Holaaa! Aquí les traigo el que creo es el penúltimo capi de esta historia. Espero que les guste como lo he seguido y los secretos y las mentiras que se han develado. Además, tenemos a Sam herido (otra vez) y a Dean lo tenemos tan preocupado que no puede tragar ni un sorbo de agua… Espero ansiosa sus comentarios, gracias, gracias!
CAPÍTULO 13. SECRETOS Y MENTIRAS
La desaparición del cadáver de la mula del maletero del Impala les confirmó a los cazadores que en algún lugar del pueblo iban a hallar a una mujer muerta y a otra herida. Lo que habían leído acerca de la Mulánima, se estaba confirmando letra por letra. Sólo tenían que hallar a la víctima que había sobrevivido si querían conocer más detalles de su historia. Tarea bastante fácil para sujetos habituados a inmiscuirse en hospitales y lugares similares. Fue Bobby el que se ofreció a ir hacia allá para ver qué podía detectar. Mientras, Dean se quedó con Sam que estaba bastante malhumorado y dolorido a causa de la mordedura del fantástico animal.
- Sam, te tengo que cambiar los vendajes, esos están manchados con sangre –fue la introducción que hizo el mayor para vencer el terco silencio del menor.
- Puedo hacerlo yo solo si lo deseo, Dean. No necesitas estar todo el tiempo a mi alrededor. Te juro que a veces me siento asfixiado…
- Está bien, como gustes. Pero no digas que no te lo advertí si luego te pescas una infección -fue la respuesta de Dean antes de sumirse en el silencio él también.
Habían transcurrido casi dos horas en medio de un incómodo silencio cuando Dean que había estado callado leyendo uno de los libros que les había servido para la investigación, decidió que ya era tiempo de hablar con su hermano frente a frente. Éste estaba ocupado buscando algo en su portátil y ni siquiera ponía atención a lo que el mayor hacía.
- Así que eso es lo que haces últimamente, ¿no? – atacó el rubio.
- No sé a qué te refieres, Dean - mirada fría e indiferente del castaño.
- ¿No lo sabes? ¿No? Pues yo te lo diré, hombre. Estoy cansado de que me ocultes cosas. Desde que volví del Infierno me has estado ocultando cosas, subestimándome, creyéndote superior en muchos aspectos. Y todo este desastre apocalíptico se sigue complicando y no siento que quieras trabajar conmigo para evitarlo. Más bien, creo que quieres terminar con todo diciéndole si a Lucifer.
- Dean, estás loco. No quiero decirle que sí a Lucifer. Recuerda que si hubiera querido, lo habría podido hacer hace tiempo. Pero no. Resistí porque creo que juntos podemos salir de esto, hermano. Tal vez lo que sucede es que tú quieres decirle que sí a Miguel para poder terminar esta lucha que te tiene agobiado. ¿O crees que no me doy cuenta de lo mal que estás?
- No es verdad, ni siquiera se me ha cruzado por la cabeza esa posibilidad y yo no estoy mal, sólo es un poco de cansancio. Necesito un fin de semana libre y se me pasará.
- A mí no me engañas, Dean. Te conozco demasiado bien y sé lo destruido que estás por dentro. Las muertes de Jo y Ellen han acabado con tu espíritu y temple. Sólo sonríes porque estás muy acostumbrado a esa máscara que usas para ocultar tus emociones. Pero no te puedes ocultar de mí.
- Cierra el pico, Sam. Si crees que con una emotiva charla y un poco de cariño vas a hacerme olvidar lo que tengo que decirte, estás equivocado. No soy estúpido y te conozco - le respondió Dean visiblemente molesto.
- No sé de qué hablas. ¿Qué es lo que tienes que decirme? – preguntó Sam perplejo.
- No sigas insultando mi inteligencia, hermanito. ¿Crees que no he visto el archivo que tienes en tu portátil? Ese que se llama "Campbell".
El rostro de Sam pasó de una perplejidad absoluta a una rabia muy bien contenida y disimulada.
- ¿Es que acaso no has aprendido que no debes husmear en las cosas ajenas, hermano? – fue su respuesta.
- Dado que mi hermano menor, la única familia que me queda se empeña en ocultarme cosas, debo enterarme de ellas por mí mismo. Después de todo, es mi deber cuidar de ti…
- ¡Ya basta, Dean! No tengo cinco años y no necesito que nadie cuide de mí. Estoy harto de tener que someterme a tu autoridad de hermano mayor siempre. Te dije que quería trabajar hombro a hombro contigo pero no lo has aceptado. Has seguido siendo el mismo sargento de siempre y ya no lo soporto. ¡Tengo una vida, Dean!
