"¿Ya os habéis puesto la ropa? ¿Sí? Pues venga, salgamos de aquí."
La chica, la cual descubrimos se hacía llamar Erena, daba una sensación mucho mas tenebrosa que la que daba Tsubasa, a pesar de ambas ser amigas, compañeras o integrantes de la misma secta, fuesen lo que fuesen; porque algo de eso eran. Vestían igual; con una especie de uniforme negro apretado y unas bandas fucsias cruzando su cintura. Llevaban unas botas fuertes y resistentes, también negras. En sí, el traje no parecía muy cómodo, ni muy caliente ni muy favorecedor, pero estaba equivocada; era todo lo contrario. Aunque nuestros cuatro modelos eran diferentes; el de Tsubasa era mas desdejado, con pantalones y cinturón ancho, el de Erena por su parte era más elegante pero discreto, el de Kotori se veía más bien cursi y adorable, en cuanto al mío... digamos que estaba bien, sin más.
Tsubasa nos lanzó una mirada un tanto descarada pero de aprobación, y Erena parecía realmente indiferente respecto al tema. Simplemente las seguimos hasta una especie de armario que guardaba chaquetas reforzadas con cuero y diversos bolsillos por todas partes.
"¿Por qué tienen tantos bolsos?" preguntó Kotori, inocentemente.
"Para meter balas."
¿Qué?
Kotori dio un par de pasos hacia atrás, lejos de las chaquetas y de las chicas que habían respondido a su pregunta con tanta naturalidad, como si las balas fuesen objetos comunes usados en situaciones comunes por gente común.
"No te asustes, ehm, ¿Kotori, verdad? Me pareció escuchar ese nombre en la historia que antes me contasteis. Para nosotras estas cosas son normales, simple material diario."
Hablaba tranquilamente mientras cogía unas cuantas balas de una taquilla de acero y las dividía por los bolsos, luego cogió alguna que otra pistola, y también las guardó.
"Será mejor que llevéis una de estas chaquetas. No sólo por vuestra seguridad, tened en cuenta el frío que hace ahí afuera."
Kotori y yo nos miramos, podía ver con facilidad el pánico en sus ojos. Era una chica demasiado buena como para que se le pasase la idea por la cabeza de disparar a alguien. De todos modos, no teníamos otra opción. Asentimos, y cogimos cada una, una chaqueta. Nos la pusimos, y seguimos observando como Tsubasa y Erena preparaban todo para quién sabe qué.
Durante ere período de tiempo no pude evitar sentirme asaltada por un montón de preguntas sobre todo. Como era posible que en tan poco tiempo nos hubiese pasado tanto, a qué venía tanto misterio, tanta violencia, incluso muertes que esperábamos nunca se hubiesen realizado, porque para nosotras aún era algo que dudábamos. ¿Estarían Umi, Nico y las demás vivas aún? Quién sabe.
"Kira-san," me atreví a hablar.
"¿Sí?"
"¿Quién eres?"
Y en ese momento, dejó de hacer lo que estaba haciendo. Se quedó quieta, con el mismo gesto, sin pestañear. Poco a poco giró la cabeza hacia mí, y me miró con esos ojos expectantes que tenía, intentando descifrar todas esas cosas que sólo cierta rubia podía descifrar. Se dio por vencida en silencio, e intentó buscar una excusa.
"Una simple ciudadana de la madre Rusia, cazadora de osos en su tiempo libre. Nada más."
"Te brillan los ojos cuando mientes. ¿Lo sabías?" respondí, sin cambiar mi gesto. Ella intentó reír, pero lo único que salió de su garganta fue un sonido parecido a un grito ahogado y nervioso.
"Tsubasa," resonó la voz grave de Erena justo antes de que la anterior chica nombrada intentase contraatacar con otra excusa. "Déjalo. Ya no sirve de nada esconderlo, y menos a ellas."
La acabamos de conocer y ya insiste en no tener secretos con nosotras. Uhm, interesante.
Se hizo un silencio incómodo en el que Tsubasa permanecía quieta, sin moverse, amaestrada ante la mirada estricta de Erena.
"Permíteme repetir la pregunta," giró su cabeza hacia mí, pero evitó mirarme. "¿Quién eres?"
