Digimon no me pertenece, la trama de la historia sí.

Taiki Kudo y Masaru Daimon son personajes originales de Digimon, así que si no soy lo suficiente buena describiéndolos y les apetece ver una imagen, pueden buscarla en internet. Así como la imagen de Sara Uroa, sólo que ella está basada en el personaje de Nene Amano.

Además del personaje de Yoshino Fujieda y Thomas H. Norstein, son personajs originales de Digimon Data Squad.


¿Sólo Amigos?

Capítulo 14. Confesiones.


1.

Una luz cegadora impidió que siguiera durmiendo, notó cada uno de sus músculos contracturados por la incómoda posición en la que estaba acostada. Sus ojos los sintió pesados, tremendamente hinchados. Los recuerdos de la noche anterior golpearon su mente sin consideración alguna, las lágrimas se posaron en sus ojos cafés-rubíes.

"No quiero seguir contigo, Sora".

"¿Qué es lo que quieres que te diga para que me creas? ¿Qué me he cansado de acostarme contigo? ¿Que no quiero seguir fingiendo estar enamorado de ti? ¿Que no quiero nada más de ti? ¿Qué todo lo que pasó fue simplemente para probarme a mí mismo que podía tener a cualquiera conmigo, incluso a ti, a mi mejor amiga?"

"Oh, vamos, ¿qué era lo que esperabas? ¿Creías que íbamos a envejecer juntos o algo parecido?"

"Yo no te quiero, Sora…Te puedo querer igual que a Mimi o Miyako. Pero nada más. No estoy enamorado de ti, y nunca lo he estado. Te quiero como se quiere a una amiga, nada más. Te dije lo anterior porque quería meterte en mi cama, quería divertirme contigo y ya".

Su respiración comenzó a tornarse irregular, sentía que todo el aire que estaba en su habitación se hubiera condensado impidiendo que ese oxígeno llegara a sus pulmones. Sintió un pinchazo agudo en el pecho y su abdomen. Tragó saliva y todo su cuerpo, de repente, pesó una tonelada.

Se incorporó lentamente de su cama, y sus ojos inmediatamente se posaron en la pequeña fotografía que estaba encima de su mesa de cama. Era una fotografía que se habían hecho reciente, en la que salían ella y Taichi, abrazados. Sintió una gran humedad recorrer todo su cuello, el dolor que sentía era inmenso. Nunca se imaginó que él, precisamente su mejor amigo, iba a ser capaz de lastimarla de esa forma.

La cabeza comenzó a darle vueltas, tenía que haber una explicación posible… Tai era su mejor amigo desde la infancia, le parecía ridículo pensar que él arriesgara todo por una simple noche de pasión.

No. Tenía que haber alguna explicación…

De repente escuchó algunas voces provenientes de la sala de su departamento, limpió sus lágrimas bruscamente y afinó el oído para poder identificar las voces, tal vez era Tai que venía a decirle que todo había sido una mala broma y venía a disculparse…

Sora salió sigilosamente de su habitación y pudo reconocer las voces. No era Tai, era Yamato hablando con Mimi. Soltó todo el aire que había retenido y volvió a su habitación. En ese momento lo último que quería era estar cerca de alguien, ver las miradas llenas de lástima de sus amigos.

"Yo no te quiero, Sora".

Esa frase maldita se repetía una y otra vez en su mente. Cada una de las palabras que él le había dicho habían sido expresadas con dureza, frialdad y seguridad... por más que ella quisiera creer que todo había sido una broma, la realidad era que Taichi, su mejor amigo sólo había querido acostarse con ella y ya.

No había nada más detrás de todo aquello, Tai había terminado con ella de una forma cruel pero directa. Y sí él quería que ella se alejara de él, eso haría. Porque ella era fuerte, ahora le dolía todo eso, pero iba a salir adelante. Iba a olvidar a Tai, cada una de sus caricias falsas y besos de mentira.

Tenía que lograrlo. Por ella misma.

E iba a lograrlo.

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—.

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2.

El golpe contra su mejilla apenas lo sintió. Giró su rostro, no tanto por la fuerza de aquella bofetada, sino para tomar aire y ponerse una máscara de indiferencia. Si iba a mentir, lo haría bien. No podía permitirse errores, al menos no después de haber tomado la decisión de alejarla. No le importaba tener que alejar a sus demás amigos, aunque le doliera, prefería estar solo a permitir que alguno de ellos estuviera en peligro.

Los gritos de Mimi apenas le llegaban a los oídos, la mirada fría y abrasadora de Yamato no lo inmutó. Tragó cada uno de los insultos, y el hecho de que Yamato no le pusiera un solo dedo encima, para golpearlo, le decía que estaba molesto. Realmente estaba muy, muy molesto.

Podía imaginarse a Sora, incluso podía llegar a sentir el dolor que él mismo había causado con sus palabras. No tenía que ser muy inteligente u observador para saber que ella estaba sufriendo, y más cuando él había presenciado el dolor en sus ojos castaños rojizos. Él mismo fue testigo de cómo su corazón se rompía en miles de pedazos. Él era el único culpable, y el único consuelo que tenía era que ella iba a estar viva. Después de atrapar a Ryo, podría decirle la verdad y sí ella accedía a perdonarlo, estarían juntos. Mientras tanto, estaría lejos de ella, hiriéndola. Era un sacrificio que él estaría dispuesto a hacer con tal de que ella viviera.

—Confió en ti, Taichi. —Le gritó Mimi. Sus orbes color caramelo parecían estar incendiándose por el gran coraje que sentía hacia él. —Todos lo hicimos. No sólo le mentiste a ella, nos mentiste a nosotros. ¡A nosotros!

Tai tragó saliva. Tenía que mentir, fingir que todo ese evento no lo molestaba y lo perturbaba en lo más mínimo.

—Era lo que tenía que hacer para lograr lo que quería, lamento haberles mentido.

El puño de Yamato contra su quijada lo tomó por sorpresa, fue lo suficientemente fuerte para ocasionarle dolor y hacerlo retroceder algunos pasos.

—Eres un maldito hijo de puta. —Dijo Yamato fríamente. Estaba seguro que pocas veces había visto a Yamato tan molesto con él. —¿Cómo puedes estar tan tranquilo después de haber herido a Sora? ¡A Sora! ¡A tú maldita mejor amiga!

Las manos de Yamato se cerraron entorno a su camisa, acercando el rostro pálido del rubio contra el moreno de él.

—Explícame cómo puedes ser tan cabrón para haberla utilizado de esa forma, a ella, sólo por sexo. —La voz de Yamato era apenas un murmullo, frío y amenazante.

—Sabes que me gustan los retos, y este era un reto jodidamente difícil Yamato. Hice todo, todo lo necesario para llevármela a la cama. Incluso mentirles a ustedes, incluso fingir un evento sentimental con sus, no... Nuestros mejores amigos para que ella estuviera segura de entregarse a mí. —Su voz calmada e impersonal, lo impresionó. Si no llegaba a triunfar en Relaciones Internacionales, podría ser actor.

Yamato desprendió sus manos de la camisa del castaño, sentía asco. Asco del que se suponía ser su mejor amigo. Taichi no era esa clase de chico que se acostaban con cualquiera, al menos no la clase de hombre que lastimaban a sus amigos. Desconocía a esa persona que lo miraba tranquilamente. No, ese no era el Taichi que él conocía. Ese no era su mejor amigo.

—La destruiste Taichi. Espero que el sexo que tuviste con ella, valga el hecho de haber perdido a esa gran mujer. —Mencionó Mimi con un tono de voz furioso. —Espero que tu capricho valga el hecho de haber perdido incluso mi amistad.

—Lo fue, Mimi. —Dijo fríamente Tai. —Sora es increíble en la cama. —Después desvió la vista hacia Yamato. —Deberías acostarte con ella, Yamato, te aseguró que es de las mujeres más...

Yamato asestó otro golpe en su mejilla, callándolo.

Mimi le dirigió una mirada de asco y furia. La figura femenina de la castaña simplemente se giró y se marchó de ese lugar. Bien, eso se lo esperaba. Era evidente que sucediera. Ella era la mejor amiga de Sora, además… si quería mantener la mentira lo mejor era mantener a todos alejados de él.

Esperaba que Yamato hiciera lo mismo y lo dejara solo. ¡Por Dios! Realmente necesitaba estar solo, necesitaba estar tumbado en su cama y estar bebiendo. Quería hundirse en su miseria. Quería olvidar el dolor que le causaba el rechazo de sus amigos. Quería olvidar que había herido a una de las personas que se había jurado nunca lastimar.

—Me das asco. No te pediré que te marches del departamento, puesto que éste también te pertenece. Pero te voy a exigir que te abstengas de dirigirme la palabra. Al menos, hasta que seas lo suficientemente hombrecito para ir con ella, pedirle perdón como se lo merece y alejarte de ella.

Tai asintió ante la petición de su mejor amigo, o debería de decir, ex-mejor amigo. La figura de Yamato se perdió en la entrada de la puerta del departamento, para seguir a Mimi, probablemente. O para alejarse de él.

Se forzó a no reírse a carcajadas por lo irónica de la situación. Nunca en su puta vida se había imaginado una situación así. ¿Realmente sus amigos lo conocían tan poco para aceptar que él le haría algo de esa índole a Sora? Le dolía la desconfianza. Pero prefería que fuera así. Si no le hubieran creído las palabras y la máscara de indiferencia que se había auto-impuesto, hubiera tenido que tomar medidas extremas.

Pasó sus manos por su rostro, para tratar de despejarse. Se dirigió al refrigerador y sacó algunas cervezas. No quería saber nada de nadie. Al menos no por ese día. Haber visto a Mimi y Yamato odiándolo y despreciándolo era difícil, pero recordar a Sora… era jodidamente… ni siquiera sabía la palabra correcta con la que describir ese sentimiento que apretaba su corazón.

Sólo esperaba que el plan que tenían funcionara. Tenía que funcionar, de lo contrario se volvería loco.

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—.

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3.

Tenía que comprobarlo con sus propios ojos. Tenía que verla para asegurarse que los rumores eran ciertos. Tenía que escucharla para estar completamente seguro.

Sora no había ido a clases en tres días, y ese simple hecho podía significar que Taichi y ella habían terminado.

La vio saliendo de un aula de clases, sus ojos estaban adornados con unos leves círculos morados y su semblante era triste. Confirmado: Habían terminado. Ahora tenía que saber sí la información proporcionada por la imbécil de Natsuki y Yuriko era cierta. ¿Taichi habría sido capaz de hacer esa estupidez?

Él ya sabía que Yagami era un reverendo idiota, pero de ahí a utilizar a su mejor amiga para cumplir un reto auto-impuesto… eso ya eran ligas mayores de idiotez. Y no es que a él ese hecho le molestara, al contrario. Casi brinca de la emoción al enterarse… estando Sora tan vulnerable sería prácticamente pan comido acercarse a ella para conquistarla. Sus planes a partir de ese momento se simplificaban tanto, que se le hacía levemente sospechoso. Con la memoria pérdida del imbécil de Ichijouji y con Yagami fuera, todo se simplificaba. Nadie sabría nunca lo que había pasado con Sara, nadie sabría que él había hecho ciertas cosas para lograr sus más oscuros placeres. El hecho de que con Sora, él no tuvo que mover un solo dedo, más que acosarla para saber cuáles eran sus intereses y conocer a sus amistades, era irreal.

Sora sería de él. Si Taichi había logrado meterla en su cama… él podría hacer más cosas con ella. Muchas cosas más.

Siguió a la pelirroja sigilosamente. Sentía su corazón palpitar rápido, su adrenalina inundaba cada rincón de su cuerpo. Al doblar una esquina, decidió actuar. El papel de chico dulce y compresivo le quedaba demasiado bien…

—¿Sora? —trató de que su voz sonara dulce y segura. Observó como la chica se detenía y se giraba hacia él esbozando una sonrisa tímida. —¿Estás bien? Hace días que no te veía en la Universidad. —afirmó. Necesitaba saber de sus labios lo que el pendejo de Yagami le había hecho.

—Me resfrié y preferí no venir. —Mintió la pelirroja. —¿Cómo has estado, Ryo?

Ryo esbozó una sonrisa ladeada. Sora era pésima mintiendo.

—Mejor que tú, por supuesto. —metió sus manos en sus bolsillos, para verse un poco despreocupado. —¿Vas a decirme la verdad de tu ausencia o tendré que poner mis súperpoderes a trabajar con tu mente?

Sora se puso tensa, desvió su vista hacia un punto en el otro extremo del vacío pasillo y suspiró. Probablemente Ryo ya supiera que lo suyo con Taichi no había funcionado. Después de todo, varias personas, ya habían esparcido el rumor. Esperaba realmente que los motivos del rompimiento fueran secretos, el hecho de que su mejor amigo jugara de esa forma tan ruin con ella no la enorgullecía. Además, ya no quería llorar. No por él. No por Taichi, no por haber entregado su corazón y su cuerpo a alguien que sólo la había visto como un reto difícil. Y no quería que Ryo supiera, que en el fondo sus sospechas acerca de los sentimientos del moreno hacia ella, siempre habían sido una mentira.

—Me sentía indispuesta, esa es la verdad. —Al menos esa no era una mentira. No pensaba divulgar a nadie que hace tres días no solo había perdido a quién creía era el amor de su vida, sino a su mejor amigo. Ya tenía suficiente con el hecho de que Mimi y Yamato supieran.

Ryo mordió el interior de su mejilla dubitativo entre desenmascarar a la chica ahí mismo.

—Bien, me alegra que estés mejor ahora. —Dijo un tanto irónico. Si ella no le decía la verdad, se lo preguntaría a Yagami, después de todo… Yagami creía que eran algo así como amigos. —¿Vas a ir a la exposición de arte de los de séptimo?

Sora soltó todo el aire que había retenido. Estaba segura que Ryo no se había tragado su historia del resfriado, pero agradecía que ese chico no insistiera. ¿Por qué no se había enamorado de él? Ryo era dulce, amable, inteligente y la quería. ¿Por qué había decidido enamorarse de su mejor amigo?

—No recordaba de esa exposición… —humedeció sus labios levemente. —La verdad es que…

—Estás indispuesta ¿cierto? —Soltó un fingido suspiro. —Escucha, sé que algo te pasa. Y no es necesario que me lo digas, al menos no ahora. Pero creo que te vendría bien despejarte un rato. Sólo piénsalo.

Sora asintió ante lo dicho por el chico. ¿Cómo era posible que Ryo fuera tan dulce y comprensivo?

—Lo haré… me refiero a que lo pensaré. —murmuró después de pensarlo por unos segundos. Enfocó su vista en los orbes verdes del chico y sintió un estremecimiento extraño. Sintió una sensación parecida al peligro. Perfecto. Ahora estaba paranoica. No porque Taichi la hubiera lastimado significaba que Ryo le hiciera lo mismo. —Gracias por ser tan bueno conmigo.

