Naruto no me pertenece.
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¿Cuánto vale tu corazón?
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Resumen: "Atravesarás el fuego, que quema, pero que limpia. Solo, en soledad. Porque si alguien te apoyara, ayudara, tomara sobre sí siquiera un pedacito de ese bautismo de fuego, de ese dolor, de esa penitencia, la disminuiría" y ya no tendrías tu expiación. Bautismo de Fuego, Saga de Geralt de Rivia.
Nota 1.
En el mundo original, Sakura tendría el cabello café. Pierrot decidió que fuera rosa para que atrajera al público femenino. De todos modos, Sakura se parece físicamente a Rin.
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¿Cuánto vale tu corazón?
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Capítulo XIV
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—Rin—susurró una voz masculina.
Sakura se sobresaltó y se giró lentamente. No reconoció la voz.
Un hombre con la capa de Akatsuki y una máscara naranja la observaba desde la puerta. Sakura percibió la amenaza, pero no perdió la calma.
—No entres. Puede haber riesgo de enfermedades—señaló los órganos humanos que estaban sobre la mesa—. Dame un segundo—cubrió todos los órganos con una capa de chakra protectora y los guardó en sus respectivas hieleras—. Ya está. Puedes pasar.
—¿Quién eres?—preguntó el enmascarado sin moverse.
—Soy Sakura—murmuró ella, lo miró de frente y se quitó el equipo médico que usaba: la bata y la mascarilla. ¿Debería esgrimir un kunai?
—¡Eres la novia de Kakuzu-chan!—gritó el enmascarado con un chillido emocionado y corrió a abrazarla.
La dureza de la máscara la rozó cariñosamente en la mejilla, y quedó atrapada entre los brazos de aquel desconocido, que por poco la eleva y la hace girar en círculos como si fueran amigos. El calor del cuerpo la sobrecogió, pero la dureza de la capa la asustó.
—No…—susurró, apartándose despacio—. No somos novios.
—¡Tobi sabe que son novios! ¡Tobi es buen chico, no dirá nada!—exclamó alegre dando vueltas sobre su eje mientras movía los brazos exageradamente.
—Tobi—susurró Sakura—. ¿Qué haces aquí?—Lo observó con el ceño fruncido, pensando que se parecía a Rock Lee, pero perturbador.
—Busco a Kakuzu-chan, porque Tobi es un buen chico.
—Kakuzu salió—le dijo, con una sonrisa que disimulaba su tensión—. ¿Podrías venir después?
—¿Tienes miedo, Sakura-chan?—preguntó él, ladeando la cabeza hacia un lado y el otro—. No te preocupes, Tobi es un buen chico. Tobi te protegerá.
—No necesito que me protejas, Tobi—susurró amable, y planeó como por millonésima vez cuál sería su mejor salida si debía huir. En su libro Bingo, no había información sobre el enmascarado.
—¿Por qué? ¿A caso Kakashi Hatake lo hará?—preguntó, con una voz ronca, que asustó a Sakura.
—Kakuzu ya está por llegar—tartamudeó, pues el hombre dio un paso hacia ella y de nuevo invadió su espacio, esta vez con otra intención que no parecía tan inocente.
La mano enguantada le tocó la mejilla y lentamente le acomodó un mechón de cabello tras la oreja.
—¿Qué haces aquí, Sakura de la Hoja?—inquirió él suavemente, con voz grave. Sakura vio un ojo marrón observándola a través del agujero de la máscara. Tuvo miedo.
—¿Cómo sabes…?—susurró ella, nerviosa cuando él retiró la mano. Nunca llevaba su banda a las reuniones con Kakuzu.
—¿Qué hace la estudiante del Ninja Copia en la casa de Kakuzu?—insistió él.
—Le compro órganos—mintió.
—¡Konoha le compra órganos al demonio inmortal! ¡Konoha se acerca a su enemigo! ¿Otro plan perverso de Danzo? ¿Otra traición?—dijo Tobi, con aquella aura amenazante; sin embargo, al instante cambió por la personalidad jocosa—. Entonces, Sakura de la Hoja no tiene novio.
