Antes de que os pongáis a leer, me veo en la necesidad de disculparme. Ya me he dado cuenta de que este capítulo me ha quedado corto en exceso pero no he visto la necesidad de alargarlo. Pienso que es mejor subir capítulos más cortos pero más seguidos, o ¿vosotros que opináis¿Os gustaría más que fuesen más largos aunque más espaciados en el tiempo de actualización? Ya me diréis.

CAPÍTULO XIV

El sábado por la tarde resultaba muy tranquilo en la biblioteca. Tal vez demasiado tranquilo desde el punto de vista de Ron que echaba de menos sus constantes flirteos con la gran mayoría del alumnado femenino del colegio.

Ron estaba decidiendo los puntos que trabajaría con los miembros del ED y para ello había ido a buscar los libros a sus lugares originales con la esperanza de encontrar alguna fémina ávida de entablar conversación con él, pero sus deseos no se vieron cumplidos. ¡Dónde estaban todas metidas!

Harry y Hermione buscaban en un montón de libros que tenían apilados a su alrededor. Parecía que la búsqueda no les llevaría a ninguna parte hasta que a Harry se le iluminó la cara. Levantó la vista hacia el frente, donde estaba Hermione sentada leyendo con atención un libro. Harry estiró su pie en dirección a la chica y le tocó la pantorrilla para llamar su atención.

— Ron, estate quieto, me acabas de dar una patada – regaño la castaña a Ron que se quedó mudo por el asombro.

Para una vez que estaba trabajando sin rechistar. Volvió a su trabajo sin darle importancia. Quería terminar cuanto antes para salir a socializarse lo más pronto posible.

Harry sonrió. No se imaginaba que su intento de llamar la atención de Hermione pudiese terminar en eso. Tal vez le había hecho daño con el zapato, pobre. Tenía razón por enfadarse. Se quitó el zapato y volvió a estirar la pierna. La miró de frente esperando a hacer contacto con sus ojos. Lo que le tenía que contar no era sobre R. A. B. Movió su pie con suavidad desde el tobillo hacia la rodilla, lo justo para que Hermione levantara la vista y se encontraran sus miradas.

— ¿Qué…? – comenzó a decir pero un gesto de Harry solicitando silencio al poner su dedo índice delante de su boca la hizo callar.

Harry pensó con fuerza: Lisa Withmore. Parece que había surtido efecto pues la cara de Hermione se iluminó y extendió la mano pidiéndole que le pasara el libro del hallazgo.

Comenzó a leer lo que allí ponía sobre su madre.

— Chicos – les llamó Ron – creo que por hoy ya he trabajado bastante. Me voy, necesito tomar un poco de aire fresco.

— ¡Tú si que eres un fresco…! – le dijo Harry haciéndole una seña de despedida a su amigo.

— ¿Que te parece lo que pone? – preguntó Harry a Hermione que se sobresaltó y miró al lugar vacío que ocupaba Ron con anterioridad. – Tranquila se acaba de marchar.

— Pertenecía a Ravenclaw. Por algo se empieza ¿no?

— Fíjate es mayor que mis padres pero debieron coincidir un par de años aquí – le dijo señalándole las fechas de inicio y final de sus estudios. – Deberíamos pensar en la posibilidad de preguntarle directamente a alguien que pudiera haberla conocido.

— No, - respondió Hermione contundentemente. – No me apetece tener que dar explicaciones a nadie, al menos por el momento.

La semana pasó a gran velocidad entre trabajos, entrenos y prácticas. Ya creían que era un buen momento para decirle a Celine que estaban preparados para le segunda clase de Legeremancia y lo harían al finalizar su clase.

