Disclaimer: los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a JK Rowling y Warner Brothers–––– excepto Marian Nowak, Arya Foley, Elisa Varilly, Sara Blackburn, Alphard Carter, Anthony DuBois, Nick (Stokes) Avalon, Natasha Foley, Pam Waterston, Gary Morwood, Jessica Nylon, Hilary Swanne, David Claxton, Clarice Hill, Michael Nowak, Kyle Foley, Joanne Foley, Elanor Lupin, Lisandro Bartoli, Lawrence Steward, Irene Becker, Web Sampieri, Jeremy D'Alessio, Henry Coon, Karl Bridger, Miranda Williamson, the Merlin Rock's Peregrins, los alumnos de Remus del Instituto Educativo para Seres Mágicos y los alumnos de la Academia de Aurores.
Hola a todos!!!
Al fin tengo vacaciones y pude dedicarme a acabar este capítulo, que ya llevaba bastante adelantado. Espero que no anden demasiado ocupados leyendo HP and the deathly hallows, aunque yo ya lo he leído, y me ha gustado mucho!!! A pesar de las muertes.
Pero no se preocupen, esta historia sigue estando ubicada entre el quinto y sexto libro de Harry y no daré ningún spolier del sétimo libro. Nada importante de libro se revelará en este fic, así que pueden leer con calma.
El cap está algo largo, pero es que tenía que cerrar todo lo que se cierra en este cap. Espero que les guste!!!
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XIII
Cuando Remus se disponía a contarle a Harry sobre la carta que habían recibido se escuchó un fuerte estruendo en la sala de la chimenea.
-¿Remus¿Harry¿Están ahí?
Remus sonrió abiertamente.
-Nymphadora – le dijo a Harry antes de alzar la voz y levantarse- ¡Estamos aquí, Tonks!
Harry siguió a su profesor hacia la chimenea, donde los esperaba una sonriente Tonks con los cabellos largos color naranja ese día, rodeada por cuatro grandes maletas, probablemente las causantes del estruendo que habían escuchado.
-¿Qué tal chicos? – saludó al verlos entrar – Remus, creo que deberías deshollinar tu chimenea, mira lo lamentable que te he puesto la sala.
La chica miró consternada el hollín que cubría la alfombra a sus pies.
-No te preocupes – le dijo Remus sonriéndole. No la veía desde hacia días. Aunque a veces pensaba que era mejor verla poco, cuando la veía no podía evitar alegrarse. Señaló las maletas -¿se puede saber que es todo eso?
-Mis cosas – dijo Tonks encogiéndose de hombros – Dumbledore dijo que no sabía cuanto tiempo pasaríamos aquí, y que viniera preparada. Soy obediente.
Remus la miró con escepticismo.
-No estoy tan segura de ese último punto. ¿Vas a quedarte a dormir entonces?
-Sí – la chica lo miró sorprendida, creía que eso se daba por hecho - ¿o hay algún problema?
-No, para nada – dijo Remus agachándose para alzar dos maletas – Creo que tendré que darte la habitación de mi madre. Espero que no te moleste lo empolvada que está.
-Yo puedo dormir en cualquier lado – declaró la chica con tranquilidad. Luego se giró hacia Harry - ¿Y tú cómo estas? He querido escribirte, pero ya sabes, Dumbledore nos pide que seamos prudentes.
Harry trató de sonreírle, pero la pregunta lo había devuelto al presente. Durante el día y medio que llevaba con Remus había vivido en el pasado, un pasado que a pesar de Voldemort y la guerra estaba lleno de las personas que quería, y con quien le habría gustado tener más tiempo. ¿Cómo estaba?
-Estoy bien – mintió encogiéndose de hombros con el mismo aire despreocupado de la chica. Tomó otra de las maletas al ver que Remus ya tenía dos con él y se dirigía a las escaleras.
-¿Ah sí? –Tonks alzó la varita y apuntó la maleta que quedaba para hacerla levitar mientras sonreía al ver a los dos hombres alzar las maletas más pesadas y dejarle a ella la más liviana. – Bueno, dicen que Remus es un gran anfitrión. Me alegra poder probarlo por mí misma.
Remus se adelantó a subir las escaleras sin responder. Ante el último comentario había perdido la sonrisa. No estaba seguro de qué sucedía, pero últimamente siempre que estaba con Nymphadora ella le daba esa sensación de… De estar muy satisfecha de estar junto a él. ¿Por qué Dumbledore la había enviado precisamente a ella?
La chica lo siguió caminando junto a Harry.
-¿Y se puede saber qué es lo que están haciendo aquí tan encerrados?
-Remus me está contando sobre mis padres – respondió Harry al ver que su ex profesor no se giraba a responder – y sobre todo lo de su época.
Tonks lo miró sorprendido y luego a Remus.
-¡Creí que no te gustaba hablar de esa época! – dijo en tono casi acusador.
El licántropo gruñó.
-No, no es mi tema favorito Tonks. Pero Harry merece saber. –tragó grueso antes de decir algo que había estado pensando desde que Dumbledore le encomendó esa misión. – A Sirius le habría gustado contárselo él.
Harry se detuvo casi al mismo tiempo que Tonks se tropezaba con una grada.
-Oh. – la chica prefirió no hacer ningún comentario – Y dime Harry¿de qué te ha hablado?
-De la ACLS – respondió el chico distraídamente. No podía alejar de su mente la imagen de estar en la biblioteca de Grimmuald Place sentado en un sillón con Sirius en el otro contándole sobre Marian, su época de colegio, sus padres…
-¡De Marian Nowak! – Tonks sonrió con admiración – ¡Una de mis héroes! Bueno, todavía pienso que ella…
-Tonks. – Remus se giró y la miró a los ojos deteniéndola – Estoy contándole la historia en orden. Te agradecería que no le adelantes nada.
-Oh, de acuerdo… - dijo Tonks mientras se acomodaba un mechón rebelde de cabello que se metía entre sus ojos – Lo siento Harry, ya te hablaré sobre ella cuando Remus acabe su historia.
Entraron en la habitación al final del pasillo del segundo piso. Unas pesadas cortinas evitaban la entrada de la luz, y con un movimiento de varita de Remus se corrieron lentamente, para iluminar una estancia claramente abandonada. Un espejo polvoriento les devolvía su reflejo desde el fondo de la habitación, y una cama matrimonial se dejaba entrever entre los doseles de seda cerrados.
-Podemos limpiar un poco – sugirió Remus, cuyo rostro se había tornado impasible al entrar en la habitación – Hace mucho no entro aquí.
-Oh, no te preocupes, me las apañaré– dijo Tonks dejando su maleta en el suelo – Es una habitación preciosa.
Empezó a mirarse en el espejo y tras cerrar los ojos un momento su cabello se acortó considerablemente. Adiós mechón molesto.
-¿Y por dónde van recordando?
-Remus me iba a hablar de la formación de la Orden – contestó Harry tras dejar la maleta de la chica. En ese momento estaba viendo las fotos que había sobre una repisa. En un portarretrato fino y dorado estaba una estaba una pareja sonriente que jugaba con un pequeño bebé de ojos dorados. En otra estaba el mismo niño pero más grande, sentado en los hombros de su padre y en otra, estaba un Remus adolescente abrazando a quien supuso Harry sería su madre.
-¡Oh, yo estuve ahí! – declaró Tonks con orgullo – Claro, no lo recuerdo, pero mi madre me ha hablado de ello.
Remus la miró. ¿Entendería la chica lo de no adelantarse en la historia?
-Bueno Tonks, te dejamos para que te acomodes. Harry y yo deberíamos seguir…
-Claro – dijo la chica abriendo la primera de sus maletas – Revisaré la seguridad del perímetro de la casa y estaré lista. Y… ¿puedo reunirme con ustedes? Me encantaría oír la historia.
Remus suspiró.
-Conoces la historia. Andrómeda te la contó muchas veces.
-Pero tú nunca me has contado nada.
Remus y Tonks sostuvieron la mirada un momento. Finalmente Remus suspiró.
-La historia es para Harry. Si él no tiene problema y sigues la regla de no adelantarte…
Harry miró a los adultos que parecían esperar su respuesta. Si Tonks estaba con ellos tal vez Remus no contaría todo, pero… también parecía que la chica sabía mucho. Y él sabía lo feo que era ser excluido.
