Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL DUQUE Y LA CORTESANA

CAPITULO 14

La fiesta en el palacete de Rizzo llegó antes de lo que yo hubiese deseado. Ni Edward ni yo estábamos muy ansiosos por asistir, pero había compromisos que Edward no podía eludir y yo estaba comenzando a entender este tipo de obligaciones.

- Milady, permitidme deciros que estáis preciosa – halagó Dydime – Este vestido es exquisito

- Muchas gracias, Dydime

Llevaba uno de los vestidos que Edward había mandado hacer para mí. De un color azul que resaltaba mi piel clara y mi cabello caoba, tenía un escote cuadrado que enseñaba la parte superior de mis pechos.

Dydiye había recogido mi cabello dejando algunos pocos mechones caer en rizos que enmarcaban mi rostro.

Me sentía realmente atractiva y eso me daba confianza para enfrentar la situación que se me presentaba.

Edward esperaba por mí en el salón amarillo.

- Sois deliciosa – expresó cuando se giró para verme, no bien hube entrado en la habitación – Seré la envidia de la concurrencia

- Tonterías – discutí ruborizada

- No sé cómo haré para evitar que todos los hombres deseen bailar con vos – susurró acercándose a mí y rodeándome con sus brazos para atraerme hacia él y besarme

- Yo no desearé bailar con nadie que no seáis vos – confesé

- Es algo que odio – confesó a su vez – Las estúpidas reglas de cortesía que me obligarán a aceptar compartiros

No cabían dudas de que el matrimonio de Edward había sido muy mentado ya que todos los presentes se giraron hacia nosotros cuando fuimos anunciados al entrar.

Las miradas de las mujeres hacia mí eran especuladoras, mientras los hombres me observaban con descarado interés. Intenté mantener mi nerviosismo a raya pero mi mano se tensó sobre el brazo de mi esposo cuando entramos.

- Tranquila – susurró Edward inclinándose contra mí con una sonrisa tierna

- Lo intento

- Estás preciosa y no me moveré de tu lado

- Deberás hacerlo cuando alguien me invite a bailar

- Ya llegaremos a ese momento – sonrió confiado

- Lord Cullen – saludó la anfitriona acercándose a nosotros junto a un hombre regordete que deduje era el conde – Estoy encantada de que hayáis podido asistir esta noche. Cuando me dijeron que estabais en la ciudad me sentí encantada de saber que podríais acompañarnos esta noche.

- Realmente es un placer, milady – sonrió Edward – No estaremos mucho tiempo en la ciudad y mayoritariamente debo ocuparme de los negocios, pero es siempre un placer poder aceptar vuestra invitación.

- Sí, sí – sonrió la mujer – Ya me han contado que estáis recién casados así que entiendo que no tendréis mucho interés en estar haciendo visitas – sonrió especuladora antes de dirigir su mirada hacia mí – No vais a presentarme a vuestra encantadora esposa?

- Oh, sí, desde luego – Edward se volvió hacia mí y posó su mano en mi espalda baja – Os presento a Lady Isabella Cullen, mi adorada esposa. Querida, - explicó dirigiéndose a mí – os presento a Lord y Lady Muenzzo, condes de Rizzo

- Encantada de conoceros, milord, milady – dije haciendo una pequeña reverencia – Os agradecemos profundamente vuestra invitación.

- Oh, milady, sin dudas es un placer para nosotros que hayáis aceptado nuestra invitación. – sonrió la mujer sinceramente – Ahora me permitiréis que os presente a mis amistades, ya que tengo entendido que sois oriunda de Venecia.

- Así es, milady

- No hace falta que me llaméis milady, soy simplemente Sulpicia y vos seréis para mí simplemente Isabella – me dijo mirándome interrogante en busca de mi aceptación – Y ahora dejemos a los hombres antes de que comiencen con sus aburridas charlas sobre negocios – dijo alejándome de Edward que me miró sonriendo antes de perderle de vista

Lady Muenzzo me presentó a varias mujeres que se portaron muy amablemente conmigo en su mayoría, aunque, evidentemente hubo excepciones.

Edward vino en mi rescate en cuanto Lady Kachiri Heggins y Lady Zafrina Shekoni me abordaron con preguntas sobre mi apellido, mi familia o los títulos nobiliarios de ésta.

- Con vuestro permiso, miladies, os robaré a mi querida esposa – les informó con una sonrisa seductora que consiguió sonrisas nerviosas de las mujeres

Con su mano en mi codo me guió hasta la mesa de las bebidas para servirme una copa de ponche.

- Gracias, milord, esas mujeres me estaban agobiando.

