Información General:
Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus creadores Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente. Los dibujos fueron dibujados por mí, pero los creadores de estos personajes son Kyōko Mizuki y Yumiko Igarashi respectivamente.
La historia que se presenta sucede después de que Candy descubriera que el Príncipe de la Colina es Albert, su amigo el vagabundo. Todo se ha escrito sin fines de lucro, solo para entretenimiento, y lo que se presenta son simplemente ideas de una servidora, y ha sido escrito para celebrar el cumpleaños del Príncipe de la Colina.
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Una Nueva Oportunidad
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Capítulo XIII: Acepto
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Ambos jóvenes llegaron juntos de la mano a la mansión alrededor de las tres de la tarde, Archie solo quería asegurarse que ella estaría bien y se regresaría a la oficina.
Cuando llegaron, saludaron a Elroy quien feliz de verlos juntos, los invito a tomar té con ella, aunque él quiso negarse, ella no lo dejó ir, ya que necesitaba su ayuda para finiquitar unas cosas relacionadas a la boda de Albert. A pesar de tener casi todo listo para la celebración de boda de William, era necesario asegurar itinerarios con George y terminar otras cosas, pero ella ya estaba cansada; había sido unos meses ajetreados. Necesitaba la ayuda de su sobrino, ya estaba vieja para tanta exigencia pensaba ella, su cuerpo y mente pedían a gritos descanso.
Sin embargo, la plática inmediata fue para preguntarles lo que habían hecho juntos toda esa tarde; la última vez que miró a su sobrino fue el fin de semana cuando las visitara en Lakewood. Elroy se había dado cuenta de que había entre ellos una chispa especial que no había notado antes; era una conexión nueva entre los jóvenes. Todo se debía a la nueva confianza extrema que había entre ellos, después de su larga platica en la cafetería; habían hablado con el corazón en la mano. Ya no había ningún fantasma del pasado en su relación.
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Fue tanta la desilusión que sintió después de leer la carta, que su corazón había puesto el candado final en el cofre donde un día metiera el amor y sus ilusiones románticas que un día sintiera por Albert, su amigo el vagabundo, aquel quien ella llegó a llamar de niña su Príncipe de la Colina. El primer candado lo puso su corazón traicionado y herido, cuando él anunció su boda, desde ese momento, se juró olvidarlo y lo estaba logrando.
Gracias a la carta y a la plática que tuvieran, Candy había descubierto que su alma gemela en cuestión del amor era Archie, su amado paladín, su fiel compañero de aventuras de juventud. Ambos compartían el mismo concepto de lo que era amar y respetar al ser amado. Si bien era cierto que ella tenía afinidades con Albert por su amor a la naturaleza, ella había descubierto gratamente durante su noviazgo, que su novio también disfrutaba estar con ella en la naturaleza; él amaba pescar, pasear con ella por el bosque, pero principalmente él adoraba estar con ella; Archie amaba sus defectos y virtudes; la quería tal como ella era.
Albert siempre sería recordado con cariño, como la dulce ilusión de una niña soñadora y romántica que se entusiasmó con un chico guapo, enigmático que parecía un príncipe en la Colina de Pony, pero William Andrew sería recordado como un mujeriego que había cambiado la personalidad de su querido vagabundo al convertirse en el patriarca del clan.
Ella tampoco podía culparlo por no pensar y sentir como ella; tampoco podía culparlo de andar de mujeriego ya que nunca existió una relación romántica entre ambos. Ella lo amó en silencio por años y con tristeza se daba cuenta que ambos tenían un concepto distinto de lo que era amar, pero fue gracias a eso, que ella se había dado la oportunidad de estar con Archie. Albert o mejor dicho William no la amo, así de sencillo; no de la manera que ella hubiera querido.
Ella presentía que tanta insistencia para hablar con ella era porque probablemente él se sentía culpable por el beso que le había dado aquel fin de año, por eso él le escribió esa carta, simplemente porque estaba confundiendo sus sentimientos. Aunque ese beso ya ni eso le importaba; fue solo un arrebato del momento, al fin y al cabo, él estaba tomado. Lo que sí le molestaba enormemente, fue la canallada que había hecho en su alcoba, por eso en este momento ella no quería verlo ni en pintura; además respetaba el amor de Archie y su noviazgo, por ningún motivo pondría en peligro su relación con su amado paladín.
Si en verdad ella hubiera sido tan importante como esa carta decía, él hubiera hablado con ella antes de anunciar su matrimonio enfrente de decenas de gente, le hubiera explicado todo lo de esa carta, pero no lo hizo; así que no valía la pena ni pensar en el hubiera. Ella era ahora feliz con Archie.