Y lo decía honestamente. Ryo merecía a una chica que lo quisiera como el maravilloso hombre que era. No como el cariño de amigos que ella le ofrecía.

Ryo esbozó una sonrisa triste y resignada. —Espero verte ahí, Sora.

Con un suave apretón en uno de sus hombros el chico se alejó de ella. Dejándola sola con sus pensamientos nostálgicos.

Sora apretó una de las correas de su bolsa y siguió su camino. Ryo tenía razón, tenía que despejarse. Estar sola hacía que ella recordara las palabras hirientes de Taichi. Recordaba aquellas caricias que ahora le parecían vacías y falsas. Lo mejor era olvidar, y estar sola y llorar no la ayudaba. Ella era una chica fuerte y saldría adelante.

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—.

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4.

—Algo le está pasando, estoy segura.

Takeru dirigió su mirada hacia su novia y negó suavemente con su cabeza. Al parecer el instinto sobreprotector no sólo lo tenía Taichi, sino también Hikari.

—Que Taichi se haya tomado bien nuestro noviazgo, y que no me haya roto las piernas, no significa que él esté muriendo. —Razonó Takeru.

A él también le había parecido extraño que Taichi no hubiera reaccionado como todos lo esperaban: rompiéndole las piernas y sacando una orden de restricción para que él no se acerca a su dulce hermana. Pero después de pensarlo, había concluido que había actuado con madurez.

—Algo le pasa.

—Parece que esperabas que alguien se opusiera a lo nuestro. —Bromeó el chico.

Hikari le regaló una de esas sonrisas que tanto adoraba, dulce y amorosa.

—Aunque el mundo entero se opusiera, yo seguiría contigo. —murmuró la chica muy cerca de sus labios.

Takeru la cogió suavemente de la cintura y la atrajo hacia sí.

—¿Pelearías con ellos por mí? –preguntó el chico suavemente y después depositó un dulce beso detrás de la oreja de la chica.

Hikari soltó un suspiro sin poder evitarlo, la dulzura de Takeru siempre la tranquilizaba.

—Pelearía contra todo y todos por ti, incluso contra MaloMyotismon.

Takeru rió suavemente, dejando que su aliento golpeara contra el cuello de la chica. Se acercó a Hikari y posó sus labios sobre los de la chica, sintió como Hikari entreabría un poco más los labios, pidiéndole más profundidad. La lengua de Takeru perfiló los labios de la chica y enseguida notó la suavidad y humedad de la lengua de ella, recibiéndolo. Hikari disminuyó la poca distancia que los separaba pegándose contra el pecho y posó sus pequeñas manos en la cadera del chico.

Hikari comenzó a besarle como más pasión, sentía hambre. Hambre y sed por los labios y caricias que Takeru le daba. Continuaron jugando con sus labios, separándose lo justo para respirar y luego volver a juntar sus bocas.

Takeru colocó una de sus manos en la cintura de Hikari, y la otra se dirigió hacia uno de sus costados y se concentró en darle suaves pero pasionales caricias, atrayéndola más a su cuerpo. Escuchó como un jadeó salía de los labios de ella, ese simple sonido provocó que sintiera una corriente eléctrica en su entrepierna. Tuvo que tener mucho autocontrol para poder separarse de ella, redujo la intensidad del beso y con un suave mordisco en su labio inferior, se alejó un paso del cuerpo de esa chica que lo estaba volviendo cada vez más y más loco.

—Eso ha sido fantástico. — dijo alegremente Takeru, ignorando el gran rubor que tenía Hikari.

—Sí, eh… Ha estado muy bien. —Musitó la chica, deseando que ese beso, o esos besos no terminaran nunca.

—¿Cómo va tu proyecto? El de periodismo. —preguntó el ojiazul. Tenía que poner esa situación a resguardo o de lo contrario, no podría controlarse y se abalanzaría contra esos labios rosados y suaves.

—Pues, no he investigado mucho… con el accidente de Ken, he descuidado ese asunto. —Hikari mordió el interior de su mejilla pensativa. Recordaba que un día antes del accidente, Ken le había mandado varias cosas a su correo, no había podido revisarlas porque había estado con Takeru. —Ahora que lo mencionas, la fecha se está aproximando y no tenemos ningún avance del proyecto.

—Tal vez yo pueda ayudarte un poco, ¿qué información tienes?

—Todo está en mi ordenador y algunas cosas en copias, pero esas creo que ya las has revisado. –Hikari se dirigió hacia su habitación, siendo seguida por el chico. Trató de esconder su nerviosismo. Era la primera vez que Takeru entraba a su habitación como su novio. Prendió la computadora y esperó unos minutos a que se cargara y para abrir los archivos que Ichijouji le había mandado.

—Qué extraño. –dijo Takeru observando una de las fotografías que Hikari había abierto.

Hikari sintió un estremecimiento recorrerla al sentir el cálido aliento masculino de Takeru chocar contra la piel de su nuca.

—¿Qué es extraño?

—Ese chico, se parece mucho a un interno o doctor que estaba en el Hospital de Tokio.

Hikari sacudió su cabeza para despejar su mente, tenía que dejar de desvariar y concentrarse. Su vista se fijó hacia el chico de cabello castaño desordenado y ojos grises que Takeru señalaba. Trató de recordar sus pocas visitas a ese hospital pero su mente estaba en blanco. Se giró hacia el chico y humedeció sus labios.

Takeru no pasó desapercibido aquel gesto sumamente sensual, pero trató de enfocarse en otra cosa.

—Ahora que lo dices, creo que tienes razón… Tal vez Ken ya sabía que ese chico trabajaba ahí y por eso fue a Tokio. —Dijo entusiasmada.

—Pero creí que iba a ver a Joe. –alegó Takeru sin alejarse del cuerpo de la chica. Por más que trataba de desviar sus ojos, parecía que su cerebro se empeñaba a seguir el movimiento de esos labios.

—Sí, porque quería saber unas cosas de medicina. Pero dime, ¿para que iría hasta Tokio sí eso podía hacerlo por teléfono?

—Que mala suerte que él no recuerde nada, tal vez logró hablar con él y ahora no sabremos qué relación tiene él con tu proyecto. –Dijo Takeru.

—Sí, pero nosotros podemos ir a Tokio. O puedo pedirle de favor a Tai que lo haga. –dijo alegremente la chica, por un momento había pensado que tendría que cambiar de proyecto. Pero ahora todo se estaba solucionando, Ken no podría ayudarla porque estaba recuperándose del accidente pero con la ayuda de Takeru y Taichi, podría sacar adelante su proyecto. –Eres un genio, Takeru.

Takeru sonrió y besó suavemente los labios de la chica, cuando quiso alejarse de ella, Hikari ya estaba profundizando el beso. Takeru se permitió perderse entre los apasionados besos que su novia le estaba dando. Estrechó aun más a la chica entre sus brazos sin poder evitarlo, le encantaba besar a Hikari. Takeru quería besarla con dulzura, pero Hikari se lo ponía cada vez más difícil. La pequeña Yagami tenía una sensualidad nata.

Continuaron besándose apasionadamente por varios minutos, separándose solo para coger un poco de aire. Cuando Takeru pegó su cadera a la de la chica, Hikari no pudo evitar gemir.

—Hikari… —murmuró alejándose de sus labios.

—¿Pasa algo, hice algo? –Preguntó acaloradamente la chica. –Sé que a lo mejor no tengo tu experiencia, pero… me gusta estar cerca de ti… y sí llega a pasar eso entre nosotros, estoy lista.

—¿Experiencia? –preguntó el chico con una sonrisa en el rostro. Vaya, Hikari había pensado en que él y ella podían llegar a… bueno a tener relaciones. Y no es que él no lo hubiera pensado. Al contrario, esa chica le gustaba de una manera inimaginable. Pero apenas estaban saliendo, no quería que todo fuera demasiado rápido, quería que cuando ellos estuvieran en intimidad, todo fuera perfecto. –Hikari, escucha… yo tengo la misma experiencia que tú.

—Eres guapo, mucho. Las chicas del colegio te miran con deseo, has tenido novias antes que yo… no soy tonta Takeru. –Dijo Hikari notando los celos apoderarse de ella.

—Sí he tenido a otras novias, pero nunca he sentido con ellas lo que siento por ti. Nunca he llegado lejos con ellas, y no quiero hacerlo. No con alguien que no seas tú. –Comenzó a besar su cuello dulcemente, alternando besos con mordiscos. –Para mí sólo existes tú, solo tus ojos, tus labios, tu piel.

—Sólo yo…

Takeru asintió y acercó sus labios a los de ella, no pudo evitar morder esos labios que lo tentaban tanto. Después los acarició con la lengua, profundizaron el beso unos minutos. El chico pegó su cuerpo nuavamante al de la chica y acarició sus caderas. Siguieron besándose apasionadamente, cuando escucharon una puerta abriéndose y dejando pasar las voces de los padres de Hikari; Takeru se separó de los labios de ella.

—Ya tendremos tiempo de estar juntos, lo prometo. –Dijo el chico roncamente sobre su oído, jadeando por la intensidad de los besos.

Hikari apenas asintió y trató de alejar el naciente rubor que cubría no sólo su rostro sino todo su cuerpo. Esa frase le sonaba a una promesa y esperaba que esa promesa se cumpliera.

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—.

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5.

Mimi salió a toda velocidad del aula de "Introducción a la producción de alimentos". Había dejado su cuaderno y sus plumas encima de escritorio. No podía creer que hubiera olvidado que mañana sería el evento de Exposición de Arte de los alumnos más avanzados de la Universidad, y gastronomía al ser una carrera artística, estaba invitada. Pero ella no estaba preocupada por ese evento en concreto, si no porque no tenía boletos para ese programa. Su asesora de carrera, les había especificado desde el primer día de inicio de clases que cuando esa exposición fuera, era importante que ellos fueran. Incluso les había dejado una tarea para cuando eso sucediera.

Le dieron ganas de golpearse contra el asfalto por ser tan distraída, pero es que lo acontecido con Sora y el imbécil de Taichi, sumado al hecho de que Yamato y ella habían empezado a ser algo así como "amigos", la tenía vuelta loca.

Si no conseguía un boleto para la exposición, moriría. Literalmente. Su asesora la estrangularía por ser tan irresponsable, y no podía pedirle de favor a Sora que le pasara el boleto que a los chicos de su carrera les daban inmediatamente, porque para una chica como Sora, asistir a esos eventos era casi un ritual. Ella sólo iría por la dichosa tarea.

Cuando llegó corriendo a la taquilla, se le cayó el mundo encima. Había una fila inmensa de alumnos, ¿desde cuándo a los alumnos les interesaba ir a una exposición de arte? Si fuera de moda, música o algo así, lo entendería. Pero, de ¿Estructuras y mesas? No, la gente estaba volviéndose loca. Gruñó fuertemente y le dieron ganas de picarse los ojos, esperando morir desangrada por ese sonido tan poco femenino. No quería quedarse ahí, estaba haciendo frío y había dejado sus cosas en la otra aula…

Cerró un momento los ojos para darse paciencia y se formó. No había de otra. Tendría que formarse y esperar.

El tiempo pasaba y la fila parecía, que en vez de avanzar, crecía; causando que ella quedara más y más atrás. ¡Sus cosas iban a perderse! Que horrible sería, ahora no solamente no tendría boletos para el evento, porque había escuchado que ese programa era limitado; si no que sus hermosas plumas, se perderían. O peor aún, alguna persona con cero sentido del gusto y de la moda se las quedaría y…

—Mimi, si me sigues ignorando voy a terminar enfadándome. –La voz fría y algo molesta llegó hasta sus oídos a través de todos sus pensamientos.

Por primera vez se dio cuenta que tenía a alguien a un lado, cerca. Muy cerca. Su aroma a menta y cigarrillos inundó inmediatamente sus fosas nasales, causando que se estremeciera. Los ojos azules, la piel blanca (casi pálida) y el pelo rubio delataron enseguida su identidad.

—Ah, eres tú, Yamato.

—Claro que soy yo, Mimi. Soy inconfundible.

—Insufrible, diría yo.

—Haré como que no he oído eso— dijo el rubio frunciendo un poco el ceño—. ¿Qué haces aquí? ¿No temes enfermarte y coger un resfriado y que eso te impida lucir radiante?— dijo algo sorprendido, casi desconfiado.

—¡Ya lo sé!— se le escapó el tono algo histérico y preocupado— Pero es que necesito ir por un boleto para el evento de arte que habrá mañana, de lo contrario, la asesora de mi carrera me matará y después, me expulsará de la Universidad.

Yamato asintió imperceptiblemente, y miró la larga fila de alumnos que había delante de la castaña, que era la última.

—¿Y piensas quedarte aquí haciendo fila?

—¡Claro! ¿Crees que quiero morir siendo tan joven? Además, ¿de dónde voy a conseguir un boleto? ¿Del basurero?— preguntó irónicamente Mimi.

—No me refería a eso— dijo él rodando los ojos—. Me refería a que pasaras hasta el comienzo de la fila y lo compraras. Eres pequeña, nadie te notará.

Ella le miró ofendida.

—¡No pienso hacer algo así! Además no soy tan chaparra. No voy a colarme. — dijo indignada.

—Mimi, sí eres tan pequeña es por algo. Aprende a usar ese atributo. — dijo Yamato como si le explicara algo infinitamente sencillo.

Mimi detuvo la charla al ver que dos chicas que tenía delante les observaban. No, más bien debía corregirse: Observaban a Yamato sonriendo coquetamente. Él les sonrió también y ellas, sonrojadas, se dieron la vuelta riendo en voz baja. Mimi bufó, cruzándose de brazos.

—Espera un momento aquí.

Mimi desvió su vista para mirarle, pero ya no estaba allí. Miró hacia el inicio de la puerta y observó como Yamato hablaba con alguien de la taquilla. Mimi suspiró, esperando sin moverse. Tan solo habían pasado un par de minutos cuando Yamato regresó con ella, mostrando una mueca de superioridad.

—Venga Mimi. Vámonos— dijo el rubio, haciéndole un gesto con la cabeza.

—No pienso irme contigo a ninguna parte. ¡Aún tengo que ir por el boleto!— dijo ella haciendo un gesto como si tuviera que recordárselo.

—Tan lista para unas cosas y tan tonta para otras— murmuró el rubio rodando los ojos y tendiéndole un pequeño papel rosáceo—. ¿No ves que ya he ido yo a conseguirlo? Vamos.

Ella le miró con los ojos muy abiertos, observando el papel. No se movió ni un milímetro. Luego elevó la mirada hasta la fría y azulada de él con marcada desconfianza.

