Disclaimer: Los personajes en ésta historia son creaciones de la ilustrisima Stephanie Meyer, ella nos los regaló, yo sólo he jugado un poquitín con ellos xD
Capitulo dedicado a Alejandra1987 que me dio la idea de un POV Bree
~ O ~
Tormenta y Avena
Capitulo #13
POV Bree
– Quiero que esta vez te termines todo –ordenó Carmen al ponerme el plato de avena y fresas frente a mí.
Puaj, avena –.
– No tengo mucha hambre –dije haciéndole un puchero de los míos.
– Le diré a Jasper que no estás comiendo bien.
Me encogí en hombros.
– Hoy no te escuchará –contesté presumida y encogiéndome en hombros–. Por lo que escuché anoche hoy tendrá jaqueca y necesitará café sin azúcar y aspirinas.
– Y tampoco estás durmiendo bien –apuntó con desaprobación.
¡Caracoles! Yo y mi gran bocota –.
Anoche mi bobo hermano había llegado súper híper mega recontra tarde.
Yo estaba hablando con Alec por medio de los walkie talkies que Eleazar nos había conseguido –dijo que nos había conseguido de los mejores y se escuchaban fenomenal, así estábamos comunicados todo el tiempo y no nos perdíamos de nada; solía llevármelo a la escuela y lo activaba durante clases, así Alec no se atrasaba en las clases y hablábamos un montón durante los recesos. El cole ya no era lo mismo sin él pero al menos estábamos juntitos de alguna manera–. En fin. El caso es que yo estaba en el balcón de mi habitación hablando con mi mejor amigo cuando noté que el portón se abría y entraba el coche de mi hermano Jazzy. Obvio entré corriendo a mi habitación para que no notaran que estaba despierta.
– Si estoy durmiendo bien –mentí fingiéndome ofendida–, no es mi culpa que Jasper haga tanto ruido cuando está borracho –bueno lo último no era mentira.
Jazz había entrado a casa cantando a todo pulmón Granada por todo el salón principal. Calló abruptamente cuando comenzó a subir al segundo piso. Pero fue de lo mejor. No podía parar de reír.
Carmen me miró evaluándome antes de girarse y dirigirse a encender la cafetera. Justo en ese momento entró el señor ogro en persona a la cocina y yo me puse en modo ON-Ignorar-al-Ogro-Edward.
– Buenos días Carmen –saludó.
Sólo a ella. Sólo a Carmen.
– Hola Edward querido, me tenías muy preocupada. Eleazar dijo que tu coche no estaba en el garaje y pensé que no habías llegado a dormir.
Edward le sonrió con cariño –así como cuando me sonreía a mí– y fue a abrazarla.
– No te preocupes Carmen, sabes que si no hubiera llegado a casa, por cualquier razón, habría llamado antes.
Carmen le dio un golpe cariñoso en el pecho con un trapo que tenía en la mano.
– Muchacho tonto. Es precisamente por eso por lo que me preocupé.
Edward se rio y abrazó a Carmen con cariño.
– Tranquila. Estoy bien. Llegué anoche con Jasper.
Espera, espera, espera… ¿ese par andaban juntos? –.
Me puse atenta a la conversación.
– No me digas que fuiste a sacarlo de algún pub de mala muerte –Carmen estaba incrédula.
Edward se rio de nuevo.
– En absoluto, Jasper tiene más posibilidades de hacer eso conmigo que yo con él.
– No es verdad cielo. Desde que tus padres te pusieron a cargo de todo, básicamente te has olvidado de ti mismo.
Cierto. Edward era más padre para mí que mi propio padre. Antes él jugaba más conmigo, siempre encontraba tiempo y fue idea suya lo de los sábados familiares, ya que a veces entre semana no podíamos jugar o hablar como queríamos –excepto en el desayuno, es ley en esta casa estar presente a la hora de desayunar, sin excusas–.
Papá siempre tenía algo mejor que hacer que jugar conmigo, y mamá… bueno mamá si me prestaba más atención pero siempre tenía que avisarle con anticipación. Y que ni se me ocurriera molestarla con mis cosas mientras estaba en sus reuniones con sus amigas o del comité de caridad De-No-Sé-Qué-Cosa.
Con Ed… o incluso con Jasper, no importaba la hora, el momento, la reunión, la junta, los amigos o el trabajo. Ellos siempre tenían tiempo para mí. No importaba si se trataba de un problema con mi tarea de Mates –a las cuales detesto con toda mi alma gracias a la señorita Stanley–, o si he tenido una pesadilla por la noche y necesito dormir con alguien –que si me preguntan, prefiero dormir con Ed, porque Jasper a veces hace sonidos raros mientras duerme que me asustan… y patea.
Bueno, puedo decirles que a mis cortos 8 años de edad sé que, podría contar con mis hermanos mejor que con mis padres.
Bueno, eso era antes de que Edward hiciera la bobería acerca de la familia de Alec… y más específicamente, sobre Bella… si supiera que Bella y él eran taaaaaaaaaan parecidos.