Vaciló de responder durante unos instantes. Cogió aire, apretó los puños, y respondió.
"Tsubasa. Kira Tsubasa. Si preguntas por mi nombre a un promedio de jóvenes en Japón te dirán probablemente que fui una de las mejores Idols que hubo en su época. Te dirán que de un día para otro desaparecí sin dejar rastro, como lo hacían las estrellas fugaces, o los relámpagos. Algunos te dirán que habré muerto, que me habrán asesinado por envidia o celos, otros te dirán que me habré cansado de la fama y habré abandonado. Pero si me preguntas a mí sobre mí misma, te diré cosas muy diferentes."
Pude ver de reojo la expresión un tanto interesada de Kotori, y los gestos que no supe identificar de Erena. Me acordé de Nico. Ella nos había contado que Tsubasa era una Idol, o al menos es lo que había dicho mientras yacíamos colgadas en aquella trampa para osos. Pero, ¿qué clase de persona decide borrarse del mapa con una carrera y una fama como la suya?
"Desde que era pequeña, cantar y bailar había sido mi vocación. Adoraba ver como mis padres sonreían orgullosos cada vez que me veían ser feliz haciendo lo que me gustaba. Ellos siempre me dieron ánimos, y fue algo que tuve muy presente en todo momento. Cuando empecé el instituto y conocí más gente, empecé a contarle mis sueños a todo el mundo, con esperanzas que de al expandirlos más, tuviesen más posibilidades de cumplirse. La mayoría de la gente se reía de mí por querer hacer eso y no estudiar medicina o ingeniería como los adultos de hoy en día llamarían a un futuro de provecho. Pero me daba igual, no tenía pensado rendirme. Cada día al llegar a casa cantaba canciones de mis grupos favoritos a todo volumen, me inventaba pasos de baile que ensayaba una y otra vez hasta caer rendida. Era mi sueño, lo que más deseaba, e incluso sin gente a mi lado para ayudarme a cumplirlo más que mis padres, seguiría adelante. Todo eso cambió cuando llegué a la preparatoria."
Por unos segundos sus ojos se cruzaron con los de Erena y se mantuvieron fijos los unos en los otros durante unos instantes fugaces que parecieron eternos.
La preparatoria cambia a la gente, cambia la vida de muchas personas.
Yo te conocí en nuestro primer curso, Ericchi.
"El primer día de clase nos preguntaron a qué queríamos dedicar nuestras vidas. Nuestro sensei parecía sabio, amable y un poco testarudo, pero de todas maneras apreciaba aquellas preguntas personales que nos hacía a toda la clase. ¿Sabéis? Todas mis compañeras respondían cosas como 'quiero curar a los enfermos', 'quiero ser la dueña de una empresa' o 'quiero crear mi propia línea de ropa'. Estaba asustada porque no sabía que responder, así que me decidí por contestar lo que quería de verdad."
"¿Qué respondiste, Kira-san?" preguntó Kotori, hipnotizada por el rumbo de la historia.
"A la pregunta '¿qué quieres hacer en tu vida?' respondí 'quiero ser feliz, haciendo feliz a la gente'."
Un leve brillo nostálgico apareció en sus brillantes ojos, pero se esfumó al momento en el que miró a mi amiga a los ojos con una medio sonrisa.