- Lo imaginé, mi querida – me sonrió comprensivo

- Creéis que estaría muy mal que nos marchásemos? – pregunté haciéndolo sonreír ampliamente

- Vos, signorina, sois un poco descarada – dijo pellizcando suavemente mi mentón

Un hombre rubio y rollizo, a quien de inmediato reconocí como el duque de Fiorento, se acercó a nosotros.

- Mi querido Edward, no vas a presentarme a tu deliciosa esposa?

- Desde luego que sí – sonrió mi esposo – Querida, os presento a Lord Félix Seear, duque de Fiorento, un buen amigo de mi primo Cayo. Félix, ésta es mi esposa Lady Isabella Cullen.

- Es un placer conoceros, milord – dije haciendo una reverencia

El duque tomó mi mano y se la llevó a los labios para dejar en ella un beso lascivo.

- El placer es completamente mío, milady. Comentan que habéis nacido en Venecia?

- Así es, milord

- Hace un par de años, Cayo me invitó a una partida de caza en la vivienda de su hermano en Venecia – me informó y temblé sabedora de lo que diría a continuación – Había allí una invitada, una joven exquisita, que se parecía muchísimo a vos – dijo mirándome atentamente para evaluar mi reacción

- Qué puedo deciros, milord? Supongo que es algo probable.

- No creo que demasiado probable. – sonrió burlón – Lord Cullen coincidirá conmigo en que no hay muchas damas tan deliciosas como vos

- Os equivocáis, amigo Félix – dijo Edward rescatándome – No existe ninguna mujer tan deliciosa como mi adorada esposa. De todos modos no creo que sea elegante hablar a una mujer sobre la belleza de alguna otra.

- Oh, no, desde luego que no intentaba importunaros, milady

- No os preocupéis, no lo habéis hecho

- Y ahora, si nos disculpáis – le dijo Edward haciéndole un guiño – Nosotros nos retiramos.

- Es temprano aún, milord.

- Lo sé. Pero recordaréis que estamos de luna de miel – sonrió haciéndome sonrojar furiosamente ante la insinuación implícita en sus palabras.

El hombre soltó una risotada haciéndonos una seña hacia la puerta.

Después de despedirnos de los anfitriones, salimos para subir al carruaje de Edward que ya esperaba por nosotros en el camino de entrada.

- Estáis bien, Isabella? – preguntó Edward ante mi silencio en cuanto nos hubimos situado en el carruaje

- Sí

- Qué sucede, amor mío? – dijo moviéndose para sentarse a mi lado y rodearme con su brazo

- Nada. Todo. Ya lo sabéis. – confesé con tristeza

- Es por Lord Seear – aventuró

- Creéis que nadie más que él va a reconocerme? Sabe quién soy y ni siquiera estuve en su cama.

- Isabella...

- Es la verdad, Edward. Sabéis con cuántos hombres he compartido el lecho? Con algunos no sólo el lecho. Sabéis cuántos hombres y mujeres de Venecia me han visto desnuda? Cuántos me han tocado y a cuántos he tocado yo? Me he visto enredada con mujeres para la pura satisfacción de hombres que se recreaban con ello.

- Isabella... – repitió

- No puedo olvidar lo que he sido, Edward. Lo que he hecho.

- Creéis que deseo que olvidéis todo lo que habéis hecho? – dijo tomando mi rostro por la barbilla para levantarlo hacia él.

- Nunca seré una mujer digna de vos – me quejé escondiendo mi cara en su pecho

- Isabella, por favor, ya hemos tenido esta conversación más veces de las que deseo recordar. No me importa lo que habéis hecho, en absoluto. Sólo me importa lo que hagáis de aquí en más.

- Os avergonzaréis de mí, Edward. Cuando todos los nobles comenten que el duque de Masen está casado con una prostituta os avergonzaréis.

- Nunca me avergonzaré de estar casado con una mujer buena y con el corazón puro. Nunca me avergonzaré de estar casado con una mujer que sacrificó su vida y su futuro para el bien de su familia. Que puso los intereses de sus hermanas por delante del suyo propio. Nunca me avergonzaré. Pero si vos os avergonzáis, o si sois vos quien desearía tener un pasado diferente, pues entonces os inventaremos un pasado. Crearemos una historia familiar para vos, y puedo aseguraros que nadie osará poner en duda el pasado de la futura duquesa de Masen.

- No podréis hacerlo

- No me subestiméis, signorina – sonrió – Crearé un futuro para vos que os haga feliz, pero si lo que necesitáis para ser feliz es un pasado, entonces también lo haré. Para vos, amor mío, por vos y para vos.

- Os amo, Edward

- No tanto como yo a vos, milady – dijo y me besó sellando nuevamente nuestro amor


Hola! Nuevo capi, a disfrutarlo.

Besitos y gracias por leer!

Jassi: no tengo cómo comunicarme contigo así que te dejo mi mail: kikicullenswan arroba hotmail punto com