Estaba enojada con él.
Más específicamente porque nunca se me ocurrió pensar que Ed pensara que podría haber algo de malo con la familia de Alec; y mucho menos pensé que mi hermano –mi hermanito favorito–, pudiera pensar separarme de mi mejor amigo.
Me enteré por una conversación que escuché entre Jasper y Edward una noche mientras estaba en las escaleras esperando poder hablar con Ed, pero el solo hecho de encontrar los papeles fue muy doloroso.
Ese día se me habían acabado las baterías de mi walkie talkie; le explicaba a Alec que creía que ese día no iba a poder ir con él pero le prometí que hablaríamos mucho por los walkie talkies, justo en ese momento mi walkie talkie murió, así que fui a buscar unas baterías al estudio, pero no había. Le pregunté a Carmen y buscamos en la alacena, pero no había, así que me aventuré a las habitaciones de mis hermanos mayores.
Primero fui al de Jasper, –ahí parecía que vivía un puerquito, olía al perfume de Jasper pero había ropa tirada en el piso y la toalla mojada sobre la cama todavía sin tender–.
Cuando Carmen entre acá va a poner el grito en el cielo. Ya quiero ver cuando regañe a Jasper–. Pensé riéndome.
Me acerqué a su mesita de noche donde encontré una caja rara de metal con estampitas locas de súper héroes, pero tenía una contraseña de código. Intenté con su fecha de nacimiento y la cosa abrió, pero ahí solo había revistas con muchachas sin ropa que no me interesé en mirar, también había cajas negras de discos DVD con una cinta blanca en la portada con nombres todavía más raros como: 'Garganta Profunda' 'La Delgada Raja Roja' 'Se Fue En Busca De Trabajo Y Le Comieron Lo De Abajo' 'Tócamela Otra Vez, Sam' 'El silencio de los Conejos'… eran unas pelis súper híper mega recontra raras… y muy seguro que eran súper híper mega recontra aburridísimas. Seguí buscando en sus cajones pero sólo logré encontrar otra cosa rara que era como una lámpara de mano con una cosa suave y rosita que parecía como una pelota que estaba rota a la mitad.
Salí de ahí y me fui a la de Ed. Y aquí parecía que no vivía nadie, si Jasper era un puerquito, mi hermano Ed era la cosa más ordenada que he visto –cama tendida, toalla sobre la silla de su escritorio para que se secara, no ropa tirada ni nada por el estilo. Si no fuera por las fotos familiares y el olor de Ed en el cuarto pensaría que es otra de las habitaciones de invitados–. Ahí no encontré cajas con códigos bobos o lámparas raras. Sólo había revistas de negocios aburridas, de carros bonitos, de documentales, reportajes, viajes, naturaleza, cultura y bla bla bla nada interesante. En la otra mesita encontré un aceitito rojo que olía a fresas que decía ubricante o algo así, fue ahí donde encontré un bendito paquete nuevo de pilas, no podía abrirlo y batallé un montón, pero cuando ya pude todas las pilas salieron volando a todos lados.
Rayos–.
Dos cayeron en la cama, así que las tomé y las puse en el walkie talkie, comencé a hablar con Alec mientras recogía las pilas restantes y debajo de la cama había unos papeles regados, que pensé eran de los negocios de Eddy, pero me llamó la atención una foto, así que la saqué y era Belly Bells.
¿Qué hace ella aquí? –.
Saqué la carpeta de debajo de la cama y leerla fue horrible. Alec me había dicho que de pequeño había viajado mucho, hasta que su mami se fue, pero que no se acordaba de cuáles eran los lugares que había visitado. Pero aquí los decía todos. Y las escuelas en donde había estudiado Bella. También había fotos del Hermano Oso y de Alec y de una señora bonita y de ojos azules como los de Alec y hoyuelos en las mejillas como Emmet.
Le pregunté a Alec por el walkie talkie por qué Ed tenía eso, pero él no sabía, decía que quizá Bella se lo había dado, pero no tenía sentido porque casi no habían hablado.
Le iba a preguntar a Edward por qué tenía todo eso sobre Bella, así que lo esperé hasta en la noche que llegó; cuando bajé las escaleras lo escuché discutiendo con Jasper, así que me escondí hasta que terminaran de pelear.
Pero cuando escuché lo que Ed quería hacer conmigo, me fui corriendo a mi habitación, no sabía qué hacer. Y mi corazoncito me dolía un montón.
Al siguiente día le reclamé y desde entonces no le he hablado como antes.
– Come Bree. Se te enfriará tu avena y llegaras tarde a la escuela de danza–me regañó Carmen.
Sólo le hice una mueca al plato de avena. A excepción de las fresas parecía del potaje que les dan a los prisioneros en las pelis que ve Jasper.
Giu –.
– Por Dios Carmen, apaga la cafetera que hace un ruido terrible –dijo Jasper entrando en la cocina y sosteniéndose la cabeza como si se le fuera a caer.
– Buenos días para ti también Jasper.
Bufó.
