Capitulo 14
Elena POV
Después de un turno bastante cansador, abro la puerta para salir de la cafetería y siento una mano en mi brazo.
-¿Podemos hablar?- la voz de Stefan no me suena a nada bueno y hoy no estoy para planteos de nadie, en realidad ni hoy ni nunca, sino seguiría viviendo con mi madre.
-Claro, mañana espérame y en el viaje hasta aquí hablamos.- Me suelto con una sonrisa y sin esperar respuesta salgo de allí. Ya mañana veré como lo dejo para otro día.
Tenía clases en la tarde y aún no sé a qué fui, no pude concentrarme ni en una sola palabra. Mi mente viaja una y otra vez a las palabras de Damon,
-creo que esta noche te toca dormir en casa, así puedes ducharte al despertar.
Paso por casa a buscar algo de ropa, a recibir una mirada divertida y un "suerte" de Caro, y me voy a su casa. La invitación no incluía la cena pero no creo que le moleste, si fuera por él, debería cenar allí cada día.
Entro con Trevor que regresa de trabajar, como cada vez que vengo a cenar después de clases y charlamos hasta que llegamos a la puerta, entonces se despide y se pierde tras su puerta mientras yo miro la de Damon.
¿Estamos listos? Yo sé que lo estoy, pero ¿y él?
La verdad tengo miedo, temo que sea un camino sin salida y sin retorno, temo perder lo único que siempre he tenido de él, su amistad. También es verdad que sé exactamente a qué vine, no vine por la cena, ni por la ducha, vine porque entre nosotros el deseo crece día a día, porque sus besos me dejan con ganas de más, y porque llevo mucho tiempo soñando como sería estar con él.
No sé cuanto tiempo me quedo mirando esa puerta, cuando de pronto se abre.
-Hola.- Me dice con una sonrisa de lado apoyándose contra la hoja abierta.- Que bueno que decidiste venir.- Su sonrisa se borra y veo en sus ojos que algo no está bien, siento a alguien pararse tras de mí y me giro para encontrarme de frente a una chica que trae una pizza.
Por eso abrió la puerta, para recibir su pedido, me giro y sé que en estos momentos mi mirada no dice nada bueno, este hombre es incorregible, no puede alimentar así a su hija, ni a él mismo.
-No te enfades.- Comienza a hablar como si estuviésemos solos en ese pasillo.- Estaba lleno de trabajo y no me dio tiempo a hacer la cena, pensé que llegarías más tarde y como Rebe está con tu madre…
-¿Qué?- Cuando llegó a esa parte me olvidé de porqué estábamos discutiendo, y de la chica que tenía detrás. Me puse roja como un tomate y no pude evitar tragar saliva mientras mi corazón daba un salto.
-Miranda la pasó a buscar en la tarde para llevarla al parque y me preguntó si la podía llevar a dormir a su casa. No tenía ninguna razón para decirle que no.
No le creo ni una sola palabra, pero asiento y escucho un carraspeo en mi espalda.
-Damon, tengo más pedidos que entregar.- Abro grande los ojos y sacando un billete de veinte de mi cartera me giro a la chica.
-Son sólo ocho cincuenta.- Me dice mirando el billete.
-Puedes quedarte el cambio si me dices cuantas veces vienes por semana.
Me mira incrédula y la veo desviar la vista al mono que está haciendo malabares tras de mí, pero parece no entenderlo.
-¿Una?- Me pregunta con el ceño fruncido, como si se enfrentara a un examen y no tuviese idea de la respuesta.
Bufando me meto al apartamento sin entregarle el billete, y la escucho protestar mientras Damon le paga.
-Eso no estuvo bien.- Me dice luego de cerrar la puerta, mientras lleva la pizza a la cocina.- Le prometiste ese billete.
-No, le dije que se lo daría si me decía cuantas veces viene por semana y no lo hizo.
-Sí lo hizo.- Me responde sin mirarme, y yo lo observo mientras prepara un par de platos con la pizza y trae dos cervezas. Así no es como imaginé que comenzaría esta noche, pero como siempre busco una forma de justificarlo, busco como darle una salida, porque no quiero estar disgustada con él.
-Damon… ¿Realmente te es tan difícil cocinar solo?- Lo pregunto cuando se sienta junto a mí y me giro porque quiero leer sus ojos, sus palabras pueden mentirme, ese azul que tanto conozco, no.
-Tú dijiste que sabes lo que me pasa con la cocina.- Frunce levemente el ceño, y sé que es porque no le gusta hablar del tema.
