Hola a todos!! Mucho tiempo... lo se, pero el capitulo es mas largo de lo normal, o almenos eso he intentado... Os avisaré de una cosa... se acerca la reconciliacion y me siento un poco mal, porque desde que cuelgo los capis menos seguidos, que os aseguro que no es por mi culpa, el fic lo lee menos gente... Espero que os siga gustanto a todos, ya sabeis que podeis presentar quejas cuando querais...
Muchisimas gracias a todos aquellos que dejan un poco de su tiempo leyendo esto, y porsupuesto muchisimas gracias a aquellas personas que dejan aun mas tiempo para alegrarme con review. Me emocionan un monton...
Aqui os dejo que un capitulo dedicado a mis dos mejores amigos, Andres y Alberto.
Golpes
14. Viaje
La oscuridad ocupaba mi cuarto, apenas era conciente del silbido que el viento producía. Sentada en el borde de mi cama, miraba la maleta ya hecha, que estaba tendida frente a mi, ausente. El miedo me había consumido aquella noche de tal manera, que solo había dormido media hora escasa, en la que las pesadillas me habían asaltado de forma demasiado dolorosa. Quizás no estaba preparada para ver como una familia completamente feliz celebraba las navidades, aquellas fiestas que hace tiempo se me habían sido negadas, y que yo había adorado como la mas fiel devota.
Sonreí tristemente recordando aquella personita tan idéntica a mi que solo era capaz de sonreír por estas fechas.
Me mantuve dentro de mis pensamientos toda la noche, sin moverme un apéndice, pasando de los recuerdos mas felices a los mas dolorosos igual que una persona cambia de ropa. Sentí como poco a poco mi habitación se iba esclareciendo indicando el inicio del día, pero ni mi mirada ni mi pensamiento se desvió. Sentía el dolor en los músculos, no solo producto de mi incomoda postura – era cómoda para unos minutos, pero para estar horas y horas, esta claro que no – si no, también debido al hecho de no haber dormido nada.
Sentí la puerta abrirse escandalosamente a mi espalda, seguido del vozarrón de Emmett, que gritaba emocionado por pasar las navidades con su novia y quería que nos fuéramos cuanto antes.
- ¡¡Duendecillo!! ¡¡Vamos, que te llevo las maletas Enana!! – gritó, pero segundos después oí como cerraba la puerta con una suavidad demasiado inusual en él.
Sus pasos, poco decididos y temerosos, sonaron acercándose a mi despacio. Colocó una mano en mi hombro.
- ¿Alice? – preguntó en un susurro.
Aun si quitar la mano de mi hombro, se colocó enfrente mío. Mi mirada lo traspasaba, como si no hubiera nadie allí mirándome con aquella preocupación que él tenia pintada en la cara. Dejó caer la mano que tenía apoyada sobre mi hombro y se dedicó a mirarme en silencio durante algunos segundos. Pronto, volvió a levantar la mano, despacio, dejándome preveer su movimiento, no quería asustarme. Desde aquella primera noche en la que reaccioné tan mal, sabía en que momentos debía ser un poco mas suave par evitar asustarme. Su mano acarició suavemente mi mejilla, haciendo que mis ojos se cerraran suavemente y las lagrimas empezaran a derramarse como cascadas. Él actuó de impulso, abrazándome fuertemente contra su pecho levantandome de la cama.
- Shh... – susurró contra mi oído cuando los sollozos empezaron a surgir – Enana... no llores... Shh... Nos tienes a todos nosotros, para todo... nosotros te protegeremos... te lo prometo... – yo solo sollocé mas fuerte mientas me agarraba a su camiseta, y así permanecí durante minutos.
- ¿No se suponía que eras tu el que tenías prisa? – preguntó un enfadado Jasper entrando inesperadamente por la puerta – Oh... – dejó escapar, cuando estuchó mis sollozos, que, aun queriendo, no podía callar.