"Nuestro sensei me dijo que, teniendo en cuenta mi respuesta, yo no había comprendido la pregunta. Yo le contesté que era él el que no había entendido la vida en ese caso. Recuero como me había mirado con una mezcla de desprecio y asombro en sus ojos, casi igual que la mirada que había dirigido a una chica que se sentaba en la esquina de la clase, cuando esta había dicho que se sentía identificada con mis propósitos, y había declarado su sueño de ser una Idol. Ahí empezó todo. La chica se llamaba Yuuki Anju, y junto con Erena, que, aunque en secreto, también compartía junto con nosotras el mismo sueño, decidimos trabajar juntas con mucho esfuerzo para lograrlo. Ensayábamos todos los días, cantábamos, bailábamos, disfrutábamos en compañía. Mientras Anju se ocupaba del ritmo y la música, y Erena de la letra, yo me ocupaba de la coreografía. Sin a penas darnos cuenta, empezando por pequeños conciertos en el teatro de aquella preparatoria, acabamos siendo famosas por toda la región, e incluso me atrevería a decir que por todo Japón. Era increíble, era maravillosa la sensación de estar viviendo un sueño y hacer a miles e incluso millones de personas felices con ello. Pero como todo, incluso los sueños cumplidos tienen sus partes negativas, y en nuestro caso, era que no a todo el mundo les gustaban las Idols escolares y la fama que se ganaban. Sin querer, hacíamos que muchos empresarios perdiesen de ganar dinero ya que nuestras actuaciones eran más importantes que sus convenciones, al igual pasaba con otros grupos de música, o con otra mucha gente importante. Todo pasaba por el dinero. El mundo se movía, se mueve y seguramente se seguirá moviendo por el dinero. Es absurdo como unos estúpidos papeles pueden causar tales estragos, ¿no creéis? Es repugnante como un papel puede hacer que las personas se quiten la vida mutuamente, o se pongan de acuerdo para quitarle la vida al mundo que nos aloja con nuestras cosas buenas y nuestros inconvenientes. Porque al fin y al cabo, ¿qué nos importaba a nosotras el dinero mientras pudiésemos ser felices haciendo feliz al resto del mundo? Nada. No nos importaba nada. Pero como ya os dije, la vida es cruel, la gente, las personas son crueles, al igual que sus intenciones. Por eso mismo no pararon hasta encontrar la manera de deshacerse de nosotras. ¿Cómo os desharíais de un bicho perjudicial para vosotras? Y el egoísmo habló una vez más: matándolo."
Ni a mi ni a Kotori nos gustaba la forma en la que la historia de Tsubasa se resolvía. Pero, poco a poco, las piezas empezaban a encajar, y eso era lo que importaba.
"Recibimos varias amenazas que nunca nos llegamos a tomar en serio hasta que las cosas raras comenzaron a suceder. Restos de pólvora en las puertas de nuestras casas, cuchillos escondidos en nuestros armarios, incluso debajo de nuestras camas. Trampas con las que alguna vez resultamos levemente heridas, pero trampas, que no quisimos enseñar ni mostrar. Nadie sabía lo que nos ocurría una vez fuera de los escenarios, y la costumbre de sonreír como si nuestra vida no pendiese de un hilo se había convertido en algo esencial. Las trampas, de las cuales ninguna resultó letal, les empezaron a parecer inútiles a esas personas que deseaban vernos muertas, y empezaron a mandar a gente; espías, agentes secretos, cuya misión era saber nuestra posición y situación exacta en cada momento, con el objetivo final de arrebatarnos la vida. Sólo éramos unas chicas que cantaban y bailaban. Todo había cambiado mucho, por culpa de la crueldad, del egoísmo del mundo. Ser Idol ya no era un sueño; era una pesadilla. Nos pusimos de acuerdo, y decidimos abandonarlo todo. Decidimos desaparecer, como si nuestra muerte hubiese sido cierta, como si en verdad alguien viviese con la culpa de tener nuestras vidas en su conciencia. Decidimos dejar de cantar, dejar de bailar, dejar de sonreír para protegernos a nosotras mismas, y escapamos de Japón, para adentrarnos en varios países en los que supuestamente estaríamos a salvo. No fue sencillo, no lo es aún. Muchas personas desconfiaron de nuestra repentina muerte o desaparición como se informaba en los telediarios, y siguieron empeñados en buscar nuestra muerte. Con el paso del tiempo, las trampas, los espías, los ataques y la muerte pisándonos los talones, acabamos por separamos para mantenernos más seguras. Anju se fue al sur, y Erena al norte. Yo me quedé en el centro, siguiendo la línea imaginaria del Ecuador, sin un hogar fijo, sin amigos. Vivía sin vivir, porque no era feliz. Cada día me despertaba con la duda de saber si estaba viva o no. Vivía con miedo, vivía escapando de algo que ya resultaba inevitable. Entonces, un día, cansada de huir, decidí enfrentarme. Decidí que mi nueva meta sería recuperar la felicidad, quizás no bailando, ni cantando, pero me aseguré de que mi nuevo sueño, mi nueva misión, mi nuevo y más próximo objetivo fuese volver a sonreír, y para eso necesité mucho trabajo duro. Me entrenaba en los lugares más remotos para protegerme de los ataques sorpresa y poder noquear a mis contrincantes. Tenía pistolas y diversos tipos de balas, prendas protectoras, técnicas infalibles, y una moral mucho más alta. Aunque en ese entonces ya supiese luchar, no cesé de moverme de país en país, buscando un poco de tranquilidad. Así llegué a los gélidos parajes de Rusia, dónde, de una u otra manera, descubrí la horrible situación en la que se encontraba Erena."
