18 de julio del 2012
Hola gente bonita que se ha tomado el tiempo de leer este fic que por fin ya ha llegado a su final aquí les traigo el epilogo y espero que lo disfruten. Quiero agradecerle a todos los que se tomaron de su tiempo para leerlo y a las personitas hermosas que me dejaron un review, todos los leí y todos me encantaron aún no los respondo pero espero hacerlo pronto :D También espero poder traerles un nuevo fic pronto pero por mientras eso sucede me despido de ustedes espero poder leerlos pronto:D Hasta pronto .
Atte: Mimato196
Aclaración: Los personajes no me pertenecen son de su autor Akiyoshi Hongo y esta historia fue basada en la pelicula el cadaver de la novia :D
Capitulo 14
Epilogo.
Taichi dejó la pluma al lado suyo y orgulloso miró su trabajo para después mirar a su alrededor y contemplar el hermoso jardín de su casa. ¡Por fin! Después de varias semanas de arduo trabajo, había terminado de escribir aquel libro donde no sólo relataba la historia de él y Sora, su esposa, sino que también contaba la historia de varios personajes que se vieron ligados a su vida y sobre todo relataba la mágica conexión existente entre la vida y la muerte.
Taichi miró la estatua de la fuente que adornaba su jardín y una nueva sonrisa se dibujó en su rostro al recordar aquel par de amantes que habían hecho un gran cambio en su vida. Miró la estatua de Yamato y recordó el regalo que le había hecho el joven rubio antes de partir, gracias a él ahora Taichi y su familia eran dueños de una gran fortuna y también dueños de aquella gran mansión que años atrás perteneció al mismísimo Yamato, pues aquella era la misma casa que Yamato había mandado a hacer para él. Taichi había encontrado las escrituras dentro de la misma cueva donde halló el tesoro y la había remodelado para ir a vivir con Sora en ese lugar cerca de la playa que realmente resultaba relajante y hermoso.
-Les dije que no malgastaría su regalo.
Dijo Taichi al viento hablando con las estatuas de su fuente que no se encontraban muy lejos de él. Aquel hermoso adorno conmemorativo a los que debieron ser los dueños de aquel lugar había sido idea de Sora. A la pelirroja se le había ocurrido la idea que en modo de gratitud hacia Yamato y Mimi por todo lo que tenían ahora, ella y Taichi debían hacerles un tributo en forma de agradecimiento y de ahí había surgido la idea de aquella hermosa fuente con la estatua de los dos amantes que se encontraban ahora juntos en la eternidad.
-¿Has decidido tomarte un receso?
Habló la voz de Sora que se encontraba atrás de Taichi, el moreno alzó su mirada para atrás y se encontró con el dulce rostro de su esposa que le sonreía.
-Ya he terminado.
Le dijo Taichi con una sonrisa.
-Entonces he llegado en el momento perfecto, tomemos algo refrescante.
Sora mostró a Taichi la charola que traía consigo y en la cual había dos vasos de refrescante limonada. Sora se sentó al lado de Taichi en la elegante mesa de jardín y sirvió el vaso a su esposo. Durante semanas lo había visto trabajar arduas horas escribiendo aquel libro y ella misma había ayudado para refrescar la memoria de Taichi y hacer que aquella historia quedara perfecta y ahora que estaba terminada no había mejor cosa que hacer que festejar entre los dos aquel triunfo; además que Sora tenía una noticia más que ambos deberían festejar juntos.
Tai sonrió al ver a Sora con las dos limonadas, ella siempre sabía lo que él necesitaba y cuando lo necesitaba.
-Fue algo cansado pero por fin está listo, mañana mismo lo mandaré a empastar para que no se pierda.
-Me parece una gran idea, seguro te lo tendrán en dos días o antes.
Respondió Sora mientras dejaba las limonadas en la mesa y tomaba asiento al lado de su esposo. Taichi sonrió con esa sonrisa tan única de él y tomó uno de los vasos de limonada para alzarlo.
-¡Brindemos por que logramos terminar la historia!
-Pero Taichi, tú fuiste el que la escribió, ¿Por qué hablas en plural?
-Porque nunca lo hubiera logrado sin ti Sora, recuerda que somos un equipo, si tú no hubieras estado aquí para refrescarme la memoria lo más probable es que nunca la hubiera terminado.