—Mimi, no me he colado aprovechando mis muchos atributos. Un chico de la banda es el encargado de vender los boletos, ni siquiera tuve que pedirlo, me lo dio inmediatamente.— dijo, tendiéndole el papel de nuevo.

Ella lo tomó lentamente. Lo leyó y releyó.

—Eh… Yamato… Gracias, supongo— dijo la castaña, no sabiendo muy bien qué decir.

—En vez de darme las gracias vayámonos de aquí.

Ella le miró con cierto nerviosismo, pero asintió y salió de la fila.

—Adiós, chicas— dijo Yamato, con una voz que Mimi se atrevió a calificar de seductora, a las dos chicas que sonrieron y también se despidieron de él.

Comenzaron a caminar en dirección contraria a la larga fila de los boletos, acercándose hacia el edificio en el que Mimi había olvidado sus cosas.

—En otras circunstancias lo que has hecho podría calificarse como Tráfico de influencias— dijo Mimi, tratando de no verse nerviosa por la cercanía de Yamato.

—Y lo que has hecho tú como Aceptación de sobornos— contraatacó Yamato con sagacidad—. Y en vez de seguir quejándote y buscándole el lado malo a algo que no lo tiene, alégrate de no tener que quedarte allí esperando por algo imposible. Los boletos estaban a punto de terminarse.

—¿Cuánto te debo?— preguntó entonces ella, dándose cuenta de que no le había pagado.

—¿Aparte de haber salvado tu vida y tu estancia en esta Universidad? Nada. –respondió sarcásticamente, recordando todo el argumento exagerado que la castaña le había dado antes.

—Vamos Yamato, ¿cuánto ha sido? –insistió Mimi, ignorando la burla del rostro del rubio.

—Nada, Mimi. En serio, no tienes que pagarme nada, no pagué siquiera por él.

Mimi le miró indignada y le dio un golpe en el brazo. Yamato sonrió levemente. Era terriblemente fácil hacerla enfadar.

—Es demasiado fácil hacerte enojar, Mimi.

—Y tú eres muy frío, Yamato.

—Querrás decir amable y atractivo.

—¡No quiero decir eso!

—No pasa nada, Mimi. No serías la única chica que lo piensa, como esas dos que tenías delante— sonrió arrogante. –Pero desgraciadamente, para su mala suerte, yo no estoy interesado en ninguna de ellas.

—¿Ah no? ¿Y quién es entonces, la afortunada que goza de tú interés?— preguntó con muy poca curiosidad.

Yamato le dirigió una mirada cargada de intensidad, que provocó que Mimi se sonrojora violentamente.

—Nadie por el momento.

Mimi no pudo evitar sentirse entre aliviada y dolida. ¿Por qué tenía de repente esos sentimientos tan confusos por Yamato?

A ella no le gustaba él. Que Yamato besará bien, fuera guapo y recientemente hubiera descubierto su lado amable, no significaba nada.

Nada.

La decepción seguramente se debía a que ella quería que todos fueran felices, y eso incluía a Yamato. De seguro si Yamato conseguía una novia, sería menos amargado.

Ignoró el leve pinchazo que sintió en su pecho al imaginarse al rubio besando a otra chica, de seguro se debía a que había estado bajo mucho estrés.

Ella no sentía nada, fuera del agradecimiento por Yamato. Con esa firme convicción de pensamientos, se despidió de él e ingresó a los sanitarios, olvidando sus útiles en otra aula.

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—.

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6.

La historia de Yuriko, parte 2.

No podía creerlo, ¿qué hacía él ahí? Cuando alguien hacía una denuncia por asesinato, la policía inmediatamente comenzaba con averiguaciones y con la detención del sujeto sospechoso. ¿Qué hacía Ryo caminando tan campante por todo el recinto? ¿Por qué ni siquiera se mostraba un poco nervioso?

La mirada verdosa del chico se conectó con la grisácea de ella, Yuriko tragó saliva reconociendo la alarma de peligro que su mismo cuerpo lanzaba. Ryo no la veía con temor, la veía con odio y frialdad.

Le dieron ganas de gritar y salir corriendo de ese lugar, decirle al director lo que ese monstruo había hecho, ir de nuevo a la estación de policías y obligarles a apresarlo. Tenía que hacer algo, sí Ryo seguía ahí, él sería capaz de dañar a Masaru o hasta a la misma Sara, y aunque ella la detestaba, no quería verla muerta.

Un zarandeo en uno de sus hombros la sacó de sus pensamientos e hizo que desviara su mirada de la de Ryo.

¿Estás bien? —preguntó Thomas. —Llevó gritándote desde el otro lado del pasillo y tú no me escuchabas.

Yuriko asintió casi imperceptiblemente, miró de reojo el lugar en el que Ryo había estado y ese estado de preocupación y alarma se atenúo al ver que ahora toda su atención no la tenía ella, sino Thomas.

Estaba un poco distraída, eso es todo. —respondió la chica nerviosamente.

Thomas frunció el ceño y dirigió su mirada hacia el punto anterior donde Yuriko había estado observando, soltó un gran suspiro al ver aquel espacio vacío. Podía imaginarse a quién estaba viendo tan embobadamente.

¿Sigues en ese juego con él? —murmuró apesumbrado.

¿Juego? ¿De qué juego hablas? —le interrogó ella, agradeciendo internamente que Ryo los hubiera dejado de observar.

No soy tonto Yuriko. Sé que estás con Ishura, sé que están juntos.

No lo estamos. —Negó ella rápidamente. —Al menos no ahora, eso terminó. Te lo juro.

Thomas miró a la chica un tanto aliviado, ese chico no le daba buena espina.

Me alegro, mereces a alguien mejor. Alguien que sólo tenga ojos para ti.

Yuriko le sonrió tenuemente, Thomas tenía la capacidad de hacerla sentir mejor. Era una lástima que ella no pudiera sentir algo más que amistad por él. Todo hubiera sido, sin duda más sencillo.

Creo que eso nunca va a suceder, yo no soy bonita o dulce.

Más bien eres ciega, Yuriko. —Dijo Thomas. —Eres la chica más hermosa que he conocido, además eres inteligente. —Thomas tomó un poco de más aire para armarse de valor, y extendiendo una de sus manos, tomó la mano blanca y suave de la chica. Nunca la había tocado y el contacto lo hizo temblar. Su piel era tal y como él la había imaginado, suave. —Eres preciosa.

Un leve rubor adornó las mejillas blancas de la chica, le dio un suave apretón a la mano masculina que sostenía la suya y sonrió mostrando sus blancos dientes.

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¿Están juntos? —le preguntó la chica.

No. Aun no. —respondió Masaru, pasando ambas manos por su rostro en un signo de frustración. —Ella teme que él no se lo tome bien, que reaccioné mal.

Yuriko asintió. Si ellos supieran que Ryo ya sabía que ellos se habían acostado, y si supieran que Ryo había matado a Yoshino, se separarían e intentarían hacer las cosas de un modo diferente.

Creo… creo que lo mejor es que se separen por unos días, que estén lejos. —Dijo Yuriko con seguridad.

No puedo hacerlo, no puedo estar lejos de ella… y menos ahora que estuvo entre mis brazos. —Dijo Masaru sonrojándose levemente.

Es increíble que Sara pueda tener todo lo que se proponga y lo que quiera. —Murmuró tristemente la chica. —Quería un padre que la quisiera, y lo tuvo. Quería al mejor chico de la Universidad, y mira nada más: lo tuvo.

Masaru se acercó a ella y le acarició suavemente su oscuro cabello.

El que hagas un halago hacia Ryo sólo hace que me sienta un poquito peor. ¿Sabes? —Bromeó el chico.

No me refería a Ryo, me refería a ti.

Masaru se alejó de ella y la miró a los ojos.

¿No me digas que ahora estás perdidamente enamorada de mí?

Yuriko aventó el cuerpo del chico lejos de ella y se sonrojó estrepitosamente.

¡No! Claro que no. —Arrojó uno de los libros de la biblioteca hacia el cuerpo del chico y bufó con molestia al ver como Masaru lo esquivaba fácilmente.

Tranquila, sólo bromeaba. —Masaru levantó el libro que la chica le había arrojado y lo colocó de nuevo sobre el estante. — ¿Ya no sientes nada por él?

¿Por Ryo? —Yuriko sintió un escalofrío recorrer toda su columna vertebral. Miedo, eso era lo que sentía por él. —No, ya no. Supongo que fue sólo un capricho.

Masaru asintió con la cabeza.

Me parece que más bien, alguien se ha ganado ese corazoncito de piedra…

Yuriko lo miró interrogante. ¿Corazón de piedra? Ella no tenía un corazón de piedra.

Thomas, Yuriko. Los he visto muy juntitos desde…

Yuriko supo lo que seguía de esa frase inconclusa, desde la muerte de Yoshino. Habían pasado dos semanas desde ese suceso, dos semanas desde que ella había hecho una denuncia y Ryo seguía tan campante por toda la Universidad, dos semanas desde que su pilar era Thomas. El dulce Thomas.

Sí, bueno. Thomas es un buen amigo, sólo eso.

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Ahogó el gemido de dolor que sintió al ser arrojada contra una pared.

En serio pensé que tu estupidez era limitada, pero me equivoqué. —Dijo Ryo con voz sibilante y fría. Peligrosa.

Si Sara ha terminado contigo, no es mi culpa. —Murmuró Yuriko asustada.

Esa estúpida no ha terminado conmigo, yo termino con la gente y no viceversa. —El chico acercó su rostro hacia el de ella y lamió la curvatura de su cuello. —Tu estupidez se debe a tu reciente cercanía al imbécil que estudia informática.

Yuriko sintió un miedo, no por ella, sino por Thomas. Una mano de Ryo presionó uno de sus pechos con brusquedad y a pesar de esa fuerza desmedida ella sintió un extraño placer ante esa caricia brusca.

Ryo se percató del estremecimiento del cuerpo de la chica y la besó salvajemente en los labios, mordiéndoselos. Escuchó como un gemido salía de los labios de la chica y él presionó su cuerpo sobre el de ella.

Cuando algo es mío, es sólo mío. ¿Entendido? —Murmuró Ryo sobre los labios de Yuriko.

Yuriko asintió con la cabeza, incapaz de poder decir una palabra. No entendía por qué sentía placer con esas caricias bruscas, no comprendía cómo podía desear a alguien como él. Cuando una mano del chico rozó su entrepierna, ella quiso apartarlo, pero fue incapaz de hacerlo.

El capricho, obsesión o amor que sentía hacia ese chico no llegaba a entenderlo, sólo sabía que quería más de esas caricias, más de ese placer prohibido que Ryo podía darle. Así que se dejó llevar por cada una de las caricias que Ryo le daba a su cuerpo, por cada beso demandante que profanaba su boca y su piel, se dejó llevar por la locura que ese chico le daba.

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Volviste a estar con él.

No era una pregunta, era una afirmación. Yuriko se sintió culpable y avergonzada. Tenía una inmensa necesidad de explicarse con Thomas, decirle que ella no sabía porque había caído en sus garras nuevamente, decirle que se arrepentía, quería pedirle perdón…

No sé qué me pasa cuando estoy con él… Supongo que me dejé llevar por el placer. —Dijo tratando de ser sincera.

¿Sara sigue con él? —le preguntó Thomas, sin mirarla.

Sí. Cada vez que ella intenta terminar con él Ryo la evade.

Thomas miró de refilón a Yuriko y tensó su mandíbula.

¿Estás consciente que sigues acostándote con el novio no sólo de tu mejor amiga sino de tu hermanastra?

Yuriko endureció su mirada.

Ella no es mi mejor amiga.

La envidia que le tienes es enfermiza. —Le espetó Thomas con dureza. —Sara es una chica estupenda, te quiere y ella nunca haría lo que tú le estás haciendo.

Claro que no, ella me quitaría algo más preciado, como por ejemplo mi padre. —Gritó Yuriko con furia.

¡Ella no hizo eso! Yuriko, madura. Tú padre se enamoró de otra mujer, y esa fue la madre de Sara. ¿Cuándo vas a entender que Sara no tuvo nada que ver?

Los ojos de Yuriko se anegaron en lágrimas. —Ella le presentó mi padre a su madre. ¿Qué más muestra de culpabilidad quieres? ¡Por culpa de ella, mi padre engañó a mi mamá y a mí! ¡Por culpa de Sara, él ya no me quiere!

Thomas tomó el rostro de la chica entre sus manos y la obligó a que lo mirara.

Los dos sabemos, que ella no hizo eso. Tú padre cometió un error, la madre de Sara también. Pero Sara no es culpable de los errores de ellos.

Todos la prefieren a ella, todos prefieren a Sara. Incluso mi padre, Ryo y hasta… —su voz se entrecortó por las lágrimas que comenzaron a mijar toda su cara. —… hasta tú la prefieres.

Eres una ciega Yuriko. Yo sólo tengo ojos para una sola chica… y esa chica no es Sara.

En un impulso, Yuriko colocó sus manos entrelazadas atrás del cuello del chico y pegó su nariz a la de él. Desde esa posición, Yuriko pudo apreciar sus ojos que parecían un mar tranquilo.

¿Por qué la defiendes, entonces? —le interrogó en un murmullo bajo.

Porque me duele ver el daño que te estás haciendo, me duele ver que estés enamorada de alguien que no te merece.

Las manos de Thomas se posaron suavemente sobre la cintura de la chica, atrayéndola hacia él. Yuriko suspiró ante ese suave contacto. Ryo nunca la había tocado con esa dulzura, con esa ternura.

¿Quién es la chica a quién quieres? —murmuró Yuriko sobre sus labios.

Thomas no contestó a esa pregunta, al menos no verbalmente. Posó suavemente sus labios sobre los de la chica y la besó. Dulce y tiernamente, se tomó su tiempo en conocer esos labios que desde hace tiempo lo tenían loco. Cuando la punta de su lengua acarició la comisura de los labios de la chica para profundizar el beso, la puerta del aula en la que estaban se abrió, causando que los dos se separaran rápidamente.

Yuriko empalideció al reconocer la mirada verdosa, llena de furia y odio. Cuando la figura de Ryo se giró para irse de aquella aula, Yuriko sólo pudo seguirle, dejando a Thomas confuso y con su corazón latiendo rápidamente.

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Llegó a su habitación temblando y unos brazos finos la rodearon. Antes hubiera rechazado ese contacto, pero ahora lo necesitaba. Necesitaba sentirse querida, protegida. Ahora necesitaba sentir un poco de calor humano que sabía, ella no merecía.

Tranquila, él estará bien. Fue un accidente, lo están cuidando. Él estará bien.

Tus sollozos se hicieron más audibles y apretaste más ese cuerpo delgado.