-No hay problema.
Tonks sonrió abiertamente al chico y Remus suspiró.
-Estaremos en la cocina, Tonks.
Los hombres bajaron dejando a la chica en el dormitorio. Tonks se acercó a ver las fotos que Harry había estado contemplando y tomó en la que estaba Remus adolescente con su madre. Acarició la superficie de la foto y sonrió.
Tenía que agradecer a Dumbledore esa oportunidad.
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Capítulo XIII
La fiesta de cumpleaños de Dumbledore
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"Señorita Arya Foley,
Por la presente está cordialmente invitada a la celebración del cumpleaños del ilustre director de Hogwarts, el señor Albus Dumbledore, a realizarse el día de mañana en el castillo del colegio a las 8 p.m.
La esperamos.
Fiesta privada, no llegar sin invitación ni con acompañantes. Se acondicionarán las habitaciones del colegio para aquellos invitados que prefieran regresar a sus hogares hasta la mañana siguiente…O quienes no estén en condiciones de regresar ese día."
-Vaya, vaya, vaya… - Kyle Foley sonrió al tomar la invitación sobre el escritorio de su hija – Ya veo lo bien que te han posicionado las entrevistas con Marian Nowak. A mí nunca me invitaron a un evento privado de Albus Dumbledore.
Arya sonrió a su padre mientras buscaba en la pequeña biblioteca que tenía en su cubículo sus documentos sobre ataques de mortífagos, pues el Europe Enchanted había solicitado a Kyle Foley un reportaje sobre el incremento de violencia en los ataques mortífagos.
-Remus y yo iremos esta noche y nos quedaremos en el colegio – declaró la chica con orgullo.
-¿Remus? – Kyle Foley arqueó una ceja – Creí que no se podía llevar acompañantes.
Arya frunció el ceño.
-Remus fue invitado personalmente, papá.
Kyle dejó la invitación sobre el escritorio con expresión escéptica.
-Dumbledore siempre ha sido un excéntrico.
Arya suspiró y le dio a su padre la carpeta que había estado buscando. No quería discutir, además de que le había puesto algo nerviosa verlo tomar el sobre en el escritorio.
Era el mismo sobre que había recibido el día anterior en casa de Remus. Ella sabía que el texto de la carta era otro, citándola a la primera reunión del grupo que Marian le había dicho que formarían para pelear contra Voldemort. Sin embargo, la carta estaba hechizada para que cualquier persona que la viera que no fuera parte del grupo secreto viera tan solo una invitación a la fiesta de cumpleaños del director de Hogwarts.
-Arya preciosa, Stew dice que ya que vas a irte temprano le… ¡Oh! Disculpe señor Foley, no sabía que estaba aquí.
Nick Avalon acababa de entrar en la oficina de Arya llevando unos documentos consigo. Sonrió al ver a Kyle y le tendió la mano de manera afable. Arya agradeció la intervención de Nick, pues veía venir otra discusión con su padre.
-Nick Avalon. – dijo Kyle sonriendo mientras lo saludaba – Me alegra ver que sigues trabajando con mi hija. Espero que la sigas cuidando.
-Oh, somos un dúo inseparable, y siempre estoy pendiente de ella, no lo dude – dijo Nick sonriéndole a Arya. La chica sonrió también.
-La verdad es que nos entendemos muy bien. Tú siempre dijiste que un periodista no era nadie sin un buen equipo a su lado, y Nick es mi equipo – dijo Arya con orgullo. Realmente trabajaban muy bien juntos, y las fotografías de su amigo eran de alta calidad.
-He visto tu trabajo. – dijo Kyle asintiendo – Es muy bueno. De hecho, ahora que tengo que hacer este artículo sobre ataques de mortífagos para el Europe Enchanted, me preguntaba si habría posibilidad de utilizar tus fotografías.
-¡Sería un honor! – dijo Nick con sinceridad – Pero los derechos son del periódico, no sé si…
-No creo que haya problema – intervino Arya – Steward dijo que podía darle mis documentos a papá siempre y cuando el Europe haga constar la fuente.
-Por supuesto – dijo Nick sonriendo– Olvidaba que usted y el jefe son amigos, y si se va a dar el material para un trabajo de calidad como el suyo, no creo que Steward ponga trabas. Podemos ver esas fotos cuando quiera. Ahora mismo estoy libre.
Kyle revisó la carpeta que su hija le había dado y asintió.
-Me viene bien ahora mismo. ¿Te parece si tomamos un café mientras las vemos?
-¡Perfecto! – Nick se volvió hacia Arya – Stew quiere que le dejes un adelanto de tu próximo artículo antes de irte, ya que vas a irte temprano. Sino te diría que vinieras con nosotros… Podríamos contarle muchas anécdotas a tu padre de cuando tomamos cada foto.
Arya suspiró.
-Trabajo es trabajo.
Kyle frunció el ceño.
-Nada de eso, ven con nosotros cariño. Ya hablaré yo con el viejo Lawrence. Ya podrás hacer eso luego.
Arya dudó un momento pero luego asintió. Últimamente discutía tanto con su padre que le pareció bien aprovechar un rato de tranquilidad. Tomó su cartera y salió de la oficina con él y Nick.
¡Si tan solo su padre si llevara tan bien con Remus como con Nick!
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-¿Lo tienes todo?
Marian acababa de asomarse por la puerta de la oficina de Sirius en la ACLS. El chico estaba terminando de cerrar su maletín, y ella traía el suyo, el cual puso en el suelo al entrar.
-Eso creo. ¿Vas lo suficientemente preparada?
-Saliendo contigo nunca se va lo suficientemente preparada – respondió Marian – Elisa ya está lista. Voy a hablar con Waterston y nos vamos.
-De acuerdo – respondió Sirius sonriendo. Cuando Marian salió, el chico abrió su billetera y revisó la copia de la reservación que había realizado a primera hora vía red flu en el Hotel Veela's SummerDream. Sonrió pensando en sus planes para la noche cuando llamaron suavemente a su puerta, aunque estaba abierta. Levantó la vista y sonrió.
-¡Sara Blackburn¿Qué te trae por aquí? Anda, pasa, no te quedes ahí en la puerta.
La chica entró sonriente.
-Vengo a darte una buena noticia y a darte las gracias. Sin ti no habría sido posible.
Sirius arqueó una ceja.
-Sí, el mundo no sería igual sin mí, pero ¿a qué te refieres en particular? – preguntó con curiosidad y con una sonrisa de orgullo que Marian habría calificado de la más clásica arrogancia Black.
-¡DuBois me contrató! – exclamó la chica sonriendo ampliamente – ¡Dijo que creía que sería una excelente asistente, y que había mucho por hacer! Empiezo hoy mismo.
-¡Felicidades! – Sirius la abrazó sonriendo – Ya sabía yo que DuBois aprovecharía la oportunidad. ¿Le dio trabajo a Peter también?
-No lo sé – respondió la chica – Dijo que tenía previsto solo tener una asistente, pero siendo amigo tuyo y con el trabajo que la ACLS le está dando, podría considerar tener dos.
Sirius se separó de ella.
-Tendré que hablar con él, sería genial que los dos empezaran a trabajar de una vez.
Sara asintió.
-Sí¡sería genial! – se notaba que estaba muy alegre – DuBois me dijo que empezara viniendo acá, que había un proyecto en el que ustedes le habían pedido que participara, y que si yo entraba a la asociación podría trabajar en ello.
-¡Ah sí! – exclamó Sirius yendo hacia su escritorio y empezando a buscar entre los muchos papeles desordenados que tenía sobre él – Es para la parte de información a la población, que queríamos talleres o informativos sobre las medidas legales que deben seguir para denunciar a alguien por magia negra, sospechas de que se encuentre vinculado con el movimiento oscuro o para buscar ayuda o compensaciones en caso de ataques… Eso tiene que estar por algún lado…
-Está en la oficina de Andrómeda, Sirius.
El chico y Sara se giraron hacia la puerta, donde estaban Marian y Pam. La que había hablado era la primera, quien miraba a Sara sin sonreír.
-Vaya Blackburn, por lo que oigo supongo que vas a trabajar con DuBois. Felicidades.