Sora miró a Taichi con ternura, él tenía razón, ella y él eran un equipo invencible que nadie ni nada podría separar, siempre se tomaban los problemas, proyectos o retos de uno como si fueran de los dos. Desde que Sora se había enterado que Taichi escribiría aquel libro ella también había puesto a trabajar su mente y recordado todo lo que vivieron en aquellos días, Sora había pasado horas al lado de Taichi tratando de recordar cada detalle de aquella historia que vivieron y juntos y gracias a eso era que ahora existía ese libro que Taichi había titulado "Amor, entre la vida y la muerte"
-Supongo que tienes razón.
Dijo Sora con una sonrisa y ambos chocaron sus vasos acompañando aquel momento con sonrisas amorosas. Ambos jóvenes bebieron un poco del contenido de sus vasos y juntos admiraron todo aquello que ahora era suyo, aquella enorme casa con sirvientes, aquel hermoso jardín y sobre todo aquella hermosa fuente.
-Realmente fue una gran idea poner la estatua de ellos aquí. –Dijo Taichi con una sonrisa y admirando aquella estatua–
-Sí, –Respondió Sora admirando la imagen de los dos amantes– Después de todo este lugar era de ellos.
-Sí tienes razón.
-Lo del libro también fue una gran idea.
-¿Verdad que sí? –Afirmó Taichi muy emocionado y con una sonrisa de oreja a oreja que le dedicó a Sora, quien sólo rió suavemente – La verdad lo hice porque esa es una historia que no me gustaría olvidar, y que algún día le contaré a nuestros hijos, estoy seguro que les encantará y querrán que se las lea una y otra vez.
Sin que Taichi se diera cuenta, Sora sonrió con un leve carmesí en sus mejillas y desvió por un segundo la mirada de él, recordando que era lo otro que ella y Taichi tenían que festejar, además de que él ya había terminado aquel libro.
-Bueno en ese caso, creo que deberás ir practicando tu lectura.
Taichi la miró confundido, las indirectas nunca habían sido su fuerte, para que entendiera tenías que decirle las cosas directamente y sin rodeos.
-¿eh? ¿Por qué?
Preguntó y Sora sonrió ante la ingenuidad de su marido. Tomó con una mano una de las mejillas de Tai a forma de caricia y acercó sus labios al oído de él para susurrarle aquel secreto que había guardado para ella desde hacía una semana, no había querido decírselo hasta estar completamente segura y ahora que lo estaba había llegado el momento de compartir aquel maravilloso regalo que la vida les había dado.
-¿¡Es enserió!?
Preguntó Taichi sorprendido y buscando rápidamente la mirada de Sora, ella lo miró y sonrió ampliamente a la par que asentía, reafirmando lo que ya le había dicho a Taichi.
-¡¿Voy a ser papá?!
Ahora la expresión de Taichi no era de asombro sino de alegría una infinita alegría que lo invadía a él y a Sora.
-Así es seremos padres.
Respondió la pelirroja contagiada por la alegría de su esposo quien si n previo aviso planto un beso en los labios de su esposa.
-Esto hay celebrarlo.
Le dijo Tai apartándose de los labios de Sora ella lo miró y sonrió.
-¿Qué es lo que tienes en mente?
-¿Qué te parece una comida romántica?
-Me parece perfecto.
Respondió Sora y fue ahora ella la que besó los labios de Taichi quien no dudó en responderle. Una vez que ambos se separaron, los dos se pusieron de pie para dirigirse adentro y festejar aquella gran noticia.
-Espera. –La detuvo Taichi antes de que ella se atreviera a dar tan solo un paso – Mi bella esposa no hará ningún esfuerzo mientras esté en ese estado. –Sin darle oportunidad a Sora de entender a que se refería Taichi, el moreno la tomó en brazos y la cargó provocando que Sora soltara una risa divertida. –Así está mejor.
-Taichi, ¿no crees que exageras?
-Por supuesto que no Sora, yo debo protegerte y no permitiré que nada te pase a ti o a nuestro hijo.
-Pero si puedo caminar, apenas tengo tres meses.
-Más vale prevenir amor mío, no me perdonaría si algo te pasara a ti o al bebé, tú sólo déjate consentir que yo me encargaré de todo.
Sin más protestas por parte de Sora, Taichi la llevó al interior de la casa para festejar juntos la maravillosa noticia de que ambos serían padres.
…..∞…
Era una noche de invierno y en la casa de los Yagami habían prendido ya el fuego de la chimenea que se encontraba en la gran biblioteca que había en aquel lugar y que era el lugar favorito de la familia para pasar las noches de invierno acompañados por un buen libro.
La puerta de la biblioteca se abrió y se oyeron unos pequeños pasos caminar por aquel gran salón para después ver cómo una pequeña niña de cabellos chocolate y ojos color ámbar intentaba alcanzar uno de los libros que por su escasa estatura le era muy difícil de obtener. Se puso de puntitas, brincó, se volvió a poner de puntitas y volvió a brincar pero por más que lo había intentado aquella pequeña de piel apiñonada no logró su cometido.