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Los minutos pasaron rápidamente para los tres miembros del clan Andrew quienes disfrutaban una tarde juntos en lo que Elroy les daba instrucciones a Archie después de escuchar donde habían estado esa tarde, y casi una hora después llegó un malhumorado Albert a la mansión con el pretexto de que necesitaba unos documentos para su boda. Lo cierto era que quería saber que había pasado con Candy, necesitaba verla, aunque fuera de lejos. No entendía por que Candy no había acudido a la cita.
Cuando los vio juntos tranquilamente de la mano platicando con su tía en medio de la sala tomando té y galletitas, su primer intento fue retirarse de inmediato. Mientras él había estado esperando como un estúpido toda la tarde en el parque donde había quedado de verse con ella en la carta, la preciosa rubia había estado con su sobrino, estaba decepcionado y dolido con ella.
Él había estado seguro de que ella asistiría; había casi casi saboreado los besos que pensaba robarle cuando ella llegara al parque. Él sabía que ella aun lo amaba, su corazón no podía mentirle. Es más, había preparado un picnic para ellos dos, solos; él quiso recrear aquel maravilloso día donde juraron compartir todo. Quería convencerla de su amor, y erróneamente había pensado que la podía convencer arriba de un árbol compartiendo un emparedado, tal como cuando habían vivido juntos solo años atrás.
Ese día despertó contento, confiado en poder convencerla de que lo escuchara; era un hermoso día de primavera; un marco perfecto para el romance, la naturaleza estaba en todo su apogeo. Preparo todo con sumo cuidado ya que quería recrear la atmosfera de aquella unión que tuvieran años atrás para poder convencerla de esperarlo y luchar por su amor. Sabía que era una locura, era un egoísta por tratar de hacerlo, pero la amaba y no quería perderla; era su última oportunidad.
Sin embargo, cuando las horas pasaron lentamente, y nunca miró llegar a su preciosa llorona al parque, con desilusión, se dio cuenta que ella nunca llegaría a la cita; con todo el dolor de su corazón, tuvo que aceptar que Candy lo había dejado plantado. No le quedó otro remedio más que retirarse con el corazón partido en mil pedazos. Había sido especifico en la carta, había desnudado su alma para ella, pero al parecer a ella no le había importado.
Subió a su automóvil completamente dolido, furioso y decepcionado de ella; y acelerando hasta el fondo del potente motor de su lujoso automóvil, se dirigió a la oficina. Estaba tan distraído manejando, que casi ocasiona un accidente; tuvo que frenar abruptamente para evitar la colisión con otro vehículo; nervioso estacionó su automóvil en una de las transitadas calles para calmarse. Con desesperación apoyo su frente sobre el volante.
— Candy… ¿Por qué? ¿Por qué preciosa, porque me dejaste plantado? ¿Acaso no te explique mis razones? ¿Acaso no te sentiste mi arrepentimiento? Te amo más que a mí misma vida, y tú, ni te dignas a verme...Candy…. ¿Por qué?
Varios suspiros profundos se escucharon en su automóvil, un violento golpeteo de su corazón amenazaba con salirse de su pecho. Estaba desesperado, hoy era su última oportunidad para hablar con ella. Necesitaba calmarse, a su atormentada mente llegaron miles de imágenes de esa hechicera de ojos verdes. ¿Cómo demonios fue que se metió en semejante lio? Todo estaba perfecto con ella, y ahora...estaba a punto de perderla para siempre. Tenía que calmarse, nada ganaba con desesperarse, estuvo a punto de ocasionar un accidente.
Los minutos pasaron lentamente, la brisa de la tarde meció su corto cabello refrescando al mismo tiempo su cara, abrió sus ojos celestes mirando al cielo; dejo escapar un profundo respiro y sonrió levemente. Un poco más tranquilo, giró las llaves y el potente ruido del motor se escuchó; había tomado una decisión, dio vuelta al volante y se dirigió a la mansión velozmente; no iría a la oficina. Quería verla para reclamarle su desdén; tal vez si le reclamaba su desamor se sentiría mejor. Al menos se desahogaría su rabia, y tal vez después de desahogar su frustración podría decirle todo lo que su atormentado corazón guardaba para ella y podría tal vez hablar de sus planes.
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Pero todo cambio al verla ahí sentada…con él. Todo lo que tenía planeado decirle aquella mañana y tarde salió volando por los grandes ventanales. Ahí estaba ella con él…de la mano sonriente, le dolió profundamente su rechazo, pensó erróneamente que había significado más para ella; pero al parecer se equivocó. Sin embargo, al ver a la parejita tan relajados e indiferentes a su llegada e interno drama sentaditos junto a su tía tomando té y galletitas, de repente le pareció que Candy nunca había leído la carta.
