((Soy un desastre, lo se. I'm trying so hard))
Vriska Serket y la poca paciencia
La caída emocional de Eridan fue a peor desde entonces. Vriska trató de consolarle ligeramente la noche que se había enterado de su rechazo, poniendo su hombro para que llorase y esas cosas que se solían hacer en situaciones como aquella. Pero parecía que con ello se había tomado una confianza demasiado exagerada, y ahora recibía una media de quince mensajes diarios. En algunos le preguntaba como estaba ella, y eso le indicaba que necesitaba distraerse con cualquier cosa porque estaba comiéndose mucho la cabeza con el tema de Feferi. Si en el mensaje le empezaba a contar cosas sobre lo que sentía era porque estaba llegando al límite y necesitaba soltar todo lo que tenía en la cabeza, aunque repitiese lo mismo tres veces en cada mensaje de cada día. Y luego por último estaban los mensajes que no le pedían, el EXIGIAN quedar con él inmediatamente porque estaba a punto de tener una crisis y necesitaba verla porque era un asunto de vida o muerte. La primera vez que Vriska había recibido uno de los del tercer tipo había salido de su habitación y se había acercado a la residencia de chicos ligeramente preocupada, pensando que realmente sería algo grave, y cuando llegó simplemente se encontró a Eridan hecho un ovillo en su cama lamentándose de lo desgraciado que era en el amor. Tras echarle la bronca pertinente por hacerle perder el tiempo y por lo patético que estaba siendo volvió a su cuarto, pero los mensajes no cesaron y lo peor era que tampoco podía ignorarlos. Cuando empezó a cerciorarse que todo aquello por mucho que le afectase estaba convirtiéndose en verdadero drama dejó de hacerle caso, de responderle a los mensajes y de atender a las llamadas, y lo único que consiguió fue que Eridan se presentase en medio de una de sus clases, irrumpiendo como si hubiese fuego en la sala y rogándole que saliese. No recordaba haber pasado mayor vergüenza desde que había entrado en la universidad. Así que simplemente cuando veía que en la bandeja de entrada ponía el nombre del chico contestaba con algún monosílabo y lo dejaba correr.
Lo que él necesitaba era una dosis de realidad, y si no la veía él mismo se la iba a dar ella.
Eridan quería verla aquella noche por el campus, como acostumbraban a hacer de vez en cuando para dar un paseo. De poca gana pero dispuesta a poner al maldito hipster en su sitio, se levantó de la cama después de haber pasado toda la tarde dando vueltas y escuchando música y se vistió con lo primero que cogió del armario, saliendo al exterior y agradeciendo mentalmente la chaqueta que se había puesto por si acaso.
El chico estaba sentado en el banco de siempre con una mirada contrariada y claramente algo nervioso. Vriska suspiró. Maldito niñato.
-Hola Vris -le saludó él, mirando hacia sus pies como si no tuviese ganas de nada más. Ella suspiró sonoramente en respuesta, dándole a entender que estaba harta de todo aquello. Más que harta, aburrida-. ¿Qué?
-Sabes muy bien qué, no te hagas el idiota conmigo -respondió. El chico cambió la expresión de pronto, claramente ofendido.
-Disculpa, pero creo que estas siendo poco sensible en cuanto a mi situación -Si, desde luego estaba ofendido, y tal vez cabreado-. Parece que no hayas tenido nunca un problema del corazón, Vris, porque estoy seguro de que tu actitud sería muy diferente si entendieses por lo que estoy pasando.
Vriska suspiró un poco más fuerte. Le importaba una mierda lo que hubiese pasado o no, lo que no soportaba era aquella muestra constante de dolor y sufrimiento extremo.
-Lo que pasa es que estoy hasta los cojones de tus tonterías, Eridan. No solo eres tremendamente aburrido en general, si no que además has tenido que añadirle el ser completamente insoportable hablando siempre o de Feferi o de lo dolido que estas -no se lo dijo con tono enfadado, simplemente estaba seria y mirándole a los ojos para que tuviese claro que toda aquella estupidez tenía que terminar-. Si de verdad quieres estar mejor empieza por no dramatizar cada puta palabra que sale de tu boca, porque así solo intentas dar pena y déjame decirte algo: no me das ninguna pena. Si, una chica te ha rechazado, ¿y qué? -Eridan fue a replicar pero ella le puso toda la mano en la boca para evitar que dijese una sola palabra, y su tono se tornó un poco más duro-. No, no me jodas, déjame acabar. Hay miles de chicas que se matarían por tenerte en su cama, así que en vez de lloriquear por una ves a babearle a todas las demás.
