El camino era largo. El mayordomo y el niño, seguían en su búsqueda de los bastones de la hermana mayor de Aileen. Aunque fuera temprano, las sombras entre los arboles del bosque eran misteriosas, el sol apenas podía entrar entre las copas, con ligeros destellos de luz.

—Me sorprende su sentimiento creciente por la joven señorita Aileen—soltó Sebastian con una voz picara pero profunda.

Ciel se detuvo en seco apretando sus manos en fuertes puños para contener su enojo.

—No tengo ningún sentimiento por esa niña—fue lo único que pudo responder.

Sebastian se detuvo enfrente mirándolo con una sonrisa falsa. No resultaba intimidante pero si enfadaba al carácter de Ciel. Siendo ambos demonios, tenían expresiones similares en cuando al cambio de color de ojos al mismo tiempo.

—Sé que tiene sentimientos—poso su mano en la mejilla de su amo—. No toda la vida ha sido demonio.

Le retiro la mano de un golpe.

— ¿Y eso qué?—retó al mayordomo con una sonrisa agria.

—Siendo humano por cierto tiempo, sabe tener sentimientos hacia los demás, Bocchan.

Continúo caminando tratando de ignorar todo lo dicho por Sebastian. Muy en el fondo sabía que si sentía algo especial por aquella niña, pero era porque recordaba a muchas personas del pasado que de alguna forma habían marcado su vida.

—Sí le hiciera esta pregunta…—continuo Sebastian caminando a su lado.

Ciel le lanzo una mirada turbia.

—No quiero ser una molestia para mi joven Amo.

"Pues lo estás haciendo", pensó Ciel.

— ¿Cuál es tu pregunta?

Sebastian se retiro el guante de la mano izquierda en donde dejo ver fácilmente el sello de su contrato. Lo detuvo por el hombro para que observara con atención el pentagrama con forma de estrella.

— ¿Qué pasará cuando todo esto termine? ¿Cuándo la señorita Aileen en algún momento tenga que regresar con su hermana?...

Ciel se limitó a burlarse.

—Creo que entre tú y yo sabemos muy bien que su hermana está lo suficientemente lejos para preocuparse por Aileen.

—No ha respondido a mi respuesta, Bocchan.

Ciel frunció el ceño.

—Volverá a ser la niña aldeana de siempre—respondió eso con tal de dejar atrás el interrogatorio de Sebastian.

—Pero ella mismo ha dicho que está sola. Sí los ángeles en realidad se encargaron de los habitantes…

— ¿Qué insinúas?

Sebastian apenas se contuvo de sonreír.

—Su alma, en cualquier momento puede dejar de ser esa niña pura e inocente que conocemos hasta ahora. Su odio, podrá resplandecer en ella.

El comportamiento de Sebastian le resultaba extraño e incluso, un poco incomodo por el tema de una niña "pura" como Aileen. El ambiente empezaba a tornarse extraño.

— ¿Mi joven Amo haría un contrato con ella para poder devorar su alma?

Ciel dio un respingo y siguió escuchando.

—Hace tiempo que no comemos un alma… Y es desesperante.

Y tenia razón, era difícil poder encontrar un alma de una persona llena de odio y la cual quisiera hacer un contrato. Era raro que diera la opción de devorar el alma de Aileen, es decir, la de ella ni siquiera lucia apetitosa para ellos.

—El alma de Aileen siempre estará limpia—miro a Sebastian a través de su hombro—. No creo que tenga la misma confianza si llega a saber quien en realidad somos.

El gesto del mayordomo se endureció dándole una expresión severa.

—La decisión es suya, Joven Amo—se inclino un poco para hacer una reverencia—. Su sentimiento hacia ella…

— ¡Ya cállate! ¡No pierdas más tiempo y continúa caminando!

Sebastian sonrió de cierta satisfacción.

—Como ordene. Perdone mi interrupción.

"Idiota", le dijo mentalmente Ciel mientras atravesaban un gran tronco caído para poder llegar a una zona con muchos menos arboles. Sus pasos eran silenciosos, ambos caminaban con sumo cuidado estando atentos a cualquier cosa con la que pudiesen encontrarse en aquel bosque.

