Solo quiero que regrese…

— ¿Claudia?—Malia preguntó.
— ¿Claudia... mi mamá?—Stiles añadió.
Deaton se arrodilló junto a Stiles y tomó el cuerpo de Lydia entre sus brazos—La misma.
Se levantó y la llevó hasta la habitación dónde estaban hace un momento. Stiles y Malia lo siguieron. Deaton acostó el cuerpo en la plancha de acero. El vago recuerdo de la morgue lo hizo estremecerse.
—Tú mamá era descendiente de Las brujas de Salem. Igual que tú. Ella poseía un don extraordinario.
—No es posible. Los juicios fueron hace más de cien años. Ella murió a los treinta y nueve. ¿Cuántos años tienes?—Stiles agarró el brazo de Deaton.
—Más de los que crees.
—Pero si la mamá de Stiles era... una bruja—Malia lo miró—, entonces él es...
—Un brujo—Stiles completó.
—En efecto. Eres uno de los doppelgängers de Aved, igual que Gideon. Ellos son tus ancestros. —Deaton se liberó y comenzó a buscar un montón de frascos en todos los estantes.
—Pero, no lo entiendo. ¿Un brujo? Pensé que eran sólo leyendas.
—Lo dice el chico que fue poseído por un zorro diabólico—Malia se cruzó de brazos.
Uno a uno, Deaton puso frascos de diferentes tamaños y contenidos al lado del cuerpo de Lydia. Con toda la conmoción, incluso había dejado de llorar. Su mejor amiga estaba muerta y resulta que su madre era una bruja ¡Un día normal en la vida de Stiles!
— ¿Para qué es todo esto?—señaló Malia.
—Stiles debe hacer algo. —Dejó el último frasco en la mesa y lo miró—Vas a resucitar a Lydia.

A pesar de ser viernes por la tarde en California, los bosques de Beacon Hills tenían un aspecto tétrico y hacía mucho frío. Quizá porque estaban a finales de Noviembre, se dijo Malia.
El automóvil de Deaton se detuvo frente a la mansión Hale. Los tres se bajaron del coche, Stiles cargaba a Lydia en sus brazos.
—Muy bien. Ahora, necesitamos entrar en el bosque. Revivir a alguien no es fácil—explicó el druida—: cuando un ser vivo muere, ocupa un lugar en el mundo de los muertos. Traer a alguien a la vida significa dejar ése espacio libre. Alguien debe rellenar el espacio.
— ¿Debemos matar a alguien?—inquirió Malia.
—No necesariamente. Podemos usar cualquier materia viva. Si estamos en medio del bosque, el cuerpo de Lydia absorberá la energía de las plantas (Tal vez, uno que otro animal) y serán ellos quienes ocuparán el lugar.
—Muy bien—comenzó Stiles—. Vamos.
Empezó a caminar pero Deaton lo detuvo—Sólo otra cosa: es muy peligroso. Stiles, tus poderes están presentes desde que naciste, pero sólo un fuerte arranque de emociones puede activarlos. Acabas de descubrir que tienes dones, pero resucitar a Lydia te dejará exhausto ¿Quieres correr el riesgo?
—Tengo que hacerlo—su voz sonaba débil, y Malia reparó en el hecho de que había una lágrima bajando por su mejilla.
Antes de todo el problema con Meredith, Kira le contó a Malia todo lo ocurrido con Allison. Cómo ella mató a un Oni, y también cómo otro de ellos la atravesó con una espada. Stiles le dijo lo culpable que se sentía por eso, sentía que toda la culpa caía sobre él; ya tal vez, era lo que sentía ahora mismo. Stuart mató a Lydia, pero Malia podía ver la culpa en los ojos de Stiles. Murió por su culpa. Eso era lo que pensaba.
—Muy bien. Entonces vamos.
Las hojas y ramas crujían bajo sus pies cuando se adentró el espeso follaje. Stiles sostenía cuerpo de Lydia contra su pecho como si estuviera hecho de diamantes. Como su posesión más preciada.
No pudo evitarlo, pero eso molestaba a Malia.
Todo el día estuvo ignorándola (Incluso durante el almuerzo), tuvo suerte al encontrarlo en los casilleros. Pero no podía regañarle por nada, puede que ignorarla tuviera una razón, pero era su mejor amiga quién había muerto. Estaba devastado.
—Puedes ponerla en cualquier lugar—dijo Deaton.