Sí a él le pasa algo, será sólo mi culpa, Sara.

Sus rodillas dejaron de responderle, causando que perdiera el equilibrio.

Claro que no es tu culpa, Yuriko. Los accidentes pasan. —Dijo Sara dulcemente, acariciando el cabello de Yuriko.

Yuriko escondió su rostro entre sus manos, eso no había sido un accidente. Ryo la había visto besándolo, y había sido su forma de decirle que ella sólo le pertenecía a él. Sólo a él. Y ahora, por ese acto impulsivo, su mejor amigo, su pilar, estaba debatiéndose entre la vida y la muerte.

Era su culpa. Si Thomas moría, sería solo su culpa. Así como la muerte de Yoshino, ella también tendría la culpa de esa muerte.

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Tienes que recuperarte, Thomas.

Se sentía sumamente tonta por hablarle a un cuerpo inerte. Dormido. Inconsciente.

Tomó una de las blancas manos del chico y sintió aquella falta de calidez propia del cuerpo masculino.

No puedes dejarme sola, no ahora que sé lo que significas para mí.

¿Y qué es lo que sientes, Yuriko?

La chica se quedó anclada al lado de la camilla de hospital de Thomas, a pesar de sentir miedo, ignoró esa voz monstruosa, y acarició la rubia cabellera del chico que siempre había estado cerca de ella.

Lo quiero. Te quiero Thomas. Despierta, por favor.

Ryo comenzó a reír estruendosamente. A Yuriko le dieron ganas de golpearlo, pero siguió acariciando a Thomas. El que Ryo estuviera ahí, no le importaba. Estaban en un hospital. En ese lugar ella y Thomas estarían a salvo.

¿Lo quieres? ¿Lo quieres como a mí? ¿Lo deseas cómo me deseas a mí? —susurró el chico. Escuchó los pasos del chico por toda la habitación y sintió como él se paraba justo detrás de ella. El estremecimiento que sintió cuando Ryo tomó su cintura fue inmediato.

Tendría que ir a ver a un psiquiatra. El deseo que sentía por ese chico no era sano. Eso no era amor. No podías sentir miedo y deseo por una misma persona. Al menos no una persona sana.

A él lo quiero como jamás podré quererte a ti. —Dijo segura de sí misma. Nunca había dicho una verdad tan absoluta, el beso que Thomas le había dado no solamente la hizo desearlo como hombre, sino quererlo. Protegerlo. Lo que sentía por Ryo era diferente, era un deseo insano, enfermizo. Thomas le daba ternura, seguridad, amor.

Es una lástima que él esté a punto de morir ¿no crees? —Sus labios comenzaron a dar besos por todo su cuello, causando que la mano de se encontraba acariciando el cabello rubio de Thomas, se detuviera. —Es muy triste, que él nunca vaya a saber que tú le quieres.

Yuriko se zafó bruscamente de él y lo encaró.

Thomas va a mejorar, y cuando lo haga… él y yo estaremos juntos. Te quiero lejos de mí. Te quiero lejos de él. —Le exigió.

Ryo comenzó a reír y negó con la cabeza. Tomó un mechón de cabello de la chica y lo olió, después tomó a la chica de su cadera y la pegó a él.

Norstein no va a despertar nunca y su muerte será solamente tu culpa. — Forcejeó contra la chica que intentaba apartarse de él y la giró para que quedara frente al cuerpo inerte del rubio. Comenzó a morder su cuello fuertemente, causándole gemidos de dolor a la chica. —Vas a ver como él muere por tú culpa. Verás frente a tus ojos como la única persona que fue capaz de amarte, morirá por tu estupidez.

No puedes tocarlo. No aquí. Yo te denunciaré, juró que lo haré. —Musitó la chica llena de pánico, mirando el cuerpo de Thomas. Él no iba a morir. No podía morir.

¿Así como lo hiciste hace dos semanas y media? —Ryo metió una de sus manos a través de su pantalón y rozó su parte más íntima. Yuriko gritó tratando de que alguien la escuchara y viniera a detener a Ryo, pero la única persona que entró fue Taiki. Sintió una leve llama de esperanza, pero esta se extinguió al ver como los ojos grises del chico se oscurecían por el deseo.

Taiki se dirigió hacia la joven y acarició su mejilla, después sacó una jeringa de uno de los bolsillos de su bata y la colocó en una de las mangueras que estaban conectadas a los brazos del chico. Yuriko vio con terror como ese extraño líquido que le suministraba entraba al sistema del chico.

Intentó gritar pero su voz no podía salir de su garganta. La mano que estaba acariciando sus pliegues vaginales no le causaban nada más que molestia, asco. La mano libre de Ryo estaba en su cintura, sujetándola fuertemente. Impidiéndole la huida.

Taiki se dirigió hacia la puerta de la entrada de la habitación del hospital y en vez de salirse se quedó con su mirada anclada a la entrepierna de la chica.

Ryo metió uno de sus dedos a la entrepierna de la chica, mientras que se escuchaba un sonido extraño proveniente de una de las máquinas.

Yuriko comenzó a llorar al percatarse del significado de ese sonido, trató de zafarse del agarre de Ryo, pero no pudo lograrlo. Lo único que sentía eran los dos dedos del chico penetrándola y lastimándola, pero más sentía el dolor de no poder detener la catástrofe que estaban causando.

Cuando Ryo quitó sus dedos de su intimidad, se dejó caer en el piso de esa habitación. Ni siquiera notó cuando Taiki y Ryo abandonaron esa habitación. Sus ojos estaban fijos en la figura de Thomas. En la figura del que era Thomas. En el recuerdo de lo acontecido. El recuerdo de que ella había presenciado la muerte de Thomas y no había hecho nada, nada.

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—Sé que él es importante para ti, en serio, lo lamento. –Dijo Ryo hipócritamente.

No soportaba verlo ahí, en ese lugar. Con esa mirada de actuada tristeza y esas condolencias hipócritas, falsas.

—Era importante, ahora está muerto. –La corrigió Taiki.

Yuriko cerró fuertemente los ojos y trató de controlar su enojo. Ahora ella estaba sola, tenía que mantenerse alejada de todos, de lo contrario Ryo podría matarlos.

—Siempre será importante. –Murmuró la chica. –Siempre.

Masaru acarició uno de sus brazos y miró con reproche a Taiki.

—Fue una tragedia, no puedo creer que en tan poco tiempo, personas tan allegadas a nosotros hayan fallecido. –Musitó Sara, pegada a mí. Desde que Thomas había muerto, ella no se había separado de mí. Su dulzura lejos de molestarme, me enternecía, a la vez que me hacía sentir culpable. No merecía tenerla de amiga, y hasta ahora me daba cuenta del grave error que había cometido metiéndome con ella. Alguien inocente.

—Los accidentes ocurren, ¿cierto, Ryo? –dije abruptamente. Me dolía que él estuviera ahí, me enojaba que Taiki sonriera en ese momento. No los soportaba y sí en mis manos estuviera su suerte, los mataría.

—La muerte siempre está en la esquina, esperando por su próxima víctima. –Dijo seriamente Ryo. –Es una lástima que haya pasado de repente, en personas tan jóvenes.

—Sí, bueno… No estás sola, Yuriko. –Dijo Masaru. –Ven, vámonos de aquí. De seguro quieres estar un poco sola.

Yuriko asintió queriéndose alejar de Ryo y Taiki. Tomó la mano de Sara para llevarla con ella, el dejarla sola con ese demonio la aterraba. Pero Ryo negó con la cabeza.

Ese gesto sólo lo pudo ver ella, notó como el cuerpo de Masaru se tensaba al notar como Ryo rodeaba el cuerpo de la chica entre sus brazos.

El coraje que sintió en ese momento distó mucho de los celos. Lo odiaba. Odiaba a Ryo.

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—Me debes algo, Yuriko. –dijo Ryo acariciando un muslo de la chica.

Yuriko se asqueó por su contacto, logró zafarse de él y le dirigió una mirada llena de odio y repulsión.

—No te debo nada. No te denuncié, cuando lo hice, mataste a lo poco que tenía.

Ryo se acercó de nuevo a la chica y tomó fuertemente su barbilla, obligándola a mirarlo.

—Me debes el cuerpo de Sara en mi cama, y lo quiero ahora.

—No te acerques a ella. Déjala, búscate otra víctima. –le espetó fríamente.

—Ya la tengo, a mi próxima víctima. Pelirroja, deportista, preciosa. Pero quiero a Sara, quiero su cuerpo. Después de eso, las dejaré en paz. No más muertes.

Yuriko miró al chico sin creer lo que estaba escuchando.

—No te acerques a ella.

—O me entregas a Sara en bandeja de plata, o mato a Masaru. Tú eliges, Yuriko.

Yuriko abrió sus ojos espantada, no. A Masaru no.

—¿Qué es lo que tengo que hacer? Sara no quiere estar contigo… no puedo convencerla… —tartamudeó ella.

—Drógala.

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—.

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7.

—Taichi, la clase ha terminado.

Abriste un solo ojo para localizar al dueño de aquella voz que te sacó de tus pensamientos, mientras dormías en clase. Hace mucho que no te quedabas dormido en clases, al menos desde que entraste a la Universidad y decidiste ser el mejor en tú carrera. Cambiaste horas de entrenamiento de fútbol por horas encerrado en una biblioteca rodeado de libros, que antes, lo único que te provocaban era quemarlos y bailar alrededor de ellos.

Esbozaste un atisbo de sonrisa al distinguir la rubia cabellera de Natsuki, sus ojos antes frívolos eran cálidos y compresivos.

—¿Mala noche? —preguntó la chica, apartándose de tu lado para permitirte estirarte y despejar tu mente no sólo de la cantidad de recuerdos y pensamientos que te invaden últimamente; sino también para despejarte de tu repentina siesta.

—Pésima. Ayer tuve un día horrible. —admites sinceramente. Ahora que Yamato y Mimi se han alejado de ti, las únicas personas que te quedan en la Universidad, al menos en las que puedes confiar sinceramente, está Natsuki e Izzy. Yuriko apenas es una conocida, aunque en el fondo agradeces que esté ahí, arriesgando todo para ayudarlos.

Natsuki sólo asiente. Sabe que no hay palabras que decir para que Tai se pueda sentir un poco mejor. Lo único que les queda es actuar con inteligencia, astucia y discreción, y admite en el fondo, que ella no posee ninguna.

—¿La has visto ya? —preguntas de nuevo. Sabes que es una pregunta incomoda, pero para que las cosas estén bien y salgan de acuerdo a sus planes, no pueden perder a Takenouchi de vista.

Tai adopta de inmediato una postura tensa y su semblante ya triste, se hace más melancólico y más taciturno.

—Hoy regresó a clases, pero como es de suponer, en cuanto nos cruzamos me ignoró por completo. —Tratas de que tu tono de voz suene desinteresado, que no se note en tu voz que te duele.

Ambos comienzan a salir del aula de clases y se dirigen a sus próximas clases. Maldices en tu mente que ella no curse tus mismas materias y que compartan muy pocas clases, quieres dejar de sentirte miserable y solo. Porque al menos ella conoce la historia, al menos Natsuki sabe que quieres a Sora, tanto como para ser capaz de decir un sinfín de estupideces para que ella esté a salvo.

Miras de reojo a Natsuki, desde hace mucho tiempo dejó de serla chica insoportable que te seguía a todos lados y trataba de montarse en ti como si estuviera en celo. Ya no te parece tan insufrible como te lo parecía antes.

—¿Desde hace cuánto que no duermes bien, Natsuki? —la interrogas. Natsuki podrá ponerse kilos de maquillaje, pero él sabe que no ha dormido bien. Sus ojos se ven tristes y sin vida, su caminar antes seguro de sí mismo y arrogante, se ha vuelto una actuación. Después de tres días en que él no ha dormido bien, no ha comido bien y ni siquiera le apetece patear un balón de futbol, le hacen saber que ella también está mal.

La chica ríe un poco, una risa hueca, vacía. —Creo que la persona que necesita atención aquí, no soy yo precisamente, Taichi.

Sonríes un poco, de manera comprensiva. Aún no entiendes que tiene que ver Natsuki en todo esto, entiendes la participación de Yuriko porque conoces ya toda la historia. Pero ¿qué tiene que ver ella en todo? Después de que Yuriko terminara de contar el pasado, de que elaboraran planes y pensaban; nunca supiste que tenía que ver esa chica en todo esto. No quieres ser impertinente, tal vez Ryo le hizo algo y ella no quiere decirlo; pero lo cierto es que la curiosidad de carcome. Necesitas saberlo.

—Creo que no has sido sincera con nosotros, Natsuki. —Lo sueltas rápidamente. Tratas de no sonar agresivo, pero la expresión de terror en las facciones de la rubia, y el hecho de que su pálida piel se haya puesto aún más pálida y que sus pasos se hayan detenido, te dicen, te gritan que ella está ocultando algo. —No tienes que decírnoslo, si no quieres. Pero si puedo ayudarte en algo, quiero que sepas que aquí estaré.

—No creo que alguien pueda ayudarme, Taichi. —Evades los ojos castaños del chico, temes que cuando sepa lo que hiciste él se aleje de ti. Y aunque ahora sabes que él nunca podrá quererte, al menos como tú deseas que lo haga, prefieres ese cariño de amistad que antes te parecía estúpido, a que tengas su odio e indiferencia.

—Tal vez en el fondo no quieres que alguien te ayude, tal vez te gusta sentirte así… de ese modo. —Encoges los hombros para quitarle un poco de importancia a tus palabras, no quieres que ella se ponga a llorar. Porque podrás haber madurado un montón, pero de ahí a consolar a una mujer llorando… eso ya son ligas mayores.

Natsuki frunce el ceño y se lo piensa. Continúan caminando y te detienes de nuevo en la bifurcación de uno de los muchos pasillos de la Universidad, tú tienes que ir a la derecha y él a la izquierda. Sabes que tarde o temprano él se va a enterar que fuiste tú la que casi matas a Ken Ichijouji… y algo te dice que Taichi es de las clases de personas que prefieren saber la verdad antes.

—¿No te has preguntado qué tengo que ver yo precisamente, en todo este embrollo? —decides ser sincera y arriesgarte. Yuriko te entendió y te dio su apoyo. Tal vez, Taichi también lo haga. O tal vez él se aleje de ti, asqueado y te quedes sola con tus recuerdos llenos de sangre y ojos azules que se estrellan contra el asfalto.

—A decir verdad, me lo estaba preguntando en este preciso momento.

—Yo fui la que intentó matar a Ken Ichijouji… —Querías decirlo de un modo menos duro, dando más rodeos, pero se te hace tarde para llegar a clases y honestamente, este tipo de cosas no son del tipo que se puedan endulzar. Ves fijamente los ojos de Taichi, puedes leer la sorpresa y la indignación en esa mirada.