—No tengo novio, Tobi—susurró ella, temblando como una hoja.
—¡A Tobi le gusta que Sakura-chan no tenga novio! ¡Tobi es un buen chico!
—Sí, Tobi. Eres un buen chico.
—Ojalá Deidara-sempai la escuchara, pero él ya no puede escuchar a nadie.
—¿Sucedió algo con Deidara-sempai?—preguntó suavemente.
—La ninja de Konoha hace preguntas que Tobi no puede contestar—de nuevo, su voz se agravó—, pero sí podría hablarte de los Uchiha de Akatsuki.
—¿Qué podrías hablarme de ellos, Tobi?—preguntó Sakura, con el corazón en la mano.
—Muchas cosas, Sakura. La verdad del enmascarado, la verdad de Itachi—susurró él, acercándosele—. Podría contarte también del sacrificio de Mikoto. Eso explicaría todo lo que no eres capaz de entender ¿Quieres saberlo? Entonces, dime la verdad de por qué estás aquí.
—Kakuzu me entrena—respondió, en un grito ahogado, no tanto porque quisiera saber, sino porque le asustaba que él dominara la conversación—. Me enseña sobre suturas y trasplante de órganos. Soy médico… Soy ninja médico.
—No eres la novia de Kakuzu—Otra vez aquella voz juguetona.
—No tengo novio—dijo agitada. ¿De qué servía ser ninja si se ponía nerviosa en estas situaciones?
—No eres la novia de Sasuke… ni de Kakashi.
—No lo soy. —Frunció el ceño sin entender por qué mencionaba a Kakashi. ¿A caso era un enemigo de su maestro que ella desconocía? Nunca lo había visto ni lo había oído mencionar, sin embargo, era un miembro de Akatsuki, la conocía y parecía peligroso, además la forma en que dijo el nombre de su maestro. Tragó grueso—. ¿Tobi, eres un buen chico?
—Sí, Tobi es un buen chico.
—¿Qué haces aquí?
—Busco a Kakuzu. Lo necesito en mi tablero.
—¿Por qué?
—Porque es fuerte. Y hará lo que diga por unas monedas—otra vez sintió la perspicacia y maldad del ojo del enmascarado—. ¿Por qué Kakuzu te entrena?
—Porque le pago—susurró ella, intimidada.
—¿Kakuzu te quiere?—le preguntó, soñador. Ella negó con la cabeza—. ¿Vales algo para Kakuzu?
—Soy la fuente de ingresos de Kakuzu—dijo, se esforzó para que su voz no temblara—. Le pagan para que me entrene.
El enmascarado asintió enérgico, conforme.
—¿Kakuzu-chan te cuida?—le preguntó, animado, haciendo gestos mimosos.
—No—susurró Sakura—. Yo sé cuidarme sola.
—No sabes—le dijo, de pronto, agresivo y molesto—. Tuve que haberte protegido. No debí confiar en él. Kakashi no cumplió su promesa.
Sakura se replegó hacia atrás. Ahora sí estaba asustada, y deseó con más fuerzas que Kakuzu apareciera.
—Kakuzu ya casi viene.
—¿Te ha regalado algo? —insistió el enmascarado, con su voz chillona, pero con aquella aura de maldad—. Él no te daría nada, él solo te traerá muerte. A él no le interesas, pero solo tienes ojos para él—Sakura estaba convencida de que Tobi en realidad era dos personas diferentes: una agresiva y otra infantil. No sabía cuál de las dos le daba más miedo—. ¡Yo quiero regalarte flores, Sakura-chan, para que seas feliz!, porque él nunca te dará un regalo—dijo y salió corriendo y canturreando.
Sakura se llevó una mano al pecho. Dio grandes bocanadas de aire para recuperarse y oxigenar el cerebro. No entendía nada de lo que había pasado. Tobi era un enemigo, era un Akatsuki, pero sus palabras fueron tan confusas.