¿Sería posible que ella no la hubiera leído? Recordaba perfectamente que la había dejado en un lugar visible en su cuarto, justamente sobre la cara de su sobrino, rió por dentro cuando lo hizo. No entendía nada. Si ella la hubiera leído, estaba seguro de que Candy saldría corriendo a hablar con él. En esa carta él le había confesado todo, inclusive su desliz y su futura paternidad. Él juraba y perjuraba que ella iría a verlo, aunque fuera a descargar su furia y coraje contra de él por lo del bebé, pero entonces, ¿qué paso? ¿Por qué no llegó a la cita? ¿Por qué no estaba furiosa con él?
No entendía nada, frustrado suspiró profundamente frente de ellos ganándose la mirada extrañada de los tres ante su comportamiento errático, al ver la cara de sorpresa de los tres miembros de la familia, trató de simular una serenidad que estaba muy lejos de sentir.
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— Buenas tardes —, los saludos solemnemente, el saludo fue contestado por los tres de forma amable.
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De reojo miró el semblante de Candy quien lucía tranquila e indiferente ante su presencia, actuando ante él como venía haciéndolo desde que anunciara su matrimonio; parecía que nada la perturbaba. Esto le confirmó sus sospechas…Candy no había leído la carta; estaba tan serena, ni siquiera lo miraba con odio o desilusión. Su corazón saltó de júbilo, eso quería decir que ella no lo había rechazado; nunca llegó porque nunca leyó la carta. Una sonrisa se iluminó en su cara, estaba feliz.
Que lejos estaba de imaginar que ella sí la había leído y sí lo estaba rechazando. La desilusión comenzó desde el día que anunció su boda, y la carta simplemente fue el último clavo del ataúd de ese romance frustrado que nunca llegó ni a comenzar entre ellos dos, por eso ella ya no mostraba su desilusión, ya la había desilusionado bastante; no había manera de mostrar en su cara más desilusión.
La mente de Albert trabajaba a mil por hora, aún tenía la posibilidad de hablar con ella. Ahora su problema era en tener que decirle toda su verdad en persona ahí mismo en la mansión, pero ¿cómo lo haría? Sin embargo, su drama interno paso a segundo plano cuando miró como la parejita seguía agarrados de la mano indiferentes a su presencia. ¿Es que acaso a ella ya él no le importaba? Él estaba ahí frente a ella, parado como un idiota ¿por qué le hacía eso? ¿Habría perdido a Candy ya? Las miraditas de complicidad y las risitas que se estaban dando delante de sus narices le estaban indicando que tal vez ella ya no quería nada con él; le dolía el alma verlos así, y no poder hacer nada para evitar su cercanía y complicidad.
La manera en que Archie la tenia de la mano enfrente de su tía le indicaba que su relación iba viento en popa y que no estaban intimidados con su presencia, también al mismo tiempo comprendió de golpe que no podría hablar con ella ese día; él no lo dejaría acercase a ella esa tarde, y entrar a la alcoba no era correcto, capaz que esta vez su tía Elroy sí lo sacaba a balazos de la alcoba si lo encontraba. Por lo pronto tendría que callarse y mantenerse quieto.
En vez de salir huyendo a la biblioteca para no torturarse con las escenas románticas de la parejita, decidió quedarse un rato con ellos en la sala ya que quería intimidarlos con su presencia. Se sentó enfrente de ellos para acompañarlos a tomar té con galletitas. Candy y Archie ajenos a las intenciones de Albert seguían platicando en voz baja al mismo tiempo en que Albert ordenaba a uno de los empleados que le sirviera solamente el famoso té, no estaba para galletitas ni pastelitos ni nada parecido, el único dulce que quería lo tenía enfrente y no estaba con él, sino con su sobrino.
De reojo miró como Candy se sonrojaba por los cumplidos que le hacía Archie en aquellos momentos, se sintió fatal y celoso al ser testigo de esa complicidad. La parejita por su parte continuaba ajena a lo que sin querer provocaban en el poderoso líder del clan y continuaban inmersos en su propia burbuja de amor enfrente de su cara.
Elroy para reducir la tensión del ambiente que empezaba a ponerse demasiado denso debido a las miradas matadoras de Albert hacia la parejita, le empezó a preguntar de los preparativos de la boda; él solo contestaba con monosílabos porque su mirada celeste continuaba fija en ese par. Su preciosa llorona, su Candy, aunque le doliera, tenía que reconocerlo y aceptarlo…parecía feliz, con él.