-Gracias – contestó Sara algo incómoda – En cuanto me digan si estoy dentro de la asociación podré ayudar con ese proyecto del que hablábamos…
-Tu solicitud ya fue respondida – dijo Pam interviniendo por primera vez – Si quieres puedes pasar por ella a…
-Tráesela – le dijo Marian a Pam interrumpiéndola – Mientras, ella y yo tenemos que hablar. Sirius, ya te dije donde está lo que buscas. Ese proyecto lo supervisa Andy. Pero ve a buscar la guía, así tu amiga podrá llevársela de una vez y ponerse de acuerdo con ella luego.
Sirius miró dudoso a ambas mujeres. Luego suspiró. Ese enfrentamiento tenía que darse en algún momento.
-Voy a buscarlo.
Sirius le sonrió alentadoramente a Sara antes de salir. Marian esperó a que se hubieran ido tanto él como Pam para entrar.
-Blackburn, ya que vas a…
-Puedes llamarme Sara – la corrigió la chica con voz firme. Marian sonrió.
-Claro, Sara. Si vas a trabajar en asociación con la ACLS, tenemos que hablar.
-¿Sobre qué? – preguntó Sara con interés, aunque estaba segura de saber por dónde iba la líder de la ACLS.
-De qué tan seguro es que no dejes lo que estés haciendo a la mitad y te largues.
Sara bajó la mirada.
-Marian, tú nunca has entendido. En Francia…
-Claro que entiendo. – la cortó Marian – Le aseguraste a Andrómeda que no habría problema con que se viniera de Francia cuando decidió casarse. Que tú te harías cargo. Y luego dejaste todo botado por cuidar de ti misma.
-¡Tenía que vivir de algo, Marian! – reclamó la chica – No tengo familia, ni herencia, ni nada. Obtuve la beca para estudiar leyes que era lo que siempre había querido, y no podía compaginar…
-Y tenías que elegirte a ti misma… – la cortó Marian con un tono claro de resentimiento – La lucha en Francia era muy fuerte. Allí empezaron los movimientos de Alphard Carter, tenían una voz fuerte que era escuchada en otros lugares. Tras la muerte de Alphard era la ACLS la que tenía que sostener eso. Era entendible que mientras estaban el colegio no era mucho lo que podían hacer, pero una vez fuera… Al dejar caer la ACLS, dejaste caer todo.
-¡Yo no dejé caer la ACLS! – la corrigió Sara empezando a enfadarse – ¡Después del asesinato de Alphard la gente tenía miedo!
-¡Tú tenías miedo! – la corrigió Marian, sus ojos chispeaban - ¿Por qué te conocí hasta este año¿Por qué nunca viniste cuando te citamos Andrómeda y yo para coordinar qué haríamos ambas asociaciones a nivel internacional? Porque no querías venir, porque sabías el compromiso que eso implicaba, y tuviste miedo.
-¡Sí, tenía miedo! – afirmó Sara – ¡Estaba sola, no tengo un tío rico que me deje su dinero, ni soy hija de un millonario a quien puedo recurrir si pierdo todo! La beca me dio la oportunidad de una carrera, un futuro, y…
-¿De qué te sirve una carrera? – la interrumpió Marian, cuyo rostro se había tensado más al oír la insinuación de ella y su padre. Su tono se tornó burlesco – Si el movimiento oscuro crece y vence, no habrá futuro para nadie. Menos para las leyes.
Sara bajó la mirada.
-No todos somos como tú, Marian.
Guardaron silencio unos momentos. Marian caminó un poco más hacia ella.
-Fuiste recibida en la ACLS. Andrómeda dice que te entiende, Sirius también. Y aunque no lo creas, yo también entiendo lo que hiciste. Sólo que me parece cobarde. Si vas a participar en este o en cualquier otro proyecto de la ACLS, tienes que garantizarnos que no lo dejarás a la mitad. No vuelvas a comprometerte para hacer algo que no podrás hacer.
Sara levantó la mirada y vio a Marian directamente a los ojos.
-No lo haré.
-Más te vale.
Las chicas se sostuvieron la mirada. Marian sonrió y levantó la voz.
-Pasa Pam. No te quedes ahí.
La asistente había llegado momentos antes, pero se había quedado fuera al escuchar que estaban discutiendo. No le había parecido sabio intervenir. Entró sonriente, cortando la tensión en el ambiente.
-Aquí la tienes Sara. ¡Bienvenida a la ACLS! Te estaremos notificando de la próxima reunión.
Sara sonrió y recogió el papel que Pam le acercaba, que tenía sujeto con un clip un pequeño carné. Sirius volvió en ese momento, y pareció optar por la misma actitud de Pam, mostrándose totalmente indiferente a la tensión entre su novia y su amiga.
-¡Aquí está! – le tendió un pequeño folleto – Ese es el plan, revísalo con DuBois y pónganse en contacto con Andrómeda.
-Gracias Sirius – dijo la chica tomando esa hoja– Lástima que no me tocara trabajar en un proyecto contigo.
Sirius sonrió.
-Nunca se sabe... – se giró hacia Marian - ¿todo listo?
Marian asintió.
-Sí. Podemos irnos en cuanto llegue Elisa.
-Veo que van a salir – dijo Sara, quien se sentía algo incómoda tras el intercambio de palabras con la líder de la ACLS – Creo que yo mejor me marcho. Sirius, te avisaré que pasa con Peter.
La chica les sonrió a todos, a Marian de manera un poco forzada, y se retiró. Sirius miró a su novia arqueando una ceja interrogante. La chica suspiró.
-Ahora te cuento. – se dirigió hacia Pam – Ya sabes, si alguien pregunta...
-Andan en una cita con Dumbledore por lo del plan de acción que estamos implementando y ustedes se iban a quedar a la cena de cumpleaños del director y luego pasarán una noche romántica en Hosgmeade, aunque eso último no debería decírselo a nadie – recitó Pam sonriente. Marian rodó los ojos.
-Trata de decirlo de forma convincente.
-No te preocupes, lo haré – dijo Pam poniendo una mano en su frente en saludo militar. Sirius se rió. – ¿Y se puede saber qué andarán haciendo exactamente?
-Nada muy distinto de lo que dijiste – dijo Sirius guiñando un ojo. Marian lo miró de reojo y sonrió. Luego se dirigió hacia la rubia.
-No nos defraudes, Waterston.
Pam estaba radiante. Marian estaba confiando en ella de una manera que no habría creído posible días atrás. Momentos después Elisa llegó corriendo, trayendo un caja consigo.
-¿La chica que iba saliendo era Sara Blackburn? Se veía algo afectada.
Sirius miró a su novia, quien se encogió de hombros.
-Hay gente susceptible. ¿Trajiste el traslador?
-Aquí está. –dijo Elisa abriendo la caja - ¿Nos vamos?
Sirius y Marian recogieron sus cosas. Pam les sonrió a los tres.
-¡Buen viaje!
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-¿Hoy es que no vienes a dormir, cariño?
Remus estaba con su madre en la cocina. Elanor se sentía mejor últimamente, y cuando así era le gustaba salir de su cuarto a compartir con su hijo.
-Sí, hoy es la fiesta de cumpleaños de Dumbledore. – declaró Remus con calma – La señora Merrywater dijo que vendría a hacerte compañía en la noche. Me quedaré en Hogwarts con Arya.
Elanor sonrió.
-No es necesario molestar a la señora Merrywater, estaré bien.
-Sabes que no es molestia para ella, te tiene mucho aprecio.
La madre de Remus asintió y volvió sobre el tema que quería tratar.
-¿Así que te quedarás con Arya? Me alegra oír eso.
Remus la miró con curiosidad.
-¿Y eso por qué?
-No sé, últimamente he sentido que hay algo extraño entre ustedes. Tal vez sean solo ideas mías…
Remus suspiró. Él también sentía que algo no estaba del todo bien.
-Nos hemos visto poco. El trabajo de los dos es muy absorbente…
Elanor miró a su hijo fijamente.
-¿Ah sí?
-Sí, es muy difícil compaginar los horarios para vernos, y tenemos poco tiempo, y cuando estamos juntos, siempre estamos hablando de trabajo… - Remus suspiró y agachó la cabeza. Elanor sonrió con comprensión.
-Están pasando por un periodo de ajuste, Remus. El amor y el trabajo son parte esencial de la vida. No son excluyentes entre sí. – Remus levantó la mirada y su madre sonrió un poco más – Tienen que acomodarse, pero tienen que hacerlo juntos.