Tobi actúo como si fuera dos personas distintas, y la trató como si ella también fuera dos personas distintas.
—No salgas—dijo de pronto la voz de Kakuzu. Tomó el pomo de la puerta y procedió a cerrarla, pero Sakura reaccionó y corrió hacia él.
—Espera—él se detuvo—. Un hombre vino a buscarte. Está en el jardín. Es de Akatsuki.
—¿Qué te dijo?—preguntó Kakuzu, en voz baja.
—Que se llama Tobi—respondió ella, también en voz baja. ¿A caso podría ocultarse de aquel hombre enmascarado?
—Quédate aquí hasta que te diga.
—Ni lo pienses. ¿Quién es él?—insistió Sakura, adelantó un pie para evitar que Kakuzu cerrara la puerta—. ¿Por qué está aquí? ¿Qué está pasando?
Tobi apareció al final del pasillo, traía en sus manos una docena de rosas blancas recién cortadas. Al ver a Kakuzu corrió hacia él, mientras exclamaba lo feliz y buen chico que era por haberlo encontrado. Sin embargo, en cuanto Kakuzu lo miró, bajó la cabeza y se puso nervioso.
—Tobi es un buen chico. Tobi solo quiere darle flores a la novia de Kakuzu—susurró.
—Dáselas, Tobi—ordenó Kakuzu. Sakura tembló cuando recibió las rosas. No se atrevió a mirar a ninguno, pues notó que Tobi había cortado todas las espinas de los tallos. Se sintió conmovida. Nadie nunca se había tomado tal cuidado con ella—. Gracias a ella estás en Akatsuki—agregó Kakuzu.
—¡Tobi es un muy feliz! ¡Tobi sabe que Sakura Haruno de la Hoja mató a Sasori-danna!—Sakura se asustó. ¿Vengarían la muerte?—. Tobi quiere mucho a Sakura-chan por eso le regaló las flores más bonitas del jardín de Kakuzu.
—Tendrás que pagarme esas flores, idiota—gruñó Kakuzu.
—Kakuzu-chan no sabe dar regalos bonitos. Kakuzu-chan nunca le ha regalado nada a nadie. Kakuzu-chan no entiende por qué Tobi le regala flores a la médico de Konoha—se empezó a quejar el enmascarado.
—Kakuzu, quiero irme—dijo Sakura, sin pensar. Miró suplicante al hombre, mientras apretaba las rosas en su pecho, realmente nerviosa.
—No puede irse—El pulso de Sakura se aceleró, no tanto porque de nuevo habló la voz grave de Tobi, sino porque las palabras y la carga amenazante estaban dirigidas a Kakuzu, que recibió el comentario con cautela, con demasiada cautela para gusto de Sakura—. Sabías que te visitaría. No tenías por qué estar con una puta de Konoha.
—Tobi. Ella es médico—dijo Kakuzu, al cabo de los tres segundos más tensos que Sakura había experimentado. Sin embargo, la tensión no disminuyó. Ambos hombres proyectaban su dominación, de formas distintas, pero efectivas, y ella estaba en el medio, sosteniendo contra su pecho rosas sin espinas—. Además, es mi fuente de ingresos. Así que si no tienes nada que ofrecerme, no me hagas perder el tiempo.
—Tengo un mejor trato que el de ella.
Kakuzu sonrió, la costura se asomó en su pómulo. En su espalda hubo un movimiento: un Atsugai se formó y entró a la sala de estudio, se paró al lado de Sakura.
—Quédate aquí—ordenó Kakuzu y cerró la puerta.
Sakura pegó la cabeza a la puerta y los oyó alejarse, después miró de reojo al Atsugai. Suspiró, preocupada. Kakuzu ya no era miembro de Akatsuki, pero la presencia de Tobi la turbó…
¿Qué clase de amenaza era aquel hombre enmascarado? ¿Por qué había hablado de Kakashi y de Sasuke? ¿Por qué sintió tanto miedo?
