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Horas
Cerca de Academia Naval de Annapolis
Annapolis, Maryland
Mac estaba sentada en el centro de una gran cama de matrimonio, con la habitación totalmente a oscuras. Cuando Mi la dejó sola, intentó subir la persiana, pero no tuvo existo, ya que habían cortado la cuerda con la que se subía.
Sin nada que pudiera hacer para escapar, optó por quedarse quieta e intentar escuchar algo de la conversación que mantenían sus dos captores. Había oído a Diane hablar con Harm por teléfono, pidiéndole que se casara con ella. Ahora, estaba atenta al intercambio que hacían Mic y ella, sobre todo el plan que tenían trazado.
Mi:
¿Cómo estás tan segura de que vaya a firmar los papeles?
D:
Harm siempre ha sido demasiado noble, Mic. –Sonrió-. Y más si hay
una vida en juego.
Mi: ¿Y después, que? ¿Crees que por estar
casada con él no te arrestarán? Te recuerdo que has secuestrado a
una coronel de los marines.
D: Te recuerdo que tú también estás
metido en esto. No solo yo he secuestrado a una marine, tú también
estás en el ajo, y si caigo, tú caerás conmigo.
Mi: Sabes
perfectamente que tengo inmunidad diplomática. No pueden tocarme.
D:
Lo sé. –Respondió-. Y vuelvo a refrescarte la memoria, diciéndote
que tengo también la inmunidad. ¿O te olvidas de que, ante los ojos
de tu país, seguimos casados? Soy tan australiana como tú
americano.
Mi: Entonces, me estás dando la razón. ¿Cómo vas a
casarte con Rabb si lo estás conmigo?
D: En los papeles, figuro
como viuda. –Sonrió-. Legalmente puedo volver a casarme.
Mi:
¿Quién ha certificado que…?
D: Un amigo que me debía un
favor. –Se sentó en el sofá y cerró los ojos-.
Mi: Te vuelvo
a preguntar. ¿No crees que cuando te hayas casado con Rabb, y
sueltes a su coronel… pedirá el divorcio? Por otro lado, no harían
falta tantos papeles.
D: ¿Qué quieres decir? –Le preguntó,
incorporándose-.
Mi: ¡Por dios, Diane! Rabb es abogado, y tú
le estás obligando a casarse contigo.
D: Coacción… -Dijo,
pensativa-. Pediría la anulación.
Mi: Y eso sin contar que tú
estás casada.
D: Viuda.
Mi: Clayton Webb sabe que sigo vivo. Y
puede que alguien me haya visto por la calle. Deberíamos de llamar a
Rabb, decirle donde puede encontrar a Mackenzie y largarnos bien
lejos.
D: Nunca. –Respondió, levantándose del sofá y
acercándose a él-. No he estado todo este tiempo fingiendo estar
muerta para ahora no tener lo que me corresponde.
Mi: Asúmelo,
Schonke. Perdiste tu oportunidad. Luchar por Rabb es una causa
perdida.
D: Prefiero morir intentado estar con Harm, que vivir
sabiendo que es feliz con mi copia.
Mi: Esa es tu decisión, no la
mía. –Dijo, cogiendo su abrigo-. Si quieres continuar con esto, lo
harás tu sola, cariño.
D: Pensé que querías tener a la
coronel. Pero veo que me he equivocado de hombre. –Suspiró-. No sé
porque, siempre acabo liada con los blandos…
Mi: ¿QUÉ? –Le
gritó-.
Se acercó a ella, tirando su abrigo a la mesa y la agarró por la cintura. Después, la encerró contra la pared mientras ella sonreía, llena de satisfacción. Mac pasó bastante rato escuchando solamente gemidos y suspiros. Cuando acabaron, volvieron a continuar la conversación.
Mi:
Déjalo, Diane. –Le susurró-. Me jugué el tipo por ti una vez, y
no pienso volver a hacerlo. Deja a Mackenzie aquí y vámonos a
Australia. Déjales que continúen con sus vidas, mientras tú haces
lo mismo con la tuya.
D: ¿Y de que serviría, Mic? Seguramente
nos denuncien por secuestro, y me sometan a un consejo de guerra.
Mi:
Ya no eres militar. –Le recordó-.
D: Pero lo fui, y aunque
ahora no lleve el uniforme sigo sujeta a sus leyes.
Mi: Puedo
intentar convencer a Sarah para que no nos denuncien. Si acepta…
¿dejarás el asunto? –Diane asintió-. Bien. Sé que ella lo
entenderá.
Escuchó como él se acercaba hasta la habitación y abría la puerta. Dio la luz y a Mac le costó bastante acostumbrarse a ella. Cuando lo hizo, observó a Brumby sentada frente a ella, en una silla. Él le sonrió y cogió aire.
Mi:
Quiero ofrecerte un trato, Sarah.
M: Te escucho. –Sabía de qué
iba, pero quería escucharle-.
Mi: Estamos dispuestos a dejarte
libre, con una condición. No nos denunciaréis, ni a Diane ni a mí,
por tu secuestro.
M: Estás loco si crees que… -Mic la
interrumpió-.
Mi: Seguramente sabes que Diane está casada
conmigo, y por tanto, tiene inmunidad por ser ciudadana australiana.
Aunque la denuncies, no podréis juzgarla. El gobierno de mi país se
opondrá a que Estados Unidos nos haga algo. Podemos hacer esto por
las buenas, o por las malas.
M: ¿Qué haréis si acepto el
trato?
Mi: Nos marcharemos, dejándole todo facilitado a tu piloto
para que te encuentre. Le llamaremos cuando vayamos a embarcar en el
avión, y le diremos exactamente dónde estás y como puedo
encontrarte. La bomba que tenía el Corvette de Rabb estará
desconectada. Diane se encargó de decírselo.
M: ¿Puedo poner yo
una condición? –Preguntó-.
Mi: Depende de cuál sea…
M:
Acepto el trato, pero júrame que no volveréis, ninguno, a pisar
Estados Unidos y que no os acercaréis a nosotros.
Mi: Me parece
bien. No pensábamos volver de todas formas. –Sonrió, mientras se
levantaba-. Aunque no lo creas, ha sido un placer conocerte, Sarah.
Espero que tu comandante te haga feliz.
Dos horas después…
Mic y Diane estaban frente a la puerta de embarque, cuando ella sacó su teléfono y llamó al fijo del apartamento de Mac. Esperó unos segundos y sonrió al escuchar la voz del otro lado.
D:
Hola, cariño. ¿Qué tal estás?
H: ¿Qué quieres?
D:
Decirte que me marcho, y que no volverás a verme. Lamento mucho todo
esto, de verdad. Pensé que con mi vuelta, todo habría sido como
antes. Ya sabes. Tu detrás de mí, y por primera vez, yo
correspondiéndote. Pero, que se le va a hacer. Perdí mi oportunidad
y todo por culpa del comandante Holbarth. –Suspiró-.
H: ¿Y
Mac?
D: Por eso te llamo. Ella está en la vieja casa
abandonada de Annapolis. Esa que está frente a la academia. ¿Te
acuerdas, no? Esa donde íbamos tu y yo… -Sonrió al recordar los
viejos tiempos-.
H: Sé cuál es. ¿Ella está allí?
D:
Viva y esperándote. Date prisa, porque no creo que sea bueno pasarse
horas y horas atada en una cama. ¿O sí? Hasta nunca, Harm. –Y
colgó-.