– Buenos días.
Se dejó caer en la silla al lado de la mía y se desparramó.
– Oh no hagas escandalo –dijo Edward–, sólo tomaste unos cuantos tragos.
– Sí, claro lo dice el Señor Whisky En Las Rocas ¿Por qué no te embriagaste conmigo?
– Porque alguien tenía que conducir. No planeo morir en un accidente de auto.
– Jesucristo dejen de decir tonterías –los regañó Carmen– come Bree.
Guácala con la avena–.
– Ya estoy satisfecha –contesté haciéndole un puchero.
– Satisfecha mis naguas, apenas has tocado tu desayuno.
– Jazzy –llamé a mi hermanito, odiaba la avena–, ¿verdad que ya puedo levantarme?
– Yo no sé –murmuró Jasper con la cabeza sobre la mesa y escondida entre sus brazos–, preguntale a él –y señaló a Edward.
Lo miré incrédula.
– ¿Qué dijiste?
– Ya me escuchaste –contestó, apenas levantando la cabeza para mirarme–, yo no sirvo para mandarte, no me gusta mandarte, soy demasiado débil para mandarte, para mandarte y darte ordenes está él –volvió a señalar a Edward–. Me cansé de esta guerra entre ustedes y que me tengan a mí en medio de ella. Tú tutor es Edward, así lo dicen los papeles que dejaron Carlisle y Esme. Mi borrachera de anoche es mi emancipación de esta pelea absurda. Arréglense entre ustedes. Me avisan cuando volvamos a los sábados familiares y las madrugadas de películas.
– Al fin gracias al Señor Jesucristo –dijo Carmen.
– Exagerado, eso ni siquiera se cataloga como una borrachera, apenas y bebiste –dijo Edward mirando su periódico.
¡No le dijo nada sobre mí! –.
– ¿O sea que me abandonas?
– Seh –contestó Jasper aún con la cabeza enterrada.
– ¿Y tú estás de acuerdo? –le pregunté a Edward.
– Evidentemente –contestó sin dejar de ver el periódico.
– Esto ya lo habían discutido ustedes… sin mí –murmuré incrédula e indignada– ¿No creyeron que quizás deberían de haberme preguntado mi opinión?
– Ustedes no me preguntaron la mía cuando me metieron en su pelea boba –argumentó Jasper antes de meterse un par de aspirinas a la boca.
– La cosa aquí es Bree –me dijo Edward mientras doblaba su periódico y lo dejaba a un lado– que tu opinión no es relevante en éste asunto. Fue una decisión que tomaron nuestros padres antes de irse de viaje, una decisión en la que hay papeles legales y jurídicos firmados y sobre la que tú no tienes voz ni voto; eres sólo una niña y yo estoy a cargo de ti. No Jasper. No Carmen. No Eleazar. Yo. ¿Entendiste?
No le contesté. Solo asentí con la cabeza.
– Traidor –le dije a Jasper y le mostré mi lengua, a lo que él me respondió de la misma manera.
– Come rápido Bree, nos vamos en cinco minutos –me ordenó Edward.
– Pero odio la avena y lo sabes –me quejé.
– No te pregunté. Termina tu desayuno, ahora – y me miró de esa manera en la que odio, esa manera en que me dice que su orden es en serio y que si no la obedezco me ira mal.
Entrecerré los ojos hacia él.
– Te odio más que a la avena.
– Genial. Ahora terminátela.
Lo miré mal y me comí el potaje ese de mala gana.
Odio la avena –.
Cuando terminé me levanté de la mesa y corrí a mi habitación para recoger mis cosas y el regalo que le había fabricado a Alec anoche con cartulinas y estampitas.
Los sábados siempre me la pasaba en casa, pero como falté mucho a la escuela de ballet por Alec y pronto sería el recital de danza y música de invierno tenía que ensayar todo lo que tenía atrasado.
La señorita Tanya había dicho que lo mejor era que no participara en el de invierno y que mejor lo hiciera en primavera, pero Jasper le rogó que me dejara estar, incluso le coqueteó y le prometió una cita luego del recital, también le dijo que le pagaría por el doble las clases que me diera los fines de semana. Así que la señorita Tanya accedió.
Yo creo que pudo haberle pedido que las clases fueran gratis a cambio de la cita y aun así habría accedido.
– Cckkgg aquí Frankenstein. ¿Me escuchas Maléfica? –sonó mi walkie talkie.
– Cckkgg sí Frankenstein, aquí Maléfica te escucho.
– Cckkgg se ha ido la enfermera. Dijo que Bella me sacaría de aquí hoy.
– Cckkgg lo sé estoy súper híper mega recontra feliz por eso –le dije dando saltitos de emoción.
– Cckkgg yo no mucho, significa que ya no te veré tan seguido.
Caracoles, eso era verdad. Sobre todo ahora que Jasper me había abandonado y me había dejado a cargo del Ogro.
