EPÍLOGO 2: QUINCE AÑOS DESPUÉS (parte 2)
Mientras tanto, Caroline había vuelto a acercarse a Anders. Éste estaba aún preocupado por su discusión con Sofie, pero sonrió al verla acercarse. La condesa le sonrió, para después fingir una cara de desconsuelo.
-Oh, Anders, no lo puedo creer- le dijo Caroline- no sé que le habré hecho a tu prima, pero estoy segura de que me odia…-
-No creo que sea así- dijo Anders en tono consolador, encogiéndose de hombros- supongo que Sofie solo debe estar un poco preocupada, pero estoy seguro que para nada te odia. Ella no es así-
-Está celosa- dijo Caroline con convicción- ella me lo dijo, que no es justo que tu puedas estar con quien quieras y ella esté obligada a esperar a que sus padres elijan un esposo para ella. Y me dijo que iba a impedir que estuvieras conmigo, en venganza por lo que pasó entre mi padre y tu tía la reina-
Anders frunció el entrecejo. No podía creer que Sofie pudiera hacer algo así. Decidió cambiar el tema para no contradecir más a Caroline ni hacerla enojar.
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El baile terminó muy tarde. El duque Glyndwr fue uno de los últimos asistentes en retirarse. Había tomado una habitación en casa de uno de los consejeros de la reina. Salvo el altercado con Caroline, Sofie la había pasado bien. El duque, Dai Glyndwr, era amable y de buena conversación, además de muy apuesto. Y no podía negar que le gustaban sus atenciones. Suspiró.
Cuando se despidieron esa noche, Dai besó nuevamente la mano de la princesa y mencionó su deseo de verla nuevamente. Sofie solo sonrió y se despidió, volviendo a donde estaban sus padres.
-Bueno, ¿cómo te fue?- dijo Elsa, sonriendo, mientras Hans la miraba cruzando los brazos, enfurruñado y murmurando algo inentendible entre dientes.
-Muy bien, bueno, casi- dijo Sofie, pensativa. Elsa alzó una ceja.
Sofie le contó lo que le había estado preocupando: que Anders se había enamorado de la condesa Caroline, y que ésta la había amenazado. Elsa y Hans se miraron entre sí.
-Esta bien, pequeña, gracias por contarnos eso, ahora vete a descansar- dijo Elsa- mañana tendremos el día libre para que descanses, continuaremos con tus lecciones pasado mañana-
Hans iba a decir algo, pero se contuvo. Sonrió y besó la frente de su hija.
-Descansa, Sofie- dijo Hans.
-Gracias, mamá, papá- dijo Sofie, besando a sus padres en la mejilla, y se apresuró a su habitación. Una vez que Sofie se perdió de vista, Elsa suspiró.
-Creo que debería hablar con Anna sobre esto que nos contó Sofie. La condesa Caroline me preocupa- dijo Elsa, mirando a Hans- tal vez Anna no se percató que sucedió esto-
-Tu hermana no se percató de nada esta noche, no quitó su cara de los chocolates- dijo Hans, divertido, y su rostro se tornó más serio- será mejor que le digas, solo no le menciones que lo supimos por medio de Sofie, porque eso solo le traerá problemas con Anders-
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A la mañana siguiente, Sofie pudo levantarse tarde. Nana se encargó de que Fredrick no fuera a despertarla. De igual manera, Ingrid y Rita se mantuvieron alejadas de la habitación de la princesa. Elsa y Hans también habían decidido dormir hasta tarde.
Una vez que se levantó, Sofie tomó el desayuno en su habitación, se vistió y salió al establo. Tenía ganas de pasear a caballo. Gracias al baile y a la fiesta, las lecciones de esos días se habían suspendido, así que tenía más tiempo libre. Además, la mayoría estaría dormido en el palacio y no quería despertarlos.
Después de saludar y acariciar el hocico de Sitron, el viejo caballo de su padre, Sofie tomó a su yegua negra, Sissel, y la sacó del establo.
