Capítulo 13

El tacón de sus botas negras resonaba por las vacías paredes del pasillo central del Bellevue Hospital Center. Marcaban las 7:11am cuando aquél hombre de ojos marrones se presentó ante la recepcionista, una mujer regordeta, de cabello teñido rojizo y ojos amielados. Llevaba un arete industrial en forma de flecha atravesando el cartílago de su oreja izquierda y un diminuto tatuaje en forma de corazón en el pulgar derecho que bien pasaba por lunar o mancha de sol.

-Buenos días.- saludó Robert, regalándole una amable sonrisa.

-Buenos días, joven. ¿En qué puedo ayudarlo?- respondió Hannah devolviéndole el saludo.

-Necesito hablar con el Dr. Rogers. ¿Sabe dónde puedo encontrarlo?

-¿Tenía usted una cita previa?- Robert negó con la cabeza.- Lo siento, pero sin cita no puede ver al Doctor.

-Mira…- se quedó mirando fijamente hacia el gafete de la mujer.- Hannah.- pronunció su nombre sonriendo.- El asunto que vengo a tratar es sobre mi hija. ¿Hikari Yagami?

-¡Ah! ¡Lo lamento tanto, señor Yagami! Viene por los resultados de las muestras de sangre, ¿verdad?- Robert asintió.- Puede pasar al tercer piso. Bajando del elevador, a mano derecha y hasta el fondo se encuentra la oficina del Dr. Rogers, él debe…- Hannah se acercó al monitor de su computadora para poder ver claramente el reloj.- Debe estar ahí.

-Muchísimas gracias, Hannah.- se despidió Robert.

Vestido con una camisa celeste, un pantalón beige y botas café claro. Nadie sospecharía que dentro de su maletín llevaría la cantidad de diez mil dólares, si es que fuese necesario utilizarlo para silenciar a Rogers.

Al aparecer la cantidad de droga en la sangre de Kari, Rogers daría aviso inmediato a su familia, exponiéndola no sólo a una vergüenza innecesaria, sino a una vida controlada por su padre, haciéndola perder totalmente su libertad. Eso, dejando a un lado el que los medios de comunicación se enterarían causando un alboroto mundial que como consecuencia podría traer grandes pérdidas al trabajo de Susumo.

Claro está, que dentro de las razones de Hikari se hallaba únicamente su propio bienestar.

Robert no se dignó a tocar la puerta, una vez que llegó. La abrió asomando la cabeza, el doctor Rogers lo miró desconfiado y le hizo una señal de que entrara.

-¿Puedo ayudarlo en algo?- inquirió con cierta inseguridad.

-Buenos días, doctor Rogers. He venido aquí para tratar un asunto un tanto delicado.- dijo Robert, caminando hacia el escritorio de madera pulida. Se sentó en una de las acolchonadas sillas de piel frente al médico.- Mi nombre es Robert y soy tutor de Hikari Yagami, la paciente que usted atendió hace un par de días.- los ojos de Rogers se abrieron en asombro al escuchar el nombre de la chica.

-Señor Robert, no sé por qué lo dejaron pasar a mi oficina, pero una parte de mí se alegra. Precisamente, aquí tengo los resultados de los análisis de sangre.- dijo, haciendo una mueca de disgusto.- Pero me temo que no podré entregárselos a nadie que no sea familiar de Hikari.

-Es una pena, doctor. Su familia no se encuentra en el país, a decir verdad, ni siquiera están en éste continente. Es por eso que he venido en su representación.- Rogers frunció el ceño.- Necesito que me entregue esos resultados…

-Espere, espere, espere. Usted no puede venir a mi oficina a decirme lo que debo hacer. Esa joven se encuentra mal y debe ser internada cuanto antes.- Rogers sacó de un sobre blanco que tenía sobre el escritorio un par de hojas que mostraban el estado físico en que Kari se encontraba.- ¿Sabía usted que Kari consume drogas?- Robert miró de reojo los papeles y sonrió.

-Precisamente a eso he venido. Y será mejor que vaya al grano.- Rogers se sorprendió ante el cinismo de Robert.- Sí, sé que lleva tiempo haciéndolo. Precisamente para eso trabajo, para cuidarla. Pero este, doctor, es un asunto que no puedo permitir que salga de éste consultorio, ¿me estoy explicando?

-¿Me está usted amenazando, señor Robert?

