El Vuelo de la Cigüeña
Décimo Cuarto Capitulo
Novedades en Konoha
Lunes por la tarde, casi al caer de las cuatro cuando el teléfono hacía el sonido de marcado. Pulsó dos veces y luego volvió a detenerse; hasta que finalmente alguien tomó el otro extremo de la bocina.
—Buenas tardes, esta llamando a Akatsuki Inc. Y Asociados; imprenta, publicidad y despacho gráfico. Si es cliente nuevo y necesita cualquier servicio de publicidad, pulse uno, si es necesita patrocinio publicitario pulse dos, si es un cliente que necesite nuevo endose de mercancía, pulse tres y si es…
—Konan-san—interrumpió cortésmente Itachi. Sintió la voz emergida en un murmullo, no por su entorno sino por lo que pudiese escucharse al otro lado de la línea—¿está Kisame?
Escuchó la voz de la mujer resollar un tenue monosílabo.
—¿Uchiha-san? –inquirió, luego bajó el decibel del auricular—Debería haber llegado en la mañana, ¿Está todo bien?
—Si, sólo que se retrasó el autobús –Itachi emitió un gemido—un pequeño contratiempo pero estaré mañana a primera hora…¿Pein-sama no se ha enterado o si?
—Agradézcale a Kamisama que no. Ha estado ocupado con dos cuentas nuevas, puede y tengamos mucho trabajo en esta semana. –Konan hizo una pausa. Itachi oyó que había alzado levemente la voz hacia el exterior de su cubículo, llamando a Hoshigaki. Nadie mas le respondió y volvió a tomar la bocina—Kisame no esta pero tengo a alguien que de seguro hablará contigo.
—Eh, no es necesario, preguntaba por él porque…
—¡Sempaaaaiiiii! –la voz de Tobi exclamó a voz en grito y dejando parcialmente sordo a Itachi del otro lado de la línea—¿Porqué no vino a trabajar? Tenía que estar aquí desde la mañana.
Itachi pasaba los dedos por la pared plástica de la caseta de teléfono. Sintió ahogar un bostezo y volvió su atención a la llamada.
—Así debería ser, pero esto llevó un día más.
—¡Que bueno que está vivo, sempai! —Se oyó a Tobi proferir uno de sus tantos comentarios efusivos. Hubo un silencio de casi dos segundos y su voz se tornó lívidamente mas seria y baja—Ne, ¿pero si estas bien, Itachi?
El muchacho de ojeras ahora más pronunciadas, arqueó una ceja.
—Casi…—musitó, mirando por sobre su hombro y sin inmutarse sobremanera por el tono aterradoramente normal de Tobi, en vez de sus infantiles tribulaciones—sólo un poco desvelado. ¿No ha habido problemas o si?
Tobi espetó una corta risa.
—Nah, que va, sólo que el llorón de Deidara está histérico porque no encontró tus bocetos…ah, y Hidan perdió la cinta medidora que dejaste en tu restirador, pero fuera de eso…—alguien o algo se había impactado cerca del escritorio del apodado "buen chico". A Itachi le pareció escuchar a Sasori gritar algo inentendible. Tobi carraspeó de nuevo y regresó al tono habitual—naaaah, Tobi debe volver al trabajo. ¡Cuiiidese sempaaai!
—Claro.
Colgó, esperando el cambio de tres centavos, sin embargo la atosigada y rudimentaria máquina no soltó ni uno sólo.
—…quédatelo—murmuró receloso hacia el artefacto. Bajó la mirada hacia las maletas en el suelo, alzándolas y encontrando el rostro de Sakura sonriéndole desde la entrada del andén.
Él volvió a bostezar, ampliamente. El sopor seguía, pero aquella sensación de libertad era el suficiente incentivo como para apartar el sueño, acarreante de una noche en vela. La noche del domingo; era una última oportunidad del señor Haruno por lanzarle lejos de la vida de su hija y sin embargo, desistió de ello; dejando el momento de la cena en una extensa charla familiar.