El chico sonrió un poco. Una extraña calidez acababa de recorrerlo al escuchar las palabras de su madre. Era cierto, era sólo un periodo de ajuste… ¿o no?
-A veces… - antes de que lo pensara, empezó a expresar en voz alta otros pensamientos que habían estado torturándole – A veces siento que queremos cosas distintas. Que… la vida nos lleva por caminos separados.
-Cada quien hace su camino – le contestó Elanor – Y es su decisión si quieren construirlo juntos. A veces los caminos los hacemos juntos un tiempo, y luego queremos ir en direcciones distintas… Pero el camino no nos lleva. Nosotros llevamos el camino.
Remus se quedó en silencio mientras en su mente se repetían las palabras de su madre. Asintió y le sonrió.
-Sí, creo que tienes razón.
-Les hará bien pasar la noche juntos hoy. – dijo su madre con firmeza – Necesitan hablar, y necesitan recordar porqué han elegido estar juntos hasta hoy.
Remus abrazó a su madre.
-Gracias mamá. – se separó de ella y le sonrió – Recordaré todo esto. Ahora me voy… Tengo clase a primera hora con Web.
Elanor le dio un beso en la mejilla a su hijo.
-Mucha suerte hijo.
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La vieja oficina de la ACLS en Hogwarts había caído en el abandono tras la salida de Marian del colegio. Al año siguiente de su partida el grupo de miembros de la ACLS había tratado de seguir, pero ninguno se atrevió a tomar el liderazgo. Las cosas se ponían peligrosas y corrían los rumores de las amenazas que había ya contra la Asociación, aparte de que ninguno olvidaría que James Potter y Sirius Black habían sido secuestrados por lo mismo.
Sin embargo, ese día la oficina se había abierto de nuevo, pues se avecinaba una reunión importante.
-Claro, Elisa se queda ayudando a Dumbledore a acomodar papeles de archivo y nos toca a nosotros acomodar el lugar de la reunión – se quejó Marian mientras terminaba de acomodar las sillas con varios movimientos graciosos de la varita. Sirius estaba terminando de aspirar el polvo con un hechizo limpiador, y se rió ante la queja de su novia.
-Te hubieras traído a Pam para que lo ayudara con eso.
Marian rodó los ojos mientras abría las ventanas para que el lugar se venteara.
-Waterston nos hará el favor de cubrirnos, resulta extraño que nosotros tres y Andrómeda nos ausentemos todos el mismo día.
Sirius sonrió.
-Me gusta ver que le des oportunidades a las personas.
Marian gruñó.
-Si lo dices por lo de hoy con tu amiguita…
-No, no lo decía por ella. Pero ya que la mencionas… - Marian resopló, pero Sirius la ignoró - ¿qué le dijiste a Sara?
-Que si iba a trabajar en proyectos de la ACLS, teníamos que estar seguros de que no los iba a dejar botados a la mitad. – contestó cortante. Como Sirius no le respondió añadió – Prometió que no lo haría.
Fue el turno de Sirius de suspirar.
-Pudo ser peor. ¿Cómo reaccionó?
-Como víctima – contestó Marian con desagrado – Con todo aquello de que no la entiendo, y que tenía que hacerlo, etc.
A pesar de la respuesta de su novia, Sirius notó que parecía que algo más le molestaba.
-¿Sólo eso?
Marian suspiró.
-Dijo que ella no tenía un padre millonario al que recurrir si las cosas salían mal. – guardó silencio un momento y luego añadió despectivamente, con una corta risa entre burlona y amarga – Como si yo fuera a recurrir a mi padre para algo… O si pudiera hacerlo…
-Marian… - Sirius se acercó a ella y la tomó de una mano. Sabía que en el fondo ese comentario debía de haberle dolido – Vamos, olvida eso. Esperemos a ver como trabaja Sara antes de juzgarla. Y no hagas caso a lo que te diga nadie sobre tu padre. Nadie conoce la situación. Yo sé que aunque no lo tuvieras y vivieras bajo la amenaza de terminar durmiendo en una alcantarilla con tal de seguir en la lucha no dejarías de pelear. Has sabido vivir sin él, y aunque tal vez a veces te gustaría contar con él, no lo necesitas.
Marian sonrió levemente. Eso era cierto. Sirius la jaló hacia él, y la abrazó de lado por la cintura, dándole un beso en la mejilla cariñosamente.
-Olvídate de Sara. Cuando dije que me gustaba que le dieras oportunidades a la gente, me refería a mí. Este lugar me recuerda muchas noches de insistencia…
Marian sonrió y se recostó en el pecho de su novio.
-Tuviste que esforzarte para obtener tu oportunidad.
Sirius rió.
-Sí, lo sé. Este lugar me lo recuerda en especial. Es una lástima ver como está de… abandonado.
Marian suspiró. No le gustaba nada ver su oficina así.
-Tal vez deberíamos tratar de organizar esto de nuevo. Buscar chicos que sí quieran luchar, no es posible que no haya, sólo les debe faltar un poco de motivación.
Sirius la besó en el cuello suavemente.
-Si tú vienes a hacerlo fijo te seguirán.
-¿Crees que lo harían?
-Cualquier hombre tendría que estar loco para no seguirte a donde sea.
Marian sonrió, pero siguió concentrada en su idea. Se soltó un poco de su abrazo y se giró a verlo de frente.
–¡Tal vez podríamos incluirlo dentro del nuevo plan! No tendría problema en venir de vez en cuando y…
Sirius la besó interrumpiéndola. La tomó de nuevo por la cintura y profundizó un beso al que ella respondió sorprendida pero complacida. Cuando se separó de ella, lo miró interrogante.
-¿Te apasiona la idea, ah? – preguntó en tono de broma. Sirius la miró profundamente a los ojos.
-Tienes una pasión arrolladora por todo lo que haces… Es contagiosa. – sonrió, y mientras la sostenía con un brazo por la cintura le acarició la cara suavemente– Hemos trabajado mucho estos días. Te mereces un premio: démonos un descanso hoy, después de la reunión. Canalicemos esa pasión en… otra dirección.
Marian arqueó una ceja interesada.
-Te recuerdo que Dumbledore nos había ofrecido alojarnos aquí.
Sirius sonrió y le restó importancia con un gesto.
-No creo que al director le moleste que nos ausentemos de su fiesta de pijamas temprano. Ya tendrá bastante compañía – la besó de nuevo. Cuando se separó de ella le habló al oído mientras seguía jugando con su cabello -Tú, yo, champán, chocolate, una suite para los dos, lejos del trabajo, guerra, ministerio… Sólo tú y yo… Esa es mi propuesta.
Marian sonrió. Se separó un poco de él para verlo a los ojos. Ladeó la cabeza y sonrió pícara.
-Creo que tienes razón. Los dos nos merecemos ese descanso.
Sirius sonrió también y contestó categóricamente.
-Oh sí, nos lo merecemos.
Marian río y lo besó de nuevo. Tener a Sirius a su lado hacía todo más fácil. Nunca se arrepentiría de haberle dado esa oportunidad.
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Todos los ex alumnos de Hogwarts sabían que habían dejado un poco de sí dentro de las encantadas paredes del castillo, y era curioso encontrarlo de nuevo ahora que volvían tanto tiempo después. James y Lily llegaron al castillo por medio de la vía especial de la Red Flu que Dumbledore había solicitado para la ocasión. Habían pedido permiso temprano en el trabajo para poder irse, por lo que fue una gran sorpresa para ellos encontrarse en el mismo salón de la chimenea por la cual aparecían a Frank y Alice Longbottom.
-¡Alice! – exclamó Lily sorprendida - ¿qué hacen aquí… ustedes… quién…?
-Moody – contestó Alice sonriendo mientras su esposo saludaba a James – Es amigo de Dumbledore¿recuerdan? Él le habló del grupo y Moody recomendó a su escuadrón original completo. ¿Ustedes cómo llegaron acá?
-Marian – contestó Lily como si fuera obvio – Por medio de la ACLS.
-Oh, el grupo de la ACLS está ya en el salón de la reunión. – dijo Frank – Este chico, el pintor, los ha estado llamando.