Miró las rosas y sintió una presión en el pecho. Le había cortado todas las espinas. Se tomó el tiempo y el trabajo para regalarle las rosas más bonitas, sin espinas, sin nada que la pudiera lastimar. ¿Quién era ese hombre? Caminó hacia la mesa y dejó las rosas en ella: las observó como si estuvieran a punto de atacarla. El Atsugai la siguió, muy de cerca.
Extendió la mano hacia la criatura y acarició la máscara, al notar que el roce no le disgustaba, decidió hundir toda la mano entre los hilos, movió suavemente los dedos y sintió cosquillas agradables. Entonces, recordó que Tobi se equivocaba: Kakuzu sí le había regalado algo. Un centavo.
Sonrió y se sintió dichosa, buscó en su bolsillo la monedita de cobre y la apretó en su puño, sin dejar de sonreír. Kakuzu amaba el dinero, cada mísero centavo era importante para él, y le regaló uno a ella. Kakuzu le regaló algo que él consideraba importante. Tobi buscó las rosas más bonitas y le cortó las espinas; Kakuzu le dio lo más valioso que poseía…
Pero, al final, Kakuzu se había ido con Tobi, y ella, encerrada, como una niña.
—¿Cuál es el trato, Atsugai de Fuego?—le preguntó a la criatura.
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Amenazó a Kakuzu con todas las ideas posibles, hasta puso en marcha algunas, pero no logró que él le revelara la razón de la visita de Tobi. La defensa fue que no hablaría de más y que no subestimaría la capacidad de Konoha para descubrir el plan de Tobi, antes de tiempo. Sakura no pudo hacer nada contra aquellos comentarios, tan solo se juró a sí misma que la tercera era la vencida.
Si volvía a ver a un miembro de Akatsuki, lo atacaría. Sin importar si tenía oportunidad de vencerlo, si era un paciente o si le regalaba flores. Ya no toleraría más que los Akatsuki se pasearon frente a su nariz como si nada.
Esa mañana, al entrar a la sala de estudio se encontró con el Atsugai de Viento. Supuso que Kakuzu se retrasaría y que le había dejado un mensaje con la criatura. Se acercó y pasó los dedos por la máscara con líneas azules distraídamente mientras pensaba qué tema podría estudiar.
Sacó un par de pergaminos del estante y fue a su silla. Al cabo de unos minutos, el Atsugai se irguió, Sakura extendió la mano para que se acercara y se dejara acariciar, pero lo que la criatura hizo fue extender los hilos y atraparla. El Atsugai se la tragó, al igual que el escritorio, la silla y los pergaminos en los que estaba trabajando.
El atsugai se arrojó al piso y ella quedó cubierta totalmente por los hilos y con las piernas atrapadas bajo la mesa. Sacudió la cabeza para alejar el pergamino de su boca y la pluma de la nariz.
Estaba a punto de liberar su sello, cuando escuchó la puerta abrirse.
—Usa las malditas puertas, Zetsu—dijo Kakuzu de mal modo mientras daba zancadas hacia el interior. Al lado de la puerta, saliendo de la pared se materializó un cuerpo, Sakura reconoció el borde de la capa de Akatsuki.
—El líder pregunta por ti—habló el visitante.
—¿El líder encontró a mi compañero, cabeza de planta?—devolvió Kakuzu, molesto.
—El líder piensa que ya no matarás a tus compañeros. Se te ha visto en sociedad y matando en sigilo. El líder te quiere de vuelta.
—¿Oh, y quién será mi compañero? ¿A caso la perra del líder?
—A Konan no le gustará oír eso—murmuró el Akatsuki—. Te va a comer por decir eso.
—Llévale mis saludos al líder—rumió Kakuzu, empujó un maletín plateado que pegó con los pies del visitante.
—Entendido. Buscaré a Hidan. El líder te necesita para sellar al Hachibi y al Kyuubi—dijo el Akatsuki, se inclinó para agarrar el maletín—. ¿Por qué uno de tus corazones está fuera?
—Lo alimento.
—Yo podría comérmelo.
El Akatsuki se disolvió en el piso. Sakura solo fue capaz de ver algo verde.