Archie y Candy decidieron ignorarlo sin ponerse de acuerdo y platicaban cosas triviales enfrente de ellos; Candy dejaba escapar risitas de vez en cuando ante los comentarios de Archie. El chico de ojos miel necesitaba distraerse porque no se le habían quitado las ganas de partirle la cara y de reclamarle a su tío por haberle escrito esa cartita a su novia. Es más cuando lo vio entrar a la sala, tuvo que contener sus ganas de pararse y reclamarle enfrente de su tía y hacer un escándalo, hasta el estómago le dolió del coraje al verlo, pero sabía que tenía que ser prudente por su amada y su tía; no podía olvidar que, aunque en este momento no lo soportaba eran familia. La risa cantarina de su amada novia era música para sus oídos, en cambio para Albert era un dolor de estómago escucharla reír porque eran risas para Archie.
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De repente el mayordomo llegó interrumpiendo la plática de monosílabos entre Albert con su tía, con premura le informó a él que tenía una llamada en la biblioteca de George quien aún estaba en New York a esa hora ya que George tomaría el tren en New York hacia Chicago esa noche para poder llegar a tiempo a la boda de su muchacho. Él se disculpó de inmediato, y se retiró con premura hacia la biblioteca, la verdad es que le agradeció a su mano derecha la interrupción; fue una bendición del cielo recibir la llamada en ese preciso momento. No soportaba verlos juntos, algo tenía que hacer para detener eso.
Ellos inmediatamente al verlo dirigirse a la biblioteca, comenzaron de nuevo a platicar a cerca de las preparaciones de la boda del Albert, tenían tantas cosas que hacer que hasta Candy se acomidió a ayudar a su madre con todas las cosas pendientes que tenía pendiente; antes se había mantenido al margen, pero después de la carta se había dado cuenta que el pasado era pasado y era momento de olvidar y de enterrarlo. Archie como siempre atento a su amada, le apretaba suavemente la mano para infundirle ánimo. En eso estaban cuando un pálido Albert entró rápidamente a la sala donde ellos estaban platicando tranquilamente.
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— Tía, tengo que marcharme a New York, inmediatamente.
— ¿Qué? Te has vuelto loco, la boda es mañana, es más tu prometida debe estar llegando a Chicago.
— Ese es el problema tía, Diane no puede viajar…ella, ella…
— ¿Ella que William?, habla —, Albert no se atrevía a hablar, temía decir lo del embarazo de Diane enfrente de Candy y Archie porque presentía que Candy no había leído la carta, ya que nunca fue llegó a la cita. Sin querer su angustiada mirada celeste se digirió a la pareja.
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Los jóvenes intuyeron que quería hablar en privado con su tía al negarse a hablar enfrente de ellos y al ver la manera en que los observaba; Archie de inmediato se levantó y tomó la decisión de marcharse del lugar. Necesitaban privacidad para que su tío pudiera hablar con confianza con su tía.
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— Nosotros estaremos en el jardín, cuando te desocupes, por favor nos avisan tía abuela para que me sigas diciendo todo lo que quieres que hagamos para ti —, estiró sus brazos y con cariño levantó a su hermosa novia.
— ¿Nos vamos Gatita? —, ella le dio sus delicadas manos sonrientes y mirándolo a los ojos le contestó muy alegre.
— Sí Gatito, vámonos —, se volteó a hablar con su madre. — Mamá, en un rato nos vemos —, se despidió dándole un sonoro beso a su madre. Después ambos se despidieron amablemente de Albert y salieron de la mano hacia la terraza del jardín.
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Albert se quedó estupefacto ante lo presenciado, los siguió con la mirada hasta que desaparecieron de su vista, apretó los puños furiosos por los sobrenombres cariñositos y cursis que este par había usado enfrente de su cara; en ese momento surgió dentro de su entraña unas ganas enormes de romperle la cara a su sobrino y a ella de llevársela con él a la fuerza y de…
Inmerso en sus celos, no se dio cuenta que era observado por su tía. Elroy solo meneó la cabeza en una mezcla de enojo, frustración, rabia y tristeza, su corazón estaba partido en tres, pero se inclinaba en favor de su rubia amada: su hija. Candy era la única que en verdad le preocupaba, y mientras ella estuviera viva velaría por su felicidad; adoraba a Albert y a Archie por igual, pero si tenía que sacrificar a alguien por verla feliz, lo haría encantada.
Siguió su análisis mental al mirar a su sobrino perdido en su mundo. Estaba más delgado y desaliñado, atrás quedaron la imponente imagen del poderoso patriarca, pareciera que estaba pasando por un grave problema no solo moral sino físico y mental.
No le gustaba verlo de esa manera, pero debería de entender que él y solo él había provocado el nacimiento de esa unión. Su precipitada boda desencadenó su drama, y parecía que aún no entendía que ella ya estaba con su sobrino, no comprendía que más necesitaba su sobrino ver para entender esa unión de una buena vez. Así que decidió sacarlo de su ensueño.