Pero de cierta forma lo comprendía, porque lo cierto era que me costaba más obedecer a Jasper que obedecer a Edward; sabía que Jazzy hacía su mejor esfuerzo, pero me era algo difícil tomármelo en serio. Traté de hacer mi mejor esfuerzo obedeciendo y portándome bien. Pero… creo que eso sólo hizo que Jazz se sintiera aún más fuera de su zona de confort en dónde sólo pretendía darme órdenes y yo hacía como que obedecía.
Pero esto era algo mucho más serio.
– Cckkgg no te preocupes Cckkgg, yo encontraré la forma de vernos así tenga que escaparme otra vez.
– Cckkgg ¡NO BREE! Cckkgg ¡TE REGAÑARÁ DE NUEVO TU HERMANO! Cckkgg
– Cckkgg no importa Frankenstein, yo te veré.
– ¡Bree apresurate o llegaremos tarde! –me gritó Edward desde el piso de abajo.
– ¡Ya voy! –caracoles y aún no me lavo los dientes– Cckkgg Frankenstein debo irme Cckkgg. Tengo ensayo de ballet para el recital.
– Cckkgg bien. Cuidate.
– Cckkgg nos veremos hoy. Te lo prometo. Cambio y fuera Cckkgg
– Cckkgg cambio y fuera ¡Suerte! Cckkgg
Me encantaban los cckkgg, le daban un aire muy policiaco a nuestras conversaciones.
Corrí al baño y me lavé los dientes antes de tomar en un moño alto mi pelo y bajar corriendo las escaleras. Ahí ya estaba Edward mirando su reloj.
En unos minutos llegamos a la escuela de ballet y él se sentó en uno de los sofás de la esquina mientras leía un libro. No miró ni una sola vez a la miss Tanya, y eso que ella lo miraba raro a través de los espejos del salón mientras me daba instrucciones y actuaba raro: se inclinaba para enseñarme movimientos que ya sabía cómo iban y corrigió mis posturas y mis líneas un montón de veces. Y me hablaba un montón mientras ensayábamos –Bree esto, Bree aquello, Bree aquí, Bree la línea, Bree el paso es así o asa, Bree inclinate así cariño, Bree cuidado con tu mano linda y bla bla bla bla–, normalmente me pondría la melodía y me dejaría practicar los pasos sola, corrigiéndome sólo si fuera necesario.
La clase se me hizo eterna. Ya de por sí solo era aburrido que el día en que me levantaba súper tarde y andaba en pijama hasta después del mediodía, me tocaba un ensayo de tres horas era una tortura china, esta vez fue la cosa más aburrida y hartante de mundo.
Salimos de la clase al medio día y Edward me llevó a tomar el almuerzo a un restaurante que quedaba cerca de ahí. En todo ese tiempo no me dirigía la palabra más allá de lo justo y necesario; y en medio de la comida su celular sonó y duró el resto de la comida y el postre hablando de cosas aburridas de contratos y canciones y disqueras y bla bla bla y más bla.
En un mundo normal, Jasper estaría aquí con nosotros y los móviles se habrían quedado en casa, como también el saco ese feo que traía puesto. Odiaba cuando Ed usaba colores como: negro o gris o el azul ese obscuro que parece negro, Carmen dice que se ve muy bien y que resaltaba su cabello y sus ojos. Pero esos colores solo podían significar dos cosas: o Ed estaba trabajando o se había muerto la abuela Elizabeth otra vez.
– Ya van a dar las dos ¿Comerás tu postre o seguirás picoteándolo toda la tarde? –me dijo de repente mientras cerraba el celular y tomaba un gran bocado de su helado de yogurt.
– Lo comeré –contesté a media voz y enterré mi cuchara en mi banana Split.
– Carmen me dijo que no estabas comiendo bien ¿Está pasándote algo? ¿Por qué rayos no quieres comer?
– Sólo no tengo apetito.
– No tienes apetito he –se recargó en la mesa y me miró a los ojos–. Ve y dile eso a quien no te haya conocido desde que eras un frijol invasor en la barriga de Esme Cullen Platt. Desde que mamá supo que estaba embarazada de ti comenzó a comer como un cerdo y tenía los antojos más raros que se le pudieron haber ocurrido. Estoy seguro que no se quedó tranquila hasta que pudo comer un poco de la tierra del jardín –me señaló–, tú le antojaste a nuestra madre la tierra del jardín.
Me reí.
– Apuesto que la tierra del jardín sabe mejor que la comida de prisión que me sirve Carmen.
Bufó.
– Es avena Bree. Te sirve para tu tracto digestivo.
– ¿Mi qué…?
Rodó los ojos.
– Para que puedas hacer bien del baño.
– Es asquerosa.
– Te hace bien.
– Dame diez razones lo suficientemente válidas para comerla.
Se recargó en la silla con los brazos cruzados sobre su pecho.
– Bien. Número uno –y levantó su dedo índice–, tiene un montón de vitaminas y minerales que le hace bien a una niña pequeña en crecimiento cómo tú.
Rodé los ojos.
– Bien.
Me miró severo.