- Jasper – le llamó antes de que saliera - ¿Podrías cuidar de Alice un momento mientras yo cargo las cosas de Rose...?
Me tensé en sus brazos, mi respiración paró y por lo consecuente mis sollozos, no quería que Jasper me viera así. Él lo notó enseguida y acarició mi espalda para tranquilizarme y me fue soltando despacio, hasta volver a dejarme sentada en donde había estado antes.
- Las cosas de Rosalie las puedo cargar yo – murmuro Jasper rapidamente.
- Si, pero yo no puedo arreglar las cosas entre vosotros – le respondió Emmett duramente mientras salía con un portazo.
El silencio volvió a envolver la habitación solo que de una forma mucho mas incomoda. Después de unos minutos un suspiro exasperado por parte de Jasper inundó la habitación.
- Puedes irte si quieres – murmuré mientras las lagrimas volvían a agolparse en mis ojos y los sollozos intentaban escapar de mi garganta.
El volvió a suspirar y segundos después oí como se acercaba despacio y se sentaba a mi lado.
- ¿Por qué? – preguntó simplemente, le miré confundida sin saber de que hablaba.
- No te entiendo... – susurré lentamente – no se de que hablas.
- Por favor Alice, entiendo que me mientas en algunas cosas, pero en esto no. Si no querías que estuviera ahí deberías habérmelo dicho – murmuro con voz rota.
- ¡De verdad Jasper, No te entiendo! – me exasperé y él suspiró otra vez, demasiados suspiros en dos minutos...
- Aun no... –susurro – aun no ¿vale?
Ahí fue mi turno para suspirar. No tenía ni idea de porque estaba cabreado conmigo, pero aun así entendía el hecho de que no estuviera preparado para hablar de algo, no podía enfadarme con él por eso, principalmente porque yo había sido la primera que había expuesto no poder hablar sobre algo, algo que implicaba prácticamente la mitad de mi vida.
Coloqué mi mano sobre la suya, que estaba encima de su rodilla, el miró nuestras manos entrelazadas y luego se giró a mirarme a los ojos, seguramente rojos e hinchado de tanto llorar. Giré su mano y entrelacé sus dedos con los míos.
- Lo entiendo – le sonreí intentando sonar lo mas contenta posible.
Sin embargo, no actuó de ninguna de las maneras que yo ansiaba, actuó de la manera que mi conciencia mencionó como la mas posible. Separó nuestras manos de manera brusca, y se apartó lo mas que pudo manteniéndose sentado en la cama.
Su mirada no se apartó de los míos en ningún momento de la mía. Mi sonrisa se apagó por completo y mis ojos volvieron a cristalizarse. Jasper se levantó bruscamente de la cama, a la vez que yo agachaba la cabeza para impedir que me viera llorando. Cogió aire como si fuera a decir algo, pero decidió no hacerlo, y salió a pasos apresurados de la habitación.
...
Resople molesta por... ¿décimo octava vez?
Cruzada de brazos y mirando al frente, mi mirada triste y llena de lagrimas fue sustituida por una enfadada, llena de coraje y un pequeño brillo de decepción en el que me di cuenta de que Jasper solo estaba jugando conmigo. Y no solo estaba enfada con él si no también conmigo misma por recoger todas aquellos gestos suyos, todas aquellas miradas, todos esos abrazos y palabras, y convertirlas en aquellas estúpidas esperanzas de que Jasper sintiera algo por mí. ¡Por el amor de dios, Alice! Me grité a mi misma Solo eres una estúpida pobretona que se asusta al mas mínimo ruido extraño.
Pero, sin lugar a dudas, lo que mas me molestaba en este momento era el hecho de que tenía que viajar con Jasper a solas en su coche. ¿Por qué? Una buena pregunta, con una simple respuesta: la parejita quería pasar tiempo a solas... Vamos... que querían montárselo antes de ir a casa de los padres de ella... Puff... Habían tenido unos cuantos días para hacerlo, y querían hacerlo ahora, por favor, una cama es mas cómoda que el asiento trasero de un coche, aunque, ¿quién no me dice que han estado montándoselo también estos últimos días? ... ¡¡Alice!! ¡¡Piensa en otra cosa, por dios!! ¡¡Ahg!! ¡¡Me estoy traumatizando!!