Si, la temporada de comadrejas había terminado, y aunque Kouji Haruno y la enmohecida escopeta no pudieron ensañarse con el pobre Uchiha, la premisa de "si no la cuidas te mato" seguía flotando en el aire. Kouji no lo dijo exactamente así pero la despedida fue más que tan clara que hasta Tobi lo hubiese notado.
—Je, pues supongo que ya no me queda de otra –resollaba Kouji Haruno, al mediodía en la inexistente estación de autobuses del desvencijado pueblecito. Posó una mano en el hombro de Itachi con tal fuerza que si éste no hubiese estado equilibrado con el peso de las maletas, pudo habérsele dislocado el brazo—Bienvenido a la familia, muchacho.
Itachi inhaló una bocanada de aire, y tratándose de ver lo más agradecido posible –el desvelo, el estrés de días anteriores y las ojeras sólo ayudaban a darle el aspecto de un enfermo terminal- alcanzó a asentir, sin decir nada en particular. El discurso de "futuro jefe de familia responsable" se le quedó atorado en el recuerdo, junto con el café casero de la mañana y la mitad del guisado que nuevamente Hanako le obligó a engullir.
La respuesta se dio por válida, y aunque el reacio patriarca Haruno no lo externase, puede que tuviese un poco de razón en lo meditado con su esposa: el tipejo era un citadino, pero vaya que había aguantado mucho más que otros.
"Es casi tan necio como ella, aunque no lo parezca. Creo que será un buen padre" enunció Hanako, y totalmente a oídos de Itachi y de Sakura en aquella misma cena familiar.
Bien o mal, citadino o no, la temporada había terminado. Libre al fin; tal vez no aceptado al cien por ciento, pero era libre. ¡Y había sobrevivido!
Y por lo menos saben que no soy un idiota…que puedo hacerme cargo de una familia. Ahondó en esto, recordando la borrosa imagen de la fotografía obtenida en la última revisión de Sakura; aquel par de manchitas difusas.
Mi familia.
Entonces, ésa idea; ésa casi imperceptible sugerencia que había emergido durante el silencioso trayecto, volvió a aflorar en su mente.
Si las cosas mejoran…tal vez, podríamos…Sakura y yo…
Pronto. Sentía que era pronto pero aun así, no quería desechar la idea de aprovechar la oportunidad. El apartamento volvería a ser enteramente suyo y…
…Y, ahora podríamos estar juntos. Como familia.
—¿Y eso? —La voz de Sakura le sacó de su embelesamiento, tomándole del brazo.
—¿Que?
El muchacho le miró sin entender el comentario, hasta que ella pasó una mano cerca de sus labios.
—Estas sonriendo…o eso parece –suspiró Sakura. La mano que pasaba por el semblante de Itachi se detuvo en su mejilla; sobre uno de los exiguos rasguños obtenidos en la peculiar mañana de cacería planeada por su padre.
—Soy humano, no hay nada de malo en que sonría de vez en cuando.—respondió Itachi, contemplándola con extrañeza.
Sakura volvió a tomarle de la mano, emulando una mueca de burla.
—Si, pero no es común verte asi. –ella apoyó la cabeza en el brazo del muchacho, mientras caminaban hacia el exterior de la central de autobuses.—Es raro, sólo eso.
Se detuvieron en una de las bancas aledañas a la entrada, mientras ella reacomodaba el interior de su bolso de mano e Itachi trataba de encontrar el mejor acomodo para llevar dos maletas tamaño campista y una supuestamente mediana. La maleta pequeña estaba completamente a tope de provisiones caseras. Incluida una cazuela bien asegurada y empacada del odioso guisado. Y las otras dos, llenas de ropa de la cual no usaron ni la mitad y de la dichosa ventisca que se había pronosticado para el fin de semana, no cayó ni un mísero copo de nieve.