Tragas saliva y sientes que ese pasillo se hace pequeño, muy pequeño. Ahora sabes porqué ella está tan involucrada. Quieres verla con asco, repulsión, gritarle que es una asesina; pero su mirada azul cielo te dice que está más que arrepentida de haber hecho eso. El Taichi de antes, se hubiera alejado de ese lugar sin escuchar explicaciones, pero no puedes hacer eso ahora.

—¿Por qué? —necesitas saber los motivos.

—Porque quería que tú estuvieras conmigo. —La explicación del motivo de tu intento de homicidio suena tan estúpida que quieres enterrarte un tenedor en la yugular y esperar a morir desangrada.

Taichi soltó una carcajada llena de ironía.

—¿Estás jodiéndome, cierto?

—Cometí un error, un grave error… —Tenía que explicarle, al menos que supiera que estaba muy arrepentida.

—No, tú estuviste a punto de matar a alguien por… ¡¿por mí?! —gritó Tai.

Natsuki se encogió ante el tono del chico.

—No pensé bien en lo que hacía y Ryo…

—¿Él te obligó? ¿Te amenazó de muerte para que lo hicieras? —la interrumpió Tai.

—No, no. Es sólo que creí que si yo hacía eso, él iba a ayudarme a que tú estuvieras conmigo.

Tai pasó sus manos por su cabello, despeinándolo. ¿En qué clase de mundo estaba viviendo que chicos de 21 años mataban a otros?

—Y te funcionó perfecto, ¿cierto? —afirmó. ¿Cómo Yuriko pudo haber confiado en ella? De seguro era una doble espía de Ryo y quería acabar con todos. —Ahora yo estoy contigo. —Le espetó.

—No, Tai. Yo estoy muy arrepentida. No puedo dormir, cada vez que cierro los ojos el recuerdo de ese chico llega a mi mente y… —su voz se cortó por la desesperación, sentía sus ojos muy acuosos. Tai tenía que entenderla, al menos perdonarla. —… por favor, trata de entenderme un poco.

—Estuviste a punto de matar a alguien, no veo por dónde pueda empezar a entenderte.

Tai endureció su mandíbula, comenzaba a sentir un fuerte dolor de cabeza. Tantas emociones en tan poco tiempo estaban perjudicándolo. ¡Sí solo tenía 21 años! Los problemas que había tenido en el Digimundo se le hacían tan pequeños comparados a esto.

—Bien. Entiendo que no quieras hablarme, o verme. Estoy muy arrepentida, no sé en qué estaba pensando cuando acepté hacer lo que Ryo me pidió. Lo único que sé es que no volveré a hacerlo y créeme que no pienso quedar impune por esto. En cuanto Ryo esté tras las rejas, yo misma iré a entregarme.

Natsuki comenzó a caminar hacia el pasillo de la derecha. Ya era muy tarde para entrar a clases y se sentía muy mal. Sabía que cuando Tai se enterara de la verdad, algo así iba a ocurrir. Se sorprendió al sentir una mano sobre uno de sus hombros y sintió a su corazón brincar sobre su pecho.

—No puedo entender por qué lo hiciste, ni siquiera sé si pueda llegar a verte con respeto. Y ni siquiera sé si sea capaz de perdonarte. Lo lamento, Natsuki. Pero este tipo de acciones, no las comprendo. —soltó el hombro de la chica y empuñó sus manos. Sus ojos se desviaron a las mejillas de la chica, que ahora estaban húmedas por sus lágrimas. —Dame tiempo, necesito tiempo para poder… para poder seguir adelante con esto.

Natsuki asintió y se limpió sus lágrimas. Esperaba que todo se solucionara… antes no lo entendía. Había actuado precipitadamente y de una manera asquerosamente egoísta. Pero estaba arrepentida. Y ahora sabía lo que tenía y debía de hacer: proteger a Tai. Daría su vida por proteger a ese chico, y lo haría. Ya no mataría a nadie y se apegaría a los principios que sus padres le habían enseñado y que ella por estúpida y frívola había olvidado. Era momento de reivindicarse, y ella lo haría.

—En serio, me arrepiento mucho. Y créeme… estoy de su lado Tai.

Tai apenas asintió ante lo dicho por la chica. Desvió su vista hacia una de las escaleras de este pasillo y su corazón se detuvo.

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—.

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8.

—No podemos vernos siempre, Izzy. Es peligroso. —Murmuró Yuriko.

Izzy asintió y llevó a la chica a la pequeña habitación de aseo.

—Lo sé, pero tenemos que encontrar una forma de poder vernos sin que él lo sospeche.

—Él siempre se entera de todo, tal vez por mensajes de texto o vía internet. –sugirió Yuriko.

—No. Nos veremos de vez en cuando, podemos inventar una excusa…

—¡No! –le interrumpió la chica. –La última vez que estuve cerca de alguien, él lo mató. No quiero que tú…

Izzy trató de no emocionarse con esas palabras, el que ella se preocupara por él solo la hacía humana. Además, después de haber escuchado todo lo que había ocurrido, el deseo que ella había sentido hacia Ryo, el cariño que sintió hacia Thomas… Probablemente ella no querría tener nada con nadie.

—¿Le quisiste? –le preguntó Izzy. Tenía que saberlo, aunque eso doliera.

—¿A Ryo o a Thomas?

Bien, quería golpearse contra la pared más cercana. Ahora Izzy pensaría que ella era una cualquiera, y tal vez sí lo era, pero había cambiado, pensó la chica.

—A ambos.

—A Thomas sí, le quise. Lo quiero. Él, fue increíble conmigo. Sólo nos besamos una vez, pero nunca había sentido tanto con un simple beso, nunca hasta qué… —dejó la frase inconclusa, quería decirle que hasta que lo había besado a él, pero no quería arriesgar a Izzy. No podía ser tan egoísta. Izzy merecía a una chica mejor, necesitaba a una mujer que no le diera problemas o dramas. Y sobretodo necesitaba a alguien que no lo pusiera en peligro de muerte. –A Ryo nunca lo quise. Lo supe muy tarde… Con él sentía pasión. Mucha pasión. Me atraía como a un imán, pero nunca lo quise.

—¿Has pensado en tener una relación con alguien más?

Yuriko desvió su vista de la del chico. Quería tener una relación con él, pero no podía arriesgarlo.

—No. –Mintió. –Al menos no hasta que Ryo esté tras las rejas…

Izzy asintió levemente.

—Y para eso necesitamos encontrar una manera de estar cerca sin que él lo sospeche. –Aconsejó Izzy, dando por terminado ese tema personal de la vida de Yuriko.

—No quiero que te pase nada. –Alegó ella.

—Yo soy tú medio de comunicación con Taichi, me necesitas. –Refutó Izzy.

Yuriko bufó molesta, quería decirle que le necesitaba de una forma diferente, además para eso estaba Natsuki. Ahora que Taichi había terminado con Takenouchi, Natsuki podría estar cerca de él y Ryo lo vería normal.

—Bien, podremos fingir que somos compañeros de alguna clase… Pero, es necesario fingir que nos detestamos, así él no advertirá que eres importante. –dijo la chica dándose por vencida.

Izzy sonrió y asintió. Sus carreras eran totalmente opuestas, pero podría meter alguna de las materias de la chica como optativa, a su asesor no le parecería extraño dado la curiosidad del chico.

—¿Qué optativas tienes? –le interrogó él.

Yuriko frunció el ceño, adivinando el plan del pelirrojo.

—El curso ya a la mitad… tendríamos que meter una materia de poca duración.

—Bien, entonces elige una y me dices cuál ha sido. –dijo Izzy.

La chica asintió. —Te diré mañana, ¿te parece?

—Me parece perfecto. Nos vemos, entonces.

Yuriko se acercó al chico en un acto impulsivo y besó su mejilla. Al notar el enrojecimiento del rostro del chico, sonrió ampliamente. Poner a Izzy, además de ser sumamente fácil, era placentero.

—Cuídate, Izumi.

Izzy miró como la chica se perdía por aquel solitario pasillo y sacó todo el aire que había estado guardando. Esa chica lo ponía muy nervioso, le gustaba (mucho), pero era demasiado complicada. Tal vez tendría que hacerle caso a su razonamiento y lo mejor era alejarse de ella…

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—.

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9.

Apenas era consciente de cada paso que daba, sentía que era un robot. Sentía que estaba en una especie de montaña rusa, en momentos tomaba la decisión de salir adelante, de fingir que no le dolía nada. Que la decepción amorosa que había tenido apenas y le dolía. Pero en otras ocasiones, sentía que su mundo se derrumbaba.

Toda la información que recibió en clases apenas era capaz de recordarla. Tal vez Ryo tenía razón, tenía que despejarse, salir a otros lugares. Dejar de pensar en él.

Bajó los escalones de ese gran edificio, que le recordaba tanto a su mejor amigo y ex—novio. ¿Por qué había terminado en ese lugar? El edificio de Ciencias Sociales no tenía nada que ver con su carrera. ¿Sería una trampa de su subconsciente para verlo? Pero ella no quería verlo. Quería arrancárselo del corazón y del alma. ¿Qué iba a decirle si llegaba a verlo? ¿Cómo iba a actuar? Ella no había hecho nada malo, pero ¿cómo sería su relación de ahora en adelante? ¿Él esperaría que fueran tan amigos como antes?

Cuando terminó de bajar los escalones unas voces llegaron hasta sus oídos. Ella reconocía esas voces. Elevó su mirada y los vio.

El día que Tai había decidido romper su corazón, Natsuki estaba con él. ¿A caso ellos estaban juntos? ¿Tai habría sido capaz de engañarla con esa chica?

Sintió que su corazón latía muy rápido, pero esos latidos eran dolorosos. Sintió unas ganas inmensas de llorar y gritarles, pero no. Tenía que contenerse, no les iba a dar el gusto de que la vieran sufrir. No más. Sí Tai estaba ahora con ella, o si antes estuvieron, bien por ellos. Aunque a ella le doliera hasta el alma, no iba a demostrar ninguna clase de sentimiento hacia ellos.

Se percató que Natsuki estaba llorando, y que estaba un poco sonrojada, probablemente por el llanto. Notó la mirada de Taichi, estaba molesto. ¿Por qué estaría molesto? ¿Habrían discutido por algo?

No. Tenía que dejar de preocuparse por él. Si él había sido capaz de jugar con sus sentimientos, era porque ni siquiera le importaba su amistad.

Su corazón se detuvo un latido al notar que la mirada antes cálida de Taichi se posaba en su mirada.

¿Se iría Tai de ahí con Natsuki? ¿O iría a saludarla? ¿Qué iba a hacer ella? ¿Seguía de largo o…

—Sora. —dijo Tai, sacándola de sus divagaciones.

—Yagami. —respondió. Por un momento creyó ver dolor en los ojos marrones oscuros del chico, pero no… Él había jugado con ella, de la manera más vil que conocía.

Le dolió, nunca había escuchado su apellido de los labios de Sora. Cuando la chica estaba enojada con él, era Taichi, pero no Yagami. Tenía que fingir, tenía que hacerlo. Rápidamente se puso su máscara de actuación, no podía permitir que Sora viera duda o dolor en sus facciones. Ella tenía que creer que lo que él le había dicho era verdad.

—¿De ahora en adelante me dirás así? —preguntó cínicamente.

—¿No me digas que esperabas que me arrojara en tus brazos y te felicitara por lo que me hiciste, cierto? —contraatacó ella. No podía entenderlo, ese no era el Taichi que ella conocía.

—No exactamente. Al menos no después de que fui honesto contigo, pero vamos… han pasado tres días. Creo que podemos ser civilizados y…

—¿Ser como antes? —lo interrumpió incrédula. ¿Pero qué demonios esperaba Taichi de ella? —No creo que podamos ser como antes.

Un carraspeó hizo que su vista se desviara de la chica que estaba al frente. En su mente agradeció la interrupción de Natsuki, estaba a punto de decir algo totalmente fuera de los planes. Tenía que enfocarse.

—Entiendo que estés dolida, pero en serio, espero que podamos ser no sé… ¿amigos? —sugirió Tai.

—No creo que seas capaz de entenderme. Y no quiero ser tú amiga. —Dijo Sora molesta. Tai era la definición del cinismo y la desfachatez.

—Tal vez ahora no… pero en un futuro… —volvió a proponer Tai. Una parte de él se negaba a estar lejos de ella, quería tener algo de ella, aunque sea su amistad.

—No lo sé Tai… —murmuró Sora.

—Lo mejor es que me marche. —dijo Natsuki de repente.

Sora la miró y recordó de nuevo que Tai antes había empezado una especie de relación con ella. Su corazón comenzó a dolerle más de solo imaginar que Tai había estado jugando con ambas. Ya era terrible saber que sólo quiso llevársela a la cama, pero enterarse que estuvo con dos chicas a la vez… no sabía si podía soportarlo.

—No es necesario, la que se va soy yo. —Dijo malhumorada.

Tai identificó rápidamente esa mirada despechada y ese semblante de molestia de la pelirroja. Estaba celosa. Quería decirle que ellos no estaban juntos, que estaban discutiendo y que él nunca podría estar con otra chica que no fuera ella. Pero si querían que Ryo pensara que Tai ya no estaba interesado en ella, tenía que actuar bien.

—Hay algo que no te dije antes, Sora. —Mencionó Tai.

Sora posó su mirada en los orbes castañas del chico y respiró hondo. Tenía la leve sospecha que lo que iba a escuchar, no iba a gustarle para nada.

—No sé si quiera escucharlo Yagami. —respondió sinceramente. No sabía si iba a ser capaz de soportar que Tai rompiera su corazón una y otra vez.

—Quiero que no haya ningún secreto entre nosotros, creo que es necesario que lo sepas, al menos quiero que lo sepas por mí.

Sora contuvo la respiración y se obligó a sí misma a no desmoronarse cuando Tai entrelazó una de sus manos con una mano blanca de Natsuki.

—Natsuki y yo estamos juntos, Sora. Y creo que deberías de buscar a algún chico, tratar de ser feliz.

Sora seguía con la mirada fija en las manos entrelazadas de Tai y Natsuki. No fue capaz de hablar, ni siquiera fue capaz de asentir. No debería de estar sorprendida de verlo con ella, no después de saber que ellos habían estado juntos antes, a lo mejor ellos habían estado juntos mientras ella creía que Tai le era fiel. Mientras creía que Tai la quería. Pensar lo contrario sería iluso de su parte. Verlo a Tai en ese momento, tocando a otra chica, fue cien veces más doloroso que haber escuchado aquellas frases hirientes que antes le había dicho.

—¿Novios? ¿Son novios? —solo pudo preguntar eso, sin apartar la mirada de esas manos.