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— Estamos solos, habla—, la voz enérgica de su tía lo sacó de su letargo, confundido volteó a verla y exclamó.
— ¿Qué?
— Digo que estamos solos, que me digas que ha pasado —, un profundo suspiro escapó de su cuerpo; Albert de pie empezó a decirle su problema atropelladamente mientras caminaba preocupado de un lado a otro.
— Tía, Diane tuvo una amenaza de aborto, no puede viajar. Tengo que estar a su lado.
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Elroy sintió como si hubiera recibido una cubetada de agua fría; reaccionó inmediatamente ante la noticia.
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— ¿Y la boda William, la estas cancelando?
— Sí y no tía. Necesitaremos cancelar la de la iglesia, pero me casaré mañana con ella por el civil, para que ella esté tranquila no quiero que pierda al bebé. George me explicó que está muy mal en este momento, y es lo que pide a gritos, el doctor dijo que tiene que guardar reposo y estar calmada, sino puedo perder a mi hijo. Después cuando el bebé nazca me casaré por la iglesia. Creo que es lo mejor. Ahora mi preocupación es escándalo que esta cancelación causará en nuestras amistades y los negocios.
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Elroy quería que el mundo se la tragara, ahora esto; se llevó su mano a la frente. Todo era una serie de equivocaciones y de arrebatos de su querido sobrino. Tenía unas ganas de regañarlo y de darle un jalón de orejas por haber sido un tonto al involucrarse con esa mujer, pero al verle la palidez de su cara, decidió no mortificarlo de más. Nada se ganaba, mientras no obtuviera un reporte completo de su detective, no sabría si ese niño era el hijo de él o no. Así que por el momento tenía que apoyarlo, Albert era el hijo de su querido hermano. Elroy se paró, y con cariño le puso una mano en su hombro.
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— Vete sin cuidado, yo arreglaré todo, Archie se hará cargo de la oficina, y George será tu testigo de la boda civil; entre los tres trataremos de parar el escándalo que se nos viene. No te preocupes, lo importante es tu hijo.
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— Gracias tía —, se sintió un poco aliviado, pero al mismo tiempo quería gritarle que le había escrito una carta amorosa a Candy donde le pedía perdón, donde le explicaba las razones de su boda y donde la había citado para verse con él. Hubiera querido gritarle que él quería convencer a Candy de esperarlo, pero no se atrevió. No era el momento…había un pequeñito que lo necesitaba. Su hijo, su hijo que podría no nacer. Miró a su tía desesperado.
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— Tía, no sé que les va a inventar a Archie y a Candy para explicar la cancelación de la boda, y que tengo que irme y casarme con Diane en New York; tal vez es el momento de decirles toda la verdad, que estamos esperando un bebé —, le decía mientras caminaba de un lado a otro, de pronto se detuvo y la miro fijamente a los ojos. — …tía Elroy, ¿podría ser yo quien le dijera todo a Candy, especialmente lo del bebé? No quiero que me odie o me desprecie más de lo que ya lo hace. ¿Cree usted que podría hablar con ella antes de marcharme y explicarle yo todo?
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Ella lo miró sorprendida y duramente, ni en estos momentos dejaba de molestar a su hija.
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— No, tú te vas a casar mañana, tu mujer puede perder a tu hijo. Mi hija no tiene nada que hablar contigo de ese problema. Te lo vuelvo a repetir William, Candy no es tu problema. Yo le explicare a Candy y a Archie lo que yo crea prudente. Tú en este momento tienes obligaciones con otras personas, ella te lo repito por última vez, no es ni será nunca más tu problema.
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Albert quería gritarle que no, que él hablaría con Candy, aunque ella no quisiera, que era lo menos que él merecía hacer. Quería gritarle que Candy aún continuaba siendo su problema, pero en ese instante el mayordomo apareció interrumpiendo la plática.
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— Señor, el equipaje ya está en el automóvil, lo esperan.
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Albert volteó a verlo furibundo, hubiera querido mandarlo al demonio no solo a él, a su tía, y al mundo entero incluyendo a Diane, pero no podía ser un inconsciente, había un pequeñito que lo necesitaba. Respiró profundamente, y con voz autoritaria y más calmado dio indicaciones precisas.
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— Gracias, dígale al chofer que, en un momento bajo, revise que todo esté en su lugar.
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Albert ya no tenía tiempo para discutir, de reojo miró el viejo y antiguo reloj de sus antepasados que adornaba la pared central, en menos de una hora, el tren partiría de Chicago a New York; George había arreglado todo para que lo tomará y llegara lo más pronto posible. Era tanta su desesperación que había pensado en ignorar el tren y manejar después de hablar con Candy, pero la mirada dura de su tía junto con su negativa, lo trajo a la realidad, Diane lo necesitaba, tenía que irse; con tristeza aceptó que ella tenía razón en ese momento. Esperó a que el mayordomo se retirara y comenzó a hablarle muy serio a su tía.