-Mimi ¿Qué es lo que haces?
Dijo una voz masculina tras de ella y apareció Taichi quien tomó a la niña de la cintura y la cargó para verla de cercas. Hacía ya seis años que los Yagami habían recibido el regalo más maravilloso que una pareja de casados podía pedir y que para ellos aquella bendición había llegado por partida doble.
-Quería leer ese libro.
Dijo la pequeña viendo a su papá para después mirar y apuntar hacia donde estaba el libro. Taichi miró hacia donde su pequeña apuntaba y miró el libro que se refería, lo tomó y se asombró al ver que era el libro que él mismo había escrito, "Amor entre la vida y la muerte"
-¿Este? –Preguntó un poco incrédulo que de todos los libros que había su pequeña quería precisamente ese –
-Sí este.
Contestó la pequeña y tomó el libro de la mano de su padre y lo abrazó contra su pecho dispuesta a no dárselo si él se lo quería quitar.
-Y dime Mimi ¿Por qué de todos libros que hay tu quieres ese precisamente?
-Por que el otro día vi a mi mamá leyéndolo y dijo que ese era su favorito, por eso yo también lo quiero leer para que sea mi favorito.
Taichi sonrió, al parecer había llegado la hora de contarle aquella historia a su hija quien se miraba muy interesada en el libro.
-Bien, me parece buena idea, pero ¿No te parce mejor si te la cuento? –Le preguntó Taichi a la par que dejaba a la pequeña en el suelo –
-¿Te la sabes?
-Por supuesto, si yo escribí ese libro. –Dijo con orgullo el moreno-
-¿¡Enserio!? –Exclamó divertida y bastante emocionada la pequeña Mimi que miraba con gran admiración a su padre –
-¡Claro! Tu mamá también me ayudó.
-¡Sí! ¡Cuéntamelo! ¡Cuéntamelo! –Pidió emocionada la pequeña a la par que daba brincos sin soltar por un segundo el libro en sus brazos –
-Bien préstamelo y te lo contaré.
La pequeña le dio el libro a Taichi y este se sentó en un sillón individual frente a la chimenea dispuesto a contar la historia pero antes de que pudiera iniciar la historia la puerta se abrió súbitamente y entraron a la habitación un perro y un niño de cabellos rojizos y ojos color chocolate que corrió por toda la habitación tras del perro.
-¡Yamato! ¿Qué te ha dicho tu mamá de correr adentro de la casa?
Lo regaño Taichi y el niño se detuvo y miró a su padre para después dedicarle una sonrisa desvergonzada, aquella era la misma sonrisa que Taichi siempre usaba cuando hacía algo que no debía y Sora lo regañaba.
-Que no lo hiciera.
Contestó el pequeño, colocando su mano atrás de su nuca y sonriendo a modo de disculpa.
-Pero este niño nunca entiende, es igual de inquieto que tu Taichi.
Se quejó Sora quien entró por la puerta cargando consigo una charola con cuatro tazas de chocolate y acompañada de una gata blanca que corrió de inmediato hacia la pequeña Mimi que la recibió de manera amorosa.
-Mi hermano siempre está causando problemas.
Se quejó la pequeña mientras acariciaba a su gatita y oía como su mamá reprendía a su hermano por haber entrado corriendo.
-Nadie pidió tu opinión.
Se quejó el niño y enseñó la lengua a su hermana que si bien habían nacido el mismo día si eran bastante diferentes tanto física como psicológicamente. La pequeña Mimi también le regresó el gesto a su hermano y le enseñó su pequeña y rosada lengua.
-Niños no peleen.
Los reprendió Taichi y ambos se disculparon con caras arrepentidas.
-¿Quién quiere chocolatito caliente?
Preguntó Sora y de inmediato los dos pequeños corrieron hasta la mesita en donde su madre había dejado las dos tazas, Taichi también se acercó, dio un beso a Sora en los labios y la abrazó para observar como sus dos pequeños peleaban por cual taza escoger.
-Les contaré hoy la historia.
Le dijo Taichi y Sora volteó a verlo.
-¿Hoy? ¿Por qué hoy?
-Descubrí a Mimi intentando tomar el libro, dijo que quería leerlo porque era tu favorito y supuse que sería buena idea contarles la historia hoy.
-Estoy segura que les va a encantar.
Respondió Sora y nuevamente la joven pareja de esposos volvió a besarse hasta que Taichi sintió que jalaban de su pantalón con insistencia.
