Diamante en Bruto
Capítulo 13. Insomnios
25 de agosto de 2003 (Cuenta regresiva para elecciones)
Hermione dio miles de vueltas en su cama sin que nada lograra que conciliase el sueño, miró una y mil veces el reloj. Aun recordaba que esa mañana tendría que presentarse en Malfoy Manor apenas saliera del trabajo, eso de las 14:00 pm, pues le habían recortado el turno para que preparara su campaña, tomara protesta y arrancaran las elecciones, sin embargo también se sentía presionada por su primera lección de etiqueta con las dos fastidiosas profesoras.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no vio a la pequeña lechuza que golpeteaba su ventana, luego de un rato Hermione abrió la ventana para dejar entrar a la molesta lechuza que la veía recriminatoriamente.
Hermione:
Espero que estés bien y te encuentres reflexionando sobre tu pésima actitud, llego en un par de semanas, Harry, Krum y yo estamos avanzando muy rápido con la misión.
Te veo cuando llegue para comenzar a ver los preparativos de boda, buscar a tus padres y empezar a acondicionar el cuarto que nos darán mis padres en la Madriguera.
Ron.
Hermione no supo cómo reaccionar, una parte de ella le decía que era una desfachatez por parte de Ron atreverse a asegurar que aún quería casarse con él, o pretender que les diera molestias a sus padres yéndose a vivir a la Madriguera.
Él está seguro de que me casaré con él… Pensó para sí misma con tristeza, realmente entre tanto ajetreo no había considerado ni siquiera la explicación que debería darle a Ron acerca de su supuesta relación con Malfoy.
Sin embargo Hermione no era la única desvelada, Draco salió de su cuarto a eso de quince minutos después de su sutil momento de debilidad como decidió llamarle, la realidad es que se detuvo a pensar en aquello ocurrido cinco años atrás.
*Flash Back*
Draco llegó a su último año en Hogwarts prácticamente obligado por sus padres, se moría de vergüenza tan solo de pensar en que tendría que volver a verle la cara a sus compañeros, muchos a los cuales les hizo mucho daño, era cierto que bastantes Slytherin se integraron a las filas de Potter en la batalla final, algunos le llamaron el momento de la redención, el momento en el que pudieran enderezar su camino, sin embargo para Draco Malfoy ese momento no existió, aunque quiso buscarlo… y fue ese el motivo por el cual el platinado se negaba a volver a ver al colegio.
A regañadientes decidió abordar el Expreso, aún sumido en sus pensamientos fatalistas. Mientras caminaba al pasillo se encontró con miradas que le originaron un extraño impulso por salir corriendo de ese estúpido tren y refugiarse en un abrazo de su madre, luego de buscar, al fin encontró un compartimento vacío, donde lo alcanzaron en unos momentos Theodore Nott y Blaise Zabini.
-Veo que decidiste regresar.- Le dijo cautelosamente Nott mientras se sentaba junto a Draco.
-No fue sencillo Nott.- Contestó Draco volteando a ver a la ventana.
-No. No es sencillo, pero para eso estamos, uno con el otro.- Dijo Blaise con una seriedad que en él resultaba extraña.
-¿Blaise?- Preguntaron socarronamente el platinado y el castaño.
-Basta- Rio sonoramente Zabini. –Lo que quiero que sepas es que…
-Mira, así luce un asesino Hermione, ¿Lo ves Harry? Te dije que esta escoria humana algún día regresaría, quizá le hayan faltado unas cuantas cabezas por…
-¡Basta Ron!- Dijo firmemente Harry. –Qué bueno que regresaste Malfoy.- Saludó el ojiverde a Draco, Blaise y Theo se pusieron de pie casi custodiando al príncipe de las serpientes.
-Gracias.- Contestó seriamente Draco.
Esos cuatro segundos quizá fueron los más complejos que vivieron tanto el trío de plata como el trío dorado, pero la vida da muchas sorpresas, y quien escuchara que Draco y Harry se tendieron la mano, se dieron un apretón y sonrieron con cierta complicidad, no lo habría creído, pero eso fue lo que pasó, y cuatro pares de ojos lo presenciaron.
-Harry.- Susurró Hermione con ternura mientras sostenía el hombro del ojiverde y sonreía ilusionada.
-Granger.- Saludó Draco extendiendo la mano para sostener la de la chica, cuando ella aceptó, el platinado besó la palma de la castaña con un gesto aristocrático, muy a disconformidad con Ron.
-Sin rencores ¿Ah?- Decretó Zabini extendiendo la mano al Trío Dorado mientras Hermione y Draco intercambiaban aún la mirada.
Los siguientes minutos fueron de reconciliación entre las cabecillas de la casa escarlata y la esmeralda. Nadie podía asegurarlo, pero fue el fin de varios años de rivalidad.
-Podemos empezar de nuevo chicos.- Dijo con cierta ilusión Draco a sus amigos una vez que el Harry, Hermione y Ron salieron del compartimento.