Quizá Stiles sintió que iban a quitarle a Lydia de sus brazos porque, automáticamente, la acercó más a su torso— ¿Cualquier parte? ¡¿Estás loco?! Es... era mi mejor amiga. No la dejaré en el suelo cómo a un objeto.
Las lágrimas se asomaron por sus ojos, otra vez—Mmm ¿Chicos?—intervino ella—. Conozco un claro no muy lejos de aquí. Podemos hacer la cosa ahí.
Miró a Deaton esperando su aprobación, irónicamente él miraba a Stiles—Supongo—respondió.
Ahora ella era la guía. El bosque siempre tenía el mismo aspecto: desde su transición a humana, parecía como si nada hubiese cambiado. Cuándo era coyote, recorría todos los días los mismos caminos, incluso ya los había memorizado.
El claro era un lugar tranquilo (igual que el resto del bosque), pero emitía cierta energía que embriagaba y sentías cómo flotabas cómo si fueras parte del aire. Sin duda, su lugar favorito... luego de su cueva, claro.
Al llegar, Deaton esparció todos los contenidos de cada frasco en el núcleo de la vegetación. Una ráfaga de viento frío movió las ramas de los árboles y el cielo se tornó gris.
—En el centro. Dónde rocié el pasto.
Stiles caminó hasta dónde Deaton le indicó y acomodó a Lydia sobre la grama. Un trueno sonó a lo lejos. Malia observó cómo el druida ponía los frascos vacíos en círculo alrededor del cuerpo. Cuándo terminó, sólo Stiles y Lydia quedaron en el círculo.
—Muy bien—comenzó Deaton—, Malia y yo debemos estar fuera del círculo. Cuándo empieces, el cadáver absorberá la toda la energía del bosque y puede que pasen cosas... raras—Stiles lo miró confundido, pero no interrumpió—. Utiliza la hoja que arrancaste del Grimorio, sostén la mano de Lydia mientras dices el hechizo. Por nada en el mundo la sueltes.
Stiles asintió—Entendido—sacó una hoja amarilla y arrugada guardada en el bolsillo de su pantalón. La desdobló y agarró la mano de Lydia.
—Sólo una cosa—Stiles y Malia lo miraron—: éste tipo de magia es muy fuerte, puedes salir lastimado.
— ¿Qué?—saltó Malia.
—Y tal vez, unos daños colaterales.
—Stiles no...
Él los miraba sin decir nada—Tengo que hacerlo—dijo luego de un rato.
—Bien. Esto será raro—concluyó Deaton.
Stiles comenzó a leer.
—Vita...—el cielo se ensombreció más. —Vita et mors—una bandada de cuervos se elevó a los cielos. ¿Habían estado allí cuando llegaron?— Vita et mors. Eam que—los árboles comenzaron a perder hojas—. Vita et mors. Eam que induc super dorsum.
Y ahí comenzó.
Los cuervos comenzaron a caer uno a uno desde el cielo. Uno de ellos aterrizó frente a Malia. Muerto. Sus ojos seguían abiertos y la miraba fijamente, ella se perdió en aquél ojo negro y vacío. Con cada cuervo derribado, el pasto adquiría una mancha roja sangre.
Seguido de eso, las hojas que cayeron de los árboles, se arrugaron y tornaron negras. Empezaban a secarse hasta que todas se convirtieron en polvo. Los troncos también se marchitaron, además, se doblaron en un ángulo antinatural, como si estuvieran hechos de goma.
Pero lo más aterrador fue lo que le estaba pasando a Stiles:
— ¡Vita et mors! ¡Eam que induc super dorsum!
Sus ojos se torcieron hacía atrás, hasta que su pupila no fuese visible y solo quedaran dos ojos completamente blancos, decorados con delgadas venas color rojo. Su mano no dejaba de tocar la de Lydia. Gritaba, pero a la vez no. Oía desgarradores alaridos y a la vez, silencio. Una herida se abrió en su cara, cómo si un cuchillo acabara de trazar una línea en su rostro, y una moderada cantidad de sangre comenzó a bajar desde ella. El líquido rojo también empezó a salir de todas partes (ojos, nariz, oídos y boca). Por primera vez, Malia tuvo que apartar su mirada. Oyó como los pequeños frascos que formaban el círculo, se rompían y el césped fresco se hundía en una silueta redonda.
—Vita et mors. Eam que induc super dorsum...