Un tanto mejor, de lo contrario me hubieran dejado bajo una avalancha en vez de la maldita cacería, pensó Itachi, alzando la última baliza para llevársela sobre el hombro. Ésta estaba entreabierta de un extremo y dos diminutas prendas cayeron. Las dos pequeñas gorras obsequiadas por el despistado de Tobi. Sakura las levantó, contemplándolas un momento entre sus manos, para luego guardarlas con cuidado en el bolso.
Los verdes orbes quedaron fijos en su compañero.
—Itachi, ¿ya has pensado en algún nombre?
Éste se encogió de hombros. No indiferente, sino confundido.
—Hmp…no aun.
—¿Alguna idea? –indagó Sakura.
—No. –exhaló Itachi—Aun no sabemos con exactitud que serán, sería anticiparse demasiado— Sakura no le quitaba la mirada de encima, y ese leve brillo en sus ojos le increpaba a alguna respuesta más concisa—Tenía idea de algo, pero…
—¿Alguno en particular?
—Ichi y Nii
La joven detuvo su marcha y el gesto apacible de su rostro se tornó incrédulo.
—¿Uno y dos?
—¿Porqué no? –eludió Itachi, internamente divertido por la mueca de Sakura.
—No hablarás en serio, Itachi.
El Uchiha eludió la mirada esta vez, escrutando el entorno.
—¡Itachi!
—¿Qué?
—No hablas en serio ¿o sí?
—No –respondió Itachi, poniendo fin al duelo silencioso y visual de la chica de cabellos rosáceos.
Sakura se limitó a negar con la cabeza a modo de represalia, e Itachi, sin decir nada simplemente le soltó la mano, subiéndola por el hombro de la joven y rodeándola con el brazo. Y ella notó aquella peculiaridad en él.
—Ahí esta de nuevo –aclamó Sakura, increpándole en la mejilla.
—¿Qué?
—Ésa sonrisa. –completó la chica, aludiendo un tono de comicidad—Sabes, deberías sonreír más. Te ves menos tétrico.
—No te acostumbres.
La tenue media sonrisa no se apartó del rostro del Uchiha. El ambiente estaba tranquilo y él aprovechó la tersura del aire y la calidez de la compañía de la joven. El calor de su tacto era algo apremiante últimamente.
—Sakura…quería decirte que…
La frase se desvaneció en el momento en que el ruido de la añorada ciudad de Konoha se percibió en todo su esplendor al llegar a la atestada avenida central. Sakura miró su reloj de pulso, sin percatarse del comentario de Itachi.
—Itachi, ¿podrías llevarme al consultorio? –enunció ella cortésmente, expresando una sonrisa nerviosa—, olvidé llamar a Ino por la mañana y como no tengo las llaves del apartamento, espero encontrarlas allí todavía.
El Uchiha asintió, renegando la idea no verbalizada a una promesa futura.
—0—
—Ey, Tobi-idiota…¿Dónde demonios esta la tinta? –Deidara gruñó desde el pasillo, andando con pasos pesados mientras empujaba la puerta del despacho.
El aludido pseudo-impresor de gorra anaranjada estaba balanceándose tranquilamente sobre la silla perteneciente a Itachi. Le dedicó una mirada hueca al enfurecido artista de pelo rubio.
—Tobi la dejó donde siempre –dijo Tobi escuetamente. La sonrisa boba de su rostro se amplió mientras señalaba la pieza de papel corrugado que sostenía Deidara—eh, pero Itachi-sempai dió estrictas órdenes de que ésas tintas no eran para carteles.
—Y me importa un bledo! ¡Unh! –acusó Deidara—¡No tengo por qué obedecer a un cadáver!
—Itachi-sempai no es un cadáver muerto –arguyó Tobi—Se le hizo tarde pero volverá mañana.
—Así que el muchachito sobrevivió, ¿eh? —Sasori se inmiscuyó en el diálogo, sin levantarse de su apartado espacio en la esquina del despacho.
Tobi continuaba con la misma expresión de niño retardado, mientras Deidara miraba incrédulo y Sasori tomaba ese gesto mudo como afirmativo.
