Holaa! No puedo creer ni yo haber terminado el capítulo tan rápido jajaj. Y voy por el próximo ya! Si ustedes vieran la cantidad de ideas que tengo anotadas en mi agenda para incluir próximamente a la historia... Cuestión, qué les ha parecido la escena de Damon y Elena en la fiesta de disfraces que no mostraron en el último episodio de la serie? A mí me encantó, pero me quedé con ganas de más :S Y como pasó eso, decidí quitarme las ganas en la historia, así que añadí más Delena en este capi y en el próximo.
Muchísimas gracias por sus comentarios. Ya les he dicho que son gran incentivo :)
DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la fabulosa de L.J. Smith. La trama es de mi autoría.
ELECCIONES
Capítulo 14
Una cama en el centro de una habitación revestida en madera de la mejor calidad, reluciente y antigua. Un ventanal cubriendo la pared entera a la derecha de la cama. Silencio. Era lo único que se oía a kilómetros, según el oído súper desarrollado de Elena. Y un cuerpo tendido a su lado... No se encontraba sola en la cama. El aire estaba impregnado de aroma a menta y un perfume carísimo que ella ya había olido antes. Esbozó una pequeña sonrisa, casi imperceptible. Levantó la cabeza del pecho frío para encontrarse con el rostro relajado y distendido de un Damon dormido. Uno de sus brazos rodeaba la pequeña cintura de la vampira, mientras que la otra mano envolvía la de Elena, descansando sobre el pectoral de él. Damon la mantenía aferrada a su lado con firmeza. Y Elena se sorprendió al pensar que no tenía intención de tomar distancia.
La respiración sosegada de su acompañante hizo que ella volviera a observarlo con detenimiento. Nunca lo había visto así. No estaba a la defensiva ni alerta a cualquier amenaza, sino que dormía relajado, de seguro inmerso en algún buen sueño.
Unos minutos después, Damon afianzó su agarre y abrió los ojos con un pestañeo suave.
– Buen día, cariño – susurró y sonrió, dejándole un beso en la frente. Llevó la mano al muslo de Elena, que reposaba cruzando por encima de sus piernas –. Eres tan hermosa.
Ambos cuerpos encajaban a la perfección en la posición en que estuviesen. Las caricias de Damon la obligaron a cerrar los ojos, se sentían profundas y cálidas. Muy profundas, y muy cálidas... tanto como si estuviera desnuda. Abrió los ojos nuevamente, de par en par, y notó que en verdad los dos estaban desnudos, tapados únicamente con una fina sábana de seda blanca.
– ¿Qué sucede, Elena? – se extrañó el vampiro, sin dejar de acariciarla con dulzura y precisión. Era consciente del efecto que causaba en la piel de la muchacha.
Ella no habló, le costaba separar los labios. Y se comenzó a sentir mareada, medio atontada.
De pronto, Damon desapareció, al igual que su cálida habitación. Elena despegó los párpados pesadamente, pestañeó dos veces y movió un poco su cuello con contracturas. Lo primero que percibió fue el olor mohoso del lugar. Observó las paredes llenas de manchas de humedad y la pintura resquebrajada. Caviló en que ni el sótano de la mansión Salvatore lucía tan descuidado.
Intentó usar sus manos, pero las tenía inmovilizadas con una cuerda detrás de su espalda. Miró hacia abajo, alguien la había sentado en una silla de madera bastante roída. Las cuerdas no estaban embebidas de verbena. Elena era inmune a esa planta, pero esto tenía algo más, que la mareaba y la debilitaba.
Sus pensamientos empezaron a reordenarse lentamente. Sin embargo, no podía recordar cómo había llegado a ese lugar extraño. Klaus no fue, pensó ella. Katherine, tampoco. Entonces… ¿quién?
– Dexter Wentz, un gusto.