– No vuelvas a rodarme los ojos Bree, es de mala educación –me regañó–. Dos, te da energía para hacer el montón de cosas que haces todos los días, incluido ver a Alec. Tres, la avena son como escobitas en tu sistema digestivo que ayuda a que no se quede nada atrás y puedas desechar correctamente todo lo que comes.
– Ya deja de decir eso, no quiero pensar en popó mientras como helado de chocolate.
Edward se rio.
– Cuatro, le ayuda a tu cerebro para que puedas concentrarte mejor en clases y no tengas problemas de aprendizaje.
– Pues no sirve de mucho. Sigo sin entender ni una palabra de lo que dice la Señorita Stanley.
– Dije que ayuda, no que es milagrosa. Cinco, es buena para controlar los niveles de azúcar en tu sangre, imagina lo buena que es para ti que comes dulces como si no hubiese un mañana.
Fruncí el ceño.
– ¿Qué pasa si no la como y sigo comiendo dulces?
– Puedes llegar a tener sobrepeso y no podrías bailar como lo haces ahora. O tener enfermedades graves.
– ¿Cómo cuáles?
– Diabetes.
– ¿Cómo la abuela Elizabeth?
– Exacto ¿En qué número iba?
– Cinco.
– Bien, me faltan otras cinco… previene que tengas cáncer como le pasó a la mamá de la mamá de Rose. Amm… siete, es buena para que tu corazón no se llene de grasas malas. Y tu piel, que éste sería la razón número ocho, la avena ayuda a que tengas una piel bonita.
Eso me llamó la atención.
– ¿Como la de Bella?
El abrió los ojos, como si lo hubiera sorprendido.
– Emnh… –carraspeó– sí, supongo que sí. Bella tiene una piel bonita ¿no es así?
– Sí. Muy bonita. Parece y se siente como terciopelo.
– ¿Ah sí? –Murmuró removiendo su helado y tomando otra gran cucharada–. La piel de Bella es muy suave entonces –dijo sin interés.
– Sí –contesté emocionada, recordando las manos de Bella cuando me acariciaba los cachetes o como me daban ganas de dormir cuando me hacía piojito–. Sus manos son muy suavecitas y sus abrazos se sienten cómodos y calientitos.
– Mmnh… que interesante –contestó así como distraído.
– Sé que Bella y su familia no te gusta, no tienes que fingir que te interesa lo que te diga de ella.
Me miró.
– No es que no me guste su familia Bree. Sólo estaba preocupado por el tipo de gente con la que podrías estarte relacionando.
Me enojé.
– Soy una niña Edward pero no soy tonta. Te escuché con Jasper. Quieres separarme de Alec.
– Quería. Tiempo pasado.
– De todas formas ibas a hacerlo.
– Sí, pero ya cambié de opinión Bree –se pasó las manos por el pelo–. Rayos Bree soy humano y tengo derecho a equivocarme. Cuando decidí hacerlo, no pensé en lo importante que era ese niño para ti, sólo pensé en que no quería que se aprovecharan de ti, no quería que te lastimaran.
Me picaron los ojos, tenía ganas de llorar.
– Tú me lastimaste.
– Lo sé cariño y tuviste toda la razón en estar enojada conmigo. Lo entiendo, pero también entiéndeme a mí, no sabía cuál era la mejor manera de actuar, nuestros padres me dejaron muchos papeles –números de seguridad, seguro de hospital, del coche, el documento legal que me hace tu tutor, las cuentas de banco y la chequera–, pero entre ellos no venía ningún manual de cómo tratar a una niña de ocho años y aún estoy aprendiendo Bree.
Bajé la mirada e hice a un lado lo restante de mi postre. Ya no tenía hambre.
– ¿Crees que Bella coma avena para tener una piel así de bonita y suavecita?
Él me miró extrañado por unos segundos antes de reaccionar.
– Sí. Muy seguramente la come a diario, es más, apostaría que a Alec sí le gusta la avena.
Hice una mueca porque tenía razón. A Alec no sólo le gustaba la avena. Le encantaba. Siempre peleábamos acerca de eso, cuando Carmen ponía en mi lonchera un molde con avena y frutas y Bella le ponía a él un sándwich de Nutella, era entonces que luego de discutir un rato sobre lo que era más rico para el desayuno él terminaba dándome su sándwich y yo le cedía mi avena.
– De todas formas te faltan dos razones por las que debería comer la avena.
Edward torció la boca y puso su cara de concentración. En lo que pensaba yo acerqué de nuevo mi postre para acabar con la banana; luego de que terminé mi postre yo lo miré y él me sonreía con paciencia. Eso me gustó, hace mucho que no me sonreía.
– ¿Y, entones gané?
Sonrió burlón.
– No. Razón número nueve, la avena ayuda a que tengas un pelo bonito, hace que sea fuerte y suave.
– Mi pelo ya es bonito –le dije presumida y soltando mi moño para mostrárselo.