—¡Me da igual!, suficiente miseria es que se largara y todo el condenado trabajo se nos cargara justo hoy, Unh –gruñó el rubio, blandiendo el papel hacia un lado, arriba y abajo—Como si no tuviésemos suficiente con Pein-baka y…
Y el cartón se detuvo en un rostro que no era ni el de Sasori ni mucho menos el de Tobi. La cara nada divertida de un hombre de mediana edad y cabello rojizo anaranjado estaba justo detrás del arrugado papel.
—¿Pein…que? –dijo con voz profunda el jefe totalitario de la empresa.
Deidara ni siquiera volteó el rostro. Sasori estaba en silencio pero con la mirada alerta y Tobi seguía señalándolo con el dedo.
El último comentario apreciado en la consciencia del artista rubio, no fue la lacónica propuesta de Pein respecto a un futuro recorte de personal, ni la risotada de Sasori en cuanto el jefe volvió a su respectiva oficina. No, nada de so, sólo la estúpida frase de Tobi.
Estúpido y ¿acertado?
—A veces el sempai parece que hasta habla por las manos…o habla más de lo que debe.
—0—
Nada más poner un solo pie en la sala del consultorio, una eufórica Tenten, una silenciosa Hinata y el entrometido Konohamaru, quien se hallaba renegando como siempre de su improvisada visita, se habían abalanzado sobre ella y sobre el bulto de maletas, por el que sobresalía la cabeza de Itachi, para darles una calurosa bienvenida.
—Sa…Sakura-chan —exclamó Hinata, para luego abrazar a su amiga—Están de vuelta
—Y de una sola pieza— añadió Tenten con una sonrisa— Aunque no te negaré que me hacía ilusión comerme tu pequeña despensa de chocolate.
—Tenten —reprendió Hinata.
La chica del peinado de chonguitos se desentendió por completo.
—Bueno, era eso o tus suéteres favoritos…digo, si es que Ino no se los ha llevado ya.
—Ten amigas para esto —murmuró Sakura—Y hablando de Ino, ¿Dónde esta?
Ambas chicas se encogieron de hombros. La de cabello negro azulado y ojos perlas profirió un minúsculo comentario, interrumpido por Tenten.
—Di...dijo que…
—Otra de sus citas, igual que el sábado, y el viernes. –Tenten se llevó una mano al mentón, en tono pensativo—Me gustaría saber quien es el misterioso galán en cuestión.
Nadie comentó nada. Itachi dejó las maletas detrás del sofá. Preguntó a Sakura si sería necesario esperarla y llevarla con todo y equipaje al apartamento, cosa lo que ella respondió que no. Por él no habría problema en llevarla, podía retomar la idea de la mañana. Pero tal vez era mejor así, Así podría tener un poco de tiempo y replantearla un poco mejor.
Él se había ido, casi al cuarto para las siete de la noche. Tenten y Hinata acompañaron a la Haruno al apartamento que compartían, con amplias sonrisas de emoción que no pasarían inadvertidas por nadie.
—Entonces, ¿Cómo les fue? –Preguntó la joven de chonguitos, dejando las llaves sin cuidado alguno sobre la mesa del desayunador— Tienes que contármelo todo.
—Muy bien —contestó Sakura, colgando el bolso en el respaldo de la silla— Mejor de lo que pensábamos.
—¿Perdona? —dijo Tenten perpleja— ¿Seguimos hablando de tu padre y de Itachi?
—¡Tenten! Mi padre es adorable y lo sabes perfectamente —reprendió Sakura molesta—Es totalmente inofensivo.
Y por supuesto, la farsa cayó, en medio de las risas de Tenten e inclusive las casi desapercibidas de Hinata.
—0—
—De inofensivo no tiene un pelo —comentó Itachi a su contrariado primo mayor—Sobre todo si tiene a mano su querida escopeta.
Kisame y Tobi habían llegado de improviso a la menuda cafetería a una calle debajo del edificio de Akatsuki. Itachi sólo estaba de pasada, por una taza de café y un par de rosquillas para el camino.