-¿Qué te parece si damos una vuelta, Sissel?- dijo Sofie, subiendo a ella. Antes de que saliera por la puerta principal de la explanada, escuchó la voz de Anders.
-¡Sofie, espera!- exclamó su primo. Sofie, que estaba a punto de hacer galopar a Sissel, se detuvo- ¿puedo hablar contigo un momento?-
-Claro que sí- dijo Sofie, haciendo girar a Sissel para mirarlo de frente- ¿qué sucede?-
Anders dudó unos segundos.
-Sabes que odio hablarte cuando estás allá arriba- dijo Anders. Sofie se encogió de hombros y bajó de la yegua, para tomarla de las riendas. Sissel hizo un sonido de decepción, que ambos ignoraron.
-Sofie, comprendo que te preocupes por mi- dijo Anders tras una pausa- pero no tenías que amenazar a Caroline anoche. De verdad yo no creo que sea…-
-Espera medio momento- lo interrumpió Sofie, frunciendo el entrecejo, molesta y ofendida. Se cruzó de brazos- ¿que yo hice que?-
-Le dijiste que no ibas a permitir que me casara con ella porque le tienes envidia- dijo Anders.
-¡Eso no es verdad!- dijo Sofie, ofendida- ella me dijo que se quería casar contigo para arreglar el problema que tuvo Weselton con mi madre, y que no me metiera en sus asuntos-
-No pudo haber dicho eso…- comenzó Anders- Caroline no es…-
-¿Y yo sí?- lo interrumpió Sofie, alzando la voz visiblemente molesta- me conoces de toda la vida, Anders. ¿Crees que sería capaz de sabotear tu felicidad por envidia o por cualquier razón?-
Anders guardó silencio, y Sofie le dio la espalda, muy ofendida.
-Está bien, no me meteré en tus asuntos ni los de Caroline, Anders, tú eres grande y sabes lo que haces- dijo Sofie, volviendo a subir a Sissel- y si me disculpas, voy a dar un paseo-
-Sofie, yo…- dijo Anders.
Antes de que Anders pudiera responder, Sofie hizo correr a Sissel, saliendo del palacio. No podía creer que su primo fuera tan cabezadura.
Anders observó a su prima alejarse a toda velocidad, y se sintió algo culpable. Si se había equivocado con respecto a ella, la pagaría muy caro, no solo con Sofie sino con su tío Hans. Tragó saliva de solo pensarlo.
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Sofie se detuvo en un claro del otro lado del fiordo. Tonto Anders. Ojalá hubiera podido escuchar como le habló la condesa esa en el baile. ¿Cómo se atrevía?
Bajó del caballo y pateó el suelo enojada, provocando que se congelaran un par de metros cuadrados alrededor de ella. Pareció percatarse y lo descongeló. Ató las riendas de Sissel a un árbol y se sentó apoyada en el tronco del mismo. Suspiró.
-Dime una cosa, ¿qué vamos a hacer con Anders, Sissel?- dijo Sofie a su caballo, mientras jugaba con sus poderes de telequinesia, haciendo bailar a las hojas y pétalos en círculos frente a ella- ese cabezadura no quiere escuchar…-
Sonrió.
-Quizá podría darle un golpe en la cabeza con un mazo- continuó Sofie- se le podrían acomodar las ideas así… o tal vez podrían desordenársele más…-
Después de una pausa, en la que Sofie siguió jugando con sus poderes, una voz masculina interrumpió sus pensamientos
-Su alteza habla con los caballos también- dijo la voz masculina detrás de ella- no sabía que ese estaba entre sus muchos talentos-
Sofie se volvió, alarmada, y las hojas dejaron de bailar y cayeron al suelo. Pero la princesa sonrió al ver que se trataba del duque Glyndwr.
-No es ningún talento, excelencia- dijo Sofie, a punto de reír, sin levantarse- un buen talento sería que mi caballo me respondiera y así resolver el dilema-
El duque sonrió. También él iba caminando y llevaba de las riendas a su propio caballo blanco con café.