- ¡Me importa una mierda lo que pienses, Sammy! Me vas a decir ahora mismo qué significa ese archivo con el apellido de nuestra madre. ¿Quiénes son esas personas? ¿Por qué pusiste como muertos a los que primero estaban vivos?
Los ojos de Sam se abrieron con expresión de asombro, tal vez porque no esperaba que su hermano supiera todo eso, o tal vez no era asombro, porque cinco segundos después, se tambaleó a causa de que sus piernas no lo pudieron sostener y habría caído al piso sino hubiera sido por los rápidos reflejos de Dean, que entrenado como hábil cazador y acostumbrado a estar alerta al menor gesto de su hermano, lo advirtió y lo sostuvo antes de que cayera, gritando:
- ¡Sam! ¡Sam! ¿Qué te sucede?
Pero el aludido no podía responderle en ese momento, ya que pálido como un fantasma había dejado caer todo su peso en su hermano mayor y apenas si podía mantener sus ojos abiertos.
Un agudo grito brotó de pronto de sus labios y Dean observó con horror que comenzaba a manar sangre de la herida que había recibido unas horas antes.
- ¡Tranquilo hermanito! Yo me ocuparé de ti - siguió diciendo el mayor, guiado por la fuerza de la costumbre, aunque sabía que a su hermano no le agradaba que le dijera eso.
De todos modos, Sam no estaba en condiciones de protestar ya que su frente perlada de sudor le indicó al rubio que la fiebre lo estaba atacando furiosamente, por lo que primero ayudó al chico a recostarse y luego le cambió rápidamente el vendaje, aplicándole los correspondientes antibióticos y antisépticos para tratar de parar la infección que veía progresar a pasos agigantados. Y luego se apuró a conseguir un paño húmedo para aplicar en la frente del enfermo, tratando de disminuirle la temperatura. Cuando tuvo la situación algo controlada, se atrevió a alejarse de su hermano para llamar a Bobby, que estaba demorando bastante de su incursión al pueblo.
- ¿Bobby? Te tengo malas noticias: la herida de Sam se ha infectado y...
- Me temo que no será solo una infección lo que tenga, hijo. Voy para allá, yo también tengo noticias frescas. Prepárate.
La respuesta de Bobby sumió al mayor de los Winchester en una angustia tan grande que comenzó a pasearse por la habitación sin saber qué más hacer mientras lo esperaba. Los minutos le parecieron siglos al valiente cazador. Hasta que finalmente oyó el motor de la camioneta de su padre sustituto, llevando algo de alivio a su atormentado espíritu.
- ¡Bobby! ¿Qué diablos has querido decir? Yo... -comenzó el pecoso, pero el viejo pasó de largo y se dirigió directamente hacia donde descansaba Sam.
- Su sangre ha sido contaminada, Dean. Es un proceso irreversible, va a convertirse en una Mulánima. Debemos impedir que salga de esta habitación pero cuando se convierta hay que herirlo con un cuchillo de acero.
- Pero…- los ojos verdes se habían vuelto agua y el rubio sentía que se le iba la poca fuerza que le quedaba.
- Dean, te lo advertí, no puedes permitir que los sentimientos te nublen el juicio. Puede tener consecuencias terribles para todos. Eres un cazador, razona como tal.
- ¡No voy a herir a mi hermano, Bobby! ¡No voy a arriesgar su vida!
- ¿Qué prefieres? ¿Herirlo o verlo muerto o en manos de Lucifer? –le respondió Bobby acertadamente.
- ¿Y qué tiene que ver Lucifer en todo esto? Estamos hablando de una mula maldita, no del diablo.
- ¡Si serás idiota! ¡No recuerdas haber leído que este engendro es hijo del diablo, por lo que una vez que Sam se convierta, será obediente a su padre, Lucifer. ¿Comprendes ahora? –los ojos de Bobby relampagueaban de furia ante las circunstancias que les tocaba vivir a esos chicos que eran su única familia en este mundo. - No tenemos mucho tiempo. El proceso ya ha comenzado y si Lucifer tiene modo de localizarlo estaremos jodidos. No podremos impedirle que tome el cuerpo de su nuevo hijo -acotó el cazador.
En el otro extremo del pueblo, Liz retrocedió horrorizada ante la visión que tenía ante sí. Había ido a ver a la antigua ama de llaves de su tío para que le ayudara con las tareas de su nueva casa y lo que vio la llenó de miedo. En medio de un gran charco de sangre yacía la mujer, muerta de una certera puñalada en su corazón. No había rastros del arma y la chica se apresuró a llamar a la policía.