-Lo sé, pero no lo entiendo.- Sus ojos expresan una pregunta con un dejo de dolor, porque no está acostumbrado a que yo no lo entienda.- Tienes muchos recuerdo de ella cocinando, te enseñó con cariño, con juegos y con paciencia, para que fuera algo de ambos, para que lo compartieran siempre. Y ahora te niegas el placer de disfrutar algo que te une tanto a ella. ¿Por qué? Cuando cocinamos juntos, te veo disfrutarlo mucho, no te veo triste sino todo lo contrario.
-No es lo mismo, Elena.- Se pasa la mano por el pelo y suspira, tampoco es la noche que el imaginaba, estoy segura.- Contigo es distinto, lo disfruto porque lo hacemos juntos, porque me siento como me sentía con ella,- hace una pausa como si su mente lo llevara a otro lugar un segundo- contigo puedo conquistar el mundo.
Recuerdo perfectamente esa frase, la dijimos una y mil veces con Kath.
-Sin ti, cocinar es solo un recuerdo de que ella no está, una prueba de que estoy solo.
Aparto todo pensamiento de la frase anterior y me concentro en lo que acaba de decirme.
-Cocina con Rebekah.- Su mirada se llena de confusión.- Siéntala en la puerta de la cocina y háblale, explícale lo que haces, háblale sobre como aprendiste a hacerlo, dile como cocinabas con su abuela. Transfórmalo en algo que compartes con tú hija, crea nuevos recuerdos. Puedes hacer eso y no me necesitas para ello.
-Me gusta compartirlo contigo.- Ese pequeño rasgo de testarudez sólo logra hacerme sonreír, porque parece un niño pequeño.
-Pero yo no puedo venir todos los días al almuerzo y la cena. Y tú no puedes seguir comiendo comida chatarra.- Con un ademán abarco la mesa y él baja la cabeza, entonces noto que sus ojos se han aguado, porque los recuerdos que se han juntado en su cabeza a raíz de esta conversación comienzan a ser demasiados.- No quiero un novio con panza.- Bromeo para bajar el tono de nuestra charla y él me mira de nuevo, pestañea un par de veces, alejando las lágrimas y luego una sonrisa llega a sus ojos antes de bajar a sus labios.
-¿Qué dijiste?- Caigo en la cuenta de lo que acabo de decir y mi cerebro comienza a trabajar en como salir de esta, porque él no es mi novio, ni siquiera hemos hablado de eso. Lamentablemente todo mi ingenio se borra por completo al hablar de noviazgo con él, ante la idea de que él sea eso para mí. A pesar de todo lo que llevamos en esta extraña situación de amigos con derechos extra, no me he permitido pensarlo como un noviazgo porque eso sería abrir una puerta difícil de cerrar.
Mientras mi cerebro quiere salir de esta situación, mi corazón se aferra a esa palabra y se acelera, no sé cuanto tiempo llevo mirándolo a los ojos tratando de responderle, pero en ese instante, segundo o minuto, una idea queda anclada en mí. La idea de poder reclamar sus besos cuando quiera, de disfrutar sus caricias y sus abrazos sin culpas, de entregarme totalmente a lo que siento por él, y que él sea mío, por primera vez, completamente mío.
Sonrío porque sé que perdí esta batalla, en mi mente no hay una respuesta ingeniosa, ni una forma de dar vuelta esa pregunta, pero hay una forma de que su victoria sea mi premio. Dejo la cerveza en la mesa y bajo la vista a sus labios, mientras muerdo el mío, totalmente consciente de lo que hago. No necesito ver sus ojos para notar su reacción, porque la forma en que su sonrisa se borra y sus labios quedan entreabiertos, me confirma que acepta mi invitación. Un instante después nuestras bocas están unidas y nuestros cuerpos pegados, no sé si él se adelantó hasta mí, o yo salí a su encuentro, pero el anhelo de ambos era el mismo.
Me besa con tanta pasión que me consume, su lengua explorándome, su sabor nublando mis sentidos, su calor atravesando mi ropa y acariciando mi piel, todo me lleva al límite del deseo. Y me dejo llevar, ya no quiero contenerme más, ya no quiero poner un freno a todo lo que provoca en mi cuerpo y en mi alma. No quiero detener la forma en que mi corazón levanta el vuelo, ni como mi cuerpo comienza a temblar de pura anticipación.
-¿Elena?- Abro los ojos para encontrar un mar profundo, envuelto en una tormenta de pasión, la misma tormenta que mueve mis cimientos, que arrasa mis miedos y que inunda cada milímetro de mi cuerpo con los años de amor escondidos en aquel rincón de mi mente.
No respondo nada, sólo vuelvo a besarlo, enredando mis dedos en su cabello, acariciando su pecho con mi otra mano y pegando mi cuerpo aún más al mío, allí se acaban las palabras. Sus manos, que estaban en mi cintura lentamente buscan transitar mi cuerpo, dejando un camino de cosquillas, de chispas que encienden toda mi piel y me recorren para concentrarse en ese punto que comienza a reclamarlo.