Después una mano la tomó del cuello y la sacó del cuerpo del Atsugai, que se puso de pie y acomodó el escritorio y las demás cosas. Cuando los pies de Sakura tocaron el suelo, empuñó un kunai y enfrentó a Kakuzu.
El atsugai al ver la acción violenta de la mujer, se irguió hacia ella y enrrolló sus hilos en todo el cuerpo de la mujer, que trató de zafarse, pero solo logró que los hilos se tensaron más. Forcejeó, liberó su sello y logró reventar algunos, que fueron rápidamente repuestos. Un delgado hilo apretaba su garganta. Tosió.
Podía ver a Kakuzu mirándola fijamente, inmutable, a unos metros de distancia, mientras ella trataba de soltarse.
El atsugai la acercó a Kakuzu. Ella se desesperó y se movió con más ímpetu cuando escuchó el sonido de tela rasgándose, la túnica de Kakuzu cayó al suelo en pedazos, pues fue atravesada por los hilos de los otros tres Atsugai que se materializaron atrás de él.
Los Atsugai se acercaron, rodeándolos y convirtiéndose poco a poco en una sola criatura de hilos que la aprisionaban. Se juntaron tanto que se convirtieron en uno solo, la luz no pudo atravesar la maraña de hilos y de la habitación ya no se veía nada.
Estaba atrapada.
El primer atsugai la soltó y ella cayó sobre la maraña de hilos, trató de buscar un lugar donde impulsarse para atacar pero sus pies y sus manos se hundieron en los hilos. Se arrastró hacia atrás, tratando de poner distancia entre el cuerpo de Kakuzu y ella, aunque de nada servía porque todos los hilos eran el cuerpo de Kakuzu.
Kakuzu se acercó, ella de nuevo trató de arrastrarse lejos, pero los hilos le atraparon las piernas.
Tragó grueso y las lágrimas humedecieron sus ojos, pues ya no solo estaba atrapada, sino que un grupo de hilos se contoneaba por sus piernas. Con una lentitud abrumadora, ambientado por los golpes secos de su propio corazón, los hilos la obligaron a abrir las piernas.
Estiró los brazos buscando apoyo para liberar las piernas y defenderse, pero la maraña de hilos sobre la que estaba la impulsó hacia delante y su cabeza quedó a milímetros del pecho de Kakuzu, sus palmas sangraron, pues se asió con fuerza de los hilos para no caerle encima al hombre.
Sin embargo, su acción fue insuficiente. Lo sintió. Su mandíbula tembló y apretó los ojos con fuerza. Tenía las piernas abiertas, rodeando a Kakuzu, bien sujetas por los hilos. Era una posición que la avergonzaba, aunque -claro está- no era el mejor momento para sentir vergüenza.
—¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar, Sakura, para derrotarme?—inquirió él con voz ronca.
La mano de Kakuzu le acarició la mejilla. Bajo su tacto, ella temblaba.
Sakura se atrevió a abrir los ojos y descubrió que la piel del pecho de Kakuzu estaba expuesta. En la oscuridad del interior pudo percibir el movimiento de varios bultos hechos del mismo hilo. Sin embargo, poco a poco, los hilos se fueron corriendo y descubrieron cinco corazones, que latían al alcance de su mano.
—Puedes hacerlo—concedió él, extendió las manos hacia los lados y movió la cabeza hacia atrás, con lo que Sakura ganó pleno acceso a los cinco corazones.
Sakura sabía que nunca tendría una oportunidad igual. Extendió la mano hacia el pecho, como temblaba tocó algunos hilos, y enterró las uñas en el primer corazón que alcanzó. La calidez del órgano y la humedad de la sangre la hicieron gemir angustiada. Un instante después una maraña de hilos cayó al suelo. Había matado un Atsugai y Kakuzu ni se inmutó.
Alzó la cabeza hacia él, que no había variado su postura. No podía saber cuál era su expresión. Volvió a estirar el brazo, un poco más, para alcanzar otro corazón.