-¡Papá! Dijiste que me contarías la historia. –Insistió la pequeña –
-¿Qué historia?
Preguntó el pequeño pelirrojo mostrándose interesado y con una gran cantidad de galletas en sus manos dispuesto a no dejarle a nadie.
-Yamato no te comas todas las galletas.
Lo reprendió Sora y el pequeño dejó las galletas sobre la charola y limpió sus manos en su pantalón.
-¿Qué historia van a contar? –Insistió el pequeño –
-Una que papá escribió.
-En realidad fue algo que pasó hace mucho tiempo.
-¿Es una historia de cuando tú eras joven? –Preguntó el pequeño Yamato entusiasmado y al igual que su hermana acercándose para ver a su padre con sumo interés.
-Así es. –Respondió Taichi con una sonrisa –
-¿Mamá también sale en la historia? –Preguntó esta vez la pequeña Mimi –
-Sí yo también salgo, y su tía Hikari, y Takeru, el novio de ella.
-Y no te olvides de Yamato y Mimi.
Comentó Taichi con una gran sonrisa sabiendo que eso aumentaría la emoción en sus pequeños hijos al oír que sus nombres también formaban parte de la historia y así fue, en cuanto los dos pequeños escucharon sus nombres se emocionaron aún más y comenzaron a ser más insistentes en que Taichi contara aquella historia.
-¡Vamos papá cuéntala!
Insistieron los dos pequeños dando brincos. Sora y Taichi se sonrieron mutuamente al ver la emoción de sus pequeños.
-Bien –Comenzó a hablar Taichi y los dos pequeños guardaron silencio –pero antes asómense a la ventana.
-¿Por qué? –Preguntó la pequeña Mimi?
-Ustedes sólo háganlo.
Insistió Taichi y los dos pequeños no preguntaron más y corrieron hacia la ventana encontrándose con un hermoso jardín cubierto por la nieve y en medio de ese jardín una hermosa fuente con el agua congelada.
-No hay nada. –Aseguró el pequeño Yamato –
-Sí lo hay, ven esa fuente.
-¿La de los novios? –Preguntó la pequeña Mimi volteando a ver a su padre quien sonrió y asintió –
-Así es, ellos son Mimi y Yamato, y la historia comienza con ellos dos.
-¿Por ella me pusieron Mimi?
-Así es, es en honor a ellos que ustedes tienen esos nombres.
Respondió esta vez Sora y los dos pequeños se alejaron de la ventana para festejar de donde venían sus nombres.
-Sí yo era una hermosa princesa. –Festejó la pequeña dando vueltas haciendo que su vestido se elevara –
-Y yo un valiente caballero. – Celebró el pequeño, simulando a que peleaba con una espada igual a la que la estatua de Yamato tenía a su costado.
Taichi y Sora observaron a sus dos hijos y sonrieron amorosamente al verlos jugar por la sala. Después voltearon y vieron con nostalgia aquella vieja fuente.
-¿Qué crees que esté haciendo ahora?
Preguntó Sora refiriéndose a todos los que conocieron en esa pequeña aventura que vivieron ella y Taichi.
-Esperándonos. –Respondió Taichi con una sonrisa y Sora también sonrió sin apartar la vista de la hermosa imagen de los dos amantes –
-¿Crees que puedan vernos?
-Sí, y de seguro han de estar ansiosos porque cuente la historia.
Dijo Taichi y él y Sora regresaron la atención a sus dos pequeños que seguía cada uno imaginando ser las personas en la estatua.
-Bien ¿Quieren que les cuente la historia?
-¡Sííí!
Gritaron los dos niños emocionados y brincando.
-Entonces tomen su chocolate y acomódense para que su papá pueda contárselas.
Habló esta vez Sora y de inmediato los dos pequeños fueron por su chocolate y galletas y se sentaron en el suelo frente al sillón de dos asientos donde Sora y Taichi había tomado asiento para contar la historia.
Tai miró a sus dos hijos sentados en el suelo, Yamato acostado de panza y con su cara apoyada en sus dos manos viéndolo a él fijamente mientras movía sus pies de adelante a atrás ambos con ritmos diferentes y con su perro Dogy al lado, y Mimi sentada con sus piernitas cruzadas y con la gata blanca entre las piernas, esperando al igual que Yamato que Taichi diera inicio a la historia. Taichi no pudo evitar sentir nostalgia al verlos le recordaban a él y a Hikari cuando eran niños y su papá les contaba historias, ahora había llegado su turno de hacerlo, dibujó una sonrisa en sus labios y dio comienzo a la historia.
-Hace muchos años atrás….
Mimato196