Un encuentro ocasional, y teniendo aun las secuelas del estresante fin de semana, un poco de compañía no le vendría mal. Los tres empleados de la escueta organización publicitaria se encontraban en la barra de despacho, con una bebida en la mano y una buena historia que narraba Itachi, con su personal entusiasmo.
—¿Y que tal la noche? —preguntó Kisame percatándose de las ojeras aun más profundas de Itachi— ¿Pudiste dormir?
—De milagro…aunque supongo que un par de horas no cuentan como una noche completa—enunció Itachi
—0—
—Si hubieras visto la cara que puso Itachi cuando mi padre entró a la habitación por la noche…—dijo Sakura entre risas—Pobre, no pudo conciliar el sueño después.
—Sin comentarios —se limitó a contestar su amiga a lo que Sakura respondió con una de sus miradas fulminantes—¿Qué?, sólo que aun recuerdo el escándalo que armamos en esa pijamada, claro, teníamos quince años pero, jeje, el diminuto incendio en el granero nos pareció un ataque terrorista entonces.
—Si, me acuerdo de eso –complementó Hinata—…Creí…que te castigarían por un mes, Sakura-chan.
Tenten se inclinó sobre la mesa, con apremiante dejo de expectación reflejado en sus ojos castaños.
—¿Y los pilló haciendo algo?
Sakura y Hinata le devolvieron el gesto visual.
—¡Tenten!
—0—
—Al menos no hice el ridículo…—resolló Itachi recordando la mala experiencia de la noche anterior—Aunque estuve a punto de golpear al pobre hombre con una sombrilla.
Kisame asintió con un gruñido.
—Hum, bueno, si a mi me hubiera pasado, no lo pensaría dos veces, aunque el otro estuviese armado de…¿Qué era?
—Aceite para puertas. –respondió Itachi.
Kisame y Tobi le miraron sin creer del todo lo último
—¿Simple aceite para puertas? De verdad que estabas paranoico, "comadreja" –se mofó Hoshigaki.
—Por lo menos ya sabes de donde ha sacado la pelirrosa ese carácter —comentó Tobi recibiendo una mirada fulminante por parte de Itachi—¡¿Qué! Es cierto, Itachi-sempai.
—¿Y que decía Sakura? —preguntó Kisame.
Itachi dio un sorbo largo al café.
—Que su padre era un angelito; en pocas palabras –dijo Itachi, cruzándose de brazos—supongo que no se daba cuenta que tiene al tipejo de la película de Psicosis en su propia casa. Y si sumamos lo bien que me trataron sus hermanos…
Tobi apremió a darle un golpe en el hombro a Itachi.
—Por lo menos esta de vuelta, sempai
—0—
—No podía decirle a Itachi que mi padre ya se la tenía jurada antes de poner un pie en la casa, sino no habría venido —reconoció Sakura—Además, él no es malo, solo un poco sobre protector.
Tenten dio un golpecito en la mesa.
—¡¿Solo un poco?! —preguntó irónicamente—¡Si por él fuera te quedarías soltera toda tu vida!
—¡No exageres! —contestó Sakura con una sonrisa— Por lo menos creo que se ablandó un poco…—tomó un poco de aire, solventado lo ocurrido y embonando las piezas calmadamente—. Sabe que le importo a Itachi, y…
—Al final no van a poder estar el uno sin el otro ¿Verdad? —complementó Tenten a lo que Sakura asintió— Me alegro por ti.
—Si, aunque mi padre quisiese aparentarlo como cortesía, yo sé que dijo que Itachi ya pertenece a la familia—dijo Sakura con una radiante sonrisa.
El televisor sonaba con eco en la sala, a pesar de estar levemente animada por la plática. Había un tema referente a sacar a colación, pero ninguna lo externó. Ni Tenten, que solía ser más claridosa de lo que se suponía, ni Hinata, quien tenía la duda a flor de piel.
Ni siquiera Sakura, que acababa de llegar y esperaba encontrarse con el grupo completo.
