Disclaimer: últimas noticias: se ha producido un robo en casa de JK. Rowling. Entre los objetos desaparecidos se cuentan un peine rosa, un bote de tinte rubio y a un tal Harry Potter. La policía afirma...
Qué gente más mala, ¿eh? -Esconde a Harry Potter en su bolsillo-
Notas: uff, hace una eternidad que no actualizo esto. Debería darme vergüenza, ¿no? Sobre todo porque este capítulo es cooooorto de narices y tal. Pero bah, ¿a quién quiero engañar? Al menos está aquí...
El Experimento 14
La peor broma del Universo
(O una explicación racional sobre los principios electromagnéticos que hacen funcionar la magia. By Hugo Weasley)
¿Alguna vez habéis tenido la sensación de que os están gastando la peor broma del Universo? James Potter, sí.
Es decir, que tendría esa sensación si lo del beso entre Remus y… eso se quedase ahí. Vamos, que no es taaaan difícil conseguir una multijugos, ¿no? Seguro que es eso, se dice. Una broma. La peor broma del Universo, pero una broma, al fin y al cabo.
Pero no.
Bueno, o, si es una broma, ambos actúan bastante bien. Lo peor –o lo mejor, según se mire- ha sido el instante en el que han empezado a… bueno, a meterse mano. Por mucha multijugos que haya de por medio, sigue siendo el cuerpo de Snape, y James ya ha visto bastante, gracias.
Así que entra en la Sala Común, decidido a esperar a que Remus y Sirius –porque, obviamente, era Sirius el que se había hecho pasar por Snape; las malas ideas siempre son de Sirius- terminen. No pueden tardar mucho más, por supuesto, se dice. Sirius siempre ha sido impaciente; seguro que se muere de ganas de reírse de él.
Aunque, obviamente, con lo que James Potter no ha contado es con encontrarse con…
-¿La puerta se ha abierto sola? –y no, no nos referimos a la guapísima y perfecta pelirroja Lily Evans, no. Más bien…
-Nah; seguro que es James. Hey, Jimmy, ¿qué hay? –a ese, exactamente. A Sirius Loquesea Black, Canuto para los amigos y Pulgas cuando uno quiere meterse con él.
James deja caer la capa de invisibilidad, volviéndose -¿quién lo habría adivinado?- visible. Y quedándose pálido, por cierto. Mucho.
-Pe… pero… -empieza, tartamudeando- Pero tú… y tú… si tú estás aquí… fuera…-así es; James es conocido por su coherencia y por la inteligencia de sus frases.
-¿De qué hablas, Cuernos? –obviamente, Sirius no tiene cara de haber roto un plato en su vida, y mucho menos de haberse teletransportado y destransformado en medio segundo sólo para ver si le daba un infarto, pero es que Sirius nunca tiene cara de eso. Así que no es muy fiable.
De todas formas, ahora mismo James Potter no está para pensar mucho.
-¡Te voy a mataaaaar! –y, con ese poco original grito de guerra, se lanza encima de su mejor (y próximamente difunto) amigo, con cara de loco asesino con gafas. Porque sí, también se puede ser un loco asesino miope, aunque es menos efectivo.
-¡Potter! –en cualquier otra ocasión, por supuesto, el que Lily Evans le sujete antes de que se cargue a su amigo le habría parecido lo más maravilloso del mundo mundial, por eso de que incluye contacto físico y tal, y le habría detenido en un segundo.
Bah, para qué engañarnos. Ahora también lo hace.
-Lily… -es lo único que consigue articular. Demasiadas emociones fuertes en un solo día.
Por suerte o por desgracia, la conga ha terminado.
Ahora, el Lord se aburre. No es, por supuesto, que no tenga nada que hacer –al fin y al cabo, un mago oscuro tenebrosísimo siempre tiene un plan. Algo que hacer, alguien con quien pasar el rato. ¿Qué os creíais?-; es sólo… Bueno, vale, no tiene nada que hacer.
Aunque, ahora que lo piensa, podría pasar el rato jugueteando un poco. La magia negra es interesante, y muy entretenida; crear zombies es una de las cosas que más le gustan, en realidad. Luego les hace bailar la canción de Thriller, de Michael Jackson. Lo que se puede llegar a reír, con eso.
Así que sí. Lo tiene decidido: va a poner en marcha su maléfico plan. ¡Muahahahaha!
Ahora sólo queda encontrar unos cuantos cadáveres dispuestos.
-¿Ah, no? –inquiere el director, con sorna- Y, entonces, ¿cómo habéis venido a parar aquí?
-Ya se lo hemos dicho –protesta Albus-, es culpa de Hugo y de su calculadora –y esquiva otra silla. Y otra. Y otra.