Damon POV
Acaricio su piel dorada y cremosa, y viéndola reaccionar a mi contacto sé que me desea tanto como yo. Apenas nos separamos para respirar porque parece ser que la vida nos va en mantener nuestras bocas unidas, porque cada beso parece ser sólo el inicio del siguiente. Hasta que el calor entre nosotros es abrasador y las ropas se convierten en algo imposible de soportar.
La miro un segundo buscando el permiso en sus ojos de chocolate, porque ya no creo que exista una forma de parar, y ella me responde comenzando a desabotonar mi camisa, cuando me la quita y sus manos acarician mi piel desnuda, ya no existe nada más en el mundo que nosotros, que nuestros cuerpos necesitándose, que el aquí y el ahora.
Pero no quiero que el aquí y el ahora sea en el sofá de mi casa, así que la siento en mi regazo y me levanto con ella enganchada a mis caderas, el delicioso roce contra ella mientras camino, hace inevitable que me detenga y la apoye contra la pared del pasillo para besarla y acariciarla, mientras sus pequeños gemidos comienzan a acabar con mi cordura. Dejo su boca para adueñarme de su cuello, para saborear un poco más de su piel y me encuentro con esa blusa que sólo molesta y que un minuto después está sin botones, colgando a cada lado de su torso. En un momento de cordura la separo de la pared y la llevo hasta mi cama, termino de desvestirla, y me quito el resto de la ropa, y a partir de ahí ya no existe ni una gota de razón, ni un solo pensamiento coherente.
La recorro con mis manos antes de comenzar a besarla, su boca, su cuello, la rosa, toda ella es deliciosa, es dulce y apasionada, es el más puro fuego dentro de una paz absoluta. Una vez más siento su amor rodeándome, abrazándome, y cuando me hundo en ella es simplemente, perfecto.
Lo que comienza lento y dulce, termina consumiéndonos en nuestro propio deseo y nos devoramos uno a otro, hasta que una ola de placer nos recorre y exhaustos, nos abrazamos un minuto más. Levanto mi cabeza del hueco de su cuello y la beso una vez más antes de sepárame y recostarme a su lado. Me apoyo en un codo para verla mejor y noto que aún tiene los ojos cerrados.
-Elena, ¿estás bien?
-No quiero despertar, no quiero que esto sea un sueño otra vez…
-Mírame,- coloco un dedo bajo su barbilla y la obligo a girar el rostro hacia mí, pero ella se niega a abrir los ojos- estoy aquí.- Tomo su mano y la apoyo en mi pecho.- Estoy aquí contigo, esto es real y no iré a ningún lado Elena.
-Damon…- Dos enormes ojos de chocolate me miran con más amor del que nuca seré capaz de merecer, porque ni naciendo de nuevo y viviendo sólo para hacerla feliz, mereceré todo lo que esta hermosa mujer es capaz de hacer por mí.
Me siento tan bien entre sus brazos, es capaz de darme una paz que no sabía que podía sentir, con ella todo es más fácil, simple, sereno, pero a la vez lleno de pasión. Y sé que con ella conquistaré el mundo, pero comienzo a comprender que sin ella no podré seguir adelante.
-Te amo.- Susurra como con miedo a que si habla muy fuerte esta burbuja se rompa, y yo desaparezca. Aún no puedo responderle, pero sé que ella no lo necesita, que por ahora sólo quiere saber que esto es real, así que la beso. Pongo todo lo que ella provoca en mí en ese beso, tratando de que entienda lo que yo no puedo entender aún. Y con ese contacto, con ese intercambio, todo vuelve a comenzar, el fuego se reaviva como si aún no hubiésemos hecho nada por apagarlo y nos consumimos nuevamente.
Me levanto y me doy una ducha, y cuando salgo veo que sigue profundamente dormida, pero que ahora está en el medio de la cama, un claro reflejo de la costumbre de dormir sola.
Me pongo sólo un pantalón de pijama y voy a preparar el café como le gusta, espero que ahora sea más fácil verla tomar el primer sorbo, aunque sinceramente lo dudo.
-Buenos días.- Ya no tengo porqué contenerme y luego de mi saludo la beso, tal y como sus labios me lo pedían cada vez que la veía despertar.- Está listo el café.
Le extiendo la taza y me mira sonriendo, le da un trago y gime bajito, cierro los ojos porque nada ha cambiado con respecto a ese sonido. Y ella toma un sorbo más, antes de dejarla en la mesita y llevar sus manos a mi cuello para acercarme a ella y besarme de nuevo, lenta y deliciosamente.