-No quiero parecer impertinente, excelencia- dijo Sofie, levantándose del suelo, algo apenada, al ver que el joven duque se dirigía hacia donde se encontraba ella- pero no es correcto que estemos charlando sin la compañía de una chaperona-
-Sí, lo entiendo, y es una pena, su alteza- dijo el duque, deteniéndose e inclinándose- ¿me permite escoltarla de regreso al palacio?-
Sofie lo evaluó con la mirada unos segundos, y asintió, volviéndose para desatar a Sissel y volverla a montar. El duque Glyndwr también montó su caballo.
-¿Y podría insistir en que me llame Dai?- añadió el duque. Sofie sonrió.
-Está bien, Dai, gracias- dijo la princesa de Arendelle- volvamos-
Mientras Sofie y el duque se alejaban, la condesa Caroline y sir Harris miraban detrás de uno de los árboles.
-Esto nos servirá, Harris- dijo la condesa- vamos-
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Cuando Caroline volvió al castillo de Arendelle, a donde había sido invitada para el almuerzo, primero que nada buscó a Anders, y lo encontró en el establo acariciando a un viejo reno. La condesa arrugó la nariz. Odiaba a los animales. Pero se aguantó el olor del establo y llamó a Anders.
-Buenos días, Caroline- dijo Anders con una sonrisa al verla.
-Ojalá fueran buenos- dijo Caroline en tono trágico- estoy muy afectada por lo que hizo tu prima anoche. Y hoy salí a pasear con mi caballo, y descubrí porque tiene tanta envidia…-
-¿De qué hablas?- preguntó Anders, confundido.
-Sofie se enamoró del duque Glyndwr- dijo Caroline- y los reyes de Arendelle seguramente no la dejarán casarse con él. Por eso tiene tanta envidia de que tu puedas ser feliz-
Anders se sorprendió ante tal declaración. Sofie era una chica sensata. Jamás haría algo irresponsable. Y sabía que no era posible que se hubiera enamorado. Ella misma le había dicho la noche anterior que no podía casarse con alguien que acababa de conocer.
-Caroline, no creo que…- comenzó Anders.
-No necesitas creerme- dijo Caroline- solo míralo con tus propios ojos-
Al terminar de decir eso, Anders escuchó la voz de Sofie fuera del establo. Charlaba animadamente y reía. Junto a ella caminaba el duque Glyndwr. Ambos entregaron sus caballos a los encargados del establo y agradecieron. Sofie se percató de la presencia de Anders y Caroline, y solo se encogió de hombros y se fue, seguida de Dai.
-Te lo dije- dijo Caroline.
-Solo caminaba con él- dijo Anders.
-Yo los vi en el bosque, juntos, sin chaperona- dijo Caroline- estoy segura…-
Anders no sabía que pensar. Conocía a Sofie toda su vida y, como ella misma le había dicho, no la creía capaz de sabotear su felicidad por envidia. Y sabía que Sofie era prudente y correcta. Pero lo que decía Caroline sonaba bastante cierto. Decidió que podía seguir a Sofie discretamente y asegurarse. Si su prima llegaba a descubrirlo, culparía a su tío Hans de haberle pedido seguirla.
Caroline tomó el brazo de Anders y le pidió que la acompañara al comedor.
-Es una lástima que Sofie sea la heredera al trono de Arendelle, ¿no crees?- comentó Caroline mientras caminaban- deberían pasar una reforma al consejo, que solo los hombres hereden la corona. Así los hombres hábiles e inteligentes como tú podrían gobernar este país…-
Anders sacudió la cabeza, y sonrió levemente, sin entender el verdadero significado de las palabras de Caroline.
-No tengo mucho interés en eso- dijo Anders- Sofie se ha preparado toda su vida para ello, y será una excelente reina, mientras que yo solo he sido entrenado para ser oficial naval. Además, si la corona se heredara solo a los hombres, el primero en línea sería Fredrick, el hermano menor de Sofie…-
A Caroline pareció no gustarle ese detalle.