-Sirius – dijo James sonriendo por la referencia de su amigo – Es mi mejor amigo Frank. ¿Dónde nos reuniremos?
-En la antigua sala de reuniones de la ACLS, según me dijo Elisa – dijo una voz de alguien que acababa de llegar.
-¡Kingsley! – exclamó Frank – Esto es genial, está todo el escuadrón. No tendremos que disimular entre nosotros.
-Hola Kingsley – lo saludó Alice a su vez – Te ves muy bien, te arreglaste mucho para la ocasión.
-Oh, es que hoy vamos a ver a Euridíce... – dijo James bromeando, aunque Lily le dio un codazo en las costillas. James rió y añadió – Vamos al salón Kings, dicen ellos que allá están los que han llegado de la ACLS.
Todos fueron entrando al salón. Sirius, James y Remus se saludaron con efusividad, mientras Marian y Elisa saludaban a Lily y esta les presentaba a Alice y Frank. Kingsley saludó después a los chicos y le dio un beso en la mejilla tanto a Marian como a Elisa, aunque se quedó al lado de la última.
-Dumbledore es un genio. – estaba comentando Elisa mientras se llenaba el salón – Su cena de cumpleaños es un secreto a voces. De todas las personas que lleguen hoy a Hogwarts se creerá que es para la cena. Pero como se supone que nadie sabe…
-Los secretos en Hogwarts son a voces – declaró Sirius – No hay mejor manera de hacer que una historia se corra y se crea que hacerla un secreto.
-¿Cómo todas las chicas con las que saliste en secreto durante el colegio? – preguntó Marian en tono juguetón. Sirius sonrió.
-No salía con ellas en secreto. Sólo eran salidas tan cortas que no había tiempo de hacerlas públicas.
Elisa se rió ante el descaro del merodeador.
-¡Es bueno volver a Hogwarts! – dijo la chica – ¡Estos lugares traen buenos recuerdos!
Kingsley la miró al hacer el comentario y Elisa le sonrió. En ese momento llegaron Ted y Andrómeda Tonks, el primero mantenía a la pequeña Nymphadora alzada y esta trataba de bajarse por todos los medios.
-No creo que este sea el mejor lugar para una niña – comentó Sirius al verlos llegar.
-Consíguenos una niñera y asunto resuelto – dijo Andrómeda mientras veía como su hija lograba vencer a su padre y salía corriendo por el salón – Por Merlín Ted¿no la puedes sostener…?
Antes de que ninguno de los Tonks siguiera a su hija vieron como esta se detenía al chocar con el mago que acababa de entrar por la puerta. La niña cayó sentada y miró hacia arriba, encontrándose con el rostro de Albus Dumbledore, quien la miraba sonriente.
-Tú debes ser la pequeña Tonks¿no?
La niña abrió mucho los ojos y levantándose rápidamente salió corriendo y trastabillando en dirección a sus padres, abrazándose a la falda de su madre.
-¡Es muy grande mamá¡Con muchos pelos en la cara¡Y me habló!
Todos se rieron ante el tono apurado de la niña, mientras Andrómeda trataba de calmarla. Dumbledore sonrió.
-Pobre niña¿cómo no iba a asustarse al ver a un viejo como yo?
Las risas continuaron, pero a una señal de Dumbledore todos tomaron asiento y se dispusieron para la reunión. Lily se giró para ver quienes estaban presentes. Habían unas veinte personas en el salón, entre ellas algunas conocidas, como Hagrid, el guardabosques del colegio, quien no pasaba desapercibido, y Aberforth Dumbledore, a quien James le había presentado en alguna ocasión.
-Muchas gracias a todos por venir a mi peculiar fiesta de cumpleaños. Les prometo que si tienen tiempo cada uno tendrá su trozo de pastel al final de la reunión – la mayoría rió ante las palabras del director de Hogwarts, quien se había puesto al frente de las personas que se habían congregado en el lugar – Esta será una celebración un poco peculiar, como ya ustedes saben.
Se escucharon murmullos emocionados, que Dumbledore apaciguó con un movimiento de la mano.
-Todos los que estamos aquí sabemos a qué vinimos. Todos fueron elegidos con mucho cuidado, y fueron escogidos como personas en las que sabíamos que podíamos confiar. Si alguno quiere retirarse, este es el momento.
-¿Por qué querríamos retirarnos? – preguntó Ted Tonks - ¡Queremos pelear!
-Porque ahora seríamos un grupo ilegal – contestó la voz mordaz de Marian Nowak. – Gracias a la astucia del Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, tenemos prohibido organizarnos para defender nuestra vida.
Moody rió al escuchar el comentario de Marian. Habían coincidido en pocas ocasiones, pero admiraba a la joven dirigente de la ACLS.
-Este es el momento para retirarse. – continuó Dumbledore – Este grupo será un grupo de lucha que se enfrentará a situaciones difíciles, la prohibición del Ministerio no miente al decir que estas organizaciones ponen en peligro la vida de sus integrantes. Los mortífagos y su líder saben lo que hacen. Habrá bajas, no podemos prometer que no haya muertos: habrá que luchar en algún momento.
Nadie se levantó ni hizo ningún comentario. Todos sabían para lo que estaban ahí. Dumbledore asintió.
-Muy bien, entonces… El grupo está hecho para pelear contra Voldemort. Nos enfocaremos en tratar de seguir sus movimientos, anticiparlos, enfrentarlo y salvar la mayor cantidad de vidas que nos sea posible. Los aurores están rebasados de trabajo respondiendo a las situaciones que se dan como para poder anticipar¿cierto Moody?
-Así es – respondió el hombre al tiempo que su escuadrón asentía al completo, incluyendo a Lily y James.
-Así que esa será nuestro principal objetivo. – continuó Dumbledore – Ahora, como Marian señaló, somos una asociación ilegal. Por lo tanto, debemos acordar como reunirnos sin ser descubiertos. No puedo cumplir años para cada reunión.
-Tenemos un plan. – intervino Marian mientras algunos reían por el comentario del director – Estoy dispuesta a ofrecer la ACLS para cubrir las reuniones.
Los presentes que pertenecían a la ACLS se miraron entre sí sorprendidos, excepto por Sirius, Elisa y Andrómeda, quienes lo habían discutido con anterioridad.
-¿Sin la aprobación de los miembros de la ACLS? – dijo Arya expresando el pensamiento de sus compañeros – Esto pondría en peligro la Asociación.
-Lo sé – dijo Marian – Pero no podemos acercarnos y preguntarles si aprueban que la ACLS cubra una asociación de lucha ilegal si queremos mantenernos en secreto. Si los presentes de la ACLS lo aceptan, será suficiente.
-¿Cómo lo haríamos? – preguntó Alice – Algunos no estamos siquiera afiliados a la Asociación.
-Empezaríamos por ahí – dijo Marian con voz segura – Todos los miembros de este grupo deberán inscribirse. La ACLS se encuentra formando grupos para realizar toda su campaña de educación y prevención de la población mágica, de manera que inscribiré todos los nombres de los presentes en un solo grupo y diremos que el cupo está lleno. Entrará en el calendario de reuniones de la ACLS, por lo que tendremos lugar para reunirnos y justificación.
-¿Pero no sería sospechoso que tantas personas nos uniéramos de repente? – preguntó Fabian Preweett – Digo, somos un número considerable.
-Acabo de ofrecer una entrevista a Arya – explicó Marian – Ya después de la entrevista anterior recibimos muchas solicitudes de afiliación. Además, quienes manejan el proceso de inscripción son personas de total confianza.
-Creí que Pam estaba en ese proceso – comentó Arya dudosa.
Marian asintió.
-Lo está. ¿Alguna objeción al plan? Por supuesto que estaría feliz de que se ofreciera alguno mejor. Arya tiene razón: esto pondrá en peligro la ACLS.
Se debatieron algunas opciones, pero finalmente se acordó que al final de la reunión todos los presentes llenarían una formula de inscripción a la ACLS. Posteriormente se discutieron medios de comunicación entre ellos y antes de que Dumbledore propusiera en qué aspecto empezaría a trabajar el nuevo grupo, Sirius levantó la mano.
-¿Sí, Sirius? – preguntó el director con interés. El chico se levantó de su asiento.
-Creo que necesitamos un nombre.
