen viaje.

— ¿Lista, señora Cullen? — Pregunté mientras veía a mi esposa agarrarse con fuerza del asiento a mi lado.

— Sí. No sabía que hablabas tan bien el portugués — comentó.

— Después que aprendí el español decidí que el portugués sería mi próxima lengua, la proximidad ayuda en el aprendizaje.

Ella asintió y seguimos el viaje en silencio, después de cuarenta minutos Bella decidió romper el silencio.

— ¿Queda mucho tiempo?

Sonreí.

— Unos diez minutos. Ves la luz allí — le apunté el sitio con mi mano.

Ella achicó los ojos intentando ver mejor.

— Un poco.

Me reí.

— Eh, no te rías, que no todos tenemos súper visión vampírica. — Me regañó. — ¿Y qué es lo que tiene allí? — Preguntó curiosa.

— Es la isla de Esme.

— ¿Esme tiene una ISLA...?

— Sí, fue un regalo de Carlisle. La isla es muy bonita cercada por la naturaleza y la casa en la que nos vamos a quedar es preciosa y bien equipada con toda la comodidad de la vida moderna. Pensé que te iba a gustar estar en un lugar en donde no tenemos que preocuparnos con las personas.

— Es perfecto, gracias por pensar en todo.

Su corazón empezó a latir rápidamente, no le pregunté el porqué, lo podía imaginar, si yo fuera humano mi cuerpo reaccionaría de la misma forma. Todavía tenía dudas si podría o no controlarme en un momento de total intimidad. Hablé con Carlisle sobre eso, y él me aconsejó que fuera paciente, que dedicase tiempo a los preliminares por el bien de Bella, ya que es su primera vez y necesita que su cuerpo esté listo para que no le haga daño y para que no le sea tan incómodo, y así también pongo a prueba mi autocontrol. Si siento que mi lado vampiro está bajo control entonces puedo seguir adelante.

Paré la lancha junto a un pequeño muelle, hice las debidas amarras, puse nuestros equipajes sobre la plataforma y brinqué para fuera de la lancha.

— Ven, amor — le tendí mi mano a Bella y la ayudé a salir de la embarcación. — Vamos para que te enseñe la casa, después vuelvo por nuestros equipajes — expliqué cuando ella estuvo junto a mí, rápidamente la tomé en brazos haciendo que ella chillara mi nombre.

— Shh... Bella, vamos hacer eso de la manera tradicional.

Ella negó con la cabeza, pero no dijo nada, creo que el nerviosismo le estaba haciendo mella. Me puse a caminar por el camino que llevaba hasta la casa, era corto y luego estuvimos delante de la puerta de madera mezclada con vidrios. Con la mano que tendría bajo las rodillas de mi esposa logré abrir la puerta, caminé en silencio haciendo un rápido recogido por la casa, luego caminé hasta nuestra habitación y la puse sobre sus propios pies.

— Está será nuestra habitación — ella asintió mirando a su alrededor.

— Es hermosa.

Asentí.

— Voy a buscar nuestros equipajes — le avisé.

Salí antes que ella me dijera alguna cosa, necesitaba tranquilizarme un poco, entrar en aquella habitación hizo real el hecho de que estábamos casados y que íbamos tener una luna de miel. Necesitaba estar tranquilo por mí y por ella para que todo saliera bien, ella ya estaba visiblemente nerviosa, no necesitaba lidiar con mis recelos.

Me dirigí nuevamente hacía el muelle, caminé a pasos humanos para que ambos tuviéramos tiempo de adaptarnos a esta nueva situación. Miré el mar intentado tranquilizarme, esta noche era especial para ambos, nuestra primera vez y con la persona a quien amamos, si fuera humano estaría preocupándome con los aspectos técnicos de todo, pero eso no me asustaba, año tras año oyendo, aunque sin desear, el pensamiento de las personas sobre el tema terminé por aprender muchas cosas con respecto al aspecto físico de una relación de pareja, además están los años de medicina que cursé y los consejos de mi padre y mis hermanos. Pero como no soy un humano, estoy preocupándome con no matarla mientras hacemos el amor... Hacer el amor, esta es la clave, no vamos a tener simplemente sexo, vamos hacer el amor, demostrar con nuestros cuerpos todo lo que sentimos el uno por el otro, no hay manera que esto salga mal, nuestro amor ya mostró lo fuerte que es, solo tengo que tener en mente el amor que siento por Bella. Con esta resolución, cogí los equipajes y volví a la casa, Bella estaba de espalda a mí mirando el mar por la puerta de vidrio de la habitación, dejé mi equipaje en el suelo y el de ella lo puse sobre una banca que había a los pies de la gran cama de madera rodeada por un dosel de tejido muy delicado. Ella parecía absorta en sus propios pensamientos, me aproximé lentamente y planté un beso en su cuello, justo en el sitio donde una gota de sudor escurría, ella dio un respingo y se volvió para mirarme.