-Oh, para nada. No quiero que me malentienda. Tan sólo vengo a ofrecerle esto…- Robert levantó su maletín, poniéndolo sobre el escritorio, y al abrirlo la fuerte suma de dinero deslumbró los ojos de Rogers dejándolo con la boca abierta.

-Es un soborno.

-Considérelo un favor mutuo. Usted me entrega esos resultados guardando silencio sobre lo que sabe, y yo a cambio le obsequio esto con el fin de que usted pueda irse de vacaciones, o saldar sus deudas. Eso ya no es de mi interés.

Rogers se quedó mirando al hombre de grandes ojos marrones y pestañas tupidas, y pensó por un momento en su hijo. Hacía menos de dos semanas lo habían condenado por un delito que no cometió y en esos momentos no contaba con el apoyo financiero suficiente para poder pagar la fianza. Y este dinero le caía del cielo a cambio de, ¿qué? ¿No decirle a nadie sobre Hikari? Eso era pan comido para un viejo que hacía años había perdido el interés de ayudar a las personas a través de su profesión.

-Prométame una cosa, Robert.

-Usted dígame.

-Después de que salga en mi oficina no quiero que vuelva a aparecerse.- Robert esbozó una media sonrisa.

-Considérelo un hecho.- el médico asintió y cerró el maletín pero sin moverlo del escritorio. Guardó las hojas dentro del sobre que le entregó a Robert. Éste se puso de pie, dispuesto a irse.

-Sólo hay una cosa más.- lo detuvo Rogers.- Hikari tiene anemia. Debe prestar atención a eso y empezar con algún tratamiento, el cual incluye dejar las drogas…

-Yo me encargaré de eso.- dijo Robert simplemente y salió de la oficina.


El rubio se levantó un poco para poder atrapar el cuello de Kari con sus labios y devorarlo a besos. La chica arqueó la cabeza sintiendo una tremenda descarga de placer y enredó sus dedos en el sedoso cabello de Matt.

Lo tomó del rostro y antes de besarlo, lo miró a los ojos y ambos sonrieron. Sus miradas estaban encendidas por la llama de la adrenalina. Sabían que en cualquier momento podría llegar Robert y atraparlos en pleno acto.

Kari lo besó lentamente, haciéndolo sufrir en su deseo por poseerla con desesperación. Fue repartiendo sus labios por el bello rostro del joven Ishida hasta llegar a su cuello. El chico exhaló varios gemidos intentando controlar su cuerpo para no arrancarle la ropa a su amada.

-Ronnie…- dijo él entrecortadamente.- Ronnie, será mejor… será mejor que te detengas…- la castaña sonrió y sin levantarse del pecho, levantó la mirada. Lo observó detenidamente, teniéndolo muy cerca; la verdad es que el parecido con TK era increíble, salvo por algunos rasgos pero a simple vista no se notaba la diferencia.

Si no fuese por su diferencia de edad, cualquiera podría haber afirmado que los Ishida eran gemelos.

Con su dedo índice fue recorriendo la mejilla del rubio, trazando círculos en la comisura de sus labios y barbilla.

-¡Oh, Dios!- exclamó Matt con un deje de ansiedad en la voz.- Eres perfecta, Ronnie.

-¿Perfecta?- inquirió ella burlándose.- Estás loco, Matty, soy todo lo contrario a perfección.

-No es verdad, bonita. Eres inteligente…- dijo dándole un beso en el cuello que le hizo cosquillas.- Eres divertida…- otro beso un poco más abajo.- Eres preciosa…- un poco más abajo.- Eres sexy…- besó su pecho haciéndola sentir un escalofrío de placer y no pudo evitar soltar su risita chillona.- Nunca había conocido a alguien como tú… eres… wow…- por un momento Kari deseó que esas cosas fueran verdad. Que Matt realmente supiera lo que decía y ella pudiera creerlo.

Pero así, siendo Ronnie, la chica falsa que fingía escuchar música que aborrecía, que pretendía querer esperar para tener relaciones porque no quería que la tachara como una fácil, aquella que soportaba sus aburridas pláticas sobre finanzas, era imposible disfrutar del momento, compañía y cumplidos.

-¿Qué pasará con Sora?- preguntó quitándole totalmente la magia al evento. Matt frunció el ceño y se movió, haciendo que ella se levantara y la obligó a sentarse en su regazo.- Lo siento. Quizás no debí preguntar, pero…

-Está bien, Ronnie. Tienes derecho a saber.- respondió él seriamente.- Mañana iré a cenar con ella. Le pediré que pospongamos la boda.