La duda seguía flotando…hasta esta noche.
—0—
El sonido le despertó, hasta muy entrada la noche. Sakura se había ido a dormir calmadamente tras una última ronda de zumo de naranja y sintiendo los párpados pesados después del último episodio traducido de aquella serie occidental cuyo nombre apenas recordaba como "No-se-que-Vice" (1).
Pasaban de las doce, lo sabía por el reflejo verduzco del reloj sobre la mesita de noche. Y tuvo el primer impulso de levantarse e ir a averiguar si el escándalo era lo que aparentaba ser o si Tenten se había quedado dormida de nuevo frente al televisor.
Y si la última opción era la correcta, personalmente no quería ni imaginar que hacía la efusiva chica viendo programas con ésas insinuaciones.
El colchón de la habitación continua crujía…una y otra vez.
No, ése no es el televisor, remitió su voz interna, sonando tan adormilada como ella en este preciso momento.
Sakura decidió levantarse. El mismo sonido se repetía, ahora acompañado de un leve jadeo.
Abrió la puerta de su alcoba, saliendo al pequeño pasillo y deteniéndose frente a la habitación junto a la suya. Mismo sonido, misma intensificación.
El fuelle de la cama y la difusa respiración.
Sabía que Ino había salido, pero no que llegaría con un acompañante, aludió pícaramente.
Y la necia vocecilla interna volvía a emerger.
No estarás pensando en espiar, ¿o sí? ¡¿Pero que clase de pervertida eres?!
Nah, pero que impropio. Cada quien su vida, después de todo. Se quedó inmóvil, delante de la puerta, sólo escuchando.
Ni Tenten ni Hinata saben nada del tipo misterioso. Y el hecho de que Ino saliese recientemente con alguien era ya de por si, demasiada intriga.
El murmullo de ella le fue reconocible al instante, pero los entrecortados gemidos del chico…
Hum, no era Shikamaru, eso era obvio. Él tipo estaba saliendo con otra persona y conociendo los conceptos de Ino, ella nunca salía como premio de consolación…y no creo que el rarito ése del local de pinturas…entonces qui…
—Ne..Ino…Ino-chan…—jadeaba la "irreconocible" voz del chico.
Y vaya que podía tomarse como irreconocible. En esos momentos, ni los murmullos, ni altibajos de voz le daban dar con alguien en específico.
Y su amiga sólo espetaba monosílabos inentendibles.
Obvio, ¿no?...¡Ya deja de invadir la Privacía de los demás!
Y lo hizo. No tenía caso quedarse despierta indagando algo que no le correspondía ni era de su incumbencia. Lo que si sabía era que al día siguiente atosigaría a la rubia una y otra vez; como ella lo hizo cuando volvió de la improvisada-no-planeada noche con Itachi.
Favor por favor y…
—Ino…Ino-chaaan…
Y a ella no le importaría que su amiga tuviese un momento de intimidad con algún chico que no fuese Shikamaru o el tal Sai o…
—Ino-chan…ah….da…datte…
O…
—…Da…datteba…yóoooo…
¡¿NARUTO?!
No lo pensó, no lo meditó. Sólo tomó el picaporte, giró la perilla y la puerta se abrió tan de golpe, casi como si la hubiese querido desprender de sus goznes.
—¿Qué demo…?—la voz se tornó un suspiro y luego una pauta larga, prolongada por casi tres segundos.
Tres segundos en los que no pudo sino quedarse petrificada delante de la igualmente congelada fisionomía de Naruto Uzumaki, con el infantil intento de cubrirse hasta el cuello con la sábana e Ino, con el mismo estado de shock, visible sólo por la tenue lámpara de noche, encendida intempestivamente.
—Sakura…¿Qué no sabes tocar la maldita puerta?—inquirió ésta, cubriéndose con una de las almohadas.
El aliento del muchacho rubio bajaba, balbuceando como si su mente no pudiese recordar el cómo armar un enunciado.