-¿Dije algo malo?- preguntó Anders al ver su expresión.
-No, claro que no- dijo Caroline, componiendo rápidamente su expresión- apresurémonos, muero de hambre-
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Hans miraba por la ventana, pegando la nariz al vidrio. Elsa se echó a reír.
-No se que te parece tan gracioso, Elsa- dijo Hans de mal humor- otra vez ese duque está olfateando alrededor de Sofie. Será mejor que…-
-Déjalos, Hans- dijo Elsa, con una gran sonrisa, abrazando a Hans por la espalda- ya sabes que Sofie es lista y prudente. No le hará daño tener un amigo…- Hans tenía serias dudas de que así fuera, pero decidió aguantar sus celos y hacer caso a su esposa- el que me preocupa es Anders. Parece que es tan enamoradizo como Anna-
-¿Por Anders te preocupas pero por Sofie no?- preguntó Hans.
-No es Anders el problema- dijo Elsa con seriedad- es esa Caroline. Es la hija menor del duque de Weselton. Y lo que nos dijo Sofie-
Hans la escuchó y asintió.
-¿Crees que deberíamos hacer algo?- preguntó Hans.
-¿Qué podemos hacer?- dijo Elsa.
-Lo que hiciste tu una vez- dijo Hans- negarte a darle permiso de casarse-
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Esa tarde, Elsa y Hans se reunieron con Anna y Kristoff, y les contaron lo que Sofie les había reportado. Anna se alarmó un poco, y Kristoff permaneció serio. Pero pronto se calmaron al informarles que no permitirían esa boda hasta no asegurarse de que todo estuviera en orden. Una vez que quedaron solos, Anna se volvió a Kristoff.
-Tengo una idea que quizá pueda ayudar mientras averiguamos si Caroline trama algo- dijo Anna- enviemos a las gemelas, ellas pueden escuchar lo que hacen e interferir un poco…-
A Kristoff no le gustaba mucho la idea, pero aceptó.
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Después de la comida, en la que Hans y Anders miraban sospechosamente a Sofie, Elsa y Anna miraban sospechosamente a Caroline, y mientras tanto Sofie y Dai charlaban alegremente, estos últimos salieron a caminar al gran jardín del castillo, seguidos por la mirada atenta de la vieja Gerda.
-Y, entonces- comenzó Dai Glyndwr- ¿qué se siente ser la heredera a la corona?-
Esas palabras pusieron a Sofie en guardia. Recordaba lo que sus padres le decían sobre tener cuidado de no enamorarse de un hombre demasiado rápido, que quizá solo la quisiera por su corona.
-Normal- dijo Sofie- es mucha responsabilidad-
-Me imagino- dijo Dai, encogiéndose de hombros- si solo ser duque y portar un apellido famoso es mucha responsabilidad, no imagino como puedes aguantarlo…-
-He tenido mucha ayuda de mis padres- dijo Sofie con reserva. Se había percatado que Dai ahora ya no le hablaba formalmente.
Dai pareció notar que Sofie se volvió más seria, así que se encogió de hombros y se dejó caer en el pasto, mientras ella se sentó en una banca. La tarde era soleada, se encontraban bajo la sombra de un árbol, y las nubes se movían con el suave viento. Dai por fin rompió el silencio otra vez, cambiando el tema.
-Me gustaría ver tus poderes- dijo Dai de pronto- debe ser genial tenerlos…-
Sofie sonrió ante ese comentario. Se frotó las manos y sopló sobre ellas, creando una capa de nieve sobre el pasto alrededor de Dai. Éste tocó la nieve con una sonrisa, y después se volvió a Sofie. Ella le devolvió la sonrisa.
-En Ludlow casi nunca cae nieve- dijo Dai- ¿quieres hacer un muñeco?-
Sofie rió, pero sacudió la cabeza.