-¡Oh, por supuesto! – dijo Dumbledore sonriendo – ¿Tienes alguna propuesta?
Sirius asintió. Se llevó la mano al cuello y sacó una cadena que llevaba en él, de la cual colgaba un dije con un símbolo que simulaba un ave en llamas.
-Cuando mi tío murió, una amiga de la familia me dio este dije. Dijo que había pensado dárselo a mi tío, porque representa la lucha que él llevaba delante. Es el signo original de la Orden del Fénix, de la primer organización que luchó contra la limpieza de la sangre en Europa. Me parece que en cierta forma, estamos formando una Orden del Fénix.
-Es un buen nombre – aceptó Marian de inmediato - ¿Alguna otra propuesta?
Ninguna propuesta se presentó. Dumbledore asintió.
-Si todos están de acuerdo, seremos de ahora en adelante, la Orden del Fénix.
Hubo un murmullo de aprobación general. Marian le sonrió a Sirius y este tomó asiento satisfecho.
-Bien – dijo Dumbledore – Ahora, debemos discutir por dónde empezar a trabajar. Y luego¡a cenar!
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La reunión duró aproximadamente dos horas, y luego de ella pasaron al Gran Comedor, donde tuvieron la cena de celebración de cumpleaños. Después de la cena las personas se dispersaron por el salón en distintos grupos. Marian estaba hablando con aquellos que deberían integrarse a la ACLI, mientras Remus se encontraba con Kingsley y Elisa, ya que Arya había insistido en que tenía que hablar a solas con Sirius y lo había llevado fuera del salón.
James y Lily estaban con Alice y Frank compartiendo recuerdos de Hogwarts, y la pelirroja les contaba sobre cómo James y ella habían empezado a salir. James se disculpó un momento y salió del salón. Le dolía bastante la cabeza por la falta de horas de dormir. Salió y se escondió detrás de una columna junto a una ventana del castillo. Apoyó la frente en el vidrio frío y suspiró.
-¿Cómo has estado, James?
El chico se sobresaltó y miró a su lado rápidamente. No lo había sentido llegar, pero a su lado estaba Albus Dumbledore. Se encogió de hombros.
-Estoy bien – mintió descaradamente. La mirada azul profunda del director se clavó en él, por lo que James bajó la mirada – Bueno, con mucho trabajo… Ya sabe, la academia de aurores, Moody… Marian nos pidió algunas cosas para el programa de educación en seguridad…
Dumbledore asintió.
-Sí, Alastor me ha dicho que los tienen muy ocupados. También hablé con Claxton el otro día.
-¿Ah sí? – James sintió sus músculos tensarse. Dumbledore lo notó pero continuó hablando.
-Sí. Quería saber sobre tu disciplina cuando estuviste en el colegio.
James resopló.
-¿Ustedes se lo cuentan todo, no?
Dumbledore sonrió.
-Tanto Alastor como Claxton creen que serás un gran auror. Sólo les preocupa tu impulsividad, y tus deseos de venganza.
James tomó aire profundo. Había pasado unas horas horribles en la cámara a la que Claxton le había destinado. Antes de contestar, Dumbledore siguió.
-¿Sabes? Recuerdo cuando tu abuelo quería vengar a tu padre.
James miró sorprendido al director. A pesar de que sabía de su amistad con su abuelo, pocas veces lo había oído hablar sobre él.
-Después de que lo encontraron muerto dijo que iría a buscar a Voldemort y lo mataría con sus propias manos, y que no le importaba que lo matara. Vino a decirme eso muy alterado.
-Y usted trató de detenerlo y él lo escuchó – completó James por él. Dumbledore sonrió.
-La paciencia no es tu fuerte James. No, no fue así. Le dije que le deseaba suerte.
James lo miró sorprendido.
-¿Qué pasó?
-Tu abuelo fue a su casa a recoger sus cosas para marchar a buscar venganza, y tú estabas llorando. Tenías unos 10 años, y estabas llorando amargamente, mientras Edna te abrazaba y te decía que ella y tu abuelo estarían siempre contigo. –James cerró los ojos. Creía recordar la escena – William se quedó viéndolos, y entonces, entendió algo. Volvió a mi oficina. Le pregunté por qué. ¿Qué crees que me respondió?
James frunció el ceño.
-Que había cambiado de opinión.
-Así es, pero… ¿por qué?
James desvió la mirada del profesor y miró el lago negro a los pies del castillo.
-Porque iba a quedarse con mi abuela y conmigo – respondió James – Porque… si iba lo matarían y nos dejaría solos.
Dumbledore sonrió.
-Sí, eso fue parte de lo que dijo, pero no todo.
James lo miró interrogante y él continuó.
-William dijo "tú has peleado con Voldemort desde aquí; Alastor desde el escuadrón de aurores; Alphard desde las campañas contra la limpieza de sangre. Yo siempre he peleado criando una familia de grandes hombres que le hagan frente a sus ideas. Harold está muerto, pero aún está James. Si voy a que Voldemort me mate, Voldemort gana. La mejor venganza contra él en este momento, es seguir viviendo a pesar de él. Ya le llegará su día, y pagará por todo lo que hizo, pero mientras tanto, me vengaré disfrutando lo que no me ha quitado: mi esposa y mi nieto".
James desvió la mirada hacia el lago al sentir los ojos llenos de lágrimas. Dumbledore no dijo nada más pero se quedó a su lado, hasta que James habló, sin volverlo a ver.
-Desde que empecé a practicar en la cámara que me dejó Claxton, veo cómo por algún error mío Lily muere. Lo veo en la cámara, lo veo en sueños, incluso a veces cuando estoy distraído… No quiero que eso pase. Pero me cuesta controlarme. Ese… ser, ha hecho tanto daño…
-Tal vez llegue el día en que le hagas frente James – respondió Dumbledore – Pero tienes que estar listo para ese día. Tienes que seguir la reglas, dejarte preparar para ello. Recuerda lo que dijo William: Si él te mata, gana. La mejor venganza es seguir viviendo a pesar de él.
-No sé si logre controlar mi genio –dijo James expresando su mayor preocupación esos días. Había entendido que debía controlarse, pero no sabía si lo lograría.
-Si realmente quieres hacerlo, lo harás – dijo Dumbledore con seguridad – ¿Sabes? No eres el primero que usa esa cámara. Y ha tenido grandes resultados en otros.
James lo miró curioso.
-¿En serio?
Dumbledore sonrió y se acercó a él de manera cómplice.
-Me hubiera gustado que conocieras a Claxton cuando era alumno de Alastor.
El director le guiñó un ojo a James y se alejó de él, dejando al chico con una sensación de alivio en el alma.
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-Vamos a ver preciosa¿qué pasa? Hace siglos que no me arrastrabas a un aula vacía, y no creo que lo hagas por los mismos motivos que entonces. Al menos espero que no, o Moony me mataría.
Arya rió un poco.
-Eres un tonto, Sirius. Eso fue hace siglos...
Sirius sonrió.
-Recuerdos de Hogwarts. Dime¿qué pasa?
Arya tomó aire. Metió su mano en el bolsillo de su pantalón y cerró el puño alrededor de la pieza de metal que corroía sus pensamientos.
-¿Recuerdas el ataque a Kent unos días atrás? – Sirius asintió y Arya continuó – Me tocó hacer un reportaje al respecto. Mientras lo hacía, llegó a mi poder una cosa que según me dijo la persona que me la dio, pertenece a un mortífago o a una mortífaga.
Sirius la miró con interés. ¿Qué tenía eso que ver con él?
-¿Qué cosa?
Arya sacó el puño de su bolsa, lo puso frente a Sirius y abrió la mano extendiendo la palma hacia arriba.
Ahí estaba el pedazo de escudo.
-Estoy un 99 segura de que es el escudo de los Black. Necesito tu confirmación.
Sirius miró la pieza fijamente, sin reaccionar. Solamente su piel palideció un poco, pero su rostro se volvió inalterable.
-¿Quién te la dio? – preguntó por fin, sin responder a la interrogante mirada de su amiga.
-Un niño pequeño. Se escondió mientras su hermano peleaba con el encapuchado que entró a su habitación. Parece que su hermano iba ganando el duelo, y esto cayó donde se escondía el niño. Parece una pieza de una joya. Si no me equivoco, los Black como familia sangre limpia de larga tradición tiene al menos un anillo familiar…
Sirius respiró profundo y miró a su amiga a los ojos.