Alzó la vista. Un hombre fornido estaba de pie frente a ella, con las manos en forma de jarra en su cintura, lo que le otorgaba un aspecto más peligroso. Elena se fijó en sus ojos, eran grises, sombríos y fríos. De no ser por el corazón que bombeaba la sangre a las venas, lo habría confundido con un vampiro o algún ser sobrenatural. Inmediatamente llegó a ella un recuerdo especial: su conversión.
El baile de fin de curso estaba saliendo magníficamente, como lo había planeado Caroline con tanto esmero. La gente bebía ponche, bailaba en el gimnasio de la escuela y reía alegremente. Elena había perdido de vista a Damon; y Stefan no se movía de su lado hasta que, de un tirón, Caroline la sacó de allí y la llevó dentro, con el resto de los estudiantes.
– Si Stefan no quiere divertirse, no me importa. Tú lo harás – ordenó y mostró su sonrisa compradora. Elena soltó una risita y movió el cuerpo al son de la música electrónica que expedían los parlantes. Bonnie se unió prontamente a ellas con un vaso de más, tendiéndoselo a la morena. Y, por un momento, Elena se permitió fingir que todo era normal. Que no había un híbrido queriendo matar a los seres queridos que le quedaban y secuestrarla a ella para utilizar su sangre. Que no estaba enamorada de dos hermanos vampiros. Que su mejor amiga, Bonnie, no era una bruja, ni Caroline una vampira. Que Tyler no era un híbrido de Klaus. Que ella no era una doppleganger. Que no existía una bruja buscando asesinar a la raza vampírica entera. Que su tía no había muerto y que Jeremy no veía fantasmas de muertos. Que había transitado el duelo por la muerte de sus padres como lo haría cualquier otra persona. Que era como cualquier otro estudiante de esa escuela.
No duró demasiado su fantasía, pero fue reconfortante por esos minutos de la canción.
– Alguien te busca – dijo Bonnie en su oído, con un tono de voz más alto e insinuante para ser escuchada.
Elena giró sobre sus talones y se topó de frente con un muchacho varios centímetros más alto que ella, bien formado y poseedor de un cuerpo musculoso. Él sonrió ampliamente, mirándola a los ojos.
– Tú debes ser Elena, mi nombre es Dexter. Conocí a tu hermano en Denver. Me ha hablado mucho de ti.
– ¿A Jeremy? – la morena no pudo evitar la sorpresa. Creía que sólo Kol había estado con Jeremy en ese viaje casi obligado.
Él asintió, y salieron fuera juntos bajo el pedido del muchacho, quien deseaba hablar bien, sin la música resonando a todo volumen. La condujo al aparcamiento, detrás de una camioneta negra, apartados del resto. Hablaron pocos minutos y Elena sintió un fuerte pinchazo en su cuello. Un líquido espeso ingresó a su organismo. Luego, el hombre quitó la aguja y la sustituyó por una daga que dejó sin vida a Elena en un segundo.
Quiso decir que lo conocía, que lo recordaba. Pero su lengua continuaba trabada y las palabras se negaban a salir. Dexter se aclaró la garganta y habló:
– Reconozco que me sorprendió la rapidez con la que me creíste cuando nos conocimos. Ni siquiera te diste cuenta de lo distinto que soy a tu hermano. Eras muy inocente, Elena. Por lo que veo, sigues siendo la misma, pero en la versión abominable. Cálmate, no te haré daño –. Señaló las cuerdas –. Una bruja de Esther las hechizó, son necesarias para que no quieras atacarme y, en cambio, me escuches.
El muchacho arrimó una silla de madera y se sentó delante de Elena, con el respaldo entre sus piernas.