-Mejor no, Dai- dijo ella- mi hermano Fredrick quiere hacer uno desde hace tiempo, y no me va a dejar vivir si me ve haciendo uno contigo…-
-Tienes razón- dijo Dai, riendo- yo tengo una hermana de diez años, Matilda, que nunca me perdonaría si fuera un día al lago sin ella- suspiró- no entiende la responsabilidad que tengo por ser duque, pero me agrada serlo yo y que ella no tenga que preocuparse por ello-
-Lo mismo aquí- dijo Sofie- me alegra de Fredrick no tenga la… presión que yo he tenido estos años-
La verdad es que Sofie tenía miedo de ser reina. Dai lo comprendió.
-Una vez que tomas el cargo para el que te preparaste toda tu vida no es tan malo- le dijo Dai, pensativo- cuando mi padre murió, mi tío quería tomar mi ducado mientras "me preparaba" pero ya era mayor de edad así que pude tomarlo yo. La mayoría de edad en Gales son dieciocho años, Sofie- añadió, mirando a la extrañada princesa- tengo diecinueve-
Sofie sonrió, pero su sonrisa se borró cuando vio pasar a su primo Anders con Caroline por el jardín. Suspiró, y Dai se volvió hacia ella, aún en el pasto.
-Le pegó duro a tu primo, ¿no?- comentó Dai, y Sofie asintió-¿te preocupa que vaya a cometer un error?- y Sofie asintió de nuevo.
-La condesa Caroline no me agrada nada- dijo Sofie- pero Anders no aceptará una palabra en su contra-
-Pronto abrirá los ojos, tu primo no es tonto- dijo Dai en tono comprehensivo- cuando uno está enamorado a veces hace locuras, pero cuando alguien es malo la máscara se le cae tarde o temprano-
-Espero que tengas razón- dijo ella.
Antes de que pudieran hablar más, Sofie vio como Fredrick y las gemelas ingresaban al patio. Temía que fueran a molestarla, pero se pasaron de largo directo hacia Anders. Sintió algo de compasión hacia su primo, pero al menos así sabía que Caroline no iba a avanzar mucho con él.
Gerda se levantó de donde los miraba, e hizo una señal a Sofie.
-Es hora de la comida, Dai- dijo Sofie- mis padres nos llaman-
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Durante la comida, Hans se encargó de poner a Dai junto a Gerda en el extremo contrario del comedor, haciendo imposible que hable con Sofie y muy difícil que los dos hicieran contacto visual. Sofie estaba sentada junto a la marquesa de Penbrooke, que la aburría con su charla. Anders estaba sentado junto a Sofie, y Caroline estaba colocada del otro lado de Gerda.
Sofie puso los ojos en blanco. Su padre sí que se había pasado esta vez. Ya se las arreglarían mas tarde. La princesa no podía evitar notar que Caroline la miraba con odio, lo cual decidió ignorar. Sir Harris, frente a ella, trataba de forzar la conversación, pero ella lo ignoró. Había tres lugares vacíos en la mesa. Sofie se estaba preguntando para quien estaban reservados, cuando el guardia en la puerta habló.
-Sus majestades- dijo el guardia, golpeando el suelo con su vara dos veces- les presento a su majestad la reina Leo y su alteza real el príncipe consorte Georg de Oeste, y su alteza la princesa Charlotte de Oeste-
Al escuchar sus nombres, Elsa y Hans se levantaron inmediatamente de sus asientos y corrieron a saludar a los recién llegados con emoción. Al fin y al cabo, Elsa y Leo eran grandes amigas, y Hans y Georg eran hermanos.
Caroline hizo una expresión de burla al ver la reacción de los reyes de Arendelle, que Sofie se apresuró a ignorar. Ella también se levantó y corrió a abrazar a su tía.