- ¿Pasa algo? – preguntó Jasper indiferente al ver mi cara de asco.
- ¿Te importa? – le respondí yo con una mirada envenenada.
- Supongo que no – contesto encogiéndose de hombros. Gilipollas...
- Pues entonces no se para que preguntas.
Volví a mirar por la ventana. Todo el coche se mantenía en silencio excepto por el ruido de motor que era apenas imperceptible.
...
- ¿Falta mucho?
- No
...
- ¿Falta mucho?
- No
...
- ¿Falta mucho?
- Ya te he dicho hace un rato que no – dijo enfadado.
- Ya, sin embargo no llegamos – contraataqué.
- Deja de comportarte como una niña pequeña y cállate.
- Idiota –conteste con firmeza volviéndome a cruzar de brazos y poniéndome a mirar el paisaje por la venta.
Oí como Jasper volvía a pisar el acelerador yendo mucho mas rápido de lo que el limite permitía, llegando casi a asustarme.
- Si venga, tu sigue acelerando, a ver si en vez de llegar antes, no llegamos – hable yo molesta.
- ¿Tienes algún problema con mi forma de conducir? – preguntó él dejándome ver que mis intenciones de enfadarlo había resultado.
- ¿Yo? Para nada. No creo que nada cambie porque yo muera – respondí sinceramente – Creo que el problema deberías tenerlo tu, dudo que a tu familia le haga gracia ir a identificar tu cadáver en la morgue.
- Oh... Sin embargo a tu familia si le haría gracia ¿no?
- Puff... Lo único que le molestaría a mi padre de esto es no haber podido matarme con sus propias manos – susurre bajito para mi misma.
Graso error. La velocidad del vehiculo disminuyo notablemente, como si hubiéramos pegado un frenazo pero sin llegar a detenernos.
- ¿Qué has dicho? - preguntó sorprendido mientras movía la cabeza alternando la mirada de la carretera hacia mí.
- No-no no he dicho nada – balbuceé nerviosa.
- Sí Alice, si has dicho algo –dijo conciso mientras tomaba un desvío para meterse en una calle de piedra rodeada de árboles.
- ¡No! ¡No he dicho nada! – grité asustada.
Estúpida, estúpida, ¡estúpida! Me gritaba a mi misma en mi cabeza.
- ¡Alice, te he oído! ¿¡Que has querido decir!? – murmuro en pánico.
Su reacción me confundía demasiado, actuaba asustado como si al que fueran a pegar era a él.
- ¡No he dicho nada! – grité de nuevo - ¡No he querido decir nada!
Detuvo el coche frente a una casa gigantesca sin embargo yo estaba mas centrada viendo como estaba reaccionando Jasper.
- No puede ser... No puede ser... – murmuraba mientras retorcía el volante entre sus manos.
Oí como un coche se detenía al lado nuestro y luego la voz entusiasmada de Rose. El silencio se produjo al completo cuando Jasper salió del auto enfadado y pegando un portazo para luego adentrarse enfadado en la casa, no sin antes pegarle una patada al coche de manera irracional.
Yo me quedé contemplando el lugar en que había estado el sentado. Sentía mis manos temblar, al igual que sentía las lagrimas en mis ojos, de nuevo...
- Vamos Alice – susurró Rosalie, mientras Emmett me ayudaba a bajar delicadamente del coche, ya que yo estaba bastante aturdida.
No llegué a caminar ni dos pasos, cuando me mareé y tuve que apoyarme en Rosalie. La oí pronunciar mi nombre, y luego... todo se volvió negro...
Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano.
Isaac Newton