Dejó de hablar, con un dramático silencio en el que esperaba que Erena continuase la historia desde su punto de vista. Pero ella, permaneció callada, mordiéndose el labio inferior con los brazos cruzados, mirando fija y amenazadoramente a Tsubasa.
"No me han preguntado a mí, Tsubasa."
"No hay nadie mejor que tú para explicar esta parte. Además, es importante."
"Olvídate."
"No hay nada de malo en eso, Erena, entiéndelo."
"Cállate." su voz sonaba cada vez más frágil.
"Pero tienes que superarlo, ¿por qué siempre se te ha dado tan mal hablar de estas cosas? Cuéntaselo de una vez."
"¡He dicho que te calles!" gritó Erena furiosa.
"¡No me voy a callar hasta que seas lo suficientemente valiente como para contarlo de una estúpida vez!"
Kotori y yo no decíamos nada. No teníamos nada que opinar al respecto de esa conversación, y aunque lo tuviésemos, no nos habríamos atrevido a decir nada. Erena parecía estar al borde del llanto y las lágrimas, pero Tsubasa se había empeñado un montón en que dijese lo que fuese que tuviese que decir. Resultaba contradictorio ver a una chica soldado como ella en ese estado emocional. Dejó escapar un suspiro, cerró los ojos, y habló con la voz temblorosa.
"Me enamoré de una chica." dijo, como si fuese algo antinatural.
Tuve que reprimir las ganas de darle un grito o pegarle un puñetazo. Sí, en un principio ni yo misma me creía mis sentimientos, los intentaba negar y les quería encontrar una explicación lógica, que no fuese la que en realidad era. Pero, ¿por qué lo decía como si fuese algo de lo que estar avergonzado? Enamorarse es una sensación maravillosa. O al menos, cuando tus sentimientos son correspondidos y el amor de tu vida está cerca de ti. Cosas que solo viví en sueños. En aquel jardín de cristal que nos escondía del mundo cada noche.
"Me enamoré de la chica más dulce, amable, hermosa, sincera, adorable y delicada que conocía. Me enamoré de una de mis mejores amigas. Me enamoré de Yuuki Anju, y nunca tuve el valor para decirle lo que sentía hasta que fue demasiado tarde. Comprendí que necesitaba sacar aquella carga que me sofocaba cada día cuando cada una de nosotras tres tomó un rumbo diferente. Tsubasa se quedó en el Ecuador, Anju se fue al sur y yo, en cambio, me fui al norte. A veces tenía la esperanza de que si seguía viajando, al ser la Tierra una esfera, acabaría encontrándola de nuevo. Aunque tuviese que recorrer cada país más de cien veces, yo aún tenía esa esperanza. Pero por cada intento de asesinato, por cada homicida que se cruzaba en mi camino, por cada herida que nacía en mi cuerpo, todas esas esperanzas se desvanecían como la niebla en una tarde de verano. Estaba a punto de rendirme, no me quedaban fuerzas para soportar aquello y el peso de mis sentimientos acorazados con plomo. Hasta que un día, hace no mucho tiempo para seros sincera, recibí una llamada. Fue extraño, muy extraño. Desde que éramos Idols hasta ahora, cambiamos nuestra apariencia e intentamos esconder nuestra identidad todo lo que pudimos, nadie me llamaba nunca porque nadie sabía mi número de teléfono. De todos modos cogí aquella llamada, y para mi sorpresa, oí su dulce y aterciopelada voz, diciéndome que vendría conmigo, que se había cansado de huir. De todas formas, los polos opuestos se atraen, ¿no? Esa fue su mejor excusa para cambiar el solitario calor del sur por el hogareño frío del norte. Desde aquella llamada, quise prepararme lo mejor que pude para soportar cualquier cosa y protegerla una vez que llegase. Lo di todo, me desprendí de mi cansancio, mis esperanzas volvieron, y me convertí en la soldado que soy ahora. En uno de esos duros, durísimos entrenamientos en los que daba más de lo que tenía me encontré no sé como ni por qué con Tsubasa, que decidió quedarse aquí, no muy lejos de mi 'casa'. Decía que no tenía que forzarme más de lo que podía, que si siguiese así, cualquier día me pasaría algo grave, y que se quedó aquí para vigilarme de cerca. Aunque sé de sobra que sólo fue una de sus tontas excusas para estar conmigo."