Tal como era de esperarse, la policía no halló nada de extraordinario en esa muerte, salvo que calcularon que la anciana había muerto víctima de algún ladrón solitario que trató de robarle las pocas cosas que la mujer poseía. Así que Liz llamó a Dean unos minutos después que terminó con la declaración ante las autoridades y le contó lo sucedido.
- Acabo de cortar con Liz. ¿Sabes que hallaron muerta de una puñalada en el corazón a la empleada de su tío? –le comentó Dean a Bobby.
- ¿La anciana que decía tener visiones? ¿La que dijo que ahora todo había cambiado? –el tono de Bobby denotaba preocupación.
- Si, así es. Voy para allá, Liz me necesita y aprovecharé para dar una hojeada a la casa de esa mujer. Cuida de Sam, por favor, Bobby –agregó el pecoso preocupado.
- Está bien pero no demores mucho, recuerda que el proceso de conversión ya ha comenzado y si se transforma delante de mí, voy a tener que herirlo con o sin tu consentimiento, hijo.
- Entendido, Bobby.
Y así diciendo, Dean tomó su arma y su chaqueta y subió presuroso a su Impala, que partió con un poderoso rugido del motor hacia la casa de la chica.
Una vez allí, Dean se las arregló para quedarse a solas unos minutos en la casa de la anciana, y con ojo experto trató de detectar algo que le diera detalles acerca de la historia de la mujer.
No tardó mucho en hallarlo: un viejo cuaderno, todo arrugado que era una especie de diario; lo tomó y apenas pudo se libró de Liz y regresó a la cabaña que ocupaban.
- He hallado el diario de la mujer, Bobby, pero está en español, no puedo entenderlo –fueron las palabras de Dean al ingresar al modesto refugio.
- Dame, yo lo leeré. Tú ocúpate de tu hermano, está muy inquieto.
Esas palabras hicieron que Dean se catapultara hacia la cama del enfermo, en donde le siguió aplicando el paño humedecido para tratar de bajarle la temperatura y casi sin quererlo comenzó a hablarle como lo hacía cuando su hermano era pequeño y estaba enfermo o asustado. Lamentaba profundamente haber atacado más temprano a Sam, ya que en realidad había comprendido hacía tiempo que el que tenía problemas con verlo crecer era él mismo, se sentía incapaz de reconocer y aceptar que su hermano era ya un hombre hecho y derecho y que no necesitaba permanentemente de su ayuda. Además, Sam había acertado en otra cosa: estaba muy cansado, mentalmente agotado, casi podía decir que estaba a punto de colapsar y la verdad era que a él sí se le había cruzado por su mente decirle sí a Miguel y terminar con todo…
- Lo siento, Sammy, no quise… -la frase de Dean quedó inconclusa ante la exclamación de Bobby.
- ¡Era una bruja, Dean! Se acostó con su hermano -que también era brujo- durante años y por eso se convirtió en una Mulánima.
- Por favor, ¡Qué asco! –dijo el rubio sinceramente molesto con lo que oía.
- Eso no es todo, su hermano era Pedro de Mendizábal, el tío de Liz.
- ¿Qué? ¡No lo puedo creer! Yo… un momento, Bobby. Por eso el fantasma del cura me dijo eso... ¡claro! ¡Lo tengo! -agregó Dean seguro de lo que decía.
- ¿Qué te dijo el cura? ¿De qué hablas, chico? –fueron las preguntas de Bobby.
- Que había muchos de estos bichos sobrenaturales y que todo se había ocasionado por su pecado...
- Claro, la bruja había estado convirtiendo en Mulánimas a todos los que tenían algún pecado relacionado con el incesto, la homosexualidad, el engaño…
- ¡Y el cura ha estado tratando de acabar con ellos, por eso los ha matado! –concluyó Dean satisfecho.
- Bueno, ahora que la bruja ha muerto, sólo nos falta detectar a la otra mula, la que heriste y controlar a Sam. El buen sacerdote nos ha ahorrado mucho trabajo, aunque debo reconocer que sus métodos son... poco ortodoxos.
- Si, aunque...-comenzó Dean tragando saliva -¿Qué habrá querido decirme con lo de "salvar a la sangre de mi sangre"? ¿Me estaba advirtiendo que Sam iba a ser mordido? Obviamente, si…
- ¿Qué fue lo que te dijo? Repítelo, por favor.
- Lo oíste, Bobby. Que salvara a la sangre de mi sangre.
Bobby palideció. Miró a los Winchester y comprendió todo. Pero en ese momento no podía hacer nada. No estaba en sus manos. La amenaza de Lucifer se cernía sobre sus cabezas y ahora se agregaba un nuevo problema.