Pasó cerca de una semana cuando Draco caminaba tranquilo por los pasillos, se había extendido el rumor de que Harry y el príncipe de las serpientes habían hecho las paces y que incluso podían considerarse amigos. De vez en cuando los chicos cruzaban un "buenos días" o inclinaban la cabeza al verse, incluso los equipos de Quidditch de ambas casas llegaron a acordar dividir el campo para sus entrenamientos, todo marchaba muy bien.
-Hola Malfoy- Saludó de repente una chica cuando doblaba para llegar a la Torre de Astronomía.
-Granger.- Saludó cortésmente Draco.
-Por favor… Dime Hermione.- Sonrió la castaña.
-Hermione… Buenos días.- Draco se detuvo para ponerse frente a la castaña, para sorpresa de la chica, tomó su mano y la besó aristocráticamente.
-Bueno, ya debes de saber que será el baile de apertura de curso, ya sabes, para celebrar…- Hermione dudó para continuar.
-Sí, la caída de Voldemort.- Contestó rápidamente.
-Sí, y bueno, Harry y yo estuvimos platicando y pues a profesora McGonagall dice que sería buena idea si… bueno… -Hermione se sonrojó.
-Hermione Granger… ¿Me haría el honor de ir al baile conmigo?- Preguntó Draco haciendo una reverencia.
-Sería un honor.- Contestó Hermione.
-El lunes, a las 18:30 pm entrada principal del Gran Comedor.- Concertó Draco.
-¡Dale!- Aceptó Hermione dando de saltitos para alejarse del platinado. Draco sonrió para sus adentros, aclaró la garganta y corrió para llegar a su clase.
*Fin del Flash Back*
-Patrañas- Se dijo Draco a sí mismo. ¿Qué había llevado a Draco a pensar que Granger hablaba en serio cuando dijo que quería acercarse más a él? Bueno, no lo dijo, pero eso parecía, estaba seguro de que lo parecía.
El mar era testigo de su desasosiego, Yanara daba de vueltas en su habitación, eran las primeras horas de la tarde (recordemos que está al otro lado del mundo) y no podía ni siquiera ponerse de pie.
-Hija, tienes de comer algo.- Una morena mujer de unos cuarenta años de edad entró a la habitación con una charola.
-No má- Se quejó Yanara. –No tengo hambre-
-En tus condiciones no puedes dejar de comer- Advirtió su madre.
-¿Qué?-
-¿Qué tiempo tienes de embarazo? Y no mientas.
-Tres semanas y media.- Los ojos de Yanara se llenaron de lágrimas.
Para cuando llegó la mañana, Draco bajó al comedor acompañado de su madre.
-Corazón, ¿Sigues molestando a los padres de la chica?- Preguntó Narcissa mientras bajaban las escaleras principales del brazo de su hijo.
-¿Qué?- Preguntó Draco confundido.
-Sí, escuché que azoaste tu puerta y salí de mi habitación con toda la intención de ver que ocurría, hubiera enloquecido, pero vi a la madre de la chica correr por el pasillo hacia el otra ala… ¿Está todo bien?
Draco pensó las cosas por un momento
-No- Disimuló Draco. –Simplemente salí… -Detuvo la frase.- No recuerdo.- Concluyó molesto.
El día transcurría normal para los Granger, Robert comenzaba a recuperar la movilidad, mientras Jane podía salir a caminar un poco por los pasillos, mientras Poky les hiciera compañía, sin embargo la noche anterior tenía la serenidad de la mujer en un hilo.
Vio a Draco llorar, quizá aparentaba ser un hombre serio, frío, sin la menor misericordia, pero… los había salvado de morir, estaba ayudando a curar a Robert y ahora lo veía en el punto más vulnerable de la existencia humana, el punto en el que tus rodillas dejan de sostenerte… cuando la presión es tanta que busca liberarse a través de los ojos.
-Robert…- Dijo Jane mientras se sentaba a los pies de la cama en la que yacía su esposo.
-¿Qué pasa cielo?- Preguntó Robert aun medio adormilado.
-¿No es tan malo verdad?- Exclamó Jane con curiosidad.
-Nadie es malo por sus propios medios, a veces se trata de cómo evolucionan las cosas a nuestro alrededor… Ese muchacho no es malo, simplemente ha recibido una muy buena dosis de malos ratos, ve la forma en la que se comporta su padre con él, ve ese celo que tiene hacia su madre, como si en todo momento tuviera que cuidar de ella, ve la forma en la que se tensa en cuanto entra al calabozo. Jane, ha sufrido mucho.- Dijo Robert intentando enderezarse en la cama.
-Creí haber dicho que no quería que entraran a mi habitación sin permiso Jane.- Draco entró altaneramente a la habitación, echaba lumbre por sus ojos, Jane inmediatamente supo a qué se refería.
-No es usted tan malo.- Declaró Jane a los cuatro vientos.