— Lo siento, no quería asustarte, pero estabas tan absorta que no resistí.

— Eres incorregible.

Sonreí.

— Está un poco caliente, ¿no? — Ella asintió. — Pensé que podríamos nadar un poco, la temperatura del agua te gustará.

— Vale...

— Entonces te espero en el mar, creo que después de un viaje tan largo necesitas de tu tiempo humano.

— Sí...

Le acaricié una mejilla y le dejé un beso en su frente.

— No te tardes, señora Cullen — dije mirándola a los ojos antes de abrir las puertas de vidrio y caminar hacia el mar. Me quité la ropa en el camino, dejándola en la arena, entré en el mar y caminé hasta que fuera posible zambullirme en el agua. Nadé un poco, luego me paré para admirar el cielo, sí, un cielo estrellado y con una hermosa luna llena, más una señal de que todo saldría bien. Después de algún tiempo escuché los pasos de Bella mientras ella caminaba en la arena, ella se detuvo algunos segundos, enseguida escuché el sonido de una pieza de ropa cayendo en la arena, ella retomó sus pasos y entró en el mar, podía oír como el agua acariciaba su cuerpo, continué admirando el cielo, Bella se puso a mi lado y tomó mi mano que estaba sobre el agua.

— ¡Qué cielo hermoso! — Comentó.

— Sí, un cielo estrellado es muy hermoso — dejé de mirar al cielo para contemplar su rostro —, pero nada es más bello que mi propio cielo estrellado.

Ella se puso roja y me miró dándome una sonrisa avergonzada.

— Tonto.

— Soy tu tonto.

— Sólo mío — confirmó.

Nos quedamos en silencio algunos segundos contemplando uno el rostro del otro, sabía que ella estaba sin ropa, así como ella sabía que yo tampoco llevaba nada bajo el agua, no me atreví a mirar lo que el agua no cubría, habría tiempo para eso, levanté una mano y con ella le acaricié la mejilla, ella descansó el rostro en mi mano, sin dejar de mirarme.

— Te prometí que lo íbamos a intentar, y voy a cumplir con mi palabra, solo quiero que me prometas que si te hago daño me lo vas a decir.

Ella asintió y se aproximó más a mí, haciendo que nuestros cuerpos se rozarán, despertando un calor que solamente sentí en algunas ocasiones cuando nuestros besos y caricias fueron un poco más atrevidos, supe que ella sintió lo mismo, pues su piel se calentó y su corazón golpeó más fuerte en su pecho. Ella irguió una mano y repitió el cariño que le había hecho antes.

— No tengas miedo — susurró, mientras acariciaba mi mejilla. — Somos como una sola persona.

La envolví en mis brazos y la estreché contra mí.

— Para siempre — le dije y entonces la besé con todo mi amor.

Sentir su cuerpo tan junto al mío y sin ninguna barrera era algo indescriptible, tenía que estar atento sino podría dejarme llevar por el momento y herirla de alguna manera. Nadamos abrazados y nos besamos durante un largo tiempo, no era un momento para prisas, está noche tenía que ser perfecta para ella, para nosotros. Cuando sentí que su piel se volvía fría por el contado con mi piel, aunque el agua estuviera caliente, la levanté en brazos para volvernos a la casa.

— Está frío, amor, es mejor que volvamos y que nos duchemos para que entres en calor — la besé en la sien —, y para sacar la sal de nuestros cuerpos — concluí, siempre mirándola a los ojos, no quería constreñirla por estar desnuda por primera vez delante de mí, ella se apretó más a mi cuerpo y hundió su rostro en mi cuello.

Con ella en brazos salí del agua, caminé por la arena pasando por nuestras ropas olvidadas en el suelo, luego adentré en nuestro cuarto, sintiendo la opresión de la expectativa cuando miré la cama de madera con sábanas blancas, Bella seguía con el rostro escondido en mi cuello; caminé directamente hacia el baño.

— ¿Ducha o bañera, amor? — Le pregunté ya dentro del baño.

— Ummmm… ducha, es más fácil para sacar la sal del pelo — contestó, despegando su rostro de mi cuello para mirarme a los ojos.