—Sa…Sakura-chan…etto…yo….—Naruto inhaló y exhaló. Miró a Ino, luego a Sakura…y luego a Ino de nuevo—…yo…creí que tu…sabias que…
Sakura sólo podía mover la cabeza de un lado hacia otro. Naruto sólo intentó levantarse e Ino no le quitaba la vista –incrédula y contrariada- de encima a su amiga.
—Sakura, ¿Qué rayos…?
Con los puños apretados sobre el largo camisón y el vestigio de una punzada que irradiaba en su mente, quitando todo sopor de la madrugada, sólo atinó a elevar el tono de voz, lo más que pudo.
—¡¿Cómo pudiste?!...¡INO-CERDA!
Y la tranquilidad del edificio quedó en el recuerdo, justo a la una de la mañana.
—0—
Tranquilo. Todo estuvo muy tranquilo desde que regresó solo al apartamento.
Un vacío sepulcral irradiaba desde la entrada del edificio e Itachi lo percibió justamente cuando abrió la puerta. Se sentía moderadamente cansado; tres cervezas y un fin de semana estresante, pueden poner fuera de combate a cualquiera…y más se le suma el cansancio de la mañana a causa del modesto equipaje que había estado acarreando por casi kilómetro y medio, desde el domicilio Haruno hasta el entronque de autobuses.
Se desplomó sobre el sofá, sin notar que parecía que el interior del domicilio estaba más "despejado". Encendió el foco de la sala, aun colgando de su escuálido cable desde el techo, y escrutó minuciosamente el lugar. Sasuke ya no estaba y al parecer, el rastro de su presencia había desaparecido también. La ropa tirada en el sofá, sus estúpidos discos LP desplomados a lo largo y ancho de la sala, los accesorios y pertenencias de Karin y hasta las latas de cerveza se habían esfumado también.
Itachi se quedó mirando sin levantarse, hacia la habitación que era ocupada por su hermano. Vacío y quieto como si el tiempo se hubiese detenido.
…eso era rápido. Se dijo mentalmente haciendo intentos por no desatar una risa de alivio.
Se levantó, yendo hacia el refrigerador. Vacío también; bueno, no iba culparle de llevarse las últimas sobras de la pizza casera de Karin –quemada por fuera y cruda por dentro, para compensar- y las dos latas sobrantes de soda. Mejor aun, así se ahorraba el tedio de empacar la basura, como acostumbraba hacerlo cada inicio de semana y con los mismos odiosos desperdicios que no eran suyos.
Tomó el picaporte de la puerta para cerrarla cuando encontró la nota.
"Encontré un cuarto en renta a tres calles abajo. Por lo menos no hay problemas con la calefacción, me llevé el auto porque lo ocupo. Vuelvo luego por lo que dejé…"
Gracias, Kamisama, reiteró Itachi. Casi por completo alivio hasta que terminó de leer el arrugado papel.
"…y me lleve el televisor que reparé. P.D. La ducha no sirve, no es mi problema. Si regresas vivo arréglalo tú.
Atte. Sasuke."
—…estúpido hermano menor.
Itachi arrancó la nota, la arrugó y la arrojó al cubo de basura. Encendió el calibrador del termostato, mirando el hueco en la mesa que anteriormente soportaba el peso del televisor y notó el apartamento, tan solitario como estaba cuando había llegado él.
No era un mal lugar; había dos habitaciones, una sala y el cuarto de baño parecía aun funcionar, a no ser por el desperfecto de la ducha.
Ya lo arreglaría después, pero mientras…
No es un mal lugar para nosotros…mientras consigo algo mejor.
Ésa era la idea reprimida desde la mañana, relegada sólo por no encontrar el mejor modo de expresarla. ¿Qué, acaso iba a salir con la simple frase de "Sakura, ven a vivir conmigo" así nada mas? No, Itachi Uchiha siempre era cauteloso en ese tipo de estrategias.