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— Esta bien tía, no es momento de discutir. Nos veremos después tía, tan pronto el peligro haya pasado y pueda dejar a Diane sin preocupaciones. Vendré a visitarlas y hare lo que yo creo que es prudente con su permiso o sin su permiso.
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Elroy lo miró molesta, pero suspiró frustrada. Lo entendía estaba enamorado de su hija, pero estaba obligado moralmente con otra mujer, y ahora la vida de su hijo pendía de un hilo. Como buena mujer de negocios que era, Elroy decidió que no era el momento para discutir; además la única persona que tenía derecho de tomar la decisión de verlo o no verlo, no estaba presente, así que optó por llevar la fiesta en paz, sólo por el momento.
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— No te preocupes William, tu futura esposa, la madre de tu hijo te necesita, te esperare con los brazos abierto. Vete, todo saldrá bien.
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Él solo asintió, y se marchó a recoger unas cosas que necesitaba de la biblioteca. Elroy con tristeza lo miró partir y sintió un presentimiento, esto no terminaría bien, lo sentía por William. No solo había perdido a Candy, ahora estaba lo del bebé. Se llevó su mano al corazón mientras, rezaba una plegaria en silencio por su querido sobrino y ese pequeño bebé. Con lentitud se acercó a la ventana a verlo partir, hubiera dado su fortuna por ver a todos sus seres queridos felices, pero ella no podía hacer nada. Cada persona era responsable de sus actos, y al parecer la vida en ese momento le estaba pasando factura de errores a Albert, solo el tiempo diría que era lo mejor para cada persona. Así fue como lo vio partir esa tarde de primavera en busca de un nuevo destino, y a proteger a la mujer que llevaba al parecer en su vientre: su heredero.
Tal como le dijo Elroy a Albert, entre Archie, Candy y ella se encargaron de cancelar los preparativos de la boda. Sí hubo un enorme escándalo, pero el dinero y poder pueden acallar hasta los más grandes escándalos. La pareja cuando fueron informados de la partida de Albert, también fueron informados del futuro bebé y de la gravedad del embarazo de la futura mujer de Albert. Ellos no le dijeron que ya lo sabían por una carta, solo le dijeron que lo sentían por el bebé y era verdad, la criatura era inocente de todo, querían mucho a Albert, y por eso le habían puesto todas las ganas para ayudar a Albert con su cancelación no querían que se mortificara de más.
Elroy se extrañó al no recibir más preguntas por parte de los jóvenes, los miró a los ojos e intuyó que este par de alguna manera se habían enterado de todo, pero no quiso indagar más. Bastantes problemas tenían que resolver para preocuparse de como lo habían averiguado. Lo hecho estaba y nada se podía remediar.
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El tiempo pasa lentamente para algunos, mientras que, para otros, pasa rapidísimo, ese era el caso de Candy y Archie quienes estaban ocupados preparando la presentación en sociedad de la chica. Mientras tanto en New York, para un joven multimillonario, el tiempo pasaba con lentitud y dolor. Albert miraba por la ventana de su oficina el tráfico de la gran ciudad. Se sentía vacío y triste. Tal como ese maldito día que supo que iba hacer padre, no estaba arrepentido por ser padre, pero si estaba arrepentido de haber cometido una estupidez y de haberlo hecho con la mujer equivocada.
Diane estaba por cumplir cinco meses de embarazo, y el riesgo de perder a su bebé aun no pasaba, su embarazo era delicado y pasaba casi todo el día en cama. Por esa misma razón, ella no asistiría a la fiesta de presentación de Candy, él lo haría en nombre de los dos; Albert moría por verla.
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— Albert de veras que eres masoquista —, suspiró profundamente.
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Quería verla, oír su risa, y voz, aunque fuera cerca de su sobrino. Por su tía sabía que el noviazgo iba viento en popa. De solo imaginárselos de novios, le daba dolor de estómago de celos. Malditos celos, era irónico, él nunca supo lo que eran los celos hasta que Candy empezó a andar con Archie. Ni con Terry los sintió; ahora no solo los tenía despierto, hasta soñando sentía celos de su único sobrino. Tenía unas ganas de desparecerlo y escaparse con ella, con su Candy.
Faltaban solo unos días para esa presentación, aunque le doliera su corazón, la vería, tenía que verla era su obligación como patriarca del clan.