La puse con delicadeza en el suelo, la cogí de la mano y la guié hasta la ducha, regulé la temperatura del agua y la atraje hacia mí.

— Ven, entra conmigo — entramos juntos bajo el agua, nos quedamos abrazados durante algunos minutos mientras el agua caía por nuestros cuerpos y calentaba la piel de Bella.

— Tenemos que lavarnos — susurré contra su oído.

— Por mí nos quedábamos así por siempre — dijo.

— Por mí también, amor, pero tus dedos ya empiezan a arrugarse — justifiqué mientras la separaba un poco de mí para coger el jabón líquido. — ¿Puedo lavarte o prefieres hacerlo tú?

Ella se sonrojó fuertemente antes de contestar.

— Puedes hacerlo.

Abrí la botella de jabón y eché un poco del contenido sobre mi mano, froté las manos hasta que hubo espuma, la tomé por la mano y empecé a acariciar su piel mientras la lavaba, la miraba a los ojos mientras mis manos subían por sus brazos, hombros, hasta que llegué a su cuello, lo acaricie con ambas manos, después guié mi mano derecha por su brazo izquierdo; llegué a su mano y deposité un beso sobre su dorso y la giré, como si estuviéramos bailando, para que pudiera enjabonarla en la espalda; cogí más jabón y empecé a tocarla por los hombros, bajando muy despacio por su columna, la sentí estremecerse; cuando llegué a su cintura la envolví con ambas manos para luego encaminarlas hasta su vientre, atrayéndola inevitablemente más hacia mí, haciendo que su espalda chocara contra mi pecho, ella suspiró, muy despacio acaricié su vientre plano, subí mi mano hasta que sentí que me encontraba con la parte baja de sus senos, creo que me congelé sin saber lo que hacer porque Bella dijo: — Sigue, Edward...

Inspiré, preparándome para lo que iba sentir al tocarla en un sitio tan íntimo. Continué subiendo mis manos hasta que ellas pasaron de la curva de sus senos para estar sobre ellos. Owwwww… ¡Cuánto había deseado sentirla así! Sus senos eran pequeños y firmes, cabían perfectamente en mis manos, sus pezones estaban duros contra mis palmas, los acaricié lentamente, ella suspiró y se apoyó más contra mí cuerpo, y sin duda ella podía sentir la prueba de mi deseo por ella tocando su espalda baja.

— De...déjame lavarte a ti también — pidió en un susurro.

Ella se separó de mi cuerpo para alcanzar el jabón líquido, aproveché la distancia y admiré por primera vez su cuerpo desnudo, era tan hermosa, delicada, con curvas en los sitios adecuados, las gotas de agua caían despacio desde su espalda siguiendo la curva de su columna hasta llegar en su culo respingón. Bella se volvió, quedándose delante de mí, ya no pude contenerme y la miré de arriba abajo, ella estaba totalmente sonrojada, pues ella me dedicó el mismo escrutinio que yo a ella.

Me aproximé y la envolví entre mis brazos.

— Eres tan hermosa, no tienes por qué avergonzarte, soy tuyo y tú eres mía, podemos mirar lo que nos pertenece, ella asintió y dejó un beso sobre mi pecho, para luego empezar a enjabonarme allí.

Ella enjabonó mi pecho, mi barriga, luego subió sus manos hasta mi cuello, su rostro estaba rojo y todavía no me había mirado a los ojos.

— Date la vuelta para que te lave la espalda.

Hice lo que ella me pidió y luego sentí sus manos acariciando mi piel. Sus manos se detuvieron al llegar al fin de mi columna, ella cogió más jabón y empezó a frotarme los brazos, me giré cuando ella terminó los dos brazos.

— Tienes que lavarte el pelo — le recordé.

Ella asintió, cogió su champú de fresas, lo aplicó un poco en la mano y distribuyó sobre su melena húmida, mientras ella cuidaba de su pelo, terminé de enjabonarme y lavé mi pelo con jabón mismo. Bella ya estaba bajo el agua quitando el champo del pelo, me uní a ella, empujándola hasta la pared, el agua caía sobre nuestros cuerpos llevando cualquier rastro de jabón, la tomé por la cintura y erguí su rostro, nos besamos como si no hubiera mañana.

— Deja que termine de lavarte — jadeé separando nuestros labios.

Cogí más jabón y me puse de rodillas, mi rostro a altura de su estómago, besé su barriga, concentrándome en la región cerca del ombligo, mientras mis manos iban subiendo por sus piernas.