No parecía convencerle su argumento, pero no iba a decirle nada más. No era una persona de hablar mucho y menos una persona de dar consejos, así que era todo lo que iba a sacar de ella. Sin embargo él mantuvo el silencio durante un rato como si estuviese procesando sus palabras con calma.
-Lo que necesito es quitármela de la cabeza, Vris. No me interesan más chicas, y no tengo nada que hacer en mi tiempo libre. Es aburriiiiiiiido -dijo imitando su tono de voz. Vriska no supo si reírse u ofenderse-. Además, no creo que haya tantas chicas interesadas en mi. Por ejemplo, ¿tú saldrías conmigo?
-Ni aunque me pagases un sueldo de por vida.
-Puedo pagártelo.
-Que te jodan.
-¿Eso es un sí?
-Eso es un vete a la mierda, Eridan. Búscate a alguna chica o búscate un hobby.
-Pero Vris -ya volvía su tono dramático-. No se que hacer para divertirme. Las únicas veces que me he divertido han sido cuando estaba contigo haciendo alguna mierda por ahí.
Ella asintió, intentando ignorar aquel nuevo arranque de tonterías, cuando notó una mano sobre su hombro de golpe y con fuerza.
-Vamos a hacer alguna mierda por ahí, Vris -dijo Eridan de repente con una energía renovada que le daba un aspecto algo desesperado y tétrico.
-No me toques las narices, son las doce de la noche.
-¿Y qué? ¿Tienes algo mejor que hacer? -se estaba acercando, poniéndole ojos de cordero.
-Si, dormir -estaba empezando a hartarse de verdad.
-Dormir es para idiotas. Vamos, Vris. Tengamos una aventura esta noche, vayamos a alguna parte y hagamos alguna cosa. Estas aburrida y yo estoy -paró unos instantes haciendo ver como que pensaba profundamente-... insoportable habías dicho, ¿no? Así matas dos pájaros de un tiro.
Se puso una mano en la cara, realmente agobiada por todo lo que estaba aguantando en aquel instante. Si no fuese porque no era tan partidaria de la violencia como podía hacer parecer a veces, le habría soltado una bofetada.
Pero se planteó seriamente la oferta de ir a hacer alguna gamberrada con tal de que la dejase en paz. Ahí habría que negociar.
-Si vamos, ¿me dejarás tranquila?
-Si.
-¿De una vez por todas?
-No.
-¿Hasta final de mes?
-No.
-¿Hasta final de semana?
-Si.
Ugh. No era lo que había esperado, pero quitarse... ¿cuatro? Días de encima a Eridan no estaba nada mal.
-Hecho.
-Bien -y de repente toda la depresión que podía haber tenido hasta entonces pareció esfumarse de un solo toque, volviendo a traer al frente al chico de las sonrisas esporádicas y el carácter (un poco más) marcado-. Había pensado que podíamos colarnos en el edificio de informática y colgar cierta foto que he conseguido allí. Duplicada, desde luego.
Vriska se sorprendió en un primer momento, pero él empezó a rebuscar en su bolso hasta sacar una foto de Sollux Captor en... bueno, era mejor no mencionarlo. Trató no soltar una carcajada.
-¿Y por qué esto ahora? -intentaba aguantarse la risa, pero era realmente difícil- ¿De dónde la has sacado?
-Tu compañera de habitación es una persona mucho más simpática de lo que parece, y estaba más que dispuesta a colaborar en esto -se levantó cogiendo sus cosas, dispuesto a ponerse en marcha hacia el edificio pertinente.
La respuesta dejó a la chica pensando unos segundos. Parecía que al final Aradia Megido era una persona que merecía la pena.
-De acuerdo, ¿y los motivos? Aunque no es que me hagan mucha falta.
Las siguientes palabras que escuchó la dejaron un poco más sorprendida de lo que esperaba.
-Porque es él quien esta saliendo con Feferi.