—Estábamos juntos desde antes de qué…

Sora negó con la cabeza, no quería escuchar como terminaba esa última oración dicha por Tai. Sintió un nudo atorarse en su garganta. Sintió su cara descompuesta. Y se marchó de ese lugar antes de derrumbarse frente a ellos. Sus pasos la llevaron hacia uno de los baños del lugar y se encontró con la figura de Mimi.

Mimi se sorprendió de ver a Sora así, estaba peor que hace unos días cuando Tai había terminado con ella. En ese momento, Sora apenas y les contó lo que había sucedido. Ella nunca había visto a la pelirroja tan mal.

—Tai tiene novia. De verdad. —Musitó Sora, sin saber si le hablaba a su amiga o estaba hablando más para sí misma. —Es de verdad.

Mimi sintió que un nudo atorarse en su garganta y desprecio hacia Taichi.

—Eso es genial ¿no? —dijo Mimi, insegura de saber qué decir en ese momento. —Al menos, así está lejos de ti. Mereces algo mejor.

Sora esbozó una sonrisa triste, la más triste que Mimi le había visto nunca.

—Es genial —se encogió de hombros Sora, con la misma sonrisa triste y la voz entrecortada, como quien está aguantando con todas sus fuerzas sus ganas de llorar—. Es... Es perfecto, en realidad. Es perfecto, es... ¡Oh, Dios Mío!

No había terminado de hablar cuando Sora se llevó la mano al vientre y se dejó caer al suelo, hincando una rodilla en éste y apoyando todo su peso sobre la pantorrilla que si descansaba en el suelo. Era como si, de repente, alguien la hubiese golpeado muy fuerte en la boca del estómago y se le hubiese cortado, literalmente, la respiración. Entonces, Sora se echó a llorar. O quizá ya estaba llorando cuando su rodilla tocó el suelo. No era fácil saberlo. Pero lo cierto era que Sora estaba llorando de una forma tan desgarradora que Mimi se quedó mirándola sin reaccionar durante, por lo menos, un minuto entero. Hasta entonces Mimi no había sido nunca consciente de lo largo que puede llegar a ser un minuto. Se quedó estática, sin moverse, de pie, porque, durante ese minuto, Mimi creyó entender todo lo que había pasado.

—Por Dios —susurró Mimi, ante la revelación que se le estaba presentando ante sus ojos.

Sora no se dio cuenta del descubrimiento que acababa de hacer su mejor amiga. Seguía en la misma posición, llorando, tapándose la cara con una mano, como una niña que cree que por ocultar su rostro va a desaparecer y así nadie podrá verla. Pero Mimi la veía. ¡No podía ser otra cosa! Todo encajaba. Oh, por Dios, Sora amaba a Tai. No sólo era un gusto, o un cariño de amigos, ni siquiera era un amor primerizo entre parejas, era un amor fuerte, que desgarra el alma. Sus pies se dirigieron hacia el cuerpo desecho de su mejor amiga y se hincó junto a ella.

—Ya está. Ya está. Ya ha pasado —susurró Mimi contra el pelo pelirrojo de su amiga, apretándola contra ella.

—Es maravilloso. Es maravilloso que Tai esté con ella, ¿no te lo parece? —preguntó Sora sin dejar de llorar contra su hombro. —Así podré olvidarlo.

—Shhh... Sí, lo es. Lo es, Sora. —la calmó Mimi sin dejar de acunarla entre sus brazos.

—Soy muy feliz por él, de verdad. Me alegro mucho. Por él y por mí.

—Lo sé. Sé que te alegras —murmuró Mimi suavemente mientras la seguía acunando.

—De verdad que me alegro. En serio. Me alegro mucho. ¿Tú te alegras por él, por mí? —hablaba Sora compulsivamente.

—Yo también me alegro. Yo también... Shhh, tranquila, cálmate. No pasa nada.

Sora volvió a llorar, dejándose caer al suelo por completo entre los brazos de Mimi y provocando que Mimi también acabase sentada en el suelo. Estaba tan destrozada, por ver a Tai con otra chica, por saber que todo había sido una mentira, un juego, que se dejó abrazar y consolar por Mimi.

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—.

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10.

Dejó su portafolio sobre su cama y se dirigió al escritorio que había en su habitación. Una parte de él le gritaba que buscará en todas las carpetas y papeles que había ahí, pero también otra parte de él le decía que siguiera adelante, que olvidara sea lo que sea que hubiera hecho antes del accidente.

El problema era que él ya había olvidado, y no porqué quisiera o se lo hubiera propuesto. Sino porque las secuelas del accidente le había causado una amnesia retrógrada. Los últimos meses de su vida eran una gran pancarta blanca que no le decían absolutamente nada, pero en esa gran pancarta había leves puntos que gritaban algo, un mensaje. Y cada vez que trataba de enfocarse en esos puntos para descifrar el mensaje, un dolor de cabeza le nublaba la vista.

—¡Ken! ¿Pero qué estás haciendo? El doctor dijo claramente que te tomaras las cosas con calma, no creo que estar buscando entre todos esos papeles te ayude en algo, a menos que tú propósito sea conseguir un buen dolor de cabeza.

Ken le sonrió a Miyako. Adoraba la forma en que en tan pocos minutos salieran tantas palabras de esa boca.

—Lo sé, es sólo que siento que hay algo muy importante que tengo que hacer. —Musitó. Sabía que estar indagando acerca de los meses perdidos no era bueno para su salud, pero había algo. Estaba seguro.

—¿Más importante que tú salud? No lo creo Ken. —Respondió la pelimorada. La actitud de Ken le preocupaba, entendía que quería recuperar los recuerdos de sus meses borrados, pero él no estaba interesado en saber la información que había perdido acerca de la escuela, o los recuerdos que tenía al lado de su familia o ella. Ken estaba empeñado en saber todo acerca del estúpido proyecto de periodismo.

—Yo siento que hay algo muy importante que tengo que recordar. Algo de vida o muerte. —Alegó Ken. Usualmente no solía ser tan terco, pero estaba tan seguro que había algo, que le desesperaba que los demás no lo vieran.

—Lo único que está en peligro es tu salud sí sigues exigiéndote tanto de esta forma. —Dijo Miyako. La faceta de terquedad de Ken no le gustaba para nada. ¡Ella era la terca y testaruda, no él!

—Recuérdame que pasó el último día que estuvimos juntos, Miyako. Ya sabes, antes del accidente. —Pidió amablemente el chico. Por el rostro de Miyako y esa vena en su frente, podía saber que la chica estaba comenzando a exasperarse.

—Ya te lo dije, estuviste viendo unas cosas de ese proyecto de periodismo, querías ir a Tokio a buscar a uno de los implicados y nos besamos. —No quería decirle más información, temía que si se sentaba con él y le explicaba una a una todas las dudas y pocas certezas que tenía respecto de ese proyecto, Ken de nuevo se fuera a investigar y le pasara algo grave.

—¿A quién iba a buscar, Miyako? —No era la primera vez que le hacía esa pregunta a su novia, pero esperaba que esta vez, obtuviera una respuesta, y no ese montón de respuestas evasivas que no le decían nada. ¡Incluso cada vez que hablaba con Hikari acerca de ese proyecto, ella los interrumpía!

—Ya te lo dije, a un implicado del caso… La verdad no recuerdo su nombre. —Mintió Miyako.

—Tal vez puedas reconocerlo… ¿Qué tal si…

—¡No! No, Ken. No. No vamos a ir a Tokio a buscar a un chico que no conocemos. —Gritó la chica.

—Iba a decir si podías identificarlo en alguna de estas fotografías…

—Ken, tienes que dejar ese proyecto ya. Mira, te queda muy poco tiempo para entregar el proyecto y Takeru ya les ofreció ayudarlos a encontrar algo entre los papeles de su mamá… —dijo Miyako desesperada. —Es sólo un proyecto. Es mejor que tires todos esos papeles.

Ken le dirigió una mirada triste a la chica. Entendía que estuviera preocupada por él, pero ella no sentía ese sentimiento de intriga que había dentro de él.

—No puedo hacerlo Miyako, sé que no me entiendes pero hay algo…

—Algo que te dice que está mal. —Lo interrumpió la chica. —Antes de que pasara tu accidente lo decías mucho. Pero mira a dónde te llevó investigar ese caso.

Ken se sentó en su cama pensativo, si insistía un poco más tal vez Miyako podría decirle el nombre del chico a quién había ido a buscar, pero también sabía que el hecho de ser persistente en ese tema haría que Miyako se enojara. Y él no quería estar peleado con ella. Sintió como el colchón se hundía levemente y sus pulmones se llenaron del dulce aroma de la chica pelimorada.

—Sólo olvida eso Ken. Tira todos esos papeles, hazlo por mí. —Insistió Miyako.

—Dime el nombre del chico y te prometo que dejaré el proyecto. —Trató de negociar Ken.

—No, te conozco. Una vez que sepas el nombre del chico volverás a investigar. Y tal vez querrás volver a Tokio a buscarlo, y tal vez te vuelva a pasar algo y tal vez ahora ya no vuelvas. —Dijo Miyako respirando agitadamente.

Ken cerró fuertemente los ojos y negó con su cabeza. Miyako tenía razón, él no dejaría ese caso, tal vez podría descansar unos días, algunas semanas. Entregaría cualquier cosa de proyecto y después en vacaciones investigaría de nuevo.

Un nombre resaltó de los papeles y se quedó calado en su mente, causándole un leve dolor de cabeza. Sentía que ya había oído ese nombre… pero ¿de dónde?

—Quizá, quizá tengas razón… lo mejor es que abandone todo. –Mintió Ken. Si Miyako no quería decirle a que había ido a Tokio, él investigaría por otro lado. Y empezaría por esa persona.

Dejó los papeles en el escritorio y se recostó en su cama. Sintió como el colchón se hundía por el peso de la chica, atrajo el cuerpo de la chica para sentirla cerca. Ella era mejor que cualquier medicina.

Cerró los ojos y esperó a que su dolor de cabeza disminuyera, pero el nombre de esa persona seguía ahí, en su mente, gritándole algo.

Oficial Masura.

¿Quién era ese oficial? ¿Y por qué se sentía de esa forma? Aterrado y nervioso.

La respiración acompasada de Miyako distrajo sus pensamientos, acarició su cabello y cerró de nuevo sus ojos. La única persona que podría ayudarlo era Hikari, mañana iría a hablar con ella y le diría de sus sospechas.

Colocó uno de sus brazos sobre sus ojos y lo último que vio en sus pensamientos fueron unos ojos grises, suplicando ayuda y perdón.

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—.

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11.

No tenía que ser tan difícil controlar sus nervios, había aprendido por la carrera que estaba estudiando, que mantener la calma y respirar tranquilamente, ayudaba a pensar y actuar con mayor precisión.

Ella necesitaba ser precisa. Necesitaba que ahora las cosas salieran bien.

Deshizo el nudo de nervios que sentía y caminó tranquilamente hacia el chico de cabello castaño y ojos verdes que anteriormente había sacado no sólo lo peor de ella, sino que lo había deseado de una manera enfermiza.

Localizó a Ryo, estaba recargado contra un árbol del campus de la Universidad, y a unos cuantos metros se encontraba Sora charlando con una chica castaña. Ambas chicas estaban a punto de entrar a la exposición de arte que la Universidad ofrecía. Ryo no despegaba su vista de Sora, parecía que estaba comiéndosela con la vista y eso sólo aumentó su nerviosismo.

—Es tierno ver que no la has perdido de vista. –Susurró la chica cerca de su oído. Sonrió internamente al notar como el cuerpo masculino se estremecía.

—Prefiero mantenerme oculto ahora y ver de primera mano lo que dicen. –Respondió Ryo con su tono de voz frío, impersonal y maléfico.

—Ya has hablado con ella, los has visto separados, ¿qué es lo que necesitas? ¿Una carta del gobierno certificando su rompimiento? –preguntó irónica.

Ryo entrecerró sus ojos verdes con desprecio y se ahorró la molestia de golpear a Yuriko. Ahora que la chica decía estar de su lado, tendría que tener paciencia con ella.

—Quiero que estén lejos. No quiero que sean amigos, la quiero sólo para mí. –Musitó molesto.

Yuriko sonrió falsamente. El hecho de que Ryo se obsesionara con algo, además de impresionarla, la aterraba. Tenían que detenerlo cuanto antes.

—¿Desde hace cuánto la tienes en la mira? –interrogó ella.

La verdad era que tenía mucha curiosidad, Ryo le había descrito hace tiempo a una chica, pero nunca pensó que había hablado con la verdad.

—Desde que tú y Sara comenzaron a ser inservibles. –Dijo indiferente. –Pero eso no es lo importante. ¿Recuerdas esa droga que le diste a Sara?

Yuriko asintió con la cabeza tragando saliva. No podía permitirse un error. Sí Ryo descubría que ella estaba de doble espía, eso le iba a costar caro. Muy caro.

—Quiero que me consigas un poco.

—¿Se la darás a ella? –le preguntó un poco ansiosa. Si Ryo iba a usar eso con Sora, tendría que decirle a Taichi; y sabía que eso no terminaría bien.

—No, claro que no. Ella será mía, va a desearme como yo la deseo.

Yuriko mordió una de sus mejillas, con esa respuesta estaba un poco más tranquila. Usar esa droga equivalía a violar a alguien… Tai de seguro que mataba a golpes a Ryo por atreverse a tocar a Sora de ese modo.

—¿Para quién es, entonces? –preguntó confundida.

Ryo sonrió. Con un gesto de cabeza señaló a una pareja que se acercaba a la entrada del evento. Yuriko abrió los ojos sorprendida. ¿Por qué Ryo querría darle la droga a él? ¿Pensaría hacerle daño? Iba a preguntarle el motivo por el cual quería usar esa droga con ése chico, pero la respuesta llegó cuando detrás del chico, una mujer rubia le tomaba la mano e ingresaban juntos. Como una pareja.

—No me basta con que él haya terminado con ella y la imbécil de Natsuki lo haya conquistado, quiero que ella los vea. –Dijo Ryo, respondiendo la pregunta de la chica, y afirmando sus suposiciones.

—Es mejor decirle a Natsuki que lo seduzca. Están juntos…

—Natsuki está enamorada de él, no hará nada malo en su contra. –la interrumpió.

Notó como Ryo se despegaba del árbol en que había estado recargado y comenzó a caminar hacia la entrada del evento. Yuriko bufó frustrada. Ella no tenía un boleto para ese evento.

Ryo no se despidió de la chica, solo se metió al evento sin dirigirle una sola mirada. Él esperaba que Yuriko le obedeciera, o de lo contrario, acabaría con lo poco que le quedaba. A él nadie le desobedecía, y mucho menos, nadie lo retaba.

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—.