– Si, lo es, por que comes lo que necesita para estar bonito y nutrido. Y por último, la razón número diez es que Carmen sabe todas las otras nueve razones y te prepara la comida con todo su amor y su cariño, lo hace porque te quiere tanto o más que Jasper y yo y quiere que seas una niña sana y fuerte.
Cierto… Carmen me quería mucho y yo la quería mucho a ella y a Eleazar. Ellos, mis hermanos y yo éramos una familia.
– Bien. Trataré de que me guste más la avena.
– Y todo lo demás que te sirva Carmen también.
Hice una mueca.
– Bien.
– De acuerdo, ahora que ya hablamos de eso ¿Vamos a ver a Alec?
Le sonreí.
– ¿De verdad me llevarás?
– Claro que si boba. No sabía que habías perdido tanto la Fe en mí –murmuró
Llamó al mesero y luego de pagar la cuenta salí corriendo al estacionamiento. Edward llegó poco después que yo y me abrió la puerta de atrás y no se fue hasta verme poner el cinturón de seguridad. Anduvimos por las calles de NY un rato y poco antes de llegar al hospital Ed llegó a una tienda de regalos y me dejó a mí en el coche volvió en menos de 5 minutos con globos de helio de muñequitos de tele y un enorme peluche de Pikachú.
– ¿Los globos o el peluche?
– Los globos –respondí de inmediato, eran el complemento perfecto a mi tarjeta–. ¿Cómo sabes que a Alec le gustan los pokemón?
Sonrió.
– Bueno, digamos que he estado hablando un poco con Bella.
– ¿De verdad? –le pregunté sorprendida.
– Sí. Ahora cierra la boca que voy a conducir.
¿Edward hablando con Bella? ¿Por qué? ¿Le habrá dicho que ya no quiero ser amiga de Alec? Miré a mi hermano asustada. No habrá sido capaz de hacer eso… ¿o sí?
Hay Ed ya no sé si debo confiar en ti–.
Pocos minutos después llegamos al hospital del tío Aro y el tío Marcus, y de no haber sido que Edward puso seguro a mi puerta yo ya estaría a mitad de camino a la habitación de mi mejor amigo. Me crucé de brazos y esperé a que viniera a abrir la puerta de mi jaula.
Caminamos por los pasillos del hospital con Edward aferrando mi mano para que no corriera al lugar al que me moría por llegar –sólo por eso cada cuando le lanzaba una mirada odiosa como las que Charlotte me lanzaba a mí cuando Peter me pedía prestados mis colores–.
Al fin millones de años después llegamos al cuarto de Alec.
Me apresuré en empujar la puerta y ahí lo vi. Ya no estaba el montón de máquinas que hacían ruido, ni el carrito con la bolsa de líquido trasparente –que mi tío Aro había dicho que era suero–, tampoco estaban los tubos o cables conectados a Alec… sólo estaba él, sentado sobre la cama con una pantalonera deportiva y una playera de Snorlax; Bella estaba sentada a su lado peinando los cabellos rubios de mi amigo con sus dedos y Emmet estaba abrochando las agujetas de sus tenis.
– Buenas tardes –saludó Edward.
Fue hasta entonces que todos voltearon a vernos en la entrada y los ojos de Alec me miraron y como siempre –porque Alec era mi mejor amigo– sentí mi corazón acelerarse y la sonrisa crecerme hasta dolerme las mejillas.
– ¡Bree! –gritó.
El hermano oso Emmet dijo un saludo entre los dientes y volvió a los tenis de Alec, Bella me sonrió y dirigió su mirada a Edward, para quien dirigió una sonrisa aún más grande antes de saludarme a mí.
– Bree cariño, estábamos esperándote –se puso de pie y me besó la frente como siempre. – Que bueno que están aquí –continuó dirigiéndose a Edward.
– Habríamos llegado antes, pero Bree no terminaba su postre.
Me sonrojé ¿Tenía que decir eso?
Boca floja–.
– Te traje esto Alec –le dije para que se olvidaran de eso y ofreciéndole la tarjeta y los globos.
– ¡Gracias!
– Espero que te guste. Yo solita la hice para ti.
– No la he visto y ya me encanta –me contestó mirándome a los ojos y con la tarjeta y los globos ya en sus manos.
Nos sonreímos, así era siempre, él haciéndome cumplidos todo el tiempo.
– Aun no sales del hospital y ya reiniciaste la cacería casanova –dijo el Hermano Oso y se rio.
– ¡Emmet! –lo regañó Bella– no empieces.
Yo sólo bajé la mirada sintiendo mis cachetes calientes, otra vez, mientras el Señor-Bromas-Bobas –como le decía Bella– se reía de nosotros.
– No le hagas caso –me dijo Alec– ya sabes cómo es…
Asentí con la cabeza y le sonreí de nuevo.
– Lo lamento –se disculpó Bella con Ed y acariciando mis cabellos– Emmet siempre está molestando a Alec.
– Y al parecer también a mi hermana. Tal vez debería cobrármela con la suya –y entonces, para sorpresa de todos tomó a Bella de la cintura y la acercó a él.
Bella jadeó y miró a Edward con ojos divertidos.