Esbozó una pequeña sonrisa que Tsubasa respondió con una suave risita. Las miré contenta porque entonces comprendí su hermosa relación de amistad tan bien formada, por fin entendí aquella faceta de soldados ocultos y aquel tema de andar rápido y a escondidas. Miré de reojo a Kotori, y por su expresión pude ver que había algo que ella aún no entendía.
"¿Dónde está Yuuki Anju ahora?" preguntó. Erena se tensó.
"Desde aquella llamada no volví a saber de ella. Dijo que vendría, pero nunca supe ni cuándo, ni si era cierto. Aún la sigo esperando."
Kotori se quedó en silencio. Parecía querer buscar las palabras adecuadas para consolarla, pero no las encontró. No se atrevió a sostenerle la mirada por más tiempo, así que su vista se quedó fijada en el suelo. Hubo un ambiente incómodo durante el posterior silencio por parte de las cuatro.
"Bueno, ya sabéis quién soy, ¿contentas? Ahora tenemos que irnos. Quieres salvar a tu chica, ¿no es cierto? Más vale que nos demos prisa."
Asentí. Vi la mirada que me echó Erena por eso mismo que Tsubasa acababa de decir, y me pareció un poco irónico. Me miró como si fuese un bicho raro. Como si ella no se hubiese enamorado de una chica también. Sonreí para mis adentros intentando comprender la paradoja en la que vivían esas dos chicas soldado.
Volvimos a subir al garaje abandonado que escondía la trampilla. Erena llevaba un pequeño mando a distancia en la mano, se colocó en frente a una puerta que había a uno de los laterales y calcó un botón. Poco a poco, la puerta se fue abriendo, para dejar a la vista un monstruoso y reluciente jeep de color negro opaco con las ventanillas tintadas.
"Subid."
Kotori y yo subimos en la parte de atrás, Tsubasa en el asiento del copiloto y Erena en el del conductor.
"¿A dónde vamos, Erena-san?" preguntó Kotori un tanto nerviosa.
"Vamos a la mansión de Mr. Ayase. No preguntéis, esto de estar pendiente de todos los espías y asesinos de la zona me ha dado mucha información sobre gente como él. Tsubasa ha echo bien trayéndoos conmigo, y más sabiendo que es para encontrar a tu chica." dijo con una sonrisa, mirándome por el retrovisor. Yo sonreí a modo de contestación.
"Ah, y agarraos bien. Le he echo algunos retoques para que fuese un vehículo veloz sin necesidad de viajar por aire."
"¿Qué clase de ret-" intentó hablar la mismísima Tsubasa, pero la velocidad que ya había cogido el jeep al arrancar por la puerta de la parte trasera del garaje era increíble, tanto, que dejaba sin habla, tanto, que la presión que ejercía el aire sobre nosotras nos impedía mover los labios. O al menos eso nos pasaba a nosotras tres, ya que Erena se reía al ver nuestras caras asombradas y asustadas. Pero después de todo, no podía evitar sentirme confiada.
Voy a por ti, Eli. Espérame, por favor.
A/N: Espero no haberos aburrido mucho, he usado todo un capítulo para escribir un poco la historia de Tsubasa. ¿Qué habrá sido de las demás? ¿Debería hacer un...Maki POV? ¿O mejor un Nico POV? ¿Qué me decís de un mítico Eli POV? ¿¡O qué tal un Anju POV!? Nah, Los Nozomi Pov son los mejores Pov. ¡Ya sabéis que vuestros reviews, favs, follows y visitas son siempre bienvenidoooos!