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12.

A penas asentía a cada cosa que Mimi le preguntaba, y ni siquiera era consciente de lo que estaba viendo. Para ella estar en ese sitio era como una pesadilla. ¿Por qué rayos Taichi y Natsuki estaban ahí? Ellos no tenían nada que ver con las artes. De hecho, a Tai ese tema le aburría. ¿Qué hacían ahí? ¿Querían torturarla?

Ella estaba destruida, eso era un hecho. El mismo hecho de respirar le dolía, deseaba que él fuera feliz porque de una forma extraña y masoquista, le quería. Pero no esperaba que él encontrara esa felicidad tan pronto.

¿Realmente para él todo había sido un juego? Ahora sabía con certeza que sí. Tai sólo había querido acostarse con ella y punto.

Lo que no entendía era porque se empeñaba él en hacerle tanto daño.

No sabía sí podría soportar todo eso, verlo con ella, tocándose, besándose, comportándose como una pareja.

Le dolía demasiado. El dolor era asfixiante. Pero tenía que superarlo. Al fin y al cabo nadie muere por amor, pero el amor sí muere. Y eso ella haría, mataría todo el cariño y amor que siente hacia él.

—¡Sora!

Salió de sus pensamientos tan pronto ese gritó llegó a su cerebro.

—Lo siento Mimi, ¿qué era lo que decías? –dijo Sora casi en un murmullo.

Mimi suspiró, tenía que tener paciencia con Sora, estaba pasando por un muy mal momento.

—Decía que si no te molestaría que yo fuera a ver el área de música… La verdad es que no entiendo nada de estas pinturas, para mí todas son iguales. –Dijo Mimi.

—Claro que no me molesta, anda ve. Te alcanzo en unos minutos. –le aseguró la pelirroja fingiendo una pequeña sonrisa.

Mimi mordió el interior de su mejilla, no quería dejar a Sora sola, y menos sí Tai estaba paseándose por todo el recinto al lado de su noviecita. Pero la verdad es que se estaba aburriendo muchísimo viendo esos cuadros de los cuales no entendía nada…

Cuando vio una figura familiar acercándose a ellas, se relajó. De seguro Sora estaría segura al lado de Ryo…

—Bien, entonces te veo por allá. –Dijo de repente con un tono más animado. ¡A lo mejor si Sora se empezaba a juntar más con Ryo olvidaba a Tai! Al principio ese chico no le había caído nada bien, pero ahora lo mejor era el dicho de un clavo saca a otro clavo.

Sora siguió observando una pintura de acuarela en la que predominaban los colores azules difuminándose entre sí. En el centro de todo el cuadro, había un árbol sin hojas de color verde, contrastando todo el azul que había alrededor.

Una respiración cercana a su mejilla la sacaron de sus pensamientos y la forzaron a levantar la mirada. Un chico de cabello castaño, ojos verdes y sonrisa amable se acercó a ella, regalándole una sonrisa amable.

—Me alegra verte aquí. –le dijo Ryo. —¿Te gusta la pintura?

Sora lo miró a los ojos.

—Expresa exactamente como me siento en este momento.

—¿Y cómo es que te sientes en este momento? –le peguntó el chico interesado.

—Sola. –musitó la pelirroja sincerándose.

Ryo frunció el ceño y se quedó callado. La verdad era que esa situación era perfecta para él, pero el hecho de que Sora estuviera triste no lo beneficiaba en mucho. Necesitaba que estuviera vulnerable, rota. Cuando ella estuviera así, Ryo podría avanzar un gran paso y no todos esos pasos pequeños y desesperantes.

Desvió su vista de la pelirroja y enfocó su mirada en dos personas familiares: Taichi y Natsuki. Sonrió internamente, eso era justamente lo que necesitaba.

Se acercó sutilmente a Sora y la abrazó con cuidado, colocó una de sus manos en su estrecha cintura y otra en su espalda, acercándola sutilmente a su cuerpo. Sintió como Sora se sorprendía, y se acercó a su oído.

—No estás sola, yo siempre estaré contigo. –Musitó muy cerca de oído.

Sora se sintió avergonzada por la situación, alguien podría malinterpretar ese abrazo, que aunque no era correspondido por su parte, desde fuera podía verse como algo íntimo. Lo último que quería era ilusionar a Ryo. Sabía que él todavía sentía cosas por ella, y aunque se sentía halagada, no sentía nada más que un cariño de amigos por ese chico.

Se separó cuidadosamente de él, tratando de no ser brusca.

—Gracias Ryo. –le dijo sinceramente. –Es cierto que ahora no la estoy pasando muy bien… —no supo porqué decía todo aquello en ese momento, con él tan cerca; pero tenía una necesidad de explicarse con alguien. Y Ryo era atento y cariñoso. –Lo que siento por Tai… —comenzó a explicarse torpemente. –Querer a alguien es doloroso, creo que en el camino corres el riesgo de dejar de quererte a ti mismo. –expresó con fortaleza, mirando al chico a los ojos. Ryo elevó una de sus manos y acarició una de sus mejillas. –Yo no puedo más con esto, el es… Era mi mejor amigo. Él sabe lo que siento por él, pero lo único que recibí fueron mentiras y humillaciones. –Una lágrima cayó de uno de sus ojos. Y Ryo se apresuró a secarla con amabilidad. Sora se animó a tomarle de las manos. –No soy la clase de chica que ruega por el afecto de los demás, y puedo seguir adelante con esto. Aceptar que él no me quiere.

Ryo guardó silencio. Le hubiera gustado besarla en ese momento, para que Taichi y Natsuki los vieran; decirle de esa forma a Yagami que él había perdido. No podía creer que todo eso fuera cierto, que Yagami sí fuera el imbécil que él, por supuesto, ya sabía que era.

Pero después de haber analizado todo, no entendía porque Taichi le haría daño de esa forma a alguien que había estado junto a él por mucho tiempo. Probablemente todo era cierto, y el castaño no la quería.

Para él eso estaba perfecto. No tendría competencia. Ahora tenía que llevar a cabo su plan: dejar vulnerable a Sora. La quería rota, deshecha. Quería que suplicara por cariño, por atención. Y él se la iba a dar.

Claro que tenía que deshacerse de unos obstáculos, como la amiguita ridícula de la pelirroja. Pero eso sería pan comido. Ya se le ocurriría un plan.

—Ven, caminemos un poco. –le dijo Ryo saliendo de sus pensamientos. Entrelazó su mano con la de la chica y comenzaron a caminar por todo el pasillo. Deteniéndose en algunos puestos para observar la obra expuesta.

Sora apretó un poco la mano del chico y le sonrió agradecida. Podría tener pésima suerte para el amor, pero al menos tenía buenos amigos.

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—.

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13.

Se detuvo frente a un montón de chicas que gritaban alocadas, probablemente, a algún grupo de música Universitario. Mordió su labio inferior, quería saber que era lo que tanta impresión les causaba a las chicas, pero también quería ver el segmento musical de la exposición.

Después de debatir internamente por unos segundos, siguió caminando por lo largo del pasillo. Se detenía de vez en cuando, para apreciar algún instrumento musical y ver los programas que ofrecían para escuchar sus interpretaciones en vivo.

Tomó los panfletos de los grupos que más le gustaría escuchar, y los guardó en su bolso. Un cartel más grande que los demás, con la imagen de un señor regordete de bigote negro le llamó la atención. Se acercó al cartel para apreciar ese extraño cartel le llamaba tanto la atención. El slogan hizo eco en sus pensamientos: "La Guerra es Paz".

Mimi frunció el ceño. ¿De qué rayos trataba ese cártel? No era de un grupo musical. ¿Qué demonios hacía en ese lugar?

—Es un trabajo extraordinario, si me permites dar mi opinión. –dijo Yamato sorprendiendo a la chica.

—¿Es un grupo musical? –preguntó ella curiosa.

Yamato se recargó en la pared y metió sus manos a los bolsillos de su pantalón. Mimi se sonrojó inmediatamente al ver que Yamato, sin proponérselo, se veía increíblemente atractivo. Ese toque despreocupado, arrogante y rebelde le venía de maravilla.

El rubio no pudo evitar regodearse internamente al ver que la mirada de la castaña se posaba en él y se sonrojaba. No entendía porque si sus besos y caricias eran tan placenteros, ella de repente le prohibía acercase a ella en ese ámbito. Y aunque ahora, admitía que se estaban llevando mejor y que la había juzgado un poquito mal, le caía medianamente bien.

Es decir, podía soportarla.

—Es un cartel del libro de George Orwell. Los de diseño gráfico decidieron adornar la sección musical con las obras del escritor británico. –Le explicó el chico pacientemente.

Mimi pudo notar una leve burla en su rostro, de seguro se estaba conteniendo para decirle en su cara que era una inculta, porque no tenía idea de quién era George Orwell.

—Pues que pésimo gusto tienen… El slogan es pésimo… —bufó molesta.

Yamato soltó una leve carcajada, ver a Mimi molesta era sin duda uno de sus hobbies preferidos y ni siquiera tenía que esforzarse demasiado.

—El autor era un ferviente opositor contra el Imperialismo británico, a los de diseño les pareció divertido poner ese tema en esta sección. –dijo Yamato, esta vez sin ocultar una gran sonrisa en su rostro.

Mimi se quedó callada sin saber que decir, vaya que esos chicos de diseño eran raros.

—¿Te has enterado de la gran noticia? –Preguntó Mimi cambiando de tema, no quería que Yamato se regodeará con su falta de conocimiento en un tema.

Yamato inmediatamente cambió su expresión burlesca por una de fastidio.

—Es un perfecto imbécil. –Murmuró escuetamente separándose de la pared. Comenzó a caminar sin esperar a Mimi y eso la enfadó de sobremanera.

Pero ¿qué se creía que estaba haciendo? Primero va y le saca plática y después se marchaba así sin más… —pensó Mimi.

—Hay veces que creo que Tai no está mintiendo a todos… No puedo creer que lastime de esa forma a Sora. –consiguió decir la castaña en cuanto lo alcanzó.

Yamato ignoró su comentario y al ver a un montón de chicas dispuestas a saltarle encima, tomó a Mimi del brazo sin ser demasiado brusco y la obligó a seguirle. Sólo se detuvo cuando localizó una pequeña puerta que probablemente daba a uno de los pequeños cuartos de intendencia. Ignoró cada grito y golpe de la castaña y la metió en el cuarto.

—¡Pero qué te crees que haces! –le espetó Mimi furiosa.

—Salvar mi vida. –respondió fríamente. Al ver que Mimi se disponía a gritar de nuevo, la tomó del brazo y la acercó a él. —¡Quieres callarte de una buena vez! –Sin duda algo que lo irritaba demasiado eran los gritos, y los de Mimi en particular le causaban un gran dolor de cabeza. –Vi a unas chicas correr hacía mí, y estoy seguro que planeaban comerme.

Mimi se zafó del agarre y le lanzó una mirada de odio. Claro, ahora Yamato le decía que al parecer tenía un club de fans.

—Pues que desconsiderado eres con tus fans. –le dijo molesta. –Hubieras huido tú y a mí me dejabas en paz.

—Es más divertido huir en compañía. –dijo el rubio irónicamente.

Mimi se frotó el rostro con sus manos y ahogó un gritó de frustración.

—¿Por cuánto tiempo nos quedaremos aquí? –le preguntó.

Yamato elevó una ceja e hizo un atisbo de sonrisa lasciva.

—Pensé que querrías marcharte, no sabía que estabas tan ansiosa de tener mi compañía. –dijo el rubio sonriendo de lado.

Mimi se quedó anclada en su lugar y abrió los ojos con sorpresa. ¡Ella no quería estar con él!

—¡Yo no he dicho eso! –le espetó.

—Pero lo has dado a entender que es lo mismo. –contraatacó Yamato.

—Tú has sido el que me trajo aquí sin mi permiso. –alegó ella.

Yamato se acercó a la castaña. Había sido una mala idea seguirla en cuanto la vio acercarse al grupo de fans locas que lo estaban acosando con sus compañeros de la banda, tuvo que escabullirse como mucho cuidado para que nadie lo viera y cuándo localizó a la castaña observando ese cartel, no pudo evitar acercarse a ella.

Pero sin duda, el haberse metido con ella en un cuarto tan pequeño, había sido una pésima (terrible, en realidad) idea. Podía oler su aroma femenino perfectamente, y casi podía sentir esa extraña electricidad que emanaba de su cálida y suave piel hacia la suya propia.

—No pusiste demasiada resistencia. –Murmuró Yamato, sorprendido de esa energía que los rodeaba, lo mejor era salir de ahí cuanto antes.

Mimi frunció el ceño y avanzó hasta el chico y lo golpeó con furia en el pecho.

—¡Tú me trajiste casi arrastrándome! –gritó enojada, pero toda su furia se fue cuando fue consciente de la cercanía de sus rostros y más al notar la mirada intensa que los ojos azules de Yamato le daban.

Yamato soportó aquel golpe sin decir y hacer nada. Era increíble lo atractiva que Mimi podía llegar a ser. Toda ella era hipnotizante. Desde su pequeña estatura, su estrecha cintura, sus pechos bien proporcionados, su cabello castaño miel adornando su rostro. Y sus ojos, sus ojos lo volvían loco.

Lamió sus labios involuntariamente, quería besarla.

Mimi vio las intenciones de Yamato y se puso nerviosa de inmediato. Y no porque no lo deseara, al contrario, besar a Yamato era placentero. Pero ella no era ese tipo de chicas, y siempre que estaba con el rubio todo salía de su control y el fuego que había en su interior chocaba con el fuego de Yamato y siempre terminaban quemándose.

Ella no quería eso.

Temía que seguía permitiendo esos acercamientos, terminará queriendo a Yamato. Y eso sería como una sentencia de muerte, porque de ningún modo el rubio podría llegar a querer algo serio con ella.

Cuando el cálido aliento de Yamato golpeó sus labios, Mimi no pudo evitar soltar un suspiro de anhelo. Quería besarlo…

Sus labios se rozaron deliciosamente y Yamato besó lentamente el labio inferior de la chica. Ninguno de los dos cerró los ojos, seguían manteniendo ese contacto visual que era intenso y sofocante.

Mimi sacó levemente la punta de su lengua y rozó la piel delicada de los labios del chico. Y en ese momento supo que estaba perdida.

Unos segundos después, los dos colisionaron, besándose como si no pudieran saciarse el uno del otro. Yamato sonrió contra los labios de Mimi, cuando ella enlazó sus brazos alrededor de su cuello. Con facilidad la levantó en el aire y la apoyó contra uno de los estantes. Mimi enlazó sus piernas alrededor del rubio con facilidad y, en esa posición, continuaron besándose apasionadamente.