—La imprudencia del estúpido Shinigami de Ronald por poco nos pone en problemas.

Ciel bufó.

—Al menos pudiste detenerlo de alguna forma. No me imagino cual hubiera sido la reacción de Aileen.

A lo lejos visualizaron un objeto plateado tirado entre la nada y algunos cuantos arbustos secos. Ciel aumento la velocidad de su paso hasta que llegó a escasos metros para asegurarse que era lo que buscaban. Solo era uno de los bastones de la hermana de Aileen, era raro que solo se encontraran con ese.

— ¿Aileen tiró ambos aquí?—le pregunto a Sebastian.

—Sí, lo recuerdo perfectamente…

La sensación del lugar comenzó a ponerse mucho más tensa. Presentían algo. Era probable que un animal se hubiese llevado uno de los bastones, pero era ilógico. Sebastian recogió el bastón para analizarlo con detenimiento. Una rama se rompió llamando la atención de los demonios. En alerta, Sebastian deja en el mismo lugar el bastón. Otra rama cayó, pero esta vez, el mayordomo tomo verdadera precaución tomando en brazos a su Amo para evitar que un objeto lo golpeara. Unos segundos después, sus vistas se enfocaron en un segundo bastón enterrado sobre la tierra.

— ¡Vaya! Ustedes también están aquí—hablo un voz lejana.

Ciel se levanto con ayuda de Sebastian, mirando a su alrededor buscando al que hablaba.

— ¿Los asuste?

Una sombra se poso en uno de los arboles cercanos. Era un hombre de traje negro, cabello azul-verdoso y ojos azules metálicos profundos. De inmediato sabían con quien se habían topado. Con el ángel.

—Ya veo que no tienen mucho de que conversar—de un salto, bajó del árbol, manteniendo su distancia entre ellos.

—Fue imprudente de tu parte lanzar ese bastón en contra de mi Joven Amo—Sebastian miraba con repulsión al sonriente ángel.

—Al fin nos conocemos… Frente a mí, el mítico Conde Ciel Phantomhive.

Sebastian dio un paso adelante, escondiendo detrás de él a Ciel.

—No comparto el mismo gusto—respondió indiferente.

El ángel soltó una risotada comenzando a caminar alrededor de ellos.

—Tienes buenos modales, demonio—se detuvo y estirando el brazo continúo—: Me llamo Keller.

—A nadie le importa tu nombre—respondió Ciel, saliendo para ya no verse cubierto por su mayordomo. Las características que había dicho Aileen eran ciertas, el problema de esto iba creciendo cada vez más: ella ya había sido localizada y seguramente, ya estarían en su búsqueda. Es por eso que el ángel se encontraba ahí.

—No imagine que fuéramos a encontrarnos aquí—Keller caminó hacia donde se encontraba el bastón enterrado—. ¿También buscaban esto?

Ciel arrugo la frente.

—Ya veo que si…

Sebastian no le quitaba los ojos de encima como acto de defensa. En cualquier momento podría atacar pero en esos instantes parecía bastante tranquilo.

— ¿Qué es lo que quieres?—preguntó Ciel.

—Bueno, aparte de estos bastones—tomo ambos y jugueteo con ellos—. Tenía curiosidad de cómo había quedado la aislada y sucia aldea.

"Otro ángel obsesionado con la limpieza", pensó Sebastian y su mirada se lleno de más odio hacia Keller.

—Oh, creí que la pequeña Aileen venía con ustedes.

El odio y rabia de Ciel iban en aumento, la sonrisa del ángel le resultaba irritante además de no poder pensar con claridad que responder. No expondría a Aileen tan fácilmente, Keller podría ser capaz de ir por ella sin importar que unos shinigamis estuvieran cuidándola.

—Ella no está aquí—respondió Sebastian de manera compleja. La sonrisa de Keller se borro de su rostro—. Por su misma seguridad está muy lejos de aquí.