-Descubrí que es más rico en tus labios.- Me dice sonrojándose un poco.
Una hora después estoy desnudo en mi cama mientras la escucho en la ducha, y debo recordarme que no puedo ir porque llegará tarde al trabajo, mientras miro la taza de café fría junto a la cama.
Sale envuelta en una toalla hablando de unos planes para mañana, porque no quiere ir a lo de sus padres todo el día, y sin mirarme siquiera va a buscar su bolso. Entonces recuerdo cuando apareció en mi cocina sin vestirse para buscar su café, y me doy cuenta de que no lo hace para provocarme, no es consciente de lo hermosa que es, ni del efecto que tiene en mí. Busco mi ropa y comienzo a vestirme para ir a verla, y la encuentro vistiéndose en el salón.
-¿Tomas otro café?- Pregunto luego de aclararme la garganta para que sepa que estoy ahí y la veo dar un pequeño saltito y caigo en la cuenta de que esto es algo que no hace por primera vez.- Estás huyendo.
Sin querer lo digo en voz alta y la veo suspirar antes de girarse a mirarme.
-No es eso, a veces debo irme apresuradamente.- Responde mordiéndose el labio.
-¿Y era así con Matt?- No sé porqué lo pregunto, pero me molesta la idea de que con él no huyera y sí lo haga conmigo.
-Le tomó dos años convencerme de que me quedara a dormir, y tres que me quedara a desayunar.
Estando enamorada de alguien que no le correspondía, levantó muchos muros a su alrededor para no salir lastimada. Nadie puede culparla por ello, pero no puedo evitar notar que los bajó todos conmigo, porque se quedó a dormir y a desayunar más de una vez aquí.
-No es lo mismo.- No me di cuanta de que hablaba en voz alta, no, no lo hice, pero al parecer me conoce lo suficiente para saber que estaba pensando.- He dormido y desayunado en casa de amigos antes, pero no me gusta la intimidad que supone en una pareja, es un nivel más alto de compromiso.- La miro sin entender que quiere decir.- Esto ya no es amistad Damon. Yo no me acuesto con mis amigos, y tú no estás listo para otro nivel de compromiso, así que voy a desayunar a casa.
Se acerca a darme un beso y se marcha, dejándome con una taza de café en la mano.
En cuanto la puerta se cierra, el apartamento se siente increíblemente vacío, falta el ruido, el calor, todo lo que ella le da al lugar cuando está aquí. Y lamento que ella no esté de acuerdo, pero tampoco es amistad para mí, y a mí me gusta desayunar con la persona con la que duermo.
Tomo las llaves de mi coche y salgo a buscarla, la encuentro a medio camino de su casa.
-Llegarás muy tarde si vas caminando.- Comento para convencerla de que suba, porque veo en su rostro la determinación de no hacerlo.
Sube bufando y se limita a mirar hacia el otro lado todo el viaje.
-Lo lamento pero yo soy de los que desayuna con la persona con la que duerme.- En mi voz se refleja la irritación que crece dentro de mí por su actitud.
-Pff, claro. Sobretodo cuando siempre fuiste de los que huyen mientras la otra persona duerme.
-La verdad es que sí, solía hacer eso antes de conocer a Kath, pero luego todo cambió, yo cambié. Y tú no eres una chica que conocí en un bar, no eres una chica de una noche.
Por primera vez desde que subió se gira a mirarme, pero no entiendo que hay en sus ojos. ¿Miedo? ¿Anhelo?
-¿Y qué soy?- Pregunta y reconozco ambos, lo que veo es una mezcla de ambos, lo mismo que hay en su voz.
-Mi novia, ¿recuerdas?
No puede disimular la sorpresa ante mi repuesta, creo que hasta yo me sorprendo un poco, porque contesté sin pensar.
Estaciono frente a su casa y veo el auto de su amigo del otro lado de la calle.
-¿De verdad sabe algo de arreglar duchas?- La incredulidad en mi voz es casi tan grande como los celos que me carcomen.
-No sólo acabo de enterarme de que tengo novio, sino que además tengo un novio celoso.- Lo dice conteniendo la risa, y achico los ojos.
-Sí. Tienes novio y es celoso, ve diciéndoselo a tu enamorado, porque eres mía y no me gusta compartir.- La atraigo hacia mí y la beso, mientras ella sonríe ante mi reacción.
-¿Elena?
La voz de Kol nos separa, como una fuerza que nos tira en direcciones opuestas. Y ambos cerramos los ojos ente la mirada de nuestro amigo, porque no estamos listos para esto, porque llegó la hora de comenzar a dar explicaciones y porque justo tenía que ser él…
Espero que les guste. Muchas gracias por leer y por sus reviews, de verdad son increíbles.