Ehm… ¿Cuántos invitados espera tener el director de una sola vez?
-Eeeeso es lo que dicen todos –le reprocha el hombre, al tiempo que levanta el sillón especialmente hecho para Hagrid. Ese va a doler.
-¡Pero es cierto, director! –ahora sí, Hugo interviene. Será mejor, se dice, acabar con esto pronto. Si lo explica bien, Dumbledore lo entenderá. Es bastante sencillo, en realidad-. Verá, la calculadora estaba encantada para trasladarnos de lugar, ¿sabe? Utiliza una combinación de ondas electromagnéticas que, al combinarse, generan un campo de energía plagado de protones que consiguen que el cuerpo del portador y de quienes le acompañen (siempre que tengan contacto físico, para que las partículas se puedan mover por ellos) se llene de energía que…
Media hora más tarde…
-… y así es como funciona –termina Hugo, recogiendo la pizarra improvisada. Frente a él, en dos de las sillas que su primo había esquivado antes, están ambos Albuses, mirándole con cara de pez-. Sencillo, ¿eh?
Su público asiente, sin cambiar de expresión. Demasiado complicado para unos Gryffindor, suponen.
-Aunque –añade Hugo, pensativo-, ahora que lo pienso, eso no explica el viaje en el tiempo.
Ahí, el director Dumbledore parece reaccionar.
-Eh, eso era lo que quería deciros –empieza-. Ahora que me habéis convencido de que no sois magos oscuros, que solamente estáis locos, quería deciros que es imposible viajar tan atrás en el tiempo. Absolutamente imposible.
-¿En serio? –inquiere Albus- Entonces, ¿estamos soñando?
-No.
-¿No?
-No.
-¿No?
-No.
-¿No?
-¡Que no! –estalla el director.
-¿No?
-¿Entonces? –interrumpe Hugo, sabiendo que su primo puede hacer la misma pregunta sin sentido un millón de veces. No sería la primera vez que les pasa, desde luego (el caso más reciente fue cuando le pidió salir a Roxanne, que a saber dónde estará, por cierto. Que ella dijera que sí dejó al pobre Albus en estado de shock. No volvió a verlos hasta las tres de la tarde del día siguiente, cuando se quedó dormido y la chica pudo arrastrarlo).
-Me temo que no habéis viajado en el tiempo –comunica Albus Dumbledore, todo serio-, sino entre dimensiones.
La señora Jinglebells ha decidido que ya está bien de gorronear. Que ya les ha dado suficiente sopa verde como para que le devuelvan el favor. Así que les reparte otras cosas. En concreto, una escoba a cada uno.
-Anda, queridos, limpiad un poquito el pueblo, que está muy sucio –y lo dice con un tono de voz que da a entender que no es una petición. Más bien una orden.
Así que aquí están los dos, barriendo las calles de Little Hangleton o como se llame, cruzándose sólo con algún gato viejo al que Sirius enseguida se pone a perseguir, y con la cercana promesa de más sopa radiactiva en cuanto vuelvan a la casa Jinglebells. Un planazo, vamos.
-Siiiiiiiriuuuusss –empieza Ro-. 'Toy cansada –y pone pucheritos de niña chica. Se le dan bien los pucheritos. Bueno, se le daban bien cuando el receptor no los ponía también, claro.
-Yo también –protesta Sirius, dejándose caer de culo al suelo. Luego la agarra del brazo y la obliga a bajar también. Que no es como si Ro fuese a protestar, claro, aunque estar tirada en el regazo de un hombre mayor al que casi no conoce no es especialmente agradable, supone.
O sí.
En fin, de cualquier manera, lo que nos interesa no es eso, exactamente. Es más bien el bicho que se les acerca por detrás sin hacer ruido, preparándose para saltar encima de ellos y…
-¡Pero se puede saber qué hacéis sin trabajar, holgazanes! ¡Desagradecidos! –y la señora Jinglebells les regala un bastonazo a cada uno.
Qué maravilla de mujer.
-Tranquilízate, Potter –pero nada. James Potter está en estado catatónico, ahora mismo, y a Lily le ha tocado la exasperante (o no tanto) tarea de cuidarlo.
Vamos, admítelo, murmura Daisy, maliciosa, lo estás disfrutando de lo lindo.
Cállate.
Oooohhh, ahí te he pillado. ¡Estás roja!
¡Calla!
Pero míralo, con lo mono que es, ¿por qué no admites de una vez que te…?
Y ahí, Lily hace lo único que puede hacer para que Daisy se calle de una maldita vez. Besa en los labios a James Potter.
A su lado, Sirius se desmaya.
Danny
