Está tomando un sorbo de café, en su taza favorita de color rojo, su perro, un caniche color marrón de nombre Makkachin entre sus piernas, cuando lee algo inesperado, y por poco escupe el caliente líquido.

Deja la taza a un lado y repasa la línea que acaba de leer, Makkachin mirándolo con curiosidad, y la lengua afuera.

¿Yuri Katsuki es un gígolo?