– ¡Hey! –Emmet dejó de reírse y gritó– suelta a mi hermana.
Ed ni siquiera lo miró.
– No sé, hace tiempo que estoy fuera del campo del ligue, quizá sea momento de volver al ruedo ¿no crees Bella?
– Quizás…
Alec y yo estábamos sosteniéndonos nuestras barrigas, ya nos dolían por reírnos del puchero que Emmet tenía en su cara.
Justo en ese momento la puerta de la habitación se abrió y entró mi tío Aro mirándonos a todos como si estuviéramos loquitos o algo así.
– ¿Interrumpo algo? –preguntó sin quitar la mirada de Bella y Edward que seguían abrazados y mirándose raro.
– Hola tío Aro –lo saludé y corrí a él para besarlo en la mejilla.
– Hola cariño. Yo sólo vine a traer el alta y a darle unas cuantas recomendaciones al jovencito de allá –señaló a Alec con los papeles que llevaba en la mano.
– Lo escuchamos doctor –dijo Bella separándose de mi hermano.
Me reí cuando vi sus mejillas tan rosas como estaban las mías con las bromas de Emmet.
El tío Aro estuvo un ratito con nosotros diciéndole a Alec que debía cuidarse y que aún no podría correr o saltar por que su pancita aún no curaba de todo. Luego le dio unos papeles a Bella y una bolsa de papel café y ella y Emmet se salieron a hablar al pasillo con mi tío.
– Alec, yo traje esto para ti. Tu hermana dijo que te gustaba mucho Pikachú.
– Me encanta –contestó Alec muy emocionado– muchas gracias.
Por un momento me puse nerviosa, a Alec parecía haberle gustado más el peluche, pero luego de terminar de verlo lo puso debajo de su brazo y volvió a tomar mi tarjeta; Emmet le había quitado los globos y los amarró en la cama.
– ¿Edward mi hermana es muy bonita, verdad? –preguntó Alec de repente.
Yo me reí y Ed abrió mucho los ojos.
– Sí Alec. Tu hermana es muy bonita.
– ¿Te gusta?
Ed se atragantó.
– Obvio bobo –respondí por él– ¿Qué no te fijaste como se miraron hace un momento? Dah.
– Oh. Cierto. Deberías decirle a Emmet, él siempre le espanta los novios a Bella. Tú si me caes bien.
– Gracias por el consejo Alec, lo tomaré en cuenta.
Luego de un rato Emmet y Bella entraron a la habitación y Emmet llevó a Alec al estacionamiento en donde los esperaba un coche blanco con la pintura gastada.
– ¿Lo llevarán a casa? –preguntó Edward mientras Emmet metía a Alec al asiento trasero del coche.
Bella se rio.
– No, aún no. Emmet le prometió a Alec una comida de campeones, eso significa Hamburguesa y papas fritas.
– Oh, ¿de verdad? Eso es fantástico.
– ¿Podemos acompañarlos? –le pregunté de inmediato a Edward, dándole una mirada de las mías.
– Era lo que iba a preguntarle a Bella, Bree… ¿podrías relajarte? –Miró a Bella– ¿Será que podemos acompañarlos?
– Bree sí, tú no –dijo Emmet sacando su cabezota del coche.
– ¡Oh por Jesús Crucificado podrías comportarte! –Regañó Bella a Emmet–, pareciera que tuvieras 15 y no 30.
Emmet hizo un gesto y miró a Edward.
–Deja de coquetearle a mi hermana o haré que te chorreen los sesos por esa aristocrática nariz tuya. Te estoy vigilando Cullen –y luego hizo el gesto de apuntarse sus ojos y apuntar a mi hermano.
Nunca de los nuncas en todo lo que llevo de conocer a Emmet me había caído tan mal. Edward era un idiota, pero era mi hermano idiota y yo y solamente yo lo amenazaba… bueno y también Jasper.
Bella miró a Ed.
– Lo siento, es sólo un tarado en su comportamiento natural. Por supuesto que ambos pueden venir. Sería un verdadero honor.
– Gracias Bella. Y no te preocupes, Jasper y yo estamos practicando para el futuro que se nos avecina –le dijo y acarició mi cabeza.
Bella se echó a reír. No sé de qué, pero se rio.
Aprovecha la distracción, aprovecha la distracción –.
– Yo voy con Alec –grité, y antes de que pudieran decirme nada corrí al otro lado del asiento trasero, abrí la puerta y entré.
Mi amigo me sonrió.
– Sí anda ven con nosotros pequeña novia de Alec –me molestó Emmet.
Le saqué la lengua.
– Bien entonces que sea intercambio de chicas –dijo Edward asomándose por la puerta del copiloto y me guiñó un ojo, luego se giró a Emmet–. Tú te llevas a mi hermana y yo me llevo a la tuya. Bella me dirá dónde nos veremos. Por cierto, quizá nos tardemos un poco en llegar soy algo malo con las direcciones y la orientación, tal vez nos perdamos un poco. Buen viaje –y cerró la puerta y él y Bella se fueron a nuestro coche.