-¿Qué! ¡Matt, no puedes hacer eso!- y aquella expresión fue más sincera que los orgasmos que había fingido con Ken la noche anterior.- No puedes cancelar la boda.

-¿Y qué se supone que haga? ¿Casarme con alguien que no…?

-¡Basta! Perdóname, pero todo esto es mi culpa.- dijo, levantándose de la cama.- Si yo no te hubiera buscado… debí controlarme…- y sin saber el motivo, empezó a llorar. Y quedó sorprendida de ella misma al sentir las lágrimas fluyendo por sus mejillas. La culpa la estaba aniquilando y pesaba muchísimo más que mil toneladas juntas.

-No, Ronnie. No es tu culpa. Tú no has hecho nada malo.- Matt se levantó y la abrazó, la chica escondió su rostro en el bien formado pecho del rubio y lo apretó con fuerza.- Tan sólo le pediré tiempo a Sora. Necesito pensar bien en qué quiero hacer… tal vez… el culpable soy yo por haberme precipitado contigo y…

-No.- lo interrumpió ella. Levantó el rostro para poder verlo de frente y soltó un fuerte suspiro antes de hablar. Estaba a punto de hacer algo que le costaría muy caro. Pero debía hacerlo.- Matt. No me tomes en cuenta en tu vida. Que esto que ha pasado se quede así, realmente… no quiero que arruines el futuro que tenías planeado con Sora.- le dijo con suma sinceridad.

-Lo siento, pero esto es algo que tengo que decidir solo.- le tomó el rostro con las manos limpiando las lágrimas que volvían a resbalar por sus mejillas.- Pero no te preocupes, que todo saldrá bien.- le dio un pequeño beso en los labios y en ese instante tocaron a la puerta del dormitorio.

-Está abierto.- dijo ella. Robert entró, con un sobre blanco en las manos, y al ver a Matt simplemente le dedicó una sonrisa.

-Será mejor que me vaya. Te veo luego, preciosa.- tomando su celular y su cartera de la cama, el rubio salió de ahí.

Kari se limpió el rostro antes de darle la cara a Robert. Aunque seguía siendo un empleado para su padre y para ella, no quería que él fuera a sacar conclusiones erróneas.

-¿Interrumpí algo?- preguntó éste, mirando a la chica a los ojos, que rápidamente volvieron a tomar su brillo natural.

-No.- se aclaró la garganta.- ¿Qué pasó con Rogers?

-Tomó el dinero. Aquí tienes los resultados.- Kari cogió el sobre y comenzó a leer.

-Wow, no sabía que todas las drogas aparecían con esto.- exclamó algo sorprendida. Robert sólo se encogió de hombros.

-Hay algo más.- añadió él.- Me dijo que debes recibir un tratamiento porque padeces anemia.

-¿Anemia!- de pronto los dos pares de ojos marrones voltearon hacia la puerta en donde se hallaba TK, quien acaba de llegar y escuchar esa parte de la conversación. Kari no pudo evitar sonreír al verlo y Robert notó el rubor que sus mejillas adquirieron y cómo sus manos comenzaron a temblar.

-¿Podemos hablar de esto luego?- formuló ella la pregunta para su fiel servidor, aunque era más una orden.

-Apenas te desocupes, llámame.- dijo él, y sin más, salió dejando a los dos tórtolos solos.

-Kari, no quiero alarmarte ni nada pero la anemia es peligrosa si no te cuidas.- TK entró, parándose frente a ella, con esa mala costumbre de invadir su espacio personal y volverla loca.

-Lo sé. Lo bueno es que a tiempo fue detectada, ¿no?- sonrió, intentando disimular su preocupación. La noticia le había caído como un balde de agua frío que poco a poco debía procesar.- ¿Cómo… cómo llegaste aquí?

-Entré por la parte de atrás del campus, si a eso te refieres.- ella asintió solamente. Por un breve momento creyó que el rubio se pudo haber topado con su hermano mayor.- ¿Quieres hacer algo?

-¿Hacer algo?- dijo ella, sonriendo.- ¿Cómo qué?- TK se mordió el labio, reprimiendo las ganas que sentía de besarla.

-Ya verás.


Feliz viernessssssssssssssss y bonito fin de semana! wuuuuuuuuuuu a divertirse! :D