La luz entró cuando el segundo Atsugai cayó muerto. Esta vez, Kakuzu produjo un quejido. Sakura se sintió mal.
Algunos hilos se removieron inquietos, conscientes del peligro. Sakura recordó que era tan doloroso perder un corazón que él prefería desconectarlo antes del ataque final; sin embargo, ella ya le había destruido dos corazones conectados, ella ya le había causado un dolor mortal, dos veces. ¿A caso lo haría cinco veces?
Miró el tercer corazón más cercano. Era pequeño y estaba lejos, en un lugar más profundo. Estiró la mano, pero no fue suficiente, aun había muchos hilos que le impedían el acceso y su posición con la cadera levemente levantada hacia él, pero la espalda gacha, lo dificultaba aun más. Impulsó su cuerpo hacia delante, pero se detuvo asustada cuando sintió algo duro que chocó con su entrepierna.
Kakuzu bajó los ojos hacia ella.
—Lo estás logrando, Sakura—susurró.
Sakura tembló. Evitó mirarle el rostro al estirar la mano, pero no alcanzó el corazón. Necesitaba acercarse más, y si se acercaba un centímetro más, chocaba contra el pene, porque el pene erecto de Kakuzu estaba ahí, esperando por ella.
—Akatsuki busca a Naruto. Cuando matamos a Asuma Sarutobi, buscábamos a Naruto—dijo Kakuzu, en un susurro.
Entonces, reaccionó. Con determinación, estiró el brazo, elevando su cuerpo de la difícil posición en que el Atsugai la tenía, y estrechó entre sus dedos empapados de sangre el tercer corazón de Kakuzu.
Gimió sonoramente cuando el pene se clavó en ella. Pensó que le rompería el short y la ropa interior, pensó que la penetraría. Se sintió tan avergonzada. ¿Cómo era posible que gimiera tan fuerte? Trató de tranquilizarse diciendo que fue a causa del dolor y el susto.
El tercer atsugai cayó. Pudo reconocer la habitación. Solo quedaba el atsugai del agua que la sostenía. Sintió los hilos en sus muslos, en sus nalgas, en su cintura, cortando su ropa. Su piel se erizó cuando su short y bragas quedaron hechos tiritas y ella quedó desnuda de la cintura para abajo, y los hilos continuaron moviéndose, acariciando el lado interno de sus muslos, acercándose a su sexo, ahora, expuesto.
Dos corazones latían en el cuerpo de Kakuzu. Lejos, tanto que debía impulsarse para alcanzarlos.
—Iremos todos por Naruto. Le daremos caza y lo mataremos como a un perro—dijo Kakuzu—. Es tu oportunidad de evitar que él deba enfrentarse a mí.
Era su oportunidad para vencerlo, de ser útil, de proteger a Naruto.
Estiró la mano para alcanzar el cuarto corazón. Si destruía el cuarto corazón, podría defenderse contra Kakuzu y su último corazón. Y después se encargaría de incinerar el cuerpo para que no pudiera revivir.
¿Sencillo? Tanto como estirar el brazo.
Se sintió totalmente abochornada cuando sus labios dejaron escapar un nuevo gemido, pues al estirarse volvió a rozar el pene de Kakuzu, esta vez con su desnudez. Atemorizada de dirigir sus ojos hacia abajo, se atrevió a alzarlos. Él seguía inmóvil, con la cabeza hacia atrás y los brazos extendidos, como si no le importara donde estaba su pene, ni dónde podría llegar a estar.
Y solo bastaba un movimiento para tener sexo vestibular, ese tipo de masturbación mutua que implicaba el roce del pene contra el clítoris y los labios vaginales. Un impulso hacia delante, entonces alcanzaría el corazón y, tal vez, sería penetrada; tal vez, perdería la virginidad.
Mientras las pulsiones en su zona íntima la sacudían, recordó el entrenamiento de seducción que recibió al cumplir 18 años. Había kunoishis que dedicaban su vida ninja a seducir hombres y cumplir misiones de esta manera: el sexo siempre había sido un arma… y ahora ¿qué importaba que ella tuviera sexo si podría vencerlo?