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Mientras un guapo rubio moría lentamente de amor, otro guapo joven de ojos color miel estaba feliz con su amada. Ambos estaban en el jardín de la mansión esa tarde de primavera. Él la besaba apasionadamente, cada vez la necesitaba más y más. Sin saber cómo, sus manos comenzaron a viajar a otros rumbos, ella brincó y se ruborizó cuando sintió esas caricias.
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— Lo siento amor, es que te amo tanto —, le dijo con la voz entrecortada por la pasión mientras suspiraba y colocaba con cuidado su frente a la de su amada. Adoraba respirar su perfume, adoraba estar con ella cada instante que podía. Ella era el ser me mas amaba, la razón de su vida.
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Ambos se miraron a los ojos, había tanta amor y pasión en ambos, y volvieron a unirse en una caricia que cada vez era más íntima…hasta que escucharon unos ruidos de unas pisadas. Ambos detuvieron sus besos, y arreglaron como pudieron sus ropas. De pronto escucharon la voz de Elroy.
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— Candy, Archie, donde están, los necesito quiero que revisen esta lista.
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Ambos se limitaron a tratar de tranquilizarse a la vez que sonreían con complicidad, parecía un par de niños que había sido descubiertos haciendo una travesura, y que travesura. Ambos suspiraron al verse. Candy más repuesta quiso irse, cuando Archie la detuvo.
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— Candy, ¿podemos hablar después de la cena, por favor?
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Ella le sonrió, y acariciándole su mejilla, con una inclinación le dijo que si lo harían. Ambos más calmados fueron hablar con Elroy.
Esa noche, después de la cena, Archie esperaba a Candy en el jardín, estaba nervioso caminaba de un lado a otro; la noche era preciosa, había una luna llena gigante en la bóveda celeste, era un día especial para él, la belleza de esa inmensa luna le daba un toque romántico esa noche al hermoso jardín de la mansión; parecía que la luna estaba ayudando al chico de los ojos color miel con su sorpresa para su amada Gatita.
Era el momento que había esperado desde que la conociera, el momento que había soñado toda su vida, ya no quería esperar, no más. Se estaba arriesgando, él lo sabía, pero sentía su amor cada vez que estaban junto, ella por fin era de él. Finalmente había aprendido a amarlo como él la amaba.
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— Hola amor, ya estoy aquí. Duré un poco porque mamá está más nerviosa que yo por la presentación. ¿Tienes mucho tiempo esperándome?
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Archie la miraba embobado, cada día la adoraba más y más, estaba más bella que nunca, llevaba su cabello suelo, y vestían un vestido blanco…se la imaginó en ese momento vestida de blanco en un futuro caminando juntos a un altar; un profundo suspiro salió de él mientras una sonrisa de alegría iluminaba su gallardo rostro. Le colocó unos de sus rizos sueltos tras de sus oídos, y besó sus labios con cariño, al tiempo que le tomaba ambas manos.
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— No amor, todo está bien. Ven siéntate por favor —, ella obedeció, y de repente Archie se inclinó y le dijo.
— ¿Gatita, amor mío, me concedes esta pieza? — ¿Pieza? ¿Cuál música? Pensó ella, pero al ver su guapo rostro, y la forma tan cariñosa que se lo pidió, no le importó que no hubiera música, solo sonrió y aceptó graciosamente su pedido.
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En eso empezaron a escuchar música que venia del salón, uno de los empleados tocaba el piano para ellos. Ella estaba feliz. De lejos, Elroy los veía en silencio. Archie había hablado con ella el día anterior. No sabía que iba a pasar, pero rogaba a Dios que ella aceptara.
Bailaron varias canciones, hasta que Archie súbitamente detuvo el baile, le besó las manos; y de pronto ante la mirada atónita de la rubia, Archie puso una rodilla en el suelo y sacó de su saco una pequeña caja de terciopelo negro donde extrajo un hermoso anillo, mientras la miraba a los ojos, le dijo, le dijo con su voz emocionado y grave…
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— Candy, ¿quieres casarte conmigo? ¿Quieres ser mi compañera de vida?
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Candy no lo podía creer, se quedó sin palabras, Archie con cuidado le fue deslizando el anillo lentamente en el dedo de su amada, mientras esperaba una respuesta. Ella lloraba emocionada, y miraba el anillo en su mano.
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— Sí, Archie, sí acepto ser tu esposa, la compañera de tu vida.
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Emocionado, el guapo joven, se levantó inmediatamente, la besó apasionadamente, y la abrazó con todo el amor que su corazón tenía por aquella guapa rubia, mientras le susurraba en el oído.
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— Te amo, te voy hacer la mujer más feliz del mundo. Eres mi sol, el aire que respiro, te amo, te amo con todo mi corazón.