-¿Para qué quieres mi confirmación? Debes dárselo a los aurores.
Arya negó.
-Rechazaron la historia del niño. Dijeron que fantaseaba.
-Probablemente porque no habían visto la pieza. – dijo Sirius mirando de nuevo el trozo de metal. Arya pudo notar amargura en su voz – Definitivamente es el escudo de los Black. Es el sello del anillo familiar.
Arya sonrió feliz ante la confirmación.
-¡Lo sabía! Esto servirá para empezar la investigación sobre familias mágicas sangre limpias involucradas. Dime¿quién tenía el anillo?
Sirius tomó la pieza lentamente, ignorando la felicidad de su amiga. La miró de cerca al tiempo que se volteaba. Arya no lo vio suspirar profundamente ni cerrar los ojos con frustración.
-El anillo le correspondía al primogénito. Lo dejé en casa cuando escapé – declaró Sirius en voz baja, algo enronquecida. Parecía no querer hablar de ello. – Cuando me fui… Se lo deben haber dado al orgullo mayor de la familia.
Arya lo miraba expectante. Sirius suspiró y se giró a mirarla de nuevo.
-Esto no te dice nada para tu investigación, Arya – extendió la mano para acercarle la pieza metálica – Todos saben que Bellatrix es mortífaga desde hace años. Su orden de captura fue de las primeras.
Arya tomó la pieza dejando de sonreír.
-¿Es de Bellatrix?
Sirius asintió. Arya notó que trataba de ocultar la amargura, pero no le fue del todo posible.
-Ella es el orgullo de mi familia. –exclamó casi en un susurro. Luego la miró a los ojos y la tomó de los hombros – Arya, tienes que tener cuidado.
-Sirius, yo siempre…
-No Arya. En serio. Bellatrix podría querer recuperar esto. Si logra recordar dónde lo perdió ese niño está en peligro. Y si a él le extrae a quien se lo dio, tú lo estás también. Guarda silencio. Tal vez en unos meses puedas usarlo. Antes no lo hagas.
Arya lo miró extrañado por su vehemencia.
-Pero Sirius, no sería prueba para los aurores, nada más ilustraría…
El chico la interrumpió.
-Prométeme que manejarás esa pieza con mucho cuidado. Que no le revelarás a nadie que la tienes aún.
-Tengo que seguir investigando – rebatió Arya. Sirius asintió.
-Sí, pero no tienes que hablar del anillo de los Black para eso. Prométemelo. Al menos darás seis meses de tiempo¿de acuerdo?
-Sirius…
-Promételo.
Se miraron a los ojos por unos momentos. Finalmente Arya cedió.
-De acuerdo… No le temo a tu prima Sirius, pero si crees que es lo mejor no sólo para mí sino para el niño…
-Lo creo. – Sirius la sostenía tan firme que Arya no pudo evitar preguntarse porqué significaba tanto para él. – Promételo.
Arya suspiró.
-Lo prometo. Pero seguiré investigando. Y debes darme una entrevista sobre los Black.
Sirius suspiró aliviado.
-Lo que quieras. Sólo guarda muy bien esa pieza un buen tiempo. Que nadie sepa que la tienes.
Arya asintió y Sirius la soltó de los hombros. Suspiró y se dirigió a la puerta del aula.
-Los Black somos gente de cuidado, Arya. No lo olvides.
-No lo haré.
Sirius salió del aula y Arya miró la pieza de metal con detenimiento. ¿Por qué le había alterado tanto una pequeña pieza de metal¿Y desde cuándo Sirius hablaba de nuevo sobre los Black de "nosotros"?
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Albus Dumbledore tenía años de no divertirse tanto en un cumpleaños. La fiesta se había prolongado hasta tarde, muchos pensaban quedarse a pasar la noche en Hogwarts.
James y Lily inicialmente habían pensado en volver, pero Hogwarts parecía poner de buen humor a James, y tras haberlo visto tan alicaído esos días, su esposa insistió en que se quedaran. Remus y Arya se quedarían también, pero Sirius y Marian se excusaron cerca de medianoche pues, como indicó el moreno rehusándose a dar detalles "tenían otros planes". Los Tonks también se habían despedido pues Nymphadora se negaba a dormir sin su unicornio de peluche y parecía dispuesta a conocer todo Hogwarts esa noche si la obligaban a quedarse. Ni Ted ni Andrómeda tenían ánimo de llevar a la niña por todos los pisos cuidando de que no hiciera desastres…
Elisa había decidido quedarse, lo que implicó que Kingsley le prometiera a Fabian Preweett sustituirlo por una semana en los turnos a cambio de que él lo cubriera esa madrugada para poder quedarse en Hogwarts también. Se había organizado efectivamente lo que Sirius había llamado una "fiesta de pijamas" en el gran comedor. Las mesas habían desaparecido y el grupo de chicos de la ACLS había invocado unos sacos de dormir y pensaban quedarse en el suelo recordando viejos tiempos y divirtiéndose. Las historias de Lily y James, y las narraciones sobre los merodeadores divertían a la mayoría, así como algunas anécdotas protagonizadas por Marian y Sirius.
James había abrazado a Lily, quien se recostaba en su pecho tranquila. El chico aspiró el aroma de sus cabellos pelirrojos y sonrió mientras ella relataba cómo él la había engañado una vez para que lo acompañara a buscar un libro para regalarle a su abuelo cuando en realidad faltaban como 6 meses para su cumpleaños. La amaba, y no podía pensar en lo que sería perderla… Menos aún que fuera por su culpa. Había jurado amarla y respetarla hasta la muerte, pero se juraba ahora que esa muerte no sería por su culpa. Jamás.
La besó en la mejilla y Lily le miró y sonrió, sin saber lo que pasaba por la mente de su esposo. Kingsley y Elisa frente a ellos estaban riendo y empezaban a discutir cuál conquista había sido más difícil, si la de James a Lily o la de Sirius a Marian.
-James a Lily – aseguraba Elisa. Ella sabía que Sirius no había tenido que conquistar a Marian, solo había tenido que hacerla aceptar lo que sentía, aunque no podía revelar semejante información.
Arya miraba divertida la discusión e iba a hacer su aportación cuando Remus se acercó a su oído y susurró suavemente.
-¿Te importa que salgamos un momento? Quiero hablar contigo.
La chica lo miró sorprendida y se levantó para seguirlo fuera del salón tras excusarse brevemente.
-¿Remus, qué…?
El chico le hizo una señal de silencio, la tomó de la mano y empezó a guiarla escaleras arriba. Pronto Arya reconoció el camino. Iban hacia la torre de astronomía: el lugar donde ella lo había aceptado, donde él le había dicho que era un licántropo. Ninguno habló en todo el recorrido. Cuando llegaron a la torre Remus la soltó y se acercó al borde respirando profundo.
Arya se detuvo en el centro de la torre y lo miró extrañada.
-¿Por qué me trajiste aquí, Remus? – tenía que ser algo importante. Ese lugar era muy importante para los dos. Remus se volvió y la vio a los ojos.
-Creo que tenemos que hablar.
Arya suspiró y se acercó a una de las columnas para recostarse.
-Remus, no quiero discutir… Sé que últimamente…
-Últimamente todo parece estar un poco fuera de lugar. – completó Remus interrumpiéndola – Los dos lo hemos sentido, estamos tensos todo el tiempo, nos molestamos fácilmente, a veces es como… si tuviéramos que forzarnos por mantener un clima de fría tregua.
Arya bajó la cabeza. Eso sentía ella exactamente.
-Y sin ninguna razón. – agregó la chica – Es ilógico, porque todo está bien, pero a la vez…
-Es como si algo estuviera mal. – terminó Remus por ella – Odio eso.
-Yo también – admitió con sinceridad la chica viéndolo a los ojos de nuevo. Sostuvieron la mirada un momento hasta que Remus empezó a caminar en círculos hablando.