A Mimi le sorprendía y te aterraba en partes iguales, la atracción que había entre ellos. Parecían dos imanes que no tenían ningún control sobre sus deseos. El calor del cuerpo del rubio la hizo temblar, y no pudo evitar soltar un jadeo lleno de deseo dentro de los labios de Yamato cuando él deslizó su mano derecha por su muslo, acariciándola y encendiendo una hoguera dentro de ella.

Sólo cuando escucharon como la puerta del cuarto en el que estaban se abría, se soltaron e inmediatamente bajaron la mirada. Un señor delgado y con profundas arrugas que surcaban sus rostros los miró con enfado.

Mimi sin decir absolutamente nada, salió del cuarto. Yamato miró con enfado al señor de limpieza y caminó a paso despreocupado, pero cuando salió y trató de localizar con la vista a la castaña, Mimi ya se había desaparecido de su vista.

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14.

Cerró sus manos en un puño y endureció su mandíbula. Tuvo que hacer un esfuerzo inhumano para contenerse y no ir a golpearle el rostro a Ryo.

Se estaba acercando a Sora, se estaba acercando a ella, demasiado. Esa forma de abrazar a alguien era demasiado íntima, la tocaba como si ella le perteneciera, y ese sólo pensamiento lo hizo enfurecer de celos.

Caminó unos cuantos pasos dispuesto a gritarle al imbécil de Ryo que alejara sus manazas de Sora, pero sintió como una mano pequeña y fría lo sujetaba firmemente.

—Haz eso, y todo lo que has logrado se irá a la mierda. –Murmuró Natsuki.

Tai empuñó sus manos y se soltó del agarre.

El plan era simple: él dejaría a Sora para que Ryo no le hiciera daño a sus amigos o a la pelirroja, en ese lapso de tiempo Izzy, Natsuki, Yuriko y él, juntarían las pruebas necesarias para que Taiki, el cómplice de Ryo, y Masura, fueran encarcelados y estuvieran fuera de juego. Así dejarían a Ryo solo, y Yuriko podría denunciarlo nuevamente y esperar a que esta vez sí lo encarcelaran.

Pero en ese plan, Tai no había previsto que Ryo tratara de acercarse a Sora en un ámbito sentimental, pensaba que estarían juntos: sí. Pero como amigos, no quería. No. No podía soportar verlos tocándose.

Giró su rostro para evitar ver como Sora permitía que ese tipo acariciara una de sus mejillas.

—No pensé que fuera tan difícil verlos… —Murmuró tratando de sonar despreocupado.

Natsuki sólo asintió. Le dolía ver a Tai triste, pero era un sacrificio que a la larga valdría la pena.

—Te dije que no deberíamos de haber venido… —dijo Natsuki con reproche. –Sabías que podías llegar a ver algo así, no tienes porqué...

Su charla fue interrumpida al ver a un rubio parado frente a ellos. Su expresión era fría y a pesar que mostraba indiferencia, algo le decía a Natsuki que ese era el último sentimiento que ese chico sentía en esos momentos.

—Yamato. –le espetó Tai duramente.

—¿Me quieres decir que mierda haces aquí con ella? –le exigió el rubio.

Tai entrecerró los ojos y soltó un bufido de molestia. Ahora lo último que necesitaba era ver a Yamato y escuchar sus sermones.

—¿No me hablas por días y ahora vienes y te tomas la molestia de pedirme explicaciones? –contraatacó el castaño. Por el rabillo del ojo notó como Sora y Ryo se detenían, y como de repente el chico pasaba uno de sus dedos por los labios de la chica.

Yamato se dio cuenta de la reacción de Tai, lo conocía demasiado bien como para no saber que Tai estaba más que furioso en ese momento. Desvió su vista de la parejita y la enfocó en el punto que, alcanzó a ver, Tai estaba observando.

Se sorprendió de ver a Sora y el tal Ryo tomados de la mano, pero más le sorprendió ver la reacción de Tai.

¿De qué iba todo eso?

¿Tai querría que Sora fuera sólo un juguete para él?

Abrió la boca dispuesto a espetarle a Tai que le debía muchas explicaciones y que él no iba a permitir que Tai tratara de esa manera a Sora, pero cuando regresó su vista hacia el castaño; este estaba besando fogosamente a Natsuki.

Mimi había estado caminando distraídamente por todo el recinto, tratando de esquivar a toda persona de cabello rubio, cuando a lo lejos, distinguió la figura de Yamato. Estaba discutiendo, al parecer con Taichi.

Le dieron ganas de ir y apoyar al rubio, pero de solo recordar lo que había pasado hace algunos minutos, su cara se ponía roja de vergüenza.

Abrió los ojos sorprendida cuando de la nada, Tai estampaba sus labios sobre los de la chica rubia. Buscó con la mirada a Sora, y rezó porque ella no los hubiera visto, pero al parecer todo el Universo estaba en contra de la pelirroja.

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—.

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15.

Ryo y Sora llevaban bastante tiempo caminando, la pelirroja se la estaba pasando bastante bien, a pesar de sentir de vez en cuando la mirada achocolatada de Tai. Ryo era un caballero con ella, además era culto.

—Tengo que ir a buscar a Mimi. —le dijo Sora al chico.

Ryo asintió y soltó la mano de la chica. Para él, haber estado más de media hora con Sora, tomándola de la mano, era algo excelente. No tenía que tentar su suerte, por ahora esa chica se estaba metiendo en la próxima relación que él y la pelirroja tendrían… pero tenía que ser paciente.

Caminaron unos cuantos pasos y a lo lejos, Ryo pudo ver como Tai miraba furtivamente a Sora. ¿Por qué la veía de esa forma?, pensó el chico.

Se giró para ver a la chica, quería saber si ella había percibido como el imbécil ése la miraba; pero Sora seguía inmutable. Bajó su mirada a sus labios y se relamió los propios.

Sora se dio cuenta de ese gesto y se sonrojo. Pero para sorpresa de la pelirroja, Ryo solamente acarició sus labios con uno de sus dedos.

Sora desvió la vista avergonzada, y justo cuando iba a decirle a Ryo que no podían tener ese tipo de acercamientos, su voz quedó atorada en su garganta.

En medio de ese pasillo estaban Taichi y Natsuki besándose de forma fogosa e intensa. Tai tenía a la chica pegada contra la pared y Natsuki aferraba sus manos al pecho del castaño.

Sora sintió un dolor intenso en el centro de su pecho y no pudo respirar más.

Tai se separó de Natsuki en cuánto sintió como una mirada bastante conocida lo observaba. Giró a su derecha:

Sus ojos castaños se encontraron con los castaños—rojizos, húmedos, de Sora.

La pelirroja pudo sostenerle la mirada, pero estaba quieta, como de piedra, y sus labios semi abiertos, como si hubiese visto una catástrofe. Ryo, a su lado, la notó temblar.

El castaño clavó sus ojos verdes con enojo evidente en Ryo, pero justo cuando iba a gritarle y golpear a Yagami, un rubio se adelantó.

—¿Qué demonios crees que estás haciendo?— le soltó Yamato.

Tai lo miró con dureza.

—No es de tu incumbencia.— le espetó. Pudo notar como una figura femenina se acercaba con pasos furiosos hacia ellos —Veo que te tomaste muy en serio mis palabras y empiezas a provechar el tiempo perdido. Me alegro. –dijo Tai dirigiéndose a Sora.

Pero no se alegraba. Yamato pudo ver la furia en los ojos de Tai y se extraño de ese acto.

—No puedes jugar con ella.— le dijo Yamato refiriéndose a Sora, y Tai lo entendió. —No puedes hacerle esto.

Tai tomó la mano de Natsuki y la apretó contra la suya.

—Me voy de aquí. Esta conversación no tiene punto.— le dijo dándose la vuelta.

—¡Yagami!— Yamato lo llamó casi gritándole por la indignación. —¡Detente ahora!

Sora se aproximó hacia Yamato y le tomó del brazo, deteniéndolo. Tai se dio media vuelta y los miró.

La pelirroja dijo en voz alta al rubio:

—Déjalo.—le dijo. —Tai es libre de hacer lo que quiera y con quien quiera. No te preocupes.— su voz se quebró levemente. —Ahora él y yo no somos más que simples conocidos que tuvieron una amistad en el pasado. — Sora volteó y miró a Tai a los ojos. —No nos debemos nada.

Y con esto, Sora giró por la esquina de vuelta al otro pasillo, desapareciendo por completo de vista. Ryo la siguió inmediatamente, desapareciendo junto con la chica.

Yamato y Mimi intentaron seguir a Sora y Ryo, pero se detuvieron al ver que Tai retomaba su camino con Natsuki.

No, no podían permitir que las cosas quedaran así.

Yamato caminó con ímpetu siguiéndoles los pasos hasta llegar a la salida del evento.

El lugar estaba vacío. Natsuki, quien parecía nerviosa y descolocaba, obeservó a Yamato y a Mimi con un poco de culpabilidad. Tai la soltó con gentiliza.

—Espérame por allá. –dijo señalando una banca.

Natsuki asintió entendiendo que mejor era reservarse sus opiniones sobre lo que acababa de ocurrir y subió. Cuando no quedó rastro de ella. Mimi tomó la palabra.

—No me interesa lo que hagas de tu vida, pero te exijo que tengas discreción respecto a Sora. –le espetó la castaña molesta. –No voy a permitir que vayas por ahí, humillándola de esta forma.

Tai la miró sin decir una sola palabra, no quería ser grosero con Mimi. Y en ese momento, Tai estaba lleno de rabia y celos. Sabía que en ese estado podía llegar a hacerle daño a su amiga.

Mimi negó con la cabeza frustrada, al ver que Tai no le respondía. Giró sobre sus pasos y se marchó, dejando a Yamato y Tai solos.

—No sé a quién demonios quieres engañar, pero a mí no me engañas, Tai .— le dijo Yamato, molesto. —No voy a permitir que sigas lastimándola. Sora no se merece nada de esto.

Tai lo miró con furia.

—¿Qué es lo que quieres que haga?— le dijo el castaño —¿Que esté con alguien con quien no quiero estar? ¡No busco lastimarla, sino alejarla de mí de una buena vez!

—¿Estás loco?— le soltó. — ¿Ahora piensas mentirme? ¿Decirme que ella no significa nada para ti? ¿Piensas en verdad que puedes engañarme respecto a lo que sientes? ¡Estás enamorado de ella!

Y entonces, Tai lo confesó:

—¡Por supuesto que lo estoy, maldita sea!

Yamato se silenció y se mantuvo paralizado, confundido, mirando a su amigo como si no pudiera entender nada de lo que estaba pasando. Tai estaba agitado pero su mirada era castaña, cálida. Esta vez, su mirada era cristalina como un lago de chocolate. Sus ojos estaban clavados en los de su amigo como dos dagas, o dos anzuelos, Yamato no podía estar seguro.

—¿Me crees tan imbécil como para no conocer mis propios sentimientos?— le espetó Tai. —¡Sé perfectamente que estoy enamorado de Sora! ¡Lo estoy desde hace mucho tiempo y no estoy confundido respecto a ello! ¡Jamás he sentido algo así por nadie! Mi amor por ella es algo que tengo bien claro. Más claro que cualquier cosa en mi vida. ¿Entiendes?

Yamato negó con la cabeza, aturdido.

—No, no entiendo nada.— le dijo bajando ya el tono de voz. —No entiendo por qué le haces todo esto si sabes que la amas.

Tai se pasó las manos por su rostro y empezó a caminar por los jardines como un león enjaulado.

—Nadie puede saber esto— le dijo. —Nadie

Yamato frunció el ceño. Tai continuó:

—No puedo estar cerca de ella ahora.— le dijo, mirándolo a los ojos y deteniéndose abruptamente. —Me duele verla así, cerca de ése… pero en este momento no puedo estar cerca de ella— Tai se dejó caer en el pasto y se sostuvo la cabeza con ambas manos mientras apoyaba los codos en las rodillas. —No puedo estar con ella. No puedo explicarte cuáles son los motivos, pero créeme cuando te digo que esto que hago, es por ella.— Tai levantó la cabeza y miró a Yamato a los ojos.

—¿El motivo por el que no puedes estar cerca de ella…? –preguntó Yamato, dejando sin terminar la frase.

—Es grave. Y es lo mejor para ella, a la larga lo será. –dijo Tai poniéndose de pie. –Decido alejarla de mí, pero es por su bien. Tal vez ella logre olvidarme y yo también lo haga, no lo sé.

Yamato menó la cabeza en modo de desaprobación.

—Entonces, todo lo que le has dicho hasta ahora…¿ha sido para alejarla de ti?— le preguntó.

Tai tragó saliva.

—Si tuve fuerzas para decirle cosas terribles espero tener fuerzas para poder verla cerca de Ryo, tal vez dejar de amarla.— dijo el castaño —Es lo mejor para los dos. Ella me olvidará y será feliz. Yo la olvidaré y también lo seré.

Yamato no dijo nada porque no sabía qué responder. Ahora entendía un poco menos que antes, ¿qué era ese motivo que hacía que Tai se alejara de esa forma de Sora? Sin duda tenía que ser algo muy importante.

—¿Ahora lo entiendes?— le preguntó Tai. —Lo he pensado y no encuentro una mejor forma de acabar mi relación con Sora que esta. No quiero que sienta que tiene la culpa cuando no la tiene. Prefiero que piense que no la quise nunca. Es mejor para los dos. Es mejor así.

Yamato suspiró y hundió las manos en los bolsillos de su pantalón.

—Creo que te equivocas, Tai. Y me temo que tendrás que darte cuenta de ello tú solo, tal vez, incluso, cuando sea demasiado tarde.

Tai solo asintió y se alejó unos pasos de su amigo.

—No creo que sea necesario pedirte que esto quede entre nosotros. –dijo Tai.

Yamato simplemente se encogió de hombros.

—No te entiendo, y ciertamente, no te apoyo. Pero tienes mi palabra, no le diré a nadie de esto.

—Sora se recuperará. — le dijo Tai, finalizando la conversación. —Y yo haré lo mismo. Es lo mejor para los dos.

Y se alejó de los jardines.

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N/A: Lamento muchísimo la espera, y confieso que no me gustó para nada el capítulo. Espero que para ustedes no sea tan desagradable como me lo pareció a mí.

Me gustaría dedicar este capítulo a "Almaroja", porque me escribió un review muy bonito. Pero, la verdad es que quiero dedicarte un capítulo más bonito. Mejor estructurado.

Para todos los que me leen, me dejan reviews y me apoyan a lo lejos, gracias. En serio. Sin ustedes, esto no se llevaría a cabo. Una disculpa por no contestarlos, pero estoy súper ocupada.

Prometo responder todos los reviews la próxima vez, y actualizar antes de que se acabe el año.

Un saludo a todos.