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Feliz por la aceptación, el joven emocionado dio varias vueltas con ella; sólo se escuchaba las risas felices de la pareja. Archie estaba emocionado, la amaba tanto; Candy White Andrew finalmente seria su esposa; después de haberlo deseado desde el instante en que la conoció.
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Continuará
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Les invito a leer mis otras historias:
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"Stear: Reflexión Al Amor Perdido." Es una mini historia de dos capítulos.
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"Bajo La Luz De La Luna." Mi primera historia en fancfiction.
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A todas las personas que han dejado mensajes, y a las que solo me hacen el favor de leer estas historias de forma anónima. Muchísimas gracias por apoyar estas historias, se los agradezco infinitamente.
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Agradecimientos
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Primeramente, quiero pedirles una disculpa por tardar tanto en actualizar, mi única excusa es mis ganas de continuar escribiendo para seguir tratando de hacer más largo y más entretenido el capítulo para ustedes. Espero que lo hayan disfrutado como lo disfruten yo al escribirlo. Como les he comentado anteriormente, las musas a cada rato se ponen en huelga, y no hay manera de convencerlas de volver, así que tengo que ser paciente para que aparezcan ideas y poder continuar con la historia, así que mil disculpas por el retraso.
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La semana pasada varios países fueron nuevamente azotados por desgracias naturales, terremotos y huracanas en diferentes partes del mundo. Mi querido México por segunda y tercera ocasión fue afectada este mes, y lo mismo paso en el Caribe con varios países hermanos, Puerto Rico, de verdad que me uno a los ruegos de todas las personas que están orando por todos los países que han sido víctimas de desgracias naturales; desde California les mando un abrazo y les tengo en mis oraciones. Espero que se mejore las situaciones para ustedes y sus seres queridos. No han sido unos días fáciles para muchos países hermanos.
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Quiero darle las gracias a cada una de ustedes por apoyarme con esta nueva historia. Es un Albertfic y fue escrita en honor de Príncipe de la Colina por su cumpleaños; es una historia dramática.
Sé que es duro ver al guapo Albert sufrir en este fic, y tal vez me alucinaran por tenerlo sufriendo de más en la historia, pero es necesario mantener el dramatismo, las sorpresas y el romance en una historia para mantener el interés de ustedes. Habrá clímax, habrá calma, habrá suspenso, nuevos clímax y seguirá la historia hasta que se termine de contar.
A esta historia le falta muchísimo, apenas llevamos como un tercio de la historia. Ya no es tan corta como lo tenía planeado, ya que a medida que he escrito los capítulos me he dado cuenta de que tengo más tela de donde cortar.
Como siempre les pido paciencia. Yo simplemente quiero que mi humilde historia les dé un momento de distracción de la rutina diaria.
... Recuerden sin drama no hay historia ...
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"Hay errores en la vida que se pagan con una eterna soledad, y otros con un matrimonio lleno de odio sin amor. La vida real está llena de ejemplos como esos tristemente, y todo por errores que en su momento se disfrutaron, y después se lloran amargamente para siempre. Segundas y terceras oportunidades pueden pasar...pero no siempre se tiene la oportunidad en la vida...aunque la vida puede deparar sorpresas."
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Escribir un fic de Albert no ha sido fácil porque él es un personaje muy querido, pero le estoy poniendo todas las ganas del mundo para que les guste y lo disfruten como lo hago yo cuando escribo los capítulos de esta historia.
Disfruto muchísimos cada uno de sus comentarios que me hacen el favor de dejarme; ya que me anima mucho cuando estoy escribiendo la historia.
Es como recibir regalos antes de mi cumpleaños, gracias.
Es por eso por lo que trato de mandarles un mensaje privado (PM) a cada persona que me manda un mensaje para agradecerles el tiempo que se toman en leer mi humilde historia. Desgraciadamente, solo se puede mandar PM a las personas que están registradas.
Tal como lo hice con el capítulo anterior, dejé comentarios en la sección de reviews, para todas las chicas a las que no les puedo mandar un PM para agradecerles su tiempo. Gracias a cada una de ustedes por dedicar su tiempo en leer mi historia.
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Gracias todas personas que me regalaron comentarios, a todas las que han agregado mi historia a su lista de favorita y a su lista de alertas, a todas las que han agregado mi nombre en la lista de autores favoritos y a su lista de alertas, y a todas aquellas que me han leído en forma anónima en el pasado capítulo. Si alguien se me paso, de antemano les pido una disculpa. Gracias.
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SilAndrew
Rosas Gardenias
Sandy Sanchez
Pelusa778
Nena Abril
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ROS: MadelRos
Guest 8
YenyMoon
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Crazzy76
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Loreley Ardlay
OHHCartist
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A todas muchas gracias. Cuídense