— ¡Edward! — Exclamó ella, mientras sus manos contorcían mi pelo.

Detuve mis manos que ya estaban sobre sus muslos y erguí mi cabeza para mirarla. Ella tenía la cabeza echada hacia tras y los ojos cerrados, la respiración estaba jadeante.

— ¿Quieres que pare? — Pregunté.

Ella negó con la cabeza, abrió los ojos y me miró.

— No, soy tuya, tócame.

Volví a besar su vientre, y mis manos siguieron subiendo hasta que llegué a su culo, lo acaricié; despacio me levante, subiendo mis caricias, besando desde el final de su vientre, siguiendo por sus pequeños y hermosos senos, deteniéndome en su cuello, mis manos le acariciaron la espada, su cintura, sus senos nuevamente. Bella suspiraba con cada toque, nos puse sobre el jato de la ducha, atrayéndola más junto a mí, ella rodeó mi cuello con sus brazos, besando mi mandíbula, le toque el vientre nuevamente y me atreví a bajar más mi mano, ella dejó de besarme y me miró, no vi signo de miedo en su mirada por eso junté nuestras frentes mientras mi mano siguió su trayecto; toqué el centro de su femineidad delicadamente, ella suspiró y volvió a cerrar los ojos. Ella estaba húmeda y no solamente a causa del baño, utilizando dos de mis dedos separé sus labios externos, tocándola más íntimamente, pero sin profundizar mi toque.

— Edward...

Cuando ella dijo mi nombre sentí como mis dedos se mojaban más por su deseo.

— Vamos para la cama, amor.

Despacio retiré mi mano de su intimidad, cogí una toalla que estaba sobre la encimera y la envolví con ella, tomé otra y la enrollé sobre mi cintura.

— Tengo que secar mi pelo — musitó Bella.

— Basta que seques el exceso de agua y que lo peines, con el calor que hace pronto estará seco.

Cogí una otra toalla de dentro del armario de la encimera y me planté a sus espadas y con cuidado empecé a secar su pelo, aprovechando para acariciarle la nuca con toques suave y dejando uno que otro beso.

— Edward...

— Lo sé. ¿Tu peine está en el neceser?

— Sí. Déjame a mí — pidió cuando vio que cogía su neceser, le pasé la bolsa y ella rápidamente sacó su peine empezando a desenredar los nudos en su pelo. No fueron necesario demasiadas peinadas para tenerlo liso.

— Listo — avisó girándose para mirarme a la cara. — Si lo hicieras tú me habías torturado con tus caricias — explicó echando los brazos por sobre mi cuello y pegando su cuerpo al mío.

La sujeté por la cintura y aproximé nuestros rostros para besarla. Toqué sus labios suavemente, primero rozándolos con los míos, después empecé a besarla pero sin profundar el beso, creo que el tiempo se detuvo porque no hago idea de cuánto tiempo nos quedamos así. Bella empezó a profundizar el beso, gustoso le concedí el dominio, sentía a mi lado vampiro sobre control en este momento, pero mi lado humano... La erguí del suelo y ella envolvió mi cintura con sus piernas, la sujeté por las piernas, tocando en el sitio entre el final de los muslos y el inicio de sus nalgas, su toalla se abrió un poco a causa de nuestra posición dejando sus senos a muestra.

— Ámame — pidió Bella cuando paramos para respirar.

— Ahora y siempre — le respondí.

Así de acaramelados la llevé hasta nuestra habitación, con cuidado la dejé sobre nuestra cama, me erguí un poco y aparté la toalla de su cuerpo.

— Eres tan hermosa — dije acariciándole el cuello, — delicada — tocando los senos —, suave — pasando mis dedos por el vientre plano —, eres como la seda, lisa y caliente — dije, dejando que mi mano la tocará en su fuente de placer, ella jadeó y yo me incliné sobre su cuerpo para besarla en la boca. Luego me separé de su boca y besé todos los sitios que antes había tocado.

— ¡Edward! — Exclamó Bella cuando llegó a su clímax con mi boca.

— Pensaba que tu sangre sabía bien, pero eso es mucho mejor — le dije sintiendo todavía su sabor en mi boca.

Ella se ruborizó, pero su mirada era una mezcla de satisfacción y deseo.