-¿Ah no? ¿Quiere comprobar lo que puedo llegar a ser? Podría matarlos si quisiera.- El platinado levantó su varita apuntando firmemente a la pareja que no se había movido de su lugar.
-Ya pudiste haberlo hecho, pero no lo hiciste.- Dijo serenamente Jane.
Draco enderezó los hombros, su vestimenta gris contrastaba con todas sus facciones, enfatizando los ojos.
-¿Ve mis manos?- Dijo Draco levantando la mano que le quedaba libre y mostrando su palma. –Tienen sangre de cientos iguales a ustedes. ¿Qué diferencia radicaría aquí para que no los mate?- Preguntó Draco socarronamente.
-Que no todos son padres de Hermione Granger.- Dijo de repente Robert.
El príncipe de las serpientes palideció. ¿Qué podía saber ese hombre?
-Sé de lo que ocurrió hace cinco años Draco, ¿El Baile de Apertura de curso? Seh.- Comenzó a hablar Robert. –Mi hija jamás quiso eso… La conozco- Aseguró muy pagado de sí mismo.
-Esto no tiene nada que ver con hace cinco años, esto es una cuestión política.- Dijo Draco mientras giraba su muñeca, dispuesto a atacar.-
-Pierdes tu tiempo hijo.- Dijo Robert insistentemente mientras Jane se aproximaba al chico. –Si nos quisieras matar verdaderamente ya lo hubieras hecho.-
Draco iba a contestar cuando una mano le tomó el pecho, al agachar su mirada una segunda mano tomó su mejilla.
-No me importa si quieres el estúpido cargo de Ministro o lo que sea.- Jane volteó a ver directamente a los ojos del platinado. –Lo que me importa es el dolor que estás provocando a tu alrededor, no sé si realmente hayas escogido esta vida o te fue elegida, pero no estás engañando a nadie más que a ti.- La mujer sonrió.
-No me importa la opinión de ustedes, y no, ya no es una cuestión de sangre, es una cuestión de categorías elementales.- El Slytherin quitó bruscamente las manos de Jane de sí. –Buenas noches.- Y se retiró.
Al bajar nuevamente al salón principal de la mansión, Draco se topó de lleno con una peculiar reunión, dos mujeres morenas canela se encontraban en la sala, una más recatada que la otra, mientras que la mayor vestía un vestido sastre color azul cielo, medias negras y cabello en chongo, la otra vestía un vestido melón sumamente escotado y llevaba su cabello en una media coleta, ambas acompañaban a Narcissa en lo que parecía una hora de té.
-Querido…- Dijo Narcissa al percatarse de la presencia de Draco. –Te presento a las hermanas Klark, Breida y Sully, serán las profesoras de etiqueta de Hermione.- Explicó.
-Señoritas.- Saludó Draco elegantemente al aproximarse a los sillones en los que se encontraban las damas, saludando la mano derecha de cada una.
-¿Hermione?- Preguntó Sully sin poder ocultar su curiosidad.
-Hermione Granger, mi prometida.- Anunció Draco tomando asiento.
-Estamos encantadas de colaborar con ustedes.- Aceptó pomposa Breida.
-Disculpen el retraso.- Hermione anunciaba su llegada aun colocando sus zapatos, empapada y con el maquillaje ya totalmente descolocado su maquillaje.
Narcissa rodó ambos ojos en señal de impotencia, en su necesidad de disimularlo, sobó su sien izquierda, al percibir tal gesto, Draco se levantó inmediatamente del sillón para saludar a "su prometida".
-Querida.- Saludó Draco naturalmente, besando la mano de la chica, quien se sorprendió y no quiso disimularlo.
-¿Qué te pasa?- Preguntó escandalizada.
-Niña.- Dijo Narcissa en cuanto recobró su compostura. –Te presento a a las hermanas Klark, Breida y Sully, serán tus profesoras de etiqueta.- Explicó señalando con la mano elegantemente extendida a las señoritas, quienes se mostraron interesadas en la chica, pero no interesadas para bien, sino a veían como quien ve a la peor escoria social haciendo gala de sus peores modales.
-Hermione Granger, mucho gusto, -Saludó apenada la castaña, aun sostenida de la mano de Draco.- disculpen la facha, pero…-
-Una dama…- Comenzó Sully hablando firmemente. –Nunca da explicaciones si no le son solicitas.-
-Perdón.- Dijo apenada Hermione.
-No se pide perdón- Dijo ahora Breida dejando su bolso a un lado. –Simplemente se asiente en silencio con la cabeza.
-Narcissa, te compadezco…- Dijo venenosamente Sully. –Me queda claro que la fama no da la garantía de educación.- Suspiró mientras tomaba su pecho dramáticamente, pero aprovechó para bajar aún más el pronunciado escote de su ceñido vestido color melón, gesto que no pasó de llano para Draco, quien levantó la ceja en su dirección.
-Esto va a ser imposible de hacer Cissy.- Se lamentó sonoramente Breida.