Quizá él entraría en ella, pero también el Atsugai caería. Si se movía hacia delante, podría destruir un corazón y estar más cerca de vencerlo.
¿Sencillo? Tanto como permitir que la penetrara.
Sentirlo tan cerca, esperando por ella, solo lo hacía más placentero. ¿Placer?
Lo que importaba era que podría aligerar la batalla de Naruto. Por fin, podría serle útil. Ella tendría una historia que contar –de la cual, obviamente se guardaría algunos detalles-, pero podría decir que derrotó a dos miembros de Akatsuki. Eso estaba muy bien, si sentir el calor y la potencia de Kakuzu no la estuvieran dejando sin respiración y a punto de volverse loca de la excitación.
—Me gustará ver tu cara cuando la luz abandone la mirada de Naruto…—habló él—. Estás tan cerca de evitarlo…
Tan cerca. El miembro buscaba entrada, ella podría dársela, solo necesitaba acercarse. Tal vez no entra, pensó. Tal vez, resbala. Ahora mismo estaba resbalando, acariciando, tocando, porque ella se movía, se contoneaba levemente hacia delante, y si se movía un poco más, entonces, sus dedos temblorosos podrían enterrarse en el corazón de Kakuzu y él entraría. Sí, si se quedaba en esa posición, entonces solo necesitaba un impulso y sería de Kakuzu… Su primera vez sería de Kakuzu. Sí, en esa posición, entraría. No había duda. El glande, la cabeza, estaba casi adentro… Adentro de ella.
Casi.
Ladeó el rostro y se dejó caer hacia un lado. Toda la tensión de su cuerpo desapareció. Se rindió. No podía.
Apenas se podía controlar al sentir la punta rozádola. ¿Qué haría si lo disfrutaba? ¿Cómo podría soportar que él la penetrara? ¿Qué pasaría con ella?
El cuarto corazón fue envuelto en hilos y la única máscara restante regresó a su posición en la espalda, las heridas en el pecho fueron cosidas y Kakuzu la dejó caer sobre el sillón.
Sakura no se atrevió a moverse, sus piernas lánguidas y su entrepierna húmeda, la hacían parecer una muñeca de trapo con la que se cansaron de jugar. Una muñeca de trapo que temblaba como una hoja.
Kakuzu la observó un instante, pero ella no se atrevió a abrir los ojos. Sintió el roce suave de una toalla en sus rodillas, la apretó con los dedos manchándola con sangre y se cubrió. Kakuzu se sentó en el otro extremo del sillón y la siguió observando.
—Lávate las manos—ordenó. Sakura se acomodó la toalla en la cadera, caminó hasta la pileta y se enjuagó la sangre de las manos—. Sabes lo que esto significa—murmuró él, con la vista clavada en nada en particular. Ella asintió, sin atreverse a mirarlo. Las máscaras roja, azul y verde estaban en el suelo, rotas—. No quiero escuchar ninguna queja.
Ella volvió a asentir y desapareció en una nube de flores de cerezo. El fuego de su bautismo la quemó. No pudo derrotarlo, y ahora él mataría para recuperar sus corazones.
Continuará…
Este es uno de esos capítulos que me hacen pensar: acabo de arruinar una historia. Sin embargo, esa escena con los Atsugai estaba planeada desde el principio. Además, cumple otro fin: si son ninjas, pues el sexo no va a ser de misionero -algún provecho tendrá que darles las técnicas que tienen. En fin: ustedes, queridos lectores, tienen la última palabra. ¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué tal las apariciones de Tobi y Zetsu? En el próximo, fijo Hidan.
Quiero agradecerles su compañía y el tiempo que se toman para leer y dejar un review. Aprecio muchísimo sus reviews. Siempre los leo y siempre los leeré. Me hacen feliz. Si tienen alguna pregunta sobre el fic, no duden en hacerla. No hay nada mejor que una pregunta de un lector para mejorar :)
Gracias por todo
nos vemos pronto :)