– Pero Edward es buenísimo con la orientación –dije confundida.
– Yo lo mato –masculló Emmet.
– Ya dejalo en paz Emmet –le gruñó Alec– a Edward le gusta Bella y ella no te ha dicho que lo alejes o algo así, así que a ella también le gusta.
– ¿Sí, qué no viste como se miraron hace rato en el cuarto?
– Pero a Bella no le gusta ese pen… tarado.
– ¡Hey! No vuelvas a insultar a mi hermano –le dije– sólo Jasper y yo podemos hacerlo.
– Sí. Eso que dijo ella. Ahora apurate. Tengo mucha hambre, ya me cansé de la comida de hospital.
– Bien.
~ O ~
Alec y yo ya habíamos hecho nuestros pedidos en el Shake Shack. Yo solamente había pedido unas papas fritas que compartiría con Alec ya que yo ya había comido y aún estaba llena.
Emmet estaba que parecía un león enjaulado porque Ed y Belly Bells aún no llegaban y nosotros teníamos aquí cerca de 10 minutos. Alec me miró y giñó el ojo.
– Te imaginas Bree, quizás nuestros hermanos se estén besuqueando en el auto como Emmet y Leah.
Me reí bajito.
– Sí. Guácala.
– Hey, yo no me besuqueo con Leah… sólo hablamos, muy cerca el uno del otro ¿ok? ¿Ustedes qué pueden saber de la vida par de renacuajos?
– Claaaaaaro –dijimos Alec y yo al mismo tiempo.
– ¿Te imaginas que mi hermano y Bells se casaran? –le dije a Alec justo después de imaginarme a Bella y a Ed como mis papás en el cuadro enorme del salón principal dónde estaban el día de su boda.
Justo en ese momento vi al carro negro de Edward pasar detrás del Shake Shack y estacionarse más allá; él bajó primero del coche y después fue a abrir la puerta del copiloto de donde salió Bella con una sonrisa enormísima.
– No, no me lo había imaginado hasta ahora que lo has mencionado –me contestó Alec–. Sería súper genial.
– No, no lo sería Alec –masculló Emmet, lo miré mal–. No te ofendas Bree, pero es obvio que pertenecemos a círculos sociales muy diferentes y tu hermano y mi hermana no estarían bien juntos.
– ¿Por qué dices eso? –pregunté enfadada–. Edward es genial y sería un novio genial para Bella. Él la querría un montón y la trataría súper bien.
– Son cosas que no entenderías Bree –murmuró entre dientes justo antes de que Ed y Bella llegaran.
El hermano Oso no volvió a hablar durante todo el rato que estuvimos ahí, sólo estaba con una cara de fastidio que cada vez me caía peor, Alec tampoco le dirigió la palabra, Belly Bells se rindió luego de tener tres preguntas sin responder.
– Que infantil eres Emmet –le dijo.
Duramos tanto rato ahí en el Shake Shack hablando y bromeando y jugando cartas, que incluso pedimos la cena. Normalmente Carmen no me dejaría cenar algo como una hamburguesa –'es muy pesado para ti Bree' siempre me decía–, pero Ed estuvo dispuesto a hacer una excepción a la que yo me sentí súper híper mega recontra feliz.
Luego de mucho rato y que Alec hubiera terminado sus papas fritas y su limonada nos despedimos de todos y fuimos a casa. Me sentía muy cansada. Ni siquiera supe cómo fue que llegué a mi habitación o a mi cama, o cómo es que cuando desperté ya no tenía mis tenis o mi jean.
Me senté en mi cama y me tallé mis ojitos. Las cortinas estaban cerradas pero por la poquita luz que entraba se notaba que era aún temprano, miré mi reloj de Hello Kitty y vi que apenas eran las 8:30… en ésta casa, en domingo, a esa hora aún era de madrugada –excepto para Carmen ella siempre esta despierta desde muy temprano–. Me levanté y fui a mi baño para lavarme los dientes, mi boca sabía muy feo por que anoche no me había lavado los dientes; cuando terminé, dejé mi cepillo de dientes y volví a la camita.
Fuu... un capitulo súper largo, me rayé, los sé pero no sabía si cortarlo o ponerlo todo y aún así me faltó un poquitín xD pero me gustó mucho cómo quedó.
La canción de 'Granada' la canta Placido Domingo les dejo el link de YuTube: /watch?v=kdD9zqumhWo
Escuchenla, imaginense ahí a Jasper borracho cantandola y bueno se imaginarán que risa da xD
Como siempre mil pero miles y millones de gracias por sus Rw me encanta leerlos y saber que les gusta, motiva, agrada mi historia.
Espero que les haya gustado el capitulo y muy pronto tendrán más, se los prometo ;DDejenme sus huellitas, diganme si les gusta, si no les gusta tambien, si les gustaria un POV de otro personaje... etc.
Sin más por el momento, nos seguimos leyendo :D
Bye bye
Besitos WapirezKoz x3