Bella me tomó por el cuello, atrayéndome hacia su cuerpo, entonces empezó a besarme mientras acariciaba mi nuca, después poco a poco sus manos fueron bajando, viajando por mi espalda, por mi pecho, barriga, y siseé cuando ella acarició la región bajo el ombligo, sus manos torpes apartaron la toalla que separaba nuestros cuerpos, estaba tan excitado que no creía que fuera posible que esta sensación aumentara, pero me equivocaba, con sólo sentir las manos de mi adorada esposa tocando la prueba de mi grado de deseo por ella mi cuerpo demostró lo equivocado que estaba. Detuve sus caricias, si no alcanzaría la cumbre a cualquier momento.

— ¿Qué pasa? Hice algo...

La silencié con un beso. Antes que sus inseguridades salieran a la luz.

— No hiciste nada malo, por el contrario, amor — expliqué sonriéndole.

La besé nuevamente y continuamos compartiendo caricias, la toqué íntimamente y ella ya estaba lista para mí, suavemente le separé más las piernas y me posicioné en la entrada de su cuerpo, la miré a los ojos antes de seguir adelante.

— Te amo, mi Bella.

— Como yo a ti. Ámame, Edward — rogó ella.

Sin dejar de mirarla empecé a unir nuestros cuerpos lentamente, ella era tan cálida, todo lo que quería era sentirme envuelto por su calor, pero tenía que controlarme, no le iba a hacer daño, no más de lo necesario por lo menos. Seguí adentrándome en su cuerpo pero me detuve cuando sentí una barrera.

Bella movió sus caderas haciendo que me adentrará más, pero no lo suficiente para romper su barrera natural, sentí como ella se tensó.

— Tranquila, Bella, sin prisas — dije acariciándole el rostro, no puedo decir que fue fácil controlarme en este momento, mi cuerpo pedía a gritos que me perdiera dentro de ella, sin embargo mantuve el control, y me dediqué a besarla y en acariciar su cuerpo para que así se relajara, cuando la sentí entregue al momento nuevamente seguí adelante y ultrapasé su barrera, ella se aferró en mi cuerpo y luego sentí el olor de su sangre, y un ardor bien conocido para mí tomó cuenta de mi garganta, dejé de respirar en este mismo instante y me puse a pensar en otro sabor de su cuerpo, el sabor y olor de su excitación, y en la forma que su cuerpo me envolvía y me apretaba, pensar en eso me hizo concentrarme en lo que estábamos haciendo y en el bienestar de Bella.

— ¿Estás bien? — Le pregunté.

— Sí.

Me incliné y besé su cuello, intentando distraerla del dolor que debía de estar sintiendo, y también para darle tiempo para que su cuerpo se adaptara a mi forma.

Nuevamente fue Bella quien me invitó a continuar, la seguí besando mientras nuestros cuerpos se entregaban al placer, era increíble sentirla tan caliente y apretaba, mi hogar, si antes no dudaba de mi elección de abstenerme de las relaciones físicas, ahora sabía que me arrepentiría si hubiera actuado de otra forma, Bella era mía así como yo suyo, no podría compartir eso con otra mujer.

De pronto sentí como su carne sensible se contraía una y otra vez alrededor mío, ella estaba cerca y yo también, nos movemos en sintonía hasta que la sentí convulsionar en mis brazos, y supe que este momento con memoria vampírica a no jamás olvidaría la expresión de su rostro, tan hermosa, totalmente entregue al placer, seguí moviéndome y luego el placer me golpeó, ella seguía apretándome continuamente, extrayendo todo lo que le podía dar; logré seguir moviéndome para prolongar el placer de los dos, solo no esperaba que con eso le hiciera llegar a otro orgasmo, sonreí satisfecho al sentirla convulsionar nuevamente, haciendo con que el mar de su placer bañara mi sexo nuevamente. Nos abrazamos y nos giré sin separar la unión de nuestros cuerpos para que ella se quedara sobre mi pecho.

Bella suspiraba mientras sus dedos dibujaban patrones en mi pecho.

— ¿Será que es siempre así? — Preguntó.

— Que yo sepa mejora con la práctica.

— Entonces vamos a practicar mucho — susurró, besándome el pecho.

Ya podía sentir como mi cuerpo se encendía dentro del suyo.

Ella sonrió al percibir la respuesta de mi cuerpo.

— ¿No estás adolorida? Es mejor que esperemos hasta mañana. — Dije intentado salir de su cuerpo, pero ella se apretó más junto a mí.

— Sólo ámame, Edward, es todo lo que necesito para estar bien.

Y fue lo que hice por toda la noche, la amé, nos amamos…


¿Qué les pareció este inicio de luna de miel, chicas? Espero que les haya gustado el lemmon.

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Saludos llenos de cariño, ¡gracias por leerme! Nos leemos el sábado ;)

Jane