Todos estaban sentados en sus respectivos lugares de costumbre y Harry veía a Ron, que se sentaba a su lado, escribir descuidadamente sobre su pergamino en el que había más bien pocos apuntes. No veía nada parecido a lo que la profesora estaba explicando así que le pareció interesante leer lo que ponía. Gabrielle. No podía creerlo. ¡El don Juan número uno de Hogwarts ese año escribiendo el único nombre de chica que no le había oído nombrar en sus múltiples aventuras amorosas! No era el momento de preguntarle y decidió prestar atención a la clase.

— … como ya sabéis las transformaciones comenzaron siendo algo fortuito y con el tiempo y el uso se han ido convirtiendo en materia de estudio y práctica en todos los currículum de las escuelas de magia que se precian. ¿Alguien recuerda el nombre del autor del libro en el que se relata una de estas ocasiones en las que se realizó un hechizo de transformación involuntaria?

Era evidente. La única que sabía la respuesta era Hermione. Harry no pudo evitar mirarla. Era tan graciosa, levantando su mano y dando saltitos para llamar la atención de la profesora y contestar a su pregunta. ¡Si no había nadie más que supiera la respuesta! En ese momento sintió una inspiración "Malecrit" , le había leído el pensamiento y esa era la respuesta. No se lo pensó dos veces y también levantó su mano.

— Harry, - le nombró la profesora para que contestara.

— "Malecrit"

— Muy bien Harry veinte puntos para Gryffindor, y ¿recuerdas el título del libro?

Harry se giró para ver a Hermione tan solo un instante y volvió a mirar a la profesora

— "Ay de mí, he transformado mis pies"

La campana sonó señalando el final de la clase y todos comenzaron a salir del aula.

— Hermione y Harry, podéis venir un momento – les llamó la profesora.

Cuando el resto de los alumnos ya habían abandonado la clase, la profesora habló:

— Harry, debería quitarle puntos a Gryffindor por lo que acabas de hacer – Hermione la miró sorprendida. – La respuesta era de Hermione.

— Profesora, esto es trabajo en equipo – dijo Harry con cara de inocente y mirando a Hermione añadió a modo de excusa. - Sólo estaba haciendo prácticas…

Hermione le miró con cara de reproche pero no dijo nada.

— Pero por otro lado – continuó la profesora – debería daros puntos por avanzar tanto en Legeremancia. Pero, Harry, que no se repita.

Los dos estaban saliendo de la clase.

— Hermione, debo decirte que no he podido evitarlo. Pienso que tus ideas son muy importantes.

— ¿De qué ideas hablas, Harry?

— Del trabajo en equipo, de que hay que practicar,…

— ¿En serio crees que mis ideas son tan importantes?

— Si tú puedes estar citando lo que pone en los libros o lo que escuchas ¿Por qué yo no puedo?

— Déjate de tonterías y corre que vamos a llegar tarde a pociones – le apresuró Hermione.

Llegaron justo en el momento en el que el profesor Slughorn se disponía a cerrar la puerta de su aula. De algo debía servirles el que Harry fuese uno de sus preferidos.

La clase transcurría con normalidad hablando sobre la importancia de ser creativos a la hora de intentar hacer nuevas pociones o variaciones de las mismas cuando el profesor preguntó:

— ¿Qué ingrediente usarían para mejorar esta poción revitalizante? – preguntó levantando un frasquito que contenía un líquido de color verde intenso. – Vamos, no sean tímidos que en pociones no todo está inventado…

Harry miró hacia Hermione, no debía hacerlo… pero sería tan divertido ver su cara. Se concentró en su objetivo y levantó la mano. Ante la mirada de felicidad del profesor de Pociones que le cedió la palabra, respondió.

— Una pluma de hipogrifo.

— La verdad Harry no esperaba una respuesta así – comenzó el profesor. Harry miró hacia Hermione que luchaba consigo misma por no empezar a reírse y Slughorn continuó – pero si mi alumno estrella vuelve a brillar y dice esto, algo de razón tendrás. Mañana sábado por la mañana nos vemos en mi despacho para hacer un estudio de las propiedades de la pluma del hipogrifo.