-El trabajo es cansado para los dos. Nos estamos adaptando, tenemos que hacer calzar nuestros horarios, nos gusta entregarnos a lo que hacemos y eso lo hace aún más exigente. Tú tienes que perseguir las noticias, yo tengo que estudiar y preparar lecciones a la vez, aparte de que me gusta…
-…tener todo perfecto para tus alumnos. – dijo Arya sonriendo un poco al recordarlo histérico haciendo murales de papeles de colores para explicar las distinciones de seres mágicos – Tienes razón. Nos dejamos ahogar por el trabajo, por eso cuando nos vemos estamos tan…
-Cansados, tensos…
-Irritables…
Se miraron a los ojos al comprobar que los dos estaban completando las palabras del otro. Remus se acercó a ella y le tomó las manos.
-Nuestras vidas están cambiando mucho, y tenemos que adaptarnos a eso. En algunas cosas tal vez no nos hemos puesto de acuerdo últimamente, y con todos los cambios que estamos viviendo, sabes tan bien como yo lo inestable que se nos presenta el futuro para hacer planes.
Arya asintió.
-Lo sé Remus, no quiero volver sobre ello. Tan solo tenemos que esperar a que todo se arregle y entonces…
-No Arya, no es eso lo que quiero decir. – dijo Remus sonriendo dulcemente – Sé que todo se arreglará y entonces todo se verá más claro. Te traje hasta acá para hablar de presente. Para recordarnos a los dos que a pesar de los cambios, del cansancio, del agobio, de la incertidumbre… Te amo. Y no quiero vivir nada de esto sin ti.
Arya sonrió tiernamente al oír las palabras de su novio.
-Yo también te amo, Remus. Lo lamento si he estado muy… pesada con el futuro, y ocupada con el periódico. Pero tú sigues siendo lo más importante.
-Igual que tú para mí – dijo el chico sonriendo, aliviado al sentir como la tensión entre ellos parecía disiparse rápidamente. La abrazó con ternura y la besó lentamente, con suavidad, como si tuviera todo el tiempo del mundo sólo para besarla. Ella le correspondió de la misma manera.
-No vamos a dejar que el trabajo acabe con nosotros¿de acuerdo? – le dijo ella sonriendo un poco al separarse de él – Y no hablaremos sólo de trabajo cuando estemos juntos.
-Hablaremos de lo que necesites hablar cariño – le dijo Remus sonriendo también – Pero por esta noche, creo que podemos olvidarnos del trabajo, la guerra, y todo eso.
-Excelente idea – dijo la chica sonriendo, apoyando sus manos en el pecho del chico y ladeando la cabeza – tampoco creo que sea necesario que volvamos a la fiesta de una vez…
Remus sonrió abrazándola por la cintura y acercándola más a él.
-Yo tampoco lo creo. – comentó sonriente antes de besarla de nuevo mientras sentía un gran alivio recorrerlo. Todo volvía a la normalidad.
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La vista en el lugar era increíble, y las instalaciones donde estaban eran exquisitas. Con una arquitectura clásica, las habitaciones tenían un aire señorial imponente, pero a la vez resultaban cálidas y acogedoras. Grandes ventanales se abrían junto a un lago de gran belleza, que a esas horas de la noche parecía un espejo oscuro en el que se reflejaban las luces del hotel.
Cuando habían llegado las cortinas estaban abiertas. Marian había pasado al baño a ponerse cómoda, y Sirius se había quedado allí, mirando por la ventana.
Desde su conversación con Arya su actitud había cambiado, y se había mostrado bastante callado, lo que no era habitual en él. Sus amigos lo habían molestado diciendo que no daba conversación para poder irse pronto con Marian, pero ella sabía que algo le molestaba a su novio. Y si quería que aquello no afectara su… noche de descanso, tendría que hablar con él antes.
Cuando salió del baño se acercó a él por detrás y puso una mano en su hombro.
-¿Estás bien? – preguntó suavemente. Él no se giró a verla.
-Sí.
Marian frunció el ceño.
-Me pregunto cuando aprenderás que no puedes mentirme.
Sirius sonrió un poco y volteó la cabeza para verla.
-No quiero arruinar nuestra noche.
-La vas a arruinar estando tan callado y pensativo. Mejor lo hablamos de una vez y sales de eso¿no crees?
Marian se adelantó para quedar a su lado, miró hacia el lago esperando. Sirius suspiró y pareció dudar un momento. Tal vez necesitaba un poco de ayuda para empezar…
-Tiene que ver con lo que te haya dicho Arya¿no?
Sirius asintió.
-Sí. Tiene que ver con eso.
-¿Y bien?
Sirius a miró indeciso. No sabía que posición tomaría su novia. ¿Y si le pedía que hiciera lo que no se sentía listo para hacer? Marian notó su duda y frunció el ceño.
-Es el colmo que aún dudes de mí, Sirius.
-¡No dudo de ti! – rebatió el moreno. Ante la cara de incredulidad de su novia añadió – Es solo que no sé como te lo tomarás.
-Dímelo y lo sabrás.
Sirius asintió y caminó hacia atrás. Se sentó en el borde de la cama y la miró a los ojos.
-De acuerdo. –hizo una pausa para tomar aire- Regulus es un mortífago.
Marian parpadeó dos veces antes de reaccionar.
-¿Regulus… tu hermano¿Cómo sabe Arya eso?
-Arya no lo sabe. Le mentí.
Antes de que se diera cuenta Sirius le estaba contando a Marian toda su conversación con Arya.
-Le dije que era de Bellatrix. Pensé que ya todos saben que es mortífaga, así que no importaba. Pero, al desconocerme la familia, el primogénito es Reg. Tienen que habérselo dado a él.
Marian había escuchado todo con el rostro imperturbable. Se acercó a su novio y se sentó a su lado.
-¿Y qué piensas hacer?
Sirius enterró la cara entre sus manos.
-No sé. Se supone que estoy obligado a denunciar por sospechas. Pero… - su voz bajó de tono significativamente, no podía creer lo que iba a decir – es mi hermano, Marian.
-Es un mortífago – añadió la chica. Sirius la volteó a ver.
-Es un idiota. No es un asesino. No durará mucho entre ellos. Créeme, no tiene el espíritu de Bellatrix. Es solo un ingenuo estúpido que se cree todas las estupideces de la superioridad de la sangre y la ilusión de que con Voldemort se pelea por eso.
Marian suspiró. Realmente aquello parecía afectar a su novio. Si fuera por ella lo iría a denunciar de una vez, pero no parecía que Sirius quisiera hacerlo. Tomó aire.
-Dime. ¿Estás seguro de que Regulus es un mortífago?
Sirius la miró extrañado.
-¿Qué te he estado diciendo?
-Que porque una periodista encontró en la escena de un ataque de mortífagos un pedazo de un anillo de tu familia del que no has sabido nada desde que tienes 16 años has saltado a la conclusión de que tu hermano es mortífago. Dime Sirius¿quién te asegura que él tenía todavía ese anillo? Pudo perderlo, se lo pudieron robar, o incluso podría haber pasado lo que le dijiste a Arya y que se lo dieran a Bellatrix.
-No creo que…
-Que no lo creas no quiere decir que sea así. – lo cortó Marian – Así que olvídalo. No estás obligado a denunciar nada, tu sospecha no se sostiene, no tienes pruebas. Así que no te mortifiques.
Sirius la miró sin creerlo. Había temido muchas reacciones, pero no ésa.
-Marian, sabes que mi sospecha es válida.
-Sé que podrías tener razón. – corrigió Marian – Así que vigilaremos a tu hermano. Podemos hacer algunas averiguaciones desde la ACLS. En caso de que algo nos confirme tus sospechas, yo misma pondré la denuncia. ¿De acuerdo?
Sirius sonrió un poco.
-Lo haces porque es mi hermano¿no? A cualquier otro lo hubieras llevado con la varita en el cuello a poner la denuncia.
Marian le sonrió con ternura y se acercó a él.
-Lo hago porque es algo importante para ti, y porque resulta, Sirius Black, que no eres cualquier otro.
Sirius sonrió ampliamente y terminó de acortar la distancia entre ellos para besar a su novia. A tientas, sin dejar de besarla, buscó la varita en la cama y la agitó levemente, y con un simple movimiento, las cortinas de los grandes ventanales se cerraron suavemente.
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¿Qué les pareció? Espero con ansias sus opiniones!!! Sobre todo, la formación de la Orden, el enfrentamiento de Sara y Marian, la aparición del tema de Regulus, Remus y Arya...
¡Por favor, reviews!
Sara Fénix Black