– Te he convertido con la sangre de Damon Salvatore, pero eso ya lo sabes. Me costó gran esfuerzo arrebatarle un poco. Ese vampiro sí que es duro, ¿ah? Por tu cara de confundida, asumo que no tienes idea de lo que sucede. Te lo contaré: el plan que Esther expuso ante ti no es reciente. Desde que falló su anterior intento de unir a los Originales y matarlos a través del sacrificio de uno de ellos, ella sabía que tenía que pensar algo rápidamente. Y surgió la idea de que tú, con tu sangre poderosa de la doppleganger y los lazos de amor indestructibles que relacionan a Elijah y Klaus contigo, terminases de atraerlos hacia ti y, finalmente, matarlos con una gota de sangre. Ella me exigió, entonces, que te convirtiera, y dijo que lo hiciera con la sangre de ese vampiro exclusivamente. Sus razones las desconozco – aclaró.
A Elena le daba vueltas la cabeza internamente. Se sentía fatal y confundida, como en el sueño de Esther.
– Mírame un momento – ordenó, y la vampira lo hizo –. Esther desconfiaba de tu fidelidad al plan, así que me pidió que yo fuera quien lo cumpliera en caso de que tú te acobardaras. De todas maneras, me ha expresado que te salvará, como lo prometió. A ti y a uno de los hermanos Salvatore. Tienes que escogerlo antes de la medianoche del día de mañana.
No, eso no. La muchacha se negaba rotundamente a tener que dejar morir a uno por decisión de Esther. Los Originales morirían, y todos los vampiros del mundo irían cayendo muertos. Caroline, Tyler, Stefan o Damon, la madre de Bonnie. No. No estaba dispuesta a perder a sus amigos ni a dejar que extinguieran deliberadamente la raza. Era una atrocidad, una locura. Mientras su mente vagaba por esos pensamientos, Dexter la pinchó en el cuello y le extrajo sangre que luego almacenó en dos frasquitos de vidrio.
Un estruendo impactó muy cerca. El hombre se apresuró a asomarse en la otra habitación y palideció. Antes de que pudiera coger el arma con balas de madera que había sobre una pequeña mesita junto a la pared, Damon le dio un brusco empujón y entró a paso decidido en el cuarto. Detrás, lo siguió Klaus. El híbrido conectó su mirada con la de Elena un breve segundo y alzó al hombre fornido por el cuello de su camisa con tanta liviandad como si se tratara de una almohada. Damon no tardó en soltar a Elena de las cuerdas, las cuales le quemaron las manos a él hasta dejarlas casi en carne viva. Pero nada de eso le importaba, porque la furia de saber que habían osado meterse con la mujer que amaba lo cegaba. La acunó contra sí, procurando que la cabeza de la vampira quedase en el hueco entre su hombro y cuello.
– ¿Qué haremos contigo? – masculló Klaus, maliciosamente, al muchacho, que no se mostraba temeroso, pero tampoco lo enfrentaba.
– No sé qué esperas para comértelo – comentó Damon, echándole una mirada furibunda a Dexter – ¿Cómo te llamas?
– Dexter – susurró Elena con un hilillo de voz al percibir que el susodicho no abriría la boca.
– ¿Así que, Dexter? Eres muy viejo para ser el verdadero Dexter. Te faltan los anteojos y, sin dudas, no tienes pinta de ser un científico –. Elena acarició la nuca de Damon con sus dedos como gesto previsor para que las cosas no se salieran de control. Él entrecerró los ojos con una mueca de gusto –. Deja eso – indicó en voz baja, pues su enojo contra el hombre no podía dispersarse justo mientras anhelaba hacerlo trocitos.
Cuando la iba a sacar de la casa destartalada, Elena señaló los frasquitos de su sangre. De nuevo le costaba modular las palabras. Sintió el movimiento de Damon hacia la mesita. Y después, todo se oscureció para ella.
Ojalá les haya gustado el capi. Es uno de los que más disfruté escribiendo fhl666, no sé si seguirás leyendo la historia, pero aquí está el flashback de la conversión que me habías pedido. Tarde, pero llegó jajaj. Tu pedido me inspiró con Dexter aw.
Hasta la próxima actualización! Que tengan una linda semana :)