— ¿En Londres? Por favor, no se atreverían a dejarla con alguien más que no sean ustedes.

—Debes alejarte de ella—masculló Ciel poniendo sus manos en fuertes puños.

Keller soltó una fuerte carcajada.

— ¿Y por qué habría de hacerlo? Ella es uno de los principales objetivos de mi plan.

Los ojos azules de este, se tornaron de un color distinto, más metálicos y brillantes. Tomo una pequeña rama de entre la yerba y de un solo apretón la hizo añicos.

—Desaparecer la suciedad, que, en una realidad es innecesario—añadió con voz grave.

Ciel ni Sebastian contestaron ante eso, era obvio que quería intimidarlos.

—Aileen es todo lo contrario a lo que odio, ella es la clave para que creaturas como ustedes desaparezcan.

Levanto el bastón directo hacia la cara de Sebastian.

—Tú te atreviste a acabar con la vida del prepotente y precipitado de Ash. Su forma de hacer las cosas, estaban tan mal establecidas. Aun sigo sin creerlo, ¿un demonio pudo contra él?

A Ciel le vino el recuerdo de aquel día: Sebastian lo derroto usando su verdadera forma de demonio, más sin embargo, todos los años que había estado a su lado, no le había sido posible mirar completamente esa forma de su mayordomo.

—Aileen jamás confiará en ti, piensa que eres un corrupto—continuo Ciel.

Los ojos de Keller apenas se abrieron un poco de la impresión.

— ¿En serio? Y dime, ¿tendrá confianza si se llega a enterar de que ustedes dos son unos sucios demonios?

—Eso no es gran problema, mi Joven Amo y yo hemos ganado la suficiente confianza de esa niña.

—Tú solo la quieres para buscar ese secreto que guarda la aldea—agrego Ciel.

—Oh, espera, espera—Keller sacudió la cabeza—. ¿Solo para buscar ese secreto? No es solo para eso.

La confusión de ambos demonios se hizo presente.

—Gracias a esa pequeña e inofensiva alma que sigue pura, además de ayudarme a encontrar ese libro… Vitam Et Mortem, con su sangre me ayudara a que todo mal que este sobre esta tierra no vuelva a aparecer nunca más. No más personas estorbosas.

Sebastian tuvo un mal presentimiento; algo oprimió su pecho y de solo pensar que Aileen podría ser vital para ayudar a los entrometidos ángeles, le aumento su preocupación.

— ¿Acaso solo ella tiene el alma limpia?—cuestiono Ciel empezando a gritar—. ¿Qué pasa con los demás habitantes?

Keller volvió sonreír de manera irritante.

—Ninguno tiene las características de Aileen. Muchos se han negado a hablar, y pues… tuvimos que deshacernos de ellos.

El clima cambió rápidamente, las nubes se volvieron totalmente grises y los relámpagos no se hicieron esperar. Sebastian tenía todas las ganas por asesinar a aquel ángel creído.

—Si es necesario… podemos quitarle la vida a Aileen—dijo Ciel pero en su hilo de voz había nerviosismo.

—Sigo sin creerles—Keller comenzó a alejarse—. La cuidan como si ella fuera de su propiedad, posiblemente su alma pura no sea atractiva para ustedes pero… ¿eso debería importarles ahora? Con tal de comer algo, devorarían cualquier cosa. No acabarían con su vida tan fácil.

Ninguno de los dos se movió, seguían revisando cada paso que daba Keller.

—Michaelis—se giro un poco y rápidamente le lanzo un objeto—. Hace mucho tiempo lo encontré.

Sebastian lo detuvo antes de que llegara a su rostro. Era uno de sus cubiertos de plata. Un cuchillo.

—No se preocupen—les grito a través de su hombro—. Aileen será un buen sacrificio… Pronto volverá a estar bajo mi control.

Se llevo ambos bastones consigo, salto hacia las ramas de unos árboles cercanos y desapareció de la vista de Ciel y Sebastian. No temían de la palabra de Keller, pero era momento de aumentar la protección hacia Aileen. Ella podría ser su perdición.