Y el lugar necesitaba mejoras. Aun estaba el pequeño boquete en la pared, resultante de que su estúpido hermano menor, en uno de sus afanes de practicar el "hágalo usted mismo", terminó arrancando la conexión de luz vía interna, sólo por reparar uno de tantos cables a la habitación. También fallaba la luz de baño y un poco de pintura no le vendría mal a todo el inmueble. Cuestión de mencionar el asunto al casero y poner manos a la obra. Tirar el sofá, conseguir muebles nuevos, un sillón decente, una cama que no rechinase y…
Un par de cunas.
Debería hacer un listado de todo, se dijo mientras acomodaba los brazos detrás de la nuca y fijaba su atención en el techo. El sonido de la puerta le devolvió de nuevo a la realidad. Alguien llamaba y el ruido se repitió un par de veces más.
Se levantó, extrañado por la hora y aun un poco mareado por los rezagos del alcohol y el cansancio. Abrió la puerta, con los dedos temblando levemente sobre el picaporte, hasta encontrarle, allí, frente a él.
Junto al marco de la puerta y tan inmóvil como él, se hallaba Sakura Haruno. Sus ojos de aquel evocador tono esmeralda, estaban vidriosos y ligeramente inflamados. El recuerdo de un llanto devastador aun pendía de su semblante.
Y las mismas tres maletas que quien sabía como las había llevado, estaban a sus pies.
Él sólo se aproximó hasta donde estaba ella. Notó que sus rodillas temblaban, su mano sujetaba el alféizar de la puerta.
—Sakura…¿Qué..?
La pregunta desapareció en el instante en que ella se le adelantó y se aferró a su cuerpo. Las palabras no sonaban. No hubo nada, salvo el llanto silencioso. Las lágrimas empezaron a deslizarse mejilla abajo, y empapando fractalmente la camisa interior de Itachi. No importaba. Sus brazos correspondieron a su necesidad de cobijo, como siempre lo había hecho.
La única y verdadera manera en que deseaba hacerlo. E Itachi lo sintió, a pesar del ligero temblor de ella. Correspondió inmediatamente y sin darse cuenta a aquel clamor de seguridad, rodeándole con sus brazos. Un gesto meramente espontáneo. Automático.
Natural.
El instante precedido a la futura tormenta quedó sosegado. La sentía aferrarse a él. Su respiración pausada, el pulso y latidos. Todo, en un suave y dulce rumor. Podría haberse quedado así con ella para siempre.
Quería intentarlo y no importaban las consecuencias. Así cayese de nuevo la horda de la familia campirana...
—Quédate conmigo —la frase emergió, así nada mas, mientras la abrazaba.
Sólo un leve murmullo y puede que le hubiese echado la culpa a la sobrepasada tanda de cervezas, pero ahí estaba. La frase. El contexto. Lo que deseaba
—Quédate conmigo…Sakura.
NOTAS DE LA AUTORA:
(1) EL Tv-show que menciono y que censuro porque no recuerdo los derechos de autor y no lo anexé en el Disclaimer es "Miami Vice"; típico clásico ochentero. Jeje, bueno le puse cita por si alguien no atina con la referencia.
Yap, ahora con el fic
un capitulos más, ¡yay!...y....¿corto? ¿hay huecos en este capitulo?...ja, nop...recordemos como retomo las tramas y voy de atrás en adelante, depende de cómo se me antoje acomodar los hechos. Jo, ¿que les ha parecido?
A que nadie se imaginaba lo de Naruto e Ino...bueno, los cabos comenzarán a atarse poco a poco en el siguiente capítulo. ¡El "teme" fuera de escena??!
¿Itachi y Sakura al fin juntos, de un modo inesperado? (aun mas inesperado? xDD), bien, antes de despedirme, les spoilearé un poco del siguiente capitulo con el nombre. Las cosas no serán fáciles y aunque aun falta para conocer el punto de vista de los Uchiha respecto a esto, ejem...aun keda "tela de donde cortar"
Siguiente Capítulo:
"Síndrome de Couvade"
(si investigan un poco, se darán idea de lo que se avecina jeje.) Nos leemos.