-¡Tía Leo!- exclamó Sofie, abrazando a la reina de Oeste- que gusto verte-
-Me da gusto verte también, pequeña- dijo Leo, dejando que la chica lo abrace- perdona por no haber llegado ayer a tu baile, una tormenta no nos dejó partir a tiempo. ¡Por Dios! Cada vez estás más grande…- Leo no mencionó cuando la conoció, que era solo una criatura y cabía perfectamente en uno de sus brazos- mira, Sofie, te presento a mi sobrina, Charlotte. Tiene trece años. Jorgen y Violeta pensaron que sería buena idea que viniera y la conocieras. Quizá un día sean amigas como tu madre y yo-
Sofie sonrió y saludó a Charlotte, y Elsa asintió.
-¿Cómo está Albert?- dijo Elsa, refiriéndose al hijo de Leo.
-Está bien- sonrió la otra reina- está afuera, corrió a jugar con Fredrick y las gemelas apenas llegamos. ¡Albert!-
Se escucharon unos pasos desenfrenados, y al comedor entraron corriendo, ya medio manchados de lodo, Fredrick y otro niño de diez años, de cabellos castaños y ojos verdes, vestido igual que Georg, y cuadrándose orgulloso frente a la reina Leo.
-Sí, su majestad- dijo el niño. Leo le lanzó una mirada de desaprobación, que hizo reír a Georg.
-Albert, ¿recuerdas lo que te pedí que trajeras para Sofie?- dijo Leo.
-Sí, mamá- dijo Albert. Buscó en sus bolsillos y sacó una cajita de su bolsillo izquierdo. El pequeño movió su mano derecha, y la cajita flotó hasta las manos de la princesa de Arendelle- feliz cumpleaños, Sofie-
-Gracias, Albert- sonrió Sofie, acercándose a su pequeño primo y agachándose para besar su mejilla. Abrió la caja y encontró una hermosa pulsera en forma de copos de nieve- es hermosa, Albert, gracias, tíos-
Leo y Georg sonrieron.
-Mamá- dijo Albert, inclinándose- ya le di a Sofie su regalo, ¿ya puedo ir a jugar con Fredrick?- a esto, Leo asintió- gracias, su majestad- y Albert salió corriendo del comedor, seguido de Fredrick. Elsa puso los ojos en blanco. Fredrick era igual a Hans, y Albert se parecía mucho a Georg. Parecía que estaban reviviendo su infancia otra vez.
Sofie sonrió y se volvió. Caroline tenía una expresión de disgusto, pero ella no le prestaba atención. La princesa de Arendelle había notado la sonrisa de Dai, y ella no pudo evitar mostrar una sonrisa sonrojada también. La verdad es que poco a poco la estaba conquistando.
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Esa noche, Sofie se fue a su habitación temprano. Al día siguiente se irían los invitados y ella reanudaría sus lecciones. Una parte de ella estaba aliviada, Caroline se iría y Anders volvería a la normalidad. La otra parte la entristecía. Iba a extrañar la compañía de Dai.
"No puedes casarte con un hombre que acabas de conocer, Sofie" le dijo su cabeza.
"Solo lo quiero conocer", respondió Sofie.
"Eres igual que Anders", le dijo nuevamente su cabeza.
"No, yo solo quiero conocer a Dai, no me quiero casar con él" respondió la princesa.
Toc… toc…
Sofie abrió la puerta y se encontró con Gerda.
-Buenas noches, Gerda- dijo Sofie con una sonrisa. La mujer se inclinó.
-Su alteza- dijo la anciana- me pidieron que le trajera esto-
Le entregó una caja y una carta doblada. Sofie agradeció y cerró la puerta.
"¿Qué es esto?", pensó la princesa, y se sentó sobre su cama para abrir la caja y examinar su contenido. Dentro de la caja había una flor congelada en un bloque de hielo, y la carta simplemente decía "La nieve es hermosa, igual que tu".
"Dai".
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¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esto. El pobre Hans está hirviendo (y pagando lo canijo que fue en su juventud) a pesar de que su hija es bien portada. Faltan algunas cosas más. ¡Nos leemos pronto!
Abby L.
